Obsessive Jonas Disorder
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LIVE CHAT CON JOEE

 

 


HOLAAAA COMOO ESTAAAAN!!!!! YO EMOCIONAADAAAA COMO NO ESTARLOOOOO CON MI MONITOO HERMOOSOO!!!!!!! JIJIJI VIERON EL LIVE CHAT??? AHAHHA LOS MEJORES 33 MINUTOOS DE MI VIDA!!! A K NO ADIVINAN CON KIEN LO VI?? CON MI MAMII!! EJJEJE OKKKK UNAS FOTITOOS DE EL Y AJHHHHHH AMEEE EL CHAUU!!!! AJAJJA UNICOOOOOO AHAHA MEGHAAN!! ESTUVO MUY COKETAA!!!!! WJSJBDSJKKJJEIODHN

BUENOOO ME VOYYY

Y UN FAVOOOR??? SE UNENN SIII?????? GRACIAAS!!

 

Jonas Brothers los dueños de mi corazón

 

 

 

El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.

 

 

 

 

 

chaaaaauuu

 

 

 

 

 

Capitulo 21


CAPÍTULO 21 PARTE 1

 

Kevin estuvo imposible toda la semana. Desde que fueron a cenar para luego disfrutar de aquellos juegos eróticos, buscó todo tipo de excusas para discutir con ella. Incluso en ese momento la miraba con el ceño fruncido mientras se secaba el sudor de la frente con el brazo.

 

-¿No podías haber rellenado la bombona de gas cuando fuiste a hacer la compra al pueblo?

 

-Lo siento, pero no sabía que estaba vacía.

-Nunca te fijas en nada -añadió él con acritud. -¿Qué crees? ¿Que se rellena sola?

 

Dani apretó los dientes. Parecía como si se hubieran acercado demasiado aquella noche y necesitara distanciarse de ella otra vez. Por el momento había logrado esquivar todas las granadas que le había lanzado, pero cada vez le resultaba más difícil mantener a raya su propio temperamento. En ese instante tuvo que contenerse para hablar con calma.

 

-No sabía que querías que lo hiciera yo. Siempre te has ocupado tú de esas cosas.

 

-Sí, pero por si no te has dado cuenta, he estado muy ocupado

últimamente. Han enfermado los caballos, se incendió la carpa de la cocina y ahora tenemos a un inspector de sanidad amenazando con

multarnos por saltarnos no sé qué normas de seguridad.

 

-Sé que has estado sometido a mucha presión. Si me lo hubieras dicho no me habría importado ocuparme de las bombonas.

 

-Sí, claro. ¿Cuántas veces has rellenado una bombona?

 

Dani contó mentalmente hasta cinco.

 

-Ninguna. Pero aprendería a hacerlo.

 

-No te molestes. -Y se alejó a paso airado.

 

Dani ya no pudo contenerse ni un minuto más. Plantó una mano en la

cadera y le gritó:

-¡Que pases un buen día también!

 

Kevin se detuvo, luego se giró para dirigirle una de sus miradas más sombrías.

 

-¡No te pases!

 

Dani cruzó los brazos sobre el pecho y dio golpecitos en el suelo con la deportiva sucia. Puede que Kevin estuviera experimentando un montón de sentimientos que no sabía cómo manejar, pero eso no quería decir que tuviera que desahogar su frustración en ella. Dani llevaba días intentando ser paciente, pero ya no aguantaba más.

 

Kevin se acercó a ella apretando los dientes. Dani se negó a retroceder.

 

Kevin se paró delante de ella, intentando intimidarla con su tamaño.

 

Dani tuvo que reconocer que se le daba muy bien.

 

-¿Pasa algo? -espetó él.

 

Aquella discusión era tan ridícula que a ella no le quedó más remedio

que sonreír con picardía.

 

-Si alguien te dice que estás muy guapo cuando te enfadas, miente.

 

La cara de Kevin adquirió un tono púrpura y Dani pensó que explotaría. Pero en vez de eso, se limitó a alzarla por los codos y empujarla contra el remolque. Luego la besó hasta que Dani se quedó sin aliento.

 

Cuando finalmente la puso en el suelo, estaba de peor humor que antes

de besarla.

 

-¡Lo siento! -gritó.

 

Como disculpa no era gran cosa, pues cuando se marchó parecía más un tigre malhumorado que un marido arrepentido. Aunque Dani sabía que él estaba sufriendo, se le había agotado la paciencia. ¿Por qué tenía que hacerlo todo tan difícil? ¿Por qué no podía aceptar que la amaba?

 

Recordó la vulnerabilidad que había visto en sus ojos la noche que le había pedido más tiempo. Sospechaba que Kevin sentía miedo de dar nombre a lo que sentía por ella. La dicotomía entre sus sentimientos y lo que creía saber sobre sí mismo estaba desgarrándolo por dentro.

Eso era lo que se decía a sí misma, porque la alternativa -que no la

amara- era algo en lo que no quería pensar. Y más si tenía en cuenta que aún no le había dicho que estaba embarazada.

Disculpaba aquella cobardía de todas las maneras que se le ocurrían.

Cuando las cosas iban bien entre ellos, se decía que no quería arriesgarse a perder la armonía y, cuando todo se desmoronaba, que había perdido el valor.

 

 

Pero lo mirara como lo mirase, sabía que estaba comportándose como

una cobarde. Debía enfrentarse al problema y, sin embargo, seguía huyendo de él. Ya había pasado casi un mes desde que se había hecho la prueba del embarazo. Debía de estar ya de dos meses y medio, pero no había ido al médico porque no quería arriesgarse a que Kevin lo descubriese. El que se estuviera cuidando no era excusa para no comenzar un correcto control prenatal, sobre todo si tenía que asegurarse de que el bebé no había resultado dañado por las píldoras anticonceptivas que había seguido tomando antes de descubrir que éstas habían fallado y estaba embarazada.

 

Metió la mano en el bolsillo de los vaqueros y tomó una decisión. No había razón para seguir postergándolo más. De todas maneras era imposible seguir viviendo así. ¿Para qué seguir atormentándose? Se lo diría esa tarde. Eran necesarios dos para hacer un bebé y ya iba siendo hora de que ambos aceptaran sus responsabilidades.

 

En cuanto acabó la función de la tarde fue a buscarlo, pero la camioneta no estaba. Dani estaba cada vez más nerviosa. Después de haber estado posponiendo esa conversación tanto tiempo, lo único que deseaba era quitarse ese peso de encima.

 

Deberían haberse visto a la hora de la cena, pero el inspector de sanidad retuvo a Kevin hasta que dio comienzo la última función. Cuando se dirigió a la puerta trasera del circo antes de la actuación, Dani lo vio junto a Misha. Llevaba uno de los látigos enrollado al hombro y el extremo le colgaba sobre el pecho. La brisa le removía el pelo oscuro y la tenue luz arrojaba profundas sombras a sus rasgos.

 

No había nadie con él. Era como si hubiera dibujado un círculo invisible a su alrededor, un círculo que mantenía a todo el mundo fuera, incluyéndola a ella. En especial a ella. Las lentejuelas rojas del cinturón de Kevin brillaron cuando pasó la mano sobre el flanco del animal. La frustración de Dani fue en aumento. ¿Por qué tenía que ser tan testarudo?

 

Mientras el público reía por las travesuras de los payasos, Dani se acercó a él. Misha resopló y echó la cabeza hacia atrás. Dani miró a la bestia con aprensión. No importaban las veces que representara el número, nunca se acostumbraría a él, incluyendo el aterrador momento en el que Kevin la montaba delante de él en la silla.

 

La joven se detuvo delante del caballo.

 

-¿Crees que alguien podría sustituirte después de la función? Tengo

que hablar contigo.

 

Kevin le respondió sin mirarla mientras ajustaba la cincha de la silla

 

de montar.

 

-Tendrás que esperar. Tengo mucho que hacer.

 

Pero a Dani se le había agotado la paciencia. Si no resolvían sus

problemas ya, no serían capaces de sacar ese matrimonio adelante.

 

-No puedo esperar.+

 

 

 

 

Ahhhhhh hasta aquii el capp!!! tenia k dividirlooo!!!!! no saben lo k se vienee!!! kerran matar a alguien pronto eso es segurooo!! jejeje

pero sorry!!!!! subire prontoooooooo eso esperooo jejeje

buenoooo se cuidaan besoss las kiero a todas!!!!

 

PD:

graciaaas!!! Adri mi nueva lectora!!! BIENVENIDAAA!!! espero sus comentarios!

 

xoxox

 

 

 

 

CAPITULO 20 PARTE 2




-¡Deja de hacer eso! -Soltó el tenedor con exasperación.


Él acarició el tallo de la copa con aquellos dedos largos y elegantes, luego deslizó el pulgar por el borde.

-¿Que deje de que hacer qué?

-¡Deja de seducirme!

-Pensaba que te gustaba que te sedujera.

-No cuando me he arreglado para cenar en un restaurante.

-Entiendo. Ya veo que no llevas sujetador. ¿Llevas bragas?

-Por supuesto.

-¿Algo más?

-No. Con las sandalias no uso pantis.

-Bien. Pues vas a hacer lo siguiente: levántate y ve al baño. Quítate las bragas y mételas en el bolso. Luego vuelve aquí.

El calor se extendió por los lugares más secretos del cuerpo de Dani.

-¡No pienso hacer eso!

-¿Sabes qué pasó la última vez que un Petroff desafió a un Romanov?

-No, y no sé si quiero saberlo.

-Perdió la cabeza. Literalmente.

-Entiendo.

-Pues te doy diez segundos.

Aunque mantenía una expresión desaprobadora, a Dani se le había disparado el pulso ante la idea.

-¿Es una orden?

-Apuesta tu dulce trasero a que sí.

Aquellas palabras fueron como una caricia erótica que casi la hizo disolverse, pero logró apretar los labios y levantarse de la mesa con aparente renuencia.

-Señor, es usted un tirano y un déspota.

Salió del comedor con la ronca risa de Kevin resonando en sus oídos.

Cuando regresó cinco minutos después, se acercó apresuradamente al reservado. Si bien las luces eran tenues, estaba segura de que todos podían darse cuenta de que estaba desnuda bajo la delgada tela de seda. Kevin la estudió con atención mientras se acercaba. Había tal arrogancia en su postura que no cabía duda de que era un Romanov de los pies a la cabeza.

Cuando Dani se acomodó a su lado, él le pasó un brazo por los hombros y le deslizó un dedo por la clavícula.

-Pensaba decirte que abrieras el bolso y me mostraras tu ropa interior para estar seguro de que habías seguido mis órdenes, pero me parece que no será necesario.

-¿Se nota? -Miró a los lados, alarmada. -Ahora todos saben que estoy desnuda debajo de la ropa y es culpa tuya. Nunca debí dejar que me convencieras de esto.

Kevin le deslizó la mano bajo el pelo y la cogió por la nuca.


-Tal y como yo lo recuerdo, no tenías otra opción. Fue una orden real, ¿recuerdas?

Él había aprovechado todas las oportunidades que se le presentaban para tomarle el pelo desde el domingo, y ella disfrutaba de cada minuto. Le lanzó una mirada reprobatoria.


-Yo no obedezco órdenes reales.

Él se acercó más y le rozó la oreja con los labios.

-Cariño, con un chasquido de dedos puedo hacer que te encierren en una mazmorra. ¿Seguro que no quieres reconsiderar tu postura?

La llegada del camarero la salvó de responder. Había retirado los restos de la ensalada mientras ella estaba en el baño y ahora les sirvió el plato principal. Kevin había pedido salmón ahumado y ella pasta. Los linguini olían a sabrosas hierbas y a los camarones que se escondían entre las verduras. Mientras probaba el delicado manjar, Dani intentó olvidarse de que estaba medio desnuda, pero Kevin no la dejó.

-¿Dani?

-¿Mmm?


-No quiero ponerte nerviosa, pero...

Él levantó la servilleta que cubría el pan caliente y estudió atentamente la cesta y su contenido. Ya que todos los panecillos eran iguales, ella no entendía por qué tardaba tanto tiempo en elegir uno como no fuera para ponerla nerviosa.


-¿Qué? -lo azuzó. -¿Qué decías?

Kevin partió el pan y lo untó lentamente de mantequilla.


-Si no me satisfaces por completo esta noche... -la miró, y sus ojos estaban llenos de fingido pesar- me temo que tendré que cederte a mis hombres.


-¡Qué! -Dani casi se levantó de un salto de los cojines.


-Es sólo para inspirarte. -Con una sonrisa diabólica, hundió con firmeza los dientes blancos en el trozo de pan.

¿Quién podía haber imaginado que ese hombre tan complicado sería un amante tan imaginativo? Pensó que ese pícaro juego podían jugarlo los dos y sonrió con dulzura.

-Entiendo, Su Alteza Imperial. Le aseguro que estoy demasiado aterrada por su real presencia para osar decepcionarle.

Kevin arqueó una ceja diabólicamente mientras pinchaba un camarón del plato de Dani y se lo acercaba a los labios de la joven.


-Abre la boquita, cariño.

Dani se tomó su tiempo para comer el camarón y, mientras, deslizó los dedos por el interior de la pantorrilla de Kevin, agradeciendo la intimidad y la escasa luz del reservado que los resguardaban de miradas curiosas. Tuvo la satisfacción de sentir cómo a su marido se le tensaban los músculos de la pierna y supo que él no estaba tan relajado como parecía.

-¿Tienes las piernas cruzadas? -preguntó él.

-Sí.


-Sepáralas. -Ella casi soltó un grito ahogado. -Y mantenías así el resto de la velada.

La comida se volvió insípida de repente y todo en lo que Dani pudo pensar fue en salir del restaurante y meterse en la cama con él.


Separó las piernas unos centímetros. Él le tocó la rodilla bajo el mantel, y su voz ya no sonó tan segura como antes.


-Muy bien. Sabes acatar las órdenes. -Introdujo la mano debajo de la falda y la deslizó hacia arriba por el interior del muslo.


Tal audacia la dejó sin aliento y, en ese momento, se sintió como una esclava bajo el yugo del zar. La fantasía la hizo sentirse débil de deseo.


Aunque ninguno de los dos mostró señales de apresuramiento, acabaron de

comer en un tiempo récord y rehusaron tomar el café y el postre. Pronto estuvieron de regreso en el circo.


Kevin no le dirigió la palabra hasta que estuvieron dentro de la caravana, donde lanzó las llaves en el mostrador antes de volverse hacia ella.


-¿Has tenido suficiente diversión por esta noche, cariño?


El roce de la seda en su piel desnuda y su flirteo público habían hecho que Dani

abandonara sus inhibiciones, pero aun así se sintió un poco tonta cuando bajó la vista e intentó mostrarse sumisa.


-Lo que Su Alteza Imperial desee.


Él sonrió.


-Entonces desnúdame.


Ella le quitó la chaqueta y la corbata, y le desabotonó la camisa al mismo tiempo que presionaba la boca contra el torso que dejaba al descubierto. El roce sedoso del vello cosquilleó en sus labios poniéndole la piel de gallina. Lamió una de las oscuras y duras tetillas. Sintió los dedos torpes al forcejear con la hebilla del cinturón y, cuando por fin consiguió abrirlo, comenzó a bajarle la cremallera.


-Desnúdate tú primero -dijo él, -pero antes dame la bufanda.


A Dani le temblaron las manos cuando se desató la bufanda dorada de la cintura y

se la dio. Se quitó los pendientes y se deshizo de las sandalias. Con un grácil movimiento se pasó el jersey por la cabeza mostrando los pechos. La cinturilla de la falda cedió bajo los dedos y la frágil seda se le deslizó por las caderas. La apartó con el pie y se quedó desnuda ante él.


Kevin la acarició con la mano, desde el hombro a la cadera, desde las costillas a los muslos, como si estuviera marcando una propiedad. El gesto licuó la sangre de Dani en sus venas, enardeciéndola hasta tal punto que apenas era capaz de mantenerse en pie. Satisfecho, él cogió la bufanda y dejó que el extremo se deslizara lentamente entre sus dedos.


Había una amenaza erótica en el gesto y Dani no pudo apartar la vista de la tela. ¿Qué iba a hacer Kevin con ella?


Contuvo el aliento cuando él le pasó la bufanda alrededor del cuello dejando que

los extremos colgasen sobre sus pechos. Tomando los flecos en las manos, Kevin levantó primero un extremo y luego el otro, deslizándolos de un lado a otro. Los dorados hilos de seda le rozaron los pezones con suavidad. La sensación, cálida y pesada, se extendió por el vientre de Dani.


A Kevin se le oscurecieron los ojos hasta adquirir el color del brandy.

-¿A quién perteneces?


-A ti -susurró ella.

Él asintió con la cabeza.


-¿Ves qué sencillo es?


Terminó de desnudarlo. Entonces, Dani deslizó las palmas de las manos por los muslos de Kevin, sintiendo las duras texturas de la piel y los músculos. Estaba majestuosamente excitado. Ella sintió los pechos pesados y consideró que tenía más que suficiente, pero siguió con la fantasía.


-¿Qué quieres ahora de mí? -preguntó.

Él apretó los dientes y emitió un profundo sonido inarticulado mientras la

empujaba por los hombros hacia abajo.

-Esto.


A Dani se le paró el corazón. Acató su orden silenciosa y lo amó como quería. El tiempo perdió su significado. A pesar de estar en aquella postura sumisa, nunca se había sentido tan poderosa. Kevin le enredó los dedos en el pelo, mostrándole sin palabras lo que necesitaba. Los ahogados gemidos de placer de Kevin incrementaron la excitación de Dani.


La joven sintió la rígida tensión de los músculos bajo las palmas de las manos y la película de sudor que cubría aquella dura piel masculina. En ese momento Kevin la puso bruscamente en pie y la tendió en la cama.

Retrocedió un paso para mirarla a los ojos.


-Ábrete para mí y dejaré que me sirvas otra vez.

Oh, Santo Dios. Kevin debió de sentir el estremecimiento que la recorrió porque

sus ojos se entornaron con satisfacción. Dani separó las piernas.


-No tan rápido. -Él le atrapó el lóbulo de la oreja entre los dientes y lo mordisqueó con suavidad. -Primero tengo que castigarte.


-¿Castigarme? -Ella se quedó rígida pensando en los látigos guardados bajo la cama, justo debajo de sus caderas.


-Me has excitado, pero no has terminado lo que empezaste.


-Eso fue porque tú...


-Basta. -Kevin se levantó de nuevo y la miró con toda la noble arrogancia heredada de sus antepasados Romanov.


Dani se relajó. Él jamás le haría daño.


-Cuando quiera tu opinión, mujer, te la pediré. Hasta entonces, será mejor que

controles la lengua. Mis cosacos llevan demasiado tiempo sin una mujer.

Ella le lanzó una mirada afilada.


A Kevin le tembló la comisura de los labios, pero no sonrió. Se limitó a inclinar la

cabeza y rozarle con los labios el interior del muslo.


-Sólo hay un castigo adecuado para una esclava que no sabe guardar silencio. Una severa y cruel reprimenda.


El techo dio vueltas mientras él cumplía su amenaza y la llevaba a un reino de ardiente placer, a un éxtasis tan antiguo como el tiempo. El cuerpo de Kevin se volvió resbaladizo por el sudor y tensó los músculos de los hombros bajo las manos de Dani, pero no se detuvo. Sólo al final, cuando ella le rogó que forzara la dulce penetración que necesitaba con tanta desesperación.


Kevin la penetró profundamente y toda diversión desapareció de sus ojos.

-Quiero amarte -susurró.


A ella le ardieron los ojos por las lágrimas cuando él dijo las palabras que tanto

había deseado oír. Kevin se pegó a su cuerpo, y se dejaron llevar por un ritmo tan eterno como el latido de sus corazones. Se movieron como si fueran uno. Dani

sintió cómo su amado la llenaba por completo, llegando al mismo centro de su alma.


Se perdieron en un torbellino de pasión; hombre y mujer, cielo y tierra. Todos los elementos de la creación convergiendo en una perfecta combinación.


Cuando todo terminó, Dani experimentó una dicha que nunca había sentido antes y tuvo la certeza de que todo iría bien entre ellos. «Quiero amarte», había dicho él. No había dicho, «quiero hacer el amor contigo», sino «quiero amarte». Y lo había hecho. No podía haberla amado más intensamente aunque hubiera repetido las palabras cien veces.


Lo miró por encima de la almohada. Estaba de cara a ella, con los ojos medio cerrados y somnolientos. Extendiendo el brazo, Dani le acarició la mejilla y él volvió la cabeza para besarle la palma de la mano.


Ella le recorrió la mandíbula con el pulgar, disfrutando de la suave aspereza de su piel.


-Gracias.


-Soy yo quien debería darte las gracias.


-¿Quiere eso decir que no vas a compartirme con tus cosacos?


-No te compartiría con nadie.



El juego erótico que habían estado jugando la había hecho olvidarse de la


promesa que se había hecho interiormente de decirle lo del bebé esa noche.


-Llevas días sin hablar del divorcio.


Kevin se puso en guardia de inmediato y rodó sobre la espalda.


-No he pensado en ello.


Dani se sintió desanimada por su retirada, pero ya sabía que iba a ser difícil y continuó presionándolo, aunque con toda la suavidad que pudo.


-Me alegro. No es algo agradable en lo que pensar.


La observó con una mirada preocupada.


-Sé lo que quieres que diga, pero aún no puedo. Dame un poco más de tiempo, ¿vale?


Con un nudo en la garganta, Dani asintió con la cabeza.

Parecía tan nervioso como un animal salvaje obligado a vivir bajo el yugo de la

civilización.

-Nos lo tomaremos día a día.


Dani comprendió que no debía seguir presionándolo. Pero el hecho de que él no hubiera mencionado que su matrimonio finalizaría en apenas dos meses le daba la suficiente esperanza como para retrasar un poco más la noticia del bebé.


-Eso haremos.


Él se incorporó y se reclinó contra las almohadas apoyadas contra el cabecero.


-Sabes que eres lo mejor que me ha pasado en la vida, ¿verdad?


-Sin lugar a dudas.


Él se rio entre dientes y dio la impresión de que lo abandonaba parte de la tensión.

Dani se puso boca abajo, se apoyó en los codos y le acarició el vello del pecho con la yema de los dedos.


-¿Catalina la Grande fue una Romanov?


-Sí.

-He leído que era una mujer muy lujuriosa.


-Tenía un montón de amantes.


-Y mucho poder. -Dani se inclinó hacia delante y le mordisqueó el pectoral. Kevin

se estremeció, así que lo mordisqueó otra vez.


-¡Ay! -la cogió por la barbilla. -¿Qué es lo que está tramando exactamente esa retorcida mente tuya?


-Sólo pensaba en todos esos hombres tan fuertes bajo el yugo de Catalina la

Grande...


-Aja.


-... obligados a servirla... a someterse a ella.


-Aja.

Ella le acarició con los labios.


-Te toca ser el esclavo, machote.


Por un momento él pareció alarmado, luego soltó un profundo suspiro.


-Creo que he muerto y he ido al cielo.




BIEEENNNN hasta aqui el caap!!

comenteenn laas kieroo

bye

 

QUIEREN CAAP?

QUIEREN CAP????

 

Capitulo 18 Parte 1


CAPÍTULO 18


el circo llegó a Indiana y Dani nunca había sido más feliz en su vida. Cada día era una aventura. Se sentía como si fuera una persona diferente.

 

-¿Has estudiado psicología? -le preguntó Beatriz una tarde a principios de agosto cuando estaban almorzando en el McDonald's de un pueblo donde estaban actuando, al este de Indiana.

 

-Durante unos meses. Tuve que abandonar el colegio antes de terminar el curso. -Dani cogió una patata frita, la mordisqueó y luego la dejó donde estaba. La comida frita no le sentaba bien últimamente. Se puso la mano sobre el vientre y se obligó a concentrarse en lo que Beatriz decía.

 

-Creo que estudiaré psicología. Lo digo porque, después de todo lo que he pasado, creo que podría ayudar a bastantes niños.

 

-Seguro que sí.

 

-¿Te ha dicho Kevin algo de...? ¿Se ha reído de lo tonta que fui y todo eso?

 

-No, Beatriz. Te aseguro que ni siquiera ha vuelto a pensar en ello.

 

-Cada vez que me acuerdo de lo que hice me muero de vergüenza.

 

-Kevin está acostumbrado a que las mujeres se le echen encima.

Si te digo la verdad, no creo que se acuerde siquiera.

 

-¿De veras? Creo que sólo lo dices para que me sienta mejor.

 

-Le caes genial, Beatriz. Y te aseguro que no cree que seas tonta.

 

-Parecías muy cabreada cuando nos encontraste juntos.

 

Dani contuvo una sonrisa.

 

-No es muy agradable para una mujer mayor ver como una chica va detrás de su hombre.

 

Beatriz asintió con aire de entendida.

 

-Sí. Pero, Dani, no creo que Kevin le echara un polvo a nadie que no fueras tú. Te lo juro. Les he oído comentar a Jill y a Madeline que ni siquiera las mira cuando toman el sol en biquini. Creo que les jode mucho.

 

-Beatriz...

 

-Lo siento, les fastidia mucho. -Desmigó distraídamente la corteza del pan. -¿Puedo preguntarte una cosa? Es sobre... bueno..., sobre cuando se mantienen relaciones sexuales y todo eso. Lo que quiero decir es, ¿no se siente vergüenza?

 

Dani se dio cuenta de que Beatriz se había estado mordiendo las uñas y supo que no era porque le preocupara el tema del sexo, sino porque sentía remordimientos de conciencia.

 

-Cuando es correcto, no da vergüenza.

 

-Pero ¿cómo sabes cuándo es correcto?

 

-Hay que dar tiempo al tiempo y conocer bien a la otra persona. Beatriz, deberías esperar hasta estar casada.

 

Beatriz puso los ojos en blanco.

 

-Ahora nadie espera hasta estar casado.

 

-Yo lo hice.

 

-Sí, pero tú estás algo...

 

-¿Algo zumbada?

 

-Sí, pero eres muy maja. -Beatriz abrió los ojos como platos y mostró el primer signo de animación en semanas. Dejó su refresco sobre la mesa. -¡Oh, Dios! ¡No mires!

 

-¿Mirar qué?

 

-La puerta. Acaba de entrar aquel chico que estuvo hablando conmigo ayer. Oh, Dios... qué bueno está...

 

-¿Quién es?

 

-El que está en la caja. ¡No mires! Lleva un chaleco negro y pantalones cortos. Vale, mira deprisa, pero que no te pille haciéndolo.

 

Dani observó el área de las cajas con el mayor disimulo que pudo. Vio a un adolescente estudiando el menú. Era de la edad de Beatriz, con un espeso cabello castaño y una expresión adorablemente bobalicona en la cara. Dani estaba contenta de que, por fin, Beatriz actuara como una adolescente normal y no como si cargara el peso del mundo sobre sus hombros.

 

-¡Ay, Dios! ¡Me va a ver! -gimió Beatriz. -¡Oh, joder! Mi pelo...

 

-No digas palabrotas. Y estás estupenda.

 

Beatriz hundió la cabeza y Dani supo que el chico se estaba acercando.

 

-Hola...

Beatriz ganó tiempo revolviendo el hielo de la Coca-Cola antes de levantar la vista.

 

-Hola...

 

Los dos se ruborizaron a la vez y Dani supo que ambos estaban pensando algo brillante que decir. Fue el chico quien habló primero.

 

-¿Qué hay de nuevo?

 

-Nada.

 

-¿Estarás hoy por aquí? Digo..., me refiero, en el circo.

 

-Sí.

 

-Vale, entonces iré a verte.

 

Otra larga pausa, esta vez rota por Beatriz.

 

-Ésta es Dani. Puede que la recuerdes de la función. Es mi mejor amiga. Dani, éste es Nick.

 

-Hola, Nick.

 

-Hola. Me..., esto..., me gustaste en la función.

 

-Gracias.

 

Habiendo agotado ese tema de conversación, Nick  se volvió hacia Beatriz.

 

-Jeff y yo, no lo conoces, pero es un buen tipo..., pensábamos pasarnos por allí.

 

-Vale.

 

-Quizá nos veamos.

 

-Sí. Estaría genial.

 

Silencio

 

-Vale, hasta luego.

 

-Hasta luego.

 

Cuando el chico se fue, una expresión soñadora apareció en la cara de Beatriz, seguida casi de inmediato por una de incertidumbre.

 

-¿Crees que le gusto?

 

-Es evidente.

 

-¿Qué hago si me invita a salir esta noche entre las funciones o algo por el estilo? Sabes que papá no me dejará ir.

 

-Tendrás que decirle la verdad a Nick. Que tu padre es muy estricto y no te va a dar permiso para salir con nadie hasta que cumplas los treinta.

 

-De nuevo, Beatriz puso los ojos en blanco, pero Dani no In dejó pasar.

 

-¿Y si le enseñas el circo? Eso le gustaría. Y luego puedes sentarte junto a las camionetas donde tu padre pueda verte sin que por ello pierdas tu intimidad.

 

-Eso no funcionará. -Beatriz arrugó la frente con preocupación. -¿Por qué no hablas con mi padre y le dices que no me humille delante de Nick?

 

-Hablaré con él.

 

-Que no diga ninguna estupidez delante de Nick, Por favor, Dani.

 

-Haré lo que pueda.

 

Beatriz ladeó la cabeza y pasó el dedo índice por el envase vacío. Hundió los hombros de nuevo, y Dani notó que volvía a caer la sombra de la culpabilidad sobre ella.

 

-¡Cuando pienso en lo que te hice me siento... una mierda! Quiero decir fatal. -Levantó la vista. -Sabes que siento muchísimo lo que hice, ¿verdad?

 

-Sí. -Dani no sabía cómo ayudarla. Beatriz había intentado compensarlo de todas las maneras posibles.

 

-Dani, jamás hubiera... Me refiero a lo que pasó con Kevin, fue algo muy inmaduro. Él había sido muy amable conmigo, pero nunca había intentado ligármelo ni nada parecido, si es eso lo que te preocupa...

 

-Gracias por decírmelo. -Dani se dedicó a recoger los restos de comida para que Beatriz no la viera sonreír.

 

La adolescente arrugó la nariz.

 

-Sin intención de ofender, Dani, puede que sea muy sexy, pero es viejo.

 

Dani casi se atragantó.

 

Beatriz miró a las cajas, donde Nick estaba recociendo su pedido.

 

-Está buenísimo.

 

-¿Kevin?

 

Beatriz pareció horrorizada.

 

-¡No, no! ¡Nick!

 

-Ah, bueno. Kevin no es Nick, eso seguro.

 

Beatriz asintió con gravedad.

 

-Eso seguro.

 

Esta vez Dani no pudo evitarlo. Se echó a reír y, para su deleite, Beatriz la imitó.

 

Cuando regresaron al recinto, Beatriz salió disparada para ensayar con Sheba. Dani desempaquetó las compras que había hecho y apartó la comida de los animales, agradeciendo para sus adentros que Kevin nunca protestara por los extras en la factura del supermercado.

 

Ahora que sabía que sólo era un pobre profesor universitario había intentado controlar los gastos, pero antes ahorraría en su propia comida que en la de los animales.

 

Siguiendo la rutina diaria, se acercó a los elefantes y saludó a Tater. Él la siguió hasta las jaulas de las fieras.

 

Sinjun solía ignorar al elefantito, pero esta vez alzó la cabeza con orgullo y miró a su rival con arrogante condescendencia.

 

A Dani le encantaba el tiempo que pasaba con los animales. Sinjun había mejorado bajo sus cuidados; su pelaje naranja oscuro tenía ahora un brillo saludable.

 

Mientras retozaban juntos en la hierba húmeda de rocío, Sinjun mantenía sus garras cuidadosamente enfundadas. Dani se mantenía ojo avizor por si aparecía algún otro madrugador. En ese momento, mientras acariciaba al animal, sintió que la envolvía una sensación de letargo.

 

Sinjun la miró profundamente a los ojos.

 

«Díselo.»

 

«Lo haré.»

 

«Díselo.»

 

«Pronto, muy pronto.»

 

¿Cuánto tiempo pasaría antes de que sintiera la nueva vida que crecía en su vientre? No podía estar embarazada de más de seis semanas, así que aún pasaría un tiempo.

 

No se había saltado ni una sola píldora, por lo que al principio había atribuido los síntomas al cansancio. Pero la semana anterior, tras vomitar en el cuarto de baño, se había comprado un test de embarazo y había descubierto la verdad.

 

Jugueteó con una de las orejas de Sinjun. Sabía que tenía que decírselo a Kevin, pero aún no estaba preparada. Sabía que su marido se enfadaría -Dani no se encañaba al respecto, -pero en cuanto se acostumbrara a la idea, ella misma se aseguraría de que aquello lo hiciera feliz. «Y le haría feliz», se dijo a sí misma firmemente. Kevin la amaba. Aunque todavía no lo hubiera admitido. Y amaría a su bebé.

 

Si bien él todavía no había dicho las palabras que ella necesitaba escuchar, Dani sabía que Kevin albergaba profundos sentimientos hacia ella. ¿Qué otra cosa si no provocaría la ternura que veía reflejada en sus ojos de vez en cuando o la satisfacción que parecía irradiar de él cuando estaban juntos? A veces le resultaba difícil recordar lo raro que solía ser que él se riera cuando lo había conocido.

 

Sabía que a Kevin le gustaba estar con ella. Al vivir en una pequeña caravana y gracias a los interminables kilómetros que hacían en la camioneta casi todas las mañanas, pasaban más tiempo juntos que la mayoría de los matrimonios y, a pesar de ello, todavía la buscaba durante el resto del día para compartir con ella cualquier cosa, para comentarle cualquier problema que hubiera surgido en la localidad en la que estaban o simplemente darle una rápida palmadita posesiva en el trasero.

 

Ya no podía imaginar la vida sin él.


A la mañana siguiente todo se fue al garete. Kevin se despertó un poco después de que ella hubiera salido de la cama y la descubrió en el descampado detrás de las caravanas jugando con Sinjun. Dos horas más tarde todavía seguía cabreado con ella.

 

Esa mañana le tocaba conducir a Dani. Habían comenzado a turnarse cuando Kevin se dio cuenta de que ella no iba a destrozar la camioneta y de que le encantaba conducir.

 

-Debería haber conducido yo esta mañana -dijo él. -Así habría tenido las manos ocupadas y no tendría que pensar en dónde meterlas para no estrangularte.

 

-Ya está bien, Kevin, relájate.

 

-¿¡Que me relaje!? ¿Estás de coña?

 

Dani lo fulminó con la mirada. Él la miró furioso.

 

-Prométeme que no volverás a soltar a Sinjun.

 

-No estábamos en un pueblo y no había ni un alma en los alrededores, así que deja de preocuparte.

 

-Eso no parece una promesa.

Dani contempló los campos de Indiana que se extendían a ambos lados de la carretera.

 

-¿De verdad crees que Sinjun me haría daño?

 

-No es un gato doméstico, por mucho que te empeñes en creer lo contrario. Los animales salvajes son imprevisibles. No vuelvas a dejarlo suelto, ¿me has entendido? De ninguna manera.

 

-Te he hecho una pregunta. ¿Crees que me haría daño?

 

-No a propósito. Es evidente que está loco por ti, pero la historia del circo está llena de animales dóciles que se volvieron contra sus domadores. Y Sinjun ni siquiera es dócil.

 

-Está conmigo y odia la jaula. De verdad. Ya te he dicho que nunca lo dejo salir si estamos cerca de una zona habitada. Y ya viste por ti mismo que no había nadie cerca esta mañana. Si hubiera habido alguien, no le hubiera abierto la puerta.

 

-Como no volverás a dejarlo libre, nada de esto tiene importancia.

 

-Kevin se terminó el café y colocó la taza en el suelo de la camioneta. -¿Qué ha sucedido con la mujer con la que me casé? ¿La que creía que la gente civilizada no se levantaba antes de las once?

 

-Se casó con un tipo del circo.

 

Dani oyó aquella profunda y entrecortada risa, y devolvió la atención a la carretera.


Beatriz cerró la puerta de la Airstream de su padre y salió al fresco de la noche. Llevaba puesto un camisón amarillo de algodón con un dibujo de Garfield, y los pies desnudos se le hundieron en la hierba húmeda.

 

El circo ya había sido desmontado, pero ella se sentía demasiado mal consigo misma como para prestar atención a la familiar visión.

 

Clavó la mirada en su padre, que estaba sentado junto a la puerta del Airstream en una silla azul y blanca mientras fumaba el único cigarrillo que se permitía a la semana.

 

Ojalá pudiera taparse las orejas y ahogar por completo la voz de su conciencia, pero cada día era más fuerte. La atormentaba de tal manera que ni siquiera podía dormir por la noche y no lograba retener la comida en el estómago. Guardar silencio se había convertido en un castigo peor que decir la verdad

.

-Er... ¿puedo hablar contigo un momento, papá? -hizo la pregunta como si tuviera una rana enorme en la garganta y croara en vez de hablar.

 

-Pensaba que estabas dormida.

-No puedo dormir.

 

-¿Otra vez? ¿Qué te pasa últimamente?

 

-Es que... -Beatriz se retorció las manos. Brady se iba a enfadar cuando se lo dijera, pero no podía seguir así, sabiendo que le había jodido la vida a Dani y sin hacer nada para remediarlo.

 

-¿Qué te pasa, Beatriz? ¿Todavía te preocupa que se te haya caído el aro esta noche?

 

-No.

 

-Bien, porque no deberías preocuparte por eso. Aunque deberías concentrarte más. Cuando Matt y Rob tenían tu edad...

 

-¡No soy ni Matt ni Rob! -Estalló. -¡Siempre Matt y Rob! ¡Matt y Rob! ¡Ellos son perfectos y a mí todo me sale mal!

 

-No he dicho eso.

 

-Es lo que piensas. Siempre me comparas con ellos. Si hubiera venido a vivir contigo después de morir mamá en vez de quedarme con tía Terry, ahora lo haría mejor.

 

-Beatriz, hice lo que era mejor para ti. Ésta no es una vida fácil.

-Me gusta vivir así. Me gusta el circo.

-No me entiendes.

 

-Papá tengo que contarte algo. -Se agarró las manos con fuerza. -Algo muy malo.

Él se puso rígido.

 

-No estarás embarazada, ¿no?

-¡No! -Beatriz se ruborizó. -¡Siempre piensas lo peor de mí!

Brady se hundió en la silla.

 

-Lo siento, cariño. Es que te haces mayor y eres muy guapa. Estoy preocupado por ti.

 

-Es que hice algo... y ya no puedo callarlo por más tiempo.

Él no dijo nada. Sólo la observó y esperó.

 

-Es... es como si algo horrible estuviera creciendo en mi interior y no se detuviera.

-Tal vez sea mejor que me lo cuentes.

 

-Yo... -Tragó saliva. -El dinero... el dinero que todos pensasteis que había robado Dani... -Las palabras salieron finalmente: -fui yo

quien lo robó.

 

Por un momento él no dijo nada, luego se levantó de un salto.

 

-¿¿¡¡Qué!!??

 

Beatriz levantó la mirada hacia su padre e incluso en la oscuridad de la noche pudo ver su expresión furiosa. Se le cayó el alma a los pies, pero se obligó a continuar.

 

-Fui yo... Yo cogí el dinero y luego me colé en su caravana y lo escondí en su maleta para que todos pensaran que lo había robado ella.

 

 

-¡No me lo puedo creer! -Brady comenzó a dar patadas a diestro y siniestro, golpeando la pata de la silla sobre la que estaba sentada ella y haciendo que se cayera. Antes de que tocase el suelo, él la agarró por el brazo y comenzó a sacudirla. -¿Por qué hiciste algo así? Maldita sea, ¿por qué mentiste?

 

 

Aterrada, Beatriz intentó zafarse de él, pero su padre no la soltó y la chica ya no pudo contener las lágrimas.

 

-Quería... quería que Dani tuviera problemas. Fue...

 

-Eres rastrera.

 

Volvió a sacudirla.

 

-¿Sabe Kevin algo de esto?

 

-No.

 

-Has consentido que todos piensen que Dani es una ladrona cuando fuiste tú. Me pones enfermo.

 

Rodearon la caravana de Sheba, y se dirigieron hacia la de Kevin y Dani, que estaba aparcada al lado. Con brusquedad, Brady levantó el puño y golpeó la puerta. Se encendieron las luces del interior y

Kevin abrió de inmediato.

 

-¿Qué pasa, Brady?

 

La cara de Dani apareció por encima del hombro de Kevin y, cuando vio a Beatriz, pareció preocupada.

 

-¿Qué ha pasado?

 

-Díselo -le exigió su padre.

 

Beatriz se explicó entre sollozos.

 

-Fui yo... fui yo quien...

 

-¡Míralos a la cara mientras hablas! -Le cogió la barbilla y le alzó la cabeza, sin lastimarla pero obligándola a mirar a Kevin a los ojos. Beatriz quiso morirse.

 

-¡Yo cogí el dinero! -sollozó. -No fue Dani. ¡Fui yo! Luego me colé en la caravana y lo escondí en su maleta.

 

Kevin se puso tenso y mostró una expresión tan parecida a la de su padre que Beatriz dio un paso atrás.

 

Dani soltó un grito ahogado. Aunque era una mujer pequeña logró apartar a Kevin a codazos y bajar un escalón. Intentó abrazar a

Beatriz pero su padre la apartó.

 

-No te compadezcas de ella. Beatriz ha sido una cobarde y será castigada por ello.

 

-¡Pero no quiero que la castigues! Hace meses que pasó. Ya no importa.

 

-Cuando pienso en todos los desaires que te hice...

 

-No importa. -Dani tenía la misma expresión testaruda que cuando sermoneaba a la chica por su lenguaje. -Esto es cosa mía, Brady. De Beatriz y mía.

 

-Estás equivocada. Beatriz es carne de mi carne, mi responsabilidad, y nunca pensé que llegaría el día en que me avergonzaría tanto de ella como ahora. -Miró a Kevin. -Sé que es un problema del circo, pero te pido que dejes que me encargue yo mismo de esto.

 

Beatriz se echó hacia atrás al ver la mirada escalofriante en los ojos de Kevin cuando éste asintió con la cabeza.

 

-¡No, Kevin! -Dani intentó acercarse de nuevo a Beatriz, pero Kevin la atrapó desde atrás.

 

Brady la arrastró entre las caravanas sin decir ni una palabra.

 

 

Él se detuvo en seco cuando Sheba surgió de las sombras de su gran caravana RV. Llevaba puesta una bata verde de seda con estampados de aves y flores por todos lados. Beatriz se alegró tanto de verla que a punto estuvo de lanzarse en sus brazos, pero la horrible mirada en los ojos de la dueña del circo le hizo darse cuenta de que Sheba lo había oído todo.

 

Beatriz sacudió la cabeza y comenzó a llorar de nuevo. Ahora Sheba también la odiaba. Debería haberlo esperado, Sheba odiaba el robo más que cualquier cosa.

 

Sheba habló con voz trémula:

-Quiero hablar contigo, Brady.

-Más tarde. Tengo que ocuparme de unos asuntos...

 

-Mejor ahora. -Luego se dirigió a la chica: -Vete a la cama, Beatriz. Tu padre y yo hablaremos contigo a primera hora de la mañana.

 

-¿Y a ti qué más te da? -quiso gritar Beatriz. -Tú odias a Dani.

Pero sabía que eso no importaba ahora. Sheba era tan dura como su padre a la hora de seguir las reglas del circo.

 

Su padre la soltó, y Beatriz huyó. Mientras corría a la seguridad de su cama, supo que había perdido la última oportunidad de conseguir que su padre la amara.

 

 

holaaa comoo estaann duuhh es un cap un poco tristee pobre beatrizz!!! :(

buenooo espero k komenten un pokito masss

xaoo

xoxox

 

Adri

 

Capitulo 15 Un romanov?¿?

 

CAPÍTULO 15


Kevin estaba dormido cuando Dani regresó a la caravana. La joven se desvistió tan silenciosamente como pudo y se puso una de las camisetas de su marido. Cuando se acercaba al sofá, oyó un ronco susurro:

 

-Esta noche no, Dani. Te necesito.

 

Se giró y lo vio a través de la oscuridad. Tenía los ojos entrecerrados por el deseo. Estaba despeinado y la medalla esmaltada que le colgaba del cuello resplandecía bajo la luz de la luna que entraba por la ventana. Dani aún podía oír en su mente el fuerte latido del corazón de Tater transmitiéndole un mensaje de amor incondicional. Sabía que no podía darle la espalda a Kevin en ese momento.

 

Esta vez no hubo sonrisas. Ni dulzura. La poseyó con ferocidad, casi con desesperación y, cuando todo terminó, Kevin se acurrucó detrás ella, sin soltarla. Se quedaron dormidos con la mano de él sosteniéndole un pecho.

 

Dani no regresó al sofá la noche siguiente. A partir de ese día, compartió la cama con su marido mientras sentía que su corazón se inundaba de una emoción a la que no quería dar nombre.

 

Una semana más tarde, llegaron al centro de New Jersey. Instalaron el circo en el patio de una escuela situada en un barrio de las afueras, con casas blancas de dos plantas, columpios en los patios traseros y monovolúmenes en los garajes. De camino a la casa de fieras, donde Tater estaba atado, Dani se pasó por el vagón rojo para hacer unos cambios en el pedido de pienso y, cuando entró, vio a Jack examinando algunas carpetas.

 

La saludó con una inclinación de cabeza. Ella le devolvió el saludo y se dirigió al escritorio para buscar los papeles que necesitaba. Sonó el móvil y lo cogió ella.

 

-Circo de los Hermanos Quest.

 

-Quería hablar con el doctor Markov -respondió un hombre con acento británico. -¿Podría avisarlo?

 

Dani se dejó caer en la silla.

 

-¿Con quién?

-Con el doctor Kevin Markov.

 

A Dani comenzó a darle vueltas la cabeza.

 

-N-no está aquí en este momento. ¿Quiere dejar algún recado?

 

La mano le tembló al apuntar el nombre y el número. Cuando colgó sintió que se tambaleaba. ¡Kevin era doctor! Sabía que era un hombre cultivado y que tenía una vida oculta, pero jamás se había imaginado algo así.

 

El misterio que rodeaba a su marido era cada vez más profundo, pero no sabía cómo sonsacarle la verdad. Kevin seguía esquivando cualquier pregunta que le hiciera, seguía actuando como si no tuviera una existencia más allá del circo.

 

miró a Jack.

 

-Era un hombre que quería hablar con Kevin. Lo llamó doctor Markov.

Jack metió varias carpetas en el cajón abierto del archivador sin mirarla.

 

-Déjale el mensaje en el escritorio. Lo verá cuando entre.

 

Jack no había mostrado reacción alguna, así que evidentemente sabía más de la vida de su marido que ella. Tal certeza le dolió.

 

-Debe de ser un descuido por su parte, pero Kevin no me ha dicho qué rama de la medicina practica.

 

Jack cogió otra carpeta.

 

-Tal vez porque no quiere que lo sepas.

 

Dani se sentía carcomida por la frustración.

 

-Cuéntame lo que sabes de él, Jack.

 

-En el circo aprendemos a no meter las narices en la vida de los demás. Si alguien quiere hablar sobre su pasado, lo hace. Si no, es asunto suyo.

 

Ella se dio cuenta de que lo único que había conseguido era avergonzarse a sí misma. Hizo tiempo hojeando algunos periódicos y se escapó de allí lo más rápidamente que pudo.

 

Encontró a Kevin acuclillado junto a Misha, examinando la herradura del caballo. Lo observó durante un buen rato.

 

-Eres veterinario.

 

-¿De qué hablas?

 

-Eres veterinario.

 

-¿Desde cuándo?

 

-¿No lo eres?

 

-No sé de dónde sacas esas ideas.

 

-Acabas de recibir una llamada. Alguien quería hablar con el doctor Markov.

 

-¿Y?

 

-Si no eres veterinario, ¿qué tipo de doctor eres?

 

Él se puso en pie y palmeó el cuello de Misha.

 

-¿No has pensado que podía ser un apodo?

 

-¿Un apodo?

 

-De mis días de prisión. Ya sabes que los convictos le ponen apodos a todo

el mundo.

 

-¡No has estado en prisión!

 

-Pero si lo dijiste tú misma. Por asesinar a aquella camarera.

 

Dani pateó el suelo con frustración.

 

-¡Kevin Markov, dime ahora mismo a qué te dedicas cuando no estás en el circo!

 

-¿Por qué quieres saberlo?

 

-¡Soy tu esposa! Merezco saber la verdad.

 

-Todo lo que necesitas saber es que tienes delante de ti a un antipático artista circense que posee un pésimo sentido del humor. No necesitas saber nada más.

 

-Eso es lo más indulgente y condescendiente...

 

-No es mi intención ser condescendiente, cariño. Pero no quiero que te hagas ilusiones. Esto es lo que hay. Una gira con el circo de los Hermanos Quest. Caravana y trabajo duro. -La expresión de Kevin se suavizó. -Hago lo que está en mi mano para no hacerte daño. Por favor, acéptalo y deja de hacerme preguntas.

 

Si hubiera sido hostil, lo habría desafiado, pero Dani no pudo luchar contra esa repentina dulzura en su voz. Dio un paso atrás y observó las profundidades de sus ojos. Eran tan dorados como los de Sinjun, e igual de misteriosos.

 

-Esto no me gusta, Kevin -dijo ella con suavidad, -no me gusta nada. -Y se dirigió hacia la casa de fieras.

 

Un rato más tarde, Beatriz entró en la carpa. En ese momento, Dani acababa de terminar de limpiar la jaula de Glenna con una manguera.

-¿Puedo hablar contigo?

-Sí. -Al cerrar la manguera, Dani vio que la chica estaba tensa y que tenía ojeras.

 

-¿Por qué no le has contado a Sheba lo del dinero?

 

Dani enrolló la larga manguera y la sostuvo entre las manos.

 

-He decidido no hacerlo.

 

-¿No vas a decírselo?

 

Dani negó con la cabeza.

 

Los ojos de Beatriz se llenaron de lágrimas.

 

-¿¡Por qué no vas a hacerlo después de todo lo que le he hecho!?

 

-Puedes devolverme el favor prometiéndome no fumar más.

-¡Vale! Haré lo que sea. Nunca olvidaré lo que has hecho por mí, Dani. Nunca. -Beatriz agarró la manguera que Dani acababa de enrollar. -

Déjame ayudarte. Dime qué quieres que haga. Haré cualquier cosa.

 

-Gracias por la oferta, pero no es necesario. -Comenzó a enrollar la manguera de nuevo, pero esta vez la llevó afuera y la apoyó contra la carpa.

 

Beatriz la siguió.

 

-Haré lo que quieras... Sé que sólo soy una niña y todo eso, pero como no tienes amigos aquí, quizá podríamos hacer cosas juntas. -Se detuvo a pensar qué podrían hacer para superar lo ocurrido, algo en lo que no importara la diferencia de edad. -Podríamos ir a tomar pizza o algo por el estilo. O podríamos peinarnos la una a la otra.

 

Dani no pudo evitar sonreír ante el tono esperanzado de la chica.

-Suena bien.

 

-Voy a recompensarte por esto, te lo prometo.

 

Algunas cosas no se podían arreglar, pero Dani no se lo dijo a Beatriz. Había tomado una decisión: no pensaba dejar que la culpa pendiera sobre la cabeza de la adolescente.

 

Brady Pepper se acercó a ellas, con una expresión que no presagiaba nada bueno.

 

-¿Qué haces aquí, Beatriz? Te he dicho que te alejes de ella.

 

Beatriz se sonrojó.

 

-Dani ha sido muy amable conmigo y quería ayudarla.

 

-Vete con Sheba. Quiere practicar contigo la posición del pino.

Beatriz parecía cada vez más infeliz.

 

-Papá, Dani es genial. No me gusta que pienses mal de ella. Es buenísima con los animales y me trata...

 

-Vete, Beatriz-dijo Dani agradeciéndole el esfuerzo con un gesto de cabeza. -Gracias por ofrecerte a ayudar.

 

Beatriz se fue a regañadientes.

 

Brady parecía tan enfadado como un Silvestre Stallone con ración doble de testosterona.

 

-Mantente alejada de ella, ¿me oyes? Puede que Kevin esté ciego contigo, pero los demás no olvidamos lo que has hecho.

 

-No me avergüenzo de nada de lo que he hecho, Brady.

 

-¿No te avergüenzas de lo que has hecho? ¿Si se hubiera tratado de dos mil dólares en vez de doscientos estarías avergonzada? Lo siento, nena, pero para mí un ladrón es siempre un ladrón.

 

-¿Acaso llevas una vida tan recta que nunca has hecho nada de lo que te arrepientas?

-Nunca he robado nada, de eso puedes estar segura.

 

-Le robas seguridad en sí misma a tu hija. ¿Eso no cuenta?

 

Brady apretó los labios.

 

-No me des lecciones sobre cómo criar a mi hija. No es asunto tuyo ni de Sheba. Ninguna de las dos tenéis hijos, así que ya podéis mantener cerradas vuestras malditas bocazas.

 

Y se fue, con los músculos brillando y las plumas de la cola despeinadas.

 

Dani suspiró con pesar. No daba una. Había discutido con Kevin y se había enfrentado a Jack y a Brady. ¿Qué más podía salir mal?

 

El agudo murmullo de voces excitadas captó su atención y observó que otro grupo de niños de la escuela vecina llegaba al circo. Durante toda la mañana habían llegado al recinto un grupo de escolares tras otro. Con tantos niños merodeando, Dani se había asegurado de que la jaula de Tater estuviera bien cerrada, algo que disgustaba al elefantito. Esta vez los niños eran muy pequeños. Debían de ser del jardín de infancia.

 

Miró con tristeza a la profesora de mediana edad que los acompañaba.

 

Puede que ese trabajo no le gustara a mucha gente, pero era el que

deseaba desempeñar ella.

 

No pudo resistirse a acercarse a los niños cuando se aproximaron a la jaula de Sinjun, que tenía una cinta alrededor para que los pequeños visitantes no se acercaran demasiado. Después de sonreír a la profesora, se dirigió a una niña con rostro de querubín que miraba al tigre con temor.

 

-Se llama Sinjun y es un tigre siberiano. Los siberianos son los tigres más grandes que existen.

-¿Come gente? -preguntó la pequeña.

 

 

-No come personas, pero es un carnívoro. Eso quiere decir que come carne.

 

La pequeña se mostró más animada.

 

-Mi jerbo come comida de jerbo.

 

Dani se rio. La maestra sonrió.

 

-Parece que sabe mucho sobre tigres. ¿Le importaría contarle a los niños algo sobre Sinjun?

 

Una oleada de excitación atravesó a Dani.

 

-¡Me encantaría! -Rápidamente rebuscó en su mente todo lo que había aprendido sobre los animales en sus recientes visitas a la biblioteca y escogió aquellos detalles que los niños pudieran comprender. -Hace cien años, los tigres vagaban libres por muchas partes del mundo, pero ahora ya no es así. La gente comenzó a vivir en las tierras que habitaban los tigres... -siguió hablándoles sobre aquellos felinos, sobre su lenta extinción, y se sintió gratificada al ver que los niños escuchaban atentamente sus palabras.

 

-¿Podemos darle mimitos? -preguntó uno de ellos.

 

-No. Ya es mayor y tiene malas pulgas. No entendería que no quieres hacerle daño. No es como los perros o los gatos.

 

Siguió contestando a un gran número de preguntas, incluyendo varias sobre las necesidades fisiológicas de Sinjun y que provocó un coro de risitas tontas, escuchó atentamente la historia de uno de los niños sobre un perro que había muerto y el anuncio de que otro que acababa de pasar la varicela. Eran tan ricos que Dani podría haberse pasado todo el día hablando con ellos.

 

Cuando la clase se dispuso a seguir adelante, la profesora le agradeció la explicación y la pequeña de mejillas sonrosadas le dio un abrazo. Dani se sintió como si flotara en una nube.

 

Siguió observándolos mientras se acercaba a la caravana para disfrutar de un almuerzo rápido. Se detuvo de golpe cuando una familiar figura, embutida en unos pantalones marrón oscuro y una pálida camisa amarilla, salió del vagón rojo. Dani era incapaz de creer lo que veía. En ese momento fue consciente de las ropas sucias y del despeinado cabello que lucía, resultado del último aseo de Glenna.

 

-Hola, Theodosia.

 

-¿Papá? ¿Qué haces aquí? -Su padre era una figura tan poderosa en la mente de Dani que la joven rara vez notaba que éste poseía una constitución bastante menuda, apenas un poco más alto que ella. Era la imagen de la opulencia y la elegancia, con aquel cabello canoso cortado por un experto peluquero -que se pasaba por la oficina de su padre una vez a la semana, -el reloj de oro y los mocasines italianos con un discreto adorno dorado en el empeine. Era difícil imaginárselo abandonando la dignidad el tiempo suficiente como para enamorarse de una modelo y concebir una hija ilegítima, pero Dani era la prueba viviente de que su padre había sido humano una vez.

 

-He venido a ver a Kevin.

 

-Ah. -Se esforzó por ocultar el dolor que le producía saber que no había ido a verla a ella. -También quería saber cómo te iba.

 

-¿Y?

 

-Quería asegurarme de que aún estabas con él, que no habías hecho ninguna tontería.

 

Por un momento Dani se preguntó si Kevin le habría hablado del dinero robado, pero al instante supo que no lo había hecho. Esa certeza la consoló.

 

-Como puedes ver, todavía estoy aquí. Si me acompañas a la caravana te serviré algo de beber. O te prepararé un sándwich si tienes hambre.

 

-Una taza de té estaría bien.

 

Lo condujo hasta la caravana. Max se detuvo al ver el deteriorado exterior.

 

-Dios mío. No me digas que vivís aquí.

 

Dani se sintió impulsada a defender su pequeño hogar.

 

-El interior está mucho mejor; lo he arreglado. Abrió la puerta y lo invitó a entrar, pero a pesar de los cambios que ella había hecho, Max no se sintió más impresionado con el interior que con el exterior.

 

-Creo que Kevin podría haber conseguido algo mejor.

 

Aunque resultara extraño, aquella crítica la hizo ponerse a la defensiva.

 

-Es perfecto para nosotros.

 

Max se quedó mirando la única cama de la caravana durante un buen rato. Dani creía que la imagen lo haría sentir incómodo, pero si fue así, ella no lo notó.

 

Mientras ponía el agua a hervir en la cocina, él sacudió el sofá antes de sentarse, como si temiera contraer alguna enfermedad. Dani se sentó frente a él mientras esperaba a que el agua hirviera.

 

El incómodo silencio que se extendió entre ellos fue roto finalmente por su padre.

 

-¿Cómo os lleváis Kevin y tú?

-Bien.

 

-Es un hombre estupendo. Casi nadie logra sobreponerse a una infancia como la suya. ¿Te ha contado cómo nos conocimos?

 

-Me ha dicho que le salvaste la vida.

-No sé si eso será cierto, pero cuando lo conocí su tío le estaba dando una

paliza detrás de unas camionetas. Lo sujetaba contra el suelo con un pie mientras lo azotaba con un látigo.

 

Dani se sorprendió. Kevin le había dicho que había sido maltratado, pero oírlo de labios de su padre lo hacía parecer aún más horrible.

 

-La camisa de Kevin estaba hecha jirones. Tenía verdugones rojos por toda la espalda; algunos de ellos sangraban. Su tío le maldecía por alguna tontería mientras lo azotaba con todas sus fuerzas. -Dani cerró con fuerza los ojos, deseando que su padre dejara de hablar, pero él continuó. -Lo que más me impactó es que Kevin se mantenía en absoluto silencio. No lloraba. No pedía ayuda. Sólo aguantaba. Fue lo más trágico que he visto en mi vida.

 

Dani se sintió enferma. No era de extrañar que Kevin no creyera en el

amor.

 

Su padre se reclinó en el sofá.

 

-Irónicamente yo no tenía ni idea de quién era el niño. Por aquel entonces Sergey Markov viajaba en el viejo Circo Curzon y decidí ir a verlo a donde se habían instalado en Fort Lee. Por supuesto, había oído rumores sobre la relación familiar. Incluso la había investigado para asegurarme de que era auténtica, pero siempre soy escéptico con

historias como ésas y, al principio, no me lo creí.

 

Aunque Dani conocía la pasión de su padre por la historia rusa, no sabía que ésta se extendiera hasta el circo. Cuando la tetera comenzó a silbar,

se dirigió ni fogón.

 

-Pero la relación es autentica. Los Markov son una de las familias más famosas de la historia del circo -dijo Dani.

 

Él la miró con extrañeza mientras ella comenzaba t preparar el té.

-¿Los Markov?

 

-Al parecer la mayoría de las generaciones conservó el apellido de las mujeres. ¿No te parece algo inusual?

 

-Más bien irrelevante. Los Markov eran campesinos, Theodosia. Gente del circo. -Apretó los labios con desdén. -Por lo único que me interesaba Sergey Markov era por los rumores que corrían sobre el matrimonio de su hermana, Katya, la madre de Kevin.

 

-¿A qué te refieres?

 

-Lo que me interesaba era la familia del padre de Kevin. El hombre con el que se casó Katya Markov. Por el amor de Dios, Theodosia, los Markov no son importantes. ¿Acaso no sabes nada de tu marido?

 

-Sé muy poco -admitió ella. Llevó las dos tazas al sofá y le tendió una. Sujetó su taza con ambas manos mientras tomaba asiento en el otro extremo del sofá.

 

-Pensé que te lo habría contado, pero es tan reservado que es normal que no te haya dicho nada.

 

-¿Decirme qué? -Dani llevaba tiempo esperando eso, pero ahora que llegaba el momento no estaba segura de querer saberlo.

 

Un leve temblor de excitación tiñó la voz de Max cuando se lo explicó.

 

-Kevin es un Romanov, Theodosia.

 

-¿Un Romanov?

 

-Por la línea paterna.

 

La primera reacción de Dani fue de diversión, pero ésta se desvaneció al darse cuenta de que su padre estaba tan obsesionado por la historia rusa que había estado investigando en todos los circos.

 

-Papá, eso no es cierto. Kevin no es un Romanov. Es un Markov de los pies a la cabeza. La historia de los Romanov es sólo parte de su número; algo que se inventó para hacerlo más apasionante.

 

-No insultes mi inteligencia, Theodosia. No me dejaría engañar por un cuento chino. -Cruzó las piernas. -No tienes ni idea de cuánto investigué antes de llegar a esta conclusión. Cuando supe que Kevin era un auténtico Romanov, lo aparté de Sergey Markov, que aún tardó diez años en morir. Me encargué de la educación de Kevin, que había sido abominable hasta ese momento. Lo metí en un internado, pero insistió en pagarse él mismo la universidad, por lo cual fue imposible mantenerlo alejado del mundo del circo. ¿Crees que hubiera hecho todo eso si no hubiera estado absolutamente seguro de quién era?

Un helado escalofrío recorrió la espalda de Dani,

 

-¿Y quién es exactamente?

 

 

holaaaaaaa k tal les gustoo el cap????

bieeenn jejej lo subi completooo espero les gustee!!!!

ahh me encaantan sus noveels!!! y me estoy poniendo al dia jejeje

buenoo me voy

comenteen pleasee

bye

xoxoxo

Adri...

Capitulo 14

Parte 2

 

Dani cruzó la estrecha carretera asfaltada que separaba el aparcamiento donde estaba instalado el circo de la playa vacía. A la izquierda las luces multicolores de la feria, en el paseo marítimo de Jersey Shore, destellaban en el caos de la noche: la noria, los coches de choque, los tiovivos y los puestos de chucherías.

El debut de Dani había tenido lugar en la primera representación del circo en ese pequeño pueblo costero y ahora estaba demasiado excitada para dormir. El público de la segunda función había reaccionado con más entusiasmo aún y una maravillosa sensación de realización le impedía sentirse cansada.


-¿Dani? -Se volvió y vio a Kevin en lo alto de las escaleras, una alta y delgada silueta recortada contra el tenue resplandor de la noche. La brisa le revolvía el pelo y le pegaba la camisa al cuerpo.

-¿Te importa si paseo contigo o prefieres estar sola?

-¿Vas armado?

-Ya he guardado los látigos por esta noche.

-Entonces ven. -Dani sonrió y le tendió la mano.


Las botas de Kevin resonaron en los escalones de madera cuando se acercó. Le cogió la mano y las callosidades de su palma le recordaron a Dani que era un hombre acostumbrado al trabajo duro. Aquella cálida y firme mano envolvió la suya.

 

La playa estaba desierta, pero aún quedaban restos que había dejado la gente que había acudido al lugar adelantándose a la temporada veraniega: latas vacías, plásticos, la tapa rota de un vaso térmico. Se dirigieron hacia el mar.

 

-Al público le ha gustado el número.

 

-Estaba tan asustada que me temblaban las rodillas. Si no hubiera sido por el giro que Jack le dio a la historia, mi actuación hubiera resultado un desastre. Cuando intenté agradecérselo me dijo que había sido idea tuya. -Lo miró y sonrió. -¿No crees que te has pasado un poco con lo de las monjas francesas?

 

-Conozco de primera mano tus creencias morales, cariño. A menos que me equivoque, estoy seguro de que las monjas formaron parte de esa extraña educación que recibiste.

 

Dani no lo negó.

 

Pasearon durante un rato en un cómodo silencio. Dani esperaba que él le soltara la mano en cualquier momento, pero seguía manteniéndola agarrada.

 

-Has hecho un buen trabajo esta noche, Dani. Trabajas duro.

 

-¿De veras? ¿De verdad crees que trabajo duro?

 

-Claro.

 

-Gracias. Nunca me habían dicho eso. -Soltó una risita irónica. -Y si lo hubiesen hecho, seguramente no me lo habría creído.

 

-Pero a mí me crees.

 

-No eres un hombre que diga las cosas a la ligera.

 

-¿Estoy oyendo un cumplido?

 

-No estoy segura.

-No es justo.

 

-¿Qué?

 

-Te he dicho algo agradable. Al menos podrías decir una cosa buena de mí.

 

-Por supuesto que puedo. Haces un chile de muerte. Para sorpresa de Dani, él frunció el ceño.

-Estupendo. Olvídalo.

 

Atónita, Dani se dio cuenta de que, sin querer, había herido los sentimientos de su marido. Pensaba que él estaba bromeando, pero tratándose de Kevin debería saber que eso no era posible. Aun así era toda una sorpresa que a él le importara su opinión.

 

-Sólo me estaba reservando lo mejor -dijo ella.

-No es importante. De verdad, déjalo.

 

Pero tenía importancia y a ella le encantaba.

 

-Mmm, déjame pensar...

 

-Olvídalo.

 

Dani le apretó la mano.

 

-Siempre haces lo que crees que es correcto, incluso si la gente lo desaprueba. Es algo por lo que te admiro. Admiro tu integridad, pero... -Dani le rodeó los dedos con los suyos. -¿Quieres que sea sincera?

 

-Eso he dicho, ¿no?

 

Ella ignoró el beligerante gesto de su mandíbula.

 

-Tienes una sonrisa maravillosa.

 

Kevin pareció algo aturdido y relajó la mano bajo la de ella.

 

-¿Te gusta mi sonrisa?

 

-Sí, muchísimo.

 

-Nadie me lo había dicho nunca.

 

-No muchas personas consiguen verla. -Dani contuvo una sonrisa

mientras observaba el gesto serio con el que Kevin consideraba lo que ella había dicho. -Y hay otra cosa más, pero no sé cómo vas a tomártelo.

 

-Suéltalo.

 

-Tienes un cuerpo de infarto.

 

-¿Un cuerpo de infarto? ¿Sí? ¿Ésa es la segunda cosa que más te gusta de mí?

 

-No he dicho que fuera la segunda. Te estoy diciendo cosas que

me gustan de ti y ésa en concreto me encanta.

 

-¿Mi cuerpo?

-Tienes un cuerpo estupendo, Kevin. En serio.

 

-Gracias.

-De nada.

 

El embate de las olas llenó el silencio que se extendió entre ellos.

-Tú también -dijo él.

 

-¿También qué?

-Tienes un cuerpo estupendo. Me gusta.

 

-¿De veras? Pero si no es gran cosa. Tengo los hombros demasiado estrechos en comparación con las caderas y los muslos demasiado gruesos. Y mi estómago...

 

Él negó con la cabeza.

 

-La próxima vez que oiga a una mujer decir que los hombres somos unos neuróticos, recordaré esto. Tú me dices que te gusta mi cuerpo, ¿y qué hago yo? Te doy las gracias. Luego te digo que me gusta el tuyo, ¿y qué escucho? Una larga lista de quejas.

 

-Es culpa de las Barbies. -La mueca de desagrado de Kevin la complació sobremanera. -Gracias por el cumplido, pero sé sincero. ¿No crees que tengo los pechos demasiado pequeños?

 

-Ésa es una pregunta con trampa, seguro.

-Solo quiero que me digas la verdad.

 

-¿Estás segura?

 

-Sí.

-Vale. Veamos. -La tomó por los hombros y la hizo girar de cara al océano, luego se puso detrás de ella. La rodeó con los brazos y le ahuecó los pechos. La piel de Dani se erizó de deseo cuando Kevin apretó y moldeó los montículos, recorriéndole las suaves pendientes y rozando las endurecidas cimas con los pulgares.

 

A Dani se le entrecortó la respiración. Kevin le acarició la oreja con los labios y le murmuró al oído:

 

-Creo que son perfectos, Dani. Exactamente del tamaño adecuado.


-¡Mira, Dwayne! Es la pareja del circo.

 

Dani y Kevin se separaron de golpe, como dos adolescentes pillados in fraganti por la policía.

 

La dueña de la estridente voz era una mujer de mediana edad, con un vestido de flores verde lima y un enorme bolso negro colgado del hombro. Su marido llevaba puesta una gorra azul que cubría lo que, casi con toda seguridad, sería una calva. El hombre tenía los pantalones enrollados en las pantorrillas y la camiseta de deporte se te ceñía a la prominente barriga.

 

La mujer les brindó una alegre sonrisa.

 

-Hemos asistido a la función. Éste es Dwayne. No se ha creído que estuvierais enamorados de verdad. Me aseguró que todo era falso, pero le dije que nadie podía fingir algo así. -Dio una palmadita en la barriga de su marido. -Dwayne y yo llevamos casados treinta y dos años, así que sé reconocer el amor verdadero cuando lo veo.

 

Al lado de Dani, Kevin estaba rígido y ponía cara de póquer, dejando que fuera ella quien sonriera al matrimonio.

 

-Seguro.

 

-Nada me gusta más que un matrimonio con los pies en el suelo.

 

Kevin saludó a la pareja con una brusca inclinación de cabeza y agarró el brazo de Dani para alejarla de allí. Dani se volvió y les gritó:

-¡Espero que disfruten de otros treinta y dos años ¡untos!

 

-Y vosotros también, tesoro.

 

Dejó que Kevin la arrastrara, sabiendo que no conseguiría nada protestando. El tema del amor lo ponía un nervioso que ella sintió el absurdo impulso de consolarlo. Cuando llegaron a los escalones que conducían l la carretera, se detuvo y se volvió hacia él.

 

-Kevin, no pasa nada. No voy a enamorarme de ti.

 

En cuanto las palabras salieron de su boca, Dani notó una pequeña punzada en el corazón. Eso la asustó, porque sabía que sería una catástrofe enamorarse de él. Eran demasiado diferentes. Él era duro, serio y cínico, mientras que ella era justo lo contrario.

 

Entonces, ¿por qué él provocaba algo tan elemental en su interior? ¿Y por qué ella parecía comprenderle tan bien cuando Kevin no le había contado nada de su pasado ni sobre su vida fuera del circo?

 

A pesar de todo, Dani sabía que Kevin la había ayudado a encontrarse a sí misma. Gracias a él era más independiente de lo que nunca lo había sido. Por primera vez en su vida, se sentía bien consigo misma.

 

Kevin subió los escalones.

 

-Eres una romántica, Dani. No es que me considere un ser irresistible, bien sabe Dios que no lo soy, pero llevo años observando que cuanto más indiferente se muestra un hombre, más interesada se vuelve la mujer.

 

-Bah.

 

Cuando llegaron arriba, él apoyó las caderas en la barandilla y la observó.

 

-Lo he visto muchas veces. Las mujeres anhelan lo que no pueden tener, incluso aunque no sea bueno para ellas.

 

-¿Es así como te consideras? Malo para las personas que te rodean.

 

-No quiero hacerte daño. Por eso me molestó el cambio que hiciste en la caravana. Ahora es más acogedora y será más fácil vivir en ella, pero no quiero jugar a las casitas. A pesar de que nuestro matrimonio sea un acuerdo legal, esto no es más que un simple rollo. Una cana al aire. Sólo eso.

 

-¿Un rollo?

 

-Un lío. Una aventura. Llámalo como quieras. Sólo es algo pasajero.

 

-Eres imbécil.

 

-¿Ves como tengo razón?

 

Ella intentó controlar la cólera.

 

-¿Por qué te casaste conmigo? Al principio pensé que mi padre te

había pagado, pero ahora sé que no fue así.

-¿Y qué es lo que te ha hecho cambiar de opinión?

 

-Ahora te conozco.

 

-¿Y crees que no me dejo comprar?

 

-Sé que es imposible que te dejes comprar.

-Todo el mundo tiene un precio.

 

-Pues dime, ¿cuál fue el tuyo?

 

-Le debía un favor a tu padre y tenía que pagárselo. Eso es todo.

 

-Debía de ser un favor muy grande.

 

La expresión de Kevin se volvió fría y Dani se sorprendió cuando,

después de un largo silencio, añadió:

 

 

-Mis padres murieron en un accidente ferroviario en Austria cuando yo tenía dos años. Se hizo cargo de mí el pariente más cercano, el hermano de mi madre, Sergey. Era un sádico hijo de puta al que le daba placer pegarme.

 

-Oh, Kevin...

 

-No quiero ganarme tu simpatía. Sólo quiero que comprendas cómo soy. -Él se sentó en un banco y parte de su rabia desapareció. Se inclinó hacia delante y se frotó el puente de la nariz con el pulgar y el índice. -Siéntate, Dani.

 

Ahora que ya no tenía remedio, Dani se preguntó si no debería haber dejado las cosas tal y como estaban, pero había llegado demasiado lejos como para retroceder ahora, y se sentó a su lado. Él se quedó mirando hacia delante; parecía cansado y vacío.

 

-Habrás leído historias sobre niños maltratados, niños a los que mantienen encerrados durante años. -Ella asintió con la cabeza. -

 

Los psicólogos dicen que incluso después de haber sido liberados de esa tortura, estos niños no se desarrollan de la misma manera que los demás. No tienen las mismas actitudes sociales. Y si no los rescatan a tiempo, ni siquiera aprenden a hablar. Supongo que eso es lo que me pasa con el amor. No llegué a experimentarlo en la infancia y ahora no puedo sentirlo.

 

-¿A qué te refieres?

 

-No soy uno de esos cínicos que cree que el amor no existe, porque lo he visto en otras personas. Pero yo no puedo sentirlo. Ni

por una mujer ni por nadie. Nunca he amado.

 

-Oh, Kevin.

-No es que no lo haya intentado. He conocido algunas mujeres

maravillosas a lo largo de mi vida pero, al final, sólo he conseguido herirlas. Por eso te he contado las píldoras. Por eso no quiero tener hijos.

-¿Crees que nunca podrás mantener una relación duradera? ¿Te refieres a eso?

 

-Sé que no puedo. Pero es más profundo que todo eso.

 

-No entiendo. ¿Qué es lo que te pasa?

 

-¿No has oído nada de lo que he dicho?

 

-Sí, pero...

-No puedo sentir las mismas emociones que los demás hombres.

Por nadie. Ni siquiera por un niño. Cualquier niño merece que su padre lo ame, pero yo no podría.

-No te creo.

 

-¡Créelo! Me conozco a mí mismo y sé que no podría hacerlo. Mucha gente se toma a la ligera tener hijos, pero yo no. Los niños necesitan amor y, si no lo tienen, algo se muere en su interior. No podría vivir conmigo mismo sabiendo que un niño sufre por mi culpa.

 

-Todo el mundo es capaz de amar, y más cuando se trata de su propio hijo. Te ves a ti mismo como una especie de... de monstruo.

 

-Más bien como una mutación. No tuve una educación normal y es por eso que soy distinto. No puedo tolerar la idea de tener un hijo y que crezca sabiendo que no le amo. No pienso hacerle a nadie lo que me hicieron a mí.

Era una noche calurosa, pero Dani se estremeció al darse cuenta

del terrible legado que aquel violento pasado le había dejado a Kevin. Ese legado también la afectaba a ella y se abrazó a sí misma. Nunca se había imaginado teniendo un hijo con Kevin, pero quizá la idea ya había germinado en su subconsciente porque sentía como si acabara de sufrir una profunda pérdida.

 

Dani observó el perfil de su marido recortado contra el tiovivo que giraba a lo lejos. La imagen la llenó de pena. Los caballos de madera, de brillantes colores, parecían representar la inocencia, mientras que Kevin, con aquellos ojos sombríos y el corazón vacío, era como un condenado a muerte. Durante todo el tiempo Dani había pensado que era ella la que más amor necesitaba, pero él tenía heridas mucho más profundas.

 

 

holaaa como estaaan mmmm veo k ya casi no comentan en la entrada anterior solo tuve un comentario :(

buenoo espero recibir mas coments buenooo las dejooo comenteen pleaseeeee

besoss

byE


Adri:)

CAPITULO 14 PARTE 1 "NIDITO DE AMOR"


CAPÍTULO 14

 

-¿Qué coño has hecho aquí? -Kevin se quedó paralizado bajo el umbral de la puerta.

 

-¿A que queda genial? -Dani contempló con satisfacción la transformación de la caravana en lo que ella consideraba un acogedor y encantador nidito de amor.

 

Unas fundas en tono crema salpicadas de pensamientos en colores púrpuras, azules y caramelo ocultaban el horroroso estampado a cuadros del sofá; los colines a juego hacían que los viejos muebles parecieran cálidos y confortables. Había instalado también unas [tequeñas barras de latón encima de las ventanas, sustituyendo aquellas horribles cortinas amarillentas por otras de muselina blanca adornadas con cintas azules y lavanda de diversas texturas y anchuras.

 

Un lazo de seda azul y violeta camuflaba la pantalla rota de la lámpara en la esquina, y varias cestas de mimbre contenían ahora las revistas y los periódicos que antes estaban esparcidos por todas partes. Un surtido de envases desaparejados, desde floreros y tazones de alfarería a jarras azules Wedgwood, llenaban el estante de encima de la cocina donde había clavado con chínchelas una cuerda de colores para que no se cayeran los utensilios cuando la caravana estuviera en movimiento. La mesa estaba dispuesta con mantelitos individuales en la misma gama de colores púrpura y violeta, así como la porcelana china, que aunque no hacía juego entre sí, poseía las mismas tonalidades. Había dos tazas blancas, dos copas de cristal, una de las cuales tenía una fisura, y unos platos de color añil. En el centro de la mesa, un recipiente de barro albergaba un ramillete de flores silvestres que Dani había cogido en el borde del recinto.

 

-No he podido hacer más con la alfombra -le explicó aún jadeante por haber tenido que prepararlo con prisa. -Pero he quitado las peores manchas y no ha quedado tan mal. Cuando tenga algo de dinero, me ocupare de la cama. Quizá le ponga una de esas colchas indias y más almohadones. No soy buena costurera, pero creo que puedo...

 

-¿De dónde has sacado el dinero para hacer esto?

 

-De mi sueldo.

 

-¿Te has gastado tu dinero en esto?

 

-He buscado en tiendas de segunda mano y en los mercadillos de los pueblos que hemos visitado. ¿Sabías que nunca había entrado en un WalMart hasta hace dos semanas? Es asombroso lo que puede dar de sí un dólar si te lo propones... -En ese momento Dani vio la expresión en la cara de Kevin y su sonrisa se desvaneció. -No te gusta.

 

-No he dicho eso.

 

-No hace falta que lo digas. Se te ve en la cara.

 

-No es que no me guste. Es que no tiene sentido que desperdicies tu dinero en este lugar.

 

-No creo que sea un desperdicio.

 

-Es una caravana, por el amor de Dios. No vamos vivir aquí tanto tiempo.

 

Ésa no era la verdadera razón de la reticencia de Kevin. Dani lo observó y llegó a la conclusión de que tenía dos opciones: podía marcharse enfadada o podía obligarle a ser sincero con ella.

 

-Dime exactamente qué es lo que no te gusta.

 

-Nada.

 

-Sí, algo no te gusta. Sheba me dijo que habías rechazado una caravana mejor que ésta. -Él se encogió de hombros. -¿Acaso sólo querías hacerme

las cosas más difíciles?

 

Kevin fue a la nevera y cogió una botella de vino que había comprado el día anterior; una botella que ella había considerado demasiado cara para su presupuesto.

 

Dani se negó a dejar pasar el tema.

 

-¿Querías seguir viviendo en este lugar tal y como estaba?

 

-Estaba bien -repuso él sacando un sacacorchos del cajón.

 

-No te creo. Te gustan las cosas bonitas. He observado cómo miras el paisaje cuando viajamos y siempre me señalas los escaparates cuando ves algo bonito. Ayer, cuando paramos en aquel quiosco al lado de la carretera, dijiste que la cesta con frutas te recordaba a un Cézanne.

 

-¿Quieres una copa de vino?

 

Ella negó con la cabeza y lo estudió. Finalmente se dio cuenta de lo que pasaba.

 

-He traspasado la línea otra vez, ¿verdad?

 

-No sé a qué te refieres.

 

-Me refiero a esa línea invisible que has trazado en tu mente entre un matrimonio de verdad y otro que no lo es. La he cruzado otra vez, ¿no?

 

-Lo que dices no tiene sentido.

 

-Claro que lo tiene. Has hecho una lista mental de reglas y preceptos para nuestro matrimonio. Se supone que debo acatar tus órdenes sin rechistar y que debo mantenerme apartada de ti, salvo para acostarnos juntos, claro. Pero lo más importante de todo es que no debemos crear vínculos emocionales. No me está permitido preocuparme por ti, ni por nuestro matrimonio, ni por nuestra vida en común. Ni siquiera puedo ocuparme de

que esta fea caravana resulte acogedora.

 

Por fin consiguió que Kevin reaccionara. Él posó con un gesto brusco la copa de vino sobre el mostrador.

 

-¡No quiero que hagas un «nidito de amor», eso es todo! No es una buena idea.

 

-Así que tengo razón -dijo ella en voz baja.

 

Kevin se pasó la mano por el pelo.

 

-Eres una maldita romántica. Algunas veces, cuando te veo observándome, tengo la sensación de que no me ves cómo soy en realidad, sino como tú quieres que sea. Eso es lo que haces con este acuerdo... este vínculo legal que hay entre nosotros. Vas a moldearlo hasta que se ajuste a tus ideas.

 

-Es un matrimonio, Kevin, no un simple vínculo legal. Hemos hecho unos votos sagrados.

 

-¡Durante seis meses! ¿No entiendes que estoy preocupado por ti? Intento protegerte para no hacerte daño.

 

-¿Protegerme? Ya entiendo. -Dani respiró hondo. -¿Por eso cuentas mis píldoras anticonceptivas?

 

La expresión de Kevin se volvió fría y distante.

 

-Eso no significa nada.

 

-Al principio no entendía por qué sobresalían del estante del botiquín cuando siempre las dejaba al fondo. Luego me di cuenta de que las contabas.

 

-Sólo me aseguraba de que no te olvidabas ninguna, eso es todo.

 

-En otras palabras, me has estado espiando.

 

-No pienso disculparme. Sabes lo importante que a para mí no tener hijos.

 

Ella lo miró con tristeza.

 

-No hay nada entre nosotros, ¿verdad? Ni respeto, ni afecto, ni confianza.

 

-Existe afecto, Dani. Por lo menos por mi parte. Vaciló. -Y también te has ganado mi respeto. Nunca pensé que te tomarías el trabajo tan en serio.

Eres muy valiente, Dani.

 

La joven se negó a sentirse agradecida por aquellas palabras.

 

-Pero no confías en mí.

 

-Creo que tienes buenas intenciones.

 

-Aun así crees que soy una ladrona. Eso no habla bien de mis buenas intenciones.

 

-Estabas desesperada cuando cogiste ese dinero. Estabas cansada y asustada o no lo habrías hecho. Ahora lo sé.

 

-Yo no cogí el dinero.

 

-No importa, Dani. No te culpo.

 

El hecho de que él aún no la creyera no debería dolerle tanto. La única manera de convencerlo sería implicar a Beatriz y, como ahora sabía, no podía hacerlo.

 

¿Qué ganaría con ello? No quería ser la responsable del destierro de Beatriz. Y aquella relación no funcionaría si tenía que demostrarle a Kevin su inocencia.

 

-Si confías en mí, ¿por qué contabas las píldoras?

 

-No puedo correr riesgos. No quiero tener hijos.

 

-Eso ya lo has dejado claro. -Quiso preguntarle si lo que encontraba tan repulsivo era tener un hijo o tenerlo con ella, pero le daba miedo la respuesta. -No quiero que vuelvas a contarlas. Te he dicho que las tomaría y lo haré. Pero tendrás que confiar en mí.

 

La joven percibió la lucha interna de su marido. A pesar de que su propia madre la había traicionado con Noel Black, Dani no había perdido la fe en la raza humana. Pero Kevin no confiaba en nadie salvo en sí mismo.

 

Para su sorpresa, sintió que la indignación que sentía se desvanecía y la compasión ocupaba su lugar. Qué terrible debía de ser esperar siempre lo peor de la gente.

 

Dani rozó la mano de Kevin con la punta de los dedos.

 

-Nunca te haría daño a propósito, Kevin. Me gustaría que al menos creyeras eso.

 

-No es fácil.

 

-Lo sé. Pero es necesario que lo hagas. Él la miró durante un buen rato antes de asentir brevemente con la cabeza.

 

-Vale. No las contaré más.

 

Dani sabía lo que esa pequeña concesión le había costado a su marido y se emocionó.

 

 


-¡Yyyyy ahora, entrará en la pista central del circo de los Hermanos Quest, Theodosia, la hermosa esposa de Kevini el Cosaco!

 

A Dani le temblaban tanto las rodillas que trastabilló, echando a perder su primera entrada. «¿Qué había sido de lo de la gitanilla salvaje?», se preguntó frenéticamente mientras escuchaba el discurso de Jack por primera vez. Esa mañana, durante el ensayo, había comenzado a contar una historia de una gitana, pero se había marchado lleno de frustración cuando ella soltó el primer grito. Dani se enteró de que el narrador contaría otra historia cuando Sheba le dio el vestido, pero la propietaria del circo se alejó sin dar más explicaciones.

 

La música de la balalaica resonaba en el circo, situado esta vez en el aparcamiento de un pueblo de verano en Seaside Height, New Jersey. Kevini entró en la pista central con el látigo en la mano. Bajo el resplandor carmesí de los focos, resaltaban las brillantes botas negras y las lentejuelas rojas del cinturón centelleaban ante cualquier movimiento.

 

-¿Parece nerviosa, damas y caballeros? -preguntó Jack, señalándola con la mano. -A mi sí que me lo parece. Pero esta joven ha tenido que armarse de mucho valor para entrar en la pista con su marido.

 

El vestido de Dani susurró mientras se adentraba lentamente en la arena. Era un vestido de noche recatado, con el cuello alto de encaje adornado con pedrería. Kevin le había colocado una rosa roja de papel de seda entre sus pechos antes de salir. Le había dicho que formaba parte del vestuario.

 

Dani sintió los ojos del público en ella. La voz de Jack se mezclaba con la música rusa y con el susurro de la brisa del océano que agitaba los laterales de la carpa.

 

-Hija de ricos aristócratas franceses, Theodosia estuvo apartada del mundo moderno por las monjas que la instruían.

 

«¿Monjas?» Pero ¿qué estaba diciendo Jack?

 

Mientras el director de pista continuaba su monólogo, Kevin comenzó el lento baile del látigo que siempre daba comienzo a su número, mientras ella se mantenía inmóvil bajo los focos frente a él. La luz se volvió más suave; el público escuchaba la historia de Jack hipnotizado por los gráciles movimientos de Kevin.

 

-Conoció al cosaco cuando el circo actuó en un pueblo cercano al convento donde vivía, y los dos se enamoraron profundamente. Pero los padres de la joven se opusieron a la idea de que su gentil hija se casara con un hombre al que consideraban un bárbaro y la encerraron bajo llave. Theodosia tuvo que escapar de su familia.

 

La música se hizo más dramática y el baile del látigo de Kevin pasó de enérgico a seductor.

 

-Ahora, damas y caballeros, entra en la pista con su marido, algo muy difícil para ella. El látigo aterroriza a esta dulce joven. Por eso os rogamos que estéis lo más quietos posible para que ella pueda enfrentarse a sus miedos. Os recuerdo que si está aquí es sólo por una cosa -el baile del látigo de Kevin alcanzó su clímax, -el amor que siente por su feroz marido cosaco.

 

La música siguió in crescendo y, sin previo aviso, Kevin agitó el látigo formando un arco sobre su cabeza. El aliento abandonó el cuerpo de Dani en un grito estrangulado y dejó caer el rollito que acababa de sacar del bolsillo especial que Sheba le había cosido al vestido sólo unas horas antes.

 

El público contuvo el aliento y ella se percató de que la increíble historia de Jack había funcionado. En lugar de reírse por la reacción de Dani, habían simpatizado con la desvalida joven.

 

Para su sorpresa, Kevin se acercó a ella, recogió el rollito del suelo y se lo ofreció como si fuera una rosa, luego inclinó la cabeza y le rozó los labios con los suyos.

 

El gesto fue tan romántico que Dani oyó suspirar a una mujer en la primera fila. Ella misma también habría suspirado si no hubiera sabido que él sólo jugaba con las emociones del público. A Dani le temblaron los dedos cuando sostuvo el rollito de papel tan alejado de su cuerpo como pudo.

 

Logró mantener la compostura cuando él se alejó, pero cuando llegó el momento de ponérselo en la boca, comenzaron a temblarle las rodillas de nuevo. Deslizó ligeramente el rollito entre los labios, cerró los ojos y se puso de perfil.

 

Sonó el chasquido del látigo y el extremo del rollito cayó al suelo. Dani cerró los puños a los costados. Si había pensado que tener audiencia haría que aquello resultara más fácil, estaba equivocada.

 

Kevin chasqueó el látigo dos veces más hasta que sólo quedó el cabo entre los labios de su esposa. Dani tenía la boca tan seca que no podía tragar.

 

La voz de Jack surgió entonces, susurrante y dramática.

 

-Damas y caballeros, necesitamos su colaboración mientras Kevini intenta hacer el último corte al pequeño rollo de papel que su mujer sujeta entre los labios. Necesita silencio absoluto. Les recuerdo que el látigo pasará tan cerca de la cara de la joven que la más mínima equivocación por parte de su marido podría marcarla de por vida.

 

Dani gimió. Se clavó las uñas en las palmas de las manos con tanta fuerza que temió haberse hecho sangre.

 

El chasquido resonó en sus oídos cuando el látigo cortó la última sección del rollito que sostenía en la boca.

 

El público estalló en vítores. Dani abrió los ojos, sintiéndose tan mareada que temió desmayarse. Kevin le hizo indicaciones con la mano, señalándole lo que iba a hacer a continuación. Lo único que ella pudo hacer fue alzar la barbilla.

 

Cuando levantó la cabeza, la punta del látigo voló hacia ella y la roja flor que llevaba entre los pechos explotó en un despliegue de frágiles pétalos de papel.

 

Ella dio un respingo y dejó escapar un siseo que el público acalló con sus aplausos. Kevin hizo otro gesto, indicándole que levantara las manos y cruzara las muñecas. Temblando, ella siguió sus indicaciones.

 

El látigo restalló de nuevo y la multitud soltó un grito ahogado cuando el látigo se enroscó alrededor de las muñecas de Dani. Él esperó un momento, luego la liberó. Un murmullo indescifrable surgió de las gradas. Kevin la miró con el ceño fruncido y ella recordó que debía sonreír. Consiguió curvar los labios y mostrar las muñecas para que vieran que estaba ilesa.

Mientras hacía eso, él volvió a chasquear el látigo.

 

Dani dio un respingo. Miró hacia abajo y vio que el látigo le rodeaba los tobillos. Kevin no había hecho eso antes y ella le dirigió una mirada preocupada. La liberó y arqueó una ceja indicándole que saludara. Ella le dirigió al público otra sonrisa falsa. A continuación Kevin le indicó que levantase los brazos. Con una sensación de fatalidad, Dani hizo lo que le ordenaba.

 

«¡Zas!»

 

A Dani se le escapó un gritito cuando el látigo se curvó en torno a su cintura. Ella esperaba que él aliviara la presión de la cuerda, pero Kevin se limitó a tirar con fuerza del látigo, obligándola a acercarse a él. Sólo cuando la falda del vestido rozó los muslos de Kevin, él sustituyó el látigo por sus brazos para darle un beso arrebatador que habría hecho justicia a la portada de un libro romántico.

 

La multitud soltó una ovación.

 

Dani se sentía mareada, y aunque estaba enfadada con Kevin, no pudo evitar sentirse feliz. Su marido silbó y Misha resolló con furia al volver a la arena. Kevin la soltó sólo un momento y montó a lomos del caballo de un salto mientras el equino trotaba por la pista. Un escalofrío de inquietud se deslizó por la espalda de Dani. Sin duda alguna él no iba a...

 

Dani sintió que sus pies dejaban de tocar el suelo cuando Kevin se inclinó sobre el lateral del caballo para subirla en sus brazos. Antes de saber qué sucedía, estaba sentada en su regazo.

 

Se apagaron las luces, dejando la pista sumida en la oscuridad. Los aplausos fueron ensordecedores. Kevin aflojó uno de los brazos mientras ella se agarraba frenéticamente a su cintura. Un momento después, sonó una explosión y el gran látigo de fuego danzó por encima de sus cabezas.

 

 

holaaaaa bueeenooo que taaal les gustoooo el caapp???

a mi siii jejejeje haayyy kev k le pasaaa jeje no le gusto los arreglos de la caravanaa?? jejeje

uuuyyy k pasara con las pildoras jejeje

les diree algooo

las pildoras tienen su secreto!

jejeje

buenoo las dejoo me voyy paso x sus novels!!

no se olviden de votar x favoor!!!! arriba esta el link!

las kierooo

byeee

xoxox

 

Adri!

 

 

 

 

 

CAPITULO 13 PARTE 2


Cuando se separaron, Kevin sostuvo la mirada de ella durante un largo y dulce instante.

 

-Sabes como un rayo de sol -susurró.

Ella sonrió.

 

-Te daré unos días más, cariño, porque sé que todo esto es nuevo para ti, pero nada más.

 

Dani no tuvo que preguntarle a qué se refería.

 

-A lo mejor necesito más tiempo. Tenemos que conocernos mejor. Respetarnos el uno al otro.

 

-Cariño, en lo que concierne al sexo, te aseguro que siento mucho respeto por ti.

 

-Por favor, no hagas como si no supieras de lo que hablo.

 

-Me gusta el sexo. A ti te gusta el sexo. Nos gusta practicarlo juntos. Eso es todo.

 

-¡Eso no es todo! El sexo debería ser sagr...

 

-No lo digas, Dani. Si dices esa palabra otra vez, te juro que flirtearé con cada camarera que encuentre de aquí a Cincinnati.

 

Ella entrecerró los ojos.

 

-Justo lo que intentaba demostrar. Y no creo que sagrado sea una palabrota. Vamos, Tater, tenemos mucho trabajo que hacer.

 

Dani se fue con el elefante trotando tras ella. Si se le hubiera ocurrido volver la mirada, habría visto algo que la habría asombrado. Habría visto a su duro y malhumorado marido sonriendo como un adolescente enamorado.

 

A pesar de las protestas de Kevin, ella había continuado cuidando a los animales, aunque Trey hacía ahora muchas de las rutinarias tareas diarias. Sinjun clavó la mirada en Tater cuando se acercaron. Los elefantes y los tigres eran enemigos confesos. Pero a Sinjun parecía molestarle la presencia de Tater por otra cosa. Kevin decía que estaba celoso, pero ella no era capaz de atribuirle tal emoción a aquel viejo tigre malhumorado.

 

Dani observó a Sinjun con satisfacción. Gracias al nuevo pienso y a las duchas diarias, el pelaje del animal tenía ahora mejor aspecto. Le hizo una

burlona reverencia.

 

-Buenos días, majestad.

 

Sinjun le enseñó los dientes, gesto que ella interpretó como una manera de decirle que no se pusiera demasiado cursi con él.

 

No había experimentado más momentos de comunicación mística con él, por lo que había comenzado a pensar que los que había tenido antes habían sido inducidos por la fatiga. Aun así, no podía negar que aún seguía sintiendo miedo cuando estaba cerca de él.

 

Había dejado una bolsa con chucherías que había comprado con su propio dinero en una tienda del pueblo cerca de un fardo de heno. La cogió y la llevó a la jaula de Glenna. La gorila ya la había divisado y apretaba su cara contra los barrotes, esperando pacientemente.

 

La muda aceptación de Glenna de su destino, junto con el anhelo que mostraba por disfrutar de contacto humano, rompía el corazón de Dani. Acarició la suave palma que el animal alargaba a través de los barrotes.

-Hola, cariño. Tengo algo para ti. -Sacó de la bolsa una madura ciruela

púrpura. La fruta tenía la misma textura que los dedos de Glenna. Áspera por fuera. Blanda por dentro.

 

Glenna tomó la ciruela y se retiró a la parte posterior de la jaula donde se la

comió con pequeños y delicados mordisquitos mientras miraba a Dani con

triste gratitud.

 

Dani le dio otra y continuó hablando con ella. Cuando la gorila terminó de comer, se acercó de nuevo a los barrotes, pero esta vez cogió el pelo de Dani.

 

La primera vez que había hecho eso Dani había sentido miedo, pero ahora sabía lo que quería hacer Glenna y se arrancó la goma elástica de la coleta.

 

Durante un buen rato permaneció con paciencia ante la jaula, dejando que la gorila la aseara como si fuera su hija mientras hurgaba en su cabello en busca de pulgas y mosquitos inexistentes.

 

Cuando por fin terminó, Dani notó que se le había puesto un nudo en la garganta por la emoción. No importaba lo que dijeran, no entendía cómo podían tener enjaulada a una criatura tan humana.

 

Dos horas más tarde, Dani regresaba a la caravana acompañada de su enorme mascota cuando vio a Beatriz practicando con los aros cerca del campo de juego. Ahora que ya no estaba tan cansada, Dani había podido recordar con claridad lo sucedido la noche en que había desaparecido el dinero y pensó que era el momento apropiado para hablar con la chica.

 

Beatriz dejó caer un aro cuando ella se acercó, y mientras se agachaba para recogerlo, miró a Dani con cautela.

 

-Quiero hablar contigo. Beatriz. Vamos a sentarnos en las gradas.

 

-No tengo nada que hablar contigo.

 

-Estupendo. Entonces hablaré yo. Muévete. Beatriz la miró con resentimiento pero respondió a su tono autoritario. Después de recoger los aros, siguió a Dani, arrastrando las sandalias.

 

Dani se sentó en la tercera fila y Beatriz lo hizo una fila más abajo. Tater localizó un lugar cerca de la segunda base y comenzó a revolcarse en el lodo, que es lo que hacen los elefantes para enfriarse.

 

-Supongo que vas a largarme un rollo por lo de Kevin.

 

-Kevin está casado, Beatriz, y el matrimonio es un vínculo sagrado entre un hombre y una mujer. Nadie tiene derecho a intentar romperlo.

 

-¡No es justo! No te lo mereces.

 

-No eres quién para juzgar eso.

 

-¿De verdad eres tan santurrona?

 

-¿Cómo voy a ser santurrona? -dijo Dani con voz queda. -Soy una ladrona, ¿recuerdas?

 

Beatriz se llevó los dedos a la boca y comenzó a morderse las uñas.

 

-Todos te odian por haber robado ese dinero.

 

-Ya lo sé. Pero eso no es justo, ¿verdad?

 

-Por supuesto que es justo.

 

-Pero las dos sabemos que yo no lo hice.

 

Beatriz se puso tensa y permaneció un largo segundo en silencio antes de contestar.

 

-Sí que lo hiciste.

 

-Tú estuviste en el vagón rojo esa noche después de que Sheba comprobara la recaudación; antes de que yo cerrara el cajón.

 

-¿Qué más da? ¡No robé el dinero y no puedes acusarme de nada!

 

-Hubo una llamada para Kevin. Cogí el teléfono y mientras estaba distraída, metiste la mano en el cajón de la recaudación y robaste los doscientos dólares.

 

-¡No lo hice! ¡No puedes demostrarlo!

 

-Luego te colaste en nuestra caravana y escondiste el dinero en mi maleta para que todos pensaran que había sido yo.

 

-¡Mientes!

 

-Debería haberme dado cuenta de inmediato, pero estaba tan cansada por intentar acostumbrarme a todo esto que se me olvidó que habías estado

allí.

 

-Mientes -repitió Beatriz, aunque esta vez con menos vehemencia. -Y como le vayas con el cuento a mi padre, lo lamentarás.

 

-No puedes amenazarme con nada peor que lo que ya me has hecho. No tengo amigos, Beatriz. Nadie quiere hablar conmigo porque piensan que soy una ladrona. Ni siquiera me cree mi marido.

 

La cara de Beatriz era la viva imagen de la culpa y Dani supo que tenía razón. Miró a la adolescente con tristeza.

 

-Lo que has hecho está muy mal.

 

Beatriz bajó la cabeza y su fino cabello cayó hacia delante, cubriéndole el rostro.

 

-No puedes probar nada -masculló.

 

-¿Es así como quieres vivir? ¿Actuando de manera deshonesta? ¿Siendo cruel con otras personas? Todos cometemos errores, Beatriz, y si quieres madurar tienes que aprender a asumirlos.

 

La adolescente hundió los hombros y Dani vio en qué momento exacto se dio por vencida.

 

-¿Vas a decírselo a mi padre?

 

-No lo sé. Pero tengo que decírselo a Kevin.

 

-Pero él se lo dirá a mi padre.

 

-Es probable. Kevin tiene un profundo sentido de la justicia.

 

Una lágrima cayó sobre el muslo de Beatriz, pero Dani endureció el corazón para no compadecerla.

 

-Mi padre me dijo que si me metía en algún lío me enviaría de vuelta con tía Terry.

 

-Pues tal vez deberías haber pensado en eso antes de tenderme una trampa.

 

Beatriz no dijo nada y Dani no la presionó. Finalmente, la joven se enjugó

las lágrimas con el dobladillo de la camiseta.

 

-¿Cuándo vas a decírselo?

 

-Aún no lo he pensado. Esta noche, quizás. O tal vez mañana.

 

Beatriz asintió bruscamente con la cabeza.

 

-Yo sólo... el dinero estaba allí y aunque no lo había planeado...

 

Dani intentó tragarse la lástima que sentía recordándose a sí misma que, por las acciones de esa chica, su marido pensaba que era una ladrona y su matrimonio había fracasado antes de haber tenido siquiera una oportunidad.

 

-Lo que hiciste no estuvo bien. Tienes que enfrentarte a las consecuencias.

-Sí, supongo. -Beatriz intentó secarse las lágrimas con los dedos. -Me alegro de que te hayas dado cuenta. Es difícil..., sé que no lo merezco, pero quizá podrías hablar con Sheba en vez de con Kevin. Prefiero que se lo diga ella a mi padre. Se pelean todo el rato, pero por lo menos se respetan y puede que no pierda el juicio si se lo dice ella.

 

Dani se enderezó.

 

-¿Tu padre es violento contigo?

 

-Bueno, supongo. Quiero decir que grita y todo eso.

 

-¿Te pega?

 

-¿Papá? No, nunca me ha pegado. Pero a veces se enfada tanto que casi preferiría que lo hiciera.

 

-Entiendo.

 

-Ya había asumido que volvería con mi tía tarde o temprano. Sé que necesita que le eche una mano con los niños y todo eso. He sido muy egoísta queriendo quedarme aquí, pero los niños son unos auténticos monstruos y, algunas veces, me sacan de quicio.

 

Dani estaba recibiendo más información de la que quería y se sintió culpable.

 

La adolescente se levantó del banco con los ojos llenos de lágrimas.

 

-Siento haber sido tan imbécil y haberte causado tantos problemas. -Una lágrima se coló entre sus pestañas. -Si no quería acabar con tía Terry y los niños, debería haberme portado mejor. No debería haberlo hecho, pero estaba celosa por Kevin. -Las palabras le salían entre pequeños hipidos. -Es demasiado mayor... y nunca se enamoraría de alguien como yo. Pero siempre ha sido agradable conmigo y supongo que... supongo que quería eso todo el rato, aunque... -respiró hondo, -aunque siempre supe que no resultaría. Lo siento, Dani.

 

Con un sollozo, se giró y huyó. Dani se acercó a Tater y el elefantito la rodeó con la trompa. Se apoyó contra él, sin saber muy bien qué hacer. Antes de enfrentarse a Beatriz, lo había tenido todo muy claro, pero ahora no estaba tan segura. Si no le decía a Kevin la verdad sobre Beatriz, él continuaría creyendo que era una ladrona. Pero si se lo decía, Beatriz recibiría un gran castigo y Dani no creía poder vivir saliéndose responsable de eso.

 

Desde la carretera vio cómo Kevin se subía a la camioneta para dirigirse al pueblo. Un rato antes le había dicho que tenía que resolver un problema con la compañía que suministraba los donnickers y que podía tardar varías horas en volver. Dani había pensado dedicar ese tiempo a desempaquetar las compras que llevaba semanas haciendo en secreto y que transformarían la fea caravana verde en algo parecido a un hogar. Pero su encuentro con Beatriz le había quitado el entusiasmo. Sin embargo era mejor ocuparse de eso que sentarse sin hacer nada.

 

Pero mientras se dirigía a la caravana, recuperó el ánimo. Por fin iba a dedicar su tiempo a algo para lo que sí valía. Estaba deseando ver la cara que pondría Kevin cuando volviera.

 

 

Holaaaaaaaaaaaaaaaa quee tall chikitaas como estaann!!

buenoo aki les subi el capp!!!

comenteeen please!!!!!

mm k opinan de lo de Beatriz????? uuuy k pasaraaa k kreen???

buenoo me voy1!

las kieroooo

xoxox

Adri!

CAPITULO 13 PARTE 1



-¿Puedes intentar mantener los ojos abiertos esta vez?

Dani notó que Kevin estaba perdiendo la paciencia con ella. Estaban detrás de las caravanas, en un campo de béisbol a las afueras de Maryland, un sitio muy parecido al que habían estado los días anteriores y llevaban así casi dos semanas. La joven tenía los nervios tan tensos que estaban a punto de estallar.


Tater estaba cerca de ellos, alternando suspiros de amor por su dama con remover el barro. Después de que Dani se hubiera enfrentado al elefantito unas semanas atrás, Tater había comenzado a escaparse para buscarla y, finalmente, Digger lo había castigado con el pincho. La joven no había podido tolerar tal cosa, así que le había dicho que ella se encargaría de cuidar al elefante durante el día cuando vagara por ahí. Todos -excepto la propia Dani-parecían haberse acostumbrado a ver trotando a Tater detrás de ella como si fuera un perrito faldero.


-Si abro los ojos daré un respingo -señaló Dani mientras su marido empuñaba el látigo- y me dijiste que me harías daño si daba respingos.


-Tienes el blanco tan alejado de tu cuerpo que podrías estar bailando El lago de

los cisnes y ni siquiera te rozaría.


Había algo de verdad en lo que decía. El rollo de periódico que sostenía en la mano medía más de treinta centímetros y, además, ella tenía el brazo extendido. Pero cada vez que Kevin agitaba el látigo arrancando un trozo del extremo, ella daba un salto. No podía evitarlo.


-Puede que mañana consiga abrir los ojos.


-En tres días estarás en la pista central. Es mejor que los abras ya.


Dani abrió los ojos de golpe al oír la voz sarcástica y acusadora de Sheba que estaba donde Kevin había dejado los látigos enroscados en el suelo. Tenía los brazos cruzados y el sol arrancaba destellos a su pelo, que brillaba como las llamas del infierno.


-Ya deberías haberte acostumbrado. -Se agachó con rapidez y cogió uno de los rollos de papel de diez centímetros que había en el suelo. Ésos eran los blancos de verdad, los que se suponía que Dani debía sostener en la función, pero hasta ese momento Kevin no había podido convencerla para que practicaran con algo que midiera menos de treinta centímetros.


Sheba comenzó a hacer rodar uno de los pequeños rollos entre los dedos como si fuera un pitillo, luego se acercó a Dani y se detuvo a su lado.


-Quítate de en medio.


Dani retrocedió.


Sheba miró a Kevin con un destello desafiante en los ojos.


-Aprende cómo se hace.


Se puso de perfil, echó el pelo hacia atrás y se colocó el rollo entre los labios.


Por un momento Kevin no hizo nada, y Dani notó que había una vieja historia entre la dueña del circo y él, una historia de la cual Dani no sabía nada. Parecía como si Sheba desafiara a su marido, pero ¿para que hiciera qué? Kevin levantó el brazo tan repentinamente que ella apenas vio el movimiento de su muñeca.


«¡Zas!» El látigo restalló a pocos centímetros de la cara de la mujer y el

extremo del rollo desapareció.


Sheba no se movió. Se mantuvo tan serena como si estuviera asistiendo a un cóctel mientras Kevin agitaba el látigo una y otra vez, rompiendo un trocito de rollo cada vez. Poco a poco, lo fue acortando hasta que sólo quedó el cabo entre los labios de la mujer.


En ese momento lo cogió y se lo tendió a Dani.


-Ahora veamos cómo lo haces tú.


Dani reconocía un reto cuando lo veía, pero esa gente se había criado tentando al peligro. Ella no tenía que demostrar su valor, sentía que ya lo había hecho cuando se había enfrentado a Tater.


-Quizás en otro momento.


Kevin suspiró y bajó el látigo.


-Sheba, esto no funciona. Continuaré haciendo el número yo solo.

-¿Te tiene dominado, Kevin? Cinco generaciones de sangre circense y le has dado el nombre de Markov a alguien que no tiene valor para entrar en la pista central contigo.


Los ojos verdes de Sheba se oscurecieron con desprecio cuando miró a Dani.


-No te estamos pidiendo que andes por la cuerda floja ni que montes a pelo.

Lo único que tienes que hacer es estar allí de pie. Pero ni siquiera eres capaz de hacerlo, ¿verdad?

-Lo siento, pero no valgo para esto.


-¿Y para qué vales entonces?


Kevin dio un paso adelante.


-Ya basta. Dani se ha encargado de los animales aunque no tendría por qué haberlo hecho, y están en mejores condiciones que nunca.


-No la defiendas. -Dani sintió el impacto de los ojos de Sheba con la misma intensidad que si fuera el impacto del látigo. -¿Sabes algo de la familia Markov?


-Kevin no me ha hablado mucho de su pasado. -Y tampoco le había hablado mucho de su presente. Cada vez que intentaba preguntarle por la vida que llevaba fuera del circo, él cambiaba de tema. Sospechaba que había ido a la universidad y que la medalla esmaltada que llevaba colgada del cuello era una reliquia familiar, pero nada más.


-Déjalo, Sheba -le advirtió él.


Ella no le hizo caso y sostuvo la mirada de Dani con firmeza.


-Los Markov son una de las familias más famosas en la historia del circo. La madre de Kevin era la mejor montando a pelo. Kevin podría haber sido un campeón ecuestre de no ser por su altura.


-A Dani no le importa nada de eso -dijo él.


-Sí que me importa. Continúa, Sheba.


-Su madre formaba parte de la quinta generación de artistas rusos que actuaron para los zares. Lo más interesante de los Markov es que la historia de su familia se transmite a través de las mujeres. No importa con quién se hayan casado, los hombres han renunciado a su propio apellido para mantener el de Markov y pasarlo a sus hijos. Pero los hombres Markov han sido también grandes artistas con el látigo y algunos de los mejores jinetes que se hayan visto en el circo.


Kevin comenzó a recoger los rollos de periódico y a meterlos en una vieja bolsa

de lona.


-Vamos, Dani. Por hoy es suficiente.


La expresión de Sheba se volvió amarga.


-Los Markov siempre han seguido la tradición y han elegido bien a sus esposas. Al menos hasta llegar a Kevin. -Hizo una pausa. En sus ojos asomó un helado desprecio. -No estás a su altura, Dani, no mereces llevar el apellido Markov.


Tras decir eso se giró y se marchó, con un paso tan regio que hizo que sus ropas desarregladas parecieran dignas de una reina.


Dani se sintió despreciable.


-Tiene razón, Kevin. No valgo para nada.


-Tonterías. -Kevin enrolló los látigos y los apoyó sobre el hombro. -Sheba considera la tradición del circo tan sagrada como la religión. No le hagas caso.


Dani miró la bolsa con los rollos de periódico. Se acercó y sacó uno con decisión.


-¿Qué haces?


-Dar la talla como mujer Markov.


-Por el amor de Dios, suelta eso. Te he dicho que pases de ella. Sheba siempre ha tenido una visión distorsionada de la historia de los Markov. Mi tío Sergey era el mayor bastardo que he conocido en mi vida.


-Te agradezco que intentes que me sienta mejor, pero no puedo ignorar lo que ha dicho. -Caminó hacia el lugar donde habían estado practicando antes y se puso de perfil. -Estoy cansada de ser siempre la peor.


Se puso el rollito en los labios; las rodillas le temblaban más que nunca. Si Kevin fallaba, le golpearía en la cara y, quizá, dejaría una cicatriz en su piel y en su alma.


-Déjalo, Dani. -Ella cerró los ojos. -Dani...


Ella se sacó el rollito de la boca para hablar, pero no le miró.


-Por favor, Kevin, hazlo de una vez. Cuanto más me hagas esperar, más difícil será para mí.


-¿Estás segura?


No estaba segura en absoluto, pero se puso de nuevo el rollito en la boca y cerró los ojos, rezando por no dar un brinco.


Dani gritó cuando oyó el chasquido del látigo y sintió una corriente de aire en la cara. El sonido retumbó en sus oídos. Tater abrió la boca y soltó un barrito.


-¿Te he dado? ¡Maldita sea, sé que no te he dado!


-No..., no..., estoy bien. Es sólo... -Respiró hondo y recogió el rollito que había dejado caer, observando que Kevin había sesgado un trocito del extremo. -Es sólo que estoy un poco nerviosa.


-Dani, no tienes por qué...


Ella se colocó el blanco de nuevo en la boca y cerró los ojos.


«¡Zas!»


Dani gritó otra vez.


-Si sigues gritando comenzaré a ponerme nervioso -dijo Kevin en tono seco.


-¡No gritaré! Pero por Dios, no pierdas los nervios. -Cogió el rollito, era mucho más corto de lo que había sido en un principio.


-¿Cuántas veces más?


-Dos.


-¿¿Dos??-chilló.


-Dos.


Esta vez colocó el rollito justo en el borde de los labios.


-Estás haciendo trampa.


El sudor corría entre los pechos de Dani cuando volvió a colocarlo. Respiró hondo.


«¡Zas!» Otra corriente de aire le agitó un mechón de pelo contra la mejilla. Casi se desmayó, pero de alguna manera logró contener el grito. Sólo una vez más. Una vez más.


«¡Zas!» La joven abrió lentamente los ojos.


-Ya está, Dani, se acabó. Ahora sólo tendrías que saludar al público.


Estaba viva y sin marcas. Atontada, lo miró y habló con un ronco susurro.


-Lo he hecho.


Él sonrió y soltó el látigo.


-Pues claro que sí. Estoy orgulloso de ti.


Con un gran grito de alegría, corrió hacia él y se arrojó a sus brazos. Kevin la atrapó automáticamente. Cuando la estrechó contra su cuerpo, una lenta oleada de calor recorrió el cuerpo de Dani. Él debió de sentir lo mismo porque se echó atrás y la dejó en el suelo.


Dani sabía que Kevin no aceptaba que se hubiera negado a hacer el amor con él desde aquella tarde de sudor y sexo que la había perturbado tan profundamente. Su período le había dado una excusa perfecta durante unos días, pero había terminado hacía media semana. Le había pedido un poco de tiempo para aclararse las ideas y, aunque Kevin había estado de acuerdo, no le había gustado nada.


-Sólo un truco más -dijo él- y luego terminamos.


-Quizá deberíamos dejarlo para mañana. -Es el truco más fácil. Venga, vamos

a hacerlo antes de que pierdas el valor. Ponte dónde estabas.


-Kevin...


-Venga. No te dolerá. Te lo prometo.


A regañadientes, Dani regresó al lugar donde había estado antes.


Kevin cogió el látigo más largo y lo sostuvo entre los dedos.

-Colócate frente a mí y cierra los ojos.


-No.


-Confía en mí, cariño. Esta vez tienes que tener los ojos cerrados.


Dani hizo lo que le decía, pero entreabrió uno de los ojos para ver lo que él hacía.



-Levanta los brazos por encima de la cabeza.

-¿Los brazos?

 

-Levántalos por encima de la cabeza. Y cruza las muñecas.

 

Ella abrió los dos ojos.

 

-Creo que me olvidé de decirle a Trey algo sobre la nueva dieta de Sinjun.

-Todas las mujeres Markov han hecho este truco.

 

Resignada, Dani levantó los brazos, cruzó las muñecas y cerró los ojos, diciéndose a sí misma que no podía ser peor que sostener un rollito con los labios.

 

«¡Zas!»

 

Apenas había percibido el chasquido del látigo cuando sintió que éste le rodeaba y le ataba las muñecas con fuerza.

 

Esta vez el grito le salió del alma. Dejó caer los brazos tan rápidamente que sintió que se le dislocaban los hombros. Se miró con incredulidad las muñecas atadas.

 

-¡Me has dado! Dijiste que no me tocarías, pero lo has hecho.

 

-Estate quieta, Dani, y deja de gritar de una vez. No te ha dolido.

 

-¿No me ha dolido?

 

-No.

 

Ella miró sus muñecas y se dio cuenta de que él tenía razón.

-¿Cómo lo has hecho?

 

-Destensé el látigo antes de chasquearlo. -Kevin hizo un movimiento con la muñeca para que el látigo se aflojase, y la liberó. -Es un truco muy viejo, pero el público lo adora. Aunque, después de que te ate las muñecas, debes sonreír para que todos sepan que no te he hecho daño. Acabaré en la cárcel si no lo haces.

 

Dani se examinó una muñeca y luego la otra. Se dio cuenta con asombro de que estaban intactas.

 

-¿Y si te olvidas de destensar el látigo antes de apresarme las muñecas?

 

-No lo haré.

-Podrías cometer un error, Kevin. Es imposible que siempre te salga bien.

 

-Claro que sí. Llevo años haciéndolo y nunca he lastimado a nadie. -Comenzó a recoger los látigos y ella se maravilló de aquella perfecta arrogancia, pero al mismo tiempo se sintió inquieta.

 

-Esta mañana las cosas han salido algo mejor-dijo ella, -pero aún me parece

imposible que pueda actuar contigo dentro de dos días. Jack me ha dicho que voy a interpretar a una gitanilla indomable, pero no creo que las gitanas indomables griten como lo hago yo.

 

-Ya pensaremos algo. -Para sorpresa de la joven, Kevin le dio un besito en la

punta de la nariz antes de girarse para marcharse, pero se detuvo en seco y se volvió de nuevo hacia ella. La miró un buen rato. Luego inclinó la cabeza y posó sus labios sobre los de Dani.

 

La joven le rodeó el cuello con los brazos cuando él se apretó contra ella. Aunque su mente le decía que el sexo debía ser sagrado, su cuerpo deseaba ardientemente las caricias de Kevin, y Dani supo que nunca tendría suficiente de él.

 

 

Holaaa!!!

espero k les haya gustado el cap!!!! jejeje aunque bueno esta es la parte uno del trece

buenoo si comentan subo prontoo!!!

no se olviden de votar x mi pleaasee!!! se los agradeceriaa!

buenooo me voeee

mil graciaaas x pasarse!

 

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2do Lugar! Graciaas chikass!!

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