Obsessive Jonas Disorder
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LIVE CHAT CON JOEE

 

 


HOLAAAA COMOO ESTAAAAN!!!!! YO EMOCIONAADAAAA COMO NO ESTARLOOOOO CON MI MONITOO HERMOOSOO!!!!!!! JIJIJI VIERON EL LIVE CHAT??? AHAHHA LOS MEJORES 33 MINUTOOS DE MI VIDA!!! A K NO ADIVINAN CON KIEN LO VI?? CON MI MAMII!! EJJEJE OKKKK UNAS FOTITOOS DE EL Y AJHHHHHH AMEEE EL CHAUU!!!! AJAJJA UNICOOOOOO AHAHA MEGHAAN!! ESTUVO MUY COKETAA!!!!! WJSJBDSJKKJJEIODHN

BUENOOO ME VOYYY

Y UN FAVOOOR??? SE UNENN SIII?????? GRACIAAS!!

 

Jonas Brothers los dueños de mi corazón

 

 

 

El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.

 

 

 

 

 

chaaaaauuu

 

 

 

 

 

EPÍLOGO



Dani y Kevin se casaron por segunda vez diez días después en un campo al norte de Tampa. La ceremonia tuvo lugar al amanecer porque la novia insistió en contar con la presencia de un invitado que los demás hubieran preferido que olvidara.


Sinjun descansaba a los pies de Dani, y ambos estaban unidos por una larga correa plateada. Un extremo rodeaba el cuello del tigre y el otro envolvía la muñeca de la joven. Como resultado de la presencia del felino, el número de personas que asistían a la ceremonia nupcial a las seis de esa mañana de octubre era bastante reducido. Y parecían bastante nerviosas.


-No sé por qué no pudo dejarlo en la jaula -le susurró Sheba a su marido, el hombre con quien se había casado unos días antes en una ceremonia celebrada en la pista central que finalizó con una actuación en el trapecio de los hermanos Tolea.


-A mí me vas a hablar de mujeres tercas -repuso él. -Estoy casado con una.

Ella le dirigió una mirada de complicidad.



-Tienes suerte.


-Sí-asintió Brady, -tengo suerte.


Al lado de ellos, Beatriz acarició la trompa de Tater mientras miraba a Dani con aire crítico. Si ésa fuera su boda, decidió, llevaría puesto algo más bonito que unos viejos vaqueros, sobre todo -y Beatriz lo sabía de buena tinta- cuando no podía abrocharlos en la cintura. De hecho, se había puesto una de las enormes camisas azules de Kevin para ocultarlo.


De todas formas, Dani estaba muy guapa. Tenía las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes, y se había puesto una tiara de brillantes en forma de margaritas en el pelo. Kevin se la había regalado por sorpresa, junto con un anillo de diamantes tan grande que era una suerte para todos que aún no hubiera salido el sol o se habrían quedado ciegos.


Ese verano había habido tantos cambios en la vida de Beatriz que todavía le costaba asimilarlos. Sheba no iba a vender el circo de los Hermanos Quest y a Beatriz le parecía genial que su padre y ella estuvieran intentando tener un bebé. Sheba era una madrastra la mar de guay. Le había dicho a Beatriz que podía empezar a salir con chicos ese año, aunque su padre había añadido que lo haría sobre su cadáver, y se había convertido en una persona casi tan cariñosa como Dani.


Dani le había comentado a Beatriz que se matricularía en la universidad donde daba clases Kevin tan pronto como naciera el bebé para poder trabajar después en una guardería, y que los dos se irían a Rusia en diciembre para adquirir piezas para ese museo tan grande del que Kevin era asesor. A pesar de todo,

harían la gira del verano siguiente con el circo de los Hermanos Quest, y Dani incluso le había dicho que volvería a actuar con Kevin en la pista central. Le había confesado que ya no le daban miedo los látigos porque ya había experimentado lo peor que podía pasarle.


Kevin comenzó a formular sus votos con una voz ronca y profunda y, cuando bajó la mirada hacia Dani, su expresión era tierna como si tuviese ante sus ojos lo que más amaba en el mundo. Dani, naturalmente, rompió a llorar y Jill tuvo que ofrecerle un pañuelo de papel. La joven respiró hondo y se dispuso a decir sus votos.



-Yo, Dani Devreaux Markov, te tomo a ti... -Hizo una pausa.


Kevin la miró y arqueó una ceja.


-No me digas que has vuelto a olvidarte de mi nombre. -Parecía exasperado, pero Beatriz hubiera jurado que quería reírse.


-Claro que no. Es que no conozco tu segundo nombre y acabo de darme cuenta ahora.


-Ah... -Kevin se inclinó y se lo susurró al oído.


-Perfecto. -Dani sonrió entre lágrimas y volvió a mirarlo a los ojos. -Yo, Dani Devreaux Markov, te tomo a ti, Kevinander Romanov Markov...


Mientras Dani seguía hablando, Kevin le apretó la mano y Beatriz hubiera jurado por Dios que él también tenía lágrimas en los ojos.


Sinjun se levantó y se estiró hasta alcanzar toda su longitud. Sheba se puso nerviosa y se arrimó al brazo de Brady buscando protección. A Beatriz no es que le volviera loca el tigre, pero no era tan miedica como Sheba.


Su madrastra había dado una gran sorpresa a la pareja cuando les entregó a Sinjun como regalo de boda. Kevin ya había mandado construir un lugar para el tigre detrás de su casa en Connecticut. Seguro que molaba ser tan rico. Aunque nadie lo hubiera mencionado, Beatriz pensaba que Tater pasaría también el invierno en el granero que Kevin tenía en Connecticut en lugar de quedarse con el resto de los elefantes en Tampa.


-Yo os declaro marido y mujer.


Dani y Kevin se miraron el uno al otro y, por un instante, dio la impresión de que se habían olvidado del resto del mundo. Por fin, Kevin recordó que era el momento del beso y se inclinó para besar a su esposa. Beatriz no pudo asegurar que fuera un beso francés, pero no le hubiera extrañado nada. Mientras se besaban, Tater los espolvoreó con briznas de heno como si éstas fueran arroz.

Todos se echaron a reír menos Sheba, que seguía pendiente de Sinjun.


Dani soltó la correa del tigre. Luego lanzó un gritito de alegría y rodeó el cuello de Kevin con los brazos. Él la alzó y la hizo girar, aunque lo hizo con mucho cuidado para no lastimar al bebé.


Cuando se detuvo, la besó de nuevo.


-He conseguido a la mejor mujer Markov de todas.

Dani adoptó esa mirada tan descarada que incluso Beatriz pensaba que era preciosa.

-Y yo tengo al mejor de los hombres Markov.


Todo aquello le parecía tan ridículo que Beatriz comenzó a sentirvergüenza ajena, pero no se cortó un pelo a la hora de vitorear, porque le gustaban los finales felices.



Luego se dio cuenta de que aquello no era un final en absoluto. Al mirar a su alrededor, a todas esas personas que amaba, supo que sólo era el comienzo de una nueva vida.


 

FIN

 

 

 

 

 

 

ahhhhhh se terminoooooooooooo :( :( :( :)

espero k les haya gustado tanto como ami !!!!

graciaass x sus comentarios son las mejores lectoras las kierooo muuuuchooo!!!!!!

esperooo seguir subiendo prontooooo

ayudenme con las encuestas k estan al comienzo milgracias a todas!

 

 

 

CAPITULO 24 3/3 The End

 

-No es tu dinero lo que quiero. Ya deberías saberlo. Lo que quiero es doblegar tu orgullo.

 

Kevin se apartó, como si no pudiera soportar su contacto.

 

-¿Qué coño quieres decir?

 

-Si quieres al tigre, tendrás que suplicar por él.

 

-Vete al infierno.


-El gran Kevin Markov tendrá que ponerse de rodillas y rogar.

-Antes prefiero morir.

 

-¿No lo harás?

 

-Ni en un millón de años. -Kevin apoyó las manos en las caderas. -Puedes hacer lo que te dé la gana con ese puto tigre, pero no me pondré de rodillas delante de ti ni de nadie.

 


-Me sorprendes. Estaba segura de que lo harías por esa pequeña boba. Debería haber imaginado que no la amas de verdad. -Por un momento Sheba levantó la mirada a las sombras de la cubierta, luego volvió a mirarlo. -Lo sospechaba. Debería haberme fiado de mi instinto. ¿Cómo podrías amarla? Eres demasiado despiadado para amar a nadie.

 

 

-Tú no sabes lo que siento por Dani.

 

-Sé que no la amas lo suficiente como para ponerte de rodillas y suplicar por ella. -Lo miró con aire satisfecho. -Así que yo gano. Gano de todas maneras.

 

 

-Estás loca.

 

-Haces bien en negarte. Una vez me arrodillé por amor y no se lo recomiendo a nadie.

 

-Jesús, Sheba. No hagas esto.

 

-Tengo que hacerlo -la voz de la dueña del circo había perdido todo rastro de burla. -Nadie humilla a Sheba Quest sin pagarlo. Lo mires como lo mires, serás tú quien pierda hoy. ¿Estás seguro de que no quieres reconsiderarlo?

 

-Estoy seguro.

 

Dani supo en ese momento que había perdido a Sinjun. Kevin no era como otros hombres. Se sostenía a base de acero, valor y orgullo. Si se rebajase, el hombre que era se destruiría. Inclinó la cabeza e intentó darse la vuelta para marcharse, pero Brady le bloqueaba el paso.

 

-Sabes la ironía de todo esto, Dani lo haría -dijo Kevin con voz tensa y dura. -Ni siquiera se lo pensaría dos veces. -Soltó una carcajada que no contenía ni pizca de humor. -Se pondría de rodillas en menos de un segundo porque tiene un corazón tan grande que es capaz de responder por todos. No le importan ni el honor ni el orgullo ni nada por el estilo si el bienestar de las criaturas que ama está en peligro.

 

 

-¿Y qué? -se burló Sheba. -No veo aquí a Dani. Sólo te veo a ti. ¿Qué será, Kevin, tu orgullo o el tigre? ¿Vas a renunciar a todo por amor o te aferrarás a ese orgullo que tanto te importa?

 

Hubo un largo silencio. Cuando las lágrimas comenzaron a deslizarse por la cara de Dani, ésta supo que tenía que escapar. Pasó junto a Brady, pero se detuvo cuando oyó el fiero comentario de éste.

 

-Qué hijo de p***.

 

Se giró con rapidez y vio que Kevin seguía de pie frente a Sheba, en silencio, con la cabeza alta, pero sus rodillas comenzaban a doblarse. Esas poderosas rodillas Romanov. Esas orgullosas rodillas Markov. Poco a poco, su marido se dejó caer en el serrín, pero Dani supo que jamás había parecido más arrogante, ni más inquebrantable.

 

-Suplícamelo -susurró Sheba.

 

-¡No! -la palabra surgió de lo más profundo del pecho de Dani. ¡No dejaría que Sheba le hiciera eso, ni siquiera por Sinjun! ¿De qué serviría salvar a un magnífico tigre si con ello destruía a otro?

 

Atravesó la puerta a toda velocidad y entró en la pista, haciendo volar el serrín mientras corría hacia Kevin. Cuando llegó hasta su marido lo cogió del brazo y tiró de él para que se pusiera en pie.

 

-¡Levántate, Kevin! ¡No lo hagas! No se lo permitas.

 

Él no apartaba la mirada de Sheba Quest. Sus ojos parecían llamas ardientes.

 

-Tú me lo dijiste una vez, Dani. Nadie puede humillarme. Sólo yo puedo rebajarme.

 

Kevin levantó la cabeza, con la boca fruncida en un gesto de desprecio. Aunque estaba de rodillas, jamás había parecido tan regio. Era el zar en persona. El rey de la pista central.

 

-Te lo ruego, Sheba -dijo con firmeza. -No permitas que le ocurra nada a ese tigre.

 

Dani se aferró al brazo de Kevin y se dejó caer de rodillas a su lado.

 

Brady soltó una exclamación.

 

Y Sheba Quest curvó los labios en una media sonrisa. La expresión que tenía en la cara era una irritante combinación de admiración y satisfacción.

 

-Qué hijo de perra eres. Al final será verdad que la amas después de todo.

 

Miró a Dani, arrodillada al lado de Kevin.


Sheba: -Por si aún no te has dado cuenta, Kevin te ama. Tu tigre estará de vuelta mañana por la mañana. Ya me lo agradecerás en otro momento. Ahora, ¿tengo que seguir haciendo yo el trabajo sucio o piensas que puedes encargarte tú sola de esto sin volver a joderlo todo?

 

Dani clavó la mirada en ella, tragó saliva, y asintió con la cabeza.

 

-Bien, porque ya estoy harta de que todos estén preocupados por ti.

 

Brady comenzó a maldecir por lo bajo.

 

Kevin entrecerró los ojos.

 

Y Sheba Quest, la orgullosa reina de la pista central, pasó majestuosamente junto a ellos con la cabeza en alto y su brillante pelo rojizo ondeando como un estandarte del circo.

 

Brady la alcanzó antes de que llegara a la puerta trasera, pero antes de que él pudiera decir algo, ella se volvió y le clavó el dedo índice en el pecho con tanta fuerza como pudo.

 

 

-¡Y que nunca vuelva a oírte decir que no soy buena persona!

 

 

Lentamente, una picara sonrisa reemplazó la mirada atontada en la cara de Brady. Sin decir palabra, se inclinó y se la cargó al hombro.

 

Arrodillados todavía en el serrín de la pista, Dani sacudió la cabeza con desconcierto y miró a Kevin.

 

-Sheba lo tenía planeado todo. Sabía que Brady y yo no podríamos resistirnos a escuchar a escondidas. De alguna manera sabía cómo me sentía y ha preparado toda esta charada para que vea que es verdad que me amas.

 

 

Los ojos que cayeron sobre ella eran tan duros y fríos como el ámbar, y además estaban furiosos.

 

-Ni una palabra. -Ella abrió la boca. -¡Ni una palabra!

 

 

El orgullo de Kevin había quedado maltrecho y no se lo estaba tomando demasiado bien. Dani supo que tenía que actuar con rapidez. Después de haber llegado hasta ahí, no iba a perderlo ahora.

 

 

Le empujó en el pecho con todas sus fuerzas y, pillado por sorpresa, Kevin cayó en el serrín. Antes de que pudiera incorporarse, ella se sentó a horcajadas sobre él.

 

-No seas tonto, Kevin. Te entiendo. -Le metió los dedos entre los oscuros cabellos. -Te lo ruego. Hemos llegado demasiado lejos para que hagas el tonto ahora; ya lo he hecho yo por los dos.

 

Aunque en parte fue por tu culpa, que lo sepas. Me has repetido tantas veces que no sabías amar que, cuando realmente lo hiciste, pensé que sólo te sentías culpable. Debería haberlo sabido. Debería...

 

-Deja que me levante, Dani. Ella sabía que podía quitársela de encima con facilidad, pero también sabía que no lo hacía por el bebé. Y porque la amaba.

 

Se inclinó hacia él. Le rodeó el cuello con los brazos y apretó la mejilla contra la suya. Extendió las piernas sobre las de él y apoyó los dedos de los pies encima de sus tobillos.

 

-Creo que no. Ahora estás un poco furioso, pero se te pasará en un par de minutos, en cuanto lo reconsideres todo. Hasta entonces, no pienso dejarte hacer nada que puedas lamentar más tarde.

 

 

Dani creyó sentir que él se relajaba, pero no se movió, porque Kevin era un tramposo redomado y esa podía ser una de sus tácticas para pillarla con la guardia baja.

 

-Levántate ya, Dani.

 

-No.

 

-Acabarás lamentándolo.

 

-Tú no me harías daño.

 

-¿Quién ha dicho nada sobre hacer daño?

 

-Estás furioso.

 

-Soy muy feliz.

 

-Estás muy furioso por lo que Sheba te ha obligado a hacer.

 

-Ella no me obligó a hacer nada.

 

-Te aseguro que sí. -Dani alzó la cabeza para dirigir una amplia sonrisa a aquella cara ceñuda. -Lo ha hecho muy bien. De veras. Si tenemos una niña podemos llamarla como ella.

 

 

-Sobre mi cadáver.

 

Dani inclinó de nuevo la cabeza y esperó, acostada sobre él como si fuera el mejor colchón anatómico del mundo.

 

Kevin le rozó la oreja con los labios.

 

-Quiero casarme antes de que nazca el bebé -susurró Dani acurrucándose más contra él. Sintió la mano de Kevin en su pelo.

 

-Ya estamos casados.

 

-Quiero hacerlo de nuevo.

 

-Dejémoslo sólo en hacerlo.

 

-¿Te vas a poner vulgar?

 

-¿Te levantarás si lo hago?

 

-¿Me amas?

 

-Te amo.

 

-No suena como si me amases. Suena como si estuvieras rechinando los dientes.

 

-Estoy rechinando los dientes, pero eso no quiere decir que no te quiera con todo mi corazón.

 

-¿De veras? -Dani alzó de nuevo la cabeza y le brindó una sonrisa radiante. -Entonces, ¿por qué tienes tantas ganas de que me levante?

 

Kevin esbozó una sonrisa picara.

 

-Para poder probarte mi amor.

 

-Empiezas a ponerme nerviosa.

 

-¿Temes no ser lo bastante mujer para mí?

 

-Oh, no. Definitivamente eso no me pone nerviosa. -Dani inclinó la cabeza y le mordisqueó el labio inferior. En menos de un segundo, él lo convirtió en un beso profundo y sensual. A Dani se le saltaron las lágrimas porque todo era maravilloso.

 

 

Kevin comenzó a besarle las lágrimas y ella le acarició la mejilla.

 

-Me amas de verdad, ¿no?

 

-Te amo de verdad -dijo él con voz ronca. -Y esta vez quiero que me creas. Te lo ruego, cariño.

 

Ella sonrió a través de las lágrimas.


-Te creo. Vámonos a casa............

 

 

 

 

 

CHAN CHAN!!!!


Que les pasecioooo??????

ah ah ah ah les dije k no odien a Shebaa!!!!!! jejejeje

okk!! comenteeen y subireee mañana el EPILOGO!!! :)

LAS KIEROOO CHIKAAS!!!

ATT

ADRIANA!

 

 

 


 

 

 

 

CAPITULO 24 2/3 CAPITULO FINAL!

holaaa chicaas comoo estaaan?????? jejeje publicar 1000000 caps diarios jajaja vaya sugerencia!!! jejejeje!!! :) buenoo aki un cap cortitoooooo :) espero les guste!!! perooo x favooor!!!! no odien a Sheba!!!! jejejeje ya veran porque...:)

se las kiere! cuidensen muuuchoo!!! no se olviden de comentar!

las kiere

su escritora

Adriana  :)

 

 

-¿De qué personas hablas? -inquirió Kevin, deteniéndose junto a Dani. -¿Quién lo ha comprado?

 

-Por ahora nadie. El caballero en cuestión no lo recogerá hasta mañana por la mañana.

 

-Entonces, ¿dónde está?

 

-Está a salvo. Trey está con él.

 

A Kevin se le acabó la paciencia.

 

-¡Déjate de rodeos! ¿A quién vas a vendérselo?

 

-Había varias personas interesadas, pero Rex Webley ofreció el mejor precio.

 

-Jesús. -La expresión de la cara de Kevin hizo que Dani se estremeciera de inquietud.

 

-¿Quién es Rex Webley? -preguntó.

 

-No digas ni una sola palabra Sheba, esto es algo entre tú y yo -intervino Kevin, antes de que ella pudiera contestar.

 

Sheba le dirigió una mirada condescendiente antes de volverse hacia Dani.

 

-Webley tiene un coto de caza ilegal en Texas.

 

Dani no lo entendió.

 

-¿Un coto de caza ilegal?

 

-Hay gente que le paga a Webley para ir a cazar ciertos animales allí -dijo Brady con disgusto.

 

Dani pasó la mirada de Sheba a Brady.

 

-¿Para cazarlos? Pero nadie puede cazar tigres. Son una especie en peligro de extinción.

 

Sheba se levantó y entró en la pista con decisión.

 

-Eso hace que sean más valorados por los hombres ricos que ya están aburridos de cazar piezas comunes y a los que les importa un comino la ley.

 

-¿Has vendido a Sinjun para que lo cacen y lo maten? -dijo Dani con voz horrorizada cuando por fin comprendió lo que Sheba le estaba diciendo. Un montón de imágenes horribles cruzó por su cabeza.

 

Sinjun no tenía el temor que un tigre normal siente hacia la gente. No se daría cuenta de que esos hombres querían lastimarle. En su mente vio su cuerpo abatido por las balas. Lo vio sobre la tierra con su pelaje negro y naranja manchado de sangre. Se acercó rápidamente a Sheba.

 

-¡No te lo permitiré! Te denunciaré a las autoridades. Te detendrán.

 

-No, no lo harán -repuso Sheba. -No es ilegal vender un tigre. Webley me ha dicho que su intención es exhibir a Sinjun en su rancho de caza. Eso no va contra la ley.

 

-Sólo que no va a exhibirlo, ¿verdad? Lo va a matar. -Dani se sintió mareada. -Iré a las autoridades. Lo haré. Detendrán todo esto.

 

-Lo dudo -dijo Sheba. -Webley lleva años sorteando la ley. Tendrías que tener un testigo que jurara que vio cómo lo mataban, lo que no ocurrirá ni en sueños. Y en cualquier caso, sería demasiado tarde para hacer nada, ¿no?

 

Dani nunca había odiado tanto a otro ser humano.

 

-¿Cómo puedes hacer esto? Si tanto me odias, ¿por qué no me haces daño a mí? ¿Por qué tienes que tomarla con Sinjun?

 

Kevin entró en la pista y se enfrentó a Sheba.

 

-Te pagaré el doble que Webley -ofreció.

 

-Esta vez no conseguirás nada con tu dinero, Kevin. No comprarás a Sinjun como hiciste con Glenna. Puse una condición cuando apalabré la venta.

 

Dani lo miró con rapidez. Kevin no le había dicho que había sido él quien había comprado a Glenna. Sabía que había hecho los arreglos necesarios para que fuera instalada en el zoo Brookfield, pero no que había sido su dinero el que lo había hecho posible. La gorila tenía un nuevo y precioso hogar gracias a él.

 

 

-¿Por qué haces esto? -preguntó él. -La gente de Webley no recogerá a Sinjun hasta el amanecer. -La expresión de Sheba se volvió astuta. -Será entonces cuando firme los papeles, pero siempre puedo cambiar de idea.

 

-Ah, así que llegamos al meollo del asunto, ¿verdad, Sheba? -susurró Kevin con voz apenas audible.

 

Sheba miró a Dani, que todavía estaba fuera de la pista al lado de Brady.

 

-Eso te gustaría, ¿verdad, Dani? Que detuviera todo esto. Puedo hacerlo, ya lo sabes. Con una simple llamada telefónica.

 

-Claro que puedes -siseó Kevin. -¿Qué tengo que hacer para que hagas esa llamada?

 

Sheba se volvió hacia él y fue como si Brady y Dani hubieran dejado de existir, quedando sólo ellos dos frente a frente en medio de la pista; algo para lo que ambos habían nacido. Sheba acortó la distancia que había entre ellos moviéndose sinuosamente, casi como una amante, pero no existía ni pizca de amor entre ellos.

 

 

-Ya sabes lo que tienes que hacer.

 

-Dímelo de todas maneras.

 

Sheba se giró hacia Dani y Brady.

 

-Dejadnos solos. Esto es entre Kevin y yo.

 

-¡Esto es una locura! Eso es lo que es. ¡Si hubiera sabido lo que estabas maquinando, juro por Dios que te hubiera sacudido hasta que olvidaras tal gilipollez! -explotó Brady.

 

Sheba ni siquiera se inmutó ante aquel arrebato de ira.

 

-Si Dani y tú no os vais de aquí, será el final del tigre.

 

-Marchaos -dijo Kevin. -Haced lo que dice. Brady se volvió hacia él.

-No dejes que te corte las pelotas. Lo intentará, pero no dejes que llegue a ese extremo -dijo con amargura. Parecía como si hubiese perdido la fe en todo lo que creía.

 

 

-Lo intentaré -repuso Kevin suavemente.

 

Dani le dirigió una mirada suplicante, pero él estaba concentrado en Sheba y no se dio cuenta.

 

-Venga, Dani. Vámonos de aquí. -Brady le pasó el brazo por los hombros y la llevó hacia la puerta trasera. Tras tantos meses aprendiendo a luchar, Dani intentó resistirse, pero sabía que Kevin era la única esperanza de Sinjun.

 

Una vez fuera, respiró hondo. Era una noche fría y comenzaron a castañetearle los dientes.

 

-Lo siento, Dani. No pensé que llegaría tan lejos -susurró Brady, abrazándola.

 

Dentro se oyó la desdeñosa voz de Kevin sólo un poco amortiguada por la lona de la carpa.

 

-Eres una mujer de negocios, Sheba. Si me vendes a Sinjun te compensaré generosamente. Todo lo que tienes que hacer es poner el precio.

 

Fue como si Brady y Dani hubieran echado raíces en ese lugar; sabían que debían irse pero eran incapaces de hacerlo. Luego Brady cogió a Dani de la mano y la hizo atravesar las sombras hasta la puerta trasera, donde no podían ser vistos pero tenían una vista parcial de la pista central.

 

Dani vio cómo Sheba acariciaba el brazo de Kevin.

 

-No es tu dinero lo que quiero. Ya deberías saberlo. Lo que quiero es doblegar tu orgullo.

 

 

 

ahhhhh acaso no son hermosos????

 

 

CAPITULO 24 1/3 CAPITULO FINAL! pd: quieren cap hoy?


CAPÍTULO 24


-¡Kevin!

 

Él alzó la cabeza del motor de la grúa con rapidez en cuanto oyó la voz de Dani gritando su nombre y sonando exactamente igual que solía hacerlo. Se sintió esperanzado. Quizás aún no se había acabado todo. Tal vez Dani no quiso decir lo que dijo dos noches atrás y no tendría que llevarla al aeropuerto esa misma tarde.

 

 

Arrojó al suelo la llave inglesa que estaba usando y se volvió para mirarla. Sus esperanzas se desvanecieron en cuanto vio la expresión de su esposa.

 

Sinjun no está! Han descargado a todos los animales y el no estaba entre ellos. También falta Trey.

 

Brady salió desde detrás de la grúa donde estaba intentando ayudar a Kevin.

 

-Seguro que es cosa de Sheba. Me apuesto lo que sea.

 

La cara de Dani palideció de ansiedad.

 

-¿Te ha comentado algo?

 

-No, pero se ha comportado como una verdadera arpía estos dos últimos días.

 

Dani miró a Kevin y, por primera vez desde que la había ido a buscar al zoológico de Chicago, él sintió que lo miraba de verdad.

-¿Sabías algo de esto?

 

-No, no me ha dicho nada.

 

-Sabe lo que sientes por ese tigre -dijo Brady. -Supongo que lo ha vendido a tus espaldas.

 

-Pero no puede hacer eso. ¡Es mío! -Dani se mordió el labio como si se diera cuenta de que lo que había dicho no era cierto.

 

-Antes fui a ver a Sheba -dijo Brady, -pero había desaparecido. Fue Shorty quien trajo su RV, pero el Cadillac no estaba por ningún lado.

 

Dani cerró los puños.

 

-Le ha hecho algo terrible a Sinjun. Lo sé.

 

Kevin quiso consolarla, pero sospechaba que Dani tenía razón.

 

-Haré algunas llamadas a ver si averiguo algo. ¿Por qué no habláis con los empleados por si alguien sabe algo?

 

Pero nadie sabía nada. Durante las dos horas siguientes hablaron con todos y sólo descubrieron que nadie había visto a Sheba desde la tarde anterior.

 

Dani estaba cada vez más histérica. ¿Dónde estaba Sinjun} ¿Qué había hecho Sheba con él? Había descubierto bastantes cosas sobre el tráfico ilegal de animales viejos del circo, sabía que era improbable que el tigre acabara en un zoo. ¿Qué le ocurriría a su tigre?

 

Se hizo tarde para llevar a Dani al aeropuerto. Kevin había insistido en que ella se quedara con su padre hasta decidir lo que quería hacer, pero ahora eso no tenía importancia.

 

Pasó junto al Lexus gris con matrícula de Connecticut -otra muestra más de lo culpable que se sentía Kevin- y se sentó en la parte trasera de la camioneta que la había trasladado durante todo el verano hasta llegar a esa desolada noche de octubre. Desde allí, observó el recinto.

 

 

Pasó la primera función y luego la segunda. La gente llegó y se fue.

 

Aquel lugar era la última parada antes de poner rumbo a Tampa.

 

De nuevo los empleados del circo habían ido al pueblo junto con algunas de las showgirls y el recinto estaba desierto. Tenía frío, pero esperó a que Kevin se hubiera cambiado de ropa y se marchara a atender a Misha para regresar a la caravana.

 

 

Desde la puerta vio su maleta, que yacía olvidada encima de la cama. Se acercó a ella mientras se quitaba la vieja sudadera gris.

 

Tras terminar de desnudarse en silencio, comenzó a recolocar la ropa vacilando ante el desordenado cajón donde Kevin guardaba la suya. Se arrodilló, deprimida, y abrió el último cajón. Apartó a un lado los vaqueros de Kevin para ver lo que sabía que estaba oculto debajo: un sonajero barato de plástico, un patito amarillo, una caja de galletas con forma de animales, un babero con la imagen de un conejo y un ejemplar de un libro del doctor Spock.

 

 

Había descubierto todo esos objetos unos días antes cuando estaba buscando otra cosa; Kevin nunca los había mencionado. En ese momento tocó el sonajero con la punta de un dedo e intentó imaginar por qué razón había comprado todo eso. Si pudiera permitirse creer que...

 

 

No. No podía pensar eso, tenía demasiado que perder.

 

Cerró el cajón y, cuando regresaba a la camioneta, vio el Cadillac de Sheba aparcado al lado de la RV y oyó gritos en el interior del circo. Kevin también los había oído y se acercó a la vez que ella. Se encontraron en la puerta trasera.

 

-Quizá sería mejor que esperaras aquí -dijo él.

 

Dani lo ignoró y entró.

 

El circo estaba iluminado por un solo foco, que arrojaba una luz difusa sobre la pista, dejando el resto en penumbra. Dani se vio envuelta por los familiares olores a serrín, animales y palomitas de maíz. Iba a echarlo mucho de menos.

 

Brady y Sheba estaban discutiendo al lado de la pista. Brady la asía del brazo claramente furioso.

 

-Dani no te ha hecho absolutamente nada. ¿Por qué la has tomado con ella?

 

Sheba se zafó de él.

 

-Hago lo que me da la real gana, y ningún carnicero como tú va a mangonearme.

 

-¿No te cansas de ser una arpía?

 

Lo que fuera que Sheba iba a decir murió en sus labios.

 

-Vaya, vaya, mira a quién tenemos aquí.

 

Dani dio un paso adelante para enfrentarse a ella.

 

-¿Qué has hecho con Sinjun?

 

Sheba se tomó su tiempo para contestar, jugando con ella al gato y al ratón para demostrar su poder.

 

-Sinjun ha salido rumbo a su nuevo hogar.

Los tigres siberianos son animales muy valiosos, ¿lo sabías? Incluso los más viejos. -Se sentó en la primera fila de asientos y cruzó las piernas en una postura que parecía demasiado estudiada. -Ni siquiera yo sabía lo que ciertas personas pueden llegar a pagar por ellos.

 

 

 

OK subii!!! ante las amenazas! de mi kerida lectora NarthaJonas en su blog k me habla por no subir jejeje aki les dejo parte del cap final!

espero lo disfruten y no kieran matar a Sheba! jejeje

ok la dejooo

besoss

byee

xoxox

Adri! Corazón

 

 

 

Capitulo 23 parte 2


nota:

Laly!!!!!!

graciaaaas x pasartee!!!! jujuju siii son muchos caps!! que bien que te haya gustado la novelaa, es muy importante tu comentario para mi!! al igual que el de todas mis lectoras!


espero k disfruten el capitulo!! :)

 

 

 

Beatriz terminó los tacos que Sheba había preparado y se limpió los dedos en la servilleta de papel.

 

-¿Quieres saber lo que me dijo mi padre ayer por la noche?

 

Sheba la miró desde el fregadero.

 

-Claro.

 

Beatriz sonrió ampliamente, luego resopló.

 

-Me dijo: «Bueno, Beatriz, saca tus cosas del sofá. Que te quiera tanto no significa que quiera mancharme el culo de maquillaje.»

 

Sheba se rio.

 

-Tu padre sabe cómo engatusar a la gente.

 

-Sheba, aquel día en el aeropuerto... -Beatriz parpadeó. -Mi padre tenía los ojos llenos de lágrimas.

 

-Te quiere mucho.

 

-Supongo que sí. -Su sonrisa se desvaneció. -Me siento culpable de ser tan feliz cuando Dani está tan jodida. Ayer dije «joder» delante de ella y ni siquiera se inmutó.

 

Sheba pasó un paño por la encimera de la cocina.

 

-No hacéis más que hablar de ella. Me pone enferma.

 

-Eso es porque no la soportas. No entiendo por qué. Quiero decir que sé que Kevin y tú estuvisteis saliendo y todo eso, pero a ti ya no te interesa él y Dani está muy deprimida. ¿Qué es lo que tienes contra ella?

 

-Lo que pasa es que Sheba no puede aguantar que haya alguien que no la considere el ombligo del mundo. -Brady estaba al lado de la puerta, aunque ninguna de las dos lo había oído entrar.

 

Sheba se volvió hacia él hecha una furia.

 

-¿No sabes llamar a la puerta?

 

Beatriz suspiró.

 

-¿Vais a empezar a discutir otra vez?

 

-Yo no discuto -dijo Brady. -Es ella.

 

-¡Ja! Se cree que puede decirme lo que tengo que hacer y no pienso consentirlo.

 

-Eso es lo que él dice de ti -señaló Beatriz con paciencia. Y luego, aunque pensaba que gastaba saliva inútilmente añadió: -Si os casarais de una vez por todas estaríais tan ocupados dándoos órdenes mutuamente que nos dejaríais en paz a todos los demás.

 

-¡No me casaría con él por nada del mundo!

 

-¡No me casaría con ella aunque fuera la última mujer de la tierra!

 

-Entonces no deberíais acostaros juntos. -Beatriz imitó lo mejor que supo a Dani Markov. -Papá, sé que sales a hurtadillas todas las noches para dormir con ella, pero mantener relaciones sexuales con otra persona sin estar enamorado de ella es inmoral.

 

Sheba se puso roja. Su padre abrió y cerró la boca un par de veces como si fuera una carpa dorada, luego comenzó a farfullar.

 

-No sabes lo que dices, señorita. Sheba y yo sólo somos amigos, eso es todo. Tuvo problemas con el depósito de agua y yo...

 

Beatriz puso los ojos en blanco.

 

-No soy imbécil, papá.

 

-Escúchame...

 

-¿Qué clase de ejemplo crees que me estás dando? Ayer mismo leí algo sobre madurez psicológica en mis deberes, y parece que tengo dos cosas en mi contra.

 

-¿Cuáles?

 

-Perdí a mi madre y soy producto de una familia desestructurada.

 

Eso y lo que veo que hacen los dos adultos más influyentes de mi vida hace que tenga muchas posibilidades de acabar embarazada antes de cumplir los veinte años.

 

Brady arqueó las cejas hasta que prácticamente se perdieron en el nacimiento del pelo, y Beatriz llegó a pensar que perdería c! control. Aunque Brady ya no le daba el mismo miedo que antes, no era estúpida.

 

-Me piro. Nos vemos, chicos.

 

Cerró de un portazo al salir de la caravana.

 

-¡Qué cabrita!

 

-Siéntate -dijo Sheba. -Sólo intenta decirnos algo.

 

-¿Qué?

 

-Que deberíamos casarnos. -Sheba se llevó un trozo de carne a la boca. -Lo que demuestra lo poco que sabe de la vida.

 

-No la has entendido bien.

 

-Aún no se ha dado cuenta de lo incompatibles que somos.

 

-Excepto ahí dentro. -Brady señaló con la cabeza el dormitorio de la parte de atrás.

 

-Bueno, lo cierto es... -Una astuta sonrisa se extendió por la cara de Sheba- que parece que los chicos de las clases bajas tenéis vuestra utilidad.

 

-Pues claro que la tenemos. -La tomó entre sus brazos y ella se apretó contra él. Comenzó a besarla, pero se apartó porque los dos tenían cosas que hacer y una vez que empezaban no habría nada que los detuviera.

 

Brady notó la preocupación en los ojos de Sheba.

 

-La temporada termina -dijo ella. -En un par de semanas estaremos en Tampa.

 

-Nos veremos en invierno.

 

-¿Quién ha dicho que quiera verte?

 

Sheba mentía y los dos lo sabían. Estaban muy a gusto juntos, pero Brady tenía el presentimiento de que ella quería algo que él no podía darle.

 

Enterró los labios en el pelo de Sheba.

 

-Sheba, tengo que protegerme de ti. Creo que te amo, pero no puedo casarme contigo. Soy un hombre orgulloso y tú siempre estás pisoteando mi orgullo.

 

Ella se tensó y se alejó de él, lanzándole una mirada tan desdeñosa que Brady se sintió como una cucaracha.

 

-Creo que nadie ha hablado de matrimonio.

 

Brady no sabía expresarse bien, pero había algo importante que

quería decirle desde hacía tiempo.

 

-Me gustaría casarme contigo, pero me resultaría imposible estar casado con alguien que disfruta humillándome todo el tiempo.

 

-¿Qué dices? Tú también me humillas.

 

-Sí, pero yo lo hago sin querer y tú no. Hay una gran diferencia. Lo cierto es que te crees mejor que los demás. Piensas que eres perfecta.

 

-Nunca he dicho eso.

 

-Entonces cuéntame algo malo de ti.

 

-Ya no soy tan buena trapecista como antes.

 

-No hablo de eso. Hablo de algo que tengas dentro, algo que no sea como debería ser. A todos nos pasa.

 

-No me pasa nada malo, no sé de qué me hablas.

 

Brady negó tristemente con la cabeza.

 

-Te conozco, nena. Y hasta que no resuelvas eso, no hay esperanza para nosotros.

 

La soltó y se dio la vuelta para marcharse, pero antes de que él llegara a la puerta, Sheba comenzó a gritar:

 

-¡No sabes nada de mí! Que sea dura no quiere decir que sea una

mala persona. ¡No lo soy, maldita sea! ¡Soy buena!

 

-Además, eres una esnob -repuso él, mirándola. -Sólo te importa lo que tú sientes. Hieres a los demás. Estás obsesionada con el pasado y eres la persona más engreída que he conocido nunca.

 

Por un momento Sheba se quedó atontada, pero luego volvió a gritar:

 

-¡Mentiroso! ¡Soy buena! ¡Lo soy!

 

El grito furioso de Sheba hizo que Brady se estremeciera. Supo que ella le atacaría y logró salir antes de que estrellara el plato de tacos contra la puerta.

 

 


Mientras daba vueltas esa noche por el recinto, Dani se dio cuenta de que hubiera preferido seguir actuando con Kevin. Al menos hubiera estado ocupada. Cuando le había dicho que no iba a volver a la pista con él, no sintió ni alegría ni decepción. Le dio igual. En las últimas semanas había descubierto un dolor mucho más profundo que cualquiera que pudiera provocarle con el látigo.

 

Observó el bullicio de la multitud al otro lado del recinto. Los niños cansados se aferraban a sus madres y los padres llevaban en brazos a los más pequeños con manchas de manzana de caramelo en las bocas. Antes, ver a esos padres hubiera hecho que los ojos se le llenasen de lágrimas de emoción, pues imaginaba a Kevin llevando en brazos a su hijo. Pero ahora tenía los ojos secos. Junto con todo lo demás, había perdido la capacidad de llorar.

 

Como el circo permanecería allí esa noche, los empleados tenían la urde libre y se habían dirigido al pueblo en busca de comida y alcohol. El recinto se fue quedando en silencio. Mientras Kevin se ocupaba de Misha, ella se puso una de las viejas sudaderas de su marido y se movió entre los elefantes dormidos hasta llegar a Tater. Se arrodilló y se acurrucó entre las patas delanteras del animal y dejó que le apoyase la trompa en las rodillas.

 

Se arrebujó dentro de la sudadera de Kevin. La suave prenda olía a él, a esa particular combinación de jabón, sol y cuero que ella habría reconocido en cualquier parte. ¿Llegaría a perder todo lo que amaba?

 

Oyó unos pasos. Tater se incorporó sobre los cuartos traseros y Dani vio un par de piernas enfundadas en vaqueros que no tuvo ninguna dificultad en reconocer.

 

Kevin se puso en cuclillas a su lado y apoyó los codos en las rodillas, dejando colgar las manos entre ellas. Parecía tan triste que por una fracción de segundo quiso consolarlo.

 

-Por favor, sal de ahí -susurró él. -Te necesito tanto.

Dani apoyó la mejilla contra la arrugada piel del pecho de Tater.

 

-Creo que me quedaré aquí un rato más.

 

Kevin hundió los hombros y pasó un dedo por el suelo.

 

-Mi casa... es grande. Hay una habitación de invitados con una buena vista del bosque que hay al sur.

 

Dani soltó el aliento con un suave suspiro.

 

-Hace frío esta noche. Va a nevar.

 

-He pensado que podríamos convertirla en una habitación infantil. Es una estancia agradable, soleada, con un gran ventanal. Tal vez podríamos tener allí una mecedora.

 

-Siempre me ha gustado la nieve.

 

Los animales se movieron y uno de ellos bufó en sueños. Tater levantó la trompa de la rodilla de Dani y la pasó por los hombros de Kevin. El tono suave de Kevin no disimuló su amargura.

 

-¿No vas a perdonarme nunca? -Ella no dijo nada. -Te amo, Dani. Te amo tanto.

 

Ella oyó el sufrimiento en su voz, vio la vulnerabilidad en su cara y, si bien sabía que era debido a lo culpable que se sentía, Dani había sufrido demasiado dolor para encontrar placer en infligírselo a otro, en especial a alguien que era tan importante para ella.

 

-Tú no sabes cómo amar, Kevin.

 

-Puede que eso fuera cierto antes, pero ya no lo es.

 

Tal vez fuera por lo cómoda que se sentía bajo el corazón de Tater, o tal vez fuera el dolor de Kevin, pero Dani sintió que la gélida barrera que rodeaba su corazón comenzaba a agrietarse. A pesar de todo, todavía 1c amaba. Se había mentido a sí misma cuando se dijo que no lo hacía. Él era su alma gemela y su corazón siempre le pertenecería. Con esa certeza llegó un conocimiento más profundo y amargo. Si volvía a caer víctima del amor que sentía por él, podría acabar destruida y, por el bien del bebé, no podía permitir que eso ocurriera.

 

-¿Es que no lo ves? Sólo te sientes culpable.

 

-Eso no es cierto.

 

-Eres un hombre orgulloso. Has violado tu código del honor e intentas arreglarlo. Lo entiendo, pero no voy a dejar que mi vida se base en unas palabras que no sientes de verdad. Este bebé es demasiado importante para mí.

 

-El bebé también es importante para mí.

 

Ella hizo una mueca de dolor.

 

-No digas eso, por favor.

 

-Te probaría mi amor si pudiera, pero no sé cómo hacerlo.

 

-Tienes que dejarme ir. Sé que eso heriría tu orgullo y lo siento, pero vivir contigo así es demasiado duro para mí.

 

Él no dijo nada. Ella cerró los ojos e intentó ocultarse tras la helada barrera que la había mantenido en pie hasta entonces, pero Kevin había provocado demasiadas grietas.

 

-Por favor, Kevin -susurró entrecortadamente. -Por favor, deja que me vaya.

 

La voz de Kevin apenas era un susurro.

 

-¿Es eso lo que quieres de verdad?

 

Dani asintió con la cabeza.

 

Jamás había pensado que lo vería tan derrotado, pero en ese momento la chispa que ardía en el interior de Kevin pareció

apagarse.

 

-Vale -dijo con voz ronca. -Que sea como tú quieras.

 

Si eso era lo que quería, ¿por qué le dolía tanto?

 

A su lado se movió una sombra, pero los dos estaban demasiado absortos en su sufrimiento para darse cuenta de que alguien más había escuchado la conversación.

ULTIMOS CAPITULOS.......

 

 

 

HOLAAA!!! quee tal chicaas!! como se encuentran que hacen??

ya estan en clases?? si creo k ahora todas jeje

bieen les dejo el cap!!!

ya me pase x sus novels!! estan mejor que nuncaa!!! disculpen k no puedo comentar esk voy de pasadita! k tengo k estudiar full!!!!

ok ahora si me voyyy

chaaoo las kieroo!!!

att

Adri!

 

 

 

 

CAPÍTULO 23



CAPÍTULO 23 parte 1


Kevin acompañó a Dani a una casa modesta en una calle de un barrio obrero bastante alejado del zoológico. Había una escultura de escayola de la Virgen María en el diminuto patio delantero, al lado de unos girasoles que rodeaban un parterre de petunias rosadas. Dani había alquilado una habitación en la parte trasera con vistas a la vía del tren.

 

Mientras ella recogía sus escasas pertenencias, él fue a pagar a la casera sólo para descubrir que Dani ya había pagado el alquiler por adelantado.

 

Gracias a la charlatana mujer se enteró de que Dani trabajaba como recepcionista en un salón de belleza durante el día y de camarera en una cafetería del barrio por la noche. No era de extrañar que pareciera tan cansada. No tenía coche y tenía que ir andando o en autobús a todas partes; ahorraba todo lo que ganaba para cuando naciera el bebé. El hecho de que su esposa hubiera vivido en la miseria mientras él tenía dos automóviles de lujo y una casa llena de obras de arte de incalculable valor sólo contribuyó a hacerlo sentir más culpable.

 

 

Antes de ponerse en camino, Kevin consideró por un momento llevarla a su casa en Connecticut, pero al instante rechazó la idea. Ella necesitaba más que una curación física, necesitaba una curación emocional y tal vez los anímales que amaba la ayudarían a conseguirla.



Aquello le resultaba tan familiar que Dani sintió una momentánea felicidad cuando la camioneta se detuvo. Kevin y ella estaban en la carretera, camino de la siguiente ubicación del circo. Estaba enamorada y embarazada y... Se despertó de golpe cuando la realidad se abatió sobre ella.

 

Kevin sacó la llave del contacto y abrió la puerta.

 

-Tengo que dormir un poco o acabaremos empotrándonos contra un árbol. Pasaremos aquí la noche. -Bajó de la camioneta y cerró la puerta.

 

Dani se reclinó en el asiento y cerró los ojos ante el brillante crepúsculo; también cerró el corazón a la dulzura que escuchaba en la voz de Kevin. Él se sentía culpable, cualquiera podía verlo, pero no dejaría que eso la ablandara. Seguro que él se sentía mejor después de haberle dicho todas aquellas mentiras, pero si ella las creía acabaría atrapada. Tenía que proteger a su bebé; ya no podía permitirse el lujo de ser optimista.

 

 

Kevin le había dicho que Amelia y su padre habían sustituido las píldoras anticonceptivas y se había disculpado por no haber confiado en ella. Otra cosa que lo hacía sentirse culpable. Ella lo ignoró.

 

¿Por qué Kevin no podía dejarla sola? ¿Por qué la había obligado a regresar con él? Por primera vez en semanas, todas las emociones que mantenía bajo control irrumpieron en su interior. Apretó los nudillos contra los labios y luchó por contener todos aquellos sentimientos hasta que volvió a erigir el muro que la había mantenido en pie el último mes.

 

 

Ella siempre se había dejado llevar por las emociones, pero si quería sobrevivir no podía seguir así. El orgullo lo es todo, le había dicho Kevin, y era cierto. Fue el orgullo lo que la sostuvo. Lo que consiguió que contestara al teléfono en la peluquería un día tras otro y que pasara las noches cargando las pesadas bandejas con aquella comida grasienta que le producía náuseas. El orgullo fue lo que puso un techo sobre su cabeza y lo que le hizo ganar dinero para el futuro. El orgullo la mantuvo en pie cuando el amor la traicionó.

 

¿Y ahora qué? Por primera vez en semanas, experimentaba temor por algo que no tenía nada que ver con poder pagar el alquiler. Le daba miedo Kevin. ¿Qué quería de ella?

 

«La peor amenaza para los tigres jóvenes es un tigre adulto. Los tigres no mantienen fuertes vínculos familiares como los leones o los elefantes. No es inusual que un tigre mate a su cachorro.»

 

Forcejeó con el tirador de la puerta sólo para ver que su marido se dirigía hacia ella.

 

Kevin apartó la silla de la mesa donde el camarero del servicio de habitaciones había puesto la comida que había pedido.

 

 

-Siéntate y come, Dani.

 

Kevin no había escogido un motelucho de carretera, de eso nada; los había instalado en una suite de lujo en un reluciente y novísimo hotel Marriott a orillas del río Ohio, en la frontera entre Indiana y Kentucky. Dani recordó cómo acostumbraba a contar los peniques cuando iba a hacer la compra y el sermón que le soltaba a Kevin cuando adquiría una botella de vino de buena cosecha. Cómo debía de haberse reído de ella.

 

-Te he dicho que no tengo hambre.

 

-Entonces siéntate y acompáñame.

 

A Dani le costó menos sentarse en la silla que discutir con él. Kevin se ajustó el nudo del cinturón del albornoz blanco que se había puesto tras la ducha y se sentó frente a ella. Tenía el pelo húmedo y se le rizaba en las sienes. Necesitaba un buen corte.

 

 

Kevin bajó la vista a la ingente cantidad de comida que había pedido para Dani: una enorme ensalada, pechugas de pollo con salsa de champiñones, patatas al horno, pasta, lasaña, dos panecillos, un gran vaso de leche y una ración de tarta de queso.

 

-No puedo comerme todo esto.

 

-Estoy hambriento. Comeré parte de lo tuyo.

 

Aunque a él le gustaba comer, no comía tanto como para dar cuenta de todo aquello. Dani sintió el estómago revuelto. Había tenido problemas para retener la comida cuando abandonó a Kevin y durante todo el primer trimestre de embarazo.

 

-Prueba esto -Kevin tomó un poco de lasaña de su plato y la acercó a sus labios. Cuando ella abrió la boca para negarse, él se la metió dentro con rapidez, obligándola a tragársela.

 

-He dicho que no tengo hambre.

 

-Pruébala. Está buena, ¿verdad?

 

Para sorpresa de Dani, en cuanto pasó la impresión inicial, la lasaña sabía bien, aunque no pensaba decírselo. Tomó un sorbo de agua.

 

-De verdad, no quiero nada más.

 

-No me sorprende -Kevin señaló el pollo. -Tiene pinta de estar seco.

 

-Está flotando en salsa. No está seco.

 

-Créeme, Dani, este pollo está tan seco como la suela de un zapato.

 

-No sabes lo que dices.

 

-Déjame probar.

 

Ella pinchó el pollo con el tenedor y cuando comió un trozo, vio que era jugoso.

 

-Aquí tienes. -Dani le acercó el tenedor.

 

Él abrió obedientemente la boca, lo masticó e hizo una mueca.

 

-Seco.

 

Dani agarró el cuchillo con rapidez, cortó un pedazo para ella y se lo comió. Estaba tan delicioso como parecía.

 

-El pollo está riquísimo.

 

-Supongo que no me sabe a nada por culpa de la lasaña. Déjame probar la pasta.

 

Irritada, Dani lo observó girar el tenedor en la pasta y metérselo en la boca. Un momento después, él dio su veredicto.

 

-Lleva demasiado condimento.

 

-Ahora prefiero la comida muy especiada.

 

-Luego no me digas que no te lo dije.

 

Ella cogió un poco de pasta que goteó en el mantel cuando se la llevó a la boca. Estaba suave y sabrosa.

 

-No está demasiado condimentada.

 

Se dispuso a coger otro bocado pero detuvo el tenedor en el aire. Se dio cuenta de que la estaba engañando. Lo miró y dejó el tenedor en el plato.

 

-Otro juego de poder.

 

Los dedos largos y delgados de Kevin se cerraron en torno a su muñeca mientras la miraba con una preocupación que Dani no se creyó ni por un momento.

 

 

-Por favor, Dani, me asusta lo delgada que estás. Tienes que comer por el bien del bebé.

 

-¡No me digas lo que tengo que hacer! -La atravesó una sensación dolorosa. Contuvo las palabras que había estado a punto de decir y se escudó detrás de la gélida barrera que la mantenía a salvo. Las emociones eran sus enemigas, aunque debía hacer lo más conveniente para su hijo.

 

 

Sin decir nada más, se concentró en la comida y tragó hasta que no pudo más. Ignoró los intentos de Kevin por entablar conversación y que él no comiera casi nada. Dani se había escapado mentalmente a un bello prado donde su bebé y ella eran libres, donde les protegía un poderoso tigre llamado Sinjun, que los amaba y que no se pasaba el día encerrado en una jaula.

 

-Estás agotada -dijo Kevin cuando ella dejó el tenedor sobre el plato. -Los dos necesitamos dormir. Nos acostaremos temprano.

 

Dani se levantó de la mesa, cogió sus cosas y entró en el baño; se permitió el placer de darse una larga ducha. Cuando salió, la suite estaba a oscuras, alumbrada sólo por la tenue luz que se filtraba por la abertura en las cortinas. Kevin estaba acostado boca arriba en uno de los lados de la enorme cama.

 

Ella estaba tan cansada que casi no se mantenía en pie, pero el pecho desnudo de Kevin impidió que se acercara a la cama.

 

-Está bien -susurró él en la oscuridad. -No te tocaré, cariño.

 

Dani permaneció donde estaba hasta que se dio cuenta que le daba lo mismo si la tocaba o no. No le importaba lo que él hiciera porque no sentía nada.



Kevin metió las manos en los bolsillos del impermeable y se apoyó en la cerca contra huracanes que marcaba el borde del recinto donde pasarían los dos días siguientes. Estaban en Monroe County, Georgia; la fresca brisa de esa mañana del mes de octubre traía la esencia del invierno.

 

Brady se acercó a él.

 

-Tienes un aspecto horrible.

 

-Bueno, tú no pareces estar mucho mejor

.

-Mujeres -bufó Brady. -No se puede vivir con ellas, pero tampoco sin ellas.

 

Kevin ni siquiera logró esbozar una sonrisa. Puede que Brady tuviera problemas con Sheba, pero al menos su relación con Beatriz iba viento en popa. Pasaban mucho tiempo juntos, y era un entrenador más paciente que nunca. Algo que daba frutos, porque las actuaciones de Beatriz habían mejorado sustancialmente.

 


Dani y él habían regresado diez días antes y todos se habían dado cuenta de que a Dani le pasaba algo malo. Su esposa ya no se reía ni rondaba por el recinto con su coleta rebotando al viento. Era educada con todos -incluso ayudaba a Beatriz con los deberes, -pero todas las cualidades especiales que la hacían ser como era parecían haber desaparecido. Y todos esperaban que él tomara cartas en el asunto.

 

Brady cogió un palillo del bolsillo do su camisa y se lo puso en la boca.

 

-Dani no parece la misma.

 

-Son los primeros meses de embarazo, nada más.

 

Brady no pareció convencido.

 

-Echo de menos cómo era. Bueno, no echo de menos que meta la nariz en mis asuntos como solía hacerlo, eso te lo aseguro, pero sí que añoro la manera en que se preocupaba por todos. Parece que ahora sólo le interesan Sinjun y los elefantes.

 

-Lo superará.

 

-Supongo.

 

Observaron en silencio cómo un camión descargaba heno. Kevin miró cómo Dani lavaba a Puddin. Le había dicho que no quería que siguiera trabajando, pero ella le respondió que se había acostumbrado a hacerlo. Luego había intentado que se mantuviera alejada de los elefantes a excepción de Tater, temiendo que alguno le hiciera daño. Dani lo había mirado sin responder y había hecho lo que le vino en gana.

 

Brady se cruzó de brazos.

 

-Creo que deberías saber que anoche volví a verla dentro de la jaula de Sinjun.

 

 

-¡Maldita sea! Te juro que la esposaré para que se mantenga alejada de la jaula de ese tigre.

 

-Me asusta cómo está. Odio verla así.

 

-Bueno, pues no eres el único.

 

-¿Por qué no haces algo?

 

-¿Qué me sugieres? He hecho traer uno de mis coches desde Connecticut para que no tuviera que desplazarse en la camioneta, pero me dijo que le gustaba la camioneta. Le he comprado flores, pero las ignora. Intenté que nos trasladáramos a una caravana RV nueva, pero casi le dio un ataque cuando se enteró, así que lo dejé pasar. Ya no sé qué hacer. -Kevin se pasó una mano por el pelo. -

 

Pero ¿por qué te cuento todo esto? Si supieras algo de mujeres no andarías detrás de Sheba.

 

-No pienso discutir contigo.

 

-Dani se pondrá bien. Es sólo cuestión de tiempo.

 

-Puede que tengas razón.

 

-Te aseguro que la tengo.

 

Si se lo repetía lo suficiente, tal vez se convertiría en realidad. La echaba de menos. Ahora Dani ya no lloraba. Aquellas lágrimas repentinas que habían sido parte de ella como el aire que respiraba, habían desaparecido; era como si se hubiese anestesiado para no sentir nada. Recordaba cómo solía lanzarse a sus brazos desde la rampa del camión, su risa, cómo le acariciaba el pelo. La necesitaba como nunca había necesitado a nadie... Y para colmo, la noche anterior había tocado fondo.

 

 

Hizo una mueca sólo de recordarlo.

 

Estaba soñando que Dani le sonreía como antes, con su cara iluminada por completo y ofreciéndose a él. Se había despertado acurrucado contra ella. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que habían hecho el amor y la deseaba demasiado para alejarse.

 

Le deslizó la mano por la cadera y por el vientre redondeado. Ella se despertó al momento y se tensó bajo sus caricias, pero no se apartó. Ni siquiera se resistió cuando le separó los muslos y se colocó encima. Dani se mantuvo inmóvil mientras él añadía un pecado más a la lista de los que ya había cometido contra ella. Se había sentido como un violador y esa mañana ni siquiera se había afeitado para no verse en el espejo.

 

-Sigue hablando con Beatriz -dijo Brady. -Pero no como solía hacerlo. Beatriz está tan preocupada como todos nosotros.

 

Ultimos capitulos.....

 

holaaa chikaas ey como estan!!!

buenoo yo agotada!! un mes de clases en la u y agotada!!! juju uuy como terminare este semestre jejeje

ok espero les guste el cap!!!

y comenteen pleasee!!

okiizz buenoo me voy chaooo

xoxoxo

 

att

Adri : <3

 

 

Capitulo 21 parte 2

QUIEREN CAP!!!! UN COMENT MAS!! Y SUBOOO!!!!!!!

 

-No puedo esperar.

 

Las holgadas mangas de la camisa blanca de Kevin se hincharon cuando se incorporó.

 

-Mira, Dani, si es por lo de la bombona, ya te he dicho que lo siento. Sé que no ha sido fácil vivir conmigo estos últimos días, pero he tenido una semana muy dura.

-Has tenido muchas semanas duras, pero nunca lo has pagado conmigo.

 

-¿Cuántas veces tengo que disculparme?

 

-No quiero tus disculpas. Lo único que quiero es hablar de los motivos por los que te distancias de mí.

-Déjalo estar, ¿vale?

 

-No puedo. -El número de los payasos llegaba a su fin. Dani sabía que ése no era el mejor momento para hablar, pero ahora que había comenzado, no podía parar. -Nos estamos haciendo daño el uno al otro. Tenemos un futuro juntos y necesitamos hablar de ello. -Le acarició el brazo esperando que se apartara y, como no lo hizo, Dani se sintió confiada para seguir. -Estos meses han sido los mejores de mi vida. Me has ayudado a encontrarme a mí misma, y espero haberte ayudado a hacer lo mismo. -Le puso las manos en el pecho y sintió el latido del corazón de Kevin a través de la tela de seda. La flor de papel que llevaba entre los pechos crujió y el extremo del látigo rozó la mano de Dani. -¿No sientes cómo nos envuelve el amor? ¿No estamos mejor juntos que separados? Somos perfectos el uno para el otro -sin haberlo planeado siquiera, las palabras que había estado conteniendo tanto tiempo surgieron de su boca, -y también lo seremos para el bebé que estamos esperando.

 

Durante un segundo no pasó nada. Y luego todo cambió. Los tendones del cuello de Kevin se tensaron y los ojos se le oscurecieron mientras la miraba con algo que parecía terror. Después retorció la cara en una máscara de furia.

Dani apartó las manos de su pecho. El instinto la impulsó a escapar, pero ya había hecho lo más difícil y estaba dispuesta a mantenerse firme.

 

-Kevin, no he buscado este bebé. Ni siquiera sé cómo ocurrió. Pero no voy a mentirte y a decir que lo siento.

-Confié en ti -dijo el sin apenas mover los labios.

 

-En ningún momento he traicionado tu confianza.

 

Kevin cerró los puños y tragó compulsivamente. Por un momento, Dani pensó que iba a golpearla.

 

-¿De cuánto estás?

 

-De unos dos meses y medio.

-¿Cuánto hace que lo sabes?

 

-Más o menos un mes.

 

-¿Lo sabes desde hace un mes y no me has dicho nada?

-Me daba miedo decírtelo.

 

La alegre música de los payasos fue en aumento señalando el final del número. Kevin y ella eran los siguientes. Digger, que era el encargado de enviar a Misha a la pista en el punto álgido de la actuación, se acercó para hacerse cargo del caballo.

 

Kevin agarró a Dani del brazo y la alejó de los demás.

 

-No vas a tener ningún bebé. ¿Entiendes lo que te digo?

 

-No, no lo entiendo.

 

-Mañana por la mañana, en cuanto nos levantemos, tú y yo nos iremos. Y cuando volvamos, no existirá ningún bebé.

 

Ella lo miró conmocionada. Se le revolvió el estómago y tuvo que llevarse el puño a la boca. El público guardó silencio como siempre que Jack Daily comenzaba la dramática introducción de Kevini el Cosaco.

 

-Yyyy... ahora, el circo de los Hermanos Quest se enorgullece en presentar...

 

-¿Quieres que aborte? -susurró Dani.

 

-¡No me mires como si fuera un monstruo! ¡No te atrevas a mirarme así! Te dije desde el principio lo que pensaba de ese tema. Te abrí mi corazón para que lo entendieras. Pero, como siempre, has decidido que sabes más que nadie. Aunque no tienes ni una pizca de cordura en tu maldito cuerpo, ¡decidiste que eres más lista que nadie!

 

-No me hables así.

 

-¡Confié en ti! -Kevin hizo una mueca cuando las primeras notas de la balalaica rompieron el silencio de la noche. Era la señal para entrar en la pista. -Creía que tomabas las pastillas, pero me has engañado.

 

 

Ella negó con la cabeza y se tragó la bilis que le subía por la garganta.

 

-No voy a deshacerme del bebé.

 

-¡Por supuesto que sí! Harás lo que yo diga.

 

-Tú tampoco quieres. Sería algo horrible.

 

-No tan horrible como lo que tú has hecho.

 

-¡Kevin! -gritó uno de los payasos. -Es tu turno.

 

Cogió el látigo de su hombro.

 

-Nunca te lo perdonaré, Dani. ¿Me oyes? Nunca. -Apartándose de ella, desapareció en dirección a la pista.

 

Dani se quedó paralizada, embargada por una desesperación tan profunda y amarga que no podía respirar. Oh, Santo Dios, ¡qué tonta había sido! Había pensado que él la amaba, pero Kevin había tenido razón todo el tiempo.

 

No sabía amar. Le había dicho que no podía hacerlo y ella se negó a creerle. Ahora tendría que pagar por ello.

Demasiado tarde recordó algo que había leído sobre los tigres: «Los machos de esta especie se desvinculan por completo de la vida familiar. No participan en la cría de los cachorros, ni siquiera los reconocen.»

 

 

Kevin iba incluso más lejos. Quería aplastar esa brizna de vida que se había vuelto tan preciosa para ella.

 

Quería destruirla antes de que pudiera llegar al mundo.

-¡Espabila, Dani! Te toca. -Madeline la agarró y la empujó hacia la puerta trasera del circo.

 

El foco la iluminó. Desorientada, levantó el brazo, intentando protegerse los ojos.

 

-... y ninguno de nosotros sabe cuánto le ha costado a esta joven entrar en la pista con su marido.

 

Dani se movió automáticamente al compás de la música de la balalaica, mientras Jack contaba la historia de la novia criada en un convento que había sido secuestrada por un poderoso cosaco. Apenas lo escuchó. No veía nada salvo a Kevin, el traidor, en el centro de la pista.

 

 

Las luces arrancaban brillos carmesí del látigo que caía hasta sus brillantes botas negras, titilaban en el pelo oscuro de Kevin y en sus pálidos ojos dorados, que brillaban como los de un animal acorralado. Dani seguía bajo la luz del foco cuando Kevin comenzó a mover el látigo. Pero esa noche el baile del látigo no hablaba de seducción, sino de locura salvaje, de furia.

 

 

El público ovacionó con aprobación al principio, pero según transcurría el número, percibió la tensión de Dani. La comunicación fluida que siempre había existido entre ellos había desaparecido. La joven ni siquiera se sobresaltó cuando Kevin cortó el rollo de papel en su boca, de hecho actuaba como una autómata. La embargaba una desesperación tan profunda que no sentía absolutamente nada.

 

 

El ritmo del acto decaía en picado. Kevin destruyó uno de los rollos en dos cortes, otro en cuatro. Olvidó una variante en la que había añadido una serpentina al extremo del rollito, y cuando envolvió las muñecas de Dani con el látigo, los espectadores se removieron inquietos. En el aire se palpaba la tensión de la pareja y lo que antes había sido un acto de seducción ahora parecía una violenta parodia. En lugar de un marido intentando ganarse el amor de su esposa, el público veía a un hombre peligroso amenazando a una pequeña mujer frágil e indefensa.

 

Kevin notó lo que ocurría y se dejó llevar por su amor propio. Se dio cuenta de que no podía permitirse el lujo de rodearla con el látigo sin que el público se pusiera en su contra, pero por otro lado necesitaba un gesto final que diera por concluida la actuación antes de indicar a Digger que soltara a Misha.

 

Deslizó la mirada por el cuerpo de Dani y sus ojos cayeron sobre la flor de papel que emergía entre sus pechos, y se dio cuenta de que la había olvidado antes. Con un gesto de cabeza le indicó a Dani lo que iba a hacer. La joven lo observó sin moverse; lo único que quería era acabar de una vez para poder marcharse y ocultarse del mundo.

 

La música de la balalaica creció en intensidad mientras ella clavaba los ojos en su marido. Si no hubiera estado tan petrificada, se habría dado cuenta del sufrimiento de Kevin, de que lo embargaba una pena tan profunda como la suya.

 

Él movió los brazos y dio un latigazo con un rápido movimiento de muñeca. La punta del látigo voló hacia ella como docenas de veces antes, pero esta vez

 

Dani lo vio todo a cámara lenta. Con una extraña sensación de desapego, ella esperó que volaran los pétalos de la flor, pero en su lugar sintió un dolor abrasador.

 

 

Se quedó sin aliento. Una punzada ardiente atravesó su cuerpo cuando el látigo impactó en ella desde el hombro hasta el muslo. La pista comenzó a girar y ella a caer. Pasaron unos segundos y luego volvió a sonar la música, una enérgica y alegre melodía que parecía un extraño contrapunto a aquel dolor tan intenso que le impedía respirar. Sintió que la alzaban unos brazos fuertes y que los payasos entraban a la pista a toda velocidad.

 

 

Dani seguía consciente aunque no quería. A sus oídos llegó una oración. La música, el murmullo del público, todo resonaba débilmente detrás del muro de dolor que la envolvía.

 

-¡Apartad! ¡Atrás todos!

 

La voz de Kevin. Era Kevin quien la llevaba en brazos. Kevin, el enemigo. El traidor.

 

Dani sintió el duro y cortante frío del exterior cuando la tendió al lado de la carpa. Su marido se inclinó sobre ella, utilizando su cuerpo para ocultarla de los demás.

-Cariño, lo siento. Oh, Dios mío, cuánto lo siento.

 

 

Dani utilizó las fuerzas que le quedaban para apartar la mirada de él y clavarla en la polvorienta lona de nailon. Jadeó de dolor cuando Kevin rozó con una mano los pedazos desgarrados del maillot.

 

Dani tenía los labios tan secos y pegados que no podía abrirlos.

 

-No me toques...

 

-Déjame ayudarte. -La respiración de Kevin era rápida y entrecortada. -Te llevaré a la caravana.

Dani gimió cuando la alzó en brazos, odiando que la moviera y la hiciera sentir más dolor.

-Nunca te perdonaré por esto -susurró.

 

-Ya, ya lo sé.

 

Una abrasadora estela de fuego le bajaba desde el hombro al centro del pecho y desde el vientre hasta la cadera. Sentía tanto dolor que no se dio cuenta de que habían atravesado el recinto y entrado en la caravana hasta que Kevin la dejó sobre la cama.

 

Una vez más, Dani apartó la mirada de él, mordiéndose los labios para no gritar cuando su marido le quitó lentamente el destrozado maillot.

 

-Tu pecho... -él contuvo el aliento. -Tienes un verdugón, pero no tienes la piel cortada, sólo amoratada.

El colchón se movió cuando él se levantó, pero regresó enseguida.

 

-Sentirás frío. Voy a ponerte una compresa.

 

Dani dio un respingo cuando él le cubrió la piel ardiente con una toalla húmeda y fría. Apretó los párpados, deseando que pasara todo.

La toalla se calentó por la piel ardiente y Kevin se la quitó para reemplazarla por otra. El colchón se hundió de nuevo cuando él se sentó a su lado. Comenzó a hablar, con voz suave y ronca.

 

-No soy... no soy tan pobre como te he hecho creer. Doy clases en la universidad, pero... pero además me dedico a la compraventa de arte ruso. Y soy asesor en algunos de los mejores museos del país.

 

Las lágrimas se deslizaron por los párpados de Dani y cayeron en la almohada. Cuando las compresas comenzaron a surtir efecto, el dolor disminuyó y se convirtió en un latido sordo y vibrante.

 

Kevin continuó hablando con frases entrecortadas y titubeantes.

-Me consideran una autoridad en iconografía rusa en... en Estados Unidos. Tengo dinero. Prestigio. Pero no quería que lo supieras. Quería que pensaras que era un inculto y pobre trabajador del circo. Quería... ahuyentarte.

 

 

-Ya no me importa -se obligó a decir Dani.

 

Kevin hablaba ahora con rapidez, como si se le acabara el tiempo.

 

-Poseo una... una gran casa de ladrillo. En Connecticut, no lejos del campus. -Con un toque ligero como una pluma, reemplazó la compresa por una nueva. -Está repleta de arte y cosas bellas y también... también tengo un granero en la parte de atrás con un establo para Misha.

 

 

-Por favor,déjame en paz.

 

 

-No sé por qué sigo viajando con el circo. Siempre que lo hago me juro que será la última vez, pero después pasan unos años y comienzo a sentirme inquieto. No importa si estoy en Rusia, en Ucrania, o en Nueva York, al final acabo sintiendo una llamada que me impulsa a volver. Supongo que siempre seré más Markov que Romanov.

 

 

Ahora que ya no importaba, Kevin le contaba todo aquello que ella le había rogado que le revelara durante meses

 

-No quiero oír más


Kevin le ahuecó la cintura con la mano en un gesto extrañamente protector.

 

-Ha sido un accidente. Lo sabes, ¿no? No sabes cuánto lo siento...

 

-Sólo quiero dormir.

 

-Dani, soy un hombre rico. Esa noche, cuando fuimos a cenar, sé que estabas preocupada por la cuenta... No tienes... no tienes que preocuparte nunca más por el dinero.

 

-No me importa.

 

-Sé que te duele. Mañana te encontrarás mejor. Te saldrá un cardenal doloroso, pero no te quedará cicatriz. -Kevin vaciló como si se diera cuenta de la terrible mentira que había dicho.

 

 

-Por favor -dijo ella. -Si te importo algo, déjame en paz.

Hubo un largo silencio. Luego el colchón se movió de nuevo cuando Kevin se inclinó y le rozó los húmedos párpados con los labios.

 

 

-Si necesitas algo, enciende la luz. Vendré de inmediato.

Ella esperó que se fuera. Esperó que saliera de la caravana para poder romperse en un millón de pedazos.

 

 

Pero Kevin no se apiadó de ella. Levantó la punta de la compresa y sopló con suavidad, enviando una oleada de aire que le enfrió la piel. Algo caliente y húmedo cayó sobre ella, pero Dani estaba demasiado aturdida para saber lo que era.

 

 

Finalmente Kevin se levantó de la cama y la caravana se llenó de los familiares sonidos de su marido cambiándose de ropa: el sordo ruido de las botas contra el suelo, el leve susurro de las lentejuelas al quitarse el fajín rojo, el roce de la cremallera de los vaqueros. Dani sintió que pasaba una eternidad antes de que oyera cerrarse la puerta.

 

 

El gruñido del tigre saludó a Kevin cuando salió de la caravana. Se detuvo en los escalones y tomó aire. Las luces de colores iluminaban los banderines, pero él era incapaz de ver nada más que el obsceno verdugón rojo que cruzaba la frágil piel de Dani. A Kevin le picaban los ojos por las lágrimas contenidas y le ardían los pulmones. ¿Qué había hecho?

 

Se acercó a ciegas a la jaula del tigre. La función aún no había terminado. La zona de las caravanas estaba desierta salvo por un par de payasos con los que evitó cruzarse.

 

Todo había salido mal esa noche.; Por qué no había dado por finalizado el número antes? Debería haberle indicado a Digger que enviara a Misha cuando supo que aquello no iba bien. Pero había estado demasiado furioso. Su orgullo le había exigido que hiciera un truco más para intentar salvar la función. Sólo un truco más, como si eso hubiera podido arreglar algo.

 

Kevin apretó los párpados. Dani tenía una piel pálida y delicada. El verdugón le cruzaba el pecho y aquel dulce vientre todavía plano donde crecía su hijo. Su hijo. Ese ser del que le había dicho a Dani que se deshiciera. Como si Dani pudiera hacer algo así. Como si él pudiera dejar que lo hiciera. Las feas y horribles palabras que había dicho le resonaron en los oídos. Palabras que ella nunca olvidaría ni perdonaría. Porque ni siquiera Dani tenía el corazón tan grande como para perdonar algo semejante.

 

 

Cuando llegó a la jaula, Sinjun le sostuvo la mirada sin parpadear, con tanta atención que pareció llegar a los rincones más profundos de su alma. ¿Qué veía el tigre? Kevin traspasó la cuerda de seguridad y agarró los barrotes. Aquel lugar frío y vacío que siempre había tenido en su interior había desaparecido, pero ¿qué había ocupado su lugar?

 

 

La mirada de Kevin se clavó en la del tigre y se le pusieron los pelos de punta. Por un momento todo quedó en suspenso y luego oyó una voz -su propia voz- diciéndole exactamente lo que veía el tigre.

 

«Amor.»

 

 

El corazón le golpeó las costillas. «Amor.» Ése era el sentimiento que no había reconocido, el sentimiento que había provocado el deshielo. Estaba aprendiendo a amar. Dani se había dado cuenta. Había sabido lo que le ocurría aunque él lo había negado.

 

 

La amaba. Total y absolutamente. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Era más preciosa para él que todos esos iconos antiguos y que las obras de arte que llenaron su vida durante tanto tiempo. Al vivir con ella había aprendido a ser feliz. Dani le había mostrado la alegría, la pasión, todo... Y lo había hecho con una impresionante humildad. ¿Y qué le había dado él a cambio?

 

«No te amo, Dani. Nunca lo haré.»

 

Apretó los párpados al recordar cómo había negado una y otra vez el precioso regalo que ella le daba. Pero con un valor que le dejaba sin aliento, Dani había seguido ofreciéndoselo. No importaba cuántas veces hubiera negado Kevin su amor, ella continuaba brindándoselo.

Ahora aquel amor estaba encarnado en el niño que crecía en el vientre de su esposa. El niño que había dicho que no quería. El niño que deseaba con cada latido de su corazón.

 

 

¿Qué había hecho? ¿Cómo iba a recuperar a su esposa? Volvió la cabeza hacia la caravana, deseando que la luz estuviera encendida, pero la ventana permanecía en penumbra.

 

 

Tenía que ganársela denuevo, tenía que hacer que perdonara todas las desagradables palabras que había dicho. Había sido tan arrogante, había estado tan ciego, tan obsesionado con el pasado, que le había dado la espalda al futuro. La había traicionado de un modo tan absoluto que nadie en su lugar lo perdonaría.

 

Pero Dani no era una mujer común. Para ella amar era tan natural como respirar. No era capaz de contener su amor igual que no era capaz de hacer daño a nadie. Buscaría misericordia en su dulzura y en su generosidad. No tendría más secretos para ella. Le diría todo lo que sentía y, si eso no la ablandaba, le recordaría aquellos votos sagrados que siempre sacaba a relucir. Se aprovecharía de su simpatía, la intimidaría, le haría el amor hasta que no recordara que la había traicionado. Le recordaría que ahora era una Markov, y que las mujeres Markov luchaban por sus hombres, incluso aunque éstos no se lo merecieran.

 

 

La ventana de la caravana seguía a oscuras. Decidió dejarla dormir, darle tiempo para que se recuperara, pero en cuanto amaneciera haría todo lo que estuviera en su mano para ganársela de nuevo.

 

 

El circo comenzaba a vaciarse y él se puso a trabajar. Mientras desmontaban la cubierta, pensó en cómo podría demostrarle su amor, cómo podría hacerle ver que, a partir de ahora, todo sería diferente entre ellos. Volvió la mirada a la ventana oscura de la caravana, luego corrió a la camioneta. Diez minutos más tarde, encontró una tienda que abría toda la noche.

 

 

No había mucho para elegir, pero se llenó los brazos con todo lo que encontró a su paso: galletitas saladas para niños con forma de animales, un sonajero de plástico azul y un patito amarillo; un ejemplar del libro sobre educación infantil del doctor Spock, un babero de plástico con un conejo de grandes orejas y una caja de harina de avena, porque Dani tendría que alimentarse bien.

 

 

Regresó al circo con los regalos tan rápido como pudo. La bolsa se rompió cuando la cogió del asiento delantero. La cerró con sus grandes manos y corrió hacia la caravana. Cuando Dani viera todo eso, comprendería lo que ella significaba para él. Lo mucho que quería ese bebé; sabría cuánto la amaba.

 

 

Se le cayó el sonajero mientras giraba la manilla de la puerta. El juguete de plástico rebotó en el escalón superior y luego rodó por la hierba. Kevin entró corriendo sin prestarle atención.

 

Dani se había ido.

 

 

hastaa aquii!!!! ahahahah no dire nada!!!kiero sus opiniones sobre lo k sucedioo!!!!

bieennnn a donde habra ido danii???????????

OoOoo

 

BYEEEE

 

 

Capitulo 21


CAPÍTULO 21 PARTE 1

 

Kevin estuvo imposible toda la semana. Desde que fueron a cenar para luego disfrutar de aquellos juegos eróticos, buscó todo tipo de excusas para discutir con ella. Incluso en ese momento la miraba con el ceño fruncido mientras se secaba el sudor de la frente con el brazo.

 

-¿No podías haber rellenado la bombona de gas cuando fuiste a hacer la compra al pueblo?

 

-Lo siento, pero no sabía que estaba vacía.

-Nunca te fijas en nada -añadió él con acritud. -¿Qué crees? ¿Que se rellena sola?

 

Dani apretó los dientes. Parecía como si se hubieran acercado demasiado aquella noche y necesitara distanciarse de ella otra vez. Por el momento había logrado esquivar todas las granadas que le había lanzado, pero cada vez le resultaba más difícil mantener a raya su propio temperamento. En ese instante tuvo que contenerse para hablar con calma.

 

-No sabía que querías que lo hiciera yo. Siempre te has ocupado tú de esas cosas.

 

-Sí, pero por si no te has dado cuenta, he estado muy ocupado

últimamente. Han enfermado los caballos, se incendió la carpa de la cocina y ahora tenemos a un inspector de sanidad amenazando con

multarnos por saltarnos no sé qué normas de seguridad.

 

-Sé que has estado sometido a mucha presión. Si me lo hubieras dicho no me habría importado ocuparme de las bombonas.

 

-Sí, claro. ¿Cuántas veces has rellenado una bombona?

 

Dani contó mentalmente hasta cinco.

 

-Ninguna. Pero aprendería a hacerlo.

 

-No te molestes. -Y se alejó a paso airado.

 

Dani ya no pudo contenerse ni un minuto más. Plantó una mano en la

cadera y le gritó:

-¡Que pases un buen día también!

 

Kevin se detuvo, luego se giró para dirigirle una de sus miradas más sombrías.

 

-¡No te pases!

 

Dani cruzó los brazos sobre el pecho y dio golpecitos en el suelo con la deportiva sucia. Puede que Kevin estuviera experimentando un montón de sentimientos que no sabía cómo manejar, pero eso no quería decir que tuviera que desahogar su frustración en ella. Dani llevaba días intentando ser paciente, pero ya no aguantaba más.

 

Kevin se acercó a ella apretando los dientes. Dani se negó a retroceder.

 

Kevin se paró delante de ella, intentando intimidarla con su tamaño.

 

Dani tuvo que reconocer que se le daba muy bien.

 

-¿Pasa algo? -espetó él.

 

Aquella discusión era tan ridícula que a ella no le quedó más remedio

que sonreír con picardía.

 

-Si alguien te dice que estás muy guapo cuando te enfadas, miente.

 

La cara de Kevin adquirió un tono púrpura y Dani pensó que explotaría. Pero en vez de eso, se limitó a alzarla por los codos y empujarla contra el remolque. Luego la besó hasta que Dani se quedó sin aliento.

 

Cuando finalmente la puso en el suelo, estaba de peor humor que antes

de besarla.

 

-¡Lo siento! -gritó.

 

Como disculpa no era gran cosa, pues cuando se marchó parecía más un tigre malhumorado que un marido arrepentido. Aunque Dani sabía que él estaba sufriendo, se le había agotado la paciencia. ¿Por qué tenía que hacerlo todo tan difícil? ¿Por qué no podía aceptar que la amaba?

 

Recordó la vulnerabilidad que había visto en sus ojos la noche que le había pedido más tiempo. Sospechaba que Kevin sentía miedo de dar nombre a lo que sentía por ella. La dicotomía entre sus sentimientos y lo que creía saber sobre sí mismo estaba desgarrándolo por dentro.

Eso era lo que se decía a sí misma, porque la alternativa -que no la

amara- era algo en lo que no quería pensar. Y más si tenía en cuenta que aún no le había dicho que estaba embarazada.

Disculpaba aquella cobardía de todas las maneras que se le ocurrían.

Cuando las cosas iban bien entre ellos, se decía que no quería arriesgarse a perder la armonía y, cuando todo se desmoronaba, que había perdido el valor.

 

 

Pero lo mirara como lo mirase, sabía que estaba comportándose como

una cobarde. Debía enfrentarse al problema y, sin embargo, seguía huyendo de él. Ya había pasado casi un mes desde que se había hecho la prueba del embarazo. Debía de estar ya de dos meses y medio, pero no había ido al médico porque no quería arriesgarse a que Kevin lo descubriese. El que se estuviera cuidando no era excusa para no comenzar un correcto control prenatal, sobre todo si tenía que asegurarse de que el bebé no había resultado dañado por las píldoras anticonceptivas que había seguido tomando antes de descubrir que éstas habían fallado y estaba embarazada.

 

Metió la mano en el bolsillo de los vaqueros y tomó una decisión. No había razón para seguir postergándolo más. De todas maneras era imposible seguir viviendo así. ¿Para qué seguir atormentándose? Se lo diría esa tarde. Eran necesarios dos para hacer un bebé y ya iba siendo hora de que ambos aceptaran sus responsabilidades.

 

En cuanto acabó la función de la tarde fue a buscarlo, pero la camioneta no estaba. Dani estaba cada vez más nerviosa. Después de haber estado posponiendo esa conversación tanto tiempo, lo único que deseaba era quitarse ese peso de encima.

 

Deberían haberse visto a la hora de la cena, pero el inspector de sanidad retuvo a Kevin hasta que dio comienzo la última función. Cuando se dirigió a la puerta trasera del circo antes de la actuación, Dani lo vio junto a Misha. Llevaba uno de los látigos enrollado al hombro y el extremo le colgaba sobre el pecho. La brisa le removía el pelo oscuro y la tenue luz arrojaba profundas sombras a sus rasgos.

 

No había nadie con él. Era como si hubiera dibujado un círculo invisible a su alrededor, un círculo que mantenía a todo el mundo fuera, incluyéndola a ella. En especial a ella. Las lentejuelas rojas del cinturón de Kevin brillaron cuando pasó la mano sobre el flanco del animal. La frustración de Dani fue en aumento. ¿Por qué tenía que ser tan testarudo?

 

Mientras el público reía por las travesuras de los payasos, Dani se acercó a él. Misha resopló y echó la cabeza hacia atrás. Dani miró a la bestia con aprensión. No importaban las veces que representara el número, nunca se acostumbraría a él, incluyendo el aterrador momento en el que Kevin la montaba delante de él en la silla.

 

La joven se detuvo delante del caballo.

 

-¿Crees que alguien podría sustituirte después de la función? Tengo

que hablar contigo.

 

Kevin le respondió sin mirarla mientras ajustaba la cincha de la silla

 

de montar.

 

-Tendrás que esperar. Tengo mucho que hacer.

 

Pero a Dani se le había agotado la paciencia. Si no resolvían sus

problemas ya, no serían capaces de sacar ese matrimonio adelante.

 

-No puedo esperar.+

 

 

 

 

Ahhhhhh hasta aquii el capp!!! tenia k dividirlooo!!!!! no saben lo k se vienee!!! kerran matar a alguien pronto eso es segurooo!! jejeje

pero sorry!!!!! subire prontoooooooo eso esperooo jejeje

buenoooo se cuidaan besoss las kiero a todas!!!!

 

PD:

graciaaas!!! Adri mi nueva lectora!!! BIENVENIDAAA!!! espero sus comentarios!

 

xoxox

 

 

 

 

CAPITULO 20 PARTE 2




-¡Deja de hacer eso! -Soltó el tenedor con exasperación.


Él acarició el tallo de la copa con aquellos dedos largos y elegantes, luego deslizó el pulgar por el borde.

-¿Que deje de que hacer qué?

-¡Deja de seducirme!

-Pensaba que te gustaba que te sedujera.

-No cuando me he arreglado para cenar en un restaurante.

-Entiendo. Ya veo que no llevas sujetador. ¿Llevas bragas?

-Por supuesto.

-¿Algo más?

-No. Con las sandalias no uso pantis.

-Bien. Pues vas a hacer lo siguiente: levántate y ve al baño. Quítate las bragas y mételas en el bolso. Luego vuelve aquí.

El calor se extendió por los lugares más secretos del cuerpo de Dani.

-¡No pienso hacer eso!

-¿Sabes qué pasó la última vez que un Petroff desafió a un Romanov?

-No, y no sé si quiero saberlo.

-Perdió la cabeza. Literalmente.

-Entiendo.

-Pues te doy diez segundos.

Aunque mantenía una expresión desaprobadora, a Dani se le había disparado el pulso ante la idea.

-¿Es una orden?

-Apuesta tu dulce trasero a que sí.

Aquellas palabras fueron como una caricia erótica que casi la hizo disolverse, pero logró apretar los labios y levantarse de la mesa con aparente renuencia.

-Señor, es usted un tirano y un déspota.

Salió del comedor con la ronca risa de Kevin resonando en sus oídos.

Cuando regresó cinco minutos después, se acercó apresuradamente al reservado. Si bien las luces eran tenues, estaba segura de que todos podían darse cuenta de que estaba desnuda bajo la delgada tela de seda. Kevin la estudió con atención mientras se acercaba. Había tal arrogancia en su postura que no cabía duda de que era un Romanov de los pies a la cabeza.

Cuando Dani se acomodó a su lado, él le pasó un brazo por los hombros y le deslizó un dedo por la clavícula.

-Pensaba decirte que abrieras el bolso y me mostraras tu ropa interior para estar seguro de que habías seguido mis órdenes, pero me parece que no será necesario.

-¿Se nota? -Miró a los lados, alarmada. -Ahora todos saben que estoy desnuda debajo de la ropa y es culpa tuya. Nunca debí dejar que me convencieras de esto.

Kevin le deslizó la mano bajo el pelo y la cogió por la nuca.


-Tal y como yo lo recuerdo, no tenías otra opción. Fue una orden real, ¿recuerdas?

Él había aprovechado todas las oportunidades que se le presentaban para tomarle el pelo desde el domingo, y ella disfrutaba de cada minuto. Le lanzó una mirada reprobatoria.


-Yo no obedezco órdenes reales.

Él se acercó más y le rozó la oreja con los labios.

-Cariño, con un chasquido de dedos puedo hacer que te encierren en una mazmorra. ¿Seguro que no quieres reconsiderar tu postura?

La llegada del camarero la salvó de responder. Había retirado los restos de la ensalada mientras ella estaba en el baño y ahora les sirvió el plato principal. Kevin había pedido salmón ahumado y ella pasta. Los linguini olían a sabrosas hierbas y a los camarones que se escondían entre las verduras. Mientras probaba el delicado manjar, Dani intentó olvidarse de que estaba medio desnuda, pero Kevin no la dejó.

-¿Dani?

-¿Mmm?


-No quiero ponerte nerviosa, pero...

Él levantó la servilleta que cubría el pan caliente y estudió atentamente la cesta y su contenido. Ya que todos los panecillos eran iguales, ella no entendía por qué tardaba tanto tiempo en elegir uno como no fuera para ponerla nerviosa.


-¿Qué? -lo azuzó. -¿Qué decías?

Kevin partió el pan y lo untó lentamente de mantequilla.


-Si no me satisfaces por completo esta noche... -la miró, y sus ojos estaban llenos de fingido pesar- me temo que tendré que cederte a mis hombres.


-¡Qué! -Dani casi se levantó de un salto de los cojines.


-Es sólo para inspirarte. -Con una sonrisa diabólica, hundió con firmeza los dientes blancos en el trozo de pan.

¿Quién podía haber imaginado que ese hombre tan complicado sería un amante tan imaginativo? Pensó que ese pícaro juego podían jugarlo los dos y sonrió con dulzura.

-Entiendo, Su Alteza Imperial. Le aseguro que estoy demasiado aterrada por su real presencia para osar decepcionarle.

Kevin arqueó una ceja diabólicamente mientras pinchaba un camarón del plato de Dani y se lo acercaba a los labios de la joven.


-Abre la boquita, cariño.

Dani se tomó su tiempo para comer el camarón y, mientras, deslizó los dedos por el interior de la pantorrilla de Kevin, agradeciendo la intimidad y la escasa luz del reservado que los resguardaban de miradas curiosas. Tuvo la satisfacción de sentir cómo a su marido se le tensaban los músculos de la pierna y supo que él no estaba tan relajado como parecía.

-¿Tienes las piernas cruzadas? -preguntó él.

-Sí.


-Sepáralas. -Ella casi soltó un grito ahogado. -Y mantenías así el resto de la velada.

La comida se volvió insípida de repente y todo en lo que Dani pudo pensar fue en salir del restaurante y meterse en la cama con él.


Separó las piernas unos centímetros. Él le tocó la rodilla bajo el mantel, y su voz ya no sonó tan segura como antes.


-Muy bien. Sabes acatar las órdenes. -Introdujo la mano debajo de la falda y la deslizó hacia arriba por el interior del muslo.


Tal audacia la dejó sin aliento y, en ese momento, se sintió como una esclava bajo el yugo del zar. La fantasía la hizo sentirse débil de deseo.


Aunque ninguno de los dos mostró señales de apresuramiento, acabaron de

comer en un tiempo récord y rehusaron tomar el café y el postre. Pronto estuvieron de regreso en el circo.


Kevin no le dirigió la palabra hasta que estuvieron dentro de la caravana, donde lanzó las llaves en el mostrador antes de volverse hacia ella.


-¿Has tenido suficiente diversión por esta noche, cariño?


El roce de la seda en su piel desnuda y su flirteo público habían hecho que Dani

abandonara sus inhibiciones, pero aun así se sintió un poco tonta cuando bajó la vista e intentó mostrarse sumisa.


-Lo que Su Alteza Imperial desee.


Él sonrió.


-Entonces desnúdame.


Ella le quitó la chaqueta y la corbata, y le desabotonó la camisa al mismo tiempo que presionaba la boca contra el torso que dejaba al descubierto. El roce sedoso del vello cosquilleó en sus labios poniéndole la piel de gallina. Lamió una de las oscuras y duras tetillas. Sintió los dedos torpes al forcejear con la hebilla del cinturón y, cuando por fin consiguió abrirlo, comenzó a bajarle la cremallera.


-Desnúdate tú primero -dijo él, -pero antes dame la bufanda.


A Dani le temblaron las manos cuando se desató la bufanda dorada de la cintura y

se la dio. Se quitó los pendientes y se deshizo de las sandalias. Con un grácil movimiento se pasó el jersey por la cabeza mostrando los pechos. La cinturilla de la falda cedió bajo los dedos y la frágil seda se le deslizó por las caderas. La apartó con el pie y se quedó desnuda ante él.


Kevin la acarició con la mano, desde el hombro a la cadera, desde las costillas a los muslos, como si estuviera marcando una propiedad. El gesto licuó la sangre de Dani en sus venas, enardeciéndola hasta tal punto que apenas era capaz de mantenerse en pie. Satisfecho, él cogió la bufanda y dejó que el extremo se deslizara lentamente entre sus dedos.


Había una amenaza erótica en el gesto y Dani no pudo apartar la vista de la tela. ¿Qué iba a hacer Kevin con ella?


Contuvo el aliento cuando él le pasó la bufanda alrededor del cuello dejando que

los extremos colgasen sobre sus pechos. Tomando los flecos en las manos, Kevin levantó primero un extremo y luego el otro, deslizándolos de un lado a otro. Los dorados hilos de seda le rozaron los pezones con suavidad. La sensación, cálida y pesada, se extendió por el vientre de Dani.


A Kevin se le oscurecieron los ojos hasta adquirir el color del brandy.

-¿A quién perteneces?


-A ti -susurró ella.

Él asintió con la cabeza.


-¿Ves qué sencillo es?


Terminó de desnudarlo. Entonces, Dani deslizó las palmas de las manos por los muslos de Kevin, sintiendo las duras texturas de la piel y los músculos. Estaba majestuosamente excitado. Ella sintió los pechos pesados y consideró que tenía más que suficiente, pero siguió con la fantasía.


-¿Qué quieres ahora de mí? -preguntó.

Él apretó los dientes y emitió un profundo sonido inarticulado mientras la

empujaba por los hombros hacia abajo.

-Esto.


A Dani se le paró el corazón. Acató su orden silenciosa y lo amó como quería. El tiempo perdió su significado. A pesar de estar en aquella postura sumisa, nunca se había sentido tan poderosa. Kevin le enredó los dedos en el pelo, mostrándole sin palabras lo que necesitaba. Los ahogados gemidos de placer de Kevin incrementaron la excitación de Dani.


La joven sintió la rígida tensión de los músculos bajo las palmas de las manos y la película de sudor que cubría aquella dura piel masculina. En ese momento Kevin la puso bruscamente en pie y la tendió en la cama.

Retrocedió un paso para mirarla a los ojos.


-Ábrete para mí y dejaré que me sirvas otra vez.

Oh, Santo Dios. Kevin debió de sentir el estremecimiento que la recorrió porque

sus ojos se entornaron con satisfacción. Dani separó las piernas.


-No tan rápido. -Él le atrapó el lóbulo de la oreja entre los dientes y lo mordisqueó con suavidad. -Primero tengo que castigarte.


-¿Castigarme? -Ella se quedó rígida pensando en los látigos guardados bajo la cama, justo debajo de sus caderas.


-Me has excitado, pero no has terminado lo que empezaste.


-Eso fue porque tú...


-Basta. -Kevin se levantó de nuevo y la miró con toda la noble arrogancia heredada de sus antepasados Romanov.


Dani se relajó. Él jamás le haría daño.


-Cuando quiera tu opinión, mujer, te la pediré. Hasta entonces, será mejor que

controles la lengua. Mis cosacos llevan demasiado tiempo sin una mujer.

Ella le lanzó una mirada afilada.


A Kevin le tembló la comisura de los labios, pero no sonrió. Se limitó a inclinar la

cabeza y rozarle con los labios el interior del muslo.


-Sólo hay un castigo adecuado para una esclava que no sabe guardar silencio. Una severa y cruel reprimenda.


El techo dio vueltas mientras él cumplía su amenaza y la llevaba a un reino de ardiente placer, a un éxtasis tan antiguo como el tiempo. El cuerpo de Kevin se volvió resbaladizo por el sudor y tensó los músculos de los hombros bajo las manos de Dani, pero no se detuvo. Sólo al final, cuando ella le rogó que forzara la dulce penetración que necesitaba con tanta desesperación.


Kevin la penetró profundamente y toda diversión desapareció de sus ojos.

-Quiero amarte -susurró.


A ella le ardieron los ojos por las lágrimas cuando él dijo las palabras que tanto

había deseado oír. Kevin se pegó a su cuerpo, y se dejaron llevar por un ritmo tan eterno como el latido de sus corazones. Se movieron como si fueran uno. Dani

sintió cómo su amado la llenaba por completo, llegando al mismo centro de su alma.


Se perdieron en un torbellino de pasión; hombre y mujer, cielo y tierra. Todos los elementos de la creación convergiendo en una perfecta combinación.


Cuando todo terminó, Dani experimentó una dicha que nunca había sentido antes y tuvo la certeza de que todo iría bien entre ellos. «Quiero amarte», había dicho él. No había dicho, «quiero hacer el amor contigo», sino «quiero amarte». Y lo había hecho. No podía haberla amado más intensamente aunque hubiera repetido las palabras cien veces.


Lo miró por encima de la almohada. Estaba de cara a ella, con los ojos medio cerrados y somnolientos. Extendiendo el brazo, Dani le acarició la mejilla y él volvió la cabeza para besarle la palma de la mano.


Ella le recorrió la mandíbula con el pulgar, disfrutando de la suave aspereza de su piel.


-Gracias.


-Soy yo quien debería darte las gracias.


-¿Quiere eso decir que no vas a compartirme con tus cosacos?


-No te compartiría con nadie.



El juego erótico que habían estado jugando la había hecho olvidarse de la


promesa que se había hecho interiormente de decirle lo del bebé esa noche.


-Llevas días sin hablar del divorcio.


Kevin se puso en guardia de inmediato y rodó sobre la espalda.


-No he pensado en ello.


Dani se sintió desanimada por su retirada, pero ya sabía que iba a ser difícil y continuó presionándolo, aunque con toda la suavidad que pudo.


-Me alegro. No es algo agradable en lo que pensar.


La observó con una mirada preocupada.


-Sé lo que quieres que diga, pero aún no puedo. Dame un poco más de tiempo, ¿vale?


Con un nudo en la garganta, Dani asintió con la cabeza.

Parecía tan nervioso como un animal salvaje obligado a vivir bajo el yugo de la

civilización.

-Nos lo tomaremos día a día.


Dani comprendió que no debía seguir presionándolo. Pero el hecho de que él no hubiera mencionado que su matrimonio finalizaría en apenas dos meses le daba la suficiente esperanza como para retrasar un poco más la noticia del bebé.


-Eso haremos.


Él se incorporó y se reclinó contra las almohadas apoyadas contra el cabecero.


-Sabes que eres lo mejor que me ha pasado en la vida, ¿verdad?


-Sin lugar a dudas.


Él se rio entre dientes y dio la impresión de que lo abandonaba parte de la tensión.

Dani se puso boca abajo, se apoyó en los codos y le acarició el vello del pecho con la yema de los dedos.


-¿Catalina la Grande fue una Romanov?


-Sí.

-He leído que era una mujer muy lujuriosa.


-Tenía un montón de amantes.


-Y mucho poder. -Dani se inclinó hacia delante y le mordisqueó el pectoral. Kevin

se estremeció, así que lo mordisqueó otra vez.


-¡Ay! -la cogió por la barbilla. -¿Qué es lo que está tramando exactamente esa retorcida mente tuya?


-Sólo pensaba en todos esos hombres tan fuertes bajo el yugo de Catalina la

Grande...


-Aja.


-... obligados a servirla... a someterse a ella.


-Aja.

Ella le acarició con los labios.


-Te toca ser el esclavo, machote.


Por un momento él pareció alarmado, luego soltó un profundo suspiro.


-Creo que he muerto y he ido al cielo.




BIEEENNNN hasta aqui el caap!!

comenteenn laas kieroo

bye

 

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2do Lugar! Graciaas chikass!!

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