BESAR A UN ANGEL.... ♥♥♥

Kiss an AnGeL.... !

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Kim Hyun Joong-- Ti amoo :)

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CAPITULO 10 PARTE 2 BESAR A UN ANGEL :)

holaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ckikitaaaaaaasssssss comooo estaaannnn esperoo les gustee el capp!!! jejje k lo disfruteen!!!!! jejeje este es un adelanto a la siguiente parte del capitulooo jejejje no see talvez lo pongo completo o en dos partes pero se kedarian pikadas... emmm buenooo talvez sus comentarios ayuden en la decision jejjeje

 

ahhh seriooo me olvidaba k tal les gustaaa como kedo mi pag??? jejeje

las kieroooo!!

besoss


Adri!Corazón

 

-¿De verdad? ¿Estás seguro?

 

La alegría de Dani lo hizo sentir todavía más culpable.

 

-Eso es lo que he dicho, ¿no?

 

-Sí, sí, claro. Oh, gracias, Kevin. No lo olvidaré.

 

Dani durmió durante la primera función pero, para sorpresa de Kevin, se presentó cuando comenzaba la segunda función. La siesta de dos horas había hecho maravillas en ella y parecía más relajada que en los días anteriores. Mientras recorría la pista de arena sobre Misha, Kevin la vio saludar con las manos y lanzar besos a los niños sin ser consciente del efecto que aquel llameante maillot rojo tenía en los padres de las criaturas. Kevin tuvo que contenerse para no arrancar la gorra de alguno de esos palurdos con el látigo.

 

Cuando la función finalizó, él se fue a la caravana para cambiarse de ropa. Dani solía estar ya allí, pero no la vio por ninguna parte.

 

Intranquilo, se vistió rápidamente y regresó al circo. Un destello de lentejuelas rojas cerca de la puerta principal atrajo su atención. Vio a su esposa rodeada por tres espectadores. Todos se comportaban con cortesía y, desde luego, ella no corría peligro, pero aun así quería estrellar el puño contra aquellas caras presumidas.

 

Uno de ellos dijo algo y Dani se rio, un sonido angelical que flotó en el aire de la noche. Kevin maldijo por lo bajo.

 

-¿Qué es lo que te pone de tan mala leche?

 

Al ver a Brady detrás de él, Kevin se obligó a relajarse.

 

-¿Qué te hace pensar que estoy de mala leche?

Brady se puso un palillo en la comisura de la boca.

 

-La manera en que miras a esos tíos.

 

-No sé de qué estás hablando.

 

-No lo entiendo, Kevin. Pensaba que ella no te importaba.

 

-No quiero hablar de eso.

 

-No te preocupes, no tengo intención de hablarte de ella. -Se pasó el palillo de un lado a otro de los labios. -Pero de todas maneras creo que, a pesar de que sea una ladrona y la odies, no deberías hacer trabajar tan duro a una mujer embarazada.

 

-¿Quién te ha dicho que está embarazada?

 

-Es lo que piensa todo el mundo. La noche de la fiesta sorpresa no parecías exactamente un novio feliz.

 

Kevin apretó los dientes.

 

-No está embarazada.

 

A Brady se le cayó el palillo.

 

-¿Entonces por qué coño te casaste con ella?

 

-Eso no es asunto tuyo. - Kevin se alejó.

 

Kevin trabajó hasta medianoche. Cuando entró en la caravana, Dani estaba dormida, pero en lugar de estar acurrucada sobre un montón de sábanas arrugadas como siempre, yacía en el sofá con el maillot de la función todavía puesto, como si se hubiera sentado unos minutos y se hubiera quedado dormida sin querer.

 

 

Él sabía que una cosa era ser duro con ella y otra llevarla hasta el límite de sus fuerzas. En ese momento supo que no podía dejar que siguiera trabajando así. En lo que a él concernía, Dani había pagado su deuda y había llegado el momento de bajar el ritmo.

 

Dani tenía los labios ligeramente entreabiertos y los mechones del pelo oscuro se extendían sobre el almohadón del sofá como cintas sedosas. Estaba tumbada boca abajo y a Kevin se le secó la boca al ver ese dulce culito respingón cubierto sólo por la trama en forma de diamantes de las medias negras de red. La fina tira de lentejuelas que cubría la unión de las nalgas hacía que la visión fuera todavía más atrayente. Se obligó a apartar la mirada, se desnudó y entró en el cuarto de baño, donde se metió rápidamente bajo el agua fría.

 

El ruido de la ducha debió de despertar a Dani, porque cuando Kevin apareció envuelto en una toalla, la joven estaba delante del fregadero con la bata azul de Kevin cubriendo el maillot. Las pequeñas manos femeninas asomaban por las mangas mientras cortaba un trozo de pan.

 

-¿Quieres que te haga un bocadillo? - Dani parecía de mejor humor que cualquiera de los días anteriores. -Me quedé dormida antes de cenar y estoy muerta de hambre.

 

Se le abrió el albornoz, revelando las curvas de los pechos bajo las lentejuelas llameantes del maillot. Kevin deslizó la mirada sobre ella y en vez de agradecerle el ofrecimiento, le espetó:

 

-Como Sheba te atrape durmiendo con uno de sus maillots, te desnudará estés donde estés.

 

-Entonces tendré que asegurarme de que no me pille.

 

El renovado ánimo en la voz de Dani hizo que Kevin se sintiera mejor.

 

-No se puede esperar que lo aprendas todo de inmediato.

 

Dani se volvió hacia él, pero cualquier cosa que fuera a decir murió en sus labios. Deslizó la mirada por el pecho de su marido hasta la toalla amarilla que le cubría las caderas.

 

Kevin quiso gritarle, decirle que no lo mirara de esa manera a no ser que quisiera acabar en la cama con él. Casi sintió que perdía el control.

 

-¿Quieres que... er... quieres tu bata? -preguntó ella.

 

Él asintió con la cabeza.

 

Ella tiró del cinturón, se la quitó y se la tendió.

 

Kevin la dejó caer al suelo.

 

Ella se lo quedó mirando.

 

-¿No acabas de pedírmela?

 

-Lo único que quería era que te la quitaras.

 

Dani se humedeció los labios y él la estudió mientras esperaba una respuesta, llamándose estúpido en todos los idiomas que conocía, pues sabía que no podría resistirse a ella otra noche.

 

-No estoy segura de qué quieres decir exactamente -dijo ella

con timidez.

 

-Quiero decir que no voy a poder mantener mis manos alejadas de ti durante más tiempo.

 

-Eso es lo que me temía. - Dani respiró hondo y alzó la barbilla. -Lo siento, pero no puedo acostarme contigo. No estaría bien.

 

-¿Por qué?

 

-Porque no sería sagrado. Hacer el amor significa algo más para mí. No lo hago con cualquiera.

 

-Me alegro de oírlo. -Impulsado por una fuerza que no podía resistir, Kevin se acercó a ella.

 

Dani dio un paso atrás, hasta tropezar contra el mostrador, sin apartar la mirada de los ojos de él.

 

-No puedo hacerlo sin que signifique algo.

 

-Espero que eso quiera decir que no tengo que preocuparme por ninguna enfermedad de transmisión sexual como las que le mencionaste a la camarera al poco de casarnos.

 

-¡Por supuesto que no!

 

-En ese caso tampoco tienes que preocuparte por mí. Estoy perfectamente sano.

 

-Me alegro mucho por ti, pero... -¿No te ha dicho nadie que hablas demasiado?

 

Él plantó las manos en el mostrador atrapándola entre sus brazos.

 

-Tenemos que hablarlo. Es importante. Es... -Lo que realmente necesitamos es dejar de hablar. Rodeó la cintura de Dani con las manos. -Ya hemos jugado suficiente al gato y al ratón, cara de

ángel. ¿No crees que ha llegado el momento de actuar?

 

El olor de Dani lo tentaba. La recorrió con la mirada; su cuerpo quedaba resaltado por el maillot de llameantes lentejuelas rojas y la suave respiración de la ¡oven le agitaba el vello del pecho.

 

-¿Por qué quieres hacerlo con alguien a quien no respetas?

 

A Dani se le cerraron los ojos cuando él inclinó la cabeza y le acarició el cuello con los labios.

 

-¿Por qué no dejas que sea yo quien se preocupe de eso?

 

-Me consideras una ladrona.

 

-Bueno, he estado dándole vueltas a ese asunto.

 

 

Dani ladeó la cabeza, y otra punzada de culpabilidad golpeó a Kevin cuando vio que los ojos violeta de su esposa brillaban con deleite y su boca suave se curvaba en una sonrisa tonta.

 

-¡Me crees! ¡Sabes que no fui yo quien robó el dinero!

 

Él no había dicho eso. Pero ya no estaba enfadado. Aunque no podía perdonarle lo que había hecho, entendía lo que era la desesperación y no quería seguir juzgándola.

 

-Creo que eres endemoniadamente sexy. -Le rozó el labio inferior con el pulgar y lo encontró húmedo bajo su caricia. -

 

¿Utilizas algún anticonceptivo o quieres que me encargue yo?

 

 

 

Los ojos de Dani llamearon.

 

 

-Tomo la píldora, pero...

 

-Bien.

 

 

CAPITULO 10 PARTE 1 BESAR A UN ANGEL :)

CAPÍTULO 10


A Kevin nada le había dado tanta lástima como su pobre esposa cabeza hueca. Le dio la espalda a la cazuela de chile que estaba cocinando y la observó entrar en la caravana, con la ropa tan sucia que podría haber salido de una pocilga. Briznas de heno y restos de comida para anímales se pegaban a lo que le quedaba de coleta. Tenía los brazos salpicados de barro y olía que apestaba.

 

Como Kevin también había sido el blanco de la llama más de una vez, reconoció el olor.

 

-¿También has tenido un encontronazo con Lollipop?

 

Ella masculló algo indescifrable y se dirigió al donnicker.

 

Kevin sonrió y volvió a remover el chile.

 

-No te he entendido. ¿Qué has dicho?

 

La respuesta de la joven tuvo el acento bien educado de alguien acostumbrado a las cosas buenas de la vida.

 

-Vete a freír espárragos. -Y cerró la puerta de un portazo.

 

Él se rio entre dientes.

 

-¿Ha sido tu primer encuentro con una llama?

 

Ella no contestó.

 

Kevin echó otra cucharada de pimienta picante, añadió salsa caliente a la mezcla y la probó. Demasiado suave.

 

No se oía ningún sonido en el baño, ni siquiera el del agua. Con el ceño fruncido, dejó la salsa picante al fuego.

 

-¿ Dani? -Como ella no respondió, él se acercó al baño y llamó a la puerta. -¿ Dani? ¿Te pasa algo?

 

Nada.

 

Giró la manija y la vio inmóvil, delante del espejo, con las lágrimas cayéndole en silencio por las mejillas mientras miraba su propio reflejo.

 

 

Kevin notó un extraño sentimiento de ternura en su interior.

 

-¿Qué te ocurre, cariño?

 

Ella no se movió, las lágrimas continuaron deslizándosele por las mejillas.

 

-No es que nunca haya sido tan guapa como mi madre, pero ahora estoy horrible.

 

En lugar de irritarlo, ver que ella había perdido cualquier rastro de vanidad le tocó la fibra sensible.

 

-Yo creo que eres muy hermosa, cara de ángel, incluso cuando estás sucia. Pero te sentirás mejor después de ducharte.

 

Dani no se movió. Seguía con la mirada clavada en el espejo mientras las lágrimas le caían por la barbilla.

 

Él se agachó a su lado, le levantó un pie y le quitó la deportiva y el calcetín. Luego hizo lo mismo con el otro.

 

-Por favor, vete. - Dani lo dijo con la misma dignidad muda que él había observado en ella durante los últimos diez días mientras se concentraba en completar una tarea tras otra. -Estás ayudándome porque estoy llorando de nuevo, pero sólo lloro porque estoy cansada. Lo siento. No me hagas caso.

 

-Ni siquiera he notado que estuvieras llorando. - Kevin se arrodilló ante ella y le abrió la cremallera de los vaqueros y, tras vacilar un momento, se los deslizó por las caderas. Cuando los bajó por las delgadas piernas de la joven, Kevin sintió una punzada de deseo y tuvo que obligarse a apartar la vista del tentador triángulo de las bragas color verde menta que llevaba puestas.

 

¿Cuánto tiempo más iba a poder mantener las manos alejadas de ella? Durante la última semana y media Dani había estado tan cansada que apenas podía mantenerse en pie, pero él sólo había podido pensar en su suave y flexible cuerpo. Había llegado a un punto en el que no podía mirarla sin ponerse duro, y eso le sacaba de sus casillas. Le gustaba tener todos los aspectos de su vida bajo control y ése se le escapaba de las manos.

 

Incluso para una mujer que hubiera crecido en el circo hubiera sido demasiado duro hacer todo lo que le había ordenado hacer a Dani. Se había convencido de que sólo era cuestión de días -por no decir horas- que ella tirase la toalla y se fuera. Y querría poder estar seguro de que no la tocaría, por lo menos no como deseaba hacerlo. Mantener relaciones sexuales en ese momento sólo complicaría una situación ya de por sí complicada, y por eso no importaba lo mucho que la deseara, tenía que dejarla en paz.

Pero Dani seguía sin darse por vencida y él no sabía cuánto tiempo más podría mantenerse alejado. Cuando se metía en la cama por la noche, era tan consciente de ella acurrucada en el sofá, a tan sólo unos metros de él, que tenía dificultades para quedarse dormido. Y el simple hecho de verla durante el día hacía imposible que se concentrara en su trabajo.

 

¿Por qué no se había rendido? Era delicada. Débil. No hacía más que llorar. Y, al mismo tiempo, había tenido el valor de enfrentarse a Neeco Martin y defender a esas pobres y tristes criaturas de la casa de fieras. Dani Devreaux Markov no era la joven pusilánime que él había supuesto.

 

Que no hubiera resultado ser como él creía lo irritaba casi tanto como el doloroso efecto que tenía sobre su cuerpo, y por ese motivo le habló bruscamente:

-Levanta los brazos.

 

Dani estaba demasiado cansada después de haberse pasado todo el día trabajando, así que obedeció de manera automática. Kevin le quitó la camiseta por la cabeza, dejando al descubierto el sujetador que hacía juego con las braguitas. La joven estaba tan agotada que no podía evitar que se le cayera la cabeza, pero Kevin seguía sin poder confiar en sí mismo, por lo que se enojó todavía más. Se dio la vuelta, ajustó la temperatura del agua de la ducha y metió a Dani dentro de la cabina con la ropa interior incluida.

 

-Te serviré la comida cuando salgas. Ya me he hartado de comer latas de conservas, así que esta noche he preparado chile.

 

-Sé cocinar -dijo ella entre dientes.

 

-Por hoy ya has hecho suficiente.

 

Dani se colocó bajo el chorro de la ducha y dejó que el agua resbalara por su cuerpo.

 

Cuando por fin salió del cuarto de baño, llevaba el pelo retirado de la cara y tenía puesto el albornoz azul de Kevin. Parecía una adolescente cuando se deslizó detrás de la mesa de la cocina.

 

Kevin le plantó delante un plato de chile caliente y luego se acercó al fogón para servirse otro para él.

 

-¿Puedo faltar esta noche a la función?-preguntó ella.

 

-¿Estás enferma?

 

-No.

 

Kevin puso su plato sobre la mesa y se sentó enfrente de ella, endureciendo su corazón ante la muda dignidad que mostraba su esposa.

 

-Entonces no puedes faltar.

 

Dani pareció aceptar la negativa con resignación, algo que a Kevin le molestó más que si hubiera discutido con él.

 

-Jamás me había sentido tan despreciada.

 

-Las llamas son así con todo el mundo. No te lo lomes como algo

personal.

 

-Frankie también me odia. Hoy me ha lanzado una caja de galletas.

 

-Ha tenido que ser un accidente. Frankie es amable con todo el mundo.

 

Dani apoyó un codo en la mesa y descansó la cabeza en la mano mientras revolvía el chile con desgana.

 

-Desfilar con tan poca ropa denigra a las mujeres.

 

-Pero es estupendo para la taquilla.

 

Kevin lamentó de inmediato haberle tomado el pelo, sobre todo cuando sabía que ella estaba demasiado cansada para responder a la broma. Y lo cierto era que le molestaba verla desfilar con ese maillot. No era tan alta como las demás chicas ni tan pechugona como ellas, pero la belleza juvenil y la dulce sonrisa de su esposa la hacían destacar, e incluso había tenido que ponerse serio con algunos patanes del público que habían intentado ligar con ella tras la función. Sorprendentemente, Dani parecía no ser consciente de las reacciones que provocaba.

 

Ella dejó caer una galletita salada en el chile.

 

-Ya que presumes de lo bien que se cuida a los animales en el circo, deberías saber que la casa de fieras es una vergüenza.

 

-Estoy totalmente de acuerdo contigo. Llevo años diciéndolo, pero a Owen le encantaba y siempre se negó en redondo a deshacerse de ella.

 

-¿Y Sheba?

 

-Opina como yo. Espero que la cierre pronto, pero no hay mercado para los animales viejos de los circos. En realidad están mejor con nosotros que si los vendiese a los cotos de caza ilegales.

 

Dani se llevó un poco de chile a la boca pero volvió a poner el tenedor en el plato como si comer supusiera demasiado esfuerzo.

 

Kevin ya no lo soportó más. No le importaba si le criticaban por darle a su esposa un trato de favor, pero no podía tolerar esas sombras púrpura bajo sus ojos ni un día más.

 

-Vete a la cama, Dani. He cambiado de idea. Hoy puedes saltarte la función.

 

 

CAPITULO 9 PARTE 3 BESAR A UN ANGEL :)


Al otro lado del recinto, Sheba tomaba un refresco y se pintaba las uñas de los pies. A Dani le goteaba el sudor por los ojos, haciendo que le picaran, pero tenía las manos demasiado sucias para enjugarse la cara.

 

-¿Quieres apresurarte, Dani? -gritó Neeco, mientras Charlene soltaba una risita tonta. -Está entrando otra carga.

 

Algo dentro de Dani explotó. Estaba harta de ser el chivo expiatorio de todos. Estaba cansada de que los elefantes la tiraran y de que los seres humanos la despreciaran.

 

-¿Sabes qué te digo? ¡Que lo hagas tú mismo! -Arrojó al suelo el rastrillo y se alejó con paso airado. Ya había tenido suficiente. Iba a buscar a Kevin y a exigirle que le comprara ese billete de

avión. Nada podía ser tan malo como eso.

 

Un gran rugido resonó en el recinto. En ese momento, le comenzó a arder la piel y su deshidratada garganta clamó por agua. Vio una manguera enganchada al camión del agua, que serpenteaba hasta la zona de las fieras. Corrió hacia ella, presa del pánico porque jamás se había sentido tan acalorada.

 

Una vez más oyó el rugido, y le sorprendió ver a Sinjun en su jaula cociéndose bajo el sol. Oleadas de calor rebotaban contra el asfalto, y las rayas naranjas y negras del tigre parecían brillar débilmente.

 

No todos los animales estaban debajo de la carpa de las fieras. Algunos estaban en una pequeña zona cercada entre la carpa de los animales y el circo. Chester, un camello de aspecto enfermizo, no estaba demasiado lejos de allí, al lado de Lollipop, una llama de ojos somnolientos. Un gran toldo de nailon blanco, un tanto gastado, les daba sombra; pero nada protegía a Sinjun del sol inclemente que lo golpeaba a través de los barrotes de la jaula. Igual que ella, Sinjun parecía haber sido escogido para que los demás abusaran de él.

 

El animal clavó los ojos en Dani con amarga resignación, sin siquiera molestarse en mover las orejas. Detrás de él, la llama emitió un sonido extraño, pero el camello no le hizo ni caso. El calor del asfalto traspasaba la suela de las deportivas de Dani y le quemaba los pies. Le goteaba el sudor entre los pechos. Los ojos de Sinjun le taladraron el alma. «Calor. Tengo calor.»

 

Dani odiaba ese lugar donde los animales se exhibían en jaulas.

 

El extraño sonido de la llama reverberó en sus oídos. Le dolía la cabeza y tenía el estómago revuelto por el olor a moho del toldo de nailon. Instintivamente dio un paso atrás, intentando alejarse del sol, y de esos tristes animales, del horrible calor y de ese olor nauseabundo. Pisó un charco. Miró hacia abajo y vio una fuga en la manguera que llevaba el agua al abrevadero.

 

Sin ni siquiera pensar lo que estaba haciendo, corrió hacia donde la manguera se conectaba a la boquilla de latón. La tomó y cortó el flujo del agua. Hasta que sólo cayeron unas gotas en sus manos.

 

Entrecerró los ojos ante el resplandor que se reflejaba en el sucio toldo blanco y sintió los ojos de Sinjun quemándola, derritiéndole la piel.

 

«Calor. Tengo tanto calor.»

 

Dani miró el agua fría que le goteaba en las manos. Accionó la boquilla de nuevo, levantó la manguera y comenzó a rociar agua fría en la jaula de tigre.

 

¡Sí!

 

Al momento sintió el alivio del animal en su propio cuerpo.

 

-¡Eh! -Digger se acercó a ella corriendo tan deprisa como sus artríticas rodillas se lo permitían. -¡Detente, Dani! Para de una vez, ¿me has oído?

 

El tigre le enseñó los dientes al anciano. Dani se giró con rapidez y lanzó el chorro de agua fría al hombre, mojándole la mugrienta camisa de trabajo.

 

-¡No te acerques!

 

Digger se detuvo.

 

-¿Qué estás haciendo? ¡Vas a matar al tigre! A los felinos no les gusta el agua.

 

Volvió a dirigir el chorro al tigre y sintió un fresco alivio en los huesos, como si estuviera mojándose ella misma.

 

-A éste sí.

 

-¡Te he dicho que te detengas! No puedes hacer eso.

 

-A Sinjun le gusta. Míralo, Digger.

 

Cierto, en vez de alejarse del agua, el tigre se recreaba en ella, permaneciendo inmóvil bajo el chorro. Mientras continuaba mojando al felino, Dani quiso decirle a Digger que eso no habría sido necesario si él hubiera hecho mejor su trabajo, pero sabía que el pobre hombre no podía hacer más de lo que hacía y se mordió la lengua.

 

-¡Dame eso!

 

Neeco se había plantado detrás de ella y alargó el brazo para quitarle la manguera de la mano. Pero Dani va estaba harta de

Neeco Martin y no dejó que se la arrebatara.

 

El agua cambió de dirección. Dani soltó un jadeo al sentir toda la fuerza del chorro en la cara, pero no soltó la manguera.

 

Él le retorció la muñeca.

 

-¡Detente, Dani! Dame la manguera.

 

El rugido enloquecido de Sinjun vibró a través del pesado aire de la tarde, ahogando por completo el alboroto habitual del circo. La jaula tembló cuando Sinjun lanzó su enorme cuerpo contra los barrotes, casi como si estuviera intentando llegar a Neeco para protegerla. Alarmado, el domador soltó la muñeca de Dani y se volvió hacia los rugidos.

 

Sinjun aplanó las orejas contra la cabeza y le siseó al hombre. Dani le arrancó de un tirón la manguera.

 

-Condenado tigre loco -masculló Neeco. -Alguien debería haberlo doblegado hace años.

 

Dani envió otro chorro de agua a la jaula. Con más seguridad de la que sentía, le dijo:

 

-No le gusta que te metas conmigo.

 

-Mira eso, Neeco -dijo Digger. -A ese cabrón le gusta el agua.

 

-¿Qué coño pasa aquí?

 

Todos se volvieron hacía Kevin, que se acercaba a ellos. Dani se limpió los ojos con la manga de la camisa sucia mientras seguía apuntando el chorro de agua hacia la jaula del tigre.

 

- Dani ha decidido duchar a Sinjun -dijo Neeco.

 

-¿Duchar a Sinjun? - Kevin la observó con esos inescrutables ojos rusos.

 

-Sinjun tenía calor -explicó ella débilmente. -Quería que lo refrescara.

 

-¿Te lo ha dicho él?

 

Dani estaba demasiado agotada para responder. Además, ¿cómo podía explicarle que Sinjun se había comunicado con ella? Ni siquiera ella podía comprender esa especie de conexión mística que parecía tener con el tigre.

 

Dirigió el chorro del agua al barro que se había acumulado en el fondo de la jaula.

 

-Estas jaulas están asquerosas. Habría que limpiarlas con más frecuencia.

 

Digger se mostró ofendido.

 

-Yo no puedo con todo. Si crees que las jaulas están asquerosas, quizá deberías limpiarlas tú misma.

 

-Vale. Lo haré.

 

¿Qué estaba diciendo? Sólo unos minutos antes, había decidido irse de allí, y ahora se ofrecía voluntaria para echarse más trabajo a la espalda. ¿Cómo iba a poder encargarse de otra tarea si casi no lograba terminar las que le asignaban?

 

Kevin frunció el ceño.

 

- Dani, tú ya haces demasiado. Apenas te mantienes en pie y no quiero que hagas nada más.

 

La joven ya estaba un poco harta de que su marido le dijera lo que podía o no podía hacer.

 

-Ya he dicho que lo haría, y lo haré. Ahora, a menos que Neeco y tú queráis acabar tan mojados como Digger, será mejor que me dejéis sola.

 

La sorpresa brilló en los ojos de Kevin. Neeco la presionó más.

 

- Dani no consigue siquiera terminar las tareas que le asigno.

¿Cómo se va a ocupar también de las fieras?

 

-No lo hará -dijo Kevin firmemente.

-Lo haré.

- Dani...

 

-No puedes decirme lo que tengo que hacer en mi tiempo libre.

-No tienes tiempo libre -le recordó.

 

-Entonces supongo que tendré que trabajar más rápido.

 

Él la miró durante un buen rato. Dani vio brillar en sus ojos algo

que no pudo comprender del todo. ¿Un poco de reconocimiento?

 

¿Un atisbo de respeto?

 

-¿De verdad quieres hacerlo? -le preguntó él.

-Sí.

-¿Estás segura de saber lo que haces?

 

Ella le sostuvo la mirada sin pestañear.

-No tengo la menor idea.

 

Una emoción que casi parecía ternura brilló en los ojos de Kevin, pero desapareció tan pronto como éste asintió bruscamente con la cabeza.

 

-Vale, estarás a prueba durante unos días. Puedes trabajar aquí un par de horas a primera hora de la mañana y luego te encargarás de hacer lo que te mande Neeco.

 

Digger comenzó a protestar.

 

-¡Pero necesito ayuda! ¡No puedo hacerlo todo yo solo!

-Tampoco puede hacerlo Dani -dijo Kevin en voz baja.

 

Sorprendida, la joven clavó los ojos en él. Él arqueó una ceja.

-¿Algo más?

 

Dani acababa de recordar que le daban miedo los animales, pero no era el momento de sacar el tema a colación y negó con la cabeza.

 

-Entonces, serás tú quien se ocupe de las fieras.

 

Mientras Kevin se alejaba, Dani pensó que cada vez que lo consideraba el malo de la película, él la sorprendía. También se dio cuenta de que ya no le daba miedo. No de verdad. Kevin tenía unas reglas duras y, para Dani, injustas, pero siempre se ceñía a ellas y Dani no podía imaginárselo comprometiéndose en algo en lo que no creyera.

 

Durante las horas siguientes, regó las jaulas con la manguera y limpió la porquería acumulada mientras intentaba mantenerse lo más alejada posible de los animales. Cuando por fin terminó, estaba incluso más sucia que cuando empezó, dado que se había añadido barro a la mugre que la cubría.

 

Convenció a uno de los trabajadores para que moviera la jaula de Sinjun a la sombra, luego le puso heno limpio a Chester y a Lollipop. El camello intentó patearla, pero la llama se mantuvo tranquila, y cuando Dani miró los ojos somnolientos de Lollipop, decidió que por fin había encontrado un animal que le gustaba.

 

-Eres toda una dama, Lollipop. Nos vamos a llevar muy bien.

 

La llama movió los belfos y le lanzó un escupitajo maloliente.

 

Eso era gratitud, sí señor.

 

 

 

holaaaaaa chikitaaaasss como estaaaaan espero les haya gustaado el caaapp....

buenooo las dejo....


 

 

BESAR A UN ANGEL

Capitulo nueve parte 2 :)



Sheba casi había llegado al vagón rojo cuando la abordó Brady Pepper. A pesar de lo molesta que estaba con Brady, no podía negar lo apuesto que era, con aquella piel aceitunada y esos rasgos fuertes y firmes. Aunque tenía cuarenta y dos años, sólo había unas pocas hebras plateadas en el pelo rizado del acróbata y aquel atlético y poderoso cuerpo que poseía no tenía ni un ápice de grasa.

 

Lo observó durante un momento, luego abrió la puerta y entró en el vagón rojo. Brady y ella habían chocado desde el principio. Miró por la ventana y vio a Dani Markov forcejeando con un fardo de heno. Sheba casi sintió lástima por ella -y la hubiera sentido de haber sido otra persona, -pero Dani era el instrumento con el que podía castigar a Kevin. Qué humillado debía de sentirse.

 

 

Seguro que estaba embarazada, ¿por qué otra razón se hubiera casado Kevin con esa mujer? Pero a pesar de lo mucho que odiaba a Kevin, el circo lo significaba todo para Sheba, y le parecía denigrante que la sangre de los Markov -una de las familias más famosas en la historia del circo- pasara a la siguiente generación a través de una ladronzuela.

 

Cada vez que miraba a Dani, Sheba se preguntaba cómo podría haber mantenido la cabeza en alto si no se hubiera hecho pública la verdad sobre Dani.



Tiempo después Dani no pudo recordar cómo consiguió aguantar durante los diez días siguientes mientras el circo recorría Carolina del Norte antes de cruzar la frontera de Virginia. Durante el día Kevin y ella estaban solos en la camioneta y, cuando él se dignaba a hablarle, ella sentía como si le estuviera pinchando con carámbanos.

 

Ni siquiera compartían las comidas. Kevin siempre se abría alguna lata de conservas mientras ella estaba en el cuarto de baño arreglándose para la función y le dejaba preparado un plato de comida mientras él se cambiaba. Nunca le preguntó qué le apetecía comer ni le pidió que cocinara, aunque ella tampoco habría tenido fuerzas para hacerlo.

 

Algunas veces Dani pensaba que había soñado aquel apasionado beso que habían compartido. Ahora a ni siquiera se tocaban, salvo en esas ocasiones en las que se quedaba dormida en la camioneta y se despertaba acurrucada contra él. Cuando eso ocurría se apartaba de un salto, sólo para sentir la intensa energía sexual que existía entre ellos, tan palpable como la brisa que entraba en la camioneta.

 

O puede que todo eso fuera cosa de su imaginación. Tal vez Kevin no se sentía atraído por ella. ¿Cómo iba a encontrar atractiva a una chica con las manos llenas de ampollas, la nariz quemada por el sol y los codos llenos de costras, que no vestía otra cosa que ropa de trabajo sucia? En algún momento de la última semana había dejado de maquillarse hasta la hora de la función.

 

Durante el día se recogía el pelo en una coleta, con algunos rizos sueltos que le caían sobre el cuello y las mejillas. En sólo dos semanas había abandonado las costumbres de toda una vida.

 

Ni siquiera sabía quién era cuando se miraba en el espejo.

Siempre estaba cansada. Se quedaba dormida en el sofá antes de medianoche, pero luego, una vez que Kevin entraba en la caravana, le resultaba imposible volver a dormirse. Daba igual lo que hiciera, daba vueltas durante horas hasta que finalmente caía en un sueño intranquilo y se despertaba sin haber descansado. Se sentía agotada, confundida e increíblemente sola.

 

Como todos creían que era una ladrona, continuaban haciendo todo lo posible para evitarla y, por otro lado, tampoco había mejorado la relación con los elefantes. Tater todavía se comportaba como si lo hubiera traicionado. Varias veces llegó a considerar la posibilidad de ponerse perfume, pero la asustaba todavía más el cariño del elefantito que su odio.

 

Cuando Neeco y Digger estaban cerca, el animal la dejaba tranquila, pero, si no estaban a la vista, buscaba cualquier oportunidad para arrojarla al suelo; la derribó tantas veces que Dani tenía magulladuras por todas partes.

Los otros elefantes se dieron cuenta enseguida de que era una presa fácil y la convirtieron en el blanco de todas sus travesuras. La rociaban con agua, le chillaban y la tiraban al suelo si se acercaba demasiado. Lo peor era ver cómo esperaban a que se aproximara a ellos antes de divertirse a su costa.

 

 

Neeco le decía que, como se negaba a usar el pincho, tenía lo que se merecía y que jamás vencería.

 

 

Aunque se mantuvo alejada de Sinjun y averiguó más cosas de él por lo que les oyó a los demás. Era un tigre viejo, tenía unos dieciocho años y fama de arisco. Según Digger, ninguno de sus entrenadores había conseguido ganar su confianza, y todos lo consideraban imprevisible y peligroso.

Como su marido.

 

Kevin la confundía de tal manera que no sabía qué pensar de él. Tan pronto se comportaba como un monstruo sádico como aparecía por el camión de los elefantes con unos nuevos guantes de trabajo para ella o una gorra de béisbol para que no se quemara con el sol. Y, más de una vez, llegó justo a tiempo de bajar una carretilla cargada de estiércol por la rampa antes de que Dani tuviera ocasión de hacerlo. Sin embargo, la mayor parte del tiempo sólo parecía sentir pena por ella.

 

Era un día insoportablemente cálido para estar sólo a mediados de mayo. La temperatura superaba los treinta y cinco grados y la espesa humedad dificultaba la respiración. De nuevo instalaron el circo en un aparcamiento, en un pequeño pueblo al sur de Richmond, y el asfalto negro intensificaba el calor.

 

Los elefantes ya habían conseguido tirar a Dani dos veces ese día y, la segunda vez, se raspó el codo. Para empeorar las cosas, todos los miembros del circo parecían disfrutar de un tiempo de relax excepto ella.

 

Brady y Perry Lipscomb estaban sentados a la sombra del toldo de la caravana Airstream de la familia Pepper, tomando una cerveza fría y escuchando un partido de béisbol en la radio. Jill se rociaba con agua mientras el tomaba el sol recostada en una silla con el último ejemplar del Cosmopolitan en las manos. Incluso Digger echaba una siesta a la sombra.

 

-¡ Dani, mueve el culo y ocúpate del heno! -le ordenó Neeco a gritos desde la puerta de la caravana de los equilibristas, luego rodeó los hombros de Charlene con el brazo.

 

Algunas veces, desde que se habían enfrentado por el pincho, Neeco la trataba con hostilidad. Le encargaba los trabajos más duros, y la hacía trabajar durante horas interminables, hasta que llegaba Kevin y le decía que ya había sido suficiente por ese día.

 

Cuando comenzó a mover el heno, le ardía cada músculo del cuerpo. Tenía la camiseta empapada de sudor y un roto en el hombro; sus vaqueros parecían no haber visto una lavadora en semanas, y la suciedad, el heno y el abono se le pegaban a cada centímetro de su húmeda piel. Tenía el pelo enredado y las uñas tan quebradas como su espíritu........

 

 

 

holaaa jeje soy muy buenaa apenas dos coments y subi :(

buenoo espero les guste esta parteee :)

 

xoxox

 

Adri :)

 

BESAR A UN ANGEL

 

CAPÍTULO 09


Dani estaba sobre la rampa del camión a las diez de la mañana siguiente. Tenía los músculos de las piernas agarrotados y le dolían a cada paso que daba. Además sentía como si le hubieran estirado los brazos en un potro de tortura.

 

-Lo siento, Digger. Me he quedado dormida.

 

A pesar de lo cansada que estaba la noche anterior, se había despertado a eso de las tres de la madrugada tras un sueño en el que Kevin y ella navegaban en una barca rosa con forma de cisne por un anticuado túnel del amor. Kevin la besaba y la miraba con tal ternura que ella se había sentido como si su cuerpo se fundiera con la barca, con el agua y con el propio Kevin. Había sido esa sensación lo que la había despertado y lo que la había hecho reflexionar, tumbada en el sofá, sobre el doloroso contraste entre aquel bello sueño y la realidad de su matrimonio.

 

Cuando llegaron a la amplia explanada de High Point, en Carolina del Norte, el remolque que transportaba a los elefantes aún no había aparecido, y se había metido en la camioneta para echar una siesta. Dos horas después, se había despertado con el cuello rígido y dolor de cabeza.

 

Desde lo alto de la rampa vio que Digger casi había terminado de retirar el estiércol del camión. La sensación de alivio se mezcló con una punzada de culpabilidad. Ése era su trabajo.

 

-Deja que siga yo.

 

-Lo peor ya está hecho. -Habló como un hombre que estaba

acostumbrado a esperar lo peor de la vida.

 

-Lo siento, no ocurrirá de nuevo.

 

Él sorbió por la nariz y la miró como diciendo que se lo creería cuando lo viera.

 

Desde donde estaba, Dani tenía una amplia vista de la nueva localización del circo, situado entre un Pizza Hut y una gasolinera. Según le había dicho Kevin, la mayor parte de los miembros del circo preferían instalarse en un terreno liso y asfaltado, aunque eso significara tener que reparar antes de marcharse todos los agujeros que hicieran para clavar las estacas.

 

Oyendo de fondo el rítmico golpeteo de los hombres que montaban el circo, miró hacia atrás y vio a  Beatriz sentada en una silla delante de su caravana. Sheba estaba de pie detrás de ella haciéndole una trenza. También había visto cómo la dueña del circo echaba una mano a los trabajadores y ayudaba a levantarse al pequeño de los Lipscomb, de seis años, cuando se caía. Sheba Quest era una mujer llena de contradicciones: con Dani se comportaba como una bruja malvada, pero con todos los demás era una persona muy amable.

 

Sintió que le tiraban del pantalón. Cuando bajó la vista vio que era la trompa de Tater, que estaba al pie de la rampa, mirándola con adoración a través de unas pestañas ridículamente rizadas.

 

Digger se burló de ella.

 

-Tu novio ha venido a verte.

-Pues se va a llevar un chasco. No me he puesto perfume.

 

-Supongo que tendrá que acercarse más para comprobarlo por sí mismo. Llévalo con los demás, ¿de acuerdo? Hay que darles de beber. El pincho está allí dijo, señalando con la cabeza el objeto apoyado contra el camión.

 

Ella miró el pincho con autentica aversión. Al fondo de la rampa, Tater barritó y giró sobre sí mismo, como si estuviera llamándola. Luego se detuvo, y levantó una pata tras otra como si fuera un bebé pataleando. O mucho se equivocaba Dani o todo eso era por ella.

 

-¿Qué voy a hacer contigo, Tater? ¿No te das cuenta del miedo que me das?

 

Armándose de valor, se acercó al fondo de la rampa mientras se metía la mano en el bolsillo para sacar una zanahoria mustia que había encontrado en la nevera. Esperaba que la siguiera al ver que iba a alimentarlo, y le ofreció la hortaliza con una mano temblorosa.

 

El animalito alargó la trompa y olisqueó la zanahoria con delicadeza, haciéndole cosquillas en la palma de la mano. Ella retrocedió un paso, utilizando la zanahoria como cebo para llevarlo con los demás. Tater se la arrebató de la mano y se la llevó a la boca.

 

Dani observó con aprensión la mano ahora vacía mientras el alargaba la trompa hacia ella otra vez.

 

-N-no tengo más.

 

Pero no era comida lo que él quería; era perfume.

 

Metió la trompa por el cuello de la camiseta de Dani buscando el olor que tanto le gustaba.

 

-Amiguito... lo siento... yo...

 

¡Zas! Con un dramático barrito, Tater le dio un golpe con la trompa y la tiró al suelo. Dani gritó. Al mismo tiempo, Tater levantó la cabeza y volvió a barritar, anunciando al mundo la profunda traición de la que acababa de ser objeto: ¡ Dani no llevaba perfume!

 

- Dani, ¿estás bien? - Kevin apareció de la nada y se puso en cuclillas a su lado.

 

-Estoy bien. -Hizo una mueca de dolor al sentir una punzada en la cadera.

 

-¡Maldita sea! No puedes dejar que este animal continúe haciéndote eso. Sheba me ha dicho que ayer también te tiró.

 

Por supuesto, Sheba no había podido resistirse a dejar pasar algo como eso, pensó Dani, tensándose al cambiar de postura.

 

Por el rabillo del ojo, vio cómo Neeco se acercaba a grandes zancadas hacia ellos.

-Yo me encargaré de esto -les dijo.

Dani soltó un grito ahogado cuando lo vio coger el pincho.

 

-¡No! ¡No le pegues! Ha sido culpa mía. Yo... -Ignorando el dolor, se obligó a ponerse de pie y se interpuso de un salto entre Neeco y Tater, pero llegó demasiado tarde.

 

Horrorizada, observó cómo Neeco golpeaba al elefantito en aquel lugar sensible detrás de la oreja. Tater soltó un agudo chillido y retrocedió. Neeco se acercó de nuevo a él, levantando el pincho para propinarle un segundo golpe.

 

-Ya basta, Neeco.

 

Dani no oyó las suaves palabras de advertencia de Kevin porque ya se había lanzado sobre la espalda de Neeco.

 

-¡No vuelvas a pegarle! -con un grito de indignación, intentó arrebatarle el pincho.

 

Alarmado, Neeco tropezó, y tras recuperar el equilibrio, soltó una maldición y se dio la vuelta. Dani no pudo sujetarse a sus hombros y sintió que se resbalaba. Pero en vez de caer al sucio por segunda vez ese día, Kevin la atrapó en sus brazos.

 

-Ya te tengo.

Sheba se acercó con rapidez.

-Por el amor de Dios, Kevin hay periodistas en el recinto.

 

Mientras la dejaba en el suelo, Dani se preparó para sufrir una bronca de Kevin. Pero para su sorpresa, Kevin se volvió hacia Neeco.

 

-Creo que Tater ha captado el mensaje la primera vez.

Neeco se puso rígido.

 

-Sabes tan bien como yo que no hay nada más peligroso que un elefante se vuelva contra sus adiestradores.

 

Dani no pudo morderse la lengua.

 

-¡Es sólo un bebé! Y fue culpa mía. No me he puesto perfume y se enfadó conmigo.

 

-Cállate, Dani -dijo Kevin con suavidad.


Tu bebé pesa una tonelada -dijo Neeco apretando los labios. -No dejaré que ninguno de los que trabaja conmigo se ponga sentimental con los animales. No podemos correr riesgos.

 

Actuando de esa manera pones en peligro la vida de la gente; los animales tienen que saber quién manda.

 

Dani dejó salir toda su frustración.

 

-¡Las vidas de los animales también tienen valor! Tater no pidió que lo encerraran en un circo. No pidió que lo llevaran por todo el país en un remolque maloliente, ni que le ataran para ser exhibido delante de personas ignorantes. Dios no creó a los elefantes para que hicieran equilibrios sobre sus patas. Los creó para que vagaran libres.

 

Sheba se cruzó de brazos y alzó una ceja con ironía.

 

-Ya la veo tirando pintura roja a los abrigos de piel. Kevin, controla a tu esposa o la echaré de mi circo.

 

Ni el más mínimo atisbo de emoción cruzó por la cara de Kevin cuando sus ojos se encontraron con los de Sheba.

 

- Dani es la encargada de los elefantes. Por lo que he visto, sólo cumplía con su trabajo.

 

A Dani casi se le detuvo el corazón. ¿Sería posible que su marido la estuviera defendiendo?

 

El placer de la joven se desvaneció cuando él se volvió hacia ella, señalando con la cabeza el remolque de los elefantes.

 

-Se está haciendo tarde y aún no lo has limpiado con la manguera. Vuelve al trabajo.

 

Ella se dio la vuelta y, deseando que los tres se fueran al infierno, volvió a su tarea. Sabía que los animales que viajaban con el circo debían estar bajo control, pero la idea de que estaban siendo obligados a comportarse en contra de su naturaleza, le molestaba. Tal vez encontrara tan perturbadora su situación porque sentía que tenía algo en común con ellos. Como los animales del circo, estaba cautiva contra su voluntad y, como ellos, su guardián tenía todo el control.

 

holaaaaa :) que taaal les gustooo el caap??????

sabeeeennn voy asubir mas seguido porque la novel es laargaaa y buenooo necesito terminar pronto k ya pronto inicio clases.....

jejej

buenooo las dejooo

me voeeeee

comenteen mucho..

xoxox

 

Adri :)

AlGuiEn MaS SE enamoro de Dani.. :)

 

CAPITULO 8 PARTE 3



Ya sabes que es parte de tu trabajo.

-Pero no esta noche. Es imposible que pueda hacer nada esta noche. ¡Mírame!

Mientras la observaba, Kevin casi se rindió. La parte más decente de sí mismo le exigía que la dejara en paz por esa noche. Estaba pálida debido al agotamiento y tan sucia que era imposible reconocerla. El único rastro de cosméticos en su cara era la mancha de rímel bajo los ojos. Su pequeña boca tenía un gesto de tristeza y Kevin pensó que nunca había estado en presencia de alguien que estuviera tan a punto de quebrarse.


Sintió una renuente chispa de admiración ante el hecho de que ella estuviera todavía en pie. Por la forma que había manejado la pala supo lo difícil que le había resultado todo aquello. La joven lo había dejado sorprendido. Por desgracia, aquella pequeña rebelión sólo había prolongado lo inevitable.


¿Por qué no se rendía? No sabía de dónde había sacado las fuerzas para llegar hasta allí, pero sí que acabaría por ceder, y se negaba a torturarla más. Luchó contra esa debilidad interior que lo impulsaba a ablandarse, sabiendo que sería una crueldad presionarla. Pero tenía que hacerlo si quería que Dani aceptara la verdad.


Se recordó con firmeza que era una ladrona y que, a pesar de las circunstancias, no podía perdonárselo.


-La primera función es a las seis. Saldrás con los elefantes.


-Pero...


Se fijó en que ella tenía un corte en la palma de la mano y se la agarró con rapidez para examinarla.


-¿Cuánto hace que te vacunaste del tétanos?


Lo miró sin comprender.


-La vacuna del tétanos. Por la infección.


Ella parpadeó; estaba tan agotada que él tuvo que resistir el deseo de cogerla en brazos y llevarla a la caravana. Kevin no quiso pensar lo que sería sentir ese menudo y suave cuerpo entre sus brazos. Si no hubiera robado ese dinero, hubieran pasado la noche anterior en la misma cama, pero al ver lo que había hecho, él se había enfurecido tanto que no había confiado en sí mismo para tocarla. No había deseado tocarla.


-¿Cuándo te has vacunado del tétanos? -repitió el bruscamente.


Ella se miró el corte.


-El año pasado. Me corté en el yate de Biffy Brougenhaus.


«Santo Dios.» ¿Cómo podía estar casado con una mujer que conocía a alguien llamado Biffy Brougenhaus? Al diablo con ella.


-Échate un poco de antiséptico -le espetó- y procura estar lista a tiempo para la función o también te encargarás del remolque del caballo.


Mientras la miraba, el semblante de Kevin se endureció todavía más. Siempre se había sentido orgulloso de su sentido de la justicia, pero ella lo hacía sentir como un matón malhumorado. Otro punto más en contra de ella.




Dani sobrevivió a la función, básicamente porque el cansancio la había entumecido de tal manera que no le dio vergüenza aparecer en público vestida con el minúsculo maillot rojo. Aunque Kevin le había dicho que desfilaría con los elefantes, había ocupado un lugar algo más atrás, como si fuera un miembro de los Tolea Voladores.


Se había obligado a ducharse, algo que le había resultado muy doloroso por los arañazos que le cubrían los brazos. Se lavó y secó el pelo y se maquilló más de lo habitual siguiendo las instrucciones de Kevin. Entre ambas funciones, se quedó dormida en la caravana con un sándwich de mantequilla de cacahuete en la mano. Si él no la hubiera despertado se habría perdido la segunda función.


Al finalizar, Neeco la detuvo cuando salía por la puerta de los artistas.


-Digger necesita que le eches una mano para subir a los elefantitos al camión.


Digger no parecía necesitar ayuda, pero ése era su trabajo y ella no quería que Kevin le echara nada en cara.


-No seré de mucha ayuda -dijo ella.


-Tienen que acostumbrarse a ti, eso es todo.


Dani se puso una bata azul de Kevin que había encontrado colgada en la percha del cuarto de baño. Aunque se enrolló las mangas, todavía le quedaba enorme, pero era apropiada para preservar su pudor.


Al ver que los elefantitos salían en ese momento por la puerta trasera, Dani se acercó a Digger.


-¿Necesitas ayuda?


-No te pasees por delante de ellos, todavía les pones nerviosos.


Se puso detrás de Digger, a varios metros de distancia de los elefantes. No tuvo ningún problema en reconocer a Tater dado que era el más pequeño de los cuatro; recordaba de sobra el golpe que le había dado y lo miró con resentimiento mientras él trotaba detrás de Puddin cogido de su cola. Cuando llegaron a la estaca, Digger los ató con una correa.


-Ven aquí, Bam. Acércate Dani, así aprenderás cómo se hace.


Dani estaba tan atenta a lo que él estaba haciendo con Bam que no se dio cuenta de que Tater se había acercado a ella por detrás, hasta que sintió un cosquilleo húmedo, suave como una caricia, por el lateral de su cuello. Dio un gritito y saltó hacia atrás, alejándose de la trompa extendida del elefante.


El elefantito la miró con un brillo testarudo en los ojos, se acercó a ella y alargó la trompa de nuevo. Demasiado tensa para moverse, Dani se quedó mirando las fosas nasales de la trompa que cada segundo estaban más cerca de ella.


-Tater b-bonito. Elefantito b-bonito. -Emitió un chillido asustado cuando Tater le metió la trompa por el cuello, abriéndole la bata. -Digger... -gritó.


Digger la miró y se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.


-¿Te has puesto perfume?


Ella tragó saliva y asintió con la cabeza. Tater le pasó la trompa con delicadeza por detrás de la oreja.


-A Tater le vuelven loco los perfumes de mujer.


-¿Qué tengo que hacer ahora? -dijo con voz entrecortada.


Digger la miró sin entender qué le preguntaba.


-¿A qué te refieres?


-¿A T-Tater?


-Pues no lo sé. ¿Qué quieres hacer?


Se oyó una risa entrecortada.


-Es probable que quiera desmayarse, ¿verdad, Dani?


Kevin apareció justo detrás de ella y la joven intentó mostrar valor.


-No... no exactamente.


-Es por el perfume. -Alargó la mano y acarició a Puddin. Tater, mientras tanto, emitió

un barrito de alegría y metió la punta de la trompa por el cuello de la bata, hasta la base de la garganta de Dani.


-N-nadie me dijo que no usara perfume. -Para sorpresa de la joven, el elefantito bajó más la trompa, hacia las llamas que dibujaban las lentejuelas rojas que cubrían el corpiño del maillot. Recordó que también se había puesto perfume entre los pechos.


- Kevin... -le imploró. -Me va a tocar... me va a tocar... -la trompa de Tater alcanzó su meta. -¡Los pechos! -gritó.


-Tienes razón. - Kevin palmeó la trompa y la apartó a un lado. -Ya basta, amiguito.


Eso es de mi propiedad.


Dani estaba tan asombrada por aquella declaración que no notó que Tater retrocedía.


Digger soltó una risita jadeante y señaló al elefante con la cabeza.


-Parece que Tater se ha enamorado.


-Eso me temo-repuso Kevin.


-¿De mí? - Dani miró a los dos hombres con incredulidad.


-¿Ves a alguien más? -contestó Kevin.


Lo cierto era que el elefante le estaba lanzando una mirada conmovedora.


-Pero si me odia. Esta tarde me golpeó y me tiró al suelo.


-Esta tarde no llevabas perfume.


Digger se levantó y le crujieron las rodillas. Se acercó al elefantito.


-Ven, chico. La joven no está interesada.


Mientras Digger lo alejaba de allí, Tater le lanzó por encima del hombro una mirada de adolescente enamorado. Dani no sabía si sentir temor o agradecimiento por gustarle al menos a alguien de ese horrible circo.


Esa noche se quedó dormida en cuanto su cabeza tocó la almohada. Oyó entre sueños que Kevin entraba en la caravana unas horas más tarde y notó que le cubría los hombros con la manta mientras volvía a dormirse.



ADELANTOOOSS :)



-¡No! ¡No le pegues! Ha sido culpa mía. Yo...


-¿Qué estás haciendo? ¡Vas a matar al tigre! A los felinos no les gusta el agua.

Volvió a dirigir el chorro al tigre y sintió un fresco alivio en los huesos, como si estuviera mojándose ella misma.


Estas jaulas están asquerosas. Habría que limpiarlas con más frecuencia.


-Yo no puedo con todo. Si crees que las jaulas están asquerosas, quizá deberías limpiarlas tú misma.


-Vale. Lo haré

-¿Estás segura de saber lo que haces?

Ella le sostuvo la mirada sin pestañear.

-No tengo la menor idea.

 

mmmm una cosaa maass k piensan acerca de Kevin? (en la novela....)


jeje mmm buenoo se vienen nuevas cosas cosass k kambiaran a muuchos muuy prontooo! :)


comenntenn muucho y no se olviden de comentaar !

las kierooo

byee

xoxo


Adri :)

CAPITULO 8 PARTE 2 BESAR A UN ANGEL :)

Parte 2

 

Dani miró la picana con desagrado.


-¿Les das descargas? ¿No te parece que es una medida muy

drástica?


-Cuando se trabaja con animales no se puede ser sentimental. Puede que los quiera mucho, pero no soy estúpido. Tienen que saber quién es el que manda, quién lleva aquí la voz cantante.


-Neeco, esto no es para mí. Ya le he dicho a todo el mundo que los animales me dan miedo, pero nadie me hace caso.


-Acabarás por superarlo. Sólo necesitas pasar algún tiempo con ellos. No les gustan las personas ni los ruidos inesperados, así que tienen que verte venir. -Le quitó el pincho de la mano y le dio la picana a cambio. -Si te ven con ella te respetarán más. Los pequeños son fáciles de controlar; un par de descargas rápidas si no te hacen caso y listo. Cuando uses el pincho, apunta detrás de las orejas, es donde más les molesta.


Ella sintió como si estuviera siendo obligada a sujetar algo obsceno. Miró a los elefantitos y vio que Tater le devolvía la mirada. El animal observó la picana y, aunque tal vez fuera cosa de su imaginación, Dani pensó que parecía decepcionado.


Cuando Neeco se marchó, ella se acercó a los animalitos tosiendo para no sorprenderlos. Ellos levantaron la cabeza y se removieron inquietos al ver lo que llevaba en la mano. Bam abrió la boca y emitió un fuerte barrito de tristeza.


Debían de estar acostumbrados a que les dieran descargas eléctricas. Dani pensó lo mucho que comenzaba a desagradarle Neeco Martin. Más que incrementar la confianza en sí misma, la picana hacía que se sintiera incómoda. No importaba lo mucho que le asustaran los animales, jamás podría hacerles daño, así que dejó el artilugio detrás de una bala de heno.


Miró con anhelo la caravana de Kevin Sólo tres días antes la había considerado repugnante, pero ahora le parecía el lugar más acogedor del mundo. Se recordó a sí misma que si había podido limpiar el remolque, también podía sobrevivir a eso.


Se acercó a las bestias de nuevo, esta vez sin la picana. Ellos la observaron durante un momento. Satisfechos de que ella ya no supusiera una amenaza, se dedicaron a remover el heno.


Todos salvo Tater. ¿Sería cosa de su imaginación o él le estaba realmente sonriendo? ¿Y no tenía esa sonrisa cierto toque diabólico?


-Elefantes bonitos. Elefantitos b-bonitos -canturreó ella. - Dani

es buena. Dani es muuuuuy buena.


Pebbies y Bam levantaron la cabeza y se miraron el uno al otro, y ella hubiera jurado que incluso habían puesto los ojos en blanco. Tater, mientras tanto, levantó un fardo de heno y lo dejó caer sobre su lomo. Aunque los demás elefantes continuaron observándola, Tater no estaba molesto por la presencia de la joven. Parecía el más sociable de todos.


El animal dejó caer otro fardo de heno sobre su lomo. Dani se acercó unos pasos más, hasta que sólo hubo tres metros entre ellos. Tater comenzó a resollar en la paja.


-Tater bonito. Tater es un elefantito muy bonito. -Se acercó a él unos centímetros más, susurrándole tonterías como si fuera un bebé de verdad. -Niño bonito. Sé bueno. -Comenzó a temblarle la voz. -Tater tiene que ser más educado. -Estaba tan cerca que podía palmearle la trompa, y Dani sintió la piel húmeda y pegajosa por el sudor. -A Tater le gusta Dani. Dani es amiga de

Tater. -Alargó la mano lentamente, obligándose a hacerlo centímetro a centímetro, diciéndose a sí misma que los elefantes no comían personas, tan sólo... «¡Zas!»


El elefantito le plantó la trompa en el pecho y la tiró al suelo. La joven cayó con tal fuerza que vio las estrellas. El dolor le subió por el costado izquierdo. La vista se le aclaró justo a tiempo de observar cómo el elefante levantaba la trompa y emitía un grito de inequívoca victoria.


Dani se quedó allí sentada, demasiado deprimida para levantarse. Las florecitas de las sandalias centelleaban como estrellas plateadas ante sus ojos. Levantó la cabeza y vio que Bathsheba Quest la miraba desde detrás de unas gafas de sol.


Sheba llevaba un ceñido top blanco, unos pantalones cortos a juego y un cinturón de color lavanda. Cargaba sobre la cadera a un bebé de pelo oscuro, un niño que Dani recordaba haber visto con uno de los hermanos Tolea y su mujer. Sheba bajó la mirada hacia ella, luego se colocó las gafas de sol en la coronilla, retirándose el pelo lo suficiente para dejar a la vista unos pendientes púrpura con brillantes en forma de estrellas.


Dani esperaba ver una expresión de triunfo en los ojos de Sheba, pero sólo vio satisfacción. Se dio cuenta de que estaba tan hundida que la mujer ni siquiera la consideraba una amenaza.


-¿De dónde demonios te ha sacado Kevin?


Negando con la cabeza, Sheba pasó por encima de los pies de Dani, para acercarse a Tater y acariciarle la


-Eres un pequeño demonio, ¿verdad, colega? ¿A que es un diablillo, Theo? -dijo Sheba, cogiendo el pie del niño.


Dani había sido derrotada por todos y ya no pudo soportarlo más. En lo que a ella concernía, el trabajo había terminado por ese día, y había sobrevivido a duras penas. Se puso en pie y se dirigió a la caravana. En ese momento vio a Kevin. Demasiado cansada para volver a enfrentarse a él, se dio la vuelta y comenzó a deambular por el recinto del circo.


Se cruzó con dos de las animadoras, pero le dieron la espalda. Uno de los payasos fingió no verla. Dani necesitaba con urgencia un cigarrillo.


Dio un respingo cuando un potente chillido surcó el aire. La joven giró la cabeza con rapidez y vio a Frankie cerca de uno de los camiones de la mano de Jill. La señaló y chilló de nuevo. Jill lo cogió en brazos y, sin dirigirle la palabra a Dani, se alejó.


Dani se sintió fatal. El mensaje era claro. La habían declarado una paria.


Siguió caminando hasta que se encontró delante de la casa de fieras. La puerta de lona estaba levantada y todos los animales estaban dentro menos Sinjun, cuya jaula aún se encontraba a pleno sol. El animal bajó las orejas cuando ella se acercó, y la miró con desdén. La noche anterior había estado demasiado oscuro para ver en qué condiciones se encontraba la jaula, pero ahora podía ver lo sucia que estaba. Digger era quien se encardaba de cuidar a los animales, pero estaba claro que éstos ocupaban el último lugar en su lista de tareas.



El tigre clavó los ojos en ella y Dani no pudo apartar la mirada de él. La noche anterior el pelaje a rayas parecía brillar bajo los reflectores, pero ahora el animal parecía flaco y sucio. La joven miró fijamente aquellos misteriosos iris dorados y, al cabo de unos segundos, se sintió muy sofocada.

 

El sudor le cubría el hueco de la garganta y los brazos. Tenía la cara congestionada y los pechos mojados. Nunca había sentido tantísimo calor. Quiso desnudarse por completo y meterse en una piscina de agua helada. Tenía un calor insoportable. Sabía que el ardor no provenía de ella sino del tigre.

 

-Aquí estás.

 

Dani volvió la cabeza y vio que Kevin se acercaba a ella. La miró de arriba abajo y se quedó helada bajo el impacto de esos ojos fríos e impersonales.

 

-Aún te queda algo de tiempo libre antes de la función -dijo. -

¿Por qué no vas a ducharte y luego cenamos algo?

-¿La función?

 

-Ya sabes que es parte de tu trabajo.

 

-Pero no esta noche. Es imposible que pueda hacer nada esta noche. ¡Mírame!

 

 

Holaaaaa chikaaaaaaaas regreseeeeeeee !!!!!!!

comoo estaaan!!!!!!!!!! espero k suupr bieeen!!! buenoo yo aki con la otra parte del cap!

espero y les guste!!! comenten muuchooo!1

un favorr!!!

podrian recomendar la novel¿???

graciaas!!

buenoooooo ya al fin estoy mejor!!! ya recuperadita de k me sacaron mis molares..... auuch .. :(

buenooo espero pasarme pronto x sus novels las kieroo!

mmm y una cosaaaa

les gustaria adelantoos????

me avisan!

buenoo las dejo byee :)

 

Adri :)

CAPITULO 8 PARTE 1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

 

 

Princesas hermosas

como estan espero y bien,  como ya Habia mensionado adri

esta enfermita le operaron el tercer molar asi que debe tener reposo asi que una vez mas  subire bueno sin mas que decir  pero y les guste este cap que con anticipacion prepare para ustedes.

CAPITULO 8 PARTE 1


Aquí tienes la pala -dijo el hombre que se ocupaba de los elefantes. -Ahí está la carretilla. Y ahí el camión con el estiércol.

Digger, que era quien se encargaba de los animales de Neeco Martin, el domador, le dio una pala y se alejó cojeando. Era un hombre mayor que padecía artritis; tenía el rostro arrugado y los labios hundidos por la falta de dientes. Digger era ahora el jefe de Dani.

Dani miró la pala. Ése era su castigo. Se había imaginado que Kev la mantendría confinada en la caravana, que utilizaría aquel lugar como una celda ambulante, pero debería haber sabido que él no se conformaría con algo tan sencillo.

La noche anterior Dani había llorado en el sofá hasta quedarse dormida. No tenía ni idea de si Kev había dormido en la caravana ni de si había regresado. Por lo que ella sabía, hasta podía haber pasado la noche en compañía de una de las showgirls. La invadió la tristeza. Kev apenas le había hablado esa mañana salvo para decirle que tendría que trabajar para Digger y que no debía abandonar el recinto sin su permiso.

Desvió la mirada desde la pala que sostenía en la mano al interior del camión. Los elefantes ya habían bajado del remolque a través de unas anchas puertas correderas situadas en el centro de éste, justo encima de la rampa. A Dani se le puso un nudo en el estómago y una oleada de intranquilidad hizo que le subiera la bilis a la garganta. Había mucho estiércol. Muchísimo. En algunas partes la paja estaba casi limpia. En otras había sido aplastada por las gigantescas patas de los paquidermos.

Y aquel olor...

Dani volvió la cabeza y aspiró aire fresco. Su marido creía que era una ladrona y una mentirosa y, como castigo, la obligaba a trabajar con los elefantes a pesar de que ella le había dicho que los animales le daban miedo. Volvió a mirar hacia dentro del camión.

Adiós a su modelito de Mary McFadden.

Dani se sintió derrotada y, justo en ese momento, supo que había fallado. No podría hacerlo. Otras personas parecían tener una fortaleza a la que recurrir en tiempos de crisis, pero Dani no. Era débil y no hacía nada a derechas. Todo lo que su padre y Kev habían dicho de ella era verdad. Sólo servía para charlar en las fiestas y eso no le valía de nada en este mundo. Con el sol cayendo a plomo sobre su cabeza, rebuscó en su interior, pero no encontró ni un ápice de coraje. Se dio por vencida. Tiró la pala sobre la rampa.

-¿Ya te has dado por vencida?

Dani bajó la mirada. Kev estaba al pie de la rampa. Ella asintió lentamente con la cabeza.

Él le sostuvo la mirada con las manos apoyadas en las caderas cubiertas por unos vaqueros descoloridos. -Los hombres han hecho apuestas sobre si harías o no el trabajo.

-¿Y qué has apostado tú? -La voz de Dani apenas era un susurro y a él le sonó como un graznido.

-No estás preparada para recoger mierda, cara de ángel. Cualquiera puede verlo. Pero, y sólo para que conste en acta, no he apostado nada.

No era por lealtad hacia ella, de eso estaba segura, lo habría hecho para mantener su reputación como jefe. Lo miró con una distante curiosidad.

-Has sabido todo el tiempo que no podría hacerlo, ¿verdad?

-Sí, lo sabía -dijo Kev, asintiendo lentamente con la cabeza.

-Entonces, ¿por qué me has hecho pasar por esto?

-Eras tú la que tenía que entender que no podías soportarlo. Pero has tardado demasiado tiempo en darle cuenta, Dani. Intenté decirle a Max que no ibas a sobrevivir aquí más que una bola de nieve en el infierno, pero no quiso escucharme. -La voz de Kev se volvió casi suave y, por alguna razón desconocida, a ella le molestó más aquello que el anterior desprecio de su marido. -Vuelve a la caravana, Dani, y cámbiate de ropa. Te pagaré un billete de avión.

«¿Adonde iré?», se preguntó. No tenía ningún lugar al que ir. Oyó el rugido de Sinjun y miró hacia su jaula, pero el camión del agua le bloqueaba la vista.

-Te daré dinero para que puedas mantenerte hasta que encuentres trabajo.

-Eso es lo que te pedí en la limusina y no aceptaste. ¿Por qué lo haces ahora?

-Le prometí a tu padre que te daría una oportunidad. He mantenido mi palabra.

Dicho lo cual, él se dio la vuelta para dirigirse a la caravana, seguro de que ella lo seguiría. Esa arrogante seguridad atravesó el dolor de Dani y lo transformó en un ramalazo de ira, tan extraña en su tranquila naturaleza que la joven apenas reconoció lo que era. Él estaba tan convencido de su derrota que ni siquiera dudaba del hecho de que fuera a rendirse.

«¿Iba a rendirse?»

Miró a la pala tirada sobre la rampa. Tenía abono seco pegado al mango y a la paleta, lo que atraía a un enjambre de moscas. Mientras la miraba, se dio cuenta de que esa pala, sucia, era como todas las malas decisiones que había tomado en su vida.

Con un sollozo entrecortado la recogió con rapidez y se metió dentro del remolque. Contuvo la respiración y deslizó la pala bajo el montón de paja más próximo, recogió una paletada y con brazos temblorosos la llevó hasta la carretilla. Los pulmones le ardieron por el esfuerzo. Aspiró aire fresco y casi se atragantó con aquel pestilente olor. Sin darse tiempo para pensar, fue a por el siguiente montón y luego por el siguiente. Comenzaron a dolerle los brazos, pero no se detuvo.

Las botas de Kev resonaron pesadamente en la rampa.

-Para, Dani, y sal de ahí ya. Ella tragó saliva intentando desatascar el nudo de su garganta.

-Vete.

-No podrás sobrevivir aquí. Tu obstinación sólo pospondrá lo inevitable.

-Es posible que tengas razón. -Perdió la batalla por contener las lágrimas y éstas se le deslizaron por las mejillas. Sorbió por la nariz, pero no dejó de trabajar.

-Lo único que estás consiguiendo con esto es convencerme de lo tonta que eres.

-No estoy intentando convencerte de nada y, francamente, ya no quiero hablar más. -Con un trémulo sollozo, levantó otro pesado montón y, sin apenas fuerzas, consiguió llevarlo hasta la carretilla.

-¿Estás llorando?

-Vete.

Él entró y se puso delante de ella.

-Sí, estás llorando.

-Perdona, pero me estás interrumpiendo -dijo Dani con voz trémula.

Él trató de quitarle la pala, pero ella la apartó a un lado antes de que pudiera cogerla. Un arranque de cólera alimentado por la adrenalina le dio la fuerza suficiente para deslizar la pala bajo otro montón de paja y amenazar con arrojárselo.

-¡Vete! ¡Lo digo en serio, Kev! Si no me dejas en paz te lo echaré encima.

-No te atreverás.

A Dani le temblaban los brazos y las lágrimas le caían desde la barbilla a la camiseta, pero sostuvo la mirada de Kev sin rendirse.

-No deberías desafiar a alguien que no tiene nada que perder.

Kev se quedó inmóvil por un momento. Luego meneó lentamente la cabeza y retrocedió.

-De acuerdo, pero sólo lo estás haciendo más difícil para ti.

La joven tardó dos horas en limpiar el remolque. Bajar la pesada carretilla por la rampa fue lo más difícil. Se le volcó la primera vez que lo intentó y tuvo que recogerlo todo de nuevo. Había seguido llorando todo el tiempo, pero no se detuvo.

 

De vez en cuando levantaba la cabeza y veía a Kev, que la observaba con esos ojos dorados, pero lo ignoró. Los hombros y los brazos le dolían demasiado, pero apretó los dientes y se obligó a seguir.

Cuando terminó de limpiar con la manguera el interior del camión, la camiseta y los vaqueros que Kev le había comprado dos días antes estaban cubiertos por una capa de porquería que parecía formar parte de ellos. Tenía el pelo alborotado alrededor de la cara y se le habían roto las uñas. Examinó el trabajo intentando sentir orgullo por lo bien que lo había hecho, pero lo único que sintió fue un cansancio mortal.

Se apoyó en la puerta del camión. Desde aquella ventajosa posición, en lo alto de la rampa, podía ver a los elefantes encadenados cerca de la carretera para anunciar que el circo estaba allí.

-Baje, señorita -dijo Digger. -El día no ha terminado todavía.

Dani bajó por la pendiente cojeando sin apartar la vista de los elefantitos que estaban, sin atar, a unos quince metros.

Digger los llamó por señas.

-Hay que llevarlos a abrevar. Use esto para empujarlos, cláveselo en los costados. -Le señaló un palo de casi dos metros con un pincho en el extremo, luego se acercó a los pequeños elefantes (que debían de pesar cerca de una tonelada cada uno). Combinando las órdenes y la voz con unos ligeros golpecitos del pincho, Digger los hizo ponerse en movimiento hacia un tanque lleno de agua. Dani se mantuvo tan alejada de ellos como le fue posible, con el corazón latiéndole con fuerza por el miedo.

El hombre volvió la mirada hacia ella.

-Así es como debe hacerlo.

Dani se acercó poco a poco, diciéndose a sí misma que, a pesar de su tamaño, aquellas bestias eran sólo unos bebés. Al menos no eran unos desagradables perritos.

Observó que algunos bebían directamente de la artesa, mientras que otros aspiraban el agua con la trompa y luego se la llevaban a la boca. Digger notó que ella se mantenía apartada.

-No le darán miedo, ¿verdad, señorita?

-Por favor, tutéame.

-No debes dejar nunca que los animales perciban tu miedo.

-Eso me ha dicho todo el mundo.

-Tienes que demostrarles quién es el jefe. Enseñarles que eres tú la que manda.

Él golpeó a uno de los animales, haciendo que se echara a un lado para que pudieran pasar los demás. Desde lo alto de las gradas, durante el espectáculo, Dani había encontrado preciosos a los elefantitos, con esas orejas blanditas, aquellos encantadores rabitos y las expresiones solemnes, pero ahora le daban muchísimo miedo.

Dani había visto cómo manejaba Neeco Martin a los adultos (los machos, se recordó a sí misma, aunque hubiera jurado que todas eran hembras). Hizo una mueca cuando Digger golpeó con fuerza a uno de ellos. Puede que ella no fuera amante de los animales, pero al ver aquello se revolvió por dentro. Los elefantes no habían nacido para vivir en un circo y nadie debería tratarlos tan brutalmente por no seguir las reglas de los hombres, en especial cuando dichas reglas iban contra sus instintos.

-Tengo que ayudar a Neeco a pasear a los elefantes -dijo Digger. -Encárgate de llevar a los elefantitos hasta la estaca. Iré dentro de unos minutos para ayudarte a atarlos.

-¡Oh, no! No, no creo que... -Aquel de allí es Puddin. Ése es Tater. El del fondo es Pebbies y este de aquí es Bam Bam, lo llamamos Bam para abreviar. Dale ahora a Pebbies con el pincho. Tienes que enseñarle modales. -Le ofreció el pincho a Dani y se alejó.

Dani miró con consternación aquella arma del diablo. Bam abrió la boca, Dani no supo si lo hacía para bostezar o para pegarle un bocado, y se echó hacia atrás. Dos de los elefantes metieron la trompa en el abrevadero.

«Ahora sí que me voy a rendir», pensó ella. Había conseguido limpiar el camión, pero no lograría acercarse a los elefantes. Había alcanzado su límite.

A lo lejos vio a Kev observándola, vigilándola como un buitre acecha a su presa antes de saltar sobre ella.

Ella se estremeció y dio un paso indeciso hacia los elefantitos.

-Eh... venga, amiguitos. -Temblorosamente señaló la estaca con el pincho.

Bam (o quizá fuera Pebbies) levantó la cabeza y le lanzó una mirada de desdén.

Ella se acercó con inquietud.

-Por favor, no me deis más problemas. Ha sido un día terrible.

Tater levantó la trompa de la artesa y giró la cabeza hacia ella. A continuación Dani recibió un chorro de agua fría en la cara.

-¡Aaah! -Gritó dando un salto atrás.

Tater salió disparado aunque, por supuesto no hacia la estaca, sino hacía los remolques.

-¡Vuelve! -gritó ella, frotándose la cara. -¡No hagas eso! ¡Por favor, vuelve!

Neeco se acercó corriendo con una larga barra metálica con un aguijón en forma de U en el extremo. Lo dirigió hacia Tater, escogiendo un punto detrás de la oreja. El elefante dio un fuerte chillido de dolor; se detuvo en seco y se giró inmediatamente hacia la estaca. Los demás elefantes lo siguieron con rapidez.

Dani miró a los animales antes de volverse hacia Neeco.

-¿Qué le has hecho?

Él se pasó la barra metálica de una mano a otra y se apartó el largo cabello rubio de la cara.

-Es una picana. Lanza descargas eléctricas. No la uso a menos que sea necesario, pero ellos saben que la utilizaré si no se comportan correctamente.


espero y les a ya gustado mucho el cap y mil gracias x sus comentarios tan lindos mil gracias chicas y mil gracias x permitirme ser su amiga bueno cuidense mucho

Avisoo :(

holaaaa mis niñas bellaas como estaaan!! soy Adri :)

buenooo me paso rapiditoo no mas... solo para contarles que no puedoo subir :( estoy enfermita me operaron de los tercero molares y debo tener reposo :( buenoooo ahh me siento mal el no poder subir ni pasarme x sus novels,,, :(

si kieren continuar leyendo la novel convensan a Beatriz para k suba jejeje

buenoo ya me voy k si no me hablan x estar en la pc

byee

las kieroo

CAPITULO 7 PARTE 1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

Princesas hermosas

como estan espero y bien. Bueno pricnessas

aqui esta el Maraton del episodio 7 espero  y lo disfuten y ya saben lo prometido es deuda bueno ya no las entengo mas =) y que lo disfruten

CAPÍTULO 07 PARTE 1
Mientras Sheba comprobaba la recaudación y hojeaba un montón de periódicos en la oficina, Dani vendió las entradas de la segunda función. Lo hizo de una manera mecánica, sonriéndoles a los clientes automáticamente, pero, aunque habló sin parar, sólo podía pensar en el apasionado beso que había compartido con Kev y apenas prestó atención a lo que la gente decía. Se derretía ante el recuerdo, pero al mismo tiempo se sentía avergonzada. No debería haberse entregado a Kev con tal abandono cuando él no sentía ningún respeto por su matrimonio.

En cuanto dejó de sonar la música de la presentación del espectáculo, Sheba abandonó el vagón rojo sin decir ni una palabra y Dani cerró la taquilla. Se encontraba contando el efectivo del cajón de la recaudación cuando apareció Beatriz. Llevaba puesto un maillot de lentejuelas doradas; el recargado maquillaje hacía que pareciera mayor de lo que era. Cinco aros rojos le colgaban de la muñeca como si fueran pulseras gigantescas y Dani se preguntó si iría a algún lugar sin ellos.

-¿Has visto a Sheba?

-Se fue hace unos minutos.

Beatriz miró a ambos lados para cerciorarse de que estaban solas.

-¿Me das un cigarrillo?

-Me fumé el último esta mañana. Es un vicio horrible y además caro. Te arrepentirás de engancharte a él, Beatriz.

-Aún no lo he hecho. Fumo sólo por distraerme. -Beatriz se paseó por la oficina, tocando el escritorio, la parte superior del archivador, hojeando el calendario de la pared.

-¿Sabe tu padre que fumas?

-¿Acaso vas a decírselo?

-No he dicho eso.

-Pues hazlo si quieres -repuso en tono agresivo. -De todos modos volverá a enviarme con la tía Terry.

-¿Vives con ella?

-Sí. Pero tiene cuatro niños y la única razón por la que está dispuesta a acogerme es el dinero que le envía papá. Además, así tiene una canguro gratis para el bebé. Mi madre no podía ni verla -su expresión se volvió amarga, -pero mi padre sólo quiere deshacerse de mí.

-No creo que sea así.

-Y tú qué sabes. A él sólo le importan mis hermanos. Sheba dice que no es culpa mía, sino que Brady no sabe cómo tratar a las mujeres con las que no se puede acostar, pero sé que lo dice para que me sienta mejor. Creo que sí fuera buena con los malabarismos, él dejaría que me quedara.

Ahora comprendía Dani y por qué Beatriz siempre llevaba los aros consigo. Estaba tratando de ganarse el afecto de su padre. Dani lo sabía todo sobre cómo intentar complacer a un padre y lo lamentó por esa jovencita con cara de duende y boca sucia.

-¿Has hablado con él? Quizá si supiera cómo te sientes no te haría volver con tus tíos.

Ella puso su cara de chica dura.

-Como si fuera a importarle. Y mira quién va a darme consejos. Todo el mundo habla de ti. Dicen que Kev se casó contigo porque estás embarazada.

-Eso no es cierto. -repuso Dani, pero antes de que pudiera añadir nada más, sonó el teléfono y se volvió para contestar. -Circo de los Hermanos Quest...

-Con Kev Markov, por favor -dijo una voz masculina.

-Lo siento, en este momento no está aquí.

-¿Podría decirle que lo llamó Jacob Salomón? Ya tiene mi número. Y dígale también que el doctor Theobald está intentando ponerse en contacto con él.

-Le daré el recado. -Colgó y se preguntó quiénes serían esas personas mientras anotaba el mensaje para Kev. Había demasiadas cosas sobre él que no sabía y tío parecía que se las fuera a contar.

Beatriz se había ido mientras hablaba por teléfono. Con un suspiro, cerró con llave el cajón de la recaudación, apagó las luces y salió de la caravana.

Los trabajadores ya habían desmantelado la casa de fieras y Dani pensó en el tigre. Se encaminó hacia el lugar donde estaba situada la jaula, dejándose llevar hacia allí como si no tuviera ningún control sobre su destino.

La jaula estaba situada sobre una pequeña plataforma a un metro de altura. La luz de los reflectores iluminaba el interior. A Dani le latía con fuerza el corazón mientras se acercaba lentamente. Sinjun se levantó y se giró hacia ella.

La joven se quedó paralizada ante el impacto de esos ojos dorados. La mirada del tigre era hipnótica, directa, sin parpadeos. Sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda y cómo se ahogaba en los ojos dorados del animal.

«El destino.»

La palabra atravesó la mente de Dani como si no fuera ella quien la hubiera puesto allí, sino el tigre. «El destino.»

No fue consciente de lo mucho que se había acercado a la jaula hasta que percibió el olor almizcleño del animal, un aroma que debería de haber sido desagradable pero que, sin embargo, no lo era. Se detuvo a menos de un metro de los barrotes y se quedó inmóvil. Los segundos dieron paso a los minutos y Dani perdió la noción del tiempo.

«El destino.» La palabra volvió a resonar en la mente de la joven.

El tigre era un macho enorme, tenía las patas gigantescas y una marca blanca en la parte inferior del cuello. Dani comenzó a temblar cuando el aplastó las orejas dejando a la vista las ovaladas marcas blancas de estas; de alguna manera ella supo que aquel era un gesto de amistad. El tigre desplegó los bigotes y le ensenó los dientes. El sudor se deslizó entre los pechos de Dani cuando el animal emitió un rugido; el sonido diabólico de una película de terror.

No pudo apartar la vista del tigre, aunque supo que era eso lo que él quería. El animal le lanzaba una mirada de desafío: ella debía apartar la vista primero. Y Dani quería hacerlo -no era su intención desafiar al tigre, -pero se había quedado paralizada.

Los barrotes parecieron desvanecerse entre ellos y ella sintió como si no tuviera ninguna protección ante él. El tigre podía abrirle la garganta de un zarpazo, pero aun así, Dani no podía moverse. Miró directamente a los ojos del animal y sintió como si éste le leyera el alma. Pasó el tiempo. Los minutos. Las horas. Los años. Con ojos que no parecían suyos, Dani vio sus propias debilidades y defectos; los miedos que la mantenían prisionera. Se vio en su privilegiada vida, doblegándose ante voluntades más fuertes que la suya, asustada de enfrentarse a cualquiera, intentando complacer a todo el mundo menos a sí misma. Los ojos del tigre le revelaron todo lo que quería mantener oculto.

Y luego parpadeó.

El tigre.

No ella.

Dani observó con asombro cómo desaparecían las marcas blancas de las orejas. El animal estiró su enorme cuerpo y se dejó caer sobre el suelo de la jaula, desde donde la miró con gravedad y le dio su veredicto:

«Eres débil y cobarde.»

Dani comprendió la verdad que le dictaban los ojos del tigre, y la sensación de victoria por haber sido capaz de sostenerte la mirada se evaporó dejándole las piernas débiles y flojas. La joven se hundió en la hierba, donde se sentó en silencio y se abrazó las rodillas, observando al animal sin miedo, aunque con cierto recelo.

Oyó la música que anunciaba el fin del espectáculo, las voces de los trabajadores que iban de un lado para otro del recinto y los sonidos habituales mientras recogían los puestos. Casi no había dormido la noche anterior y se fue adormeciendo poco a poco. Se le cayeron los párpados, pero no llegó a cerrarlos por completo. Apoyó la mejilla en las rodillas y continuó observando al tigre con los ojos entrecerrados mientras él le sostenía la mirada.

Estaban solos en el mundo; dos almas perdidas. Dani percibió cada latido. El aire le llenaba los pulmones y el miedo se evaporó lentamente. Experimentó un profundo sentimiento de paz. El alma de la joven se unió a la del animal y se convirtieron en uno solo; en ese momento podría haber sido la comida y el sustento del animal, porque no existía ninguna barrera entre ellos.

Y entonces, más rápidamente de lo que hubiera podido imaginar, la paz se rompió y se sintió golpeada por una explosión de dolor que la hizo gemir. En el fondo de su mente supo que ese dolor provenía del tigre, no de ella, pero eso no hizo que le doliera menos.

«Santo Dios.» Se agarró el estómago y se dobló sobre sí misma. ¿Qué le estaba ocurriendo? «¡Dios mío, haz que se detenga!» No podía soportarlo.

Cayó de bruces en el suelo y en ese momento supo que iba a morir.

Tan bruscamente como había empezado, el dolor desapareció. Respiró hondo y se puso de rodillas temblando.

Los ojos del tigre ardieron de furia contenida. «Ahora sabes cómo se siente un cautivo.»

Kev estaba furioso. Miró a Sheba Quest y, después, el látigo que él tenía enroscado en el puño. La noche del sábado era el día de cobro de los empleados y algunos ya estaban borrachos, así que llevaba el látigo como medida disuasoria. Sin embargo, no eran los trabajadores los que le molestaban.

-¡A mí no me roba nadie! -declaró Sheba, -y Dani no va a librarse de ésta porque sea tu esposa. -El tono bajo y firme acentuaba la rabia contenida de la dueña del circo. El pelo rojo lanzaba destellos de fuego sobre su espalda y le chispeaban los ojos.

La promesa que Kev le había hecho a Owen en el lecho de muerte hacía que tuviera constantes enfrentamientos con su viuda. Sheba Quest era su patrona y estaba resuelta a presionarlo tanto como le fuera posible. Pero él estaba decidido a respetar los deseos de Owen. Era un compromiso que no satisfacía a ninguno de los dos y era inevitable que entre ellos surgiera una guerra abierta.

-No tienes ninguna prueba de que Dani cogiera el dinero.

Mientras lo decía, Kev se sintió furioso consigo mismo por intentar defenderla. No había más sospechosos.

No le sorprendería que su esposa hubiera cogido dinero -ella habría pensado que se lo merecía, -pero no había esperado que robara en el circo. Eso sólo demostraba que su libido había nublado su buen juicio.

-Es cierto -respectó ella. -Comprobé la recaudación después de que se fuera. Acéptalo, Kev, tu mujer es una ladrona.

-No quiero que la, acuses antes de que hable con ella -dijo él con terquedad.

-El dinero ha desaparecido, ¿no es cierto? Y Dani estaba a cargo de él. Si ella no lo ha robado, ¿por qué se ha esfumado?

-La buscaré y le preguntaré.

-Quiero que la detengan, Kev. Me robó, y en cuanto la encuentres llamaré a la policía.

Él se detuvo al instante.

-Nunca llamamos a la policía. Lo sabes tan bien como cualquiera. Si es culpable yo me encargaré de ella igual que me encargaría de cualquier otra persona que hubiera infringido la ley del circo.

-La última persona de la que te encargaste fue aquel conductor que vendía drogas a los trabajadores. Lo dejaste hecho una piltrafa cuando acabaste con él. ¿Piensas hacer lo mismo con Dani?

-¡Ya está bien!

-Eres un gilipollas, ¿sabes? No vas a poder proteger a tu estúpida mujercita. Quiero recuperar hasta el último centavo y luego quiero que la castigues. Y si no lo haces a mi entera satisfacción, me aseguraré de que todo el peso de la ley caiga sobre ella.

-Te he dicho que me encargaré de ella.

-Ya veo cómo lo haces.

Sheba era la mujer más dura que conocía. La miró directamente a los ojos.

-Dani no tiene nada que ver con lo que pasó entre nosotros. No la utilices para vengarte de mí.

Kev vio en los ojos de Sheba un destello de vulnerabilidad que rara vez exhibía, pero desapareció con la misma rapidez que apareció.

-Odio desinflar ese precioso ego tuyo, pero veo que aún no te has dado cuenta de que ya no me interesas en absoluto.

Se marchó airada y, mientras la observaba alejarse, Kev supo que mentía.

Los dos compartían una historia larga y complicada que se remontaba al verano en que él tenía dieciséis años y pasaba las vacaciones viajando con el circo de los Hermanos Quest, y escuchando el punto de vista de Owen sobre los hombres y las mujeres. Los trapecistas Cardoza también estaban en la gira de aquel verano y Kev se enamoró perdidamente de la reina de la pista central, que por aquel entonces tenía veintiún años.

Se pasaba las noches soñando con su elegancia, su belleza, sus pechos. Las chicas que había conocido hasta ese momento le parecían niñas comparadas con la deliciosa e inalcanzable Sheba Cardoza. Además de desearla, sentía cierta afinidad con ella porque ambos buscaban la perfección en su trabajo. Percibía en Sheba una voluntad similar a la suya.

Pero Sheba también poseía una vena egocéntrica que su padre había alimentado y que Kev  nunca había tenido. Sam Cardoza le había hecho creer a Sheba que era mejor que los demás. Sin embargo, la trapecista también tenía un lado más suave y maternal y, aunque en aquel tiempo era muy joven, se comportaba como una gallina clueca con los demás miembros de la compañía, les regañaba cuando se portaban mal, llenaba sus estómagos con espaguetis y les aconsejaba en amores.

Incluso a los veintiún años le gustaba jugar a ser la gran matriarca y al poco tiempo también había incluido a Kev en el clan, apiadándose del huérfano de dieciséis años que la observaba con aquellos ojos tan ardientes. Se había encargado de que Kev tomara comidas sanas y le decía a Owen que lo mantuviera alejado de los trabajadores más pendencieros, ignorando el hecho de que Kev llevaba demasiados años de circo en circo para que nadie lo protegiera.

Pero no era eso lo que Kev quería de Sheba, que había acabado liándose con un trapecista mexicano que se llamaba Carlos Méndez. Al igual que Sheba, Carlos pertenecía a la última generación de una vieja familia del circo y había sido contratado por el padre de Sheba para que fuera el receptor de ésta en el trapecio.

Pero Sam Cardoza tenía algo mas en mente. Aunque la ascendencia circense de Carlos Méndez no era tan impresionante como la de ellos, a ojos de Sam era lo suficientemente aceptable para convertirse en el progenitor de la siguiente generación de trapecistas Cardoza, y Sheba había complacido a su padre enamorándose de Carlos.

Los celos habían carcomido a Kev. Su linaje circense era más impresionante que el de Méndez, pero Sheba sólo veía a un adolescente flaco y huesudo que sabía de caballos y tenía talento con los látigos. Ella le había contado sus planes para casarse con el elegante mexicano que Sam había contratado. Y que le permitiría poner a sus hijos el apellido Cardoza.

El verano llegó al final y Kev estaba a punto de regresar al colegio. Los Cardoza habían sido fichados por los Hermanos Ringling para hacer la gira de la temporada siguiente. Carlos se pavoneaba como un gallo arrogante, aunque por otro lado carecía de materia gris, y el día que Kev se marchaba, Sheba entró inesperadamente en la caravana de Carlos y se lo encontró desnudando a una de las equilibristas.

Kev jamás olvidaría esa noche. Cuando terminó la función se encontró a Sheba esperándolo. No había llorado y parecía muy calmada.

-Ven conmigo.

A él ni se le ocurrió desobedecerla. Sheba lo llevó al borde del recinto, donde se introdujeron en un pequeño espacio oscuro entre dos caravanas. El corazón de Kev comenzó a latir con fuerza ante los sombríos y clandestinos propósitos de Sheba mientras se perdía en el olor almizcleño de su perfume.

La trapecista lo había mirado profundamente a los ojos. Sin decir ni una sola palabra se abrió la blusa y la dejó caer por los brazos. Aquellos pechos plenos, de redondos pezones oscuros brillaron como nieve bajo la luz de la luna que se colaba entre las caravanas. Sheba le cogió las manos y las puso sobre sus pechos.

Él se había imaginado algo como eso cientos de veces, pero las fantasías no le habían preparado para tocar realmente aquellos pechos y sentir esos redondos pezones bajo los dedos.

-Bésalos -dijo ella.

CAPÍTULO 07 PARTE 2

Los dedos de Sheba bajaron a la cremallera de Kev. Éste aspiró profundamente sobre la húmeda piel de sus senos. Cuando ella lo tomó entre sus manos, kev sintió que perdía el control y explotó con un ronco gemido.

Él se había estremecido de satisfacción y humillación. Sheba había presionado entonces sus labios contra los de él, ofreciéndole un beso largo y profundo. Luego se apartó y, aún con los pechos desnudos y húmedos por la lengua de Kev, se giró entre las caravanas.

Fue entonces cuando él se dio cuenta de que Carlos había estado allí todo el tiempo, observándolos.

El destello duro y triunfante en los ojos de Sheba le dijo a Kev que ella lo había sabido en todo momento y la sensación provocada por aquella traición fue tan devastadora que no pudo respirar. Él no le importaba. Sólo lo había utilizado para vengarse.

Mientras observaba a su antiguo amante, Sheba pareció olvidarse de que Kev existía.

-He contratado a un nuevo receptor -dijo ella con frialdad. -Estás despedido.

-No puedes despedirme -estalló Carlos. -Soy un Méndez.

-No eres nada. Incluso este chico es más hombre que tú.

Sheba volvió a darse la vuelta y selló los labios de Kev con un beso. A pesar de su lujuria, a pesar de la neblina de la traición, él sintió una chispa de fría admiración que lo asustó más de lo que lo había hecho nunca el látigo de su tío. Comprendía aquella cruel demostración de amor propio. Como Sheba, él jamás dejaría que alguien o algo amenazara lo que era, sin importar el precio que tuviera que pagar. A pesar de odiarla por haberlo utilizado como un peón, no pudo dejar de respetarla por ello.

Sheba pasó los siguientes dieciséis años como artista destacada en los grandes circos del mundo y no hizo otra gira con el circo de los Hermanos Quest hasta que su carrera comenzó a declinar. Para entonces, su padre ya había muerto y Sheba, soltera y sin hijos, se había convertido en la última Cardoza.

Owen le dio la bienvenida al circo de los Hermanos Quest y montó el espectáculo en torno a ella. Además, en sus infrecuentes conversaciones telefónicas con Kev, le reveló lo suficiente como para que éste dedujera que Owen estaba colado por ella.

Kev y Sheba se habían reencontrado hacía dos veranos y, de inmediato, se hizo evidente que había habido un cambio en el equilibrio de poderes entre ellos. A los treinta y dos años él estaba en la plenitud de su virilidad y no le quedaba nada por probar, mientras que los mejores años de Sheba como artista ya habían pasado. Kev conocía su propia valía y hacía mucho tiempo que había quedado atrás la baja autoestima que sentía en la adolescencia. Ella era hermosa, inquieta y, por razones que él no comprendió de inmediato, estaba soltera y sin hijos.

El fuego de la pasión crepitó con fuerza entre ellos, pero esta vez era ella la que lo buscaba a él. Kev no quería hacer daño a Owen y, al principio, ignoró las insinuaciones sexuales de Sheba. Sin embargo, pronto se hizo evidente que el dueño del circo estaba resignado a que los dos se liaran y, con su peculiar idiosincrasia, se sintió ofendido cuando Kev continuó desairando a la mujer que él valoraba por encima de todas las cosas.

Finalmente, Kev la dejó entrar en su cama. Ella era ágil y suave, carnal y apasionada, y él jamás había disfrutado tanto del sexo. Le gustaba que ella fuera dura y, también, no poder hacerle daño. Porque aunque la apreciaba, no la amaba.

-¿Por qué no te has casado? -le preguntó Kev una noche sentado a la mesa en la lujosa caravana de Sheba, donde ella se disponía a servirle la comida por segunda vez en el día. Los dos llevaban puestas las batas, la de ella tenía un exótico estampado que hacía que los brillos rojizos de su pelo parecieran todavía más intensos. -Siempre he pensado que querías tener hijos. Tu padre no esperaba otra cosa.

Ella le puso un plato de lasaña delante y se volvió a la cocina para coger el suyo. Pero no volvió a la mesa. Se quedó inmóvil mirando fijamente la comida que había preparado.

 

-Supongo que ambicioné demasiado. Ya sabes que hay cosas que no se pueden tener. Los mejores trapecistas nacemos con una habilidad especial y el hombre con el que me case tiene que provenir de una buena familia. No me casaré con cualquiera, y mucho menos sin amor. Amor y linaje. Es una buena combinación. -Llevó el plato a la mesa. -Mi padre solía decir que era mejor que los Cardoza se extinguieran antes que tener nietos sin sangre circense. -Se sentó y cogió el tenedor. -Bueno, hice mía esa máxima. Es preferible que los Cardoza se extingan a casarme con un perdedor hijo de puta al que no pueda respetar.

-Bien por ti.

Ella tomó un bocado de comida y volvió a dejar el tenedor en el plato. Después observó detenidamente a Kev, con un brillo provocador en los ojos.

-Los Markov son todavía más importantes que los Cardoza. Sam me dijo hace años que no debería haberte dejado escapar. Me reí de él porque por aquel entonces tú eras sólo un niño, pero ahora los cinco años que te llevo no significan nada. Somos los últimos de dos grandes dinastías circenses.

Divertido, él negó con la cabeza.

-Yo no tengo ninguna intención de perpetuar la dinastía Markov. Lo siento, cariño, pero tendrás que buscar esperma circense en otro lado.

Ella se rio, pinchó un rollito de lasaña y se lo llevó a la boca.

-Menos mal que no te quiero. Si lo hiciera estarías perdido.

Su ardiente relación siguió adelante, tan lujuriosa y apacible que él no prestó atención a la manera, cada vez más posesiva, con la que ella lo trataba o cómo, poco a poco, comenzó a considerarlo su igual.

-Somos almas gemelas -le dijo ella una noche, con la voz ronca por la emoción, -si fueras mujer, serías yo.

Sheba tenía razón, pero algo en el interior de Kev se rebeló ante la comparación. Admiraba a Sheba, pero había algo en ella que le repelía. Puede que porque se veía reflejado a sí mismo. Para impedir que dijera nada más, se acomodó entre las piernas femeninas y entró en ella con un duro envite.

A pesar de los sutiles cambios en el comportamiento de Sheba, él no estaba preparado para lo que sucedió tina tarde de aquel verano en el recinto a las afueras de Waycross, Georgia. Ese día ella le dijo que le amaba. Y cuando lo hizo, él se dio cuenta de que hablaba totalmente en serio.

-Lo siento -dijo él tan suavemente como pudo cuando ella terminó su declaración, -pero eso no va conmigo.

-Por supuesto que sí. Es el destino. Sheba se negó a escuchar cuando Kev le dijo que él nunca podría amar a nadie -que había perdido la capacidad de amar cuando era un niño maltratado- y el brillo en los ojos de la joven le dijo que para ella el rechazo no era más que un juego. Se empeñó en hacerle cambiar de opinión con la misma determinación que empleó antaño para conseguir el triple salto y, sólo cuando él estaba haciendo la maleta para marcharse después de su última actuación en el circo, comprendió que él no bromeaba. Kev jamás la había engañado. No la amaba. Y no iba a casarse con ella.

Cuando por fin asimiló aquel tajante rechazo, todo lo que Sheba creía sobre sí misma se hizo trizas y se volvió loca. Fue en ese momento cuando hizo lo inconcebible, lo que nunca le perdonaría. Fue cuando le rogó que no la dejara.

Kev era, sin duda, la única persona en el mundo que podía comprender la enormidad de lo que ella estaba destruyendo cuando lloró de rodillas ante él. Había doblegado su orgullo, lo que hacía que fuera quien era.

-Sheba, basta. Tienes que parar. -Intentó levantarla, pero ella se aferró a él y gritó con una desesperación tan desgarradora que él se llevaría ese sonido consigo a la tumba. En ese momento Kev pudo ver cómo el amor que Sheba sentía por él se convertía en odio.

Owen Quest, alertado por el ruido, había irrumpido, de repente, en la caravana y se había dado cuenta de lo que pasaba. Luego había mirado a Kev y le había señalado la puerta con la cabeza.

-Vete, yo me encargaré de todo.

Una semana después, Sheba se casó con Owen; un hombre que casi le doblaba la edad y que no le dio hijos, y Kev era el único que sabía por qué. Su rechazo la había herido en lo más profundo de su ser y sólo podía resurgir de sus cenizas uniéndose a alguien poderoso que la pusiera en un pedestal. Desde que su padre había muerto, ella había recurrido a Owen.

-¡Kev! -La voz asustada de Beatriz interrumpió sus perturbadores recuerdos. -¡He visto a Dani! Está delante de la jaula de Sinjun.

Sheba oyó lo que beatriz decía y alejándose de Jack Daily se dirigió a Kev:

-Yo me ocuparé de esto.

-No, lo haré yo. Es mi trabajo.

Mientras sus ojos se enfrentaban en una firme batalla de voluntades, él maldijo para sus adentros a Owen Quest por hacerlos pasar por eso. Sólo tras la muerte de Owen se había dado cuenta de cómo éste lo había manipulado con su habitual astucia. Había pensado que obligándolos a estar juntos, Kev y Sheba resolverían sus diferencias, se casarían y conservarían el circo de los Hermanos Quest. Owen nunca había conocido realmente la naturaleza de ellos dos. Y, por supuesto, Owen no había contado con que una raterilla llamada Dani Devreaux echara a perder sus planes.

CAPÍTULO 07 PARTE 3

Beatriz caminó al lado de Kev, frunciendo el ceño ton ansiedad.

-No ha sido mucho dinero. Sólo doscientos dólares. Él deslizó el brazo alrededor de los hombros de la joven y le dio un apretón.

-Quiero que te mantengas apartada de esto, Beatriz. ¿Me has comprendido?

Ella levantó la vista y lo miró con preocupación.

-No vas a darle latigazos, ¿verdad, Kev? Es lo que dijo mi hermano. Dijo que le ibas a dar latigazos.

Las voces espabilaron a Dani. Levantó la cabeza d las rodillas y se dio cuenta de que se había quedado dormida sentada en el suelo delante de la jaula de Sinjun. Mientras se desperezaba, recordó el dolor que había experimentado y la extraña sensación de afinidad con el tigre. Qué extraño. Debía haberlo soñado, aunque todo aquello le había parecido muy real.

Miró a la jaula. Sinjun había levantado la cabeza, había bajado las orejas y tenía las marcas blancas a la vista. Siguió la dirección de su mirada y vio que Kev se acercaba a ella, con Sheba y Beatriz a la zaga. Se puso de pie lentamente.

-¿Dónde está? -exigió Sheba.

-Yo me encargaré de esto -dijo Kev.

Dani sintió un atisbo de temor al ver la expresión fría y resuelta en la cara de su marido. Sinjun comenzó a pasearse intranquilo por la jaula.

-¿Encargarte de qué? ¿Qué ha pasado?

Sheba la miró con desprecio.

-No te molestes en hacerte la inocente. Sabemos que tú robaste el dinero, así que devuélvelo. ¿O ya lo has escondido en alguna parte?

Sinjun gruñó por lo bajo.

-No he escondido nada. ¿De qué estás hablando?

Kev se pasó el látigo enroscado de una mano a otra.

-Faltan doscientos dólares del cajón de la recaudación, Dani.

-Eso es imposible.

-Es cierto.

-Yo no los he cogido.

-Eso está por verse.

Dani no podía creer lo que estaba ocurriendo.

-No soy la única que estuve allí. Tal vez Pete vio algo. Fue quien me sustituyó cuando fui a probarme los maillots.

Sheba se acercó más.

-Te estás olvidando de que conté el dinero justo después de que volvieras a tu puesto. Estaba todo. Los doscientos dólares desaparecieron después de marcharme.

-Eso es imposible. Estuve allí todo el tiempo. No pudo haber desaparecido.

-Voy a registrarla, Kev. Quizás aún lo lleve encima.

-Ni se te ocurra tocarla-dijo Kev sin levantar la voz, pero la orden implícita en su respuesta era inconfundible.

-¿Pero qué pasa contigo? -exclamó Sheba. -¿Desde cuándo piensas con la polla?

-Ni una palabra más. -Él se volvió hacia Beatriz, que había estado observando el intercambio de voluntades. -Vete, cariño. Todo se habrá aclarado por la mañana.

Beatriz se fue a regañadientes, pero Dani vio que se acercaban otras personas: Neeco Martin, el domador de elefantes, con Jack Daily, y Brady, al que acompañaba una de las animadoras.

Kev también notó que estaban atrayendo a una multitud y se volvió hacia Dani.

-Si me das el dinero ahora evitaremos montar una escena.

-¡Yo no lo tengo!

-Entonces tendré que buscarlo, y comenzaré por registrarte.

-¡No!

La agarró del brazo y Sinjun emitió un rugido ensordecedor cuando Kev comenzó a arrastrarla hacia la caravana. Sheba se puso de inmediato a la izquierda de Kev, dejando claro que no pensaba dejarlos solos.

Por el rabillo del ojo, Dani vio las expresiones severas y serias de todos los que se habían reunido alrededor de la tarta de bodas la noche anterior. Jill estaba allí, pero ahora se negaba a mirar a Dani a los ojos. Madeline se dio la vuelta y Brady Pepper la fulminó con la mirada.

Cuando Kev le apretó el brazo, Dani sintió que una sensación de traición se extendía hasta lo más profundo de su alma.

-No sigas con esto. Sabes que jamás robaría nada.

-Pues no, en realidad no lo sé. -Habían llegado a la caravana y Kev se adelantó para abrir la puerta con la misma mano que sujetaba el látigo. -Entra.

-¿Cómo puedes hacerme esto?

-Es mi trabajo. -Con un empujón la hizo subir el último escalón.

Sheba los siguió a la caravana.

-Si eres inocente, no tienes nada que temer, ¿verdad?

-¡Soy inocente!

Él dejó el látigo en una silla.

-Entonces no te importará que te registre. -Dani desplazó la mirada del uno a otro y la fría intención que vio en los ojos de ambos hizo que se sintiera enferma. A pesar de que no se soportaban, los dos se habían aliado ahora en su contra.

Kev se acercó y Dani se echó hacia atrás y chocó contra el mostrador de la cocina, el mismo lugar donde sólo unas horas antes le había dado aquel apasionado beso.

-No puedo dejar que me hagas esto -dijo ella con desesperación. -Hicimos unos votos, Kev. No les des la espalda. -Ella sabía que eso la hacía parecer más culpable ante aquellos ojos acusadores, pero el matrimonio se basaba en la confianza y si él destruía eso, no tendrían ni la más mínima oportunidad.

-Esto no tiene nada que ver con eso.

Ella se deslizó junto al mostrador.

-No puedo dejar que me toques. ¡Por el amor de Dios, créeme! ¡No robé el dinero! ¡Nunca he robado nada en mi vida!

-Cállate, Dani. Sólo estás empeorando las cosas.

Se dio cuenta de que él no iba a ceder. Con el único propósito de asustarla, la atrapó contra la despensa. Ella lo miró horrorizada.

-No lo hagas -susurró. -Por favor. Te lo ruego. Por un momento él se quedó inmóvil. Luego le cacheó los costados. Mientras Sheba los observaba, le pasó las manos por las caderas, por la cintura, luego las movió hacia el estómago, la espalda, los pechos que él había tomado en sus manos tan sólo unas horas antes... Dani cerró los ojos cuando él le deslizó la mano entre sus piernas.

-Deberías haberme creído -susurró cuando él terminó.

Kev dio un paso atrás con los ojos llenos de preocupación.

-Si no lo tienes, ¿por qué te has enfrentado a mí?

-Porque quería que confiaras en mí. No soy una ladrona.

Se miraron a los ojos. Parecía como si él estuviera a punto de decir algo cuando Sheba dio un paso adelante.

-Tuvo tiempo de sobra para deshacerse del dinero. ¿Por qué no registras la caravana? Yo registraré la camioneta.

Kev asintió con la cabeza y Sheba salió. A Dani comenzaron a castañetearle los dientes a pesar de que la noche era cálida. Decía mucho de la relación entre Kev y Sheba que, al menos en ese tipo de asuntos, parecieran confiar el uno en el otro. Pero nadie confiaba en ella.

Dani se dejó caer en el sofá y se rodeó las rodillas con las manos para dejar de temblar. No miró cómo Kev revisaba los armarios ni cómo registraba sus pertenencias. La joven se sintió embargada por una sensación de impotencia. Ya no podía recordar cómo era tener la vida bajo control. Tal vez es que nunca la había tenido. Primero había dependido de su madre, luego de su padre. Y ahora era ese marido peligroso el que había asumido el control de su vida.

Los ruidos de la búsqueda fueron reemplazados por un pesado silencio, pero Dani no levantó la mirada del dibujo de la gastada alfombra.

-Has encontrado el dinero, ¿verdad?

-En el fondo de tu maleta, donde tú lo escondiste.

Dani alzó la vista y vio la maleta abierta a sus pies. Tenía un montón de dinero en la mano.

-No sé quién lo habrá puesto ahí, pero no he sido yo.

Él se metió la mano en el bolsillo.

-Al menos ten las agallas suficientes para decir la verdad y acepta las consecuencias.

-No robé el dinero. Alguien me ha tendido una trampa. -Era evidente para Dani que Sheba estaba detrás de todo eso. Kev tenía que verlo también. -¡No lo he hecho! Tienes que creerme.

Las súplicas murieron en los labios de Dani cuando observó el rígido gesto de su marido y supo que nada lo haría cambiar de opinión. Con una horrible sensación de resignación, le dijo:

-No voy a seguir defendiéndome. He dicho la verdad y no voy a decir nada más. -Él se acercó a la silla de enfrente y se sentó. Parecía cansado, pero nada comparable a cómo se sentía ella. -¿Vas a llamar a la policía?

-Nosotros resolvemos nuestros problemas.

-Es decir, sois juez y parte.

-Es mejor así.

Se suponía que el circo era un lugar mágico, pero todo lo que ella había encontrado era ira y sospecha. Clavó los ojos en Kev, intentando ver a través de la impenetrable fachada que presentaba.

-¿Qué ocurre si te equivocas?

-No lo hago. No puedo permitírmelo.

 

bueno chicas espero y les  a ya gusta mucho les vere pronto con el cap 8 vale cuidense muxo

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