Obsessive Jonas Disorder
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LIVE CHAT CON JOEE

 

 


HOLAAAA COMOO ESTAAAAN!!!!! YO EMOCIONAADAAAA COMO NO ESTARLOOOOO CON MI MONITOO HERMOOSOO!!!!!!! JIJIJI VIERON EL LIVE CHAT??? AHAHHA LOS MEJORES 33 MINUTOOS DE MI VIDA!!! A K NO ADIVINAN CON KIEN LO VI?? CON MI MAMII!! EJJEJE OKKKK UNAS FOTITOOS DE EL Y AJHHHHHH AMEEE EL CHAUU!!!! AJAJJA UNICOOOOOO AHAHA MEGHAAN!! ESTUVO MUY COKETAA!!!!! WJSJBDSJKKJJEIODHN

BUENOOO ME VOYYY

Y UN FAVOOOR??? SE UNENN SIII?????? GRACIAAS!!

 

Jonas Brothers los dueños de mi corazón

 

 

 

El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.

 

 

 

 

 

chaaaaauuu

 

 

 

 

 

CAPITULO 24 2/3 CAPITULO FINAL!

holaaa chicaas comoo estaaan?????? jejeje publicar 1000000 caps diarios jajaja vaya sugerencia!!! jejejeje!!! :) buenoo aki un cap cortitoooooo :) espero les guste!!! perooo x favooor!!!! no odien a Sheba!!!! jejejeje ya veran porque...:)

se las kiere! cuidensen muuuchoo!!! no se olviden de comentar!

las kiere

su escritora

Adriana  :)

 

 

-¿De qué personas hablas? -inquirió Kevin, deteniéndose junto a Dani. -¿Quién lo ha comprado?

 

-Por ahora nadie. El caballero en cuestión no lo recogerá hasta mañana por la mañana.

 

-Entonces, ¿dónde está?

 

-Está a salvo. Trey está con él.

 

A Kevin se le acabó la paciencia.

 

-¡Déjate de rodeos! ¿A quién vas a vendérselo?

 

-Había varias personas interesadas, pero Rex Webley ofreció el mejor precio.

 

-Jesús. -La expresión de la cara de Kevin hizo que Dani se estremeciera de inquietud.

 

-¿Quién es Rex Webley? -preguntó.

 

-No digas ni una sola palabra Sheba, esto es algo entre tú y yo -intervino Kevin, antes de que ella pudiera contestar.

 

Sheba le dirigió una mirada condescendiente antes de volverse hacia Dani.

 

-Webley tiene un coto de caza ilegal en Texas.

 

Dani no lo entendió.

 

-¿Un coto de caza ilegal?

 

-Hay gente que le paga a Webley para ir a cazar ciertos animales allí -dijo Brady con disgusto.

 

Dani pasó la mirada de Sheba a Brady.

 

-¿Para cazarlos? Pero nadie puede cazar tigres. Son una especie en peligro de extinción.

 

Sheba se levantó y entró en la pista con decisión.

 

-Eso hace que sean más valorados por los hombres ricos que ya están aburridos de cazar piezas comunes y a los que les importa un comino la ley.

 

-¿Has vendido a Sinjun para que lo cacen y lo maten? -dijo Dani con voz horrorizada cuando por fin comprendió lo que Sheba le estaba diciendo. Un montón de imágenes horribles cruzó por su cabeza.

 

Sinjun no tenía el temor que un tigre normal siente hacia la gente. No se daría cuenta de que esos hombres querían lastimarle. En su mente vio su cuerpo abatido por las balas. Lo vio sobre la tierra con su pelaje negro y naranja manchado de sangre. Se acercó rápidamente a Sheba.

 

-¡No te lo permitiré! Te denunciaré a las autoridades. Te detendrán.

 

-No, no lo harán -repuso Sheba. -No es ilegal vender un tigre. Webley me ha dicho que su intención es exhibir a Sinjun en su rancho de caza. Eso no va contra la ley.

 

-Sólo que no va a exhibirlo, ¿verdad? Lo va a matar. -Dani se sintió mareada. -Iré a las autoridades. Lo haré. Detendrán todo esto.

 

-Lo dudo -dijo Sheba. -Webley lleva años sorteando la ley. Tendrías que tener un testigo que jurara que vio cómo lo mataban, lo que no ocurrirá ni en sueños. Y en cualquier caso, sería demasiado tarde para hacer nada, ¿no?

 

Dani nunca había odiado tanto a otro ser humano.

 

-¿Cómo puedes hacer esto? Si tanto me odias, ¿por qué no me haces daño a mí? ¿Por qué tienes que tomarla con Sinjun?

 

Kevin entró en la pista y se enfrentó a Sheba.

 

-Te pagaré el doble que Webley -ofreció.

 

-Esta vez no conseguirás nada con tu dinero, Kevin. No comprarás a Sinjun como hiciste con Glenna. Puse una condición cuando apalabré la venta.

 

Dani lo miró con rapidez. Kevin no le había dicho que había sido él quien había comprado a Glenna. Sabía que había hecho los arreglos necesarios para que fuera instalada en el zoo Brookfield, pero no que había sido su dinero el que lo había hecho posible. La gorila tenía un nuevo y precioso hogar gracias a él.

 

 

-¿Por qué haces esto? -preguntó él. -La gente de Webley no recogerá a Sinjun hasta el amanecer. -La expresión de Sheba se volvió astuta. -Será entonces cuando firme los papeles, pero siempre puedo cambiar de idea.

 

-Ah, así que llegamos al meollo del asunto, ¿verdad, Sheba? -susurró Kevin con voz apenas audible.

 

Sheba miró a Dani, que todavía estaba fuera de la pista al lado de Brady.

 

-Eso te gustaría, ¿verdad, Dani? Que detuviera todo esto. Puedo hacerlo, ya lo sabes. Con una simple llamada telefónica.

 

-Claro que puedes -siseó Kevin. -¿Qué tengo que hacer para que hagas esa llamada?

 

Sheba se volvió hacia él y fue como si Brady y Dani hubieran dejado de existir, quedando sólo ellos dos frente a frente en medio de la pista; algo para lo que ambos habían nacido. Sheba acortó la distancia que había entre ellos moviéndose sinuosamente, casi como una amante, pero no existía ni pizca de amor entre ellos.

 

 

-Ya sabes lo que tienes que hacer.

 

-Dímelo de todas maneras.

 

Sheba se giró hacia Dani y Brady.

 

-Dejadnos solos. Esto es entre Kevin y yo.

 

-¡Esto es una locura! Eso es lo que es. ¡Si hubiera sabido lo que estabas maquinando, juro por Dios que te hubiera sacudido hasta que olvidaras tal gilipollez! -explotó Brady.

 

Sheba ni siquiera se inmutó ante aquel arrebato de ira.

 

-Si Dani y tú no os vais de aquí, será el final del tigre.

 

-Marchaos -dijo Kevin. -Haced lo que dice. Brady se volvió hacia él.

-No dejes que te corte las pelotas. Lo intentará, pero no dejes que llegue a ese extremo -dijo con amargura. Parecía como si hubiese perdido la fe en todo lo que creía.

 

 

-Lo intentaré -repuso Kevin suavemente.

 

Dani le dirigió una mirada suplicante, pero él estaba concentrado en Sheba y no se dio cuenta.

 

-Venga, Dani. Vámonos de aquí. -Brady le pasó el brazo por los hombros y la llevó hacia la puerta trasera. Tras tantos meses aprendiendo a luchar, Dani intentó resistirse, pero sabía que Kevin era la única esperanza de Sinjun.

 

Una vez fuera, respiró hondo. Era una noche fría y comenzaron a castañetearle los dientes.

 

-Lo siento, Dani. No pensé que llegaría tan lejos -susurró Brady, abrazándola.

 

Dentro se oyó la desdeñosa voz de Kevin sólo un poco amortiguada por la lona de la carpa.

 

-Eres una mujer de negocios, Sheba. Si me vendes a Sinjun te compensaré generosamente. Todo lo que tienes que hacer es poner el precio.

 

Fue como si Brady y Dani hubieran echado raíces en ese lugar; sabían que debían irse pero eran incapaces de hacerlo. Luego Brady cogió a Dani de la mano y la hizo atravesar las sombras hasta la puerta trasera, donde no podían ser vistos pero tenían una vista parcial de la pista central.

 

Dani vio cómo Sheba acariciaba el brazo de Kevin.

 

-No es tu dinero lo que quiero. Ya deberías saberlo. Lo que quiero es doblegar tu orgullo.

 

 

 

ahhhhh acaso no son hermosos????

 

 

Capitulo 21 parte 2

QUIEREN CAP!!!! UN COMENT MAS!! Y SUBOOO!!!!!!!

 

-No puedo esperar.

 

Las holgadas mangas de la camisa blanca de Kevin se hincharon cuando se incorporó.

 

-Mira, Dani, si es por lo de la bombona, ya te he dicho que lo siento. Sé que no ha sido fácil vivir conmigo estos últimos días, pero he tenido una semana muy dura.

-Has tenido muchas semanas duras, pero nunca lo has pagado conmigo.

 

-¿Cuántas veces tengo que disculparme?

 

-No quiero tus disculpas. Lo único que quiero es hablar de los motivos por los que te distancias de mí.

-Déjalo estar, ¿vale?

 

-No puedo. -El número de los payasos llegaba a su fin. Dani sabía que ése no era el mejor momento para hablar, pero ahora que había comenzado, no podía parar. -Nos estamos haciendo daño el uno al otro. Tenemos un futuro juntos y necesitamos hablar de ello. -Le acarició el brazo esperando que se apartara y, como no lo hizo, Dani se sintió confiada para seguir. -Estos meses han sido los mejores de mi vida. Me has ayudado a encontrarme a mí misma, y espero haberte ayudado a hacer lo mismo. -Le puso las manos en el pecho y sintió el latido del corazón de Kevin a través de la tela de seda. La flor de papel que llevaba entre los pechos crujió y el extremo del látigo rozó la mano de Dani. -¿No sientes cómo nos envuelve el amor? ¿No estamos mejor juntos que separados? Somos perfectos el uno para el otro -sin haberlo planeado siquiera, las palabras que había estado conteniendo tanto tiempo surgieron de su boca, -y también lo seremos para el bebé que estamos esperando.

 

Durante un segundo no pasó nada. Y luego todo cambió. Los tendones del cuello de Kevin se tensaron y los ojos se le oscurecieron mientras la miraba con algo que parecía terror. Después retorció la cara en una máscara de furia.

Dani apartó las manos de su pecho. El instinto la impulsó a escapar, pero ya había hecho lo más difícil y estaba dispuesta a mantenerse firme.

 

-Kevin, no he buscado este bebé. Ni siquiera sé cómo ocurrió. Pero no voy a mentirte y a decir que lo siento.

-Confié en ti -dijo el sin apenas mover los labios.

 

-En ningún momento he traicionado tu confianza.

 

Kevin cerró los puños y tragó compulsivamente. Por un momento, Dani pensó que iba a golpearla.

 

-¿De cuánto estás?

 

-De unos dos meses y medio.

-¿Cuánto hace que lo sabes?

 

-Más o menos un mes.

 

-¿Lo sabes desde hace un mes y no me has dicho nada?

-Me daba miedo decírtelo.

 

La alegre música de los payasos fue en aumento señalando el final del número. Kevin y ella eran los siguientes. Digger, que era el encargado de enviar a Misha a la pista en el punto álgido de la actuación, se acercó para hacerse cargo del caballo.

 

Kevin agarró a Dani del brazo y la alejó de los demás.

 

-No vas a tener ningún bebé. ¿Entiendes lo que te digo?

 

-No, no lo entiendo.

 

-Mañana por la mañana, en cuanto nos levantemos, tú y yo nos iremos. Y cuando volvamos, no existirá ningún bebé.

 

Ella lo miró conmocionada. Se le revolvió el estómago y tuvo que llevarse el puño a la boca. El público guardó silencio como siempre que Jack Daily comenzaba la dramática introducción de Kevini el Cosaco.

 

-Yyyy... ahora, el circo de los Hermanos Quest se enorgullece en presentar...

 

-¿Quieres que aborte? -susurró Dani.

 

-¡No me mires como si fuera un monstruo! ¡No te atrevas a mirarme así! Te dije desde el principio lo que pensaba de ese tema. Te abrí mi corazón para que lo entendieras. Pero, como siempre, has decidido que sabes más que nadie. Aunque no tienes ni una pizca de cordura en tu maldito cuerpo, ¡decidiste que eres más lista que nadie!

 

-No me hables así.

 

-¡Confié en ti! -Kevin hizo una mueca cuando las primeras notas de la balalaica rompieron el silencio de la noche. Era la señal para entrar en la pista. -Creía que tomabas las pastillas, pero me has engañado.

 

 

Ella negó con la cabeza y se tragó la bilis que le subía por la garganta.

 

-No voy a deshacerme del bebé.

 

-¡Por supuesto que sí! Harás lo que yo diga.

 

-Tú tampoco quieres. Sería algo horrible.

 

-No tan horrible como lo que tú has hecho.

 

-¡Kevin! -gritó uno de los payasos. -Es tu turno.

 

Cogió el látigo de su hombro.

 

-Nunca te lo perdonaré, Dani. ¿Me oyes? Nunca. -Apartándose de ella, desapareció en dirección a la pista.

 

Dani se quedó paralizada, embargada por una desesperación tan profunda y amarga que no podía respirar. Oh, Santo Dios, ¡qué tonta había sido! Había pensado que él la amaba, pero Kevin había tenido razón todo el tiempo.

 

No sabía amar. Le había dicho que no podía hacerlo y ella se negó a creerle. Ahora tendría que pagar por ello.

Demasiado tarde recordó algo que había leído sobre los tigres: «Los machos de esta especie se desvinculan por completo de la vida familiar. No participan en la cría de los cachorros, ni siquiera los reconocen.»

 

 

Kevin iba incluso más lejos. Quería aplastar esa brizna de vida que se había vuelto tan preciosa para ella.

 

Quería destruirla antes de que pudiera llegar al mundo.

-¡Espabila, Dani! Te toca. -Madeline la agarró y la empujó hacia la puerta trasera del circo.

 

El foco la iluminó. Desorientada, levantó el brazo, intentando protegerse los ojos.

 

-... y ninguno de nosotros sabe cuánto le ha costado a esta joven entrar en la pista con su marido.

 

Dani se movió automáticamente al compás de la música de la balalaica, mientras Jack contaba la historia de la novia criada en un convento que había sido secuestrada por un poderoso cosaco. Apenas lo escuchó. No veía nada salvo a Kevin, el traidor, en el centro de la pista.

 

 

Las luces arrancaban brillos carmesí del látigo que caía hasta sus brillantes botas negras, titilaban en el pelo oscuro de Kevin y en sus pálidos ojos dorados, que brillaban como los de un animal acorralado. Dani seguía bajo la luz del foco cuando Kevin comenzó a mover el látigo. Pero esa noche el baile del látigo no hablaba de seducción, sino de locura salvaje, de furia.

 

 

El público ovacionó con aprobación al principio, pero según transcurría el número, percibió la tensión de Dani. La comunicación fluida que siempre había existido entre ellos había desaparecido. La joven ni siquiera se sobresaltó cuando Kevin cortó el rollo de papel en su boca, de hecho actuaba como una autómata. La embargaba una desesperación tan profunda que no sentía absolutamente nada.

 

 

El ritmo del acto decaía en picado. Kevin destruyó uno de los rollos en dos cortes, otro en cuatro. Olvidó una variante en la que había añadido una serpentina al extremo del rollito, y cuando envolvió las muñecas de Dani con el látigo, los espectadores se removieron inquietos. En el aire se palpaba la tensión de la pareja y lo que antes había sido un acto de seducción ahora parecía una violenta parodia. En lugar de un marido intentando ganarse el amor de su esposa, el público veía a un hombre peligroso amenazando a una pequeña mujer frágil e indefensa.

 

Kevin notó lo que ocurría y se dejó llevar por su amor propio. Se dio cuenta de que no podía permitirse el lujo de rodearla con el látigo sin que el público se pusiera en su contra, pero por otro lado necesitaba un gesto final que diera por concluida la actuación antes de indicar a Digger que soltara a Misha.

 

Deslizó la mirada por el cuerpo de Dani y sus ojos cayeron sobre la flor de papel que emergía entre sus pechos, y se dio cuenta de que la había olvidado antes. Con un gesto de cabeza le indicó a Dani lo que iba a hacer. La joven lo observó sin moverse; lo único que quería era acabar de una vez para poder marcharse y ocultarse del mundo.

 

La música de la balalaica creció en intensidad mientras ella clavaba los ojos en su marido. Si no hubiera estado tan petrificada, se habría dado cuenta del sufrimiento de Kevin, de que lo embargaba una pena tan profunda como la suya.

 

Él movió los brazos y dio un latigazo con un rápido movimiento de muñeca. La punta del látigo voló hacia ella como docenas de veces antes, pero esta vez

 

Dani lo vio todo a cámara lenta. Con una extraña sensación de desapego, ella esperó que volaran los pétalos de la flor, pero en su lugar sintió un dolor abrasador.

 

 

Se quedó sin aliento. Una punzada ardiente atravesó su cuerpo cuando el látigo impactó en ella desde el hombro hasta el muslo. La pista comenzó a girar y ella a caer. Pasaron unos segundos y luego volvió a sonar la música, una enérgica y alegre melodía que parecía un extraño contrapunto a aquel dolor tan intenso que le impedía respirar. Sintió que la alzaban unos brazos fuertes y que los payasos entraban a la pista a toda velocidad.

 

 

Dani seguía consciente aunque no quería. A sus oídos llegó una oración. La música, el murmullo del público, todo resonaba débilmente detrás del muro de dolor que la envolvía.

 

-¡Apartad! ¡Atrás todos!

 

La voz de Kevin. Era Kevin quien la llevaba en brazos. Kevin, el enemigo. El traidor.

 

Dani sintió el duro y cortante frío del exterior cuando la tendió al lado de la carpa. Su marido se inclinó sobre ella, utilizando su cuerpo para ocultarla de los demás.

-Cariño, lo siento. Oh, Dios mío, cuánto lo siento.

 

 

Dani utilizó las fuerzas que le quedaban para apartar la mirada de él y clavarla en la polvorienta lona de nailon. Jadeó de dolor cuando Kevin rozó con una mano los pedazos desgarrados del maillot.

 

Dani tenía los labios tan secos y pegados que no podía abrirlos.

 

-No me toques...

 

-Déjame ayudarte. -La respiración de Kevin era rápida y entrecortada. -Te llevaré a la caravana.

Dani gimió cuando la alzó en brazos, odiando que la moviera y la hiciera sentir más dolor.

-Nunca te perdonaré por esto -susurró.

 

-Ya, ya lo sé.

 

Una abrasadora estela de fuego le bajaba desde el hombro al centro del pecho y desde el vientre hasta la cadera. Sentía tanto dolor que no se dio cuenta de que habían atravesado el recinto y entrado en la caravana hasta que Kevin la dejó sobre la cama.

 

Una vez más, Dani apartó la mirada de él, mordiéndose los labios para no gritar cuando su marido le quitó lentamente el destrozado maillot.

 

-Tu pecho... -él contuvo el aliento. -Tienes un verdugón, pero no tienes la piel cortada, sólo amoratada.

El colchón se movió cuando él se levantó, pero regresó enseguida.

 

-Sentirás frío. Voy a ponerte una compresa.

 

Dani dio un respingo cuando él le cubrió la piel ardiente con una toalla húmeda y fría. Apretó los párpados, deseando que pasara todo.

La toalla se calentó por la piel ardiente y Kevin se la quitó para reemplazarla por otra. El colchón se hundió de nuevo cuando él se sentó a su lado. Comenzó a hablar, con voz suave y ronca.

 

-No soy... no soy tan pobre como te he hecho creer. Doy clases en la universidad, pero... pero además me dedico a la compraventa de arte ruso. Y soy asesor en algunos de los mejores museos del país.

 

Las lágrimas se deslizaron por los párpados de Dani y cayeron en la almohada. Cuando las compresas comenzaron a surtir efecto, el dolor disminuyó y se convirtió en un latido sordo y vibrante.

 

Kevin continuó hablando con frases entrecortadas y titubeantes.

-Me consideran una autoridad en iconografía rusa en... en Estados Unidos. Tengo dinero. Prestigio. Pero no quería que lo supieras. Quería que pensaras que era un inculto y pobre trabajador del circo. Quería... ahuyentarte.

 

 

-Ya no me importa -se obligó a decir Dani.

 

Kevin hablaba ahora con rapidez, como si se le acabara el tiempo.

 

-Poseo una... una gran casa de ladrillo. En Connecticut, no lejos del campus. -Con un toque ligero como una pluma, reemplazó la compresa por una nueva. -Está repleta de arte y cosas bellas y también... también tengo un granero en la parte de atrás con un establo para Misha.

 

 

-Por favor,déjame en paz.

 

 

-No sé por qué sigo viajando con el circo. Siempre que lo hago me juro que será la última vez, pero después pasan unos años y comienzo a sentirme inquieto. No importa si estoy en Rusia, en Ucrania, o en Nueva York, al final acabo sintiendo una llamada que me impulsa a volver. Supongo que siempre seré más Markov que Romanov.

 

 

Ahora que ya no importaba, Kevin le contaba todo aquello que ella le había rogado que le revelara durante meses

 

-No quiero oír más


Kevin le ahuecó la cintura con la mano en un gesto extrañamente protector.

 

-Ha sido un accidente. Lo sabes, ¿no? No sabes cuánto lo siento...

 

-Sólo quiero dormir.

 

-Dani, soy un hombre rico. Esa noche, cuando fuimos a cenar, sé que estabas preocupada por la cuenta... No tienes... no tienes que preocuparte nunca más por el dinero.

 

-No me importa.

 

-Sé que te duele. Mañana te encontrarás mejor. Te saldrá un cardenal doloroso, pero no te quedará cicatriz. -Kevin vaciló como si se diera cuenta de la terrible mentira que había dicho.

 

 

-Por favor -dijo ella. -Si te importo algo, déjame en paz.

Hubo un largo silencio. Luego el colchón se movió de nuevo cuando Kevin se inclinó y le rozó los húmedos párpados con los labios.

 

 

-Si necesitas algo, enciende la luz. Vendré de inmediato.

Ella esperó que se fuera. Esperó que saliera de la caravana para poder romperse en un millón de pedazos.

 

 

Pero Kevin no se apiadó de ella. Levantó la punta de la compresa y sopló con suavidad, enviando una oleada de aire que le enfrió la piel. Algo caliente y húmedo cayó sobre ella, pero Dani estaba demasiado aturdida para saber lo que era.

 

 

Finalmente Kevin se levantó de la cama y la caravana se llenó de los familiares sonidos de su marido cambiándose de ropa: el sordo ruido de las botas contra el suelo, el leve susurro de las lentejuelas al quitarse el fajín rojo, el roce de la cremallera de los vaqueros. Dani sintió que pasaba una eternidad antes de que oyera cerrarse la puerta.

 

 

El gruñido del tigre saludó a Kevin cuando salió de la caravana. Se detuvo en los escalones y tomó aire. Las luces de colores iluminaban los banderines, pero él era incapaz de ver nada más que el obsceno verdugón rojo que cruzaba la frágil piel de Dani. A Kevin le picaban los ojos por las lágrimas contenidas y le ardían los pulmones. ¿Qué había hecho?

 

Se acercó a ciegas a la jaula del tigre. La función aún no había terminado. La zona de las caravanas estaba desierta salvo por un par de payasos con los que evitó cruzarse.

 

Todo había salido mal esa noche.; Por qué no había dado por finalizado el número antes? Debería haberle indicado a Digger que enviara a Misha cuando supo que aquello no iba bien. Pero había estado demasiado furioso. Su orgullo le había exigido que hiciera un truco más para intentar salvar la función. Sólo un truco más, como si eso hubiera podido arreglar algo.

 

Kevin apretó los párpados. Dani tenía una piel pálida y delicada. El verdugón le cruzaba el pecho y aquel dulce vientre todavía plano donde crecía su hijo. Su hijo. Ese ser del que le había dicho a Dani que se deshiciera. Como si Dani pudiera hacer algo así. Como si él pudiera dejar que lo hiciera. Las feas y horribles palabras que había dicho le resonaron en los oídos. Palabras que ella nunca olvidaría ni perdonaría. Porque ni siquiera Dani tenía el corazón tan grande como para perdonar algo semejante.

 

 

Cuando llegó a la jaula, Sinjun le sostuvo la mirada sin parpadear, con tanta atención que pareció llegar a los rincones más profundos de su alma. ¿Qué veía el tigre? Kevin traspasó la cuerda de seguridad y agarró los barrotes. Aquel lugar frío y vacío que siempre había tenido en su interior había desaparecido, pero ¿qué había ocupado su lugar?

 

 

La mirada de Kevin se clavó en la del tigre y se le pusieron los pelos de punta. Por un momento todo quedó en suspenso y luego oyó una voz -su propia voz- diciéndole exactamente lo que veía el tigre.

 

«Amor.»

 

 

El corazón le golpeó las costillas. «Amor.» Ése era el sentimiento que no había reconocido, el sentimiento que había provocado el deshielo. Estaba aprendiendo a amar. Dani se había dado cuenta. Había sabido lo que le ocurría aunque él lo había negado.

 

 

La amaba. Total y absolutamente. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Era más preciosa para él que todos esos iconos antiguos y que las obras de arte que llenaron su vida durante tanto tiempo. Al vivir con ella había aprendido a ser feliz. Dani le había mostrado la alegría, la pasión, todo... Y lo había hecho con una impresionante humildad. ¿Y qué le había dado él a cambio?

 

«No te amo, Dani. Nunca lo haré.»

 

Apretó los párpados al recordar cómo había negado una y otra vez el precioso regalo que ella le daba. Pero con un valor que le dejaba sin aliento, Dani había seguido ofreciéndoselo. No importaba cuántas veces hubiera negado Kevin su amor, ella continuaba brindándoselo.

Ahora aquel amor estaba encarnado en el niño que crecía en el vientre de su esposa. El niño que había dicho que no quería. El niño que deseaba con cada latido de su corazón.

 

 

¿Qué había hecho? ¿Cómo iba a recuperar a su esposa? Volvió la cabeza hacia la caravana, deseando que la luz estuviera encendida, pero la ventana permanecía en penumbra.

 

 

Tenía que ganársela denuevo, tenía que hacer que perdonara todas las desagradables palabras que había dicho. Había sido tan arrogante, había estado tan ciego, tan obsesionado con el pasado, que le había dado la espalda al futuro. La había traicionado de un modo tan absoluto que nadie en su lugar lo perdonaría.

 

Pero Dani no era una mujer común. Para ella amar era tan natural como respirar. No era capaz de contener su amor igual que no era capaz de hacer daño a nadie. Buscaría misericordia en su dulzura y en su generosidad. No tendría más secretos para ella. Le diría todo lo que sentía y, si eso no la ablandaba, le recordaría aquellos votos sagrados que siempre sacaba a relucir. Se aprovecharía de su simpatía, la intimidaría, le haría el amor hasta que no recordara que la había traicionado. Le recordaría que ahora era una Markov, y que las mujeres Markov luchaban por sus hombres, incluso aunque éstos no se lo merecieran.

 

 

La ventana de la caravana seguía a oscuras. Decidió dejarla dormir, darle tiempo para que se recuperara, pero en cuanto amaneciera haría todo lo que estuviera en su mano para ganársela de nuevo.

 

 

El circo comenzaba a vaciarse y él se puso a trabajar. Mientras desmontaban la cubierta, pensó en cómo podría demostrarle su amor, cómo podría hacerle ver que, a partir de ahora, todo sería diferente entre ellos. Volvió la mirada a la ventana oscura de la caravana, luego corrió a la camioneta. Diez minutos más tarde, encontró una tienda que abría toda la noche.

 

 

No había mucho para elegir, pero se llenó los brazos con todo lo que encontró a su paso: galletitas saladas para niños con forma de animales, un sonajero de plástico azul y un patito amarillo; un ejemplar del libro sobre educación infantil del doctor Spock, un babero de plástico con un conejo de grandes orejas y una caja de harina de avena, porque Dani tendría que alimentarse bien.

 

 

Regresó al circo con los regalos tan rápido como pudo. La bolsa se rompió cuando la cogió del asiento delantero. La cerró con sus grandes manos y corrió hacia la caravana. Cuando Dani viera todo eso, comprendería lo que ella significaba para él. Lo mucho que quería ese bebé; sabría cuánto la amaba.

 

 

Se le cayó el sonajero mientras giraba la manilla de la puerta. El juguete de plástico rebotó en el escalón superior y luego rodó por la hierba. Kevin entró corriendo sin prestarle atención.

 

Dani se había ido.

 

 

hastaa aquii!!!! ahahahah no dire nada!!!kiero sus opiniones sobre lo k sucedioo!!!!

bieennnn a donde habra ido danii???????????

OoOoo

 

BYEEEE

 

 

Capitulo 21


CAPÍTULO 21 PARTE 1

 

Kevin estuvo imposible toda la semana. Desde que fueron a cenar para luego disfrutar de aquellos juegos eróticos, buscó todo tipo de excusas para discutir con ella. Incluso en ese momento la miraba con el ceño fruncido mientras se secaba el sudor de la frente con el brazo.

 

-¿No podías haber rellenado la bombona de gas cuando fuiste a hacer la compra al pueblo?

 

-Lo siento, pero no sabía que estaba vacía.

-Nunca te fijas en nada -añadió él con acritud. -¿Qué crees? ¿Que se rellena sola?

 

Dani apretó los dientes. Parecía como si se hubieran acercado demasiado aquella noche y necesitara distanciarse de ella otra vez. Por el momento había logrado esquivar todas las granadas que le había lanzado, pero cada vez le resultaba más difícil mantener a raya su propio temperamento. En ese instante tuvo que contenerse para hablar con calma.

 

-No sabía que querías que lo hiciera yo. Siempre te has ocupado tú de esas cosas.

 

-Sí, pero por si no te has dado cuenta, he estado muy ocupado

últimamente. Han enfermado los caballos, se incendió la carpa de la cocina y ahora tenemos a un inspector de sanidad amenazando con

multarnos por saltarnos no sé qué normas de seguridad.

 

-Sé que has estado sometido a mucha presión. Si me lo hubieras dicho no me habría importado ocuparme de las bombonas.

 

-Sí, claro. ¿Cuántas veces has rellenado una bombona?

 

Dani contó mentalmente hasta cinco.

 

-Ninguna. Pero aprendería a hacerlo.

 

-No te molestes. -Y se alejó a paso airado.

 

Dani ya no pudo contenerse ni un minuto más. Plantó una mano en la

cadera y le gritó:

-¡Que pases un buen día también!

 

Kevin se detuvo, luego se giró para dirigirle una de sus miradas más sombrías.

 

-¡No te pases!

 

Dani cruzó los brazos sobre el pecho y dio golpecitos en el suelo con la deportiva sucia. Puede que Kevin estuviera experimentando un montón de sentimientos que no sabía cómo manejar, pero eso no quería decir que tuviera que desahogar su frustración en ella. Dani llevaba días intentando ser paciente, pero ya no aguantaba más.

 

Kevin se acercó a ella apretando los dientes. Dani se negó a retroceder.

 

Kevin se paró delante de ella, intentando intimidarla con su tamaño.

 

Dani tuvo que reconocer que se le daba muy bien.

 

-¿Pasa algo? -espetó él.

 

Aquella discusión era tan ridícula que a ella no le quedó más remedio

que sonreír con picardía.

 

-Si alguien te dice que estás muy guapo cuando te enfadas, miente.

 

La cara de Kevin adquirió un tono púrpura y Dani pensó que explotaría. Pero en vez de eso, se limitó a alzarla por los codos y empujarla contra el remolque. Luego la besó hasta que Dani se quedó sin aliento.

 

Cuando finalmente la puso en el suelo, estaba de peor humor que antes

de besarla.

 

-¡Lo siento! -gritó.

 

Como disculpa no era gran cosa, pues cuando se marchó parecía más un tigre malhumorado que un marido arrepentido. Aunque Dani sabía que él estaba sufriendo, se le había agotado la paciencia. ¿Por qué tenía que hacerlo todo tan difícil? ¿Por qué no podía aceptar que la amaba?

 

Recordó la vulnerabilidad que había visto en sus ojos la noche que le había pedido más tiempo. Sospechaba que Kevin sentía miedo de dar nombre a lo que sentía por ella. La dicotomía entre sus sentimientos y lo que creía saber sobre sí mismo estaba desgarrándolo por dentro.

Eso era lo que se decía a sí misma, porque la alternativa -que no la

amara- era algo en lo que no quería pensar. Y más si tenía en cuenta que aún no le había dicho que estaba embarazada.

Disculpaba aquella cobardía de todas las maneras que se le ocurrían.

Cuando las cosas iban bien entre ellos, se decía que no quería arriesgarse a perder la armonía y, cuando todo se desmoronaba, que había perdido el valor.

 

 

Pero lo mirara como lo mirase, sabía que estaba comportándose como

una cobarde. Debía enfrentarse al problema y, sin embargo, seguía huyendo de él. Ya había pasado casi un mes desde que se había hecho la prueba del embarazo. Debía de estar ya de dos meses y medio, pero no había ido al médico porque no quería arriesgarse a que Kevin lo descubriese. El que se estuviera cuidando no era excusa para no comenzar un correcto control prenatal, sobre todo si tenía que asegurarse de que el bebé no había resultado dañado por las píldoras anticonceptivas que había seguido tomando antes de descubrir que éstas habían fallado y estaba embarazada.

 

Metió la mano en el bolsillo de los vaqueros y tomó una decisión. No había razón para seguir postergándolo más. De todas maneras era imposible seguir viviendo así. ¿Para qué seguir atormentándose? Se lo diría esa tarde. Eran necesarios dos para hacer un bebé y ya iba siendo hora de que ambos aceptaran sus responsabilidades.

 

En cuanto acabó la función de la tarde fue a buscarlo, pero la camioneta no estaba. Dani estaba cada vez más nerviosa. Después de haber estado posponiendo esa conversación tanto tiempo, lo único que deseaba era quitarse ese peso de encima.

 

Deberían haberse visto a la hora de la cena, pero el inspector de sanidad retuvo a Kevin hasta que dio comienzo la última función. Cuando se dirigió a la puerta trasera del circo antes de la actuación, Dani lo vio junto a Misha. Llevaba uno de los látigos enrollado al hombro y el extremo le colgaba sobre el pecho. La brisa le removía el pelo oscuro y la tenue luz arrojaba profundas sombras a sus rasgos.

 

No había nadie con él. Era como si hubiera dibujado un círculo invisible a su alrededor, un círculo que mantenía a todo el mundo fuera, incluyéndola a ella. En especial a ella. Las lentejuelas rojas del cinturón de Kevin brillaron cuando pasó la mano sobre el flanco del animal. La frustración de Dani fue en aumento. ¿Por qué tenía que ser tan testarudo?

 

Mientras el público reía por las travesuras de los payasos, Dani se acercó a él. Misha resopló y echó la cabeza hacia atrás. Dani miró a la bestia con aprensión. No importaban las veces que representara el número, nunca se acostumbraría a él, incluyendo el aterrador momento en el que Kevin la montaba delante de él en la silla.

 

La joven se detuvo delante del caballo.

 

-¿Crees que alguien podría sustituirte después de la función? Tengo

que hablar contigo.

 

Kevin le respondió sin mirarla mientras ajustaba la cincha de la silla

 

de montar.

 

-Tendrás que esperar. Tengo mucho que hacer.

 

Pero a Dani se le había agotado la paciencia. Si no resolvían sus

problemas ya, no serían capaces de sacar ese matrimonio adelante.

 

-No puedo esperar.+

 

 

 

 

Ahhhhhh hasta aquii el capp!!! tenia k dividirlooo!!!!! no saben lo k se vienee!!! kerran matar a alguien pronto eso es segurooo!! jejeje

pero sorry!!!!! subire prontoooooooo eso esperooo jejeje

buenoooo se cuidaan besoss las kiero a todas!!!!

 

PD:

graciaaas!!! Adri mi nueva lectora!!! BIENVENIDAAA!!! espero sus comentarios!

 

xoxox

 

 

 

 

CAPITULO 20 PARTE 2




-¡Deja de hacer eso! -Soltó el tenedor con exasperación.


Él acarició el tallo de la copa con aquellos dedos largos y elegantes, luego deslizó el pulgar por el borde.

-¿Que deje de que hacer qué?

-¡Deja de seducirme!

-Pensaba que te gustaba que te sedujera.

-No cuando me he arreglado para cenar en un restaurante.

-Entiendo. Ya veo que no llevas sujetador. ¿Llevas bragas?

-Por supuesto.

-¿Algo más?

-No. Con las sandalias no uso pantis.

-Bien. Pues vas a hacer lo siguiente: levántate y ve al baño. Quítate las bragas y mételas en el bolso. Luego vuelve aquí.

El calor se extendió por los lugares más secretos del cuerpo de Dani.

-¡No pienso hacer eso!

-¿Sabes qué pasó la última vez que un Petroff desafió a un Romanov?

-No, y no sé si quiero saberlo.

-Perdió la cabeza. Literalmente.

-Entiendo.

-Pues te doy diez segundos.

Aunque mantenía una expresión desaprobadora, a Dani se le había disparado el pulso ante la idea.

-¿Es una orden?

-Apuesta tu dulce trasero a que sí.

Aquellas palabras fueron como una caricia erótica que casi la hizo disolverse, pero logró apretar los labios y levantarse de la mesa con aparente renuencia.

-Señor, es usted un tirano y un déspota.

Salió del comedor con la ronca risa de Kevin resonando en sus oídos.

Cuando regresó cinco minutos después, se acercó apresuradamente al reservado. Si bien las luces eran tenues, estaba segura de que todos podían darse cuenta de que estaba desnuda bajo la delgada tela de seda. Kevin la estudió con atención mientras se acercaba. Había tal arrogancia en su postura que no cabía duda de que era un Romanov de los pies a la cabeza.

Cuando Dani se acomodó a su lado, él le pasó un brazo por los hombros y le deslizó un dedo por la clavícula.

-Pensaba decirte que abrieras el bolso y me mostraras tu ropa interior para estar seguro de que habías seguido mis órdenes, pero me parece que no será necesario.

-¿Se nota? -Miró a los lados, alarmada. -Ahora todos saben que estoy desnuda debajo de la ropa y es culpa tuya. Nunca debí dejar que me convencieras de esto.

Kevin le deslizó la mano bajo el pelo y la cogió por la nuca.


-Tal y como yo lo recuerdo, no tenías otra opción. Fue una orden real, ¿recuerdas?

Él había aprovechado todas las oportunidades que se le presentaban para tomarle el pelo desde el domingo, y ella disfrutaba de cada minuto. Le lanzó una mirada reprobatoria.


-Yo no obedezco órdenes reales.

Él se acercó más y le rozó la oreja con los labios.

-Cariño, con un chasquido de dedos puedo hacer que te encierren en una mazmorra. ¿Seguro que no quieres reconsiderar tu postura?

La llegada del camarero la salvó de responder. Había retirado los restos de la ensalada mientras ella estaba en el baño y ahora les sirvió el plato principal. Kevin había pedido salmón ahumado y ella pasta. Los linguini olían a sabrosas hierbas y a los camarones que se escondían entre las verduras. Mientras probaba el delicado manjar, Dani intentó olvidarse de que estaba medio desnuda, pero Kevin no la dejó.

-¿Dani?

-¿Mmm?


-No quiero ponerte nerviosa, pero...

Él levantó la servilleta que cubría el pan caliente y estudió atentamente la cesta y su contenido. Ya que todos los panecillos eran iguales, ella no entendía por qué tardaba tanto tiempo en elegir uno como no fuera para ponerla nerviosa.


-¿Qué? -lo azuzó. -¿Qué decías?

Kevin partió el pan y lo untó lentamente de mantequilla.


-Si no me satisfaces por completo esta noche... -la miró, y sus ojos estaban llenos de fingido pesar- me temo que tendré que cederte a mis hombres.


-¡Qué! -Dani casi se levantó de un salto de los cojines.


-Es sólo para inspirarte. -Con una sonrisa diabólica, hundió con firmeza los dientes blancos en el trozo de pan.

¿Quién podía haber imaginado que ese hombre tan complicado sería un amante tan imaginativo? Pensó que ese pícaro juego podían jugarlo los dos y sonrió con dulzura.

-Entiendo, Su Alteza Imperial. Le aseguro que estoy demasiado aterrada por su real presencia para osar decepcionarle.

Kevin arqueó una ceja diabólicamente mientras pinchaba un camarón del plato de Dani y se lo acercaba a los labios de la joven.


-Abre la boquita, cariño.

Dani se tomó su tiempo para comer el camarón y, mientras, deslizó los dedos por el interior de la pantorrilla de Kevin, agradeciendo la intimidad y la escasa luz del reservado que los resguardaban de miradas curiosas. Tuvo la satisfacción de sentir cómo a su marido se le tensaban los músculos de la pierna y supo que él no estaba tan relajado como parecía.

-¿Tienes las piernas cruzadas? -preguntó él.

-Sí.


-Sepáralas. -Ella casi soltó un grito ahogado. -Y mantenías así el resto de la velada.

La comida se volvió insípida de repente y todo en lo que Dani pudo pensar fue en salir del restaurante y meterse en la cama con él.


Separó las piernas unos centímetros. Él le tocó la rodilla bajo el mantel, y su voz ya no sonó tan segura como antes.


-Muy bien. Sabes acatar las órdenes. -Introdujo la mano debajo de la falda y la deslizó hacia arriba por el interior del muslo.


Tal audacia la dejó sin aliento y, en ese momento, se sintió como una esclava bajo el yugo del zar. La fantasía la hizo sentirse débil de deseo.


Aunque ninguno de los dos mostró señales de apresuramiento, acabaron de

comer en un tiempo récord y rehusaron tomar el café y el postre. Pronto estuvieron de regreso en el circo.


Kevin no le dirigió la palabra hasta que estuvieron dentro de la caravana, donde lanzó las llaves en el mostrador antes de volverse hacia ella.


-¿Has tenido suficiente diversión por esta noche, cariño?


El roce de la seda en su piel desnuda y su flirteo público habían hecho que Dani

abandonara sus inhibiciones, pero aun así se sintió un poco tonta cuando bajó la vista e intentó mostrarse sumisa.


-Lo que Su Alteza Imperial desee.


Él sonrió.


-Entonces desnúdame.


Ella le quitó la chaqueta y la corbata, y le desabotonó la camisa al mismo tiempo que presionaba la boca contra el torso que dejaba al descubierto. El roce sedoso del vello cosquilleó en sus labios poniéndole la piel de gallina. Lamió una de las oscuras y duras tetillas. Sintió los dedos torpes al forcejear con la hebilla del cinturón y, cuando por fin consiguió abrirlo, comenzó a bajarle la cremallera.


-Desnúdate tú primero -dijo él, -pero antes dame la bufanda.


A Dani le temblaron las manos cuando se desató la bufanda dorada de la cintura y

se la dio. Se quitó los pendientes y se deshizo de las sandalias. Con un grácil movimiento se pasó el jersey por la cabeza mostrando los pechos. La cinturilla de la falda cedió bajo los dedos y la frágil seda se le deslizó por las caderas. La apartó con el pie y se quedó desnuda ante él.


Kevin la acarició con la mano, desde el hombro a la cadera, desde las costillas a los muslos, como si estuviera marcando una propiedad. El gesto licuó la sangre de Dani en sus venas, enardeciéndola hasta tal punto que apenas era capaz de mantenerse en pie. Satisfecho, él cogió la bufanda y dejó que el extremo se deslizara lentamente entre sus dedos.


Había una amenaza erótica en el gesto y Dani no pudo apartar la vista de la tela. ¿Qué iba a hacer Kevin con ella?


Contuvo el aliento cuando él le pasó la bufanda alrededor del cuello dejando que

los extremos colgasen sobre sus pechos. Tomando los flecos en las manos, Kevin levantó primero un extremo y luego el otro, deslizándolos de un lado a otro. Los dorados hilos de seda le rozaron los pezones con suavidad. La sensación, cálida y pesada, se extendió por el vientre de Dani.


A Kevin se le oscurecieron los ojos hasta adquirir el color del brandy.

-¿A quién perteneces?


-A ti -susurró ella.

Él asintió con la cabeza.


-¿Ves qué sencillo es?


Terminó de desnudarlo. Entonces, Dani deslizó las palmas de las manos por los muslos de Kevin, sintiendo las duras texturas de la piel y los músculos. Estaba majestuosamente excitado. Ella sintió los pechos pesados y consideró que tenía más que suficiente, pero siguió con la fantasía.


-¿Qué quieres ahora de mí? -preguntó.

Él apretó los dientes y emitió un profundo sonido inarticulado mientras la

empujaba por los hombros hacia abajo.

-Esto.


A Dani se le paró el corazón. Acató su orden silenciosa y lo amó como quería. El tiempo perdió su significado. A pesar de estar en aquella postura sumisa, nunca se había sentido tan poderosa. Kevin le enredó los dedos en el pelo, mostrándole sin palabras lo que necesitaba. Los ahogados gemidos de placer de Kevin incrementaron la excitación de Dani.


La joven sintió la rígida tensión de los músculos bajo las palmas de las manos y la película de sudor que cubría aquella dura piel masculina. En ese momento Kevin la puso bruscamente en pie y la tendió en la cama.

Retrocedió un paso para mirarla a los ojos.


-Ábrete para mí y dejaré que me sirvas otra vez.

Oh, Santo Dios. Kevin debió de sentir el estremecimiento que la recorrió porque

sus ojos se entornaron con satisfacción. Dani separó las piernas.


-No tan rápido. -Él le atrapó el lóbulo de la oreja entre los dientes y lo mordisqueó con suavidad. -Primero tengo que castigarte.


-¿Castigarme? -Ella se quedó rígida pensando en los látigos guardados bajo la cama, justo debajo de sus caderas.


-Me has excitado, pero no has terminado lo que empezaste.


-Eso fue porque tú...


-Basta. -Kevin se levantó de nuevo y la miró con toda la noble arrogancia heredada de sus antepasados Romanov.


Dani se relajó. Él jamás le haría daño.


-Cuando quiera tu opinión, mujer, te la pediré. Hasta entonces, será mejor que

controles la lengua. Mis cosacos llevan demasiado tiempo sin una mujer.

Ella le lanzó una mirada afilada.


A Kevin le tembló la comisura de los labios, pero no sonrió. Se limitó a inclinar la

cabeza y rozarle con los labios el interior del muslo.


-Sólo hay un castigo adecuado para una esclava que no sabe guardar silencio. Una severa y cruel reprimenda.


El techo dio vueltas mientras él cumplía su amenaza y la llevaba a un reino de ardiente placer, a un éxtasis tan antiguo como el tiempo. El cuerpo de Kevin se volvió resbaladizo por el sudor y tensó los músculos de los hombros bajo las manos de Dani, pero no se detuvo. Sólo al final, cuando ella le rogó que forzara la dulce penetración que necesitaba con tanta desesperación.


Kevin la penetró profundamente y toda diversión desapareció de sus ojos.

-Quiero amarte -susurró.


A ella le ardieron los ojos por las lágrimas cuando él dijo las palabras que tanto

había deseado oír. Kevin se pegó a su cuerpo, y se dejaron llevar por un ritmo tan eterno como el latido de sus corazones. Se movieron como si fueran uno. Dani

sintió cómo su amado la llenaba por completo, llegando al mismo centro de su alma.


Se perdieron en un torbellino de pasión; hombre y mujer, cielo y tierra. Todos los elementos de la creación convergiendo en una perfecta combinación.


Cuando todo terminó, Dani experimentó una dicha que nunca había sentido antes y tuvo la certeza de que todo iría bien entre ellos. «Quiero amarte», había dicho él. No había dicho, «quiero hacer el amor contigo», sino «quiero amarte». Y lo había hecho. No podía haberla amado más intensamente aunque hubiera repetido las palabras cien veces.


Lo miró por encima de la almohada. Estaba de cara a ella, con los ojos medio cerrados y somnolientos. Extendiendo el brazo, Dani le acarició la mejilla y él volvió la cabeza para besarle la palma de la mano.


Ella le recorrió la mandíbula con el pulgar, disfrutando de la suave aspereza de su piel.


-Gracias.


-Soy yo quien debería darte las gracias.


-¿Quiere eso decir que no vas a compartirme con tus cosacos?


-No te compartiría con nadie.



El juego erótico que habían estado jugando la había hecho olvidarse de la


promesa que se había hecho interiormente de decirle lo del bebé esa noche.


-Llevas días sin hablar del divorcio.


Kevin se puso en guardia de inmediato y rodó sobre la espalda.


-No he pensado en ello.


Dani se sintió desanimada por su retirada, pero ya sabía que iba a ser difícil y continuó presionándolo, aunque con toda la suavidad que pudo.


-Me alegro. No es algo agradable en lo que pensar.


La observó con una mirada preocupada.


-Sé lo que quieres que diga, pero aún no puedo. Dame un poco más de tiempo, ¿vale?


Con un nudo en la garganta, Dani asintió con la cabeza.

Parecía tan nervioso como un animal salvaje obligado a vivir bajo el yugo de la

civilización.

-Nos lo tomaremos día a día.


Dani comprendió que no debía seguir presionándolo. Pero el hecho de que él no hubiera mencionado que su matrimonio finalizaría en apenas dos meses le daba la suficiente esperanza como para retrasar un poco más la noticia del bebé.


-Eso haremos.


Él se incorporó y se reclinó contra las almohadas apoyadas contra el cabecero.


-Sabes que eres lo mejor que me ha pasado en la vida, ¿verdad?


-Sin lugar a dudas.


Él se rio entre dientes y dio la impresión de que lo abandonaba parte de la tensión.

Dani se puso boca abajo, se apoyó en los codos y le acarició el vello del pecho con la yema de los dedos.


-¿Catalina la Grande fue una Romanov?


-Sí.

-He leído que era una mujer muy lujuriosa.


-Tenía un montón de amantes.


-Y mucho poder. -Dani se inclinó hacia delante y le mordisqueó el pectoral. Kevin

se estremeció, así que lo mordisqueó otra vez.


-¡Ay! -la cogió por la barbilla. -¿Qué es lo que está tramando exactamente esa retorcida mente tuya?


-Sólo pensaba en todos esos hombres tan fuertes bajo el yugo de Catalina la

Grande...


-Aja.


-... obligados a servirla... a someterse a ella.


-Aja.

Ella le acarició con los labios.


-Te toca ser el esclavo, machote.


Por un momento él pareció alarmado, luego soltó un profundo suspiro.


-Creo que he muerto y he ido al cielo.




BIEEENNNN hasta aqui el caap!!

comenteenn laas kieroo

bye

 

QUIEREN CAAP?

QUIEREN CAP????

 

Sheba vendio a Glenna :(


CAPÍTULO 20 Parte 1

Buenooo espero les guste este videitoo me gusta jejejeje no se a ustedes en fin! disfruten el cap!


Sheba estaba bajo las sombras del toldo, ocultando su sufrimiento, mientras observaba reírse a Kevin y Dani frente a su caravana. Él quitó una paja del pelo a su esposa y luego le rozó la cara; un gesto tan íntimo que fue como si le hubiera acariciado el pecho.


La amargura se extendió por su cuerpo como una vid corrupta, despojándola de todo lo demás. Habían pasado cuatro días desde que Beatriz había confesado la verdad y Sheba no podía soportar lo feliz que parecía la pareja. Sentía como si fuera a su costa, y Kevin no merecía ser feliz.


-Olvídalo, Sheba.


Se giró y vio a Brady caminando hacia ella. Él llevaba pavoneándose como un gallito por el recinto del circo desde la noche que habían pasado juntos. Sheba casi esperaba que se pusiera las manos bajo las axilas y cacarease. Era típico de Brady Pepper creer que porque se hubiera metido en su cama una vez tenía derecho de entrometerse en su vida.


-Déjame en paz.

-No es eso lo que quieres que haga.

Sheba odió la mirada de lástima que él le lanzó.

-No sabes nada.

-Déjalo, Sheba. Kevin forma parte de tu pasado. Será mejor que lo olvides.

-Suponía que dirías algo así. Eres todo un experto en olvidar, ¿no es cierto?

-Si estás hablando de Beatriz...

-Ya sabes que sí.


Digirió la mirada hacia el camión de los elefantes donde Beatriz empujaba una carretilla cargada de estiércol. Ahora era ella quien se encargaba de esa tarea, la misma que había realizado Dani. Sheba lo consideraba un castigo apropiado, pero Brady no estaba satisfecho.

Lo había arreglado todo para enviar a Beatriz con su cuñada Terry en cuanto ésta regresara de visitar a su madre en Wichita.


-Beatriz es cosa mía. En lugar de preocuparte por ella, por qué no piensas en lo bien que lo pasamos juntos la otra noche.


-¿Bien? Pero ¡si casi nos matamos el uno al otro!

-Sí. ¿No estuvo genial?


Brady sonrió ampliamente ante el recuerdo y Sheba

sintió un escalofrío traidor en su interior. Había estado bien: la excitación, la emoción de alcanzar el clímax junto a alguien con tan mal genio y tan exigente como ella. Se moría por acostarse con él otra vez, así que se puso una mano en la cadera y adelantó el labio inferior.


-Preferiría que me abrieran en canal.


-Pues nena, yo siempre tengo el taladro listo para el trabajo.


Ella casi sonrió. Entonces vio que Kevin se inclinaba para besar a Dani en la punta de la nariz. Cómo lo odiaba. Cómo los odiaba a los dos. A ella nunca la había mirado así.


-Mantente alejado de mí, Brady. -Lo empujó al pasar por su lado y se alejó con paso airado.


Tres días después, Dani se dirigía a la casa de fieras

con una bolsa de golosinas que había comprado cuando había pasado con Kevin por la tienda de comestibles.Tater iba detrás y los dos se detuvieron para admirar la voltereta que Peter Tolea, de tres años, estaba haciendo frente a su madre, Elena. La rumana, esposa del acróbata, sólo hablaba un poco de inglés, así que Dani y ella se saludaron en italiano, un idioma que ambas

dominaban a la perfección.


Tras hablar con Elena unos minutos, Dani siguió caminando hacia la casa de fieras, donde pasó unos pocos minutos con Sinjun.


«Díselo.»


«Lo haré.»


«Díselo ya.»


«Pronto.»


Le dio la espalda escapando de la reprimenda que creía haber visto en los ojos de Sinjun. Durante los últimos días Kevin había sido tan feliz como un niño y ella no había sido capaz de aguarle la fiesta. Sabía que a él le costaría acostumbrarse a la idea de un bebé, así que era importante elegir el momento adecuado para darle la noticia.


Cogió las ciruelas que había comprado para Glenna y

entró en la carpa. Pero la jaula de la gorila había

desaparecido.


Salió con rapidez. Tater abandonó el heno y trotó felizmente tras ella mientras se acercaba al camión que transportaba a las fieras. Troy estaba echando una siesta dentro de la cabina y ella se inclinó sobre la ventanilla abierta para sacudirle el brazo.


-¿Dónde está Glenna?


Troy se despertó sobresaltado y su desgastado Stetson

chocó contra el espejo retrovisor cuando se enderezó.


-¿Eh?


Glenna! No está en su jaula.


Él bostezó.


-Vinieron esta mañana por ella.


-¿Quien?


-Un tío. Sheba estaba con él. Cargó la jaula de Glenna en una camioneta y se piró.


Aturdida, Dani soltó al muchacho y dio un paso atrás. ¿Qué había tramado Sheba?


Dani encontró a Kevin revisando la lona del circo por si había desgarrones.


-¡Kevin! ¡Se han llevado a Glenna!


-¿Qué?


Le explicó lo que había averiguado, y Kevin la miró con gravedad.


-Vamos a hablar con Sheba.


La dueña del circo estaba sentada tras el escritorio del vagón rojo ocupándose del papeleo. Tenía el pelo recogido y estaba vestida con un mono color caqui con el cuello adornado con un bordado de estilo mexicano. Dani se puso delante de Kevin para enfrentarse a ella.


-¿Qué has hecho con Glenna?


Sheba levantó la vista.


-¿Por qué quieres saberlo?


-Porque soy yo quien se encarga de la casa de fieras. Es uno de mis animales y está bajo mi cuidado.


-¿Perdón? ¿Uno de tus animales? Me temo que no.


-Ya basta, Sheba-la interrumpió Kevin. -¿Dónde está la gorila?


-La he vendido.


-¿La has vendido? -la increpó él.


-Por si no lo sabíais, el circo de los Hermanos Quest está de rebajas. Como todos os quejabais de la casa de fieras, he decidido venderla.


-¿No crees que deberías habérmelo dicho?


-Pues la verdad es que ni se me pasó por la cabeza. -Se

levantó del escritorio y llevó un fajo de documentos al archivador.


Dani dio un paso adelante cuando Sheba abrió uno de los cajones.


-¿A quién se la has vendido? ¿Dónde está?


-No sé por qué estás tan disgustada. ¿No era a ti a quien

le gustaba decir a todo el mundo lo inhumana que era

nuestra exhibición de fieras?


-Eso no quiere decir que quisiera que vendieras aGlenna. Quiero saber adónde se la han llevado.


-A un nuevo hogar. -Sheba cerró el cajón.


-¿Adónde?


-¿Estás interrogándome?


Kevin apoyó la mano en el hombro de Dani.


-¿Por qué no vuelves con los animales y dejas que yo me encargue de esto?


-Quiero saber dónde está. Kevin, tengo que decirle un montón de cosas sobre las costumbres de Glenna al nuevo propietario. Odia los ruidos fuertes y le dan miedo las personas que llevan sombreros grandes. -Se le puso un nudo en la garganta al pensar que no vería otra vez a la dulce gorila. Quería que Glenna tuviera un nuevo hogar, pero le habría gustado poder despedirse de ella. Recordó la manera en que a la gorila le gustaba asearla y se preguntó si alguno de sus nuevos cuidado res le dejaría hacerlo. Sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. -Le encantan las ciruelas. Tengo que decirles lo de las ciruelas.


Kevin le dio una palmadita en el brazo.


-Escribe una lista y me aseguraré de que la lean. Venga,


ahora tengo que hablar con Sheba.


Dani quiso protestar, pero se dio cuenta de que Kevin tendría más posibilidades de conseguir que Sheba colaborara si estaban solos. Se dirigió a la puerta, pero se detuvo en el umbral y volvió la mirada hacia la dueña

del circo.


-Ni se te ocurra hacerlo de nuevo, ¿me has oído? La próxima vez que vendas un animal, quiero saberlo antes. Y también quiero hablar con el nuevo propietario.


Sheba arqueó las cejas.


-No puedo creer que te atrevas a darme órdenes.


-Pues créetelo. Y será mejor que me hagas caso. -Se dio

la vuelta y los dejó solos.


Durante un rato, ni Sheba ni Kevin abrieron la boca. Kevin dudaba que el discurso de Dani hubiera intimidado a Sheba, pero se sintió orgulloso de que su esposa se hubiera defendido sola. Observó a su antigua amante y sólo sintió asco.


-¿Qué te pasa, Sheba? Siempre has sido una mujer dura,

pero nunca fuiste cruel.


-No sé de qué te quejas. A ti tampoco te gusta la exposición de fieras.


-No te hagas la tonta. Querías hacer daño a Dani y lo has conseguido. La utilizas a ella para hacerme daño a mí y no pienso consentirlo.


-No seas creído, no eres tan importante.


-Te conozco, Sheba. Sé cómo piensas. Todo iba bien

mientras la gente pensaba que Dani era una ladrona, pero ahora que saben la verdad, no puedes soportarlo.


-Hago lo que me da la gana, Kevin. Siempre lo he hecho y siempre lo haré.


-¿Dónde está la gorila?


-No es asunto tuyo. -Sheba salió de la caravana tras fulminarle con la mirada.


Kevin se negó a ir tras ella, no pensaba darle la satisfacción de tener que pedirle nada. Se acercó al teléfono.


Tardó un día en localizar al distribuidor al que Sheba había vendido la gorila. El distribuidor le pidió el doble de lo que le había pagado a Sheba por el animal, pero Kevin no regateó.


Buscó un hogar confortable para Glenna y, el miércoles de la semana siguiente, pudo decirle a Dani que su gorila se acababa de convertir en la nueva residente del zoo Brookfield de Chicago. Lo que no le dijo fue que había sido su dinero el que lo había hecho posible.


Dani rompió a llorar y le dijo que era el marido más maravilloso del mundo.


Brady y Beatriz se detuvieron en el mostrador de la TWA en el aeropuerto de Indianápolis. La chica embarcaría en un avión de esa compañía rumbo a Wichita. No se habían dirigido la palabra desde que habían salido del recinto esa mañana, y a Brady le corroía la culpa, algo que no le gustaba nada. Sheba lo había insultado de todas las maneras que sabía y, el día anterior, Dani lo había acorralado contra uno de los tenderetes para ponerlo de vuelta y media. Lo habían hecho sentir un canalla. Pero ninguna de ellas sabía lo que era tener una hija ni quererla tanto que haría cualquier cosa por ella. Miró enfadado a su hija.


-Haz caso a tu tía Terry, ¿me oyes? Te llamaré todas las semanas. Si necesitas dinero me lo dices, y no se te ocurra empezar a salir con chicos todavía.


Ella miró hacia delante, con la mochila agarrada firmemente entre las manos. Se la veía tan bonita, delgada y resentida, que a él le dolió el corazón. Quería proteger a su hija, protegerla y hacerla feliz. Daría su vida por ella.


-Te enviaré un billete de avión para que vengas a Florida a pasar las vacaciones de Navidad con nosotros -dijo bruscamente. -Quizá podríamos ir a Disneylandia.

¿Te gustaría?


Beatriz se volvió hacia él con la barbilla temblorosa.


-No quiero volver a verte en mi vida.


Brady sintió un dolor desgarrador en las entrañas.


-No lo dices en serio.


-Ojalá no fueras mi padre.


-Beatriz...


-No te quiero. Nunca te he querido. -Sin derramar ni una sola lágrima y con la cara inexpresiva, Beatriz lo miró directamente a los ojos. -Quería a mamá, pero a ti no.


-No digas eso, cariño.


-Deberías sentirte feliz. Ya no tienes que sentirte culpable por no quererme.


-¿Quién te ha dicho que no te quiero? Maldita sea, ¿te lo han dicho los chicos?


-Eres tú quien me lo ha dicho.


-Jamás he hecho tal cosa. ¿De qué diablos hablas?


-Me lo has demostrado de mil maneras. -Se puso la mochila al hombro. -Lamento

lo que sucedió con el dinero, pero ya te lo dije. Ahora me piro al avión. No te molestes en llamarme. Siempre estaré demasiado ocupada para ponerme al teléfono.


Se dio media vuelta y se alejó de él. Le enseñó el billete a la azafata y desapareció por la puerta de embarque.


Santo Dios, ¿qué había hecho? ¿Qué había querido decir su hija con que le había demostrado de mil maneras que no la quería? Jesús, María y José, lo había jodido todo. Él sólo quería lo mejor para ella. Aquel era un mundo duro y tenía que ser exigente con ella o acabaría convirtiéndose en una vaga. Pero todo había salido mal.


En ese momento se dio cuenta de que no podía dejar que se fuera. Sheba y Dani habían tenido razón desde el principio.


Empujó a la azafata al pasar por su lado y se coló por la puerta de embarque dando voces.


-¡Beatriz Pepper, vuelve aquí ahora mismo!


La alarmada azafata se interpuso en su camino.


-Señor, ¿puedo ayudarle en algo?


Los pasajeros que se interponían entre Beatriz y él se giraron para ver qué

pasaba, pero ella siguió caminando.


-¡Vuelve aquí inmediatamente! ¿Me has oído?


-Señor, voy a tener que llamar a seguridad. Si tiene algún problema...


-Venga, llámelos. Esa chica es mi hija y quiero que vuelva.


Beatriz casi había llegado a la puerta del avión cuando Brady la alcanzó.


-No pienso tolerar que ninguna hija mía me hable así. ¡Ni hablar! -La apartó a un

lado con intención de decirle lo que se merecía. -Si crees que adoptando esa actitud conseguirás volver con tu tía Terry, estás muy equivocada. Mueve el culo, nos volvemos al circo, jovencita, y espero que te guste limpiar porque es lo que vas a hacer de camino a Florida.


Ella se lo quedó mirando con los ojos tan abiertos que parecían caramelos azules de menta.

-¿Me quedo?


-Por supuesto que te quedas. Y no quiero volverte a oír hablar así. -Se le quebró la voz. -Soy tu padre, y si se te ocurre no quererme de la misma manera que yo te quiero, te arrepentirás.


A continuación, Brady la abrazó y ella le devolvió el abrazo mientras los pasajeros que intentaban subir al avión los empujaban con sus bolsas y carritos, pero a ninguno de los dos pareció importarle. Brady siguió abrazando con fuerza a esa hija que amaba con locura y de la que no pensaba separarse nunca.


La noche del lunes sólo hubo una función, así que Kevin invitó a Dani a cenar

fuera. La suave música flotaba en el comedor en penumbra de un lujoso restaurante en el centro de Indianápolis, donde la pareja tomó asiento en un

reservado de la esquina.


Ahora que ya no estaba preocupada por Glenna, Dani se sentía como si le

hubieran quitado un peso de encima. También había contribuido a su bienestar que Brady hubiera regresado del aeropuerto con Beatriz. El equilibrista no se había mostrado demasiado comunicativo al respecto, más bien se había comportado como un puerco espín cuando Dani le había preguntado qué había sucedido, pero fue evidente que mantuvo a su hija pegada a él durante casi todo el

día. Ésta no había estado tan feliz en todo el verano.


De todas maneras, Dani consideraba las últimas dos semanas las mejores de su vida. Kevin había sido tan tierno y cariñoso con ella que apenas parecía el mismo hombre. Estaba decidida a contarle lo del bebé esa noche, aunque aún no sabía cómo.


Kevin sonrió; estaba tan guapo que el corazón de Dani hizo una pirueta. A los hombres corpulentos no solía sentarles bien el traje, pero él era, definitivamente, una excepción.


-Estás preciosa esta noche.


-Pensé que ya no sabría cómo arreglarme. -Por una vez no se vio impulsada a

decirle que su madre habría estado guapísima, tal vez porque a Dani ya no le importaba su apariencia tanto como antes. Se había pasado tanto tiempo en vaqueros, coleta y con la cara lavada que esa noche se sentía muy sofisticada.


-Te aseguro que estás estupenda.


Ella sonrió. Para salir a cenar se había puesto la única ropa de vestir que tenía: un

jersey de seda color hueso y una minifalda a juego. Había utilizado como cinturón una larga bufanda dorada y se la había enrollado dos veces a la cintura dejando colgar los flecos de los extremos. Las únicas joyas que llevaba puestas eran la alianza y unos discretos pendientes de oro. Como no había querido malgastar el dinero en ir a la peluquería, tenía el pelo más largo que nunca y, tras tantas semanas de llevarlo recogido, sentía el sensual roce en el cuello y en los hombros.


El camarero dejó dos ensaladas ante ellos, cada una con corazones de alcachofa, vainas de guisante y pepino, regadas con salsa de frambuesa y sazonadas con queso rallado.


En cuanto los dejó solos, Dani susurró:




-Tal vez deberíamos haber pedido la ensalada de la casa, esto parece demasiado

caro.


Kevin pareció divertirse con su preocupación.


-Incluso los más humildes tenemos derecho a vivir la vida de vez en cuando.


-Lo sé, pero...


-No te preocupes por eso, cariño. Podemos permitírnoslo.


Dani decidió para sus adentros que las siguientes semanas haría comidas baratas para compensar el gasto. Aunque Kevin no hablaba jamás de dinero, ella no creía que un profesor universitario ganara demasiado.


-¿No quieres que te sirva vino?


-No, así está bien. -Al beber un sorbo de agua con gas, miró el vino que brillaba en la copa de Kevin. Había pedido una de las botellas más caras de la carta y a ella le habría encantado probarlo, pero no pensaba hacer nada peligroso para el bebé.


No deberían tirar el dinero en una cena tan cara con un bebé en camino. Tan pronto como terminara la gira, buscaría un trabajo y trabajaría hasta que llegara el momento del parto, así podría ayudar con los gastos extra. Cuatro meses antes no se le hubiera pasado por la cabeza tal cosa, pero ahora la idea de trabajar duro no le preocupaba. Pensó que le gustaba mucho la persona en la que se había convertido.


-Come. Me encanta verte meter el tenedor en la boca. -La voz de Kevin se había vuelto ronca y manifiestamente seductora. -Me recuerda a todas esas otras cosas que haces con ella.


Dani se ruborizó y volvió a concentrarse en la ensalada, pero sentía los ojos de Kevin clavados en ella con cada bocado que daba. Un montón de imágenes eróticas comenzó a desfilar por su mente.








Holaaaaa queee taaallll chikaas!!!! here again!!!!!!

espero les gustee el cap!!!!!!! comenteen muchoo y les subo prontoo jujujujuj

metengo k irr xaooo

besoss!!!

Quiere cap??

nota mia:  holaaaaaaaaaaa com estaaan buuenoo les escribo para comunicarles!! que conseguiii la noveel!!! jujujuju y buenop si hay mas comentarios en este cap subo pronto!!! sip? ahora si me voy .. aki esta el cap 19! besossss byeeee las kieroooo

 

CAPÍTULO 19

 

 

 

espero que lo vean!!! es hermoso!


Brady estaba furioso con Sheba.

-No quiero que metas las narices en esto.

 

-Sólo quiero que te tranquilices un poco. Vamos dentro.

 

-¡Es una ladrona! ¡Mi hija es una puta ladrona! Permitió que se culpase a Dani. -Apartó a un lado un juego de pesas y se dejó caer sobre el sofá, donde se pasó la mano por el pelo.

 

Sheba cogió una botella de Jack Daniel's del armario de la cocina y llenó dos vasos. Cuando se acercó a él la bata se le ciñó a las caderas, haciendo que Brady se olvidara de su enfado, aunque sólo fuera por un momento.

 

Sheba tenía la habilidad de nublarle la mente. No era algo que le gustara y había luchado contra ello desde el principio. Era engreída, terca y lo volvía loco. Era la mujer más excitante que había conocido nunca. Y la que más lo irritaba.

 

Sheba le dio el vaso de whisky y se sentó a su lado. Al hacerlo se le abrió la bata dejando al descubierto un muslo. Era vigoroso y esbelto y Brady sabía, tras haberla observado trabajar con los trapecistas, lo tonificado que estaba.

 

Sheba se reclinó sobre los almohadones del sofá y cerró los ojos. Arrugó la cara, casi como si fuera a echarse a llorar, algo que nunca le había visto hacer.

 

-¿Sheba? -Ella abrió los ojos. -¿Qué te pasa?

 

Vislumbró un retazo de seda púrpura entre las piernas de Sheba y encontró un blanco para su furia.

 

-¡Por qué no te sientas como una señora en vez de como una vulgar mujerzuela!

 

-No soy tu hija, Brady. Me sentaré como me dé la gana.

 

Brady nunca le había pegado a una mujer en su vida, pero en ese momento supo que le estallaría la cabeza si no la provocaba. Con un movimiento tan rápido que ella no lo vio llegar, la agarró de la bata y la puso en pie de golpe.

 

-Te la estás buscando, nena.

 

-Por desgracia, tú no eres lo suficiente hombre para darme lo que quiero.

 

Brady no pudo recordar ninguna otra ocasión en la que se sintiera tan furioso y Sheba se convirtió en el blanco de todas las emociones que estaban a punto de explotar en su interior.

 

-¿Me estás provocando, Sheba? ¿Es que no tienes a mano a nadie mejor que yo? Soy el hijo de un carnicero de Brooklyn, ¿recuerdas?

 

-Lo que eres, es un bastardo deslenguado. Lo insultaba a propósito. Era como si ella misma quisiera que la lastimara, y el estaba dispuesto a complacerla. Le abrió la bata y se la arrancó de un tirón.

 

Sheba se quedó desnuda salvo por unas provocativas bragas de seda color púrpura. Tenía los pechos grandes y los pezones oscuros del tamaño de una moneda de medio dólar. Ya no tenía el vientre plano y sus caderas eran más redondeadas de lo que deberían ser. Era voluptuosa y madura en toda la extensión de la palabra, y Brady nunca había deseado tanto a una mujer.

 

Ella no hizo ningún intento por cubrirse, sino que le sostuvo la mirada con un descaro tal que le dejó sin aliento. Sheba arqueó la espalda y colocó la pierna izquierda delante de la derecha con un movimiento elegante. Luego plantó la mano sobre la cadera. Sus pechos se balancearon ante Brady y éste perdió el control. -Que te jodan. Ella siguió provocándole.

 

-Eso intento, Brady. Eso intento.

 

Intentó cogerla, pero olvidó lo veloz que era. Sheba se alejó con rapidez, con el pelo rojo flotando a su espalda y los pechos rebotando. Brady se abalanzó tras ella, pero se le volvió a escurrir entre los dedos. Sheba se rio, pero no fue un sonido agradable.

 

-¿Estas mayor para esto, Brady?

 

Iba a domesticarla, no importaba lo que tuviera que hacer. Impondría su voluntad sobre esa mujer.

 

-No tienes ni la más mínima oportunidad -se burló él.

 

-Ya veremos. -Sheba le arrojó una de las pesas, que cayó rodando

al suelo como si fuera un bolo.

 

A pesar de la sorpresa, él la esquivó con facilidad. Vio un destello de desafío en los ojos de Sheba y cómo le brillaban los pechos por el sudor. El juego había comenzado.

 

Aquello sólo tenía una salida posible. Brady se quitó la camiseta y los zapatos. Ella siguió meciéndose mientras observaba cómo él se quitaba los pantalones cortos. A Brady no le gustaba llevar ropa interior y estaba desnudo debajo de ellos.

 

Los ojos de la mujer escrutaron cada centímetro de su cuerpo;

 

Brady sabía que ella apreciaba lo que veía.

Cuando se acercó, Sheba le dio una patada, pero él la sujetó por los tobillos.

 

-Bueno, a ver qué tenemos aquí. Le separó lentamente las piernas formando un arco. -Eres un demonio, Brady Pepper.

 

-Ya deberías saberlo. -Le recorrió las corvas con los labios y siguió explorando

 

Ella dijo:

 

-Sólo me acuesto contigo para que no lastimes a Beatriz.

 

-Ha sido lo único que se me ha ocurrido para que te tranquilizaras.

 

-Mentirosa. Necesitabas un semental. Todos saben cuánto necesita a sus sementales la pequeña Sheba.

 

-No eres un semental. Sólo un caso de caridad.

 

-¿Es Kevin el único al que quieres como semental? Lástima que él no te quiera a ti.

-Te odio.

 

Y así siguieron, hiriéndose y castigándose hasta que, de repente, dejaron de decirse aquellas crueles palabras. Se unieron, escalando juntos hasta la cima y, en un momento arrebatador, se olvidaron de todo.

 

 

Después Sheba intentó salir apresuradamente de la cama, pero

 

Brady no la dejó.

-Quédate aquí, nena. Sólo un momento.

 

Por una vez, la dueña del circo contuvo su afilada lengua y se giró en los brazos de Brady. Los mechones de su pelo rojizo se esparcieron como cintas relucientes sobre el pecho masculino.

 

-Dani será ahora una heroína. -Brady sintió cómo se estremecía al decirlo.

 

-Se lo merece.

 

-La odio. Le odio.

 

-No tiene nada que ver contigo.

 

-¡No es verdad! No sabes nada. Las cosas iban bien cuando todos pensaban que Dani era una ladrona. Pero ahora no. Ahora Kevin pensará que ha ganado.

 

-Olvídalo, nena. Simplemente olvídalo.

 

-No me das miedo -le dijo desafiante.

 

-Lo sé. Lo sé.

 

-No me da miedo nada.

 

Él la besó en la sien pero no la llamó mentirosa. Sabía que Sheba tenía miedo. Por alguna razón, la reina de la pista central ya no se reconocía a sí misma y eso la asustaba muchísimo.



Kevin se quedó mirando el oscuro escaparate de la tienda de postales de Hallmark.

Tres puertas más abajo brillaban las luces de una pequeña pizzería mientras, junto a ellos, parpadeaba el letrero de neón de una tintorería cerrada.

 

Hacía mucho tiempo que había dejado de pensar en el robo de Dani, pero lo cierto era que nunca había creído que fuera inocente.

 

Tenía que asumir la terrible injusticia que había cometido con ella.

¿Por qué no la había creído? Siempre se había enorgullecido de ser imparcial, pero había estado tan seguro de que la desesperación de Dani la había conducido a robar el dinero que no le había ofrecido el beneficio de la duda. Debería haber sabido que el fuerte código moral de su esposa jamás le permitiría robar.

 

Ella se removió inquieta a su lado.

 

-¿Podemos irnos ya?

 

Dani no había querido acompañarlo a dar un paseo nocturno por la alameda desierta, cerca de donde se había instalado el recinto del circo, pero Kevin no estaba preparado para volver a los estrechos confines de la caravana y había insistido en ello. Dio la espalda al despliegue de postales y figuras de ángeles y sintió la tensión y la mirada preocupada de Dani.

 

Los rizos negros enmarcaban las mejillas de su esposa y su boca parecía tierna y delicada. Sintió temor ante aquella dulce cabeza hueca que poseía una voluntad tan firme como la suya. Le rozó la mejilla con el pulgar.

 

-¿Por qué no me contaste que lo hizo Beatriz? -Podemos hablar de eso más tarde -dijo Dani mirando impacientemente hacia la carretera y alejándose de él de nuevo.

 

-¡Espera! -la cogió suavemente por los hombros y ella se removió como un niño impaciente.

 

-¡Suéltame! Nunca deberías haber dejado que Brady se la llevara así. ¿Has visto lo enfadado que estaba? Si le hace daño...

 

-Espero que le caliente el trasero.

 

-¿Cómo puedes decir eso? Sólo tiene dieciséis años y ha sido un verano horrible para ella.

 

-Tampoco ha sido demasiado bueno para ti. ¿Cómo puedes defenderla después de lo que te hizo?

 

-Eso no importa. La experiencia me curtió, algo que ciertamente necesitaba. ¿Por qué has dejado que se la llevara estando tan enfadado? Prácticamente le has dado permiso para que le dé una zurra. No esperaba eso de ti, Kevin, de verdad. ¡Ahora!, por favor, te lo ruego. Volvamos y deja que me asegure de que está bien.

 

«Te lo ruego.» Dani repetía eso todo el tiempo.

Las mismas palabras que habían envenenado el espíritu de Sheba Quest dos años antes, cuando le había implorado que la amase, salían de la boca de Dani continuamente. Por la mañana, con el cepillo de dientes en la boca le gritaba: «¡Café! ¡Por favor, te lo ruego!» La noche anterior le había susurrado suave y tímidamente al oído: «Hazme el amor, Kevin. Te lo ruego.» Como si tuviese que rogárselo.

 

Pero implorar no amenazaba el orgullo de Dani. Era sólo su manera de expresarse y, si en algún momento fuera lo suficientemente tonto para sugerirle que suplicar podía ser humillante, Dani le lanzaría esa mirada compasiva que él había llegado a conocer tan bien y le diría que dejara de ser tan estirado.

 

 

Kevin le acarició el labio inferior con el índice.

 

-¿Te haces una idea de lo mucho que lo siento?

 

-¡Ya te he perdonado! ¡Ahora, vámonos!

 

Kevin quiso besarla y sacudirla al mismo tiempo.

-¿No lo entiendes? Por culpa de Beatriz todo el circo pensó que eras una ladrona. Ni siquiera yo te creí.

 

-Eso es porque eres pesimista por naturaleza. Ahora, basta ya, Kevin. Entiendo que te remuerda la conciencia, pero tendrás que dejarlo para otro momento. Si Brady...

 

-No hará nada. Está cabreado, pero no le pondrá un dedo encima.

 

-¿Cómo puedes estar seguro?

 

-Brady grita mucho, pero no es violento, en especial con su hija.

 

-Siempre hay una primera vez.

 

-Le oí hablando con Sheba un poco antes de que saliéramos. Ella protegerá a Beatriz como una leona a sus cachorros.

 

-Que Beatriz vaya a ser protegida por Lizzie Borden no me tranquiliza -dijo Dani mencionando a una famosa parricida.

 

-Sheba no es cruel con todo el mundo.

 

-Me odia.

 

-Habría odiado a cualquiera que se hubiera casado conmigo.

 

-Tal vez. Pero no de la manera que me odia a mí. Al principio no era tan malo, pero ahora...

 

-Era más fácil cuando te odiaba todo el mundo. -Le frotó el hombro. -Siento que te hayas visto envuelta en esta batalla que tiene Sheba con su orgullo. Siempre ha poseído talento, incluso de niña, y por ese motivo han sido demasiado indulgentes con ella. Su padre la hacía trabajar duro, pero también alimentó su ego, y Sheba creció pensando que era perfecta. No puede aceptar que tiene debilidades como todo el mundo, así que siempre les echa la culpa de todo a los demás.

 

-Supongo que no es fácil enfrentarse a tus propios defectos.

 

-Oh, no. No comiences a sentir pena por ella. No bajes la guardia, ¿me oyes?

 

-Pero yo no le he hecho nada.

 

-Te has casado conmigo.

 

Dani frunció el ceño.

 

-¿Qué fue lo que sucedió entre vosotros?

 

-Ella creía que estaba enamorada de mí. Pero no lo estaba, sólo amaba mi linaje, aunque todavía no se ha dado cuenta.

Tuvimos una escena muy desagradable y perdió los nervios. Cualquier otra mujer lo habría olvidado, pero Sheba no. Es demasiado arrogante para pensar que es culpa suya, por lo tanto la culpa es mía. Nuestro matrimonio fue un enorme golpe para su orgullo, pero mientras estuviste en desgracia, resultó llevadero para ella. No sé cómo reaccionará ahora.

 

-Mal, supongo.

 

-Sheba y yo nos conocemos bastante bien. Podía vivir con el pasado mientras me veía como un ser desgraciado, pero ahora no. Querrá castigarme por ser feliz y sólo tengo una debilidad. -La miró.

 

-¿Yo? ¿Yo soy tu debilidad?

 

-Si te hace daño a ti, me lo hace a mí. Por eso quiero que tengas cuidado.

 

-Me parece una pérdida de tiempo malgastar toda esa energía intentando convencer a todo el mundo de que uno es mejor que nadie. No puedo comprenderlo.

 

-Claro que no puedes. Te encanta señalar tus defectos a todo aquel que quiera escucharte.

 

Dani debió encontrar divertida la exasperación de Kevin porque sonrió.

 

-De cualquier manera acabarían descubriéndolos por sí solos en cuanto pasaran el tiempo suficiente conmigo. Sólo les evito el esfuerzo.

 

-Lo único que descubrirían es que eres una de las personas más decentes que conozco.

 

Una expresión muy parecida a la culpa asomó en el rostro de Dani, aunque Kevin no podía imaginar de que se sentía culpable. De repente, la joven volvió a mostrar su preocupación.

 

-¿Estás seguro de que a Beatriz no le pasará nada?

 

-No he dicho eso. Te aseguro que Brady la castigará.

 

-Dado que soy la persona agraviada, debería decidir yo el castigo.

-Brady no lo verá de ese modo, y Sheba tampoco.

 

-¡Sheba! ¡Qué hipócrita! Le encantaba creer que yo era una ladrona. ¿Cómo puede castigar a Beatriz por concederle su más anhelado deseo?

 

-Sheba estaba encantada porque pensaba que era verdad. Pero tiene un fuerte sentido de la justicia. Las gentes del circo llevan una vida itinerante y no hay nada que odien más que a un ladrón. Cuando Beatriz cometió el robo y mintió, violó todo en lo que Sheba cree.

 

-Aun así, creo quees una hipócrita y no harás que cambie de idea. Si no haces algo con respecto a Brady, lo haré yo.

-No, tú no harás nada.

 

Dani abrió la boca para discutir con él, pero antes de que pudiera emitir una palabra, Kevin se inclinó y la besó. La joven resistió dos segundos intentando demostrar que no era una chica fácil, pero enseguida se rindió.

 

Santo Dios, a Kevin le encantaba besarla, le encantaba sentir cómo se fusionaba con él, la presión suave de sus pechos. ¿Qué había hecho para merecer a esa mujer? Era su ángel personal.

 

Lo atravesó una oleada de frustración porque ella no exigía la venganza que merecía. Pero vengarse no formaba parte de la naturaleza de Dani, por eso era tan vulnerable.

 

Se apartó ligeramente para hablar y tuvo que obligarse a decir aquellas palabras tan inusuales en él.

 

-Lo siento, cariño. Siento no haberte creído.

 

-No importa -repuso ella.

 

Kevin supo lo que ella quería decir y sintió como si su corazón explotara.

 

 

 

byee

xooxox

 

 

 

 

 

 

Capitulo 18 Parte 1


CAPÍTULO 18


el circo llegó a Indiana y Dani nunca había sido más feliz en su vida. Cada día era una aventura. Se sentía como si fuera una persona diferente.

 

-¿Has estudiado psicología? -le preguntó Beatriz una tarde a principios de agosto cuando estaban almorzando en el McDonald's de un pueblo donde estaban actuando, al este de Indiana.

 

-Durante unos meses. Tuve que abandonar el colegio antes de terminar el curso. -Dani cogió una patata frita, la mordisqueó y luego la dejó donde estaba. La comida frita no le sentaba bien últimamente. Se puso la mano sobre el vientre y se obligó a concentrarse en lo que Beatriz decía.

 

-Creo que estudiaré psicología. Lo digo porque, después de todo lo que he pasado, creo que podría ayudar a bastantes niños.

 

-Seguro que sí.

 

-¿Te ha dicho Kevin algo de...? ¿Se ha reído de lo tonta que fui y todo eso?

 

-No, Beatriz. Te aseguro que ni siquiera ha vuelto a pensar en ello.

 

-Cada vez que me acuerdo de lo que hice me muero de vergüenza.

 

-Kevin está acostumbrado a que las mujeres se le echen encima.

Si te digo la verdad, no creo que se acuerde siquiera.

 

-¿De veras? Creo que sólo lo dices para que me sienta mejor.

 

-Le caes genial, Beatriz. Y te aseguro que no cree que seas tonta.

 

-Parecías muy cabreada cuando nos encontraste juntos.

 

Dani contuvo una sonrisa.

 

-No es muy agradable para una mujer mayor ver como una chica va detrás de su hombre.

 

Beatriz asintió con aire de entendida.

 

-Sí. Pero, Dani, no creo que Kevin le echara un polvo a nadie que no fueras tú. Te lo juro. Les he oído comentar a Jill y a Madeline que ni siquiera las mira cuando toman el sol en biquini. Creo que les jode mucho.

 

-Beatriz...

 

-Lo siento, les fastidia mucho. -Desmigó distraídamente la corteza del pan. -¿Puedo preguntarte una cosa? Es sobre... bueno..., sobre cuando se mantienen relaciones sexuales y todo eso. Lo que quiero decir es, ¿no se siente vergüenza?

 

Dani se dio cuenta de que Beatriz se había estado mordiendo las uñas y supo que no era porque le preocupara el tema del sexo, sino porque sentía remordimientos de conciencia.

 

-Cuando es correcto, no da vergüenza.

 

-Pero ¿cómo sabes cuándo es correcto?

 

-Hay que dar tiempo al tiempo y conocer bien a la otra persona. Beatriz, deberías esperar hasta estar casada.

 

Beatriz puso los ojos en blanco.

 

-Ahora nadie espera hasta estar casado.

 

-Yo lo hice.

 

-Sí, pero tú estás algo...

 

-¿Algo zumbada?

 

-Sí, pero eres muy maja. -Beatriz abrió los ojos como platos y mostró el primer signo de animación en semanas. Dejó su refresco sobre la mesa. -¡Oh, Dios! ¡No mires!

 

-¿Mirar qué?

 

-La puerta. Acaba de entrar aquel chico que estuvo hablando conmigo ayer. Oh, Dios... qué bueno está...

 

-¿Quién es?

 

-El que está en la caja. ¡No mires! Lleva un chaleco negro y pantalones cortos. Vale, mira deprisa, pero que no te pille haciéndolo.

 

Dani observó el área de las cajas con el mayor disimulo que pudo. Vio a un adolescente estudiando el menú. Era de la edad de Beatriz, con un espeso cabello castaño y una expresión adorablemente bobalicona en la cara. Dani estaba contenta de que, por fin, Beatriz actuara como una adolescente normal y no como si cargara el peso del mundo sobre sus hombros.

 

-¡Ay, Dios! ¡Me va a ver! -gimió Beatriz. -¡Oh, joder! Mi pelo...

 

-No digas palabrotas. Y estás estupenda.

 

Beatriz hundió la cabeza y Dani supo que el chico se estaba acercando.

 

-Hola...

Beatriz ganó tiempo revolviendo el hielo de la Coca-Cola antes de levantar la vista.

 

-Hola...

 

Los dos se ruborizaron a la vez y Dani supo que ambos estaban pensando algo brillante que decir. Fue el chico quien habló primero.

 

-¿Qué hay de nuevo?

 

-Nada.

 

-¿Estarás hoy por aquí? Digo..., me refiero, en el circo.

 

-Sí.

 

-Vale, entonces iré a verte.

 

Otra larga pausa, esta vez rota por Beatriz.

 

-Ésta es Dani. Puede que la recuerdes de la función. Es mi mejor amiga. Dani, éste es Nick.

 

-Hola, Nick.

 

-Hola. Me..., esto..., me gustaste en la función.

 

-Gracias.

 

Habiendo agotado ese tema de conversación, Nick  se volvió hacia Beatriz.

 

-Jeff y yo, no lo conoces, pero es un buen tipo..., pensábamos pasarnos por allí.

 

-Vale.

 

-Quizá nos veamos.

 

-Sí. Estaría genial.

 

Silencio

 

-Vale, hasta luego.

 

-Hasta luego.

 

Cuando el chico se fue, una expresión soñadora apareció en la cara de Beatriz, seguida casi de inmediato por una de incertidumbre.

 

-¿Crees que le gusto?

 

-Es evidente.

 

-¿Qué hago si me invita a salir esta noche entre las funciones o algo por el estilo? Sabes que papá no me dejará ir.

 

-Tendrás que decirle la verdad a Nick. Que tu padre es muy estricto y no te va a dar permiso para salir con nadie hasta que cumplas los treinta.

 

-De nuevo, Beatriz puso los ojos en blanco, pero Dani no In dejó pasar.

 

-¿Y si le enseñas el circo? Eso le gustaría. Y luego puedes sentarte junto a las camionetas donde tu padre pueda verte sin que por ello pierdas tu intimidad.

 

-Eso no funcionará. -Beatriz arrugó la frente con preocupación. -¿Por qué no hablas con mi padre y le dices que no me humille delante de Nick?

 

-Hablaré con él.

 

-Que no diga ninguna estupidez delante de Nick, Por favor, Dani.

 

-Haré lo que pueda.

 

Beatriz ladeó la cabeza y pasó el dedo índice por el envase vacío. Hundió los hombros de nuevo, y Dani notó que volvía a caer la sombra de la culpabilidad sobre ella.

 

-¡Cuando pienso en lo que te hice me siento... una mierda! Quiero decir fatal. -Levantó la vista. -Sabes que siento muchísimo lo que hice, ¿verdad?

 

-Sí. -Dani no sabía cómo ayudarla. Beatriz había intentado compensarlo de todas las maneras posibles.

 

-Dani, jamás hubiera... Me refiero a lo que pasó con Kevin, fue algo muy inmaduro. Él había sido muy amable conmigo, pero nunca había intentado ligármelo ni nada parecido, si es eso lo que te preocupa...

 

-Gracias por decírmelo. -Dani se dedicó a recoger los restos de comida para que Beatriz no la viera sonreír.

 

La adolescente arrugó la nariz.

 

-Sin intención de ofender, Dani, puede que sea muy sexy, pero es viejo.

 

Dani casi se atragantó.

 

Beatriz miró a las cajas, donde Nick estaba recociendo su pedido.

 

-Está buenísimo.

 

-¿Kevin?

 

Beatriz pareció horrorizada.

 

-¡No, no! ¡Nick!

 

-Ah, bueno. Kevin no es Nick, eso seguro.

 

Beatriz asintió con gravedad.

 

-Eso seguro.

 

Esta vez Dani no pudo evitarlo. Se echó a reír y, para su deleite, Beatriz la imitó.

 

Cuando regresaron al recinto, Beatriz salió disparada para ensayar con Sheba. Dani desempaquetó las compras que había hecho y apartó la comida de los animales, agradeciendo para sus adentros que Kevin nunca protestara por los extras en la factura del supermercado.

 

Ahora que sabía que sólo era un pobre profesor universitario había intentado controlar los gastos, pero antes ahorraría en su propia comida que en la de los animales.

 

Siguiendo la rutina diaria, se acercó a los elefantes y saludó a Tater. Él la siguió hasta las jaulas de las fieras.

 

Sinjun solía ignorar al elefantito, pero esta vez alzó la cabeza con orgullo y miró a su rival con arrogante condescendencia.

 

A Dani le encantaba el tiempo que pasaba con los animales. Sinjun había mejorado bajo sus cuidados; su pelaje naranja oscuro tenía ahora un brillo saludable.

 

Mientras retozaban juntos en la hierba húmeda de rocío, Sinjun mantenía sus garras cuidadosamente enfundadas. Dani se mantenía ojo avizor por si aparecía algún otro madrugador. En ese momento, mientras acariciaba al animal, sintió que la envolvía una sensación de letargo.

 

Sinjun la miró profundamente a los ojos.

 

«Díselo.»

 

«Lo haré.»

 

«Díselo.»

 

«Pronto, muy pronto.»

 

¿Cuánto tiempo pasaría antes de que sintiera la nueva vida que crecía en su vientre? No podía estar embarazada de más de seis semanas, así que aún pasaría un tiempo.

 

No se había saltado ni una sola píldora, por lo que al principio había atribuido los síntomas al cansancio. Pero la semana anterior, tras vomitar en el cuarto de baño, se había comprado un test de embarazo y había descubierto la verdad.

 

Jugueteó con una de las orejas de Sinjun. Sabía que tenía que decírselo a Kevin, pero aún no estaba preparada. Sabía que su marido se enfadaría -Dani no se encañaba al respecto, -pero en cuanto se acostumbrara a la idea, ella misma se aseguraría de que aquello lo hiciera feliz. «Y le haría feliz», se dijo a sí misma firmemente. Kevin la amaba. Aunque todavía no lo hubiera admitido. Y amaría a su bebé.

 

Si bien él todavía no había dicho las palabras que ella necesitaba escuchar, Dani sabía que Kevin albergaba profundos sentimientos hacia ella. ¿Qué otra cosa si no provocaría la ternura que veía reflejada en sus ojos de vez en cuando o la satisfacción que parecía irradiar de él cuando estaban juntos? A veces le resultaba difícil recordar lo raro que solía ser que él se riera cuando lo había conocido.

 

Sabía que a Kevin le gustaba estar con ella. Al vivir en una pequeña caravana y gracias a los interminables kilómetros que hacían en la camioneta casi todas las mañanas, pasaban más tiempo juntos que la mayoría de los matrimonios y, a pesar de ello, todavía la buscaba durante el resto del día para compartir con ella cualquier cosa, para comentarle cualquier problema que hubiera surgido en la localidad en la que estaban o simplemente darle una rápida palmadita posesiva en el trasero.

 

Ya no podía imaginar la vida sin él.


A la mañana siguiente todo se fue al garete. Kevin se despertó un poco después de que ella hubiera salido de la cama y la descubrió en el descampado detrás de las caravanas jugando con Sinjun. Dos horas más tarde todavía seguía cabreado con ella.

 

Esa mañana le tocaba conducir a Dani. Habían comenzado a turnarse cuando Kevin se dio cuenta de que ella no iba a destrozar la camioneta y de que le encantaba conducir.

 

-Debería haber conducido yo esta mañana -dijo él. -Así habría tenido las manos ocupadas y no tendría que pensar en dónde meterlas para no estrangularte.

 

-Ya está bien, Kevin, relájate.

 

-¿¡Que me relaje!? ¿Estás de coña?

 

Dani lo fulminó con la mirada. Él la miró furioso.

 

-Prométeme que no volverás a soltar a Sinjun.

 

-No estábamos en un pueblo y no había ni un alma en los alrededores, así que deja de preocuparte.

 

-Eso no parece una promesa.

Dani contempló los campos de Indiana que se extendían a ambos lados de la carretera.

 

-¿De verdad crees que Sinjun me haría daño?

 

-No es un gato doméstico, por mucho que te empeñes en creer lo contrario. Los animales salvajes son imprevisibles. No vuelvas a dejarlo suelto, ¿me has entendido? De ninguna manera.

 

-Te he hecho una pregunta. ¿Crees que me haría daño?

 

-No a propósito. Es evidente que está loco por ti, pero la historia del circo está llena de animales dóciles que se volvieron contra sus domadores. Y Sinjun ni siquiera es dócil.

 

-Está conmigo y odia la jaula. De verdad. Ya te he dicho que nunca lo dejo salir si estamos cerca de una zona habitada. Y ya viste por ti mismo que no había nadie cerca esta mañana. Si hubiera habido alguien, no le hubiera abierto la puerta.

 

-Como no volverás a dejarlo libre, nada de esto tiene importancia.

 

-Kevin se terminó el café y colocó la taza en el suelo de la camioneta. -¿Qué ha sucedido con la mujer con la que me casé? ¿La que creía que la gente civilizada no se levantaba antes de las once?

 

-Se casó con un tipo del circo.

 

Dani oyó aquella profunda y entrecortada risa, y devolvió la atención a la carretera.


Beatriz cerró la puerta de la Airstream de su padre y salió al fresco de la noche. Llevaba puesto un camisón amarillo de algodón con un dibujo de Garfield, y los pies desnudos se le hundieron en la hierba húmeda.

 

El circo ya había sido desmontado, pero ella se sentía demasiado mal consigo misma como para prestar atención a la familiar visión.

 

Clavó la mirada en su padre, que estaba sentado junto a la puerta del Airstream en una silla azul y blanca mientras fumaba el único cigarrillo que se permitía a la semana.

 

Ojalá pudiera taparse las orejas y ahogar por completo la voz de su conciencia, pero cada día era más fuerte. La atormentaba de tal manera que ni siquiera podía dormir por la noche y no lograba retener la comida en el estómago. Guardar silencio se había convertido en un castigo peor que decir la verdad

.

-Er... ¿puedo hablar contigo un momento, papá? -hizo la pregunta como si tuviera una rana enorme en la garganta y croara en vez de hablar.

 

-Pensaba que estabas dormida.

-No puedo dormir.

 

-¿Otra vez? ¿Qué te pasa últimamente?

 

-Es que... -Beatriz se retorció las manos. Brady se iba a enfadar cuando se lo dijera, pero no podía seguir así, sabiendo que le había jodido la vida a Dani y sin hacer nada para remediarlo.

 

-¿Qué te pasa, Beatriz? ¿Todavía te preocupa que se te haya caído el aro esta noche?

 

-No.

 

-Bien, porque no deberías preocuparte por eso. Aunque deberías concentrarte más. Cuando Matt y Rob tenían tu edad...

 

-¡No soy ni Matt ni Rob! -Estalló. -¡Siempre Matt y Rob! ¡Matt y Rob! ¡Ellos son perfectos y a mí todo me sale mal!

 

-No he dicho eso.

 

-Es lo que piensas. Siempre me comparas con ellos. Si hubiera venido a vivir contigo después de morir mamá en vez de quedarme con tía Terry, ahora lo haría mejor.

 

-Beatriz, hice lo que era mejor para ti. Ésta no es una vida fácil.

-Me gusta vivir así. Me gusta el circo.

-No me entiendes.

 

-Papá tengo que contarte algo. -Se agarró las manos con fuerza. -Algo muy malo.

Él se puso rígido.

 

-No estarás embarazada, ¿no?

-¡No! -Beatriz se ruborizó. -¡Siempre piensas lo peor de mí!

Brady se hundió en la silla.

 

-Lo siento, cariño. Es que te haces mayor y eres muy guapa. Estoy preocupado por ti.

 

-Es que hice algo... y ya no puedo callarlo por más tiempo.

Él no dijo nada. Sólo la observó y esperó.

 

-Es... es como si algo horrible estuviera creciendo en mi interior y no se detuviera.

-Tal vez sea mejor que me lo cuentes.

 

-Yo... -Tragó saliva. -El dinero... el dinero que todos pensasteis que había robado Dani... -Las palabras salieron finalmente: -fui yo

quien lo robó.

 

Por un momento él no dijo nada, luego se levantó de un salto.

 

-¿¿¡¡Qué!!??

 

Beatriz levantó la mirada hacia su padre e incluso en la oscuridad de la noche pudo ver su expresión furiosa. Se le cayó el alma a los pies, pero se obligó a continuar.

 

-Fui yo... Yo cogí el dinero y luego me colé en su caravana y lo escondí en su maleta para que todos pensaran que lo había robado ella.

 

 

-¡No me lo puedo creer! -Brady comenzó a dar patadas a diestro y siniestro, golpeando la pata de la silla sobre la que estaba sentada ella y haciendo que se cayera. Antes de que tocase el suelo, él la agarró por el brazo y comenzó a sacudirla. -¿Por qué hiciste algo así? Maldita sea, ¿por qué mentiste?

 

 

Aterrada, Beatriz intentó zafarse de él, pero su padre no la soltó y la chica ya no pudo contener las lágrimas.

 

-Quería... quería que Dani tuviera problemas. Fue...

 

-Eres rastrera.

 

Volvió a sacudirla.

 

-¿Sabe Kevin algo de esto?

 

-No.

 

-Has consentido que todos piensen que Dani es una ladrona cuando fuiste tú. Me pones enfermo.

 

Rodearon la caravana de Sheba, y se dirigieron hacia la de Kevin y Dani, que estaba aparcada al lado. Con brusquedad, Brady levantó el puño y golpeó la puerta. Se encendieron las luces del interior y

Kevin abrió de inmediato.

 

-¿Qué pasa, Brady?

 

La cara de Dani apareció por encima del hombro de Kevin y, cuando vio a Beatriz, pareció preocupada.

 

-¿Qué ha pasado?

 

-Díselo -le exigió su padre.

 

Beatriz se explicó entre sollozos.

 

-Fui yo... fui yo quien...

 

-¡Míralos a la cara mientras hablas! -Le cogió la barbilla y le alzó la cabeza, sin lastimarla pero obligándola a mirar a Kevin a los ojos. Beatriz quiso morirse.

 

-¡Yo cogí el dinero! -sollozó. -No fue Dani. ¡Fui yo! Luego me colé en la caravana y lo escondí en su maleta.

 

Kevin se puso tenso y mostró una expresión tan parecida a la de su padre que Beatriz dio un paso atrás.

 

Dani soltó un grito ahogado. Aunque era una mujer pequeña logró apartar a Kevin a codazos y bajar un escalón. Intentó abrazar a

Beatriz pero su padre la apartó.

 

-No te compadezcas de ella. Beatriz ha sido una cobarde y será castigada por ello.

 

-¡Pero no quiero que la castigues! Hace meses que pasó. Ya no importa.

 

-Cuando pienso en todos los desaires que te hice...

 

-No importa. -Dani tenía la misma expresión testaruda que cuando sermoneaba a la chica por su lenguaje. -Esto es cosa mía, Brady. De Beatriz y mía.

 

-Estás equivocada. Beatriz es carne de mi carne, mi responsabilidad, y nunca pensé que llegaría el día en que me avergonzaría tanto de ella como ahora. -Miró a Kevin. -Sé que es un problema del circo, pero te pido que dejes que me encargue yo mismo de esto.

 

Beatriz se echó hacia atrás al ver la mirada escalofriante en los ojos de Kevin cuando éste asintió con la cabeza.

 

-¡No, Kevin! -Dani intentó acercarse de nuevo a Beatriz, pero Kevin la atrapó desde atrás.

 

Brady la arrastró entre las caravanas sin decir ni una palabra.

 

 

Él se detuvo en seco cuando Sheba surgió de las sombras de su gran caravana RV. Llevaba puesta una bata verde de seda con estampados de aves y flores por todos lados. Beatriz se alegró tanto de verla que a punto estuvo de lanzarse en sus brazos, pero la horrible mirada en los ojos de la dueña del circo le hizo darse cuenta de que Sheba lo había oído todo.

 

Beatriz sacudió la cabeza y comenzó a llorar de nuevo. Ahora Sheba también la odiaba. Debería haberlo esperado, Sheba odiaba el robo más que cualquier cosa.

 

Sheba habló con voz trémula:

-Quiero hablar contigo, Brady.

-Más tarde. Tengo que ocuparme de unos asuntos...

 

-Mejor ahora. -Luego se dirigió a la chica: -Vete a la cama, Beatriz. Tu padre y yo hablaremos contigo a primera hora de la mañana.

 

-¿Y a ti qué más te da? -quiso gritar Beatriz. -Tú odias a Dani.

Pero sabía que eso no importaba ahora. Sheba era tan dura como su padre a la hora de seguir las reglas del circo.

 

Su padre la soltó, y Beatriz huyó. Mientras corría a la seguridad de su cama, supo que había perdido la última oportunidad de conseguir que su padre la amara.

 

 

holaaa comoo estaann duuhh es un cap un poco tristee pobre beatrizz!!! :(

buenooo espero k komenten un pokito masss

xaoo

xoxox

 

Adri

 

Cpitulo 17..


-Dime cómo sería. ¿Cómo sería si me amases?

-¿Si te amase?

-Sí.

 

-Es una pérdida de tiempo hablar de algo que no puede ocurrir.

-¿Sabes qué pienso? Que no creo que fuera mejor que esto. Ahora es perfecto.

 

-Pero no durará. Dentro de seis meses nuestro matrimonio habrá terminado. No podría vivir conmigo mismo viendo cómo languideces por no darte lo que te mereces. No puedo darte amor. Ni hijos. Y eso es lo que necesitas, Dani. Eres ese tipo de mujer. Te marchitarás como una flor si no lo tienes.

 

Dani sintió una punzada de dolor al oír aquellas palabras, pero no podía reprocharle su sinceridad. Como sabía que él no admitiría nada más por el momento, cambió de tema.

 

-¿Sabes qué es lo que quiero de verdad?

 

-Supongo que unas semanas en un spa con manicura incluida.

 

-No. Quiero trabajar en una guardería.

 

-¿En serio?

 

-Es una tontería, ¿a que sí? Tendría que ir a la universidad y ya soy demasiado mayor. Para cuando me graduara, habría pasado de los treinta.

 

-¿Igual que si no vas a la universidad?

 

-¿Perdón?

 

-Los años pasarán igual, vayas o no a la universidad.

 

-¿Me estás diciendo en serio que debería hacerlo?

 

-No veo por qué no.

 

-Porque ya he metido la pata demasiadas veces en mi vida y no quiero hacerlo más. Sé que soy inteligente, pero he tenido una educación muy poco convencional y no soy capaz de seguir una rutina. No me imagino compartiendo clase con un puñado de jovencitos de dieciocho años de ojos brillantes recién salidos del instituto.

 

-Quizás es hora de que empieces a verte con otros ojos. No olvides que eres la dama que domestica tigres. -Le dirigió una misteriosa sonrisa que hizo que Dani se preguntase de qué tigre hablaba: de Sinjun o de sí mismo, pero Kevin era demasiado arrogante para pensar que ella lo había domesticado.

 

Miró hacia delante y divisó una serie de flechas indicando la dirección.

 

-Gira ahí delante.

 

Encontrar las flechas que señalaban la ubicación del circo era tan natural para Kevin como respirar. Dani sospechó que ya las había visto, pero él asintió con la cabeza. La lluvia arreció y él aumentó la velocidad de los limpiaparabrisas.

 

-Supongo que no seremos tan afortunados como para instalarnos sobre el asfalto esta vez -dijo ella.

 

-Me temo que no. Estaremos en un descampado.

 

-Supongo que ahora sabré de primera mano por qué a los circos como el de los Hermanos Quest se les llama circos de barro. Sólo espero que la lluvia no moleste a los animales.

 

-Estarán bien. Son los empleados los que sufrirán más.

 

-Y tú. Tú estarás allí con ellos. Siempre lo estás.

 

-Es mi trabajo.

 

-Extraño trabajo para alguien que debería ser zar. -Lo miró de reojo. Si él pensaba que se había olvida do de ese tema, se equivocaba.

 

-¿Ya estamos con eso otra vez?

 

-Si me dices la verdad no volveré a mencionarlo nunca más.

 

-¿Me lo prometes?

 

-Te lo prometo.

 

-Está bien, pues -respiró hondo.  -Es probable que sea verdad.

 

-¿¡Qué!? -Dani volvió la cabeza con tal rapidez que casi se partió el cuello.

 

-Las pruebas dicen que tengo ascendencia Romanov y, por lo que Max ha podido averiguar, existen muchas probabilidades de que sea el bisnieto de Nicolás II.

 

Ella se hundió en el asiento.

 

-No me lo creo.

 

-Bueno. Entonces no hay nada más de lo que hablar.

 

-¿Lo dices en serio?

 

-Max tiene pruebas bastante convincentes. Pero dado que no puedo hacer nada al respecto, será mejor que hablemos de otros temas.

 

-¿Eres el heredero del trono ruso?

 

-En Rusia no hay trono. Por si se te ha olvidado, allí no existe la monarquía.

 

-Pero si la hubiera...

 

-Si la hubiera, saldrían Romanov de cada carpintería de Rusia afirmando ser el heredero.

 

-Por lo que me dijo mi padre, hay pruebas más que suficientes en tu caso, ¿no?

 

-Probablemente, pero ¿qué más da? Los rusos odian más a los Romanov que a los comunistas, así que no creo que se restaure la monarquía.

 

-¿Y si lo hicieran?

 

-Me cambiaría de nombre y huiría a alguna isla desierta.

 

-Mi padre pondría el grito en el cielo.

 

-Tu padre está obsesionado.

 

-Sabes por qué concertó este matrimonio, ¿no? Yo pensaba que estaba tratando de castigarme buscándome el peor marido del mundo, pero no es así. Quería que los Petroff y los Romanov se unieran y me utilizó para ello. -Dani se estremeció. -Es como una novela victoriana. Todo esto me pone la piel de gallina. ¿Sabes qué me dijo ayer?

 

-Probablemente lo mismo que a mí. Te habrá enumerado todas

las razones por las que deberíamos seguir casados.

 

-Me dijo que si quería retenerte tendría que reprimir mi carácter. Y estar dispuesta a esperarte en la puerta con las zapatillas en la mano.

 

Kevin sonrió.

-A mí me dijo que ignorara tu carácter y me fijara en tu dulce cuerpo.

-¿De veras?

 

-No con esas palabras, pero ésa era la idea.

 

-No lo entiendo. ¿Por qué se molestó en tramar todo esto para un matrimonio de seis meses?

 

-¿No es evidente? Espera que cometamos un desliz y te quedes embarazada. -Dani lo miró fijamente. -Quiere garantizar el futuro de la monarquía. Quiere un bebé con sangre Petroff y Romanov que ocupe un lugar en la historia. Ése es su plan. Que des a luz a un bebé mítico; si luego seguimos casados o no, no importa. De hecho, probablemente preferiría que nos divorciáramos; en cuanto rompiéramos intentaría hacerse cargo del niño.

 

-Pero sabe que tomo anticonceptivos. Amelia me acompañó al ginecólogo. Incluso es ella quien se encarga de conseguir las recetas porque no se fía de mí.

 

-Es evidente que Amelia no está tan ansiosa como él por tener un pequeño Petroff-Romanov corriendo por la casa.

O simplemente aún no quiere ser abuela. Supongo que él no lo sabe, pero dudo que tu madrastra pueda ocultárselo durante mucho más tiempo.

 

Ella miró por la ventanilla los cuatro carriles de la autopista. Un letrero de neón de Taco Bell brillaba intermitentemente a un lado. Al rato le asaltó un pensamiento horrible.

 

-El príncipe Kevini tenía hemofilia y es hereditaria. Kevin, no tendrás esa enfermedad, ¿verdad?

 

-No. Sólo se transmite a través de las mujeres. Aunque Kevini la tenía, no podía pasarla a sus hijos. -Se pasó al carril izquierdo. -

 

Sigue mi consejo, Dani, y no piensa en esto. No vamos a seguir casados y no vas a quedarte embarazada, así que mis conexiones familiares no tienen importancia. Sólo te he contado esto para que dejes de darme la lata.

 

-Yo no te doy la lata.

Kevin le recorrió el cuerpo con una mirada lasciva.

-Eso es como decir que tú no...

 

-Calla. Como pronuncies esa palabra con «F», lo lamentarás.

 

-¿Qué palabra es ésa? Dímela al oído para que sepa de qué hablas.

-No te voy a decir nada.

 

-Deletréala.

 

-Tampoco la deletrearé.

 

Kevin siguió bromeando con ella hasta llegar al recinto, pero no consiguió que se la dijera.


Esa noche, los artistas habían comenzado a hablar con ella antes de la función. Brady se disculpó por la rudeza que había mostrado el día anterior y Jill la invitó a ir de compras esa misma semana. Los Tolea y los Lipscomb la felicitaron por su valentía y los payasos le dieron un ramillete de flores de papel.

 

A pesar del mal tiempo, la publicidad que había rodeado la fuga de Sinjun había atraído a mucha gente y lograron vender todas las entradas de la función matinal. Jack había narrado la historia heroica de Dani, pero ella lo había echado a perder al soltar un grito cuando Kevin le rodeó las muñecas con el látigo.


En La caravana la puerta se abrió y entró Kevin. El agua se le deslizaba por el impermeable amarillo y tenía el pelo pegado a la cabeza. Ella le pasó una toalla mientras él cerraba la puerta. El estallido distante de un trueno sacudió la caravana.

-Huele bien aquí dentro. -Él echó un vistazo a su alrededor, al interior cálidamente iluminado, y Dani observó en su expresión algo que parecía anhelo. ¿Había tenido alguna vez un hogar? Por supuesto no cuando era niño, pero, ¿y de adulto?

 

-Tengo la cena casi lista -dijo ella. -¿Por qué no te cambias?

Mientras Kevin se ponía ropa seca, ella llenó las copas de vino y revolvió la ensalada. En la radio sonaba Debussy. Cuando él regresó a la mesa con unos vaqueros y una sudadera gris, ella ya

había servido el pollo con arroz.

 

Kevin se sentó después de que Dani tomara asiento. Cogió su copa y la levantó hacia ella en un silencioso brindis.

 

-No sé cómo estará la comida. He utilizado los ingredientes que tenía a mano.

 

Kevin la probó.

-Está buenísima.

Durante un rato comieron en un agradable silencio, disfrutando de la comida, la música y la acogedora caravana bajo la lluvia.

 



Kevin le dijo que fregaría los platos si se quedaba a hacerle compañía, después se quejó, naturalmente, por el número de utensilios que ella había utilizado. Mientras él bromeaba con ella, a Dani se le ocurrió una idea.

 

Aunque Kevin le había hablado abiertamente de su linaje Romanov, no le había revelado nada sobre su vida actual, algo que para ella era mucho más importante. Hasta que él le dijera a qué se dedicaba cuando no viajaba con el circo no existiría entre ellos una verdadera comunicación. Pero no se le ocurría otra manera de averiguar la verdad más que engañándolo. Decidió que quizá no había nada malo en decir una pequeña mentirijilla cuando era la felicidad de su matrimonio lo que estaba en juego.

 

-Kevin, creo que tengo una infección de oído. -Él dejó lo que estaba haciendo y la miró con tal preocupación que a Dani le remordió la conciencia.

-¿Te duele el oído?

 

-Un poquito. No mucho. Sólo un poquito nada más.

 

-Iremos al médico en cuanto termine la función. -Para entonces todas las consultas estarán cerradas. -Te llevaré a urgencias.

 

-No quiero ir a urgencias. Te aseguro que no es nada serio.

 

-No voy a dejar que viajes con una infección de oído.

 

-Supongo que tienes razón. -Dani vaciló; sabía que ahora tocaba poner el cebo. -Tengo una idea -dijo lentamente. -¿Te importaría mirármelo tú?

 

Él se quedó quieto.

 

-¿Quieres que te examine yo el oído? -Dani se sintió culpable. Ladeó la cabeza y jugueteó con el borde de la arrugada servilleta de papel. Al mismo tiempo, recordó la manera en que él le había preguntado si estaba vacunada del tétanos o cómo había administrado los primeros auxilios a un empleado. Tenía derecho a saber la verdad.

 

-Supongo que, sea cual sea tu especialidad, estarás cualificado para tratar una infección de oído. A menos que seas veterinario.

 

-No soy veterinario.

 

-Vale. Entonces hazlo.

 

Él no dijo nada. Dani contuvo los nervios mientras recolocaba los tréboles y alineaba los botes de sal y la pimienta. Se obligó a recordar que aquello era por el bien de Kevin. No podría conseguir que su matrimonio funcionara si él insistía en mantener tantas cosas en secreto.

 

Lo oyó moverse.

 

-Vale, Dani. Te examinaré.

 

La joven alzó la cabeza con rapidez. ¡Lo había conseguido! ¡Por fin lo había pillado! Con astucia, había logrado que admitiera la verdad. Su marido era médico y ella había logrado que confesara.

 

-Siéntate en la cama -dijo. -Y acércate a la luz para que pueda ver.

Ella lo hizo.

Kevin se demoró secándose las manos delante del fregadero antes de dejar a un lado la toalla y acercarse a ella.

 

-¿No necesitas el instrumental?

 

-Está en el maletero de la camioneta y preferiría no tener que mojarme otra vez. Además, hay más de una manera de diagnosticar una infección de oído. ¿Cuál de ellos te duele?

 

Dani vaciló una fracción de segundo, luego señaló la oreja derecha. Kevin le retiró el pelo a un lado y luego se inclinó para examinarla.

 

-No veo bien con esta luz, acuéstate.

 

Dani se recostó en la almohada. El colchón se hundió cuando él se sentó a su lado y le puso la mano en la garganta.

 

-Traga.

 

Lo hizo.

 

Kevin apretó con la punta de los dedos.

 

-Otra vez.

 

Dani tragó por segunda vez.

 

-Mmm. Ahora abre la boca y di «ah».

 

-Ahhh...

 

Kevin inclinó la cabeza de Dani hacia la luz.

 

-¿Qué opinas? -preguntó ella finalmente. -Pues parece que sí tienes una infección, pero creo que sea en el oído.

 

«¿Tenía una infección?»

 

Kevin bajó la mano a su cintura y le presionó el abdomen.

-¿Te duele aquí?

 

-No.

 

-Bien. -Le cogió un tobillo y lo separó del otro. -Estate quieta mientras compruebo el pulso alterno.

 

Ella se mantuvo en silencio con la frente arrugada de preocupación. «¿Cómo era posible que tuviera una infección?» Se encontraba bien. Luego recordó que había tenido un leve dolor de cabeza hacía un par de días y que a veces se sentía un poco mareada cuando se levantaba demasiado rápido. Tal vez estaba enferma y no lo sabía.

 

Lo miró con preocupación.

 

-¿Tengo el pulso normal?

 

-Shh... -Le desplazó el otro tobillo para que mantuviera las piernas separadas y le apretó las rodillas sobre la tela del chándal.

 

-¿Te ha dolido algo últimamente?

 

«¿Le había dolido algo?»

 

-Creo que no.

 

Kevin le subió la parte superior del chándal y le tocó un pecho.

 

-¿Sientes algo aquí?

-No.

 

Le rozó el pezón con los dedos y, aunque su toque pareció impersonal, Dani entrecerró los ojos con suspicacia. Luego se relajó al notar la intensa concentración en la cara de Kevin. Estaba portándose como todo un profesional; no había indicio de lujuria en lo que estaba haciendo.

 

Le tocó el otro pecho.

 

-¿Y aquí? -preguntó.

 

-No.

 

Kevin bajó la parte superior del chándal, cubriéndola con modestia, y ella se sintió avergonzada por haber dudado de él.

 

Parecía preocupado.

 

-Me temo que...

 

-¿Qué?

 

Cubrió la mano de Dani con la suya y le dio una palmadita consoladora.

 

-Dani, yo no soy ginecólogo, y normalmente no haría esto, pero me gustaría examinarte. ¿Te importaría?

 

-¿Si me importaría...? -Dani vaciló. -Bueno, no, supongo que no. Es decir, estamos casados y ya me has visto... pero ¿qué tienes que hacer? ¿Crees que me pasa algo?

 

-Estoy prácticamente seguro de que no es nada, pero los problemas glandulares pueden complicarse y sólo quiero asegurarme de que no es así. -Kevin deslizó los pulgares hasta la cinturilla de los pantalones de Dani. Ella levantó las caderas y dejó que se los quitara junto con las bragas.

 

Cuando él tiró la ropa al suelo, las sospechas de Dani regresaron de nuevo, pero las ignoró cuando se dio cuenta de que él no estaba mirándola. Parecía distraído, como si estuviera ensimismado. ¿Y si en realidad tenía una enfermedad rara y él estaba pensando la mejor manera de decírselo?

 

-¿Prefieres que te cubra con la sábana? -preguntó él.

 

A la joven le ardieron las mejillas.

 

-Er..., esto... No es necesario. Es decir, dadas las circunstancias...

 

-Vale. Entonces... -Le apretó con suavidad sus rodillas. -Dime si te duele.

 

No le dolió. Ni un poquito. Mientras la examinaba, a Dani se le cerraron los ojos y comenzó a flotar. Kevin tenía un toque de lo más asombroso. Controlado. Exquisito. Un roce aquí. Otro allá. Era delicioso. Esos dedos dejaron un rastro suave y húmedo. Su boca... ¡Era su boca!

 

Dani levantó de golpe la cabeza de la almohada.

 

-¡Eres un pervertido! -chilló ella.

 

Él soltó una risotada y la inmovilizó, agarrándola con firmeza.

 

-¡No eres médico!

 

-¡Ya te lo había dicho! Eres muy ingenua. -Kevin se rio más fuerte. Ella intentó soltarse y él la sujetó con tina mano mientras se bajaba la cremallera con la otra. -Pequeña farsante, has intentado engañarme con una falsa infección de oídos.

Dani entornó los ojos cuando él se bajó los vaqueros.

 

-¿Qué estás haciendo?

-Sólo hay una cura para lo que te pasa, cariño. Y yo soy el único hombre que puede proporcionártela.

 

Los ojos de Kevin chispearon de risa y pareció tan satisfecho de sí mismo que la irritación de Dani se aplacó y le resultó difícil mantener el ceño fruncido.

 

-¡Me las pagarás!

 

-No hasta que me cobre la consulta. -Los vaqueros de Kevin cayeron al suelo en un suave susurro junto con los calzoncillos. Con una amplia y lobuna sonrisa, cubrió el cuerpo de Dani con el suyo y entró en ella con un suave envite.

 

-¡Degenerado! Eres un horrible..., ahh..., un horrible... Mmm...

 

Kevin esbozó una sonrisa de oreja a oreja.

 

-¿Decías?

 

Dani luchó contra la creciente excitación que la inundaba, decidida a no ceder a él con demasiada facilidad.

 

-¡Creí que me pasaba algo! Y... y durante todo ese tiempo estabas... ahhh... ¡estabas buscando un polvo!

-Ese lenguaje... Ella gimió y apresó las caderas de Kevin entre las manos.

 

-Y lo dice alguien que ha violado el juramento hipocrático...

 

Él soltó una carcajada que envió vibraciones de placer al interior de la joven. Cuando Dani le miró a los ojos, vio que el desconocido tenso y peligroso con quien se había casado había desaparecido. En su lugar había un hombre que no había visto nunca: joven, alegre y despreocupado. A Dani le dio un vuelco el corazón.

Se le empañaron los ojos. Kevin le mordisqueó el labio inferior.

-Oh, Kevin...

 

-Calla, amor. Cállate y deja que te ame. Dijo las palabras con el ritmo que marcaban sus embestidas. Ella le respondió y se unió a él con los ojos llenos de lágrimas. En un par de horas tendrían que enfrentarse en la pista, pero por ahora no había peligro, sólo el placer que atravesaba sus cuerpos, inundaba sus corazones y estallaba en un manto de estrellas.

Un rato después, cuando Dani estaba en el cuarto de baño aplicándose el maquillaje para la función, la sensación de bienestar se evaporó.

 

-¿Quieres tomar un café antes de que salgamos a mojarnos? -gritó él.

 

-Lo que quiero es que te sientes y me digas a qué te dedicas cuando no viajas con el circo.

 

-¿Ya estamos con eso otra vez?

 

-Más bien seguimos con ello. Ya basta, Kevin. Quiero saberlo. ¿qué tipo de doctor eres?

 

-Puede que sea dentista.

 

Kevin parecía tan esperanzado que Dani casi sonrió.

 

-No eres dentista. Ni siquiera utilizas la seda dental todos los días.

 

-Sí que lo hago.

 

-Mentiroso, como mucho cada dos días. Y, definitivamente, no eres psiquiatra, aunque estás neurótico perdido.

 

-Soy profesor universitario, Dani.

-¿Que eres qué?

 

Kevin la miró.

 

-Soy profesor de historia del arte en una pequeña universidad privada de Connecticut. Ahora mismo he cogido una excedencia.

Dani se había imaginado muchas cosas, pero no ésa. Aunque, si lo pensaba bien, tampoco debería asombrarse tanto. Él había dejado caer pistas sutiles.

Se acercó a él.

 

-¿Y por qué tanto misterio?

 

Kevin se encogió de hombros y tomó un sorbo de café.

 

-A ver si lo adivino. Es por el mismo motivo por el que usamos esta caravana, ¿no? ¿La misma razón por la que escogiste vivir en el circo en vez de otro sitio? Sabías que estaría más cómoda con un profesor universitario que con Kevini el Cosaco, y no querías que estuviese a gusto.

 

-Quería que te dieras cuenta de lo diferentes que somos. Trabajo en un circo, Dani. Kevini el Cosaco es una parte muy importante

de mi vida.

 

-Pero también eres profesor universitario.

-En una universidad pequeña.

Dani recordó la raída camiseta universitaria que a veces se ponía ella para dormir.

-¿Estudiaste en la Universidad de Carolina del Norte?

-Hice prácticas allí, pero me licencié y doctoré en la Universidad de Nueva York.

-Me cuesta imaginarlo.


 

 

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2do Lugar! Graciaas chikass!!

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