Obsessive Jonas Disorder
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LIVE CHAT CON JOEE

 

 


HOLAAAA COMOO ESTAAAAN!!!!! YO EMOCIONAADAAAA COMO NO ESTARLOOOOO CON MI MONITOO HERMOOSOO!!!!!!! JIJIJI VIERON EL LIVE CHAT??? AHAHHA LOS MEJORES 33 MINUTOOS DE MI VIDA!!! A K NO ADIVINAN CON KIEN LO VI?? CON MI MAMII!! EJJEJE OKKKK UNAS FOTITOOS DE EL Y AJHHHHHH AMEEE EL CHAUU!!!! AJAJJA UNICOOOOOO AHAHA MEGHAAN!! ESTUVO MUY COKETAA!!!!! WJSJBDSJKKJJEIODHN

BUENOOO ME VOYYY

Y UN FAVOOOR??? SE UNENN SIII?????? GRACIAAS!!

 

Jonas Brothers los dueños de mi corazón

 

 

 

El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.

 

 

 

 

 

chaaaaauuu

 

 

 

 

 

QUIEREN CAAP?

QUIEREN CAP????

 

Capitulo 14

Parte 2

 

Dani cruzó la estrecha carretera asfaltada que separaba el aparcamiento donde estaba instalado el circo de la playa vacía. A la izquierda las luces multicolores de la feria, en el paseo marítimo de Jersey Shore, destellaban en el caos de la noche: la noria, los coches de choque, los tiovivos y los puestos de chucherías.

El debut de Dani había tenido lugar en la primera representación del circo en ese pequeño pueblo costero y ahora estaba demasiado excitada para dormir. El público de la segunda función había reaccionado con más entusiasmo aún y una maravillosa sensación de realización le impedía sentirse cansada.


-¿Dani? -Se volvió y vio a Kevin en lo alto de las escaleras, una alta y delgada silueta recortada contra el tenue resplandor de la noche. La brisa le revolvía el pelo y le pegaba la camisa al cuerpo.

-¿Te importa si paseo contigo o prefieres estar sola?

-¿Vas armado?

-Ya he guardado los látigos por esta noche.

-Entonces ven. -Dani sonrió y le tendió la mano.


Las botas de Kevin resonaron en los escalones de madera cuando se acercó. Le cogió la mano y las callosidades de su palma le recordaron a Dani que era un hombre acostumbrado al trabajo duro. Aquella cálida y firme mano envolvió la suya.

 

La playa estaba desierta, pero aún quedaban restos que había dejado la gente que había acudido al lugar adelantándose a la temporada veraniega: latas vacías, plásticos, la tapa rota de un vaso térmico. Se dirigieron hacia el mar.

 

-Al público le ha gustado el número.

 

-Estaba tan asustada que me temblaban las rodillas. Si no hubiera sido por el giro que Jack le dio a la historia, mi actuación hubiera resultado un desastre. Cuando intenté agradecérselo me dijo que había sido idea tuya. -Lo miró y sonrió. -¿No crees que te has pasado un poco con lo de las monjas francesas?

 

-Conozco de primera mano tus creencias morales, cariño. A menos que me equivoque, estoy seguro de que las monjas formaron parte de esa extraña educación que recibiste.

 

Dani no lo negó.

 

Pasearon durante un rato en un cómodo silencio. Dani esperaba que él le soltara la mano en cualquier momento, pero seguía manteniéndola agarrada.

 

-Has hecho un buen trabajo esta noche, Dani. Trabajas duro.

 

-¿De veras? ¿De verdad crees que trabajo duro?

 

-Claro.

 

-Gracias. Nunca me habían dicho eso. -Soltó una risita irónica. -Y si lo hubiesen hecho, seguramente no me lo habría creído.

 

-Pero a mí me crees.

 

-No eres un hombre que diga las cosas a la ligera.

 

-¿Estoy oyendo un cumplido?

 

-No estoy segura.

-No es justo.

 

-¿Qué?

 

-Te he dicho algo agradable. Al menos podrías decir una cosa buena de mí.

 

-Por supuesto que puedo. Haces un chile de muerte. Para sorpresa de Dani, él frunció el ceño.

-Estupendo. Olvídalo.

 

Atónita, Dani se dio cuenta de que, sin querer, había herido los sentimientos de su marido. Pensaba que él estaba bromeando, pero tratándose de Kevin debería saber que eso no era posible. Aun así era toda una sorpresa que a él le importara su opinión.

 

-Sólo me estaba reservando lo mejor -dijo ella.

-No es importante. De verdad, déjalo.

 

Pero tenía importancia y a ella le encantaba.

 

-Mmm, déjame pensar...

 

-Olvídalo.

 

Dani le apretó la mano.

 

-Siempre haces lo que crees que es correcto, incluso si la gente lo desaprueba. Es algo por lo que te admiro. Admiro tu integridad, pero... -Dani le rodeó los dedos con los suyos. -¿Quieres que sea sincera?

 

-Eso he dicho, ¿no?

 

Ella ignoró el beligerante gesto de su mandíbula.

 

-Tienes una sonrisa maravillosa.

 

Kevin pareció algo aturdido y relajó la mano bajo la de ella.

 

-¿Te gusta mi sonrisa?

 

-Sí, muchísimo.

 

-Nadie me lo había dicho nunca.

 

-No muchas personas consiguen verla. -Dani contuvo una sonrisa

mientras observaba el gesto serio con el que Kevin consideraba lo que ella había dicho. -Y hay otra cosa más, pero no sé cómo vas a tomártelo.

 

-Suéltalo.

 

-Tienes un cuerpo de infarto.

 

-¿Un cuerpo de infarto? ¿Sí? ¿Ésa es la segunda cosa que más te gusta de mí?

 

-No he dicho que fuera la segunda. Te estoy diciendo cosas que

me gustan de ti y ésa en concreto me encanta.

 

-¿Mi cuerpo?

-Tienes un cuerpo estupendo, Kevin. En serio.

 

-Gracias.

-De nada.

 

El embate de las olas llenó el silencio que se extendió entre ellos.

-Tú también -dijo él.

 

-¿También qué?

-Tienes un cuerpo estupendo. Me gusta.

 

-¿De veras? Pero si no es gran cosa. Tengo los hombros demasiado estrechos en comparación con las caderas y los muslos demasiado gruesos. Y mi estómago...

 

Él negó con la cabeza.

 

-La próxima vez que oiga a una mujer decir que los hombres somos unos neuróticos, recordaré esto. Tú me dices que te gusta mi cuerpo, ¿y qué hago yo? Te doy las gracias. Luego te digo que me gusta el tuyo, ¿y qué escucho? Una larga lista de quejas.

 

-Es culpa de las Barbies. -La mueca de desagrado de Kevin la complació sobremanera. -Gracias por el cumplido, pero sé sincero. ¿No crees que tengo los pechos demasiado pequeños?

 

-Ésa es una pregunta con trampa, seguro.

-Solo quiero que me digas la verdad.

 

-¿Estás segura?

 

-Sí.

-Vale. Veamos. -La tomó por los hombros y la hizo girar de cara al océano, luego se puso detrás de ella. La rodeó con los brazos y le ahuecó los pechos. La piel de Dani se erizó de deseo cuando Kevin apretó y moldeó los montículos, recorriéndole las suaves pendientes y rozando las endurecidas cimas con los pulgares.

 

A Dani se le entrecortó la respiración. Kevin le acarició la oreja con los labios y le murmuró al oído:

 

-Creo que son perfectos, Dani. Exactamente del tamaño adecuado.


-¡Mira, Dwayne! Es la pareja del circo.

 

Dani y Kevin se separaron de golpe, como dos adolescentes pillados in fraganti por la policía.

 

La dueña de la estridente voz era una mujer de mediana edad, con un vestido de flores verde lima y un enorme bolso negro colgado del hombro. Su marido llevaba puesta una gorra azul que cubría lo que, casi con toda seguridad, sería una calva. El hombre tenía los pantalones enrollados en las pantorrillas y la camiseta de deporte se te ceñía a la prominente barriga.

 

La mujer les brindó una alegre sonrisa.

 

-Hemos asistido a la función. Éste es Dwayne. No se ha creído que estuvierais enamorados de verdad. Me aseguró que todo era falso, pero le dije que nadie podía fingir algo así. -Dio una palmadita en la barriga de su marido. -Dwayne y yo llevamos casados treinta y dos años, así que sé reconocer el amor verdadero cuando lo veo.

 

Al lado de Dani, Kevin estaba rígido y ponía cara de póquer, dejando que fuera ella quien sonriera al matrimonio.

 

-Seguro.

 

-Nada me gusta más que un matrimonio con los pies en el suelo.

 

Kevin saludó a la pareja con una brusca inclinación de cabeza y agarró el brazo de Dani para alejarla de allí. Dani se volvió y les gritó:

-¡Espero que disfruten de otros treinta y dos años ¡untos!

 

-Y vosotros también, tesoro.

 

Dejó que Kevin la arrastrara, sabiendo que no conseguiría nada protestando. El tema del amor lo ponía un nervioso que ella sintió el absurdo impulso de consolarlo. Cuando llegaron a los escalones que conducían l la carretera, se detuvo y se volvió hacia él.

 

-Kevin, no pasa nada. No voy a enamorarme de ti.

 

En cuanto las palabras salieron de su boca, Dani notó una pequeña punzada en el corazón. Eso la asustó, porque sabía que sería una catástrofe enamorarse de él. Eran demasiado diferentes. Él era duro, serio y cínico, mientras que ella era justo lo contrario.

 

Entonces, ¿por qué él provocaba algo tan elemental en su interior? ¿Y por qué ella parecía comprenderle tan bien cuando Kevin no le había contado nada de su pasado ni sobre su vida fuera del circo?

 

A pesar de todo, Dani sabía que Kevin la había ayudado a encontrarse a sí misma. Gracias a él era más independiente de lo que nunca lo había sido. Por primera vez en su vida, se sentía bien consigo misma.

 

Kevin subió los escalones.

 

-Eres una romántica, Dani. No es que me considere un ser irresistible, bien sabe Dios que no lo soy, pero llevo años observando que cuanto más indiferente se muestra un hombre, más interesada se vuelve la mujer.

 

-Bah.

 

Cuando llegaron arriba, él apoyó las caderas en la barandilla y la observó.

 

-Lo he visto muchas veces. Las mujeres anhelan lo que no pueden tener, incluso aunque no sea bueno para ellas.

 

-¿Es así como te consideras? Malo para las personas que te rodean.

 

-No quiero hacerte daño. Por eso me molestó el cambio que hiciste en la caravana. Ahora es más acogedora y será más fácil vivir en ella, pero no quiero jugar a las casitas. A pesar de que nuestro matrimonio sea un acuerdo legal, esto no es más que un simple rollo. Una cana al aire. Sólo eso.

 

-¿Un rollo?

 

-Un lío. Una aventura. Llámalo como quieras. Sólo es algo pasajero.

 

-Eres imbécil.

 

-¿Ves como tengo razón?

 

Ella intentó controlar la cólera.

 

-¿Por qué te casaste conmigo? Al principio pensé que mi padre te

había pagado, pero ahora sé que no fue así.

-¿Y qué es lo que te ha hecho cambiar de opinión?

 

-Ahora te conozco.

 

-¿Y crees que no me dejo comprar?

 

-Sé que es imposible que te dejes comprar.

-Todo el mundo tiene un precio.

 

-Pues dime, ¿cuál fue el tuyo?

 

-Le debía un favor a tu padre y tenía que pagárselo. Eso es todo.

 

-Debía de ser un favor muy grande.

 

La expresión de Kevin se volvió fría y Dani se sorprendió cuando,

después de un largo silencio, añadió:

 

 

-Mis padres murieron en un accidente ferroviario en Austria cuando yo tenía dos años. Se hizo cargo de mí el pariente más cercano, el hermano de mi madre, Sergey. Era un sádico hijo de puta al que le daba placer pegarme.

 

-Oh, Kevin...

 

-No quiero ganarme tu simpatía. Sólo quiero que comprendas cómo soy. -Él se sentó en un banco y parte de su rabia desapareció. Se inclinó hacia delante y se frotó el puente de la nariz con el pulgar y el índice. -Siéntate, Dani.

 

Ahora que ya no tenía remedio, Dani se preguntó si no debería haber dejado las cosas tal y como estaban, pero había llegado demasiado lejos como para retroceder ahora, y se sentó a su lado. Él se quedó mirando hacia delante; parecía cansado y vacío.

 

-Habrás leído historias sobre niños maltratados, niños a los que mantienen encerrados durante años. -Ella asintió con la cabeza. -

 

Los psicólogos dicen que incluso después de haber sido liberados de esa tortura, estos niños no se desarrollan de la misma manera que los demás. No tienen las mismas actitudes sociales. Y si no los rescatan a tiempo, ni siquiera aprenden a hablar. Supongo que eso es lo que me pasa con el amor. No llegué a experimentarlo en la infancia y ahora no puedo sentirlo.

 

-¿A qué te refieres?

 

-No soy uno de esos cínicos que cree que el amor no existe, porque lo he visto en otras personas. Pero yo no puedo sentirlo. Ni

por una mujer ni por nadie. Nunca he amado.

 

-Oh, Kevin.

-No es que no lo haya intentado. He conocido algunas mujeres

maravillosas a lo largo de mi vida pero, al final, sólo he conseguido herirlas. Por eso te he contado las píldoras. Por eso no quiero tener hijos.

-¿Crees que nunca podrás mantener una relación duradera? ¿Te refieres a eso?

 

-Sé que no puedo. Pero es más profundo que todo eso.

 

-No entiendo. ¿Qué es lo que te pasa?

 

-¿No has oído nada de lo que he dicho?

 

-Sí, pero...

-No puedo sentir las mismas emociones que los demás hombres.

Por nadie. Ni siquiera por un niño. Cualquier niño merece que su padre lo ame, pero yo no podría.

-No te creo.

 

-¡Créelo! Me conozco a mí mismo y sé que no podría hacerlo. Mucha gente se toma a la ligera tener hijos, pero yo no. Los niños necesitan amor y, si no lo tienen, algo se muere en su interior. No podría vivir conmigo mismo sabiendo que un niño sufre por mi culpa.

 

-Todo el mundo es capaz de amar, y más cuando se trata de su propio hijo. Te ves a ti mismo como una especie de... de monstruo.

 

-Más bien como una mutación. No tuve una educación normal y es por eso que soy distinto. No puedo tolerar la idea de tener un hijo y que crezca sabiendo que no le amo. No pienso hacerle a nadie lo que me hicieron a mí.

Era una noche calurosa, pero Dani se estremeció al darse cuenta

del terrible legado que aquel violento pasado le había dejado a Kevin. Ese legado también la afectaba a ella y se abrazó a sí misma. Nunca se había imaginado teniendo un hijo con Kevin, pero quizá la idea ya había germinado en su subconsciente porque sentía como si acabara de sufrir una profunda pérdida.

 

Dani observó el perfil de su marido recortado contra el tiovivo que giraba a lo lejos. La imagen la llenó de pena. Los caballos de madera, de brillantes colores, parecían representar la inocencia, mientras que Kevin, con aquellos ojos sombríos y el corazón vacío, era como un condenado a muerte. Durante todo el tiempo Dani había pensado que era ella la que más amor necesitaba, pero él tenía heridas mucho más profundas.

 

 

holaaa como estaaan mmmm veo k ya casi no comentan en la entrada anterior solo tuve un comentario :(

buenoo espero recibir mas coments buenooo las dejooo comenteen pleaseeeee

besoss

byE


Adri:)

CAPITULO 13 PARTE 1



-¿Puedes intentar mantener los ojos abiertos esta vez?

Dani notó que Kevin estaba perdiendo la paciencia con ella. Estaban detrás de las caravanas, en un campo de béisbol a las afueras de Maryland, un sitio muy parecido al que habían estado los días anteriores y llevaban así casi dos semanas. La joven tenía los nervios tan tensos que estaban a punto de estallar.


Tater estaba cerca de ellos, alternando suspiros de amor por su dama con remover el barro. Después de que Dani se hubiera enfrentado al elefantito unas semanas atrás, Tater había comenzado a escaparse para buscarla y, finalmente, Digger lo había castigado con el pincho. La joven no había podido tolerar tal cosa, así que le había dicho que ella se encargaría de cuidar al elefante durante el día cuando vagara por ahí. Todos -excepto la propia Dani-parecían haberse acostumbrado a ver trotando a Tater detrás de ella como si fuera un perrito faldero.


-Si abro los ojos daré un respingo -señaló Dani mientras su marido empuñaba el látigo- y me dijiste que me harías daño si daba respingos.


-Tienes el blanco tan alejado de tu cuerpo que podrías estar bailando El lago de

los cisnes y ni siquiera te rozaría.


Había algo de verdad en lo que decía. El rollo de periódico que sostenía en la mano medía más de treinta centímetros y, además, ella tenía el brazo extendido. Pero cada vez que Kevin agitaba el látigo arrancando un trozo del extremo, ella daba un salto. No podía evitarlo.


-Puede que mañana consiga abrir los ojos.


-En tres días estarás en la pista central. Es mejor que los abras ya.


Dani abrió los ojos de golpe al oír la voz sarcástica y acusadora de Sheba que estaba donde Kevin había dejado los látigos enroscados en el suelo. Tenía los brazos cruzados y el sol arrancaba destellos a su pelo, que brillaba como las llamas del infierno.


-Ya deberías haberte acostumbrado. -Se agachó con rapidez y cogió uno de los rollos de papel de diez centímetros que había en el suelo. Ésos eran los blancos de verdad, los que se suponía que Dani debía sostener en la función, pero hasta ese momento Kevin no había podido convencerla para que practicaran con algo que midiera menos de treinta centímetros.


Sheba comenzó a hacer rodar uno de los pequeños rollos entre los dedos como si fuera un pitillo, luego se acercó a Dani y se detuvo a su lado.


-Quítate de en medio.


Dani retrocedió.


Sheba miró a Kevin con un destello desafiante en los ojos.


-Aprende cómo se hace.


Se puso de perfil, echó el pelo hacia atrás y se colocó el rollo entre los labios.


Por un momento Kevin no hizo nada, y Dani notó que había una vieja historia entre la dueña del circo y él, una historia de la cual Dani no sabía nada. Parecía como si Sheba desafiara a su marido, pero ¿para que hiciera qué? Kevin levantó el brazo tan repentinamente que ella apenas vio el movimiento de su muñeca.


«¡Zas!» El látigo restalló a pocos centímetros de la cara de la mujer y el

extremo del rollo desapareció.


Sheba no se movió. Se mantuvo tan serena como si estuviera asistiendo a un cóctel mientras Kevin agitaba el látigo una y otra vez, rompiendo un trocito de rollo cada vez. Poco a poco, lo fue acortando hasta que sólo quedó el cabo entre los labios de la mujer.


En ese momento lo cogió y se lo tendió a Dani.


-Ahora veamos cómo lo haces tú.


Dani reconocía un reto cuando lo veía, pero esa gente se había criado tentando al peligro. Ella no tenía que demostrar su valor, sentía que ya lo había hecho cuando se había enfrentado a Tater.


-Quizás en otro momento.


Kevin suspiró y bajó el látigo.


-Sheba, esto no funciona. Continuaré haciendo el número yo solo.

-¿Te tiene dominado, Kevin? Cinco generaciones de sangre circense y le has dado el nombre de Markov a alguien que no tiene valor para entrar en la pista central contigo.


Los ojos verdes de Sheba se oscurecieron con desprecio cuando miró a Dani.


-No te estamos pidiendo que andes por la cuerda floja ni que montes a pelo.

Lo único que tienes que hacer es estar allí de pie. Pero ni siquiera eres capaz de hacerlo, ¿verdad?

-Lo siento, pero no valgo para esto.


-¿Y para qué vales entonces?


Kevin dio un paso adelante.


-Ya basta. Dani se ha encargado de los animales aunque no tendría por qué haberlo hecho, y están en mejores condiciones que nunca.


-No la defiendas. -Dani sintió el impacto de los ojos de Sheba con la misma intensidad que si fuera el impacto del látigo. -¿Sabes algo de la familia Markov?


-Kevin no me ha hablado mucho de su pasado. -Y tampoco le había hablado mucho de su presente. Cada vez que intentaba preguntarle por la vida que llevaba fuera del circo, él cambiaba de tema. Sospechaba que había ido a la universidad y que la medalla esmaltada que llevaba colgada del cuello era una reliquia familiar, pero nada más.


-Déjalo, Sheba -le advirtió él.


Ella no le hizo caso y sostuvo la mirada de Dani con firmeza.


-Los Markov son una de las familias más famosas en la historia del circo. La madre de Kevin era la mejor montando a pelo. Kevin podría haber sido un campeón ecuestre de no ser por su altura.


-A Dani no le importa nada de eso -dijo él.


-Sí que me importa. Continúa, Sheba.


-Su madre formaba parte de la quinta generación de artistas rusos que actuaron para los zares. Lo más interesante de los Markov es que la historia de su familia se transmite a través de las mujeres. No importa con quién se hayan casado, los hombres han renunciado a su propio apellido para mantener el de Markov y pasarlo a sus hijos. Pero los hombres Markov han sido también grandes artistas con el látigo y algunos de los mejores jinetes que se hayan visto en el circo.


Kevin comenzó a recoger los rollos de periódico y a meterlos en una vieja bolsa

de lona.


-Vamos, Dani. Por hoy es suficiente.


La expresión de Sheba se volvió amarga.


-Los Markov siempre han seguido la tradición y han elegido bien a sus esposas. Al menos hasta llegar a Kevin. -Hizo una pausa. En sus ojos asomó un helado desprecio. -No estás a su altura, Dani, no mereces llevar el apellido Markov.


Tras decir eso se giró y se marchó, con un paso tan regio que hizo que sus ropas desarregladas parecieran dignas de una reina.


Dani se sintió despreciable.


-Tiene razón, Kevin. No valgo para nada.


-Tonterías. -Kevin enrolló los látigos y los apoyó sobre el hombro. -Sheba considera la tradición del circo tan sagrada como la religión. No le hagas caso.


Dani miró la bolsa con los rollos de periódico. Se acercó y sacó uno con decisión.


-¿Qué haces?


-Dar la talla como mujer Markov.


-Por el amor de Dios, suelta eso. Te he dicho que pases de ella. Sheba siempre ha tenido una visión distorsionada de la historia de los Markov. Mi tío Sergey era el mayor bastardo que he conocido en mi vida.


-Te agradezco que intentes que me sienta mejor, pero no puedo ignorar lo que ha dicho. -Caminó hacia el lugar donde habían estado practicando antes y se puso de perfil. -Estoy cansada de ser siempre la peor.


Se puso el rollito en los labios; las rodillas le temblaban más que nunca. Si Kevin fallaba, le golpearía en la cara y, quizá, dejaría una cicatriz en su piel y en su alma.


-Déjalo, Dani. -Ella cerró los ojos. -Dani...


Ella se sacó el rollito de la boca para hablar, pero no le miró.


-Por favor, Kevin, hazlo de una vez. Cuanto más me hagas esperar, más difícil será para mí.


-¿Estás segura?


No estaba segura en absoluto, pero se puso de nuevo el rollito en la boca y cerró los ojos, rezando por no dar un brinco.


Dani gritó cuando oyó el chasquido del látigo y sintió una corriente de aire en la cara. El sonido retumbó en sus oídos. Tater abrió la boca y soltó un barrito.


-¿Te he dado? ¡Maldita sea, sé que no te he dado!


-No..., no..., estoy bien. Es sólo... -Respiró hondo y recogió el rollito que había dejado caer, observando que Kevin había sesgado un trocito del extremo. -Es sólo que estoy un poco nerviosa.


-Dani, no tienes por qué...


Ella se colocó el blanco de nuevo en la boca y cerró los ojos.


«¡Zas!»


Dani gritó otra vez.


-Si sigues gritando comenzaré a ponerme nervioso -dijo Kevin en tono seco.


-¡No gritaré! Pero por Dios, no pierdas los nervios. -Cogió el rollito, era mucho más corto de lo que había sido en un principio.


-¿Cuántas veces más?


-Dos.


-¿¿Dos??-chilló.


-Dos.


Esta vez colocó el rollito justo en el borde de los labios.


-Estás haciendo trampa.


El sudor corría entre los pechos de Dani cuando volvió a colocarlo. Respiró hondo.


«¡Zas!» Otra corriente de aire le agitó un mechón de pelo contra la mejilla. Casi se desmayó, pero de alguna manera logró contener el grito. Sólo una vez más. Una vez más.


«¡Zas!» La joven abrió lentamente los ojos.


-Ya está, Dani, se acabó. Ahora sólo tendrías que saludar al público.


Estaba viva y sin marcas. Atontada, lo miró y habló con un ronco susurro.


-Lo he hecho.


Él sonrió y soltó el látigo.


-Pues claro que sí. Estoy orgulloso de ti.


Con un gran grito de alegría, corrió hacia él y se arrojó a sus brazos. Kevin la atrapó automáticamente. Cuando la estrechó contra su cuerpo, una lenta oleada de calor recorrió el cuerpo de Dani. Él debió de sentir lo mismo porque se echó atrás y la dejó en el suelo.


Dani sabía que Kevin no aceptaba que se hubiera negado a hacer el amor con él desde aquella tarde de sudor y sexo que la había perturbado tan profundamente. Su período le había dado una excusa perfecta durante unos días, pero había terminado hacía media semana. Le había pedido un poco de tiempo para aclararse las ideas y, aunque Kevin había estado de acuerdo, no le había gustado nada.


-Sólo un truco más -dijo él- y luego terminamos.


-Quizá deberíamos dejarlo para mañana. -Es el truco más fácil. Venga, vamos

a hacerlo antes de que pierdas el valor. Ponte dónde estabas.


-Kevin...


-Venga. No te dolerá. Te lo prometo.


A regañadientes, Dani regresó al lugar donde había estado antes.


Kevin cogió el látigo más largo y lo sostuvo entre los dedos.

-Colócate frente a mí y cierra los ojos.


-No.


-Confía en mí, cariño. Esta vez tienes que tener los ojos cerrados.


Dani hizo lo que le decía, pero entreabrió uno de los ojos para ver lo que él hacía.



-Levanta los brazos por encima de la cabeza.

-¿Los brazos?

 

-Levántalos por encima de la cabeza. Y cruza las muñecas.

 

Ella abrió los dos ojos.

 

-Creo que me olvidé de decirle a Trey algo sobre la nueva dieta de Sinjun.

-Todas las mujeres Markov han hecho este truco.

 

Resignada, Dani levantó los brazos, cruzó las muñecas y cerró los ojos, diciéndose a sí misma que no podía ser peor que sostener un rollito con los labios.

 

«¡Zas!»

 

Apenas había percibido el chasquido del látigo cuando sintió que éste le rodeaba y le ataba las muñecas con fuerza.

 

Esta vez el grito le salió del alma. Dejó caer los brazos tan rápidamente que sintió que se le dislocaban los hombros. Se miró con incredulidad las muñecas atadas.

 

-¡Me has dado! Dijiste que no me tocarías, pero lo has hecho.

 

-Estate quieta, Dani, y deja de gritar de una vez. No te ha dolido.

 

-¿No me ha dolido?

 

-No.

 

Ella miró sus muñecas y se dio cuenta de que él tenía razón.

-¿Cómo lo has hecho?

 

-Destensé el látigo antes de chasquearlo. -Kevin hizo un movimiento con la muñeca para que el látigo se aflojase, y la liberó. -Es un truco muy viejo, pero el público lo adora. Aunque, después de que te ate las muñecas, debes sonreír para que todos sepan que no te he hecho daño. Acabaré en la cárcel si no lo haces.

 

Dani se examinó una muñeca y luego la otra. Se dio cuenta con asombro de que estaban intactas.

 

-¿Y si te olvidas de destensar el látigo antes de apresarme las muñecas?

 

-No lo haré.

-Podrías cometer un error, Kevin. Es imposible que siempre te salga bien.

 

-Claro que sí. Llevo años haciéndolo y nunca he lastimado a nadie. -Comenzó a recoger los látigos y ella se maravilló de aquella perfecta arrogancia, pero al mismo tiempo se sintió inquieta.

 

-Esta mañana las cosas han salido algo mejor-dijo ella, -pero aún me parece

imposible que pueda actuar contigo dentro de dos días. Jack me ha dicho que voy a interpretar a una gitanilla indomable, pero no creo que las gitanas indomables griten como lo hago yo.

 

-Ya pensaremos algo. -Para sorpresa de la joven, Kevin le dio un besito en la

punta de la nariz antes de girarse para marcharse, pero se detuvo en seco y se volvió de nuevo hacia ella. La miró un buen rato. Luego inclinó la cabeza y posó sus labios sobre los de Dani.

 

La joven le rodeó el cuello con los brazos cuando él se apretó contra ella. Aunque su mente le decía que el sexo debía ser sagrado, su cuerpo deseaba ardientemente las caricias de Kevin, y Dani supo que nunca tendría suficiente de él.

 

 

Holaaa!!!

espero k les haya gustado el cap!!!! jejeje aunque bueno esta es la parte uno del trece

buenoo si comentan subo prontoo!!!

no se olviden de votar x mi pleaasee!!! se los agradeceriaa!

buenooo me voeee

mil graciaaas x pasarse!

 

CAPITULO 11 BESAR A UN ANGEL :)

Capitulo largo!


Kevin volvió a dirigirle la palabra cuando llegaron al nuevo recinto.

 

Cuando bajó de la camioneta y empezó a desenganchar la caravana, le dijo a Dani que no volvería a trabajar con los animales. Que debía dedicarse a cosas más ligeras, como ordenar el vestuario y, claro está, aparecer en el desfile todas las noches.

 

Ella lo miró con el ceño fruncido.

-Pensaba que te alegraría no tener que trabajar tan duro -dijo él. -¿Qué es lo que te parece mal ahora?

-¿Por qué has esperado hasta esta mañana para aligerar mis tareas?

-Por ninguna razón en particular.

-¿Seguro?

-Déjate de rodeos y dime qué estás pensando.

-Me siento como una prostituta a la que están pagando por los servicios prestados.

 

-Vaya ridiculez. Había tomado la decisión antes de que nos acostáramos juntos. Además, quién dice que tendría que pagarte.

Creo sin duda alguna que mi actuación fue buenísima.

Ella no picó el anzuelo.

 

-Dije que me ocuparía de las fieras y eso es lo que haré.

-Y yo te digo que no tienes por qué hacerlo.

-Y yo digo que quiero hacerlo. -Era cierto. Tras su experiencia con los elefantes, sabía que sería un trabajo duro, pero no podía ser peor de lo que ya había sido.

 

Había sobrevivido. Había recogido estiércol hasta que le salieron ampollas en las manos, había transportado pesadas carretillas y había sido golpeada por malhumorados elefantitos. Se había enfrentado al miedo y todavía seguía en pie -magullada, tal vez- pero con la cabeza bien alta.

 

El la miró con una mezcla de incredulidad y algo que casi parecía admiración, aunque Dani sabía que no podía ser eso.

 

-¿Por qué no me haces caso y dejas correr el tema?

 

Dani se mordisqueó el labio inferior y frunció el ceño.

 

-Mira, no sé qué me deparará el futuro, me limito a vivir el día a día.

Ahora mismo lo único que tengo claro es que tengo que hacerlo.

-Dani, es demasiado trabajo.

 

-Lo sé. -Sonrió. -Por eso tengo que hacerlo.

 

Kevin la observó un buen rato y luego, para sorpresa de Dani, inclinó la cabeza y la besó. Allí mismo, en mitad del recinto, con todos yendo de un lado para otro, con Brady y sus hijos ensayando sus saltos acrobáticos y Beatriz haciendo equilibrios a su lado. En medio de todo eso le dio un beso largo y profundo.

 

Cuando se separaron, ella se sentía débil y jadeante. É levantó la cabeza y miró a su alrededor. Dani esperaba que se sintiera avergonzado por aquella exhibición pública, pero no lo parecía. Quizás intentaba compensar el incidente de la fiesta sorpresa, o tal vez sus motivaciones fueran más complicadas pero, sin importar cuál fuera la razón, había dejado claro a todo el que quisiera mirar que ella significaba algo para él.

 

Dani tuvo poco tiempo para pensar en el tema cuando emprendió sus tareas en la casa de fieras. Poco después apareció un joven llamado Trey Skinner que dijo que Kevin le había enviado para ayudarla con el trabajo más pesado. Dani le mandó poner la jaula de Sinjun a la sombra y meter dentro un poco de heno, después le dijo que podía marcharse.

 

Por suerte, Lollipop no intentó escupirle de nuevo, pero aun así Dani se mantuvo alejada de la llama. Además de Lollipop, Sinjun y Chester, en la casa de fieras también había un leopardo llamado Fred, un buitre con las alas cortadas y una gorila. Había también una boa pero, para alivio de Dani, la serpiente se había convertido en la mascota de Jill y vivía en su caravana cuando no estaba en la exhibición.

 

Siguiendo las escuetas instrucciones de Digger, Dani alimentó a los animales y después comenzó a limpiar las jaulas, empezando por la de Sinjun. El tigre la miraba con aire condescendiente cuando comenzó a remojarlo con la manguera, como si le estuviera otorgando el privilegio de servirlo.

 

-No me gustas -murmuró ella empapándolo de agua.

«Mentirosa.»

Ella casi dejó caer la manguera.

-Deja de hacer eso -siseó. -Deja de meterte en mi mente.

 

El tigre bostezó y se estiró bajo el chorro de agua, haciéndola sentir increíblemente tonta.

 

Cuando terminó de duchar a Sinjun, volvió a la carpa y miró a la gorila que recibía el nombre de Glenna y ocupaba la jaula de la esquina. Sus ojos color chocolate parecían tristes y le sostuvieron la mirada cuando la observó a través de los barrotes oxidados de aquella vieja jaula que parecía demasiado pequeña para ella. Algo en la tranquila resignación del animal enterneció a Dani, que se acercó a la jaula.

Glenna se sentó, observándola en silencio, estudiando a uno más de

los cientos de humanos que pasaba cada día por su jaula. Dani se detuvo y esperó. De alguna manera sentía que tenía que obtener el permiso de Glenna para poder acercarse más, como si en este pequeño acto la gorila tuviera voz y voto.

 

Glenna se acercó a la parte delantera de la jaula y la observó. Lentamente el animal levantó el brazo y lo metió entre los barrotes. Dani la miró y se dio cuenta de que la gorila trataba de darle la mano.

 

Glenna esperó pacientemente, con la mano tendida hacia ella. A Dani se le aceleró el corazón. Si apenas se atrevía a acariciar a un gatito, ni hablar de tocar a un animal salvaje. Quiso darse la vuelta, pero el animal parecía tan humano que ignorar su gesto hubiera sido imperdonable, y se acercó vacilante hacía ella.

 

Glenna se mantuvo inmóvil con la palma hacia arriba. Con gran renuencia, Dani extendió la mano y tocó cautelosamente la punta del dedo de Glenna con su dedo índice. Era blanda y suave. Sintiéndose un poco más valiente, deslizó el dedo sobre el de la gorila. Glenna cerró los ojos y suspiró con suavidad.

 

 

Según transcurrió la mañana, se multiplicaron las dudas de Dani sobre el cuidado correcto de los animales. Varias veces acudió a Digger para pedir consejo sobre piensos y rutinas diarias y, cada vez que se acercaba, Tater le daba un golpe con la trompa como si fuera el matón del patio.

 

Digger respondió a las preguntas a regañadientes, por lo que Dani supuso que todavía estaba molesto por lo ocurrido el día anterior. La segunda vez que se acercó a preguntarle ese día, él escupió cerca de la deportiva de ella.

 

-No tengo tiempo para más preguntas, señorita. No quiero que nadie piense que no hago mi trabajo.

 

-Digger, no dije que no hicieras tu trabajo. Sólo estaba preocupada por las condiciones en las que se encontraban los animales de la casa de fieras. -Dani se preguntó para sus adentros si Digger conocería realmente la manera correcta de tratar a los animales de la exposición.

 

-Llevo cincuenta años cuidando animales. ¿Cuánto llevas tú?

-Sólo dos semanas. Por eso necesito tu consejo.

-No tengo tiempo para hablar. Tengo demasiado trabajo que hacer. -

 

El hombre miró por encima del hombro de Dani y esbozó una amplia sonrisa que dejó al descubierto sus dientes amarillentos y los huecos de los que le faltaban. La joven se dio cuenta demasiado tarde de cuál era la fuente de su diversión. Tater se había acercado a ella a hurtadillas.

 

«¡Zas!»

 

Dani sintió como si le hubieran golpeado en el pecho con una alfombra enrollada. Sin nada a lo que aferrarse, patinó por el suelo antes de tropezar con un fardo de heno. Cayó de lado sobre el estiércol golpeándose la cadera y el dolor le atravesó el cuerpo de arriba abajo. La risa cascada de Digger resonó en sus oídos. Dani levantó la cabeza justo a tiempo de ver en los ojos de Tater una expresión que se parecía muchísimo a una sonrisa de satisfacción.

 

Dani comenzó a ver rojo. ¡Ya había tenido suficiente!

 

Ignorando el dolor de la pierna y de la cadera, se puso bruscamente en pie y se plantó delante del elefantito meneando el puño ante sus narices.

 

-¡No vuelvas a hacerlo! ¡Jamás! ¿Me has oído?

 

El elefante retrocedió torpemente mientras ella avanzaba hacia él.

 

-Eres bruto, sucio y malo. ¡Y la próxima vez que me tires, lo lamentarás! ¡No dejaré que sigas abusando de mí! ¿Me has entendido?

 

Tater soltó un gemido lastimoso y agachó la cabeza, pero ya se había pasado demasiado con ella y Dani no se ablandó. Olvidando su aversión a tocar animales, le clavó el dedo índice en la trompa.

 

-¡Si quieres mi atención, compórtate como es debido! ¡Pero no vuelvas a golpearme!

 

Él encogió la trompa y plegó una de sus orejas. Dani se irguió en toda su estatura.

 

-¿Nos entendemos o no?

Tater levantó la cabeza y le dio una cabezadita en el hombro. Ella se

cruzó de brazos, rechazando aquella oferta de reconciliación.

-No puedo olvidar lo que has hecho.

 

-Lo siento, pero te va a llevar tu tiempo. Tienes que hacerme olvidar muchas cosas. Ahora si me perdonas, tengo que volver a la casa de fieras. -Se giró para marcharse.

Tater gimió. Desconsolado. Triste. Como un niño que hubiera perdido a su madre.

 

Dani aminoró el paso y se le rompió el corazón cuando vio al desolado elefantito con las orejas caídas y los oscuros ojos tristes. Arrastraba la pequeña trompa por el suelo manchándola de tierra.

 

-Tú te lo has buscado -señaló.

 

El animal soltó un gemido plañidero.

 

-Yo intenté ser simpática.

 

Otro gemido patético. Y luego, para asombro de Dani, vio que comenzaban a caerle lágrimas de los ojos. Digger le había dicho que los elefantes eran uno de los animales más sentimentales que existían y que además lloraban, pero no le había creído. Ahora, mientras observaba resbalar las lágrimas por la arrugada piel de Tater, se evaporó todo su resentimiento.

 


-Eso no vale. Eres tan llorón como yo.

 

Él levantó la cabeza y dio unos pasos vacilantes hacia ella. Cuando estuvo a su lado se paró como si quisiera pedir permiso antes de restregarle la cabeza contra el hombro.

 

Una vez más casi la arrojó al suelo, pero esta vez el gesto había sido cariñoso. Dani le acarició la frente.

 

-No pienses que te perdono porque soy una debilucha. Tienes que mejorar tus modales o todo habrá terminado entre nosotros.

 

Él se frotó contra ella con la misma suavidad que un patito.

-Nada de golpes. Nada de trucos.

 

-Eres un bebé tonto.

 

Mientras Dani perdía el corazón por el elefante, Kevin estaba en la puerta trasera del circo, observando lo sucedido. Vio cómo el elefante curvaba la trompa en torno al brazo de su esposa y sonrió. Lo supiera Dani o no, acababa de hacer un amigo para toda la vida. Se rio entre dientes y se encaminó hacia el vagón rojo.



Beatriz nunca se había sentido tan desdichada. Sentada en la mesa de cocina de la Airstream de su padre, clavó la mirada en los deberes de la escuela, pero lo escrito en la página no captaba su atención. Como los demás niños del circo, recibía lecciones por correspondencia a través de la Calvert School de Baltimore, un lugar especializado en enseñar a los niños que no podían ir a la escuela. Cada pocas semanas llegaba un grueso paquete con libros, cuadernos y exámenes.

 

Sheba se había acostumbrado a supervisar la tarea escolar de Beatriz, pero la educación de la mujer no había sido demasiado buena y no había mucho que pudiera hacer excepto comprobar los exámenes. Beatriz tenía dificultades con la geografía y había suspendido lengua inglesa.

 

En ese momento apartó el libro y miró el cuaderno de apuntes que había debajo, donde había garabateado algunos nombres. «Señora de Kevin Markov. Beatriz Markov. Beatriz Pepper Markov.»

 

«Mierda.» ¿Porque él lo había permitido? ¿Por qué Kevin había dejado que Dani lo besara de esa manera delante de todo el mundo? Beatriz había querido morirse al presenciar ese beso. Odiaba a Dani, y lo mejor que le había ocurrido esas dos semanas había sido verla sucia y cubierta de mierda. Era lo que se merecía, estar cubierta de mierda.

 

Más de una vez, Beatriz había intentado aliviar la culpa que sentía por lo que le había hecho a Dani diciéndose a sí misma que se lo merecía. Que allí no había sitio para ella. Que no encajaba en el circo.

 

Y que nunca debería haberse casado con Kevin Que Kevin era suyo.

 

Se había enamorado de él hacía seis semanas, la primera vez que lo vio. Al contrario que su padre, Kevin siempre tenía tiempo para hablar con ella. No le importaba pasar el rato con ella e incluso, antes de que llegara Dani, había dejado que lo acompañara a hacer algunos recados. Una vez, en Jacksonville, habían ido juntos a una sala de exposiciones y le había explicado cosas sobre los cuadros. También la había invitado a hablar sobre su madre y en dos ocasiones la había consolado por algo que le había dicho su terco padre.

 

Pero a pesar de lo mucho que lo amaba, Beatriz sabía que aún la veía como una niña. Últimamente había estado pensando en que tal vez, si él se hubiera dado cuenta de que era una mujer, la habría mirado de forma diferente y no se habría casado con Dani.

 

De nuevo sintió que le invadía la culpa. No había planeado coger ese dinero y esconderlo en la maleta de Dani, pero había entrado en el vagón rojo y Dani estaba ocupada con aquella llamada telefónica. El cajón de la recaudación estaba abierto y, simplemente, había ocurrido.

 

Estaba mal, pero no dejaba de decirse a sí misma que no era tan grave como parecía. Kevin no amaba a Dani, hasta Sheba lo decía. Dani cargaría con la culpa del delito y él se desharía de ella ahora en vez de más adelante.

 

Pero el beso que había presenciado esa mañana le decía que Dani no iba a dejarlo escapar con tanta facilidad. Beatriz todavía no podía creerse la manera en que se había abalanzado sobre él. ¡ Kevin no la necesitaba! No necesitaba a Dani cuando podía tenerla a ella.

 

¿Pero cómo iba a saber él lo que ella sentía si nunca se lo había dicho? Apartó los libros a un lado y se levantó de un salto. No podía soportarlo más. Tenía que hacerle entender que ya no era una niña. Tenía que hacerle entender que no necesitaba a Dani.

 

Sin darse tiempo a pensarlo dos veces, salió rápidamente de la caravana y se encaminó al vagón rojo.



Kevin levantó la vista del escritorio cuando entró Beatriz. La jovencita llevaba metidos los pulgares dentro de los bolsillos de unos pantalones cortos de cuadros, que quedaban casi cubiertos por completo por una enorme camiseta blanca. Se la veía pálida e infeliz, como un hada con las alas cortadas. Sintió pena por ella. La trataban de una manera muy dura, pero a pesar de eso seguía luchando y a él

le gustaba que lo hiciera.

-¿Qué te pasa, cariño?

 

Ella no le respondió. En vez de eso deambuló por la caravana, tocando el brazo del sofá o cogiendo un archivador. Kevin vio una imperceptible mancha naranja en la mejilla, donde había intentado tapar una espinilla, y sintió un atisbo de ternura. Algún día, muy pronto, Beatriz se convertiría en una auténtica belleza.

 

-¿Problemas?

 

Ella levantó la cabeza de golpe.

 

-No.

 

-Bien.

 

Beatriz tragó saliva y se aclaró la garganta.

 

-Es sólo que pensé que tal vez quisieras saber... -La jovencita inclinó la cabeza y comenzó a mordisquearse una uña ya comida.

 

-¿Saber qué?

 

-Vi lo que Dani te ha hecho hoy -dijo Beatriz con rapidez. -Sólo quiero que sepas que sé que no puedes evitarlo y todo eso.

 

-¿Y qué me hizo Dani?

-Ya sabes a qué me refiero.

 

-Pues me temo que no.

 

-Ya sabes -ella clavó la vista en un punto sobre la mesa. -Te ha besado donde todos podían verlo y todo eso. Te ha humillado.

 

Tal y como Kevin lo recordaba, había sido él quien la había besado a ella. No le gustaba la manera en la que todos miraban el vientre de su esposa y contaban los meses con los dedos. Tampoco le gustaba la manera en que la ridiculizaban a sus espaldas, en especial cuando sabía que él tenía la culpa.

 

-No sé qué tiene que ver eso contigo, Beatriz.

 

Ella se agarró las manos y habló atropelladamente.

 

-Todos saben lo que sientes por ella y todo eso. Que no te gusta. Y cuando mi padre me dijo que no estaba embarazada ni nada, no pude entender por qué le casaste con ella. Luego recordé que los tíos os volvéis locos si tenéis una chica cerca y no podéis... ya sabes... mantener relaciones con ella, pero a veces os dicen que no conseguiréis nada a menos que os caséis con ellas. Así que me imaginé que fue por esa razón por la que te casaste con ella. Pero lo que quiero decir es que... si quieres que se vaya y todo eso...

 

Por primera vez desde que comenzó su acalorada perorata, lo miró directamente a los ojos y él vio desesperación en ellos. Beatriz hizo una mueca y soltó a borbotones el resto de las palabras.

 

-Sé que piensas que soy una niña, pero no lo soy. Tengo dieciséis años. Puede que no sea tan bonita como Dani, pero ya soy una mujer y puedo hacer que... te dejaría mantener relaciones sexuales conmigo y todo eso, así no tendrías que hacerlo con ella.

 

Kevin se quedó pasmado y no supo qué decir. Beatriz se había puesto colorada como un tomate -probablemente igual que él- y no hacía otra cosa que mirar el suelo.

 

Él se puso en pie lentamente. Se había enfrentado a sucios borrachos y camioneros con navajas, pero nunca a nada semejante. Beatriz había confundido su amistad con otra cosa y tenía que aclararlo de inmediato.

 

-Beatriz... - Kevin se aclaró la garganta y rodeó el escritorio. Cuando se detuvo, Dani apareció en la puerta detrás de Beatriz, pero la adolescente estaba tan absorta en lo que había dicho que no se dio cuenta. Dani debió de notar que estaba ocurriendo algo importante porque se detuvo y esperó.

 

-Beatriz, cuando una jovencita se encapricha...

 

-¡No es un encaprichamiento! -Beatriz levantó la cabeza con los ojos suplicantes y llorosos. -Me enamoré de ti a primera vista, y creía que quizá tú también me querías, pero que, como era tan joven y todo eso, no te decidías a dar el primer paso. Por eso he venido a decírtelo.

 

Kevin deseó que Dani le echara una mano, pero ella seguía inmóvil y en silencio, asimilando lo que acababa de oír. Por el bien de Beatriz, él tenía que hacerle ver la realidad de la situación.

 

-No me amas, Beatriz.

 

-¡Sí te amo!

 

-Sólo crees que me amas. Pero eres una niña, es sólo un encaprichamiento absurdo. Lo superarás. Créeme, dentro de un par de meses los dos nos reiremos de esto.

 

Beatriz lo miró como si la hubiera abofeteado y Kevin se dio cuenta de que había metido la pata. La chica respiró hondo y se le llenaron los ojos de lágrimas. Pensó con consternación en cómo podría reparar el daño.

 

-Me gustas, Beatriz, en serio. Pero sólo tienes dieciséis años. Yo soy adulto y tú eres todavía una niña. -Se dio cuenta por su expresión de que sólo estaba empeorando las cosas. Nunca se había sentido tan indefenso y le lanzó a Dani una mirada suplicante.

 

Para irritación de Kevin, su esposa puso los ojos en blanco, como si él fuera la persona más estúpida de la tierra. Luego se plantó delante de Beatriz como un vaquero en un duelo.

 

-¡Sabía que te encontraría aquí, lagarta! ¡Piensas que porque eres joven y muy guapa puedes robarme al marido sin que yo te lo impida!

 

Beatriz la miró boquiabierta y dio un paso atrás. Kevin clavó los ojos en Dani con incredulidad. De todas las idioteces que la había visto hacer, y eran unas cuantas, ésta se llevaba la palma. Incluso un retrasado mental se habría dado cuenta de lo histriónico de sus palabras.

 

-¡No me importa lo joven y guapa que seas! -exclamó Dani. -¡No

dejaré que arruines mi matrimonio! -y con aire dramático alargó el brazo y señaló la puerta con un dedo. -Ahora te sugiero que te largues de aquí antes de que haga algo de lo que pueda arrepentirme.

 

Beatriz cerró la boca de golpe. Corrió a ciegas hacia la puerta y huyó de allí.

 

Pasaron varios segundos antes de que Kevin se hundiera bruscamente en el sofá y preguntara:

 

-¿La he cagado?

 

Dani lo miró con algo parecido a la piedad.

 

-Para ser un hombre listo no pareces tener demasiado sentido común.


 

hasta aquii chikitaass!!!

espero k les haya ggustado el caap1!!!!!

k opinaan!!!! jejejjee

buenoo espero sus comentarioss y subire prontoo!

CAPITULO 11 PARTE 2



Apenas había amanecido cuando él comenzó a agredirla verbalmente. Y todo porque él la había distraído antes de que ella hubiera tenido tiempo de explicarle un pequeño detalle.

 

-Pensé que sabías lo que decías. ¡Lo pensé! Dios mío, qué asno soy. Merezco estar casado contigo. ¿Cómo pude pensar que estabas bien informada sobre eso cuando no haces nada a derechas?

 

Después de la tierna magia de la noche anterior, aquel ataque era doblemente hiriente. Al principio, la cólera de Kevin había sido fría y calmada, pero ahora era como si hubiera estallado una válvula a presión.

 

-¿No podías terminar de explicármelo? -despotricó él. -No, claro que no. Hubiera sido demasiado lógico.

 

Ella parpadeó ante la dureza de sus ojos y se odió a sí misma con todas sus fuerzas por no ser el tipo de persona capaz de devolverle los gritos.

 

-Cuando me dijiste que tomabas la píldora, tenías que habérmelo contado todo, Dani. ¡Tenías que haberme dicho que acababas de empezar a tomarlas, que no llevabas ni un mes con el tratamiento, que todavía existía alguna jodida posibilidad de que te quedaras embarazada! ¿No podías habérmelo explicado todo?

 

Ella se clavó las uñas en las pal mas de las manos para no llorar. Al mismo tiempo se maldecía a sí misma por permitir que le hiciera eso.

 

-¡Contéstame de una puta vez!

 

El nudo en la garganta de Dani se había vuelto tan grande que tuvo que obligarse a escupir las palabras.

 

-Me... dejé llevar por la p-pasión.

 

Parte de la tensión pareció abandonar el cuerpo de Kevin. Él soltó un poco el acelerador y la miró con el ceño fruncido.

 

-¿Estás llorando?

 

Ella alzó la barbilla y negó con la cabeza pero, al mismo tiempo, le resbaló una lágrima por la mejilla. Dani no podía soportar la idea de volver a llorar delante de él. La joven siempre había odiado la facilidad con que se le saltaban las lágrimas.

 

Él bajó el tono de voz y recobró el control.

 

-Dani, lo siento. -Miró por el espejo retrovisor y dirigió la camioneta al arcén.

 

-¡No te atrevas a parar! -le dijo ella con fiereza.

 

Las ruedas levantaron la grava cuando Kevin detuvo la camioneta, ignorando como siempre los deseos de Dani. Intentó abrazarla, pero ella se apartó.

 

-¡No soy una debilucha! -le espetó mientras se enjugaba las lágrimas con furia.

 

-No he dicho que lo fueras.

 

-¡Pero lo piensas! Es cierto que lloro con facilidad, pero eso no quiere decir nada y no estoy tratando de manipularte con lágrimas. Quiero que te disculpes porque estás portándote como un imbécil, no porque esté llorando y te remuerda la conciencia.

 

-Definitivamente, estoy portándome como un imbécil.

-No puedo evitar llorar. Siempre he sido una persona muy emotiva. Bebés, anuncios sensibleros, baladas.

 

Veo u oigo algo y lo siguiente que sé es que...

 

-Dani estoy tratando de disculparme. Si quieres, puedes seguir llorando, pero cállate, ¿vale?

 

Ella sorbió por la nariz y buscó un pañuelo de papel en el bolso.

 

-Vale.

 

-No ha estado bien que te grite. Estaba enfadado conmigo mismo y me he desquitado contigo. Fui yo quien te impidió explicarte anoche. Fue culpa mía. Nunca había sido tan irresponsable antes y, la verdad, no lo entiendo. Supongo que simplemente... -Él vaciló.

 

Ella se sonó la nariz.

 

-¿Te dejaste arrastrar por la pasión?

Él sonrió.

-Supongo que esa es una razón tan buena como cualquier otra. Pero si te quedas embarazada por culpa de mi estupidez...

 

El miedo que ella oyó en su voz hizo que quisiera llorar una vez más. Pero sólo sorbió por la nariz con seriedad.

 

-Estoy segura de que no ocurrirá. No es el momento apropiado. Tiene que venirme la regla en un par de días.

 

El alivio de Kevin fue casi palpable y Dani se sintió aún más dolida. No es que quisiera quedarse embarazada, porque no quería, pero no le gustaba que la idea lo repeliera.

 

Él se pasó las manos por el pelo.

 

-Supongo que me vuelvo irracional cuando surge este tema, pero no puedo evitarlo. No quiero tener hijos, Dani.

 

-No tienes de qué preocuparte. Amelia me envió a su ginecólogo hace unas semanas.

 

-Vale. Espero que lo entiendas. Cuando digo que no quiero tener hijos, quiero decir que no quiero tenerlos nunca. Sería un padre terrible y ningún niño se merece eso. Prométeme que jamás te olvidarás de tomar la píldora.

 

-No me olvidaré. Y, francamente, Kevin, me estoy cansando de que me trates como si fuera estúpida.

 

Él miró el espejo retrovisor y metió la marcha antes de volver a la carretera.

 

-Usaré preservativos hasta el mes próximo, cuando ya no corras peligro de quedarte embarazada.

 

A Dani no le gustó que Kevin diera por hecho que continuaría acostándose con él.

 

-Te aseguro que no habrá necesidad.

 

Él la miró.

 

-¿De qué?

 

-Actúas como si lo que sucedió anoche fuera a repetirse.

 

-Créeme. Volverá a repetirse.

 

Tanta seguridad la irritó.

 

-No estés tan seguro.

 

-No finjas que no te ha gustado. Estaba allí, ¿recuerdas?

 

-No estoy fingiendo. Fue maravilloso. Una de las cosas más maravillosas que me ha ocurrido en la vida. Lo que quiero decir es que tu actitud con respecto a hacer el amor deja mucho que desear.

 

-¿Qué le pasa a mi actitud?

 

-Es insultante. Sólo hay que fijarse en tu vocabulario: las palabras que usas son, definitivamente, insultantes.

 

-No estoy de acuerdo.

 

-Se supone que hacer el amor es algo sagrado.

 

-Se supone que es tórrido, sudoroso y divertido.

 

-Eso también. Pero sigue siendo un acto sacrosanto.

 

-¿Sacrosanto? -La miró con incredulidad. -¿Cómo es posible que alguien que creció rodeada de parásitos sociales y estrellas de rock haya salido así de puritana?

 

-¡Lo sabía! Sabía que pensabas que soy puritana, pero anoche no fuiste lo suficientemente sincero como para admitirlo.

 

-Ya entiendo. Estás intentando sacarme de quicio a propósito. Oiga lo que diga te cabrearás igualmente conmigo, ¿no? - Kevin le dirigió una mirada exasperada.

 

-No intentes hacerte el inocente conmigo. Eres demasiado borde para eso.

 

Kevin volvió la cabeza y, para sorpresa de Dani, parecía muy dolido.

 

-¿De verdad crees que soy borde?

 

-No lo eres todo el rato -admitió ella. -Pero sí la mayor parte del tiempo. Casi siempre, en realidad.

 

-Cualquiera del circo te dirá que soy el gerente más imparcial que han conocido.

 

-Eres imparcial. -Hizo una pausa. -Con todos menos conmigo.

 

-He sido justo contigo. -Vaciló. -Bueno, tal vez no lo fui el día de la fiesta sorpresa, pero aquello me pilló desprevenido y... eso no me excusa, ¿verdad? Lo siento, Dani. No debería haberte humillado de aquella manera.

 

Ella lo observó, luego asintió con la cabeza.

-Acepto tus disculpas.

-Y no fui borde anoche.

 

-Preferiría no hablar de lo que pasó anoche. Y quiero que me prometas que no intentarás seducirme de nuevo esta noche. Tengo que reflexionar y pienso hacerlo en el sofá.

 

-No sé qué tienes que pensar. No crees en el sexo fuera del matrimonio, pero estamos casados, así que, ¿cuál es el problema?

 

-Nuestro matrimonio es un «acuerdo legal» -señaló ella

con suavidad. -Hay una sutil diferencia.

 

Él masculló una obscenidad especialmente desagradable. Antes de que pudiera recriminárselo, Kevin giró a la derecha bruscamente y entró en el aparcamiento de camiones de una estación de servicio.

 

Esta vez la camarera era hosca y de mediana edad, así que Dani no tuvo ningún problema en dejarlo solo para ir al servicio. Debería habérselo pensado mejor, pues cuando salió él había entablado conversación con una atractiva rubia que estaba sentada en la mesa de al lado.

 

Dani sabía que él la había visto salir del baño, pero aun así vio cómo la rubia cogía su taza de café y se sentaba al lado de su marido. Sabía por qué Kevin hacía eso. Quería asegurarse que ella no le daba importancia a lo que había sucedido entre ellos.

 

Dani apretó los dientes. Tanto si Kevin Markov quería admitirlo como si no, era un hombre casado, y ningún flirteo del mundo cambiaría eso.

 

Vio un teléfono público en la pared, no lejos de la mesa donde la rubia admiraba los músculos de su marido. En cuanto controló su temperamento, descolgó el teléfono y lo mantuvo apretado contra la oreja mientras contaba hasta veinticinco. Finalmente, se volvió hacia él y exclamó:

 

-¡ Kevin, querido! ¡¿A que no lo adivinas?!

 

Él levantó la cabeza y la miró con cautela.

 

-¡Buenas noticias! -canturreó. -¡El médico dice que esta vez serán trillizos!

 

jeje hay esta pareja me gusta! jejeje

espero k hayan disfrutado el cap jujujuju

graciaass x sus comentarios! las espero por mi otro blog :)

 

CAPITULO 10 PARTE 2 BESAR A UN ANGEL :)

holaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ckikitaaaaaaasssssss comooo estaaannnn esperoo les gustee el capp!!! jejje k lo disfruteen!!!!! jejeje este es un adelanto a la siguiente parte del capitulooo jejejje no see talvez lo pongo completo o en dos partes pero se kedarian pikadas... emmm buenooo talvez sus comentarios ayuden en la decision jejjeje

 

ahhh seriooo me olvidaba k tal les gustaaa como kedo mi pag??? jejeje

las kieroooo!!

besoss


Adri!Corazón

 

-¿De verdad? ¿Estás seguro?

 

La alegría de Dani lo hizo sentir todavía más culpable.

 

-Eso es lo que he dicho, ¿no?

 

-Sí, sí, claro. Oh, gracias, Kevin. No lo olvidaré.

 

Dani durmió durante la primera función pero, para sorpresa de Kevin, se presentó cuando comenzaba la segunda función. La siesta de dos horas había hecho maravillas en ella y parecía más relajada que en los días anteriores. Mientras recorría la pista de arena sobre Misha, Kevin la vio saludar con las manos y lanzar besos a los niños sin ser consciente del efecto que aquel llameante maillot rojo tenía en los padres de las criaturas. Kevin tuvo que contenerse para no arrancar la gorra de alguno de esos palurdos con el látigo.

 

Cuando la función finalizó, él se fue a la caravana para cambiarse de ropa. Dani solía estar ya allí, pero no la vio por ninguna parte.

 

Intranquilo, se vistió rápidamente y regresó al circo. Un destello de lentejuelas rojas cerca de la puerta principal atrajo su atención. Vio a su esposa rodeada por tres espectadores. Todos se comportaban con cortesía y, desde luego, ella no corría peligro, pero aun así quería estrellar el puño contra aquellas caras presumidas.

 

Uno de ellos dijo algo y Dani se rio, un sonido angelical que flotó en el aire de la noche. Kevin maldijo por lo bajo.

 

-¿Qué es lo que te pone de tan mala leche?

 

Al ver a Brady detrás de él, Kevin se obligó a relajarse.

 

-¿Qué te hace pensar que estoy de mala leche?

Brady se puso un palillo en la comisura de la boca.

 

-La manera en que miras a esos tíos.

 

-No sé de qué estás hablando.

 

-No lo entiendo, Kevin. Pensaba que ella no te importaba.

 

-No quiero hablar de eso.

 

-No te preocupes, no tengo intención de hablarte de ella. -Se pasó el palillo de un lado a otro de los labios. -Pero de todas maneras creo que, a pesar de que sea una ladrona y la odies, no deberías hacer trabajar tan duro a una mujer embarazada.

 

-¿Quién te ha dicho que está embarazada?

 

-Es lo que piensa todo el mundo. La noche de la fiesta sorpresa no parecías exactamente un novio feliz.

 

Kevin apretó los dientes.

 

-No está embarazada.

 

A Brady se le cayó el palillo.

 

-¿Entonces por qué coño te casaste con ella?

 

-Eso no es asunto tuyo. - Kevin se alejó.

 

Kevin trabajó hasta medianoche. Cuando entró en la caravana, Dani estaba dormida, pero en lugar de estar acurrucada sobre un montón de sábanas arrugadas como siempre, yacía en el sofá con el maillot de la función todavía puesto, como si se hubiera sentado unos minutos y se hubiera quedado dormida sin querer.

 

 

Él sabía que una cosa era ser duro con ella y otra llevarla hasta el límite de sus fuerzas. En ese momento supo que no podía dejar que siguiera trabajando así. En lo que a él concernía, Dani había pagado su deuda y había llegado el momento de bajar el ritmo.

 

Dani tenía los labios ligeramente entreabiertos y los mechones del pelo oscuro se extendían sobre el almohadón del sofá como cintas sedosas. Estaba tumbada boca abajo y a Kevin se le secó la boca al ver ese dulce culito respingón cubierto sólo por la trama en forma de diamantes de las medias negras de red. La fina tira de lentejuelas que cubría la unión de las nalgas hacía que la visión fuera todavía más atrayente. Se obligó a apartar la mirada, se desnudó y entró en el cuarto de baño, donde se metió rápidamente bajo el agua fría.

 

El ruido de la ducha debió de despertar a Dani, porque cuando Kevin apareció envuelto en una toalla, la joven estaba delante del fregadero con la bata azul de Kevin cubriendo el maillot. Las pequeñas manos femeninas asomaban por las mangas mientras cortaba un trozo de pan.

 

-¿Quieres que te haga un bocadillo? - Dani parecía de mejor humor que cualquiera de los días anteriores. -Me quedé dormida antes de cenar y estoy muerta de hambre.

 

Se le abrió el albornoz, revelando las curvas de los pechos bajo las lentejuelas llameantes del maillot. Kevin deslizó la mirada sobre ella y en vez de agradecerle el ofrecimiento, le espetó:

 

-Como Sheba te atrape durmiendo con uno de sus maillots, te desnudará estés donde estés.

 

-Entonces tendré que asegurarme de que no me pille.

 

El renovado ánimo en la voz de Dani hizo que Kevin se sintiera mejor.

 

-No se puede esperar que lo aprendas todo de inmediato.

 

Dani se volvió hacia él, pero cualquier cosa que fuera a decir murió en sus labios. Deslizó la mirada por el pecho de su marido hasta la toalla amarilla que le cubría las caderas.

 

Kevin quiso gritarle, decirle que no lo mirara de esa manera a no ser que quisiera acabar en la cama con él. Casi sintió que perdía el control.

 

-¿Quieres que... er... quieres tu bata? -preguntó ella.

 

Él asintió con la cabeza.

 

Ella tiró del cinturón, se la quitó y se la tendió.

 

Kevin la dejó caer al suelo.

 

Ella se lo quedó mirando.

 

-¿No acabas de pedírmela?

 

-Lo único que quería era que te la quitaras.

 

Dani se humedeció los labios y él la estudió mientras esperaba una respuesta, llamándose estúpido en todos los idiomas que conocía, pues sabía que no podría resistirse a ella otra noche.

 

-No estoy segura de qué quieres decir exactamente -dijo ella

con timidez.

 

-Quiero decir que no voy a poder mantener mis manos alejadas de ti durante más tiempo.

 

-Eso es lo que me temía. - Dani respiró hondo y alzó la barbilla. -Lo siento, pero no puedo acostarme contigo. No estaría bien.

 

-¿Por qué?

 

-Porque no sería sagrado. Hacer el amor significa algo más para mí. No lo hago con cualquiera.

 

-Me alegro de oírlo. -Impulsado por una fuerza que no podía resistir, Kevin se acercó a ella.

 

Dani dio un paso atrás, hasta tropezar contra el mostrador, sin apartar la mirada de los ojos de él.

 

-No puedo hacerlo sin que signifique algo.

 

-Espero que eso quiera decir que no tengo que preocuparme por ninguna enfermedad de transmisión sexual como las que le mencionaste a la camarera al poco de casarnos.

 

-¡Por supuesto que no!

 

-En ese caso tampoco tienes que preocuparte por mí. Estoy perfectamente sano.

 

-Me alegro mucho por ti, pero... -¿No te ha dicho nadie que hablas demasiado?

 

Él plantó las manos en el mostrador atrapándola entre sus brazos.

 

-Tenemos que hablarlo. Es importante. Es... -Lo que realmente necesitamos es dejar de hablar. Rodeó la cintura de Dani con las manos. -Ya hemos jugado suficiente al gato y al ratón, cara de

ángel. ¿No crees que ha llegado el momento de actuar?

 

El olor de Dani lo tentaba. La recorrió con la mirada; su cuerpo quedaba resaltado por el maillot de llameantes lentejuelas rojas y la suave respiración de la ¡oven le agitaba el vello del pecho.

 

-¿Por qué quieres hacerlo con alguien a quien no respetas?

 

A Dani se le cerraron los ojos cuando él inclinó la cabeza y le acarició el cuello con los labios.

 

-¿Por qué no dejas que sea yo quien se preocupe de eso?

 

-Me consideras una ladrona.

 

-Bueno, he estado dándole vueltas a ese asunto.

 

 

Dani ladeó la cabeza, y otra punzada de culpabilidad golpeó a Kevin cuando vio que los ojos violeta de su esposa brillaban con deleite y su boca suave se curvaba en una sonrisa tonta.

 

-¡Me crees! ¡Sabes que no fui yo quien robó el dinero!

 

Él no había dicho eso. Pero ya no estaba enfadado. Aunque no podía perdonarle lo que había hecho, entendía lo que era la desesperación y no quería seguir juzgándola.

 

-Creo que eres endemoniadamente sexy. -Le rozó el labio inferior con el pulgar y lo encontró húmedo bajo su caricia. -

 

¿Utilizas algún anticonceptivo o quieres que me encargue yo?

 

 

 

Los ojos de Dani llamearon.

 

 

-Tomo la píldora, pero...

 

-Bien.

 

 

CAPITULO 8 PARTE 2 BESAR A UN ANGEL :)

Parte 2

 

Dani miró la picana con desagrado.


-¿Les das descargas? ¿No te parece que es una medida muy

drástica?


-Cuando se trabaja con animales no se puede ser sentimental. Puede que los quiera mucho, pero no soy estúpido. Tienen que saber quién es el que manda, quién lleva aquí la voz cantante.


-Neeco, esto no es para mí. Ya le he dicho a todo el mundo que los animales me dan miedo, pero nadie me hace caso.


-Acabarás por superarlo. Sólo necesitas pasar algún tiempo con ellos. No les gustan las personas ni los ruidos inesperados, así que tienen que verte venir. -Le quitó el pincho de la mano y le dio la picana a cambio. -Si te ven con ella te respetarán más. Los pequeños son fáciles de controlar; un par de descargas rápidas si no te hacen caso y listo. Cuando uses el pincho, apunta detrás de las orejas, es donde más les molesta.


Ella sintió como si estuviera siendo obligada a sujetar algo obsceno. Miró a los elefantitos y vio que Tater le devolvía la mirada. El animal observó la picana y, aunque tal vez fuera cosa de su imaginación, Dani pensó que parecía decepcionado.


Cuando Neeco se marchó, ella se acercó a los animalitos tosiendo para no sorprenderlos. Ellos levantaron la cabeza y se removieron inquietos al ver lo que llevaba en la mano. Bam abrió la boca y emitió un fuerte barrito de tristeza.


Debían de estar acostumbrados a que les dieran descargas eléctricas. Dani pensó lo mucho que comenzaba a desagradarle Neeco Martin. Más que incrementar la confianza en sí misma, la picana hacía que se sintiera incómoda. No importaba lo mucho que le asustaran los animales, jamás podría hacerles daño, así que dejó el artilugio detrás de una bala de heno.


Miró con anhelo la caravana de Kevin Sólo tres días antes la había considerado repugnante, pero ahora le parecía el lugar más acogedor del mundo. Se recordó a sí misma que si había podido limpiar el remolque, también podía sobrevivir a eso.


Se acercó a las bestias de nuevo, esta vez sin la picana. Ellos la observaron durante un momento. Satisfechos de que ella ya no supusiera una amenaza, se dedicaron a remover el heno.


Todos salvo Tater. ¿Sería cosa de su imaginación o él le estaba realmente sonriendo? ¿Y no tenía esa sonrisa cierto toque diabólico?


-Elefantes bonitos. Elefantitos b-bonitos -canturreó ella. - Dani

es buena. Dani es muuuuuy buena.


Pebbies y Bam levantaron la cabeza y se miraron el uno al otro, y ella hubiera jurado que incluso habían puesto los ojos en blanco. Tater, mientras tanto, levantó un fardo de heno y lo dejó caer sobre su lomo. Aunque los demás elefantes continuaron observándola, Tater no estaba molesto por la presencia de la joven. Parecía el más sociable de todos.


El animal dejó caer otro fardo de heno sobre su lomo. Dani se acercó unos pasos más, hasta que sólo hubo tres metros entre ellos. Tater comenzó a resollar en la paja.


-Tater bonito. Tater es un elefantito muy bonito. -Se acercó a él unos centímetros más, susurrándole tonterías como si fuera un bebé de verdad. -Niño bonito. Sé bueno. -Comenzó a temblarle la voz. -Tater tiene que ser más educado. -Estaba tan cerca que podía palmearle la trompa, y Dani sintió la piel húmeda y pegajosa por el sudor. -A Tater le gusta Dani. Dani es amiga de

Tater. -Alargó la mano lentamente, obligándose a hacerlo centímetro a centímetro, diciéndose a sí misma que los elefantes no comían personas, tan sólo... «¡Zas!»


El elefantito le plantó la trompa en el pecho y la tiró al suelo. La joven cayó con tal fuerza que vio las estrellas. El dolor le subió por el costado izquierdo. La vista se le aclaró justo a tiempo de observar cómo el elefante levantaba la trompa y emitía un grito de inequívoca victoria.


Dani se quedó allí sentada, demasiado deprimida para levantarse. Las florecitas de las sandalias centelleaban como estrellas plateadas ante sus ojos. Levantó la cabeza y vio que Bathsheba Quest la miraba desde detrás de unas gafas de sol.


Sheba llevaba un ceñido top blanco, unos pantalones cortos a juego y un cinturón de color lavanda. Cargaba sobre la cadera a un bebé de pelo oscuro, un niño que Dani recordaba haber visto con uno de los hermanos Tolea y su mujer. Sheba bajó la mirada hacia ella, luego se colocó las gafas de sol en la coronilla, retirándose el pelo lo suficiente para dejar a la vista unos pendientes púrpura con brillantes en forma de estrellas.


Dani esperaba ver una expresión de triunfo en los ojos de Sheba, pero sólo vio satisfacción. Se dio cuenta de que estaba tan hundida que la mujer ni siquiera la consideraba una amenaza.


-¿De dónde demonios te ha sacado Kevin?


Negando con la cabeza, Sheba pasó por encima de los pies de Dani, para acercarse a Tater y acariciarle la


-Eres un pequeño demonio, ¿verdad, colega? ¿A que es un diablillo, Theo? -dijo Sheba, cogiendo el pie del niño.


Dani había sido derrotada por todos y ya no pudo soportarlo más. En lo que a ella concernía, el trabajo había terminado por ese día, y había sobrevivido a duras penas. Se puso en pie y se dirigió a la caravana. En ese momento vio a Kevin. Demasiado cansada para volver a enfrentarse a él, se dio la vuelta y comenzó a deambular por el recinto del circo.


Se cruzó con dos de las animadoras, pero le dieron la espalda. Uno de los payasos fingió no verla. Dani necesitaba con urgencia un cigarrillo.


Dio un respingo cuando un potente chillido surcó el aire. La joven giró la cabeza con rapidez y vio a Frankie cerca de uno de los camiones de la mano de Jill. La señaló y chilló de nuevo. Jill lo cogió en brazos y, sin dirigirle la palabra a Dani, se alejó.


Dani se sintió fatal. El mensaje era claro. La habían declarado una paria.


Siguió caminando hasta que se encontró delante de la casa de fieras. La puerta de lona estaba levantada y todos los animales estaban dentro menos Sinjun, cuya jaula aún se encontraba a pleno sol. El animal bajó las orejas cuando ella se acercó, y la miró con desdén. La noche anterior había estado demasiado oscuro para ver en qué condiciones se encontraba la jaula, pero ahora podía ver lo sucia que estaba. Digger era quien se encardaba de cuidar a los animales, pero estaba claro que éstos ocupaban el último lugar en su lista de tareas.



El tigre clavó los ojos en ella y Dani no pudo apartar la mirada de él. La noche anterior el pelaje a rayas parecía brillar bajo los reflectores, pero ahora el animal parecía flaco y sucio. La joven miró fijamente aquellos misteriosos iris dorados y, al cabo de unos segundos, se sintió muy sofocada.

 

El sudor le cubría el hueco de la garganta y los brazos. Tenía la cara congestionada y los pechos mojados. Nunca había sentido tantísimo calor. Quiso desnudarse por completo y meterse en una piscina de agua helada. Tenía un calor insoportable. Sabía que el ardor no provenía de ella sino del tigre.

 

-Aquí estás.

 

Dani volvió la cabeza y vio que Kevin se acercaba a ella. La miró de arriba abajo y se quedó helada bajo el impacto de esos ojos fríos e impersonales.

 

-Aún te queda algo de tiempo libre antes de la función -dijo. -

¿Por qué no vas a ducharte y luego cenamos algo?

-¿La función?

 

-Ya sabes que es parte de tu trabajo.

 

-Pero no esta noche. Es imposible que pueda hacer nada esta noche. ¡Mírame!

 

 

Holaaaaa chikaaaaaaaas regreseeeeeeee !!!!!!!

comoo estaaan!!!!!!!!!! espero k suupr bieeen!!! buenoo yo aki con la otra parte del cap!

espero y les guste!!! comenten muuchooo!1

un favorr!!!

podrian recomendar la novel¿???

graciaas!!

buenoooooo ya al fin estoy mejor!!! ya recuperadita de k me sacaron mis molares..... auuch .. :(

buenooo espero pasarme pronto x sus novels las kieroo!

mmm y una cosaaaa

les gustaria adelantoos????

me avisan!

buenoo las dejo byee :)

 

Adri :)

CAPITULO 8 PARTE 1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

 

 

Princesas hermosas

como estan espero y bien,  como ya Habia mensionado adri

esta enfermita le operaron el tercer molar asi que debe tener reposo asi que una vez mas  subire bueno sin mas que decir  pero y les guste este cap que con anticipacion prepare para ustedes.

CAPITULO 8 PARTE 1


Aquí tienes la pala -dijo el hombre que se ocupaba de los elefantes. -Ahí está la carretilla. Y ahí el camión con el estiércol.

Digger, que era quien se encargaba de los animales de Neeco Martin, el domador, le dio una pala y se alejó cojeando. Era un hombre mayor que padecía artritis; tenía el rostro arrugado y los labios hundidos por la falta de dientes. Digger era ahora el jefe de Dani.

Dani miró la pala. Ése era su castigo. Se había imaginado que Kev la mantendría confinada en la caravana, que utilizaría aquel lugar como una celda ambulante, pero debería haber sabido que él no se conformaría con algo tan sencillo.

La noche anterior Dani había llorado en el sofá hasta quedarse dormida. No tenía ni idea de si Kev había dormido en la caravana ni de si había regresado. Por lo que ella sabía, hasta podía haber pasado la noche en compañía de una de las showgirls. La invadió la tristeza. Kev apenas le había hablado esa mañana salvo para decirle que tendría que trabajar para Digger y que no debía abandonar el recinto sin su permiso.

Desvió la mirada desde la pala que sostenía en la mano al interior del camión. Los elefantes ya habían bajado del remolque a través de unas anchas puertas correderas situadas en el centro de éste, justo encima de la rampa. A Dani se le puso un nudo en el estómago y una oleada de intranquilidad hizo que le subiera la bilis a la garganta. Había mucho estiércol. Muchísimo. En algunas partes la paja estaba casi limpia. En otras había sido aplastada por las gigantescas patas de los paquidermos.

Y aquel olor...

Dani volvió la cabeza y aspiró aire fresco. Su marido creía que era una ladrona y una mentirosa y, como castigo, la obligaba a trabajar con los elefantes a pesar de que ella le había dicho que los animales le daban miedo. Volvió a mirar hacia dentro del camión.

Adiós a su modelito de Mary McFadden.

Dani se sintió derrotada y, justo en ese momento, supo que había fallado. No podría hacerlo. Otras personas parecían tener una fortaleza a la que recurrir en tiempos de crisis, pero Dani no. Era débil y no hacía nada a derechas. Todo lo que su padre y Kev habían dicho de ella era verdad. Sólo servía para charlar en las fiestas y eso no le valía de nada en este mundo. Con el sol cayendo a plomo sobre su cabeza, rebuscó en su interior, pero no encontró ni un ápice de coraje. Se dio por vencida. Tiró la pala sobre la rampa.

-¿Ya te has dado por vencida?

Dani bajó la mirada. Kev estaba al pie de la rampa. Ella asintió lentamente con la cabeza.

Él le sostuvo la mirada con las manos apoyadas en las caderas cubiertas por unos vaqueros descoloridos. -Los hombres han hecho apuestas sobre si harías o no el trabajo.

-¿Y qué has apostado tú? -La voz de Dani apenas era un susurro y a él le sonó como un graznido.

-No estás preparada para recoger mierda, cara de ángel. Cualquiera puede verlo. Pero, y sólo para que conste en acta, no he apostado nada.

No era por lealtad hacia ella, de eso estaba segura, lo habría hecho para mantener su reputación como jefe. Lo miró con una distante curiosidad.

-Has sabido todo el tiempo que no podría hacerlo, ¿verdad?

-Sí, lo sabía -dijo Kev, asintiendo lentamente con la cabeza.

-Entonces, ¿por qué me has hecho pasar por esto?

-Eras tú la que tenía que entender que no podías soportarlo. Pero has tardado demasiado tiempo en darle cuenta, Dani. Intenté decirle a Max que no ibas a sobrevivir aquí más que una bola de nieve en el infierno, pero no quiso escucharme. -La voz de Kev se volvió casi suave y, por alguna razón desconocida, a ella le molestó más aquello que el anterior desprecio de su marido. -Vuelve a la caravana, Dani, y cámbiate de ropa. Te pagaré un billete de avión.

«¿Adonde iré?», se preguntó. No tenía ningún lugar al que ir. Oyó el rugido de Sinjun y miró hacia su jaula, pero el camión del agua le bloqueaba la vista.

-Te daré dinero para que puedas mantenerte hasta que encuentres trabajo.

-Eso es lo que te pedí en la limusina y no aceptaste. ¿Por qué lo haces ahora?

-Le prometí a tu padre que te daría una oportunidad. He mantenido mi palabra.

Dicho lo cual, él se dio la vuelta para dirigirse a la caravana, seguro de que ella lo seguiría. Esa arrogante seguridad atravesó el dolor de Dani y lo transformó en un ramalazo de ira, tan extraña en su tranquila naturaleza que la joven apenas reconoció lo que era. Él estaba tan convencido de su derrota que ni siquiera dudaba del hecho de que fuera a rendirse.

«¿Iba a rendirse?»

Miró a la pala tirada sobre la rampa. Tenía abono seco pegado al mango y a la paleta, lo que atraía a un enjambre de moscas. Mientras la miraba, se dio cuenta de que esa pala, sucia, era como todas las malas decisiones que había tomado en su vida.

Con un sollozo entrecortado la recogió con rapidez y se metió dentro del remolque. Contuvo la respiración y deslizó la pala bajo el montón de paja más próximo, recogió una paletada y con brazos temblorosos la llevó hasta la carretilla. Los pulmones le ardieron por el esfuerzo. Aspiró aire fresco y casi se atragantó con aquel pestilente olor. Sin darse tiempo para pensar, fue a por el siguiente montón y luego por el siguiente. Comenzaron a dolerle los brazos, pero no se detuvo.

Las botas de Kev resonaron pesadamente en la rampa.

-Para, Dani, y sal de ahí ya. Ella tragó saliva intentando desatascar el nudo de su garganta.

-Vete.

-No podrás sobrevivir aquí. Tu obstinación sólo pospondrá lo inevitable.

-Es posible que tengas razón. -Perdió la batalla por contener las lágrimas y éstas se le deslizaron por las mejillas. Sorbió por la nariz, pero no dejó de trabajar.

-Lo único que estás consiguiendo con esto es convencerme de lo tonta que eres.

-No estoy intentando convencerte de nada y, francamente, ya no quiero hablar más. -Con un trémulo sollozo, levantó otro pesado montón y, sin apenas fuerzas, consiguió llevarlo hasta la carretilla.

-¿Estás llorando?

-Vete.

Él entró y se puso delante de ella.

-Sí, estás llorando.

-Perdona, pero me estás interrumpiendo -dijo Dani con voz trémula.

Él trató de quitarle la pala, pero ella la apartó a un lado antes de que pudiera cogerla. Un arranque de cólera alimentado por la adrenalina le dio la fuerza suficiente para deslizar la pala bajo otro montón de paja y amenazar con arrojárselo.

-¡Vete! ¡Lo digo en serio, Kev! Si no me dejas en paz te lo echaré encima.

-No te atreverás.

A Dani le temblaban los brazos y las lágrimas le caían desde la barbilla a la camiseta, pero sostuvo la mirada de Kev sin rendirse.

-No deberías desafiar a alguien que no tiene nada que perder.

Kev se quedó inmóvil por un momento. Luego meneó lentamente la cabeza y retrocedió.

-De acuerdo, pero sólo lo estás haciendo más difícil para ti.

La joven tardó dos horas en limpiar el remolque. Bajar la pesada carretilla por la rampa fue lo más difícil. Se le volcó la primera vez que lo intentó y tuvo que recogerlo todo de nuevo. Había seguido llorando todo el tiempo, pero no se detuvo.

 

De vez en cuando levantaba la cabeza y veía a Kev, que la observaba con esos ojos dorados, pero lo ignoró. Los hombros y los brazos le dolían demasiado, pero apretó los dientes y se obligó a seguir.

Cuando terminó de limpiar con la manguera el interior del camión, la camiseta y los vaqueros que Kev le había comprado dos días antes estaban cubiertos por una capa de porquería que parecía formar parte de ellos. Tenía el pelo alborotado alrededor de la cara y se le habían roto las uñas. Examinó el trabajo intentando sentir orgullo por lo bien que lo había hecho, pero lo único que sintió fue un cansancio mortal.

Se apoyó en la puerta del camión. Desde aquella ventajosa posición, en lo alto de la rampa, podía ver a los elefantes encadenados cerca de la carretera para anunciar que el circo estaba allí.

-Baje, señorita -dijo Digger. -El día no ha terminado todavía.

Dani bajó por la pendiente cojeando sin apartar la vista de los elefantitos que estaban, sin atar, a unos quince metros.

Digger los llamó por señas.

-Hay que llevarlos a abrevar. Use esto para empujarlos, cláveselo en los costados. -Le señaló un palo de casi dos metros con un pincho en el extremo, luego se acercó a los pequeños elefantes (que debían de pesar cerca de una tonelada cada uno). Combinando las órdenes y la voz con unos ligeros golpecitos del pincho, Digger los hizo ponerse en movimiento hacia un tanque lleno de agua. Dani se mantuvo tan alejada de ellos como le fue posible, con el corazón latiéndole con fuerza por el miedo.

El hombre volvió la mirada hacia ella.

-Así es como debe hacerlo.

Dani se acercó poco a poco, diciéndose a sí misma que, a pesar de su tamaño, aquellas bestias eran sólo unos bebés. Al menos no eran unos desagradables perritos.

Observó que algunos bebían directamente de la artesa, mientras que otros aspiraban el agua con la trompa y luego se la llevaban a la boca. Digger notó que ella se mantenía apartada.

-No le darán miedo, ¿verdad, señorita?

-Por favor, tutéame.

-No debes dejar nunca que los animales perciban tu miedo.

-Eso me ha dicho todo el mundo.

-Tienes que demostrarles quién es el jefe. Enseñarles que eres tú la que manda.

Él golpeó a uno de los animales, haciendo que se echara a un lado para que pudieran pasar los demás. Desde lo alto de las gradas, durante el espectáculo, Dani había encontrado preciosos a los elefantitos, con esas orejas blanditas, aquellos encantadores rabitos y las expresiones solemnes, pero ahora le daban muchísimo miedo.

Dani había visto cómo manejaba Neeco Martin a los adultos (los machos, se recordó a sí misma, aunque hubiera jurado que todas eran hembras). Hizo una mueca cuando Digger golpeó con fuerza a uno de ellos. Puede que ella no fuera amante de los animales, pero al ver aquello se revolvió por dentro. Los elefantes no habían nacido para vivir en un circo y nadie debería tratarlos tan brutalmente por no seguir las reglas de los hombres, en especial cuando dichas reglas iban contra sus instintos.

-Tengo que ayudar a Neeco a pasear a los elefantes -dijo Digger. -Encárgate de llevar a los elefantitos hasta la estaca. Iré dentro de unos minutos para ayudarte a atarlos.

-¡Oh, no! No, no creo que... -Aquel de allí es Puddin. Ése es Tater. El del fondo es Pebbies y este de aquí es Bam Bam, lo llamamos Bam para abreviar. Dale ahora a Pebbies con el pincho. Tienes que enseñarle modales. -Le ofreció el pincho a Dani y se alejó.

Dani miró con consternación aquella arma del diablo. Bam abrió la boca, Dani no supo si lo hacía para bostezar o para pegarle un bocado, y se echó hacia atrás. Dos de los elefantes metieron la trompa en el abrevadero.

«Ahora sí que me voy a rendir», pensó ella. Había conseguido limpiar el camión, pero no lograría acercarse a los elefantes. Había alcanzado su límite.

A lo lejos vio a Kev observándola, vigilándola como un buitre acecha a su presa antes de saltar sobre ella.

Ella se estremeció y dio un paso indeciso hacia los elefantitos.

-Eh... venga, amiguitos. -Temblorosamente señaló la estaca con el pincho.

Bam (o quizá fuera Pebbies) levantó la cabeza y le lanzó una mirada de desdén.

Ella se acercó con inquietud.

-Por favor, no me deis más problemas. Ha sido un día terrible.

Tater levantó la trompa de la artesa y giró la cabeza hacia ella. A continuación Dani recibió un chorro de agua fría en la cara.

-¡Aaah! -Gritó dando un salto atrás.

Tater salió disparado aunque, por supuesto no hacia la estaca, sino hacía los remolques.

-¡Vuelve! -gritó ella, frotándose la cara. -¡No hagas eso! ¡Por favor, vuelve!

Neeco se acercó corriendo con una larga barra metálica con un aguijón en forma de U en el extremo. Lo dirigió hacia Tater, escogiendo un punto detrás de la oreja. El elefante dio un fuerte chillido de dolor; se detuvo en seco y se giró inmediatamente hacia la estaca. Los demás elefantes lo siguieron con rapidez.

Dani miró a los animales antes de volverse hacia Neeco.

-¿Qué le has hecho?

Él se pasó la barra metálica de una mano a otra y se apartó el largo cabello rubio de la cara.

-Es una picana. Lanza descargas eléctricas. No la uso a menos que sea necesario, pero ellos saben que la utilizaré si no se comportan correctamente.


espero y les a ya gustado mucho el cap y mil gracias x sus comentarios tan lindos mil gracias chicas y mil gracias x permitirme ser su amiga bueno cuidense mucho

CAPITULO 7 PARTE 1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

Princesas hermosas

como estan espero y bien. Bueno pricnessas

aqui esta el Maraton del episodio 7 espero  y lo disfuten y ya saben lo prometido es deuda bueno ya no las entengo mas =) y que lo disfruten

CAPÍTULO 07 PARTE 1
Mientras Sheba comprobaba la recaudación y hojeaba un montón de periódicos en la oficina, Dani vendió las entradas de la segunda función. Lo hizo de una manera mecánica, sonriéndoles a los clientes automáticamente, pero, aunque habló sin parar, sólo podía pensar en el apasionado beso que había compartido con Kev y apenas prestó atención a lo que la gente decía. Se derretía ante el recuerdo, pero al mismo tiempo se sentía avergonzada. No debería haberse entregado a Kev con tal abandono cuando él no sentía ningún respeto por su matrimonio.

En cuanto dejó de sonar la música de la presentación del espectáculo, Sheba abandonó el vagón rojo sin decir ni una palabra y Dani cerró la taquilla. Se encontraba contando el efectivo del cajón de la recaudación cuando apareció Beatriz. Llevaba puesto un maillot de lentejuelas doradas; el recargado maquillaje hacía que pareciera mayor de lo que era. Cinco aros rojos le colgaban de la muñeca como si fueran pulseras gigantescas y Dani se preguntó si iría a algún lugar sin ellos.

-¿Has visto a Sheba?

-Se fue hace unos minutos.

Beatriz miró a ambos lados para cerciorarse de que estaban solas.

-¿Me das un cigarrillo?

-Me fumé el último esta mañana. Es un vicio horrible y además caro. Te arrepentirás de engancharte a él, Beatriz.

-Aún no lo he hecho. Fumo sólo por distraerme. -Beatriz se paseó por la oficina, tocando el escritorio, la parte superior del archivador, hojeando el calendario de la pared.

-¿Sabe tu padre que fumas?

-¿Acaso vas a decírselo?

-No he dicho eso.

-Pues hazlo si quieres -repuso en tono agresivo. -De todos modos volverá a enviarme con la tía Terry.

-¿Vives con ella?

-Sí. Pero tiene cuatro niños y la única razón por la que está dispuesta a acogerme es el dinero que le envía papá. Además, así tiene una canguro gratis para el bebé. Mi madre no podía ni verla -su expresión se volvió amarga, -pero mi padre sólo quiere deshacerse de mí.

-No creo que sea así.

-Y tú qué sabes. A él sólo le importan mis hermanos. Sheba dice que no es culpa mía, sino que Brady no sabe cómo tratar a las mujeres con las que no se puede acostar, pero sé que lo dice para que me sienta mejor. Creo que sí fuera buena con los malabarismos, él dejaría que me quedara.

Ahora comprendía Dani y por qué Beatriz siempre llevaba los aros consigo. Estaba tratando de ganarse el afecto de su padre. Dani lo sabía todo sobre cómo intentar complacer a un padre y lo lamentó por esa jovencita con cara de duende y boca sucia.

-¿Has hablado con él? Quizá si supiera cómo te sientes no te haría volver con tus tíos.

Ella puso su cara de chica dura.

-Como si fuera a importarle. Y mira quién va a darme consejos. Todo el mundo habla de ti. Dicen que Kev se casó contigo porque estás embarazada.

-Eso no es cierto. -repuso Dani, pero antes de que pudiera añadir nada más, sonó el teléfono y se volvió para contestar. -Circo de los Hermanos Quest...

-Con Kev Markov, por favor -dijo una voz masculina.

-Lo siento, en este momento no está aquí.

-¿Podría decirle que lo llamó Jacob Salomón? Ya tiene mi número. Y dígale también que el doctor Theobald está intentando ponerse en contacto con él.

-Le daré el recado. -Colgó y se preguntó quiénes serían esas personas mientras anotaba el mensaje para Kev. Había demasiadas cosas sobre él que no sabía y tío parecía que se las fuera a contar.

Beatriz se había ido mientras hablaba por teléfono. Con un suspiro, cerró con llave el cajón de la recaudación, apagó las luces y salió de la caravana.

Los trabajadores ya habían desmantelado la casa de fieras y Dani pensó en el tigre. Se encaminó hacia el lugar donde estaba situada la jaula, dejándose llevar hacia allí como si no tuviera ningún control sobre su destino.

La jaula estaba situada sobre una pequeña plataforma a un metro de altura. La luz de los reflectores iluminaba el interior. A Dani le latía con fuerza el corazón mientras se acercaba lentamente. Sinjun se levantó y se giró hacia ella.

La joven se quedó paralizada ante el impacto de esos ojos dorados. La mirada del tigre era hipnótica, directa, sin parpadeos. Sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda y cómo se ahogaba en los ojos dorados del animal.

«El destino.»

La palabra atravesó la mente de Dani como si no fuera ella quien la hubiera puesto allí, sino el tigre. «El destino.»

No fue consciente de lo mucho que se había acercado a la jaula hasta que percibió el olor almizcleño del animal, un aroma que debería de haber sido desagradable pero que, sin embargo, no lo era. Se detuvo a menos de un metro de los barrotes y se quedó inmóvil. Los segundos dieron paso a los minutos y Dani perdió la noción del tiempo.

«El destino.» La palabra volvió a resonar en la mente de la joven.

El tigre era un macho enorme, tenía las patas gigantescas y una marca blanca en la parte inferior del cuello. Dani comenzó a temblar cuando el aplastó las orejas dejando a la vista las ovaladas marcas blancas de estas; de alguna manera ella supo que aquel era un gesto de amistad. El tigre desplegó los bigotes y le ensenó los dientes. El sudor se deslizó entre los pechos de Dani cuando el animal emitió un rugido; el sonido diabólico de una película de terror.

No pudo apartar la vista del tigre, aunque supo que era eso lo que él quería. El animal le lanzaba una mirada de desafío: ella debía apartar la vista primero. Y Dani quería hacerlo -no era su intención desafiar al tigre, -pero se había quedado paralizada.

Los barrotes parecieron desvanecerse entre ellos y ella sintió como si no tuviera ninguna protección ante él. El tigre podía abrirle la garganta de un zarpazo, pero aun así, Dani no podía moverse. Miró directamente a los ojos del animal y sintió como si éste le leyera el alma. Pasó el tiempo. Los minutos. Las horas. Los años. Con ojos que no parecían suyos, Dani vio sus propias debilidades y defectos; los miedos que la mantenían prisionera. Se vio en su privilegiada vida, doblegándose ante voluntades más fuertes que la suya, asustada de enfrentarse a cualquiera, intentando complacer a todo el mundo menos a sí misma. Los ojos del tigre le revelaron todo lo que quería mantener oculto.

Y luego parpadeó.

El tigre.

No ella.

Dani observó con asombro cómo desaparecían las marcas blancas de las orejas. El animal estiró su enorme cuerpo y se dejó caer sobre el suelo de la jaula, desde donde la miró con gravedad y le dio su veredicto:

«Eres débil y cobarde.»

Dani comprendió la verdad que le dictaban los ojos del tigre, y la sensación de victoria por haber sido capaz de sostenerte la mirada se evaporó dejándole las piernas débiles y flojas. La joven se hundió en la hierba, donde se sentó en silencio y se abrazó las rodillas, observando al animal sin miedo, aunque con cierto recelo.

Oyó la música que anunciaba el fin del espectáculo, las voces de los trabajadores que iban de un lado para otro del recinto y los sonidos habituales mientras recogían los puestos. Casi no había dormido la noche anterior y se fue adormeciendo poco a poco. Se le cayeron los párpados, pero no llegó a cerrarlos por completo. Apoyó la mejilla en las rodillas y continuó observando al tigre con los ojos entrecerrados mientras él le sostenía la mirada.

Estaban solos en el mundo; dos almas perdidas. Dani percibió cada latido. El aire le llenaba los pulmones y el miedo se evaporó lentamente. Experimentó un profundo sentimiento de paz. El alma de la joven se unió a la del animal y se convirtieron en uno solo; en ese momento podría haber sido la comida y el sustento del animal, porque no existía ninguna barrera entre ellos.

Y entonces, más rápidamente de lo que hubiera podido imaginar, la paz se rompió y se sintió golpeada por una explosión de dolor que la hizo gemir. En el fondo de su mente supo que ese dolor provenía del tigre, no de ella, pero eso no hizo que le doliera menos.

«Santo Dios.» Se agarró el estómago y se dobló sobre sí misma. ¿Qué le estaba ocurriendo? «¡Dios mío, haz que se detenga!» No podía soportarlo.

Cayó de bruces en el suelo y en ese momento supo que iba a morir.

Tan bruscamente como había empezado, el dolor desapareció. Respiró hondo y se puso de rodillas temblando.

Los ojos del tigre ardieron de furia contenida. «Ahora sabes cómo se siente un cautivo.»

Kev estaba furioso. Miró a Sheba Quest y, después, el látigo que él tenía enroscado en el puño. La noche del sábado era el día de cobro de los empleados y algunos ya estaban borrachos, así que llevaba el látigo como medida disuasoria. Sin embargo, no eran los trabajadores los que le molestaban.

-¡A mí no me roba nadie! -declaró Sheba, -y Dani no va a librarse de ésta porque sea tu esposa. -El tono bajo y firme acentuaba la rabia contenida de la dueña del circo. El pelo rojo lanzaba destellos de fuego sobre su espalda y le chispeaban los ojos.

La promesa que Kev le había hecho a Owen en el lecho de muerte hacía que tuviera constantes enfrentamientos con su viuda. Sheba Quest era su patrona y estaba resuelta a presionarlo tanto como le fuera posible. Pero él estaba decidido a respetar los deseos de Owen. Era un compromiso que no satisfacía a ninguno de los dos y era inevitable que entre ellos surgiera una guerra abierta.

-No tienes ninguna prueba de que Dani cogiera el dinero.

Mientras lo decía, Kev se sintió furioso consigo mismo por intentar defenderla. No había más sospechosos.

No le sorprendería que su esposa hubiera cogido dinero -ella habría pensado que se lo merecía, -pero no había esperado que robara en el circo. Eso sólo demostraba que su libido había nublado su buen juicio.

-Es cierto -respectó ella. -Comprobé la recaudación después de que se fuera. Acéptalo, Kev, tu mujer es una ladrona.

-No quiero que la, acuses antes de que hable con ella -dijo él con terquedad.

-El dinero ha desaparecido, ¿no es cierto? Y Dani estaba a cargo de él. Si ella no lo ha robado, ¿por qué se ha esfumado?

-La buscaré y le preguntaré.

-Quiero que la detengan, Kev. Me robó, y en cuanto la encuentres llamaré a la policía.

Él se detuvo al instante.

-Nunca llamamos a la policía. Lo sabes tan bien como cualquiera. Si es culpable yo me encargaré de ella igual que me encargaría de cualquier otra persona que hubiera infringido la ley del circo.

-La última persona de la que te encargaste fue aquel conductor que vendía drogas a los trabajadores. Lo dejaste hecho una piltrafa cuando acabaste con él. ¿Piensas hacer lo mismo con Dani?

-¡Ya está bien!

-Eres un gilipollas, ¿sabes? No vas a poder proteger a tu estúpida mujercita. Quiero recuperar hasta el último centavo y luego quiero que la castigues. Y si no lo haces a mi entera satisfacción, me aseguraré de que todo el peso de la ley caiga sobre ella.

-Te he dicho que me encargaré de ella.

-Ya veo cómo lo haces.

Sheba era la mujer más dura que conocía. La miró directamente a los ojos.

-Dani no tiene nada que ver con lo que pasó entre nosotros. No la utilices para vengarte de mí.

Kev vio en los ojos de Sheba un destello de vulnerabilidad que rara vez exhibía, pero desapareció con la misma rapidez que apareció.

-Odio desinflar ese precioso ego tuyo, pero veo que aún no te has dado cuenta de que ya no me interesas en absoluto.

Se marchó airada y, mientras la observaba alejarse, Kev supo que mentía.

Los dos compartían una historia larga y complicada que se remontaba al verano en que él tenía dieciséis años y pasaba las vacaciones viajando con el circo de los Hermanos Quest, y escuchando el punto de vista de Owen sobre los hombres y las mujeres. Los trapecistas Cardoza también estaban en la gira de aquel verano y Kev se enamoró perdidamente de la reina de la pista central, que por aquel entonces tenía veintiún años.

Se pasaba las noches soñando con su elegancia, su belleza, sus pechos. Las chicas que había conocido hasta ese momento le parecían niñas comparadas con la deliciosa e inalcanzable Sheba Cardoza. Además de desearla, sentía cierta afinidad con ella porque ambos buscaban la perfección en su trabajo. Percibía en Sheba una voluntad similar a la suya.

Pero Sheba también poseía una vena egocéntrica que su padre había alimentado y que Kev  nunca había tenido. Sam Cardoza le había hecho creer a Sheba que era mejor que los demás. Sin embargo, la trapecista también tenía un lado más suave y maternal y, aunque en aquel tiempo era muy joven, se comportaba como una gallina clueca con los demás miembros de la compañía, les regañaba cuando se portaban mal, llenaba sus estómagos con espaguetis y les aconsejaba en amores.

Incluso a los veintiún años le gustaba jugar a ser la gran matriarca y al poco tiempo también había incluido a Kev en el clan, apiadándose del huérfano de dieciséis años que la observaba con aquellos ojos tan ardientes. Se había encargado de que Kev tomara comidas sanas y le decía a Owen que lo mantuviera alejado de los trabajadores más pendencieros, ignorando el hecho de que Kev llevaba demasiados años de circo en circo para que nadie lo protegiera.

Pero no era eso lo que Kev quería de Sheba, que había acabado liándose con un trapecista mexicano que se llamaba Carlos Méndez. Al igual que Sheba, Carlos pertenecía a la última generación de una vieja familia del circo y había sido contratado por el padre de Sheba para que fuera el receptor de ésta en el trapecio.

Pero Sam Cardoza tenía algo mas en mente. Aunque la ascendencia circense de Carlos Méndez no era tan impresionante como la de ellos, a ojos de Sam era lo suficientemente aceptable para convertirse en el progenitor de la siguiente generación de trapecistas Cardoza, y Sheba había complacido a su padre enamorándose de Carlos.

Los celos habían carcomido a Kev. Su linaje circense era más impresionante que el de Méndez, pero Sheba sólo veía a un adolescente flaco y huesudo que sabía de caballos y tenía talento con los látigos. Ella le había contado sus planes para casarse con el elegante mexicano que Sam había contratado. Y que le permitiría poner a sus hijos el apellido Cardoza.

El verano llegó al final y Kev estaba a punto de regresar al colegio. Los Cardoza habían sido fichados por los Hermanos Ringling para hacer la gira de la temporada siguiente. Carlos se pavoneaba como un gallo arrogante, aunque por otro lado carecía de materia gris, y el día que Kev se marchaba, Sheba entró inesperadamente en la caravana de Carlos y se lo encontró desnudando a una de las equilibristas.

Kev jamás olvidaría esa noche. Cuando terminó la función se encontró a Sheba esperándolo. No había llorado y parecía muy calmada.

-Ven conmigo.

A él ni se le ocurrió desobedecerla. Sheba lo llevó al borde del recinto, donde se introdujeron en un pequeño espacio oscuro entre dos caravanas. El corazón de Kev comenzó a latir con fuerza ante los sombríos y clandestinos propósitos de Sheba mientras se perdía en el olor almizcleño de su perfume.

La trapecista lo había mirado profundamente a los ojos. Sin decir ni una sola palabra se abrió la blusa y la dejó caer por los brazos. Aquellos pechos plenos, de redondos pezones oscuros brillaron como nieve bajo la luz de la luna que se colaba entre las caravanas. Sheba le cogió las manos y las puso sobre sus pechos.

Él se había imaginado algo como eso cientos de veces, pero las fantasías no le habían preparado para tocar realmente aquellos pechos y sentir esos redondos pezones bajo los dedos.

-Bésalos -dijo ella.

CAPÍTULO 07 PARTE 2

Los dedos de Sheba bajaron a la cremallera de Kev. Éste aspiró profundamente sobre la húmeda piel de sus senos. Cuando ella lo tomó entre sus manos, kev sintió que perdía el control y explotó con un ronco gemido.

Él se había estremecido de satisfacción y humillación. Sheba había presionado entonces sus labios contra los de él, ofreciéndole un beso largo y profundo. Luego se apartó y, aún con los pechos desnudos y húmedos por la lengua de Kev, se giró entre las caravanas.

Fue entonces cuando él se dio cuenta de que Carlos había estado allí todo el tiempo, observándolos.

El destello duro y triunfante en los ojos de Sheba le dijo a Kev que ella lo había sabido en todo momento y la sensación provocada por aquella traición fue tan devastadora que no pudo respirar. Él no le importaba. Sólo lo había utilizado para vengarse.

Mientras observaba a su antiguo amante, Sheba pareció olvidarse de que Kev existía.

-He contratado a un nuevo receptor -dijo ella con frialdad. -Estás despedido.

-No puedes despedirme -estalló Carlos. -Soy un Méndez.

-No eres nada. Incluso este chico es más hombre que tú.

Sheba volvió a darse la vuelta y selló los labios de Kev con un beso. A pesar de su lujuria, a pesar de la neblina de la traición, él sintió una chispa de fría admiración que lo asustó más de lo que lo había hecho nunca el látigo de su tío. Comprendía aquella cruel demostración de amor propio. Como Sheba, él jamás dejaría que alguien o algo amenazara lo que era, sin importar el precio que tuviera que pagar. A pesar de odiarla por haberlo utilizado como un peón, no pudo dejar de respetarla por ello.

Sheba pasó los siguientes dieciséis años como artista destacada en los grandes circos del mundo y no hizo otra gira con el circo de los Hermanos Quest hasta que su carrera comenzó a declinar. Para entonces, su padre ya había muerto y Sheba, soltera y sin hijos, se había convertido en la última Cardoza.

Owen le dio la bienvenida al circo de los Hermanos Quest y montó el espectáculo en torno a ella. Además, en sus infrecuentes conversaciones telefónicas con Kev, le reveló lo suficiente como para que éste dedujera que Owen estaba colado por ella.

Kev y Sheba se habían reencontrado hacía dos veranos y, de inmediato, se hizo evidente que había habido un cambio en el equilibrio de poderes entre ellos. A los treinta y dos años él estaba en la plenitud de su virilidad y no le quedaba nada por probar, mientras que los mejores años de Sheba como artista ya habían pasado. Kev conocía su propia valía y hacía mucho tiempo que había quedado atrás la baja autoestima que sentía en la adolescencia. Ella era hermosa, inquieta y, por razones que él no comprendió de inmediato, estaba soltera y sin hijos.

El fuego de la pasión crepitó con fuerza entre ellos, pero esta vez era ella la que lo buscaba a él. Kev no quería hacer daño a Owen y, al principio, ignoró las insinuaciones sexuales de Sheba. Sin embargo, pronto se hizo evidente que el dueño del circo estaba resignado a que los dos se liaran y, con su peculiar idiosincrasia, se sintió ofendido cuando Kev continuó desairando a la mujer que él valoraba por encima de todas las cosas.

Finalmente, Kev la dejó entrar en su cama. Ella era ágil y suave, carnal y apasionada, y él jamás había disfrutado tanto del sexo. Le gustaba que ella fuera dura y, también, no poder hacerle daño. Porque aunque la apreciaba, no la amaba.

-¿Por qué no te has casado? -le preguntó Kev una noche sentado a la mesa en la lujosa caravana de Sheba, donde ella se disponía a servirle la comida por segunda vez en el día. Los dos llevaban puestas las batas, la de ella tenía un exótico estampado que hacía que los brillos rojizos de su pelo parecieran todavía más intensos. -Siempre he pensado que querías tener hijos. Tu padre no esperaba otra cosa.

Ella le puso un plato de lasaña delante y se volvió a la cocina para coger el suyo. Pero no volvió a la mesa. Se quedó inmóvil mirando fijamente la comida que había preparado.

 

-Supongo que ambicioné demasiado. Ya sabes que hay cosas que no se pueden tener. Los mejores trapecistas nacemos con una habilidad especial y el hombre con el que me case tiene que provenir de una buena familia. No me casaré con cualquiera, y mucho menos sin amor. Amor y linaje. Es una buena combinación. -Llevó el plato a la mesa. -Mi padre solía decir que era mejor que los Cardoza se extinguieran antes que tener nietos sin sangre circense. -Se sentó y cogió el tenedor. -Bueno, hice mía esa máxima. Es preferible que los Cardoza se extingan a casarme con un perdedor hijo de puta al que no pueda respetar.

-Bien por ti.

Ella tomó un bocado de comida y volvió a dejar el tenedor en el plato. Después observó detenidamente a Kev, con un brillo provocador en los ojos.

-Los Markov son todavía más importantes que los Cardoza. Sam me dijo hace años que no debería haberte dejado escapar. Me reí de él porque por aquel entonces tú eras sólo un niño, pero ahora los cinco años que te llevo no significan nada. Somos los últimos de dos grandes dinastías circenses.

Divertido, él negó con la cabeza.

-Yo no tengo ninguna intención de perpetuar la dinastía Markov. Lo siento, cariño, pero tendrás que buscar esperma circense en otro lado.

Ella se rio, pinchó un rollito de lasaña y se lo llevó a la boca.

-Menos mal que no te quiero. Si lo hiciera estarías perdido.

Su ardiente relación siguió adelante, tan lujuriosa y apacible que él no prestó atención a la manera, cada vez más posesiva, con la que ella lo trataba o cómo, poco a poco, comenzó a considerarlo su igual.

-Somos almas gemelas -le dijo ella una noche, con la voz ronca por la emoción, -si fueras mujer, serías yo.

Sheba tenía razón, pero algo en el interior de Kev se rebeló ante la comparación. Admiraba a Sheba, pero había algo en ella que le repelía. Puede que porque se veía reflejado a sí mismo. Para impedir que dijera nada más, se acomodó entre las piernas femeninas y entró en ella con un duro envite.

A pesar de los sutiles cambios en el comportamiento de Sheba, él no estaba preparado para lo que sucedió tina tarde de aquel verano en el recinto a las afueras de Waycross, Georgia. Ese día ella le dijo que le amaba. Y cuando lo hizo, él se dio cuenta de que hablaba totalmente en serio.

-Lo siento -dijo él tan suavemente como pudo cuando ella terminó su declaración, -pero eso no va conmigo.

-Por supuesto que sí. Es el destino. Sheba se negó a escuchar cuando Kev le dijo que él nunca podría amar a nadie -que había perdido la capacidad de amar cuando era un niño maltratado- y el brillo en los ojos de la joven le dijo que para ella el rechazo no era más que un juego. Se empeñó en hacerle cambiar de opinión con la misma determinación que empleó antaño para conseguir el triple salto y, sólo cuando él estaba haciendo la maleta para marcharse después de su última actuación en el circo, comprendió que él no bromeaba. Kev jamás la había engañado. No la amaba. Y no iba a casarse con ella.

Cuando por fin asimiló aquel tajante rechazo, todo lo que Sheba creía sobre sí misma se hizo trizas y se volvió loca. Fue en ese momento cuando hizo lo inconcebible, lo que nunca le perdonaría. Fue cuando le rogó que no la dejara.

Kev era, sin duda, la única persona en el mundo que podía comprender la enormidad de lo que ella estaba destruyendo cuando lloró de rodillas ante él. Había doblegado su orgullo, lo que hacía que fuera quien era.

-Sheba, basta. Tienes que parar. -Intentó levantarla, pero ella se aferró a él y gritó con una desesperación tan desgarradora que él se llevaría ese sonido consigo a la tumba. En ese momento Kev pudo ver cómo el amor que Sheba sentía por él se convertía en odio.

Owen Quest, alertado por el ruido, había irrumpido, de repente, en la caravana y se había dado cuenta de lo que pasaba. Luego había mirado a Kev y le había señalado la puerta con la cabeza.

-Vete, yo me encargaré de todo.

Una semana después, Sheba se casó con Owen; un hombre que casi le doblaba la edad y que no le dio hijos, y Kev era el único que sabía por qué. Su rechazo la había herido en lo más profundo de su ser y sólo podía resurgir de sus cenizas uniéndose a alguien poderoso que la pusiera en un pedestal. Desde que su padre había muerto, ella había recurrido a Owen.

-¡Kev! -La voz asustada de Beatriz interrumpió sus perturbadores recuerdos. -¡He visto a Dani! Está delante de la jaula de Sinjun.

Sheba oyó lo que beatriz decía y alejándose de Jack Daily se dirigió a Kev:

-Yo me ocuparé de esto.

-No, lo haré yo. Es mi trabajo.

Mientras sus ojos se enfrentaban en una firme batalla de voluntades, él maldijo para sus adentros a Owen Quest por hacerlos pasar por eso. Sólo tras la muerte de Owen se había dado cuenta de cómo éste lo había manipulado con su habitual astucia. Había pensado que obligándolos a estar juntos, Kev y Sheba resolverían sus diferencias, se casarían y conservarían el circo de los Hermanos Quest. Owen nunca había conocido realmente la naturaleza de ellos dos. Y, por supuesto, Owen no había contado con que una raterilla llamada Dani Devreaux echara a perder sus planes.

CAPÍTULO 07 PARTE 3

Beatriz caminó al lado de Kev, frunciendo el ceño ton ansiedad.

-No ha sido mucho dinero. Sólo doscientos dólares. Él deslizó el brazo alrededor de los hombros de la joven y le dio un apretón.

-Quiero que te mantengas apartada de esto, Beatriz. ¿Me has comprendido?

Ella levantó la vista y lo miró con preocupación.

-No vas a darle latigazos, ¿verdad, Kev? Es lo que dijo mi hermano. Dijo que le ibas a dar latigazos.

Las voces espabilaron a Dani. Levantó la cabeza d las rodillas y se dio cuenta de que se había quedado dormida sentada en el suelo delante de la jaula de Sinjun. Mientras se desperezaba, recordó el dolor que había experimentado y la extraña sensación de afinidad con el tigre. Qué extraño. Debía haberlo soñado, aunque todo aquello le había parecido muy real.

Miró a la jaula. Sinjun había levantado la cabeza, había bajado las orejas y tenía las marcas blancas a la vista. Siguió la dirección de su mirada y vio que Kev se acercaba a ella, con Sheba y Beatriz a la zaga. Se puso de pie lentamente.

-¿Dónde está? -exigió Sheba.

-Yo me encargaré de esto -dijo Kev.

Dani sintió un atisbo de temor al ver la expresión fría y resuelta en la cara de su marido. Sinjun comenzó a pasearse intranquilo por la jaula.

-¿Encargarte de qué? ¿Qué ha pasado?

Sheba la miró con desprecio.

-No te molestes en hacerte la inocente. Sabemos que tú robaste el dinero, así que devuélvelo. ¿O ya lo has escondido en alguna parte?

Sinjun gruñó por lo bajo.

-No he escondido nada. ¿De qué estás hablando?

Kev se pasó el látigo enroscado de una mano a otra.

-Faltan doscientos dólares del cajón de la recaudación, Dani.

-Eso es imposible.

-Es cierto.

-Yo no los he cogido.

-Eso está por verse.

Dani no podía creer lo que estaba ocurriendo.

-No soy la única que estuve allí. Tal vez Pete vio algo. Fue quien me sustituyó cuando fui a probarme los maillots.

Sheba se acercó más.

-Te estás olvidando de que conté el dinero justo después de que volvieras a tu puesto. Estaba todo. Los doscientos dólares desaparecieron después de marcharme.

-Eso es imposible. Estuve allí todo el tiempo. No pudo haber desaparecido.

-Voy a registrarla, Kev. Quizás aún lo lleve encima.

-Ni se te ocurra tocarla-dijo Kev sin levantar la voz, pero la orden implícita en su respuesta era inconfundible.

-¿Pero qué pasa contigo? -exclamó Sheba. -¿Desde cuándo piensas con la polla?

-Ni una palabra más. -Él se volvió hacia Beatriz, que había estado observando el intercambio de voluntades. -Vete, cariño. Todo se habrá aclarado por la mañana.

Beatriz se fue a regañadientes, pero Dani vio que se acercaban otras personas: Neeco Martin, el domador de elefantes, con Jack Daily, y Brady, al que acompañaba una de las animadoras.

Kev también notó que estaban atrayendo a una multitud y se volvió hacia Dani.

-Si me das el dinero ahora evitaremos montar una escena.

-¡Yo no lo tengo!

-Entonces tendré que buscarlo, y comenzaré por registrarte.

-¡No!

La agarró del brazo y Sinjun emitió un rugido ensordecedor cuando Kev comenzó a arrastrarla hacia la caravana. Sheba se puso de inmediato a la izquierda de Kev, dejando claro que no pensaba dejarlos solos.

Por el rabillo del ojo, Dani vio las expresiones severas y serias de todos los que se habían reunido alrededor de la tarta de bodas la noche anterior. Jill estaba allí, pero ahora se negaba a mirar a Dani a los ojos. Madeline se dio la vuelta y Brady Pepper la fulminó con la mirada.

Cuando Kev le apretó el brazo, Dani sintió que una sensación de traición se extendía hasta lo más profundo de su alma.

-No sigas con esto. Sabes que jamás robaría nada.

-Pues no, en realidad no lo sé. -Habían llegado a la caravana y Kev se adelantó para abrir la puerta con la misma mano que sujetaba el látigo. -Entra.

-¿Cómo puedes hacerme esto?

-Es mi trabajo. -Con un empujón la hizo subir el último escalón.

Sheba los siguió a la caravana.

-Si eres inocente, no tienes nada que temer, ¿verdad?

-¡Soy inocente!

Él dejó el látigo en una silla.

-Entonces no te importará que te registre. -Dani desplazó la mirada del uno a otro y la fría intención que vio en los ojos de ambos hizo que se sintiera enferma. A pesar de que no se soportaban, los dos se habían aliado ahora en su contra.

Kev se acercó y Dani se echó hacia atrás y chocó contra el mostrador de la cocina, el mismo lugar donde sólo unas horas antes le había dado aquel apasionado beso.

-No puedo dejar que me hagas esto -dijo ella con desesperación. -Hicimos unos votos, Kev. No les des la espalda. -Ella sabía que eso la hacía parecer más culpable ante aquellos ojos acusadores, pero el matrimonio se basaba en la confianza y si él destruía eso, no tendrían ni la más mínima oportunidad.

-Esto no tiene nada que ver con eso.

Ella se deslizó junto al mostrador.

-No puedo dejar que me toques. ¡Por el amor de Dios, créeme! ¡No robé el dinero! ¡Nunca he robado nada en mi vida!

-Cállate, Dani. Sólo estás empeorando las cosas.

Se dio cuenta de que él no iba a ceder. Con el único propósito de asustarla, la atrapó contra la despensa. Ella lo miró horrorizada.

-No lo hagas -susurró. -Por favor. Te lo ruego. Por un momento él se quedó inmóvil. Luego le cacheó los costados. Mientras Sheba los observaba, le pasó las manos por las caderas, por la cintura, luego las movió hacia el estómago, la espalda, los pechos que él había tomado en sus manos tan sólo unas horas antes... Dani cerró los ojos cuando él le deslizó la mano entre sus piernas.

-Deberías haberme creído -susurró cuando él terminó.

Kev dio un paso atrás con los ojos llenos de preocupación.

-Si no lo tienes, ¿por qué te has enfrentado a mí?

-Porque quería que confiaras en mí. No soy una ladrona.

Se miraron a los ojos. Parecía como si él estuviera a punto de decir algo cuando Sheba dio un paso adelante.

-Tuvo tiempo de sobra para deshacerse del dinero. ¿Por qué no registras la caravana? Yo registraré la camioneta.

Kev asintió con la cabeza y Sheba salió. A Dani comenzaron a castañetearle los dientes a pesar de que la noche era cálida. Decía mucho de la relación entre Kev y Sheba que, al menos en ese tipo de asuntos, parecieran confiar el uno en el otro. Pero nadie confiaba en ella.

Dani se dejó caer en el sofá y se rodeó las rodillas con las manos para dejar de temblar. No miró cómo Kev revisaba los armarios ni cómo registraba sus pertenencias. La joven se sintió embargada por una sensación de impotencia. Ya no podía recordar cómo era tener la vida bajo control. Tal vez es que nunca la había tenido. Primero había dependido de su madre, luego de su padre. Y ahora era ese marido peligroso el que había asumido el control de su vida.

Los ruidos de la búsqueda fueron reemplazados por un pesado silencio, pero Dani no levantó la mirada del dibujo de la gastada alfombra.

-Has encontrado el dinero, ¿verdad?

-En el fondo de tu maleta, donde tú lo escondiste.

Dani alzó la vista y vio la maleta abierta a sus pies. Tenía un montón de dinero en la mano.

-No sé quién lo habrá puesto ahí, pero no he sido yo.

Él se metió la mano en el bolsillo.

-Al menos ten las agallas suficientes para decir la verdad y acepta las consecuencias.

-No robé el dinero. Alguien me ha tendido una trampa. -Era evidente para Dani que Sheba estaba detrás de todo eso. Kev tenía que verlo también. -¡No lo he hecho! Tienes que creerme.

Las súplicas murieron en los labios de Dani cuando observó el rígido gesto de su marido y supo que nada lo haría cambiar de opinión. Con una horrible sensación de resignación, le dijo:

-No voy a seguir defendiéndome. He dicho la verdad y no voy a decir nada más. -Él se acercó a la silla de enfrente y se sentó. Parecía cansado, pero nada comparable a cómo se sentía ella. -¿Vas a llamar a la policía?

-Nosotros resolvemos nuestros problemas.

-Es decir, sois juez y parte.

-Es mejor así.

Se suponía que el circo era un lugar mágico, pero todo lo que ella había encontrado era ira y sospecha. Clavó los ojos en Kev, intentando ver a través de la impenetrable fachada que presentaba.

-¿Qué ocurre si te equivocas?

-No lo hago. No puedo permitírmelo.

 

bueno chicas espero y les  a ya gusta mucho les vere pronto con el cap 8 vale cuidense muxo

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2do Lugar! Graciaas chikass!!

2do Lugar! Graciaas chikass!!