Obsessive Jonas Disorder
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CAPITULO 24 3/3 The End

 

-No es tu dinero lo que quiero. Ya deberías saberlo. Lo que quiero es doblegar tu orgullo.

 

Kevin se apartó, como si no pudiera soportar su contacto.

 

-¿Qué coño quieres decir?

 

-Si quieres al tigre, tendrás que suplicar por él.

 

-Vete al infierno.


-El gran Kevin Markov tendrá que ponerse de rodillas y rogar.

-Antes prefiero morir.

 

-¿No lo harás?

 

-Ni en un millón de años. -Kevin apoyó las manos en las caderas. -Puedes hacer lo que te dé la gana con ese puto tigre, pero no me pondré de rodillas delante de ti ni de nadie.

 


-Me sorprendes. Estaba segura de que lo harías por esa pequeña boba. Debería haber imaginado que no la amas de verdad. -Por un momento Sheba levantó la mirada a las sombras de la cubierta, luego volvió a mirarlo. -Lo sospechaba. Debería haberme fiado de mi instinto. ¿Cómo podrías amarla? Eres demasiado despiadado para amar a nadie.

 

 

-Tú no sabes lo que siento por Dani.

 

-Sé que no la amas lo suficiente como para ponerte de rodillas y suplicar por ella. -Lo miró con aire satisfecho. -Así que yo gano. Gano de todas maneras.

 

 

-Estás loca.

 

-Haces bien en negarte. Una vez me arrodillé por amor y no se lo recomiendo a nadie.

 

-Jesús, Sheba. No hagas esto.

 

-Tengo que hacerlo -la voz de la dueña del circo había perdido todo rastro de burla. -Nadie humilla a Sheba Quest sin pagarlo. Lo mires como lo mires, serás tú quien pierda hoy. ¿Estás seguro de que no quieres reconsiderarlo?

 

-Estoy seguro.

 

Dani supo en ese momento que había perdido a Sinjun. Kevin no era como otros hombres. Se sostenía a base de acero, valor y orgullo. Si se rebajase, el hombre que era se destruiría. Inclinó la cabeza e intentó darse la vuelta para marcharse, pero Brady le bloqueaba el paso.

 

-Sabes la ironía de todo esto, Dani lo haría -dijo Kevin con voz tensa y dura. -Ni siquiera se lo pensaría dos veces. -Soltó una carcajada que no contenía ni pizca de humor. -Se pondría de rodillas en menos de un segundo porque tiene un corazón tan grande que es capaz de responder por todos. No le importan ni el honor ni el orgullo ni nada por el estilo si el bienestar de las criaturas que ama está en peligro.

 

 

-¿Y qué? -se burló Sheba. -No veo aquí a Dani. Sólo te veo a ti. ¿Qué será, Kevin, tu orgullo o el tigre? ¿Vas a renunciar a todo por amor o te aferrarás a ese orgullo que tanto te importa?

 

Hubo un largo silencio. Cuando las lágrimas comenzaron a deslizarse por la cara de Dani, ésta supo que tenía que escapar. Pasó junto a Brady, pero se detuvo cuando oyó el fiero comentario de éste.

 

-Qué hijo de p***.

 

Se giró con rapidez y vio que Kevin seguía de pie frente a Sheba, en silencio, con la cabeza alta, pero sus rodillas comenzaban a doblarse. Esas poderosas rodillas Romanov. Esas orgullosas rodillas Markov. Poco a poco, su marido se dejó caer en el serrín, pero Dani supo que jamás había parecido más arrogante, ni más inquebrantable.

 

-Suplícamelo -susurró Sheba.

 

-¡No! -la palabra surgió de lo más profundo del pecho de Dani. ¡No dejaría que Sheba le hiciera eso, ni siquiera por Sinjun! ¿De qué serviría salvar a un magnífico tigre si con ello destruía a otro?

 

Atravesó la puerta a toda velocidad y entró en la pista, haciendo volar el serrín mientras corría hacia Kevin. Cuando llegó hasta su marido lo cogió del brazo y tiró de él para que se pusiera en pie.

 

-¡Levántate, Kevin! ¡No lo hagas! No se lo permitas.

 

Él no apartaba la mirada de Sheba Quest. Sus ojos parecían llamas ardientes.

 

-Tú me lo dijiste una vez, Dani. Nadie puede humillarme. Sólo yo puedo rebajarme.

 

Kevin levantó la cabeza, con la boca fruncida en un gesto de desprecio. Aunque estaba de rodillas, jamás había parecido tan regio. Era el zar en persona. El rey de la pista central.

 

-Te lo ruego, Sheba -dijo con firmeza. -No permitas que le ocurra nada a ese tigre.

 

Dani se aferró al brazo de Kevin y se dejó caer de rodillas a su lado.

 

Brady soltó una exclamación.

 

Y Sheba Quest curvó los labios en una media sonrisa. La expresión que tenía en la cara era una irritante combinación de admiración y satisfacción.

 

-Qué hijo de perra eres. Al final será verdad que la amas después de todo.

 

Miró a Dani, arrodillada al lado de Kevin.


Sheba: -Por si aún no te has dado cuenta, Kevin te ama. Tu tigre estará de vuelta mañana por la mañana. Ya me lo agradecerás en otro momento. Ahora, ¿tengo que seguir haciendo yo el trabajo sucio o piensas que puedes encargarte tú sola de esto sin volver a joderlo todo?

 

Dani clavó la mirada en ella, tragó saliva, y asintió con la cabeza.

 

-Bien, porque ya estoy harta de que todos estén preocupados por ti.

 

Brady comenzó a maldecir por lo bajo.

 

Kevin entrecerró los ojos.

 

Y Sheba Quest, la orgullosa reina de la pista central, pasó majestuosamente junto a ellos con la cabeza en alto y su brillante pelo rojizo ondeando como un estandarte del circo.

 

Brady la alcanzó antes de que llegara a la puerta trasera, pero antes de que él pudiera decir algo, ella se volvió y le clavó el dedo índice en el pecho con tanta fuerza como pudo.

 

 

-¡Y que nunca vuelva a oírte decir que no soy buena persona!

 

 

Lentamente, una picara sonrisa reemplazó la mirada atontada en la cara de Brady. Sin decir palabra, se inclinó y se la cargó al hombro.

 

Arrodillados todavía en el serrín de la pista, Dani sacudió la cabeza con desconcierto y miró a Kevin.

 

-Sheba lo tenía planeado todo. Sabía que Brady y yo no podríamos resistirnos a escuchar a escondidas. De alguna manera sabía cómo me sentía y ha preparado toda esta charada para que vea que es verdad que me amas.

 

 

Los ojos que cayeron sobre ella eran tan duros y fríos como el ámbar, y además estaban furiosos.

 

-Ni una palabra. -Ella abrió la boca. -¡Ni una palabra!

 

 

El orgullo de Kevin había quedado maltrecho y no se lo estaba tomando demasiado bien. Dani supo que tenía que actuar con rapidez. Después de haber llegado hasta ahí, no iba a perderlo ahora.

 

 

Le empujó en el pecho con todas sus fuerzas y, pillado por sorpresa, Kevin cayó en el serrín. Antes de que pudiera incorporarse, ella se sentó a horcajadas sobre él.

 

-No seas tonto, Kevin. Te entiendo. -Le metió los dedos entre los oscuros cabellos. -Te lo ruego. Hemos llegado demasiado lejos para que hagas el tonto ahora; ya lo he hecho yo por los dos.

 

Aunque en parte fue por tu culpa, que lo sepas. Me has repetido tantas veces que no sabías amar que, cuando realmente lo hiciste, pensé que sólo te sentías culpable. Debería haberlo sabido. Debería...

 

-Deja que me levante, Dani. Ella sabía que podía quitársela de encima con facilidad, pero también sabía que no lo hacía por el bebé. Y porque la amaba.

 

Se inclinó hacia él. Le rodeó el cuello con los brazos y apretó la mejilla contra la suya. Extendió las piernas sobre las de él y apoyó los dedos de los pies encima de sus tobillos.

 

-Creo que no. Ahora estás un poco furioso, pero se te pasará en un par de minutos, en cuanto lo reconsideres todo. Hasta entonces, no pienso dejarte hacer nada que puedas lamentar más tarde.

 

 

Dani creyó sentir que él se relajaba, pero no se movió, porque Kevin era un tramposo redomado y esa podía ser una de sus tácticas para pillarla con la guardia baja.

 

-Levántate ya, Dani.

 

-No.

 

-Acabarás lamentándolo.

 

-Tú no me harías daño.

 

-¿Quién ha dicho nada sobre hacer daño?

 

-Estás furioso.

 

-Soy muy feliz.

 

-Estás muy furioso por lo que Sheba te ha obligado a hacer.

 

-Ella no me obligó a hacer nada.

 

-Te aseguro que sí. -Dani alzó la cabeza para dirigir una amplia sonrisa a aquella cara ceñuda. -Lo ha hecho muy bien. De veras. Si tenemos una niña podemos llamarla como ella.

 

 

-Sobre mi cadáver.

 

Dani inclinó de nuevo la cabeza y esperó, acostada sobre él como si fuera el mejor colchón anatómico del mundo.

 

Kevin le rozó la oreja con los labios.

 

-Quiero casarme antes de que nazca el bebé -susurró Dani acurrucándose más contra él. Sintió la mano de Kevin en su pelo.

 

-Ya estamos casados.

 

-Quiero hacerlo de nuevo.

 

-Dejémoslo sólo en hacerlo.

 

-¿Te vas a poner vulgar?

 

-¿Te levantarás si lo hago?

 

-¿Me amas?

 

-Te amo.

 

-No suena como si me amases. Suena como si estuvieras rechinando los dientes.

 

-Estoy rechinando los dientes, pero eso no quiere decir que no te quiera con todo mi corazón.

 

-¿De veras? -Dani alzó de nuevo la cabeza y le brindó una sonrisa radiante. -Entonces, ¿por qué tienes tantas ganas de que me levante?

 

Kevin esbozó una sonrisa picara.

 

-Para poder probarte mi amor.

 

-Empiezas a ponerme nerviosa.

 

-¿Temes no ser lo bastante mujer para mí?

 

-Oh, no. Definitivamente eso no me pone nerviosa. -Dani inclinó la cabeza y le mordisqueó el labio inferior. En menos de un segundo, él lo convirtió en un beso profundo y sensual. A Dani se le saltaron las lágrimas porque todo era maravilloso.

 

 

Kevin comenzó a besarle las lágrimas y ella le acarició la mejilla.

 

-Me amas de verdad, ¿no?

 

-Te amo de verdad -dijo él con voz ronca. -Y esta vez quiero que me creas. Te lo ruego, cariño.

 

Ella sonrió a través de las lágrimas.


-Te creo. Vámonos a casa............

 

 

 

 

 

CHAN CHAN!!!!


Que les pasecioooo??????

ah ah ah ah les dije k no odien a Shebaa!!!!!! jejejeje

okk!! comenteeen y subireee mañana el EPILOGO!!! :)

LAS KIEROOO CHIKAAS!!!

ATT

ADRIANA!

 

 

 


 

 

 

 

Capitulo 14

Parte 2

 

Dani cruzó la estrecha carretera asfaltada que separaba el aparcamiento donde estaba instalado el circo de la playa vacía. A la izquierda las luces multicolores de la feria, en el paseo marítimo de Jersey Shore, destellaban en el caos de la noche: la noria, los coches de choque, los tiovivos y los puestos de chucherías.

El debut de Dani había tenido lugar en la primera representación del circo en ese pequeño pueblo costero y ahora estaba demasiado excitada para dormir. El público de la segunda función había reaccionado con más entusiasmo aún y una maravillosa sensación de realización le impedía sentirse cansada.


-¿Dani? -Se volvió y vio a Kevin en lo alto de las escaleras, una alta y delgada silueta recortada contra el tenue resplandor de la noche. La brisa le revolvía el pelo y le pegaba la camisa al cuerpo.

-¿Te importa si paseo contigo o prefieres estar sola?

-¿Vas armado?

-Ya he guardado los látigos por esta noche.

-Entonces ven. -Dani sonrió y le tendió la mano.


Las botas de Kevin resonaron en los escalones de madera cuando se acercó. Le cogió la mano y las callosidades de su palma le recordaron a Dani que era un hombre acostumbrado al trabajo duro. Aquella cálida y firme mano envolvió la suya.

 

La playa estaba desierta, pero aún quedaban restos que había dejado la gente que había acudido al lugar adelantándose a la temporada veraniega: latas vacías, plásticos, la tapa rota de un vaso térmico. Se dirigieron hacia el mar.

 

-Al público le ha gustado el número.

 

-Estaba tan asustada que me temblaban las rodillas. Si no hubiera sido por el giro que Jack le dio a la historia, mi actuación hubiera resultado un desastre. Cuando intenté agradecérselo me dijo que había sido idea tuya. -Lo miró y sonrió. -¿No crees que te has pasado un poco con lo de las monjas francesas?

 

-Conozco de primera mano tus creencias morales, cariño. A menos que me equivoque, estoy seguro de que las monjas formaron parte de esa extraña educación que recibiste.

 

Dani no lo negó.

 

Pasearon durante un rato en un cómodo silencio. Dani esperaba que él le soltara la mano en cualquier momento, pero seguía manteniéndola agarrada.

 

-Has hecho un buen trabajo esta noche, Dani. Trabajas duro.

 

-¿De veras? ¿De verdad crees que trabajo duro?

 

-Claro.

 

-Gracias. Nunca me habían dicho eso. -Soltó una risita irónica. -Y si lo hubiesen hecho, seguramente no me lo habría creído.

 

-Pero a mí me crees.

 

-No eres un hombre que diga las cosas a la ligera.

 

-¿Estoy oyendo un cumplido?

 

-No estoy segura.

-No es justo.

 

-¿Qué?

 

-Te he dicho algo agradable. Al menos podrías decir una cosa buena de mí.

 

-Por supuesto que puedo. Haces un chile de muerte. Para sorpresa de Dani, él frunció el ceño.

-Estupendo. Olvídalo.

 

Atónita, Dani se dio cuenta de que, sin querer, había herido los sentimientos de su marido. Pensaba que él estaba bromeando, pero tratándose de Kevin debería saber que eso no era posible. Aun así era toda una sorpresa que a él le importara su opinión.

 

-Sólo me estaba reservando lo mejor -dijo ella.

-No es importante. De verdad, déjalo.

 

Pero tenía importancia y a ella le encantaba.

 

-Mmm, déjame pensar...

 

-Olvídalo.

 

Dani le apretó la mano.

 

-Siempre haces lo que crees que es correcto, incluso si la gente lo desaprueba. Es algo por lo que te admiro. Admiro tu integridad, pero... -Dani le rodeó los dedos con los suyos. -¿Quieres que sea sincera?

 

-Eso he dicho, ¿no?

 

Ella ignoró el beligerante gesto de su mandíbula.

 

-Tienes una sonrisa maravillosa.

 

Kevin pareció algo aturdido y relajó la mano bajo la de ella.

 

-¿Te gusta mi sonrisa?

 

-Sí, muchísimo.

 

-Nadie me lo había dicho nunca.

 

-No muchas personas consiguen verla. -Dani contuvo una sonrisa

mientras observaba el gesto serio con el que Kevin consideraba lo que ella había dicho. -Y hay otra cosa más, pero no sé cómo vas a tomártelo.

 

-Suéltalo.

 

-Tienes un cuerpo de infarto.

 

-¿Un cuerpo de infarto? ¿Sí? ¿Ésa es la segunda cosa que más te gusta de mí?

 

-No he dicho que fuera la segunda. Te estoy diciendo cosas que

me gustan de ti y ésa en concreto me encanta.

 

-¿Mi cuerpo?

-Tienes un cuerpo estupendo, Kevin. En serio.

 

-Gracias.

-De nada.

 

El embate de las olas llenó el silencio que se extendió entre ellos.

-Tú también -dijo él.

 

-¿También qué?

-Tienes un cuerpo estupendo. Me gusta.

 

-¿De veras? Pero si no es gran cosa. Tengo los hombros demasiado estrechos en comparación con las caderas y los muslos demasiado gruesos. Y mi estómago...

 

Él negó con la cabeza.

 

-La próxima vez que oiga a una mujer decir que los hombres somos unos neuróticos, recordaré esto. Tú me dices que te gusta mi cuerpo, ¿y qué hago yo? Te doy las gracias. Luego te digo que me gusta el tuyo, ¿y qué escucho? Una larga lista de quejas.

 

-Es culpa de las Barbies. -La mueca de desagrado de Kevin la complació sobremanera. -Gracias por el cumplido, pero sé sincero. ¿No crees que tengo los pechos demasiado pequeños?

 

-Ésa es una pregunta con trampa, seguro.

-Solo quiero que me digas la verdad.

 

-¿Estás segura?

 

-Sí.

-Vale. Veamos. -La tomó por los hombros y la hizo girar de cara al océano, luego se puso detrás de ella. La rodeó con los brazos y le ahuecó los pechos. La piel de Dani se erizó de deseo cuando Kevin apretó y moldeó los montículos, recorriéndole las suaves pendientes y rozando las endurecidas cimas con los pulgares.

 

A Dani se le entrecortó la respiración. Kevin le acarició la oreja con los labios y le murmuró al oído:

 

-Creo que son perfectos, Dani. Exactamente del tamaño adecuado.


-¡Mira, Dwayne! Es la pareja del circo.

 

Dani y Kevin se separaron de golpe, como dos adolescentes pillados in fraganti por la policía.

 

La dueña de la estridente voz era una mujer de mediana edad, con un vestido de flores verde lima y un enorme bolso negro colgado del hombro. Su marido llevaba puesta una gorra azul que cubría lo que, casi con toda seguridad, sería una calva. El hombre tenía los pantalones enrollados en las pantorrillas y la camiseta de deporte se te ceñía a la prominente barriga.

 

La mujer les brindó una alegre sonrisa.

 

-Hemos asistido a la función. Éste es Dwayne. No se ha creído que estuvierais enamorados de verdad. Me aseguró que todo era falso, pero le dije que nadie podía fingir algo así. -Dio una palmadita en la barriga de su marido. -Dwayne y yo llevamos casados treinta y dos años, así que sé reconocer el amor verdadero cuando lo veo.

 

Al lado de Dani, Kevin estaba rígido y ponía cara de póquer, dejando que fuera ella quien sonriera al matrimonio.

 

-Seguro.

 

-Nada me gusta más que un matrimonio con los pies en el suelo.

 

Kevin saludó a la pareja con una brusca inclinación de cabeza y agarró el brazo de Dani para alejarla de allí. Dani se volvió y les gritó:

-¡Espero que disfruten de otros treinta y dos años ¡untos!

 

-Y vosotros también, tesoro.

 

Dejó que Kevin la arrastrara, sabiendo que no conseguiría nada protestando. El tema del amor lo ponía un nervioso que ella sintió el absurdo impulso de consolarlo. Cuando llegaron a los escalones que conducían l la carretera, se detuvo y se volvió hacia él.

 

-Kevin, no pasa nada. No voy a enamorarme de ti.

 

En cuanto las palabras salieron de su boca, Dani notó una pequeña punzada en el corazón. Eso la asustó, porque sabía que sería una catástrofe enamorarse de él. Eran demasiado diferentes. Él era duro, serio y cínico, mientras que ella era justo lo contrario.

 

Entonces, ¿por qué él provocaba algo tan elemental en su interior? ¿Y por qué ella parecía comprenderle tan bien cuando Kevin no le había contado nada de su pasado ni sobre su vida fuera del circo?

 

A pesar de todo, Dani sabía que Kevin la había ayudado a encontrarse a sí misma. Gracias a él era más independiente de lo que nunca lo había sido. Por primera vez en su vida, se sentía bien consigo misma.

 

Kevin subió los escalones.

 

-Eres una romántica, Dani. No es que me considere un ser irresistible, bien sabe Dios que no lo soy, pero llevo años observando que cuanto más indiferente se muestra un hombre, más interesada se vuelve la mujer.

 

-Bah.

 

Cuando llegaron arriba, él apoyó las caderas en la barandilla y la observó.

 

-Lo he visto muchas veces. Las mujeres anhelan lo que no pueden tener, incluso aunque no sea bueno para ellas.

 

-¿Es así como te consideras? Malo para las personas que te rodean.

 

-No quiero hacerte daño. Por eso me molestó el cambio que hiciste en la caravana. Ahora es más acogedora y será más fácil vivir en ella, pero no quiero jugar a las casitas. A pesar de que nuestro matrimonio sea un acuerdo legal, esto no es más que un simple rollo. Una cana al aire. Sólo eso.

 

-¿Un rollo?

 

-Un lío. Una aventura. Llámalo como quieras. Sólo es algo pasajero.

 

-Eres imbécil.

 

-¿Ves como tengo razón?

 

Ella intentó controlar la cólera.

 

-¿Por qué te casaste conmigo? Al principio pensé que mi padre te

había pagado, pero ahora sé que no fue así.

-¿Y qué es lo que te ha hecho cambiar de opinión?

 

-Ahora te conozco.

 

-¿Y crees que no me dejo comprar?

 

-Sé que es imposible que te dejes comprar.

-Todo el mundo tiene un precio.

 

-Pues dime, ¿cuál fue el tuyo?

 

-Le debía un favor a tu padre y tenía que pagárselo. Eso es todo.

 

-Debía de ser un favor muy grande.

 

La expresión de Kevin se volvió fría y Dani se sorprendió cuando,

después de un largo silencio, añadió:

 

 

-Mis padres murieron en un accidente ferroviario en Austria cuando yo tenía dos años. Se hizo cargo de mí el pariente más cercano, el hermano de mi madre, Sergey. Era un sádico hijo de puta al que le daba placer pegarme.

 

-Oh, Kevin...

 

-No quiero ganarme tu simpatía. Sólo quiero que comprendas cómo soy. -Él se sentó en un banco y parte de su rabia desapareció. Se inclinó hacia delante y se frotó el puente de la nariz con el pulgar y el índice. -Siéntate, Dani.

 

Ahora que ya no tenía remedio, Dani se preguntó si no debería haber dejado las cosas tal y como estaban, pero había llegado demasiado lejos como para retroceder ahora, y se sentó a su lado. Él se quedó mirando hacia delante; parecía cansado y vacío.

 

-Habrás leído historias sobre niños maltratados, niños a los que mantienen encerrados durante años. -Ella asintió con la cabeza. -

 

Los psicólogos dicen que incluso después de haber sido liberados de esa tortura, estos niños no se desarrollan de la misma manera que los demás. No tienen las mismas actitudes sociales. Y si no los rescatan a tiempo, ni siquiera aprenden a hablar. Supongo que eso es lo que me pasa con el amor. No llegué a experimentarlo en la infancia y ahora no puedo sentirlo.

 

-¿A qué te refieres?

 

-No soy uno de esos cínicos que cree que el amor no existe, porque lo he visto en otras personas. Pero yo no puedo sentirlo. Ni

por una mujer ni por nadie. Nunca he amado.

 

-Oh, Kevin.

-No es que no lo haya intentado. He conocido algunas mujeres

maravillosas a lo largo de mi vida pero, al final, sólo he conseguido herirlas. Por eso te he contado las píldoras. Por eso no quiero tener hijos.

-¿Crees que nunca podrás mantener una relación duradera? ¿Te refieres a eso?

 

-Sé que no puedo. Pero es más profundo que todo eso.

 

-No entiendo. ¿Qué es lo que te pasa?

 

-¿No has oído nada de lo que he dicho?

 

-Sí, pero...

-No puedo sentir las mismas emociones que los demás hombres.

Por nadie. Ni siquiera por un niño. Cualquier niño merece que su padre lo ame, pero yo no podría.

-No te creo.

 

-¡Créelo! Me conozco a mí mismo y sé que no podría hacerlo. Mucha gente se toma a la ligera tener hijos, pero yo no. Los niños necesitan amor y, si no lo tienen, algo se muere en su interior. No podría vivir conmigo mismo sabiendo que un niño sufre por mi culpa.

 

-Todo el mundo es capaz de amar, y más cuando se trata de su propio hijo. Te ves a ti mismo como una especie de... de monstruo.

 

-Más bien como una mutación. No tuve una educación normal y es por eso que soy distinto. No puedo tolerar la idea de tener un hijo y que crezca sabiendo que no le amo. No pienso hacerle a nadie lo que me hicieron a mí.

Era una noche calurosa, pero Dani se estremeció al darse cuenta

del terrible legado que aquel violento pasado le había dejado a Kevin. Ese legado también la afectaba a ella y se abrazó a sí misma. Nunca se había imaginado teniendo un hijo con Kevin, pero quizá la idea ya había germinado en su subconsciente porque sentía como si acabara de sufrir una profunda pérdida.

 

Dani observó el perfil de su marido recortado contra el tiovivo que giraba a lo lejos. La imagen la llenó de pena. Los caballos de madera, de brillantes colores, parecían representar la inocencia, mientras que Kevin, con aquellos ojos sombríos y el corazón vacío, era como un condenado a muerte. Durante todo el tiempo Dani había pensado que era ella la que más amor necesitaba, pero él tenía heridas mucho más profundas.

 

 

holaaa como estaaan mmmm veo k ya casi no comentan en la entrada anterior solo tuve un comentario :(

buenoo espero recibir mas coments buenooo las dejooo comenteen pleaseeeee

besoss

byE


Adri:)

CAPITULO 13 PARTE 1



-¿Puedes intentar mantener los ojos abiertos esta vez?

Dani notó que Kevin estaba perdiendo la paciencia con ella. Estaban detrás de las caravanas, en un campo de béisbol a las afueras de Maryland, un sitio muy parecido al que habían estado los días anteriores y llevaban así casi dos semanas. La joven tenía los nervios tan tensos que estaban a punto de estallar.


Tater estaba cerca de ellos, alternando suspiros de amor por su dama con remover el barro. Después de que Dani se hubiera enfrentado al elefantito unas semanas atrás, Tater había comenzado a escaparse para buscarla y, finalmente, Digger lo había castigado con el pincho. La joven no había podido tolerar tal cosa, así que le había dicho que ella se encargaría de cuidar al elefante durante el día cuando vagara por ahí. Todos -excepto la propia Dani-parecían haberse acostumbrado a ver trotando a Tater detrás de ella como si fuera un perrito faldero.


-Si abro los ojos daré un respingo -señaló Dani mientras su marido empuñaba el látigo- y me dijiste que me harías daño si daba respingos.


-Tienes el blanco tan alejado de tu cuerpo que podrías estar bailando El lago de

los cisnes y ni siquiera te rozaría.


Había algo de verdad en lo que decía. El rollo de periódico que sostenía en la mano medía más de treinta centímetros y, además, ella tenía el brazo extendido. Pero cada vez que Kevin agitaba el látigo arrancando un trozo del extremo, ella daba un salto. No podía evitarlo.


-Puede que mañana consiga abrir los ojos.


-En tres días estarás en la pista central. Es mejor que los abras ya.


Dani abrió los ojos de golpe al oír la voz sarcástica y acusadora de Sheba que estaba donde Kevin había dejado los látigos enroscados en el suelo. Tenía los brazos cruzados y el sol arrancaba destellos a su pelo, que brillaba como las llamas del infierno.


-Ya deberías haberte acostumbrado. -Se agachó con rapidez y cogió uno de los rollos de papel de diez centímetros que había en el suelo. Ésos eran los blancos de verdad, los que se suponía que Dani debía sostener en la función, pero hasta ese momento Kevin no había podido convencerla para que practicaran con algo que midiera menos de treinta centímetros.


Sheba comenzó a hacer rodar uno de los pequeños rollos entre los dedos como si fuera un pitillo, luego se acercó a Dani y se detuvo a su lado.


-Quítate de en medio.


Dani retrocedió.


Sheba miró a Kevin con un destello desafiante en los ojos.


-Aprende cómo se hace.


Se puso de perfil, echó el pelo hacia atrás y se colocó el rollo entre los labios.


Por un momento Kevin no hizo nada, y Dani notó que había una vieja historia entre la dueña del circo y él, una historia de la cual Dani no sabía nada. Parecía como si Sheba desafiara a su marido, pero ¿para que hiciera qué? Kevin levantó el brazo tan repentinamente que ella apenas vio el movimiento de su muñeca.


«¡Zas!» El látigo restalló a pocos centímetros de la cara de la mujer y el

extremo del rollo desapareció.


Sheba no se movió. Se mantuvo tan serena como si estuviera asistiendo a un cóctel mientras Kevin agitaba el látigo una y otra vez, rompiendo un trocito de rollo cada vez. Poco a poco, lo fue acortando hasta que sólo quedó el cabo entre los labios de la mujer.


En ese momento lo cogió y se lo tendió a Dani.


-Ahora veamos cómo lo haces tú.


Dani reconocía un reto cuando lo veía, pero esa gente se había criado tentando al peligro. Ella no tenía que demostrar su valor, sentía que ya lo había hecho cuando se había enfrentado a Tater.


-Quizás en otro momento.


Kevin suspiró y bajó el látigo.


-Sheba, esto no funciona. Continuaré haciendo el número yo solo.

-¿Te tiene dominado, Kevin? Cinco generaciones de sangre circense y le has dado el nombre de Markov a alguien que no tiene valor para entrar en la pista central contigo.


Los ojos verdes de Sheba se oscurecieron con desprecio cuando miró a Dani.


-No te estamos pidiendo que andes por la cuerda floja ni que montes a pelo.

Lo único que tienes que hacer es estar allí de pie. Pero ni siquiera eres capaz de hacerlo, ¿verdad?

-Lo siento, pero no valgo para esto.


-¿Y para qué vales entonces?


Kevin dio un paso adelante.


-Ya basta. Dani se ha encargado de los animales aunque no tendría por qué haberlo hecho, y están en mejores condiciones que nunca.


-No la defiendas. -Dani sintió el impacto de los ojos de Sheba con la misma intensidad que si fuera el impacto del látigo. -¿Sabes algo de la familia Markov?


-Kevin no me ha hablado mucho de su pasado. -Y tampoco le había hablado mucho de su presente. Cada vez que intentaba preguntarle por la vida que llevaba fuera del circo, él cambiaba de tema. Sospechaba que había ido a la universidad y que la medalla esmaltada que llevaba colgada del cuello era una reliquia familiar, pero nada más.


-Déjalo, Sheba -le advirtió él.


Ella no le hizo caso y sostuvo la mirada de Dani con firmeza.


-Los Markov son una de las familias más famosas en la historia del circo. La madre de Kevin era la mejor montando a pelo. Kevin podría haber sido un campeón ecuestre de no ser por su altura.


-A Dani no le importa nada de eso -dijo él.


-Sí que me importa. Continúa, Sheba.


-Su madre formaba parte de la quinta generación de artistas rusos que actuaron para los zares. Lo más interesante de los Markov es que la historia de su familia se transmite a través de las mujeres. No importa con quién se hayan casado, los hombres han renunciado a su propio apellido para mantener el de Markov y pasarlo a sus hijos. Pero los hombres Markov han sido también grandes artistas con el látigo y algunos de los mejores jinetes que se hayan visto en el circo.


Kevin comenzó a recoger los rollos de periódico y a meterlos en una vieja bolsa

de lona.


-Vamos, Dani. Por hoy es suficiente.


La expresión de Sheba se volvió amarga.


-Los Markov siempre han seguido la tradición y han elegido bien a sus esposas. Al menos hasta llegar a Kevin. -Hizo una pausa. En sus ojos asomó un helado desprecio. -No estás a su altura, Dani, no mereces llevar el apellido Markov.


Tras decir eso se giró y se marchó, con un paso tan regio que hizo que sus ropas desarregladas parecieran dignas de una reina.


Dani se sintió despreciable.


-Tiene razón, Kevin. No valgo para nada.


-Tonterías. -Kevin enrolló los látigos y los apoyó sobre el hombro. -Sheba considera la tradición del circo tan sagrada como la religión. No le hagas caso.


Dani miró la bolsa con los rollos de periódico. Se acercó y sacó uno con decisión.


-¿Qué haces?


-Dar la talla como mujer Markov.


-Por el amor de Dios, suelta eso. Te he dicho que pases de ella. Sheba siempre ha tenido una visión distorsionada de la historia de los Markov. Mi tío Sergey era el mayor bastardo que he conocido en mi vida.


-Te agradezco que intentes que me sienta mejor, pero no puedo ignorar lo que ha dicho. -Caminó hacia el lugar donde habían estado practicando antes y se puso de perfil. -Estoy cansada de ser siempre la peor.


Se puso el rollito en los labios; las rodillas le temblaban más que nunca. Si Kevin fallaba, le golpearía en la cara y, quizá, dejaría una cicatriz en su piel y en su alma.


-Déjalo, Dani. -Ella cerró los ojos. -Dani...


Ella se sacó el rollito de la boca para hablar, pero no le miró.


-Por favor, Kevin, hazlo de una vez. Cuanto más me hagas esperar, más difícil será para mí.


-¿Estás segura?


No estaba segura en absoluto, pero se puso de nuevo el rollito en la boca y cerró los ojos, rezando por no dar un brinco.


Dani gritó cuando oyó el chasquido del látigo y sintió una corriente de aire en la cara. El sonido retumbó en sus oídos. Tater abrió la boca y soltó un barrito.


-¿Te he dado? ¡Maldita sea, sé que no te he dado!


-No..., no..., estoy bien. Es sólo... -Respiró hondo y recogió el rollito que había dejado caer, observando que Kevin había sesgado un trocito del extremo. -Es sólo que estoy un poco nerviosa.


-Dani, no tienes por qué...


Ella se colocó el blanco de nuevo en la boca y cerró los ojos.


«¡Zas!»


Dani gritó otra vez.


-Si sigues gritando comenzaré a ponerme nervioso -dijo Kevin en tono seco.


-¡No gritaré! Pero por Dios, no pierdas los nervios. -Cogió el rollito, era mucho más corto de lo que había sido en un principio.


-¿Cuántas veces más?


-Dos.


-¿¿Dos??-chilló.


-Dos.


Esta vez colocó el rollito justo en el borde de los labios.


-Estás haciendo trampa.


El sudor corría entre los pechos de Dani cuando volvió a colocarlo. Respiró hondo.


«¡Zas!» Otra corriente de aire le agitó un mechón de pelo contra la mejilla. Casi se desmayó, pero de alguna manera logró contener el grito. Sólo una vez más. Una vez más.


«¡Zas!» La joven abrió lentamente los ojos.


-Ya está, Dani, se acabó. Ahora sólo tendrías que saludar al público.


Estaba viva y sin marcas. Atontada, lo miró y habló con un ronco susurro.


-Lo he hecho.


Él sonrió y soltó el látigo.


-Pues claro que sí. Estoy orgulloso de ti.


Con un gran grito de alegría, corrió hacia él y se arrojó a sus brazos. Kevin la atrapó automáticamente. Cuando la estrechó contra su cuerpo, una lenta oleada de calor recorrió el cuerpo de Dani. Él debió de sentir lo mismo porque se echó atrás y la dejó en el suelo.


Dani sabía que Kevin no aceptaba que se hubiera negado a hacer el amor con él desde aquella tarde de sudor y sexo que la había perturbado tan profundamente. Su período le había dado una excusa perfecta durante unos días, pero había terminado hacía media semana. Le había pedido un poco de tiempo para aclararse las ideas y, aunque Kevin había estado de acuerdo, no le había gustado nada.


-Sólo un truco más -dijo él- y luego terminamos.


-Quizá deberíamos dejarlo para mañana. -Es el truco más fácil. Venga, vamos

a hacerlo antes de que pierdas el valor. Ponte dónde estabas.


-Kevin...


-Venga. No te dolerá. Te lo prometo.


A regañadientes, Dani regresó al lugar donde había estado antes.


Kevin cogió el látigo más largo y lo sostuvo entre los dedos.

-Colócate frente a mí y cierra los ojos.


-No.


-Confía en mí, cariño. Esta vez tienes que tener los ojos cerrados.


Dani hizo lo que le decía, pero entreabrió uno de los ojos para ver lo que él hacía.



-Levanta los brazos por encima de la cabeza.

-¿Los brazos?

 

-Levántalos por encima de la cabeza. Y cruza las muñecas.

 

Ella abrió los dos ojos.

 

-Creo que me olvidé de decirle a Trey algo sobre la nueva dieta de Sinjun.

-Todas las mujeres Markov han hecho este truco.

 

Resignada, Dani levantó los brazos, cruzó las muñecas y cerró los ojos, diciéndose a sí misma que no podía ser peor que sostener un rollito con los labios.

 

«¡Zas!»

 

Apenas había percibido el chasquido del látigo cuando sintió que éste le rodeaba y le ataba las muñecas con fuerza.

 

Esta vez el grito le salió del alma. Dejó caer los brazos tan rápidamente que sintió que se le dislocaban los hombros. Se miró con incredulidad las muñecas atadas.

 

-¡Me has dado! Dijiste que no me tocarías, pero lo has hecho.

 

-Estate quieta, Dani, y deja de gritar de una vez. No te ha dolido.

 

-¿No me ha dolido?

 

-No.

 

Ella miró sus muñecas y se dio cuenta de que él tenía razón.

-¿Cómo lo has hecho?

 

-Destensé el látigo antes de chasquearlo. -Kevin hizo un movimiento con la muñeca para que el látigo se aflojase, y la liberó. -Es un truco muy viejo, pero el público lo adora. Aunque, después de que te ate las muñecas, debes sonreír para que todos sepan que no te he hecho daño. Acabaré en la cárcel si no lo haces.

 

Dani se examinó una muñeca y luego la otra. Se dio cuenta con asombro de que estaban intactas.

 

-¿Y si te olvidas de destensar el látigo antes de apresarme las muñecas?

 

-No lo haré.

-Podrías cometer un error, Kevin. Es imposible que siempre te salga bien.

 

-Claro que sí. Llevo años haciéndolo y nunca he lastimado a nadie. -Comenzó a recoger los látigos y ella se maravilló de aquella perfecta arrogancia, pero al mismo tiempo se sintió inquieta.

 

-Esta mañana las cosas han salido algo mejor-dijo ella, -pero aún me parece

imposible que pueda actuar contigo dentro de dos días. Jack me ha dicho que voy a interpretar a una gitanilla indomable, pero no creo que las gitanas indomables griten como lo hago yo.

 

-Ya pensaremos algo. -Para sorpresa de la joven, Kevin le dio un besito en la

punta de la nariz antes de girarse para marcharse, pero se detuvo en seco y se volvió de nuevo hacia ella. La miró un buen rato. Luego inclinó la cabeza y posó sus labios sobre los de Dani.

 

La joven le rodeó el cuello con los brazos cuando él se apretó contra ella. Aunque su mente le decía que el sexo debía ser sagrado, su cuerpo deseaba ardientemente las caricias de Kevin, y Dani supo que nunca tendría suficiente de él.

 

 

Holaaa!!!

espero k les haya gustado el cap!!!! jejeje aunque bueno esta es la parte uno del trece

buenoo si comentan subo prontoo!!!

no se olviden de votar x mi pleaasee!!! se los agradeceriaa!

buenooo me voeee

mil graciaaas x pasarse!

 

Capitulo DOCE..! COMPLETO

 

HOLAAAAA CHICAAAASSS primero mil gracias por sus comentarios se les agradeceeeeee!!!!

bienvenidaaas a las nuevas lectoras que bien que les guste la novela y espero k la recomienden!

buenooo ya que me pidieron maraton! este es un capitulo completo! no lo dividi jejeje :) asi que disfrutenloo!!!

buenoo me despido dejen su comentario!

ADRI:)

XOXOXO

CAPÍTULO 12


Kevin clavó los ojos en la puerta por donde acababa de desaparecer Beatriz, luego miró a su esposa.

 

-La tuya ha sido la peor actuación que he visto en mi vida. ¿De verdad has dicho que le vas a impedir que te robe el marido o me lo he imaginado?

-Beatriz se lo ha creído y eso es lo único que cuenta. Después de lo que le has dicho era necesario que alguien la tratara como a una mujer adulta.

-No pretendía herir sus sentimientos, pero ¿qué querías que hiciera? No es una adulta. Es una niña.

-Te ha ofrecido su corazón, Kevin, y tú lo has rechazado como si no valiera nada.

-No sólo me ha ofrecido su corazón. Un poco antes de que llegaras me dejó bien claro que su cuerpo también iba incluido en el lote.

 

-Está desesperada. Si hubieras aceptado, se hubiera desmayado del susto.

Él se estremeció.

 

-Una quinceañera no está en mi lista de perversiones favoritas.

-¿Qué clase de perversiones...? -Dani se mordió la lengua. ¿Cuándo iba a comenzar a pensar antes de hablar?

 

Kevin le brindó una sonrisa enloquecedora que le puso la piel de gallina.

 

-Será más divertido que lo vayas averiguando poco a poco.

 

-¿Por qué no me lo dices ahora?

-Espera y verás.

 

Dani lo observó.

 

-¿Incluye algo con...? No, claro que no.

 

-Estás pensando en los látigos otra vez.

-No, por supuesto que no -mintió.

-Bien. Porque no tienes por qué preocuparte de eso. - Kevin hizo una pausa significativa. -Si lo hago bien no duele en absoluto.

 

Dani abrió los ojos de par en par.

 

-¡Deja de hacer eso!

 

-¿El qué?

 

La expresión inocente de Kevin no la engañó ni por un instante.

 

-Deja de plantar todas esas dudas en mi cabeza.

-No soy yo quien planta dudas en tu cabeza. Lo haces tú sólita.

-Sólo porque tú sigues diciendo esas cosas. No me gusta que me tomes el pelo. Sólo tienes que responderme sí o no. ¿Alguna vez le has dado latigazos a una mujer?

-¿Sólo sí o no?

-Eso he dicho, ¿no?

-¿Sin ninguna aclaración?

-Sin ninguna aclaración.

-Bueno, entonces sí. Sí, definitivamente le he dado latigazos a una mujer.

-Vale, será mejor que me lo aclares -dijo ella débilmente tragando saliva.

-Lo siento, cariño, pero ya te he respondido. -Con una amplia sonrisa, él se sentó detrás del escritorio. -Tengo mucho trabajo que hacer, quizá sea mejor que me digas para qué querías verme.

 

Pasaron varios segundos antes de que Dani lograra recordar lo que la había llevado hasta allí.

 

-Se trata de Glenna.

 

-¿Qué pasa con ella?

 

-Es un animal grande y su jaula es muy pequeña. Necesita una nueva.

 

-¿Nada más? ¿Sólo quieres que compremos una jaula nueva? -replicó él con ironía.

 

-Es inhumano que la pobre viva en un lugar tan estrecho. Se la ve muy deprimida, Kevin. Tiene esos deditos tan suaves, y los saca por los barrotes como si necesitara el contacto de otro ser vivo. Y ése no es el único problema que tenemos. Las jaulas son tan viejas que no son de fiar. La del leopardo se cierra sólo con un alambre.

 

Kevin cogió un lápiz y tamborileó con él la gastada superficie del escritorio.

 

-Estoy de acuerdo contigo. Odio esa condenada exposición de fieras, me parece inhumana, pero las jaulas son caras y Sheba aún se está pensando si deshacerse de esos anímales o no. Por ahora tendrás que arreglártelas como puedas. - Kevin desplazó la mirada a la ventana y la silla rechinó cuando se reclinó para ver mejor. -Vaya, mira ahí fuera. Parece que tienes visita.

 

Ella siguió la dirección de la mirada y vio a un elefantito con la correa colgando delante del vagón rojo,

 

-Es Tater. -Cuando ella lo miró, el elefante levantó su trompa y bramó como un trágico héroe que vagara por el mundo en busca de su amor perdido. -¿Qué hace ahí?

 

-Supongo que estará buscándote. - Kevin sonrió. -Los elefantes crean fuertes

vínculos familiares, y Tater parece haberlo establecido contigo.

 

-Es un poco grande para ser mi mascota.

 

-Me alegra oír eso, porque por mucho que me lo pidas jamás dormirá en nuestra cama.



Sheba estaba de un humor de perros cuando se acercó a Kevin. Esa mañana Brady le había dicho que Dani no estaba embarazada. La idea de que esa mujer llevara a un Markov en su vientre era tan aborrecible que debería haberse sentido aliviada, pero por el contrario se le había puesto un nudo de angustia en la boca del estómago. Si Kevin no se había casado con Dani porque estaba embarazada, entonces lo había hecho porque quería. Lo había hecho porque la amaba.

 

La bilis la corroía por dentro. ¿Cómo podía Kevin amar a esa pobre e inútil niña rica cuando no la había amado a ella?

¿No veía lo indigna que era Dani? ¿Habría perdido Kevin todo su orgullo?

 

En ese momento la intención de Sheba era poner en práctica el plan que hacía días que le rondaba la mente. Tenía cabeza para los negocios -siempre pensaba en lo mejor para el circo, por encima de sus sentimientos perenales, -pero lo que se le había ocurrido haría que Kevin viera con otros ojos a su esposa.

 

Se detuvo detrás de él mientras éste estaba trajinando en la grúa de montaje del circo. La camiseta húmeda K le pegaba a los firmes músculos de la espalda. Recordó el tacto de esa piel tensa bajo las manos, pero en lugar de excitarla ese recuerdo hizo que sintiera asco de sí misma. Sheba Quest, la reina de la pista central, le había robado a ese hombre que la amara y él la había rechazado. El rencor hizo que se le revolviera el estómago.

 

-Tenemos que hablar sobre tu número.

 

Él cogió un trapo grasiento y se limpió las manos con él. Kevin siempre había sido un mecánico de primera y reparar la grúa no era un problema para él, aunque hora mismo Sheba no sentía ningún tipo de gratitud por el dinero que le ahorraba.

 

-Dime.

 

La mujer levantó la mano para protegerse los ojos del sol, tomándose su tiempo, haciéndole esperar. Tardó un buen rato en hablar.

-Deberías hacer algún cambio. No lo has hecho desde la última gira y aún

queda demasiada temporada para seguir repitiendo lo mismo.

-¿Qué has pensado?

 

Sheba cogió las gafas de sol con las que se retiraba d pelo de la cara.

 

-Quiero que Dani intervenga en tu número.

 

-Olvídalo.

 

-¿Crees que no podrá hacerlo?

 

-Sabes muy bien que no.

 

-Bueno, pues tendrá que hacerlo. ¿O es que ahora es ella quien lleva los pantalones en tu casa?

 

-¿Qué pretendes, Sheba?

 

-Dani es ahora una Markov. Es hora de que comience a comportarse como tal.

 

-Eso es asunto mío, no tuyo.

 

-No mientras yo siga siendo la dueña del circo, Dani sabe cómo meterse al público en el bolsillo y tengo intención de aprovecharlo. -Le dirigió a Kevin una larga y dura mirada. -Quiero que actúe en el espectáculo, Kevin, te doy dos semanas para prepararla. Si se niega a hacerlo recuérdale que, si quiero, todavía puedo denunciarla.

 

-Estoy harto de tus amenazas.

 

-Entonces limítate a pensar en lo que es mejor para el espectáculo.



Kevin terminó de reparar la grúa y se dirigió a la caravana para lavarse las manos llenas de grasa. Mientras tomaba el cepillo de las uñas y el jabón de debajo del fregadero, se obligó a reconocer que Sheba tenía razón. Dani sabía cómo camelar al público y, aunque no había querido admitirlo antes, ya había pensado en incluirla en el número. Su reticencia provenía de lo difícil que sería entrenarla.

 

Todas las ayudantes con las que había trabajado en el pasado habían sido artistas con experiencia y no les daban miedo los látigos. Pero Dani sentía terror. Si se sobresaltaba cuando no debía...

 

Ahuyentó ese pensamiento. Podía entrenarla para que no se sobresaltase y permaneciese completamente inmóvil. Su tío Sergey lo había entrenado a él y lo había hecho tan bien que incluso cuando la función terminaba y aquel pervertido hijo de puta lo hostigaba por alguna ofensa imaginaria, Kevin no había movido ni un solo músculo.

 

Su mente había recorrido aquel tortuoso camino de su infancia más veces de

las que quería recordar y no quería remover aquella mierda otra vez, así que apartó un lado aquellos viejos recuerdos. Había otra ventaja en utilizar a Dani como ayudante, una más importante que el simple hecho de cambiar el número, le daría a él una razón válida para mandarle menos trabajo, una razón contra la que ella no podría discutir.

 

Aún no podía creer que Dani se hubiera negado a permitir que le facilitara las cosas. Esa mañana Kevin había vuelto a insistir, pero algo en la expresión de su esposa lo había hecho desistir. El trabajo era importante para ella; se había dado cuenta de que Dani lo consideraba una especie de prueba de supervivencia.

 

Pero a pesar de lo que ella pensaba, él no tenía intención de permitir que acabara agotada. Lo supiera Dani o no, actuar en la pista central con él era mucho menos duro que recoger estiércol de elefante. O limpiar jaulas.

 

Mientras se lavaba las manos y se las secaba con una toalla de papel, recordó lo frágil que la había sentido bajo ellas la noche anterior. La manera de hacer el amor de su esposa había sido tan buena que lo asustaba. No se lo había esperado, nunca se hubiera imaginado que Dani tuviera tantas facetas: inocente y tentadora, infantil e insegura, agresiva y generosa. Había querido conquistarla y protegerla al mismo tiempo, y ahora estaba jodidamente confundido.

 

Al otro lado del recinto, Dani salió del vagón rojo. A Kevin no le agradaría descubrir que había hecho un par de llamadas a larga distancia con su móvil, pero ella estaba más que satisfecha con lo que había aprendido del guardián del zoo de San Diego. El hombre le había sugerido algunos cambios que ella intentaría llevar a cabo: tenía que reajustar la dieta de los animales, darles vitaminas extras y cambiar los horarios de alimentación.

 

Caminó hacia la caravana, donde había visto dirigirse a su marido unos minutos antes. Al terminar las tareas en la casa de fieras había ido a echarle una mano a Digger, pero el hombre le había dicho con un gruñido que no necesitaba su ayuda, así que Dani había decidido aprovechar esas horas libres para ir a la biblioteca de la localidad. La vio al pasar por el pueblo y quería investigar un poco más sobre los animales. Pero antes tenía que conseguir que Kevin le dejara las llaves de la camioneta, cosa que, hasta entonces, no había conseguido.

 

Cuando ella entró en la caravana, él estaba delante del fregadero lavándose las manos. La atravesó una especie de vértigo absurdo. Kevin era demasiado grande para un lugar tan estrecho y Dani pensó que aquella oscura presencia que él poseía parecía mucho más adecuada para vagar por un páramo inglés del siglo XIX que para viajar con un circo itinerante del siglo XX. Kevin se volvió y ella contuvo el aliento ante el impacto de esa mirada color ámbar.

 

-¿Podrías dejarme las llaves de la camioneta? -dijo Dani cuando recuperó la voz. -Tengo que hacer unos recados.

 

-¿Vas a ir a comprar tabaco?

 

-Por si no te has dado cuenta, he dejado de fumar.

 

-Estoy orgulloso de ti. - Kevin lanzó la toalla de papel a la basura y Dani observó cómo la camiseta se le pegaba al pecho húmedo de sudor. Tenía una mancha de grasa en el brazo. -Te llevaré dentro de una hora o así.

 

-Puedo ir sola. Esta mañana vi una lavandería al lado de la biblioteca del pueblo. He pensado que podría hacer la colada y, al mismo tiempo, pillar algún libro. ¿Te parece bien?

 

-Genial. Pero prefiero llevarte yo.

 

-¿Tienes miedo de que te robe la camioneta?

 

-No. Es sólo que... la camioneta no es mía. Es del circo y no creo que tú debas conducirla.

 

-Soy una conductora excelente. No voy a darle ningún golpe.

 

-Eso no puedes asegurarlo.

 

Dani tendió la mano decidida a salirse con la suya.

 

-Por favor, dame las llaves.

 

 

-Te acompañaré y aprovecharé para coger un libro de la biblioteca.

Ella le dirigió su mirada más intimidante.

 

-Las llaves, por favor.

Él se frotó la barbilla con los dedos como si considerase la idea.

 

-Hagamos un trato. Desabróchate la camisa y te daré las llaves.

 

-¿Qué?

 

-Es mi mejor oferta. O la tomas o la dejas.

 

Al observar el brillo divertido en los ojos de Kevin Dani se preguntó cómo alguien tan serio podía tener una naturaleza tan juguetona cuando se trataba de sexo.

 

-¿De verdad esperas que yo...?

 

-Aja. - Kevin se apoyó en el fregadero y se cruzó de brazos, esperando.

 

Una ardiente llamarada de excitación atravesó el cuerpo de Dani al ver el deseo en los ojos de Kevin. No estaba segura de estar preparada para otro encuentro sexual con él, pero por otra parte... ¿qué daño podía hacerle jugar un rato? La humedad de la blusa le recordó que llevaba toda la mañana trabajando y que estaba sucia. Aunque por otro lado, él también lo estaba y, después de todo, sólo retozarían un poco. Entonces ¿qué importaba lo demás?

 

Lo miró por encima del hombro con un gesto altivo.

 

-No acostumbro a utilizar mi cuerpo como moneda de cambio. Es ofensivo.

 

-Siento que pienses así. -Sacó las llaves del bolsillo y, con exagerada

inocencia, las lanzó al aire y las cogió con la mano.

 

La suave piel de los pechos de Dani se erizó bajo la húmeda camisa y los pezones se le pusieron como guijarros.

 

-¿De verdad te gustaría que hiciera algo así?

 

-Cariño, me encantaría.

 

Conteniendo una sonrisa, Dani se desabrochó lentamente el botón superior.

-Está bien, pero sólo una miradita. -Una vocecilla interior le dijo que estaba jugando con fuego, pero la ignoró.

-Con una miradita conseguirás la llave de la puerta, pero no la del contacto.

 

Dani se desabrochó otro botón.

 

-¿Qué tendría que hacer para conseguir la llave del contacto?

-¿Llevas sujetador?

 

-Sí.

 

-Pues quitártelo.

 

Dani sabía que debería poner fin al juego en ese momento, pero se desabrochó el siguiente botón.

 

-Bueno, supongo que como eres el responsable de la camioneta, es normal que pongas tú las reglas.

 

-Quizá debería pensármelo un poco más.

 

-No hagas que me ponga duro. -El ronco susurro de Kevin no era amenazador, pero hizo que Dani se pusiera a temblar.

-Ya que te pones así... -abrió la blusa, mostrando un sujetador con un estampado floral.

-Quítatelo también.

 

Dani se lo acarició con la mano, pero no lo abrió.

 

-Haz lo que te digo y nadie resultará herido.

 

Dani no pudo ocultar una sonrisa mientras abría el broche. Se desprendió lentamente de las húmedas copas de encaje que le cubrían los pechos y se exhibió ante él con descarado atrevimiento, sin haberse desnudado del todo, pero con la blusa abierta y los pechos desnudos.

 

-Eres preciosa. -El susurrante cumplido de Kevin la hizo sentir la mujer más bella del mundo.

 

-¿Lo bastante para que me des la llave del contacto?

 

-Lo suficiente para que te dé toda la puta camioneta.

 

En dos pasos la tomó entre sus brazos. Kevin bajó la cabeza con rapidez y le cubrió la boca con la suya, y Dani sintió que el mundo comenzaba a girar como un loco carrusel. Él se deshizo de la camisa de Dani fácilmente, bajándosela por los hombros;

 

-Estoy sucia y sudada.

-Yo también, así que no hay problema. -Con un rápido movimiento Kevin se quitó la manchada camiseta por la cabeza. -Vas demasiado vestida para mi gusto.

 

Dani se deshizo de los zapatos y se desabrochó los vaqueros, pero al parecer no con la suficiente rapidez para él.

 

-¿Por qué tardas tanto? -En unos instantes Kevin le había arrancado la ropa para dejarla tan desnuda como él.

 

Los ojos de Dani recorrieron el cuerpo de su marido, los músculos marcados, la piel morena y el vello del pecho donde resaltaba la medalla esmaltada. Tenía que preguntarle por ella. Tenía que preguntarle muchas cosas.

 

Cuando Kevin se dejó caer junto a ella, Dani inhaló el carnal olor a sudor, producto del trabajo duro, y se preguntó por qué no se sentía asqueada. Lo primitivo de aquel encuentro la excitaba de una manera que nunca hubiera creído posible. El desenfreno que sentía la hacía avergonzarse.

 

-T-tengo que ducharme.

 

-Después. - Kevin cogió un condón del cajón de la mesilla, lo abrió y se lo puso.

 

-Pero estoy muy sucia.

 

Él le separó las rodillas.

 

-Quiero que disfrutes, Dani.

 

Ella gimió y le mordió el hombro cuando se apretó contra ella. Su piel le supo a sal y a sudor; lo mismo que él saboreaba en sus pechos. Se le puso un nudo en la garganta.

 

-De verdad, Kevin, tengo que ducharme.

-Después.

-Oh, Dios mío, ¿qué me estás haciendo?

-¿Te gusta?

-¿Te gusta a ti?

-Sí. ¿Quieres más?

-Sí, oh, sí.

 

Olores y sabores. Caricias. Sudor y fuerza bajo las palmas de las manos de Dani mientras Kevin embestía una y otra vez.

 


Dani dejó la cama en cuanto pudo y se metió en el cuarto de baño. Mientras el agua caía sobre su cuerpo se estremeció por esa desconocida y salvaje parte de sí misma ¿Era sagrada o profana? ¿Cómo podía abandonarse de esa manera a un hombre al que no amaba? Aquella pregunta la atormentaba.

Cuando salió del baño envuelta en una toalla, con la piel limpia y el alma confusa, Kevin estaba apoyado en el fregadero. Se había vuelto a poner los vaqueros sucios y sostenía una cerveza en la mano.

 

La miró fijamente y frunció el ceño.

 

-Vas a complicarlo todo, ¿verdad?

 

Ella cogió ropa limpia del cajón y le dio la espalda para vestirse.

 

-No sé a qué te refieres.

-Lo veo en tu cara. Estás dándole vueltas a lo que acaba de ocurrir.

-¿Y tú no?

-¿Por qué iba a hacerlo? Es sólo sexo, Dani. Es divertido y ardiente. Y no hace falta enredarlo más.

 

Ella señaló la cama con la cabeza.

 

-¿Te ha parecido algo sencillo?

-Ha estado bien. Eso es todo lo que importa.

 

Dani se subió la cremallera de los pantalones cortos y se puso unas sandalias.

-Te has acostado con muchas mujeres, ¿verdad?

 

-No de manera indiscriminada, si es eso lo que quieres decir.

 

-¿Ha sido así siempre?

 

Kevin vaciló.

-No.

Por un momento, desapareció parte de la tensión de Dani.

-Me alegro. Quiero que signifique algo.

 

-Lo único que significa es que, aunque nos cueste comunicarnos a nivel mental, nuestros cuerpos no encuentran ninguna dificultad para hacerlo.

 

-No creo que sea tan sencillo.

 

-Para mí sí.

 

-La tierra se ha movido -dijo ella suavemente. -Es algo más que dos cuerpos que se atraen.

 

-A veces sucede, a veces no. A nosotros nos pasa y punto.

 

-¿De verdad crees eso?

 

-Dani, escúchame. Si comienzas a imaginar cosas que no van a ocurrir, lo único que conseguirás es salir herida.

-No sé lo que quieres decir.

 

Kevin la miró fijamente a los ojos y ella sintió como si estuviera mirándole el alma.

-No voy a enamorarme de ti, cariño. No ocurrirá. Me importas, pero no te amo.

 

Cómo herían esas palabras. ¿De verdad era amor lo que quería de él?

 

Ciertamente, lo deseaba. Lo respetaba. ¿Pero cómo era posible llegar a amar a alguien que sentía tan poco aprecio por ella? En lo más profundo de su alma sabía que a ella le resultaría muy difícil amar a un hombre como Kevin Markov.

 

Él necesitaba a alguien tan terco y arrogante como él, alguien obstinado e imposible de intimidar, una mujer que no se echara a temblar ante todos esos oscuros ceños y que le respondiera de la misma manera. Una mujer que se sintiera como en casa en el circo, que no temiera a los animales ni el trabajo agotador. Necesitaba a Sheba Quest.

 

Los celos la inundaron. Aunque reconocía la lógica de que Kevin y Sheba eran perfectos el uno para el otro, su corazón rechazaba la idea.

 

Vivir con él le había enseñado algo de orgullo, y Dani irguió la cabeza.

 

-Lo creas o no, no me he pasado todo el tiempo pensando en cómo voy a conseguir que te enamores de mí. -Cogió la cesta de ropa que se iba a llevar a la lavandería. -De hecho, no quiero tu amor. Lo que sí quiero son las llaves de la maldita camioneta.

 

Las cogió del mostrador y salió corriendo hacia la puerta. Él se movió con rapidez para bloquearle el paso. Kevin le quitó la cesta de las manos.

 

-No pretendo hacerte daño, Dani -dijo. -Me importas. No quería que fuera así, pero no puedo evitarlo. Eres dulce y graciosa, y me encanta mirarte.

 

-¿De veras?

 

-Aja.

 

Dani alargó la mano para limpiarle con el pulgar una mancha del pómulo.

 

-Bueno, a pesar de que eres un hombre con muy mal genio, también me gusta

mirarte.

 

-Me alegro.

 

Ella sonrió e intentó coger de nuevo la cesta de la ropa sucia, pero él no se la dio.

 

-Antes de que te vayas... Sheba y yo hemos hablado. A partir de ahora tendrás una nueva tarea.

 

Ella lo miró con cautela.

 

-Ya estoy ayudando con los elefantes y con las fieras. No creo que tenga tiempo para hacer nada más.

 

-A partir de ahora, ya no te encargarás de los elefantes, y Trey se hará cargo de la casa de fieras.

 

-Los animales son responsabilidad mía.

 

-Bien. Puedes supervisarlo si quieres. El hecho es, Dani, que le gustas al público y Sheba quiere aprovecharse de ello. Actuarás conmigo. -Ella clavó los ojos en él. -Comenzaré a entrenarte mañana.

 

Dani se dio cuenta de que le rehuía la mirada.

 

-¿Entrenarme para que haga qué?

 

-Tu trabajo consistirá en estar quieta y hermosa.

 

-¿Y qué más?

 

-Tendrás que ayudarme. No será difícil.

 

-Ayudarte. ¿A qué te refieres con eso de ayudarte?

 

-Sólo eso. Lo hablaremos mañana.

 

-Dímelo ahora.

 

-Sostendrás algunas cosas, eso es todo.

 

-¿Sostenerlas? -Dani tragó saliva. -¿Las arrancarás de mi mano?

 

-De tu mano -Kevin hizo una pausa, -de tu boca.

 

Dani palideció.

 

-¿De mi boca?

 

-Es un truco fácil. Lo he hecho centenares de veces, y no debes preocuparte de nada. -Kevin abrió la puerta y le puso la cesta en los brazos. -Si quieres pasarte por la biblioteca, será mejor que te vayas ya. Te veré más tarde.

 

Con un suave empujón la echó afuera. Dani se dio La vuelta para decirle que de ninguna manera pensaba actuar en la pista central con él, pero Kevin le cerró la puerta en las narices antes de que pudiera pronunciar una sola palabra.

 

CAPITULO 11 BESAR A UN ANGEL :)

Capitulo largo!


Kevin volvió a dirigirle la palabra cuando llegaron al nuevo recinto.

 

Cuando bajó de la camioneta y empezó a desenganchar la caravana, le dijo a Dani que no volvería a trabajar con los animales. Que debía dedicarse a cosas más ligeras, como ordenar el vestuario y, claro está, aparecer en el desfile todas las noches.

 

Ella lo miró con el ceño fruncido.

-Pensaba que te alegraría no tener que trabajar tan duro -dijo él. -¿Qué es lo que te parece mal ahora?

-¿Por qué has esperado hasta esta mañana para aligerar mis tareas?

-Por ninguna razón en particular.

-¿Seguro?

-Déjate de rodeos y dime qué estás pensando.

-Me siento como una prostituta a la que están pagando por los servicios prestados.

 

-Vaya ridiculez. Había tomado la decisión antes de que nos acostáramos juntos. Además, quién dice que tendría que pagarte.

Creo sin duda alguna que mi actuación fue buenísima.

Ella no picó el anzuelo.

 

-Dije que me ocuparía de las fieras y eso es lo que haré.

-Y yo te digo que no tienes por qué hacerlo.

-Y yo digo que quiero hacerlo. -Era cierto. Tras su experiencia con los elefantes, sabía que sería un trabajo duro, pero no podía ser peor de lo que ya había sido.

 

Había sobrevivido. Había recogido estiércol hasta que le salieron ampollas en las manos, había transportado pesadas carretillas y había sido golpeada por malhumorados elefantitos. Se había enfrentado al miedo y todavía seguía en pie -magullada, tal vez- pero con la cabeza bien alta.

 

El la miró con una mezcla de incredulidad y algo que casi parecía admiración, aunque Dani sabía que no podía ser eso.

 

-¿Por qué no me haces caso y dejas correr el tema?

 

Dani se mordisqueó el labio inferior y frunció el ceño.

 

-Mira, no sé qué me deparará el futuro, me limito a vivir el día a día.

Ahora mismo lo único que tengo claro es que tengo que hacerlo.

-Dani, es demasiado trabajo.

 

-Lo sé. -Sonrió. -Por eso tengo que hacerlo.

 

Kevin la observó un buen rato y luego, para sorpresa de Dani, inclinó la cabeza y la besó. Allí mismo, en mitad del recinto, con todos yendo de un lado para otro, con Brady y sus hijos ensayando sus saltos acrobáticos y Beatriz haciendo equilibrios a su lado. En medio de todo eso le dio un beso largo y profundo.

 

Cuando se separaron, ella se sentía débil y jadeante. É levantó la cabeza y miró a su alrededor. Dani esperaba que se sintiera avergonzado por aquella exhibición pública, pero no lo parecía. Quizás intentaba compensar el incidente de la fiesta sorpresa, o tal vez sus motivaciones fueran más complicadas pero, sin importar cuál fuera la razón, había dejado claro a todo el que quisiera mirar que ella significaba algo para él.

 

Dani tuvo poco tiempo para pensar en el tema cuando emprendió sus tareas en la casa de fieras. Poco después apareció un joven llamado Trey Skinner que dijo que Kevin le había enviado para ayudarla con el trabajo más pesado. Dani le mandó poner la jaula de Sinjun a la sombra y meter dentro un poco de heno, después le dijo que podía marcharse.

 

Por suerte, Lollipop no intentó escupirle de nuevo, pero aun así Dani se mantuvo alejada de la llama. Además de Lollipop, Sinjun y Chester, en la casa de fieras también había un leopardo llamado Fred, un buitre con las alas cortadas y una gorila. Había también una boa pero, para alivio de Dani, la serpiente se había convertido en la mascota de Jill y vivía en su caravana cuando no estaba en la exhibición.

 

Siguiendo las escuetas instrucciones de Digger, Dani alimentó a los animales y después comenzó a limpiar las jaulas, empezando por la de Sinjun. El tigre la miraba con aire condescendiente cuando comenzó a remojarlo con la manguera, como si le estuviera otorgando el privilegio de servirlo.

 

-No me gustas -murmuró ella empapándolo de agua.

«Mentirosa.»

Ella casi dejó caer la manguera.

-Deja de hacer eso -siseó. -Deja de meterte en mi mente.

 

El tigre bostezó y se estiró bajo el chorro de agua, haciéndola sentir increíblemente tonta.

 

Cuando terminó de duchar a Sinjun, volvió a la carpa y miró a la gorila que recibía el nombre de Glenna y ocupaba la jaula de la esquina. Sus ojos color chocolate parecían tristes y le sostuvieron la mirada cuando la observó a través de los barrotes oxidados de aquella vieja jaula que parecía demasiado pequeña para ella. Algo en la tranquila resignación del animal enterneció a Dani, que se acercó a la jaula.

Glenna se sentó, observándola en silencio, estudiando a uno más de

los cientos de humanos que pasaba cada día por su jaula. Dani se detuvo y esperó. De alguna manera sentía que tenía que obtener el permiso de Glenna para poder acercarse más, como si en este pequeño acto la gorila tuviera voz y voto.

 

Glenna se acercó a la parte delantera de la jaula y la observó. Lentamente el animal levantó el brazo y lo metió entre los barrotes. Dani la miró y se dio cuenta de que la gorila trataba de darle la mano.

 

Glenna esperó pacientemente, con la mano tendida hacia ella. A Dani se le aceleró el corazón. Si apenas se atrevía a acariciar a un gatito, ni hablar de tocar a un animal salvaje. Quiso darse la vuelta, pero el animal parecía tan humano que ignorar su gesto hubiera sido imperdonable, y se acercó vacilante hacía ella.

 

Glenna se mantuvo inmóvil con la palma hacia arriba. Con gran renuencia, Dani extendió la mano y tocó cautelosamente la punta del dedo de Glenna con su dedo índice. Era blanda y suave. Sintiéndose un poco más valiente, deslizó el dedo sobre el de la gorila. Glenna cerró los ojos y suspiró con suavidad.

 

 

Según transcurrió la mañana, se multiplicaron las dudas de Dani sobre el cuidado correcto de los animales. Varias veces acudió a Digger para pedir consejo sobre piensos y rutinas diarias y, cada vez que se acercaba, Tater le daba un golpe con la trompa como si fuera el matón del patio.

 

Digger respondió a las preguntas a regañadientes, por lo que Dani supuso que todavía estaba molesto por lo ocurrido el día anterior. La segunda vez que se acercó a preguntarle ese día, él escupió cerca de la deportiva de ella.

 

-No tengo tiempo para más preguntas, señorita. No quiero que nadie piense que no hago mi trabajo.

 

-Digger, no dije que no hicieras tu trabajo. Sólo estaba preocupada por las condiciones en las que se encontraban los animales de la casa de fieras. -Dani se preguntó para sus adentros si Digger conocería realmente la manera correcta de tratar a los animales de la exposición.

 

-Llevo cincuenta años cuidando animales. ¿Cuánto llevas tú?

-Sólo dos semanas. Por eso necesito tu consejo.

-No tengo tiempo para hablar. Tengo demasiado trabajo que hacer. -

 

El hombre miró por encima del hombro de Dani y esbozó una amplia sonrisa que dejó al descubierto sus dientes amarillentos y los huecos de los que le faltaban. La joven se dio cuenta demasiado tarde de cuál era la fuente de su diversión. Tater se había acercado a ella a hurtadillas.

 

«¡Zas!»

 

Dani sintió como si le hubieran golpeado en el pecho con una alfombra enrollada. Sin nada a lo que aferrarse, patinó por el suelo antes de tropezar con un fardo de heno. Cayó de lado sobre el estiércol golpeándose la cadera y el dolor le atravesó el cuerpo de arriba abajo. La risa cascada de Digger resonó en sus oídos. Dani levantó la cabeza justo a tiempo de ver en los ojos de Tater una expresión que se parecía muchísimo a una sonrisa de satisfacción.

 

Dani comenzó a ver rojo. ¡Ya había tenido suficiente!

 

Ignorando el dolor de la pierna y de la cadera, se puso bruscamente en pie y se plantó delante del elefantito meneando el puño ante sus narices.

 

-¡No vuelvas a hacerlo! ¡Jamás! ¿Me has oído?

 

El elefante retrocedió torpemente mientras ella avanzaba hacia él.

 

-Eres bruto, sucio y malo. ¡Y la próxima vez que me tires, lo lamentarás! ¡No dejaré que sigas abusando de mí! ¿Me has entendido?

 

Tater soltó un gemido lastimoso y agachó la cabeza, pero ya se había pasado demasiado con ella y Dani no se ablandó. Olvidando su aversión a tocar animales, le clavó el dedo índice en la trompa.

 

-¡Si quieres mi atención, compórtate como es debido! ¡Pero no vuelvas a golpearme!

 

Él encogió la trompa y plegó una de sus orejas. Dani se irguió en toda su estatura.

 

-¿Nos entendemos o no?

Tater levantó la cabeza y le dio una cabezadita en el hombro. Ella se

cruzó de brazos, rechazando aquella oferta de reconciliación.

-No puedo olvidar lo que has hecho.

 

-Lo siento, pero te va a llevar tu tiempo. Tienes que hacerme olvidar muchas cosas. Ahora si me perdonas, tengo que volver a la casa de fieras. -Se giró para marcharse.

Tater gimió. Desconsolado. Triste. Como un niño que hubiera perdido a su madre.

 

Dani aminoró el paso y se le rompió el corazón cuando vio al desolado elefantito con las orejas caídas y los oscuros ojos tristes. Arrastraba la pequeña trompa por el suelo manchándola de tierra.

 

-Tú te lo has buscado -señaló.

 

El animal soltó un gemido plañidero.

 

-Yo intenté ser simpática.

 

Otro gemido patético. Y luego, para asombro de Dani, vio que comenzaban a caerle lágrimas de los ojos. Digger le había dicho que los elefantes eran uno de los animales más sentimentales que existían y que además lloraban, pero no le había creído. Ahora, mientras observaba resbalar las lágrimas por la arrugada piel de Tater, se evaporó todo su resentimiento.

 


-Eso no vale. Eres tan llorón como yo.

 

Él levantó la cabeza y dio unos pasos vacilantes hacia ella. Cuando estuvo a su lado se paró como si quisiera pedir permiso antes de restregarle la cabeza contra el hombro.

 

Una vez más casi la arrojó al suelo, pero esta vez el gesto había sido cariñoso. Dani le acarició la frente.

 

-No pienses que te perdono porque soy una debilucha. Tienes que mejorar tus modales o todo habrá terminado entre nosotros.

 

Él se frotó contra ella con la misma suavidad que un patito.

-Nada de golpes. Nada de trucos.

 

-Eres un bebé tonto.

 

Mientras Dani perdía el corazón por el elefante, Kevin estaba en la puerta trasera del circo, observando lo sucedido. Vio cómo el elefante curvaba la trompa en torno al brazo de su esposa y sonrió. Lo supiera Dani o no, acababa de hacer un amigo para toda la vida. Se rio entre dientes y se encaminó hacia el vagón rojo.



Beatriz nunca se había sentido tan desdichada. Sentada en la mesa de cocina de la Airstream de su padre, clavó la mirada en los deberes de la escuela, pero lo escrito en la página no captaba su atención. Como los demás niños del circo, recibía lecciones por correspondencia a través de la Calvert School de Baltimore, un lugar especializado en enseñar a los niños que no podían ir a la escuela. Cada pocas semanas llegaba un grueso paquete con libros, cuadernos y exámenes.

 

Sheba se había acostumbrado a supervisar la tarea escolar de Beatriz, pero la educación de la mujer no había sido demasiado buena y no había mucho que pudiera hacer excepto comprobar los exámenes. Beatriz tenía dificultades con la geografía y había suspendido lengua inglesa.

 

En ese momento apartó el libro y miró el cuaderno de apuntes que había debajo, donde había garabateado algunos nombres. «Señora de Kevin Markov. Beatriz Markov. Beatriz Pepper Markov.»

 

«Mierda.» ¿Porque él lo había permitido? ¿Por qué Kevin había dejado que Dani lo besara de esa manera delante de todo el mundo? Beatriz había querido morirse al presenciar ese beso. Odiaba a Dani, y lo mejor que le había ocurrido esas dos semanas había sido verla sucia y cubierta de mierda. Era lo que se merecía, estar cubierta de mierda.

 

Más de una vez, Beatriz había intentado aliviar la culpa que sentía por lo que le había hecho a Dani diciéndose a sí misma que se lo merecía. Que allí no había sitio para ella. Que no encajaba en el circo.

 

Y que nunca debería haberse casado con Kevin Que Kevin era suyo.

 

Se había enamorado de él hacía seis semanas, la primera vez que lo vio. Al contrario que su padre, Kevin siempre tenía tiempo para hablar con ella. No le importaba pasar el rato con ella e incluso, antes de que llegara Dani, había dejado que lo acompañara a hacer algunos recados. Una vez, en Jacksonville, habían ido juntos a una sala de exposiciones y le había explicado cosas sobre los cuadros. También la había invitado a hablar sobre su madre y en dos ocasiones la había consolado por algo que le había dicho su terco padre.

 

Pero a pesar de lo mucho que lo amaba, Beatriz sabía que aún la veía como una niña. Últimamente había estado pensando en que tal vez, si él se hubiera dado cuenta de que era una mujer, la habría mirado de forma diferente y no se habría casado con Dani.

 

De nuevo sintió que le invadía la culpa. No había planeado coger ese dinero y esconderlo en la maleta de Dani, pero había entrado en el vagón rojo y Dani estaba ocupada con aquella llamada telefónica. El cajón de la recaudación estaba abierto y, simplemente, había ocurrido.

 

Estaba mal, pero no dejaba de decirse a sí misma que no era tan grave como parecía. Kevin no amaba a Dani, hasta Sheba lo decía. Dani cargaría con la culpa del delito y él se desharía de ella ahora en vez de más adelante.

 

Pero el beso que había presenciado esa mañana le decía que Dani no iba a dejarlo escapar con tanta facilidad. Beatriz todavía no podía creerse la manera en que se había abalanzado sobre él. ¡ Kevin no la necesitaba! No necesitaba a Dani cuando podía tenerla a ella.

 

¿Pero cómo iba a saber él lo que ella sentía si nunca se lo había dicho? Apartó los libros a un lado y se levantó de un salto. No podía soportarlo más. Tenía que hacerle entender que ya no era una niña. Tenía que hacerle entender que no necesitaba a Dani.

 

Sin darse tiempo a pensarlo dos veces, salió rápidamente de la caravana y se encaminó al vagón rojo.



Kevin levantó la vista del escritorio cuando entró Beatriz. La jovencita llevaba metidos los pulgares dentro de los bolsillos de unos pantalones cortos de cuadros, que quedaban casi cubiertos por completo por una enorme camiseta blanca. Se la veía pálida e infeliz, como un hada con las alas cortadas. Sintió pena por ella. La trataban de una manera muy dura, pero a pesar de eso seguía luchando y a él

le gustaba que lo hiciera.

-¿Qué te pasa, cariño?

 

Ella no le respondió. En vez de eso deambuló por la caravana, tocando el brazo del sofá o cogiendo un archivador. Kevin vio una imperceptible mancha naranja en la mejilla, donde había intentado tapar una espinilla, y sintió un atisbo de ternura. Algún día, muy pronto, Beatriz se convertiría en una auténtica belleza.

 

-¿Problemas?

 

Ella levantó la cabeza de golpe.

 

-No.

 

-Bien.

 

Beatriz tragó saliva y se aclaró la garganta.

 

-Es sólo que pensé que tal vez quisieras saber... -La jovencita inclinó la cabeza y comenzó a mordisquearse una uña ya comida.

 

-¿Saber qué?

 

-Vi lo que Dani te ha hecho hoy -dijo Beatriz con rapidez. -Sólo quiero que sepas que sé que no puedes evitarlo y todo eso.

 

-¿Y qué me hizo Dani?

-Ya sabes a qué me refiero.

 

-Pues me temo que no.

 

-Ya sabes -ella clavó la vista en un punto sobre la mesa. -Te ha besado donde todos podían verlo y todo eso. Te ha humillado.

 

Tal y como Kevin lo recordaba, había sido él quien la había besado a ella. No le gustaba la manera en la que todos miraban el vientre de su esposa y contaban los meses con los dedos. Tampoco le gustaba la manera en que la ridiculizaban a sus espaldas, en especial cuando sabía que él tenía la culpa.

 

-No sé qué tiene que ver eso contigo, Beatriz.

 

Ella se agarró las manos y habló atropelladamente.

 

-Todos saben lo que sientes por ella y todo eso. Que no te gusta. Y cuando mi padre me dijo que no estaba embarazada ni nada, no pude entender por qué le casaste con ella. Luego recordé que los tíos os volvéis locos si tenéis una chica cerca y no podéis... ya sabes... mantener relaciones con ella, pero a veces os dicen que no conseguiréis nada a menos que os caséis con ellas. Así que me imaginé que fue por esa razón por la que te casaste con ella. Pero lo que quiero decir es que... si quieres que se vaya y todo eso...

 

Por primera vez desde que comenzó su acalorada perorata, lo miró directamente a los ojos y él vio desesperación en ellos. Beatriz hizo una mueca y soltó a borbotones el resto de las palabras.

 

-Sé que piensas que soy una niña, pero no lo soy. Tengo dieciséis años. Puede que no sea tan bonita como Dani, pero ya soy una mujer y puedo hacer que... te dejaría mantener relaciones sexuales conmigo y todo eso, así no tendrías que hacerlo con ella.

 

Kevin se quedó pasmado y no supo qué decir. Beatriz se había puesto colorada como un tomate -probablemente igual que él- y no hacía otra cosa que mirar el suelo.

 

Él se puso en pie lentamente. Se había enfrentado a sucios borrachos y camioneros con navajas, pero nunca a nada semejante. Beatriz había confundido su amistad con otra cosa y tenía que aclararlo de inmediato.

 

-Beatriz... - Kevin se aclaró la garganta y rodeó el escritorio. Cuando se detuvo, Dani apareció en la puerta detrás de Beatriz, pero la adolescente estaba tan absorta en lo que había dicho que no se dio cuenta. Dani debió de notar que estaba ocurriendo algo importante porque se detuvo y esperó.

 

-Beatriz, cuando una jovencita se encapricha...

 

-¡No es un encaprichamiento! -Beatriz levantó la cabeza con los ojos suplicantes y llorosos. -Me enamoré de ti a primera vista, y creía que quizá tú también me querías, pero que, como era tan joven y todo eso, no te decidías a dar el primer paso. Por eso he venido a decírtelo.

 

Kevin deseó que Dani le echara una mano, pero ella seguía inmóvil y en silencio, asimilando lo que acababa de oír. Por el bien de Beatriz, él tenía que hacerle ver la realidad de la situación.

 

-No me amas, Beatriz.

 

-¡Sí te amo!

 

-Sólo crees que me amas. Pero eres una niña, es sólo un encaprichamiento absurdo. Lo superarás. Créeme, dentro de un par de meses los dos nos reiremos de esto.

 

Beatriz lo miró como si la hubiera abofeteado y Kevin se dio cuenta de que había metido la pata. La chica respiró hondo y se le llenaron los ojos de lágrimas. Pensó con consternación en cómo podría reparar el daño.

 

-Me gustas, Beatriz, en serio. Pero sólo tienes dieciséis años. Yo soy adulto y tú eres todavía una niña. -Se dio cuenta por su expresión de que sólo estaba empeorando las cosas. Nunca se había sentido tan indefenso y le lanzó a Dani una mirada suplicante.

 

Para irritación de Kevin, su esposa puso los ojos en blanco, como si él fuera la persona más estúpida de la tierra. Luego se plantó delante de Beatriz como un vaquero en un duelo.

 

-¡Sabía que te encontraría aquí, lagarta! ¡Piensas que porque eres joven y muy guapa puedes robarme al marido sin que yo te lo impida!

 

Beatriz la miró boquiabierta y dio un paso atrás. Kevin clavó los ojos en Dani con incredulidad. De todas las idioteces que la había visto hacer, y eran unas cuantas, ésta se llevaba la palma. Incluso un retrasado mental se habría dado cuenta de lo histriónico de sus palabras.

 

-¡No me importa lo joven y guapa que seas! -exclamó Dani. -¡No

dejaré que arruines mi matrimonio! -y con aire dramático alargó el brazo y señaló la puerta con un dedo. -Ahora te sugiero que te largues de aquí antes de que haga algo de lo que pueda arrepentirme.

 

Beatriz cerró la boca de golpe. Corrió a ciegas hacia la puerta y huyó de allí.

 

Pasaron varios segundos antes de que Kevin se hundiera bruscamente en el sofá y preguntara:

 

-¿La he cagado?

 

Dani lo miró con algo parecido a la piedad.

 

-Para ser un hombre listo no pareces tener demasiado sentido común.


 

hasta aquii chikitaass!!!

espero k les haya ggustado el caap1!!!!!

k opinaan!!!! jejejjee

buenoo espero sus comentarioss y subire prontoo!

CAPITULO 11 BESAR A UN ANGEL :)

PARTE 1

-¿Qué has dicho? -Kevin se incorporó sobre ella con rapidez.

 

Dani quiso morderse la lengua. ¿Cómo podía habérsele escapado aquello? Había estado tan somnolienta y feliz que había pensado en voz alta.

 

-N-nada -tartamudeó, -no he dicho nada.

-Te he oído claramente.

-Entonces, ¿para qué preguntas?

-Has dicho que ya no eres virgen.

-¿En serio?

-Dani... -la voz de Kevin tenía un ominoso tono de advertencia. -¿Lo has dicho literalmente?

 

Ella intentó adoptar un tono de superioridad.

 

-No es asunto tuyo.

 

-Bobadas. -El saltó fuera de la cama, agarró los vaqueros y se los puso como si fuera obligatorio poner algún tipo de barrera entre ellos. Se giró para enfrentarse a ella. -Dime, ¿a qué estás jugando?

 

Dani no pudo evitar fijarse en que él no se había subido la cremallera de los vaqueros y tuvo que obligarse a apartar la vista de la tentadora V de aquel duro y plano vientre.

 

-No quiero hablar de eso.

 

-¿No esperarás en serio que crea que eras virgen?

 

-Claro que no. Tengo veintiséis años.

 

Él se pasó la mano por el pelo y se paseó de un lado a otro del estrecho espacio que había a los pies de la cama. Parecía como si no la hubiera oído.

 

-He notado que eras muy estrecha. He creído que era porque había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuviste con alguien, pero nunca hubiera imaginado.... ¿Cómo coño has llegado a los veintiséis años sin echar un polvo?

 

Ella se incorporó bruscamente.

 

-No es necesario usar esa clase de lenguaje. ¡Quiero que te disculpes ahora mismo!

 

Él la miró como si se hubiera vuelto loca.

 

Ella le sostuvo la mirada. Si Kevin pensaba que se iba a acobardar, podía esperar sentado. Durante los años que había vivido con Lani había oído suficientes palabras obscenas para toda una vida y no pensaba dejar pasar aquel tema por alto.

 

-Estoy esperando.

 

-Responde a la pregunta.

 

-Después de que te disculpes.

 

-¡Lo siento! -gritó él, perdiendo su rígido control. -O me dices la verdad ahora mismo o voy a estrangularte con las medias y a arrojar tu cuerpo en una zanja al lado de la carretera después de pisotearlo.

 

Como disculpa no valía mucho, pero Dani no esperaba conseguir nada mejor.

 

-No soy virgen -repuso con suavidad.

 

Por un momento, Kevin pareció aliviado, luego la miró con suspicacia.

 

-No eres virgen ahora, pero ¿lo eras cuando entraste en la caravana?

 

-Puede que lo fuera -masculló ella.

 

-¿Puede que lo fueras?

 

-Vale, lo era.

 

-¡No te creo! Nadie con tu aspecto llega a los veintiséis años sin echar...

 

Ella le dirigió una mirada fulminante.

 

-... sin hacerlo. ¡Por el amor de Dios! ¿Por qué?

 

Ella jugueteó con el borde de la sábana.

 

-Mientras crecía vi cómo mi madre se liaba con un tío tras otro.

 

-¿Y eso qué tiene que ver contigo?

 

-La promiscuidad no es nada agradable, y me rebelé.

 

-¿Te rebelaste?

 

-Decidí ser todo lo contrario a mi madre.

 

Kevin se sentó a los pies de la cama.

 

-Dani, tener un amante de vez en cuando no te hubiera convertido en una mujer promiscua. Eres muy apasionada.

Mereces tener una vida sexual.

 

-No estaba casada.

 

-¿Y qué?

 

- Kevin, yo no creo en el sexo fuera del matrimonio.

 

Él la miró anonadado.

 

-No creo en el sexo fuera del matrimonio -repitió ella. -Ni para las mujeres. Ni para los hombres.

 

-¿Estás de coña?

 

-No pretendo juzgar a nadie, pero eso es lo que pienso. Si quieres reírte, adelante.

 

-¿Cómo puedes pensar algo así en los tiempos que corren?

 

-Soy hija ilegítima, Kevin. Eso hace que vea las cosas de otra manera. Probablemente me consideres una puritana, pero no

puedo evitarlo.

 

-Después de lo que ha pasado entre nosotros esta noche, no me atrevería a llamarte puritana. -Él sonrió por primera vez. -¿Dónde aprendiste todos esos trucos?

 

-¿Qué trucos?

 

-Lo de poner las manos contra la pared y cosas por el estilo.

 

-Ah, eso. -Dani notó que se sonrojaba. -He leído algunos libros

guarros.

 

-Bien hecho.

 

Ella frunció el ceño, preocupada.

 

-¿No te ha gustado? Acepto críticas constructivas. Quiero aprender, puedes decirme la verdad.

 

-Me ha gustado.

 

-Pero quizá no he sido lo suficientemente imaginativa para ti. -Dani pensó en los látigos. -Para ser sincera, no creo que pueda ser mucho más atrevida. Y deberías saber que el sadomasoquismo no es lo mío.

 

Por un momento Kevin pareció confundido, luego sonrió.

 

-¿Te dan miedo los látigos?

 

-Es difícil no pensar en ellos cuando los veo por todas partes.

 

-Supongo que tan difícil como me resulta a mí pensar que alguien tan interesado en el sexo fuera todavía virgen.

 

-No dije que estuviera interesada. Sólo estaba tratando de que nos entendiéramos. Y en lo que se refiere a mis creencias, poco antes de morir mi madre tenía amantes más jóvenes que yo. De verdad que lo odiaba.

 

Kevin se levantó de la cama.

 

-¿Por qué no me has dicho que eras virgen?

 

-¿Hubiera cambiado algo?

 

-No sé. Tal vez. Sin duda alguna no hubiera sido tan rudo.

 

Dani abrió los ojos con sorpresa.

 

-¿Estabas siendo rudo?

 

Kevin relajó las duras líneas de su boca. Se sentó al lado de ella y le pasó el pulgar por los labios.

 

-¿Qué voy a hacer contigo?

 

-Tengo una idea, pero a lo mejor no te gusta.

 

-Dime.

 

-¿Podríamos... no sé exactamente cuánto tiempo lleva recuperarse, pero... cuando lo hagas...?

 

-¿Estás intentando decir que te gustaría repetir?

 

-Sí.

 

-Está bien, cariño. -Él sonrió, pero parecía preocupado. -Supongo que alguien que ha esperado tanto, tiene que recuperar el tiempo perdido.

 

Dani abrió los labios, ansiosa por besarlo, pero él retiró la sábana y la avergonzó diciéndole que no haría nada hasta asegurarse de que estaba bien. Ignorando las protestas de la joven, Kevin se deshizo de las medias e hizo justo lo que le había dicho. Cuando finalmente comprobó que no le había hecho daño, comenzó a seducirla de nuevo. La lluvia repiqueteaba contra las ventanas y, después de amarse, Dani se hundió en el primer sueño reparador en meses.

 

 

HOLAAAAAAAAAAAAAA

k taaal les gustoo el caapp..!!!

buenooooo espero k lo hayn disfrutadooo

me voee

byee

besoss

 

CAPITULO 10 PARTE 2 BESAR A UN ANGEL :)

holaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ckikitaaaaaaasssssss comooo estaaannnn esperoo les gustee el capp!!! jejje k lo disfruteen!!!!! jejeje este es un adelanto a la siguiente parte del capitulooo jejejje no see talvez lo pongo completo o en dos partes pero se kedarian pikadas... emmm buenooo talvez sus comentarios ayuden en la decision jejjeje

 

ahhh seriooo me olvidaba k tal les gustaaa como kedo mi pag??? jejeje

las kieroooo!!

besoss


Adri!Corazón

 

-¿De verdad? ¿Estás seguro?

 

La alegría de Dani lo hizo sentir todavía más culpable.

 

-Eso es lo que he dicho, ¿no?

 

-Sí, sí, claro. Oh, gracias, Kevin. No lo olvidaré.

 

Dani durmió durante la primera función pero, para sorpresa de Kevin, se presentó cuando comenzaba la segunda función. La siesta de dos horas había hecho maravillas en ella y parecía más relajada que en los días anteriores. Mientras recorría la pista de arena sobre Misha, Kevin la vio saludar con las manos y lanzar besos a los niños sin ser consciente del efecto que aquel llameante maillot rojo tenía en los padres de las criaturas. Kevin tuvo que contenerse para no arrancar la gorra de alguno de esos palurdos con el látigo.

 

Cuando la función finalizó, él se fue a la caravana para cambiarse de ropa. Dani solía estar ya allí, pero no la vio por ninguna parte.

 

Intranquilo, se vistió rápidamente y regresó al circo. Un destello de lentejuelas rojas cerca de la puerta principal atrajo su atención. Vio a su esposa rodeada por tres espectadores. Todos se comportaban con cortesía y, desde luego, ella no corría peligro, pero aun así quería estrellar el puño contra aquellas caras presumidas.

 

Uno de ellos dijo algo y Dani se rio, un sonido angelical que flotó en el aire de la noche. Kevin maldijo por lo bajo.

 

-¿Qué es lo que te pone de tan mala leche?

 

Al ver a Brady detrás de él, Kevin se obligó a relajarse.

 

-¿Qué te hace pensar que estoy de mala leche?

Brady se puso un palillo en la comisura de la boca.

 

-La manera en que miras a esos tíos.

 

-No sé de qué estás hablando.

 

-No lo entiendo, Kevin. Pensaba que ella no te importaba.

 

-No quiero hablar de eso.

 

-No te preocupes, no tengo intención de hablarte de ella. -Se pasó el palillo de un lado a otro de los labios. -Pero de todas maneras creo que, a pesar de que sea una ladrona y la odies, no deberías hacer trabajar tan duro a una mujer embarazada.

 

-¿Quién te ha dicho que está embarazada?

 

-Es lo que piensa todo el mundo. La noche de la fiesta sorpresa no parecías exactamente un novio feliz.

 

Kevin apretó los dientes.

 

-No está embarazada.

 

A Brady se le cayó el palillo.

 

-¿Entonces por qué coño te casaste con ella?

 

-Eso no es asunto tuyo. - Kevin se alejó.

 

Kevin trabajó hasta medianoche. Cuando entró en la caravana, Dani estaba dormida, pero en lugar de estar acurrucada sobre un montón de sábanas arrugadas como siempre, yacía en el sofá con el maillot de la función todavía puesto, como si se hubiera sentado unos minutos y se hubiera quedado dormida sin querer.

 

 

Él sabía que una cosa era ser duro con ella y otra llevarla hasta el límite de sus fuerzas. En ese momento supo que no podía dejar que siguiera trabajando así. En lo que a él concernía, Dani había pagado su deuda y había llegado el momento de bajar el ritmo.

 

Dani tenía los labios ligeramente entreabiertos y los mechones del pelo oscuro se extendían sobre el almohadón del sofá como cintas sedosas. Estaba tumbada boca abajo y a Kevin se le secó la boca al ver ese dulce culito respingón cubierto sólo por la trama en forma de diamantes de las medias negras de red. La fina tira de lentejuelas que cubría la unión de las nalgas hacía que la visión fuera todavía más atrayente. Se obligó a apartar la mirada, se desnudó y entró en el cuarto de baño, donde se metió rápidamente bajo el agua fría.

 

El ruido de la ducha debió de despertar a Dani, porque cuando Kevin apareció envuelto en una toalla, la joven estaba delante del fregadero con la bata azul de Kevin cubriendo el maillot. Las pequeñas manos femeninas asomaban por las mangas mientras cortaba un trozo de pan.

 

-¿Quieres que te haga un bocadillo? - Dani parecía de mejor humor que cualquiera de los días anteriores. -Me quedé dormida antes de cenar y estoy muerta de hambre.

 

Se le abrió el albornoz, revelando las curvas de los pechos bajo las lentejuelas llameantes del maillot. Kevin deslizó la mirada sobre ella y en vez de agradecerle el ofrecimiento, le espetó:

 

-Como Sheba te atrape durmiendo con uno de sus maillots, te desnudará estés donde estés.

 

-Entonces tendré que asegurarme de que no me pille.

 

El renovado ánimo en la voz de Dani hizo que Kevin se sintiera mejor.

 

-No se puede esperar que lo aprendas todo de inmediato.

 

Dani se volvió hacia él, pero cualquier cosa que fuera a decir murió en sus labios. Deslizó la mirada por el pecho de su marido hasta la toalla amarilla que le cubría las caderas.

 

Kevin quiso gritarle, decirle que no lo mirara de esa manera a no ser que quisiera acabar en la cama con él. Casi sintió que perdía el control.

 

-¿Quieres que... er... quieres tu bata? -preguntó ella.

 

Él asintió con la cabeza.

 

Ella tiró del cinturón, se la quitó y se la tendió.

 

Kevin la dejó caer al suelo.

 

Ella se lo quedó mirando.

 

-¿No acabas de pedírmela?

 

-Lo único que quería era que te la quitaras.

 

Dani se humedeció los labios y él la estudió mientras esperaba una respuesta, llamándose estúpido en todos los idiomas que conocía, pues sabía que no podría resistirse a ella otra noche.

 

-No estoy segura de qué quieres decir exactamente -dijo ella

con timidez.

 

-Quiero decir que no voy a poder mantener mis manos alejadas de ti durante más tiempo.

 

-Eso es lo que me temía. - Dani respiró hondo y alzó la barbilla. -Lo siento, pero no puedo acostarme contigo. No estaría bien.

 

-¿Por qué?

 

-Porque no sería sagrado. Hacer el amor significa algo más para mí. No lo hago con cualquiera.

 

-Me alegro de oírlo. -Impulsado por una fuerza que no podía resistir, Kevin se acercó a ella.

 

Dani dio un paso atrás, hasta tropezar contra el mostrador, sin apartar la mirada de los ojos de él.

 

-No puedo hacerlo sin que signifique algo.

 

-Espero que eso quiera decir que no tengo que preocuparme por ninguna enfermedad de transmisión sexual como las que le mencionaste a la camarera al poco de casarnos.

 

-¡Por supuesto que no!

 

-En ese caso tampoco tienes que preocuparte por mí. Estoy perfectamente sano.

 

-Me alegro mucho por ti, pero... -¿No te ha dicho nadie que hablas demasiado?

 

Él plantó las manos en el mostrador atrapándola entre sus brazos.

 

-Tenemos que hablarlo. Es importante. Es... -Lo que realmente necesitamos es dejar de hablar. Rodeó la cintura de Dani con las manos. -Ya hemos jugado suficiente al gato y al ratón, cara de

ángel. ¿No crees que ha llegado el momento de actuar?

 

El olor de Dani lo tentaba. La recorrió con la mirada; su cuerpo quedaba resaltado por el maillot de llameantes lentejuelas rojas y la suave respiración de la ¡oven le agitaba el vello del pecho.

 

-¿Por qué quieres hacerlo con alguien a quien no respetas?

 

A Dani se le cerraron los ojos cuando él inclinó la cabeza y le acarició el cuello con los labios.

 

-¿Por qué no dejas que sea yo quien se preocupe de eso?

 

-Me consideras una ladrona.

 

-Bueno, he estado dándole vueltas a ese asunto.

 

 

Dani ladeó la cabeza, y otra punzada de culpabilidad golpeó a Kevin cuando vio que los ojos violeta de su esposa brillaban con deleite y su boca suave se curvaba en una sonrisa tonta.

 

-¡Me crees! ¡Sabes que no fui yo quien robó el dinero!

 

Él no había dicho eso. Pero ya no estaba enfadado. Aunque no podía perdonarle lo que había hecho, entendía lo que era la desesperación y no quería seguir juzgándola.

 

-Creo que eres endemoniadamente sexy. -Le rozó el labio inferior con el pulgar y lo encontró húmedo bajo su caricia. -

 

¿Utilizas algún anticonceptivo o quieres que me encargue yo?

 

 

 

Los ojos de Dani llamearon.

 

 

-Tomo la píldora, pero...

 

-Bien.

 

 

BESAR A UN ANGEL

Capitulo nueve parte 2 :)



Sheba casi había llegado al vagón rojo cuando la abordó Brady Pepper. A pesar de lo molesta que estaba con Brady, no podía negar lo apuesto que era, con aquella piel aceitunada y esos rasgos fuertes y firmes. Aunque tenía cuarenta y dos años, sólo había unas pocas hebras plateadas en el pelo rizado del acróbata y aquel atlético y poderoso cuerpo que poseía no tenía ni un ápice de grasa.

 

Lo observó durante un momento, luego abrió la puerta y entró en el vagón rojo. Brady y ella habían chocado desde el principio. Miró por la ventana y vio a Dani Markov forcejeando con un fardo de heno. Sheba casi sintió lástima por ella -y la hubiera sentido de haber sido otra persona, -pero Dani era el instrumento con el que podía castigar a Kevin. Qué humillado debía de sentirse.

 

 

Seguro que estaba embarazada, ¿por qué otra razón se hubiera casado Kevin con esa mujer? Pero a pesar de lo mucho que odiaba a Kevin, el circo lo significaba todo para Sheba, y le parecía denigrante que la sangre de los Markov -una de las familias más famosas en la historia del circo- pasara a la siguiente generación a través de una ladronzuela.

 

Cada vez que miraba a Dani, Sheba se preguntaba cómo podría haber mantenido la cabeza en alto si no se hubiera hecho pública la verdad sobre Dani.



Tiempo después Dani no pudo recordar cómo consiguió aguantar durante los diez días siguientes mientras el circo recorría Carolina del Norte antes de cruzar la frontera de Virginia. Durante el día Kevin y ella estaban solos en la camioneta y, cuando él se dignaba a hablarle, ella sentía como si le estuviera pinchando con carámbanos.

 

Ni siquiera compartían las comidas. Kevin siempre se abría alguna lata de conservas mientras ella estaba en el cuarto de baño arreglándose para la función y le dejaba preparado un plato de comida mientras él se cambiaba. Nunca le preguntó qué le apetecía comer ni le pidió que cocinara, aunque ella tampoco habría tenido fuerzas para hacerlo.

 

Algunas veces Dani pensaba que había soñado aquel apasionado beso que habían compartido. Ahora a ni siquiera se tocaban, salvo en esas ocasiones en las que se quedaba dormida en la camioneta y se despertaba acurrucada contra él. Cuando eso ocurría se apartaba de un salto, sólo para sentir la intensa energía sexual que existía entre ellos, tan palpable como la brisa que entraba en la camioneta.

 

O puede que todo eso fuera cosa de su imaginación. Tal vez Kevin no se sentía atraído por ella. ¿Cómo iba a encontrar atractiva a una chica con las manos llenas de ampollas, la nariz quemada por el sol y los codos llenos de costras, que no vestía otra cosa que ropa de trabajo sucia? En algún momento de la última semana había dejado de maquillarse hasta la hora de la función.

 

Durante el día se recogía el pelo en una coleta, con algunos rizos sueltos que le caían sobre el cuello y las mejillas. En sólo dos semanas había abandonado las costumbres de toda una vida.

 

Ni siquiera sabía quién era cuando se miraba en el espejo.

Siempre estaba cansada. Se quedaba dormida en el sofá antes de medianoche, pero luego, una vez que Kevin entraba en la caravana, le resultaba imposible volver a dormirse. Daba igual lo que hiciera, daba vueltas durante horas hasta que finalmente caía en un sueño intranquilo y se despertaba sin haber descansado. Se sentía agotada, confundida e increíblemente sola.

 

Como todos creían que era una ladrona, continuaban haciendo todo lo posible para evitarla y, por otro lado, tampoco había mejorado la relación con los elefantes. Tater todavía se comportaba como si lo hubiera traicionado. Varias veces llegó a considerar la posibilidad de ponerse perfume, pero la asustaba todavía más el cariño del elefantito que su odio.

 

Cuando Neeco y Digger estaban cerca, el animal la dejaba tranquila, pero, si no estaban a la vista, buscaba cualquier oportunidad para arrojarla al suelo; la derribó tantas veces que Dani tenía magulladuras por todas partes.

Los otros elefantes se dieron cuenta enseguida de que era una presa fácil y la convirtieron en el blanco de todas sus travesuras. La rociaban con agua, le chillaban y la tiraban al suelo si se acercaba demasiado. Lo peor era ver cómo esperaban a que se aproximara a ellos antes de divertirse a su costa.

 

 

Neeco le decía que, como se negaba a usar el pincho, tenía lo que se merecía y que jamás vencería.

 

 

Aunque se mantuvo alejada de Sinjun y averiguó más cosas de él por lo que les oyó a los demás. Era un tigre viejo, tenía unos dieciocho años y fama de arisco. Según Digger, ninguno de sus entrenadores había conseguido ganar su confianza, y todos lo consideraban imprevisible y peligroso.

Como su marido.

 

Kevin la confundía de tal manera que no sabía qué pensar de él. Tan pronto se comportaba como un monstruo sádico como aparecía por el camión de los elefantes con unos nuevos guantes de trabajo para ella o una gorra de béisbol para que no se quemara con el sol. Y, más de una vez, llegó justo a tiempo de bajar una carretilla cargada de estiércol por la rampa antes de que Dani tuviera ocasión de hacerlo. Sin embargo, la mayor parte del tiempo sólo parecía sentir pena por ella.

 

Era un día insoportablemente cálido para estar sólo a mediados de mayo. La temperatura superaba los treinta y cinco grados y la espesa humedad dificultaba la respiración. De nuevo instalaron el circo en un aparcamiento, en un pequeño pueblo al sur de Richmond, y el asfalto negro intensificaba el calor.

 

Los elefantes ya habían conseguido tirar a Dani dos veces ese día y, la segunda vez, se raspó el codo. Para empeorar las cosas, todos los miembros del circo parecían disfrutar de un tiempo de relax excepto ella.

 

Brady y Perry Lipscomb estaban sentados a la sombra del toldo de la caravana Airstream de la familia Pepper, tomando una cerveza fría y escuchando un partido de béisbol en la radio. Jill se rociaba con agua mientras el tomaba el sol recostada en una silla con el último ejemplar del Cosmopolitan en las manos. Incluso Digger echaba una siesta a la sombra.

 

-¡ Dani, mueve el culo y ocúpate del heno! -le ordenó Neeco a gritos desde la puerta de la caravana de los equilibristas, luego rodeó los hombros de Charlene con el brazo.

 

Algunas veces, desde que se habían enfrentado por el pincho, Neeco la trataba con hostilidad. Le encargaba los trabajos más duros, y la hacía trabajar durante horas interminables, hasta que llegaba Kevin y le decía que ya había sido suficiente por ese día.

 

Cuando comenzó a mover el heno, le ardía cada músculo del cuerpo. Tenía la camiseta empapada de sudor y un roto en el hombro; sus vaqueros parecían no haber visto una lavadora en semanas, y la suciedad, el heno y el abono se le pegaban a cada centímetro de su húmeda piel. Tenía el pelo enredado y las uñas tan quebradas como su espíritu........

 

 

 

holaaa jeje soy muy buenaa apenas dos coments y subi :(

buenoo espero les guste esta parteee :)

 

xoxox

 

Adri :)

 

BESAR A UN ANGEL

 

CAPÍTULO 09


Dani estaba sobre la rampa del camión a las diez de la mañana siguiente. Tenía los músculos de las piernas agarrotados y le dolían a cada paso que daba. Además sentía como si le hubieran estirado los brazos en un potro de tortura.

 

-Lo siento, Digger. Me he quedado dormida.

 

A pesar de lo cansada que estaba la noche anterior, se había despertado a eso de las tres de la madrugada tras un sueño en el que Kevin y ella navegaban en una barca rosa con forma de cisne por un anticuado túnel del amor. Kevin la besaba y la miraba con tal ternura que ella se había sentido como si su cuerpo se fundiera con la barca, con el agua y con el propio Kevin. Había sido esa sensación lo que la había despertado y lo que la había hecho reflexionar, tumbada en el sofá, sobre el doloroso contraste entre aquel bello sueño y la realidad de su matrimonio.

 

Cuando llegaron a la amplia explanada de High Point, en Carolina del Norte, el remolque que transportaba a los elefantes aún no había aparecido, y se había metido en la camioneta para echar una siesta. Dos horas después, se había despertado con el cuello rígido y dolor de cabeza.

 

Desde lo alto de la rampa vio que Digger casi había terminado de retirar el estiércol del camión. La sensación de alivio se mezcló con una punzada de culpabilidad. Ése era su trabajo.

 

-Deja que siga yo.

 

-Lo peor ya está hecho. -Habló como un hombre que estaba

acostumbrado a esperar lo peor de la vida.

 

-Lo siento, no ocurrirá de nuevo.

 

Él sorbió por la nariz y la miró como diciendo que se lo creería cuando lo viera.

 

Desde donde estaba, Dani tenía una amplia vista de la nueva localización del circo, situado entre un Pizza Hut y una gasolinera. Según le había dicho Kevin, la mayor parte de los miembros del circo preferían instalarse en un terreno liso y asfaltado, aunque eso significara tener que reparar antes de marcharse todos los agujeros que hicieran para clavar las estacas.

 

Oyendo de fondo el rítmico golpeteo de los hombres que montaban el circo, miró hacia atrás y vio a  Beatriz sentada en una silla delante de su caravana. Sheba estaba de pie detrás de ella haciéndole una trenza. También había visto cómo la dueña del circo echaba una mano a los trabajadores y ayudaba a levantarse al pequeño de los Lipscomb, de seis años, cuando se caía. Sheba Quest era una mujer llena de contradicciones: con Dani se comportaba como una bruja malvada, pero con todos los demás era una persona muy amable.

 

Sintió que le tiraban del pantalón. Cuando bajó la vista vio que era la trompa de Tater, que estaba al pie de la rampa, mirándola con adoración a través de unas pestañas ridículamente rizadas.

 

Digger se burló de ella.

 

-Tu novio ha venido a verte.

-Pues se va a llevar un chasco. No me he puesto perfume.

 

-Supongo que tendrá que acercarse más para comprobarlo por sí mismo. Llévalo con los demás, ¿de acuerdo? Hay que darles de beber. El pincho está allí dijo, señalando con la cabeza el objeto apoyado contra el camión.

 

Ella miró el pincho con autentica aversión. Al fondo de la rampa, Tater barritó y giró sobre sí mismo, como si estuviera llamándola. Luego se detuvo, y levantó una pata tras otra como si fuera un bebé pataleando. O mucho se equivocaba Dani o todo eso era por ella.

 

-¿Qué voy a hacer contigo, Tater? ¿No te das cuenta del miedo que me das?

 

Armándose de valor, se acercó al fondo de la rampa mientras se metía la mano en el bolsillo para sacar una zanahoria mustia que había encontrado en la nevera. Esperaba que la siguiera al ver que iba a alimentarlo, y le ofreció la hortaliza con una mano temblorosa.

 

El animalito alargó la trompa y olisqueó la zanahoria con delicadeza, haciéndole cosquillas en la palma de la mano. Ella retrocedió un paso, utilizando la zanahoria como cebo para llevarlo con los demás. Tater se la arrebató de la mano y se la llevó a la boca.

 

Dani observó con aprensión la mano ahora vacía mientras el alargaba la trompa hacia ella otra vez.

 

-N-no tengo más.

 

Pero no era comida lo que él quería; era perfume.

 

Metió la trompa por el cuello de la camiseta de Dani buscando el olor que tanto le gustaba.

 

-Amiguito... lo siento... yo...

 

¡Zas! Con un dramático barrito, Tater le dio un golpe con la trompa y la tiró al suelo. Dani gritó. Al mismo tiempo, Tater levantó la cabeza y volvió a barritar, anunciando al mundo la profunda traición de la que acababa de ser objeto: ¡ Dani no llevaba perfume!

 

- Dani, ¿estás bien? - Kevin apareció de la nada y se puso en cuclillas a su lado.

 

-Estoy bien. -Hizo una mueca de dolor al sentir una punzada en la cadera.

 

-¡Maldita sea! No puedes dejar que este animal continúe haciéndote eso. Sheba me ha dicho que ayer también te tiró.

 

Por supuesto, Sheba no había podido resistirse a dejar pasar algo como eso, pensó Dani, tensándose al cambiar de postura.

 

Por el rabillo del ojo, vio cómo Neeco se acercaba a grandes zancadas hacia ellos.

-Yo me encargaré de esto -les dijo.

Dani soltó un grito ahogado cuando lo vio coger el pincho.

 

-¡No! ¡No le pegues! Ha sido culpa mía. Yo... -Ignorando el dolor, se obligó a ponerse de pie y se interpuso de un salto entre Neeco y Tater, pero llegó demasiado tarde.

 

Horrorizada, observó cómo Neeco golpeaba al elefantito en aquel lugar sensible detrás de la oreja. Tater soltó un agudo chillido y retrocedió. Neeco se acercó de nuevo a él, levantando el pincho para propinarle un segundo golpe.

 

-Ya basta, Neeco.

 

Dani no oyó las suaves palabras de advertencia de Kevin porque ya se había lanzado sobre la espalda de Neeco.

 

-¡No vuelvas a pegarle! -con un grito de indignación, intentó arrebatarle el pincho.

 

Alarmado, Neeco tropezó, y tras recuperar el equilibrio, soltó una maldición y se dio la vuelta. Dani no pudo sujetarse a sus hombros y sintió que se resbalaba. Pero en vez de caer al sucio por segunda vez ese día, Kevin la atrapó en sus brazos.

 

-Ya te tengo.

Sheba se acercó con rapidez.

-Por el amor de Dios, Kevin hay periodistas en el recinto.

 

Mientras la dejaba en el suelo, Dani se preparó para sufrir una bronca de Kevin. Pero para su sorpresa, Kevin se volvió hacia Neeco.

 

-Creo que Tater ha captado el mensaje la primera vez.

Neeco se puso rígido.

 

-Sabes tan bien como yo que no hay nada más peligroso que un elefante se vuelva contra sus adiestradores.

 

Dani no pudo morderse la lengua.

 

-¡Es sólo un bebé! Y fue culpa mía. No me he puesto perfume y se enfadó conmigo.

 

-Cállate, Dani -dijo Kevin con suavidad.


Tu bebé pesa una tonelada -dijo Neeco apretando los labios. -No dejaré que ninguno de los que trabaja conmigo se ponga sentimental con los animales. No podemos correr riesgos.

 

Actuando de esa manera pones en peligro la vida de la gente; los animales tienen que saber quién manda.

 

Dani dejó salir toda su frustración.

 

-¡Las vidas de los animales también tienen valor! Tater no pidió que lo encerraran en un circo. No pidió que lo llevaran por todo el país en un remolque maloliente, ni que le ataran para ser exhibido delante de personas ignorantes. Dios no creó a los elefantes para que hicieran equilibrios sobre sus patas. Los creó para que vagaran libres.

 

Sheba se cruzó de brazos y alzó una ceja con ironía.

 

-Ya la veo tirando pintura roja a los abrigos de piel. Kevin, controla a tu esposa o la echaré de mi circo.

 

Ni el más mínimo atisbo de emoción cruzó por la cara de Kevin cuando sus ojos se encontraron con los de Sheba.

 

- Dani es la encargada de los elefantes. Por lo que he visto, sólo cumplía con su trabajo.

 

A Dani casi se le detuvo el corazón. ¿Sería posible que su marido la estuviera defendiendo?

 

El placer de la joven se desvaneció cuando él se volvió hacia ella, señalando con la cabeza el remolque de los elefantes.

 

-Se está haciendo tarde y aún no lo has limpiado con la manguera. Vuelve al trabajo.

 

Ella se dio la vuelta y, deseando que los tres se fueran al infierno, volvió a su tarea. Sabía que los animales que viajaban con el circo debían estar bajo control, pero la idea de que estaban siendo obligados a comportarse en contra de su naturaleza, le molestaba. Tal vez encontrara tan perturbadora su situación porque sentía que tenía algo en común con ellos. Como los animales del circo, estaba cautiva contra su voluntad y, como ellos, su guardián tenía todo el control.

 

holaaaaa :) que taaal les gustooo el caap??????

sabeeeennn voy asubir mas seguido porque la novel es laargaaa y buenooo necesito terminar pronto k ya pronto inicio clases.....

jejej

buenooo las dejooo

me voeeeee

comenteen mucho..

xoxox

 

Adri :)

AlGuiEn MaS SE enamoro de Dani.. :)

 

CAPITULO 8 PARTE 3



Ya sabes que es parte de tu trabajo.

-Pero no esta noche. Es imposible que pueda hacer nada esta noche. ¡Mírame!

Mientras la observaba, Kevin casi se rindió. La parte más decente de sí mismo le exigía que la dejara en paz por esa noche. Estaba pálida debido al agotamiento y tan sucia que era imposible reconocerla. El único rastro de cosméticos en su cara era la mancha de rímel bajo los ojos. Su pequeña boca tenía un gesto de tristeza y Kevin pensó que nunca había estado en presencia de alguien que estuviera tan a punto de quebrarse.


Sintió una renuente chispa de admiración ante el hecho de que ella estuviera todavía en pie. Por la forma que había manejado la pala supo lo difícil que le había resultado todo aquello. La joven lo había dejado sorprendido. Por desgracia, aquella pequeña rebelión sólo había prolongado lo inevitable.


¿Por qué no se rendía? No sabía de dónde había sacado las fuerzas para llegar hasta allí, pero sí que acabaría por ceder, y se negaba a torturarla más. Luchó contra esa debilidad interior que lo impulsaba a ablandarse, sabiendo que sería una crueldad presionarla. Pero tenía que hacerlo si quería que Dani aceptara la verdad.


Se recordó con firmeza que era una ladrona y que, a pesar de las circunstancias, no podía perdonárselo.


-La primera función es a las seis. Saldrás con los elefantes.


-Pero...


Se fijó en que ella tenía un corte en la palma de la mano y se la agarró con rapidez para examinarla.


-¿Cuánto hace que te vacunaste del tétanos?


Lo miró sin comprender.


-La vacuna del tétanos. Por la infección.


Ella parpadeó; estaba tan agotada que él tuvo que resistir el deseo de cogerla en brazos y llevarla a la caravana. Kevin no quiso pensar lo que sería sentir ese menudo y suave cuerpo entre sus brazos. Si no hubiera robado ese dinero, hubieran pasado la noche anterior en la misma cama, pero al ver lo que había hecho, él se había enfurecido tanto que no había confiado en sí mismo para tocarla. No había deseado tocarla.


-¿Cuándo te has vacunado del tétanos? -repitió el bruscamente.


Ella se miró el corte.


-El año pasado. Me corté en el yate de Biffy Brougenhaus.


«Santo Dios.» ¿Cómo podía estar casado con una mujer que conocía a alguien llamado Biffy Brougenhaus? Al diablo con ella.


-Échate un poco de antiséptico -le espetó- y procura estar lista a tiempo para la función o también te encargarás del remolque del caballo.


Mientras la miraba, el semblante de Kevin se endureció todavía más. Siempre se había sentido orgulloso de su sentido de la justicia, pero ella lo hacía sentir como un matón malhumorado. Otro punto más en contra de ella.




Dani sobrevivió a la función, básicamente porque el cansancio la había entumecido de tal manera que no le dio vergüenza aparecer en público vestida con el minúsculo maillot rojo. Aunque Kevin le había dicho que desfilaría con los elefantes, había ocupado un lugar algo más atrás, como si fuera un miembro de los Tolea Voladores.


Se había obligado a ducharse, algo que le había resultado muy doloroso por los arañazos que le cubrían los brazos. Se lavó y secó el pelo y se maquilló más de lo habitual siguiendo las instrucciones de Kevin. Entre ambas funciones, se quedó dormida en la caravana con un sándwich de mantequilla de cacahuete en la mano. Si él no la hubiera despertado se habría perdido la segunda función.


Al finalizar, Neeco la detuvo cuando salía por la puerta de los artistas.


-Digger necesita que le eches una mano para subir a los elefantitos al camión.


Digger no parecía necesitar ayuda, pero ése era su trabajo y ella no quería que Kevin le echara nada en cara.


-No seré de mucha ayuda -dijo ella.


-Tienen que acostumbrarse a ti, eso es todo.


Dani se puso una bata azul de Kevin que había encontrado colgada en la percha del cuarto de baño. Aunque se enrolló las mangas, todavía le quedaba enorme, pero era apropiada para preservar su pudor.


Al ver que los elefantitos salían en ese momento por la puerta trasera, Dani se acercó a Digger.


-¿Necesitas ayuda?


-No te pasees por delante de ellos, todavía les pones nerviosos.


Se puso detrás de Digger, a varios metros de distancia de los elefantes. No tuvo ningún problema en reconocer a Tater dado que era el más pequeño de los cuatro; recordaba de sobra el golpe que le había dado y lo miró con resentimiento mientras él trotaba detrás de Puddin cogido de su cola. Cuando llegaron a la estaca, Digger los ató con una correa.


-Ven aquí, Bam. Acércate Dani, así aprenderás cómo se hace.


Dani estaba tan atenta a lo que él estaba haciendo con Bam que no se dio cuenta de que Tater se había acercado a ella por detrás, hasta que sintió un cosquilleo húmedo, suave como una caricia, por el lateral de su cuello. Dio un gritito y saltó hacia atrás, alejándose de la trompa extendida del elefante.


El elefantito la miró con un brillo testarudo en los ojos, se acercó a ella y alargó la trompa de nuevo. Demasiado tensa para moverse, Dani se quedó mirando las fosas nasales de la trompa que cada segundo estaban más cerca de ella.


-Tater b-bonito. Elefantito b-bonito. -Emitió un chillido asustado cuando Tater le metió la trompa por el cuello, abriéndole la bata. -Digger... -gritó.


Digger la miró y se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.


-¿Te has puesto perfume?


Ella tragó saliva y asintió con la cabeza. Tater le pasó la trompa con delicadeza por detrás de la oreja.


-A Tater le vuelven loco los perfumes de mujer.


-¿Qué tengo que hacer ahora? -dijo con voz entrecortada.


Digger la miró sin entender qué le preguntaba.


-¿A qué te refieres?


-¿A T-Tater?


-Pues no lo sé. ¿Qué quieres hacer?


Se oyó una risa entrecortada.


-Es probable que quiera desmayarse, ¿verdad, Dani?


Kevin apareció justo detrás de ella y la joven intentó mostrar valor.


-No... no exactamente.


-Es por el perfume. -Alargó la mano y acarició a Puddin. Tater, mientras tanto, emitió

un barrito de alegría y metió la punta de la trompa por el cuello de la bata, hasta la base de la garganta de Dani.


-N-nadie me dijo que no usara perfume. -Para sorpresa de la joven, el elefantito bajó más la trompa, hacia las llamas que dibujaban las lentejuelas rojas que cubrían el corpiño del maillot. Recordó que también se había puesto perfume entre los pechos.


- Kevin... -le imploró. -Me va a tocar... me va a tocar... -la trompa de Tater alcanzó su meta. -¡Los pechos! -gritó.


-Tienes razón. - Kevin palmeó la trompa y la apartó a un lado. -Ya basta, amiguito.


Eso es de mi propiedad.


Dani estaba tan asombrada por aquella declaración que no notó que Tater retrocedía.


Digger soltó una risita jadeante y señaló al elefante con la cabeza.


-Parece que Tater se ha enamorado.


-Eso me temo-repuso Kevin.


-¿De mí? - Dani miró a los dos hombres con incredulidad.


-¿Ves a alguien más? -contestó Kevin.


Lo cierto era que el elefante le estaba lanzando una mirada conmovedora.


-Pero si me odia. Esta tarde me golpeó y me tiró al suelo.


-Esta tarde no llevabas perfume.


Digger se levantó y le crujieron las rodillas. Se acercó al elefantito.


-Ven, chico. La joven no está interesada.


Mientras Digger lo alejaba de allí, Tater le lanzó por encima del hombro una mirada de adolescente enamorado. Dani no sabía si sentir temor o agradecimiento por gustarle al menos a alguien de ese horrible circo.


Esa noche se quedó dormida en cuanto su cabeza tocó la almohada. Oyó entre sueños que Kevin entraba en la caravana unas horas más tarde y notó que le cubría los hombros con la manta mientras volvía a dormirse.



ADELANTOOOSS :)



-¡No! ¡No le pegues! Ha sido culpa mía. Yo...


-¿Qué estás haciendo? ¡Vas a matar al tigre! A los felinos no les gusta el agua.

Volvió a dirigir el chorro al tigre y sintió un fresco alivio en los huesos, como si estuviera mojándose ella misma.


Estas jaulas están asquerosas. Habría que limpiarlas con más frecuencia.


-Yo no puedo con todo. Si crees que las jaulas están asquerosas, quizá deberías limpiarlas tú misma.


-Vale. Lo haré

-¿Estás segura de saber lo que haces?

Ella le sostuvo la mirada sin pestañear.

-No tengo la menor idea.

 

mmmm una cosaa maass k piensan acerca de Kevin? (en la novela....)


jeje mmm buenoo se vienen nuevas cosas cosass k kambiaran a muuchos muuy prontooo! :)


comenntenn muucho y no se olviden de comentaar !

las kierooo

byee

xoxo


Adri :)

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2do Lugar! Graciaas chikass!!

2do Lugar! Graciaas chikass!!