Obsessive Jonas Disorder
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AlGuiEn MaS SE enamoro de Dani.. :)

 

CAPITULO 8 PARTE 3



Ya sabes que es parte de tu trabajo.

-Pero no esta noche. Es imposible que pueda hacer nada esta noche. ¡Mírame!

Mientras la observaba, Kevin casi se rindió. La parte más decente de sí mismo le exigía que la dejara en paz por esa noche. Estaba pálida debido al agotamiento y tan sucia que era imposible reconocerla. El único rastro de cosméticos en su cara era la mancha de rímel bajo los ojos. Su pequeña boca tenía un gesto de tristeza y Kevin pensó que nunca había estado en presencia de alguien que estuviera tan a punto de quebrarse.


Sintió una renuente chispa de admiración ante el hecho de que ella estuviera todavía en pie. Por la forma que había manejado la pala supo lo difícil que le había resultado todo aquello. La joven lo había dejado sorprendido. Por desgracia, aquella pequeña rebelión sólo había prolongado lo inevitable.


¿Por qué no se rendía? No sabía de dónde había sacado las fuerzas para llegar hasta allí, pero sí que acabaría por ceder, y se negaba a torturarla más. Luchó contra esa debilidad interior que lo impulsaba a ablandarse, sabiendo que sería una crueldad presionarla. Pero tenía que hacerlo si quería que Dani aceptara la verdad.


Se recordó con firmeza que era una ladrona y que, a pesar de las circunstancias, no podía perdonárselo.


-La primera función es a las seis. Saldrás con los elefantes.


-Pero...


Se fijó en que ella tenía un corte en la palma de la mano y se la agarró con rapidez para examinarla.


-¿Cuánto hace que te vacunaste del tétanos?


Lo miró sin comprender.


-La vacuna del tétanos. Por la infección.


Ella parpadeó; estaba tan agotada que él tuvo que resistir el deseo de cogerla en brazos y llevarla a la caravana. Kevin no quiso pensar lo que sería sentir ese menudo y suave cuerpo entre sus brazos. Si no hubiera robado ese dinero, hubieran pasado la noche anterior en la misma cama, pero al ver lo que había hecho, él se había enfurecido tanto que no había confiado en sí mismo para tocarla. No había deseado tocarla.


-¿Cuándo te has vacunado del tétanos? -repitió el bruscamente.


Ella se miró el corte.


-El año pasado. Me corté en el yate de Biffy Brougenhaus.


«Santo Dios.» ¿Cómo podía estar casado con una mujer que conocía a alguien llamado Biffy Brougenhaus? Al diablo con ella.


-Échate un poco de antiséptico -le espetó- y procura estar lista a tiempo para la función o también te encargarás del remolque del caballo.


Mientras la miraba, el semblante de Kevin se endureció todavía más. Siempre se había sentido orgulloso de su sentido de la justicia, pero ella lo hacía sentir como un matón malhumorado. Otro punto más en contra de ella.




Dani sobrevivió a la función, básicamente porque el cansancio la había entumecido de tal manera que no le dio vergüenza aparecer en público vestida con el minúsculo maillot rojo. Aunque Kevin le había dicho que desfilaría con los elefantes, había ocupado un lugar algo más atrás, como si fuera un miembro de los Tolea Voladores.


Se había obligado a ducharse, algo que le había resultado muy doloroso por los arañazos que le cubrían los brazos. Se lavó y secó el pelo y se maquilló más de lo habitual siguiendo las instrucciones de Kevin. Entre ambas funciones, se quedó dormida en la caravana con un sándwich de mantequilla de cacahuete en la mano. Si él no la hubiera despertado se habría perdido la segunda función.


Al finalizar, Neeco la detuvo cuando salía por la puerta de los artistas.


-Digger necesita que le eches una mano para subir a los elefantitos al camión.


Digger no parecía necesitar ayuda, pero ése era su trabajo y ella no quería que Kevin le echara nada en cara.


-No seré de mucha ayuda -dijo ella.


-Tienen que acostumbrarse a ti, eso es todo.


Dani se puso una bata azul de Kevin que había encontrado colgada en la percha del cuarto de baño. Aunque se enrolló las mangas, todavía le quedaba enorme, pero era apropiada para preservar su pudor.


Al ver que los elefantitos salían en ese momento por la puerta trasera, Dani se acercó a Digger.


-¿Necesitas ayuda?


-No te pasees por delante de ellos, todavía les pones nerviosos.


Se puso detrás de Digger, a varios metros de distancia de los elefantes. No tuvo ningún problema en reconocer a Tater dado que era el más pequeño de los cuatro; recordaba de sobra el golpe que le había dado y lo miró con resentimiento mientras él trotaba detrás de Puddin cogido de su cola. Cuando llegaron a la estaca, Digger los ató con una correa.


-Ven aquí, Bam. Acércate Dani, así aprenderás cómo se hace.


Dani estaba tan atenta a lo que él estaba haciendo con Bam que no se dio cuenta de que Tater se había acercado a ella por detrás, hasta que sintió un cosquilleo húmedo, suave como una caricia, por el lateral de su cuello. Dio un gritito y saltó hacia atrás, alejándose de la trompa extendida del elefante.


El elefantito la miró con un brillo testarudo en los ojos, se acercó a ella y alargó la trompa de nuevo. Demasiado tensa para moverse, Dani se quedó mirando las fosas nasales de la trompa que cada segundo estaban más cerca de ella.


-Tater b-bonito. Elefantito b-bonito. -Emitió un chillido asustado cuando Tater le metió la trompa por el cuello, abriéndole la bata. -Digger... -gritó.


Digger la miró y se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.


-¿Te has puesto perfume?


Ella tragó saliva y asintió con la cabeza. Tater le pasó la trompa con delicadeza por detrás de la oreja.


-A Tater le vuelven loco los perfumes de mujer.


-¿Qué tengo que hacer ahora? -dijo con voz entrecortada.


Digger la miró sin entender qué le preguntaba.


-¿A qué te refieres?


-¿A T-Tater?


-Pues no lo sé. ¿Qué quieres hacer?


Se oyó una risa entrecortada.


-Es probable que quiera desmayarse, ¿verdad, Dani?


Kevin apareció justo detrás de ella y la joven intentó mostrar valor.


-No... no exactamente.


-Es por el perfume. -Alargó la mano y acarició a Puddin. Tater, mientras tanto, emitió

un barrito de alegría y metió la punta de la trompa por el cuello de la bata, hasta la base de la garganta de Dani.


-N-nadie me dijo que no usara perfume. -Para sorpresa de la joven, el elefantito bajó más la trompa, hacia las llamas que dibujaban las lentejuelas rojas que cubrían el corpiño del maillot. Recordó que también se había puesto perfume entre los pechos.


- Kevin... -le imploró. -Me va a tocar... me va a tocar... -la trompa de Tater alcanzó su meta. -¡Los pechos! -gritó.


-Tienes razón. - Kevin palmeó la trompa y la apartó a un lado. -Ya basta, amiguito.


Eso es de mi propiedad.


Dani estaba tan asombrada por aquella declaración que no notó que Tater retrocedía.


Digger soltó una risita jadeante y señaló al elefante con la cabeza.


-Parece que Tater se ha enamorado.


-Eso me temo-repuso Kevin.


-¿De mí? - Dani miró a los dos hombres con incredulidad.


-¿Ves a alguien más? -contestó Kevin.


Lo cierto era que el elefante le estaba lanzando una mirada conmovedora.


-Pero si me odia. Esta tarde me golpeó y me tiró al suelo.


-Esta tarde no llevabas perfume.


Digger se levantó y le crujieron las rodillas. Se acercó al elefantito.


-Ven, chico. La joven no está interesada.


Mientras Digger lo alejaba de allí, Tater le lanzó por encima del hombro una mirada de adolescente enamorado. Dani no sabía si sentir temor o agradecimiento por gustarle al menos a alguien de ese horrible circo.


Esa noche se quedó dormida en cuanto su cabeza tocó la almohada. Oyó entre sueños que Kevin entraba en la caravana unas horas más tarde y notó que le cubría los hombros con la manta mientras volvía a dormirse.



ADELANTOOOSS :)



-¡No! ¡No le pegues! Ha sido culpa mía. Yo...


-¿Qué estás haciendo? ¡Vas a matar al tigre! A los felinos no les gusta el agua.

Volvió a dirigir el chorro al tigre y sintió un fresco alivio en los huesos, como si estuviera mojándose ella misma.


Estas jaulas están asquerosas. Habría que limpiarlas con más frecuencia.


-Yo no puedo con todo. Si crees que las jaulas están asquerosas, quizá deberías limpiarlas tú misma.


-Vale. Lo haré

-¿Estás segura de saber lo que haces?

Ella le sostuvo la mirada sin pestañear.

-No tengo la menor idea.

 

mmmm una cosaa maass k piensan acerca de Kevin? (en la novela....)


jeje mmm buenoo se vienen nuevas cosas cosass k kambiaran a muuchos muuy prontooo! :)


comenntenn muucho y no se olviden de comentaar !

las kierooo

byee

xoxo


Adri :)

CAPITULO 2 PARTE 1 BESAR A UN ANGEL :)


CAPÍTULO 02 PARTE UNO


Dani se pascaba por el rincón más apañado de la sección de fumadores de la puerta de embarque de USAir, dando unas caladas un profundas y rápidas al cigarrillo que empezó a marearse. El avión, según había descubierto, se dirigía a Charleston, Carolina del Sur, una de sus ciudades favoritas, algo que tomó como una buena señal en una larga cadena de acontecimientos que se iban volviendo cada vez más desastrosos.

 

Primero, el estirado y poderoso señor Markov se negó a aceptar el plan. Luego le había saboteado el equipaje. Cuando el chófer descargó una sola maleta del maletero en lugar del juego completo que ella había preparado, Dani pensó que era una equivocación, pero Kevin la sacó rápidamente de su error.

 

-Viajaremos con poco equipaje. Le ordené al ama de llaves que lo rehiciera por ti durante la ceremonia.

 

-¡No tenía derecho a hacer eso!

 

-Vamos a facturar. -Él cogió su propio y ligero equipaje, y Dani se quedó mirando con asombro cómo echaba a andar sin dejarle otra opción que seguirlo. Ella apenas podía cargar con la maleta; sus tobillos se tambaleaban sobre los altos tacones mientras se arrastraba tras él. Sintiéndose desgraciada y cohibida, se había dirigido a la entrada, donde todo aquel que pasaba notaba las medias agujereadas, el vestido quemado y la gardenia mustia.

 

Cuando Kevin desapareció en los aseos, ella se había apresurado a comprar una nueva cajetilla, pero descubrió que sólo tenía un billete de diez dólares en el bolso. Se dio cuenta con inquietud de que ése era todo el dinero que poseía. Sus cuentas corrientes estaban bloqueadas y las tarjetas de crédito canceladas. Por lo tanto, volvió a guardar el billete en la cartera y le pidió un pitillo a un atractivo ejecutivo.

 

En cuanto lo apagó, Kevin salió de los aseos y al ver cómo iba vestido sintió un vuelco en el estómago. El oscuro traje sastre había sido reemplazado por una camisa vaquera, desgastada por infinidad de lavados, y unos vaqueros tan descoloridos que parecían casi blancos. Los bajos deshilachados del pantalón caían sobre unas botas camperas de piel llenas de rozaduras. Llevaba la camisa remangada, mostrando unos fuertes y bronceados antebrazos ligeramente cubiertos de vello oscuro y un reloj.de oro con una correa de piel. Dani se mordisqueó el labio inferior.

 

Al pensar en todo lo que su padre podía haberle hecho, nunca se le había ocurrido que la casaría con el Hombre Marlboro.

 

Él se acercó a ella cargando la maleta con facilidad por el asa. Los ceñidos pantalones revelaban unas piernas musculosas y unas caderas estrechas. A Lani le hubiera encantado.

 

-Vamos. Acaban de hacer la última llamada.

 

-Señor Markov, por favor, no creo que quiera hacer esto. Si me prestara sólo la tercera parte del dinero que legítimamente me pertenece, podríamos poner fin a esta situación.

 

-Le hice una promesa a tu padre y nunca falto a mi palabra. Quizá sea un poco anticuado, pero es una cuestión de honor.

 

-¡Honor! ¡Se ha vendido! ¡Dejó que mi padre le comprara! ¿Qué clase de honor es ése?

 

-Max y yo hicimos un trato y no voy a romperlo. Por supuesto, si insistes en marcharte, no te detendré.

 

-¡Sabe que no puedo hacerlo! No tengo dinero.

 

-Entonces, vámonos. -Él sacó las tarjetas de embarque del bolsillo de la camisa y se puso en marcha.

 

Ella no tenía dinero ni tarjetas de crédito, y su padre le había ordenado que no se pusiera en contacto con él. Con el estómago revuelto, se percató de que no tenía otra alternativa que seguirlo, y cogió la maleta.

 

Delante de ella, Kevin había alcanzado la última hilera de sillas, donde un adolescente estaba sentado fumando. Cuando su nuevo marido pasó junto al chico, el cigarrillo de éste comenzó a arder.

 

 


 

Unas dos horas después Dani se encontraba bajo un sol resplandeciente en el aparcamiento del aeropuerto de Charleston, observando la camioneta negra de Kevin; tenía el capó cubierto por una gruesa capa de polvo y la matrícula de

Florida casi ilegible por el barro seco que la ocultaba.

-Déjala ahí detrás. - Kevin lanzó su propia maleta sobre la camioneta, pero no se ofreció a hacer lo mismo con la de ella, igual que no se había ofrecido a llevársela en el aeropuerto.

 

Dani rechinó los dientes. Si pensaba que iba a pedirle ayuda, podía esperar sentado. Le dolieron los brazos cuando intentó lanzar la voluminosa maleta a la parte trasera. Pudo sentir los ojos de Kevin sobre ella y, aunque sospechaba que al final agradecería todo lo que el ama de llaves había metido en ella, en ese momento habría dado cualquier cosa por que aquel diseño de Louis Vuitton fuera más pequeño.

 

Cogió el asa con una mano y sujetó la parte inferior de la maleta con la otra. Con gran esfuerzo, tiró de ella.

 

-¿Necesitas ayuda? -preguntó el con falsa inocencia.

 

-No..., gra... cias. -Las palabras parecían gruñidos más que otra cosa.

 

-¿Estás segura?

 

Dani, que por fin consiguió alzarla para empujarla con el hombro hacia dentro, no tenía suficiente aliento para contestar. Sólo unos centímetros más. Se tambaleó sobre los tacones. Un poco más...

 

Con un grito de consternación, la maleta y ella cayeron hacia atrás. Gritó al impactar contra el pavimento, luego chilló de pura rabia. Con la mirada clavada en el cielo se percató de que la maleta había amortiguado la caída y evitado que se lastimara.

 

También se dio cuenta de que había caído de manera desgarbada, con la corta falda ciñéndole los muslos, las rodillas pegadas y los pies extendidos.

 

Unas oscuras y gastadas botas camperas entraron en su ángulo de visión. Deslizó la mirada por los muslos que se perfilaban bajo los vaqueros y por el ancho pecho y, al llegar a aquellos ojos color ámbar que brillaban con diversión, Dani recuperó su dignidad. Juntando los tobillos, se apoyó en los codos.

 

-Esto es justo lo que pretendía.

 

La risa del hombre fue ronca y oxidada, como si no se hubiera reído en mucho tiempo.

 

-Si tú lo dices.

 

-Así es. -Con toda la dignidad que pudo reunir, se impulsó sobre los codos hasta quedar sentada. -A esto es a lo que nos ha llevado su comportamiento infantil. Espero que lo sienta.

 

Él soltó una carcajada.

-Tú lo que necesitas es un vigilante, cara de ángel, no un marido.

-¡Deje de llamarme así!

 

-Agradéceme que te llame así. -Cogió el asa de la maleta y la lanzó con facilidad sobre la parte trasera de la camioneta como si no pesara más que el orgullo de Dani. Luego tiró de ella hasta ponerla en pie. Abrió la puerta de la camioneta y la empujó al sofocante interior.

 

Dani esperó para hablar hasta que hubieron dejado el aeropuerto atrás. Viajaban por una carretera de doble sentido que se dirigía tierra adentro en lugar de a Milton Head, como ella había esperado.

 

Matorrales y maleza bordeaban ambos lados de la carretera y el aire caliente que entraba por las ventanillas abiertas de la camioneta le agitaba los cabellos contra las mejillas. Adoptando un tono suave, Dani rompió el silencio.

 

-¿Podría encender el aire acondicionado? Se me enreda el pelo.

-Lleva años sin funcionar.

 

Tal vez estuviera ya entumecida, porque aquella respuesta no la sorprendió. Los kilómetros pasaron volando y los signos de civilización escaseaban cada vez más. De nuevo le preguntó lo que se había negado a contestar cuando bajaron del avión.

 

-¿Podría decirme adonde nos dirigimos?

 

-Es mejor que lo veas por ti misma.

 

-Eso no suena muy esperanzados

 

-Por decirlo de una manera suave, donde vamos no hay salón de cóctel.

 

Vaqueros, botas, matrícula de Florida. ¡Tal vez fuera ranchero! Ella sabía que había multitud de ganaderos ricos en Florida. Quizás estuvieran dirigiéndose hacia el sur. «Por favor, Dios, que sea ranchero. Que sea igual que un episodio repetido de Dallas. Que haya una hermosa casa, ropas de diseño, y Sue Ellen y J. R. haraganeando alrededor de la piscina.»

 

-¿Es usted ranchero?

 

-¿Parezco ranchero?

 

-Lo que parece es un psiquiatra. Responde a una pregunta con otra.

 

-¿Los psiquiatras hacen eso? Nunca he ido a uno.

 

-Por supuesto que no. Es evidente lo bien que le funciona la cabeza

 

Ella había intentado que el comentario sonara sarcástico, pero el sarcasmo nunca se le había dado bien y pareció que lo estaba adulando.

 

Dani miró por la ventanilla el hipnótico paisaje de la carretera.

Totalmente ensimismada, vio una casa desvencijada con un árbol en el patio delantero lleno de comederos de pájaros hechos de calabaza. El aire caliente los movía.

 

Cerró los ojos y se imaginó fumando. O lo intentó. Hasta ese día, no se había dado cuenta de lo mucho que dependía de la nicotina. En cuanto se adaptara a la nueva situación, tendría que dejar de fumar. En cuanto llegara a su nueva vida, tendría que replantearse muchas cosas. Por ejemplo, nunca fumaría en la casa del rancho. Si le apetecía un cigarrillo, saldría a fumárselo a la terraza, en el balancín al lado de la piscina.

 

Mientras seguía soñando, se encontró rezando otra vez: «Por favor, Dios, que haya terraza. Que haya piscina...»

 

Un poco más tarde, la despertó el traqueteo de la camioneta. Se incorporó bruscamente, abrió los ojos y soltó un grito ahogado de asombro.

 

-¿Pasa algo?

-Dígame que eso no es lo que creo que es.

 

El dedo de la joven temblaba cuando señaló hacia el objeto que se movía al otro lado del polvoriento parabrisas.

 

-Es difícil confundir a un elefante con otra cosa.

 

Era un elefante. Un elefante de verdad, vivito y coleando. La bestia recogió un fardo de heno con la trompa y lo lanzó hacia atrás. Mirando la deslumbrante luz del atardecer, Dani rezó para estar todavía durmiendo y que aquello sólo fuera una pesadilla.

 

-Dígame que estamos aquí porque quiere llevarme al circo.

-No exactamente.

-¿Va a ir usted solo?

-No.

 

Dani tenía la boca tan seca que le resultaba difícil articular las palabras.

-Sé que no le gusto, señor Markov, pero, por favor, dígame que no trabaja aquí.

-Soy el gerente.

-Gerente de un circo -repitió ella débilmente.

-Exacto.

 

Atontada, Dani se dejó caer contra el asiento. A pesar de su optimismo, era incapaz de encontrar una luz al final del túnel.

 

En el recinto abrasado por el sol había una carpa de circo roja y azul junto con varias carpas más pequeñas y una gran cantidad de caravanas. La carpa más grande, salpicada por estrellas doradas, tenía un gran rótulo de color rojo intenso donde se podía leer: CIRCO DE LOS HERMANOS QUEST, PROPIETARIO: OWEN QUEST. Además de unos cuantos elefantes atados, Dani vio una llama, un camello, varias jaulas enormes con animales y toda clase de gente de mal vivir, entre la que incluyó a algunos hombres bastante sucios. A la mayoría de ellos parecían faltarle los dientes delanteros.

 

El padre de Dani siempre había sido un esnob. Le encantaba todo ese rollo de los linajes antiguos y los títulos de nobleza. Se jactaba de descender de las más grandes familias zaristas de Rusia. El hecho de que hubiera casado a su única hija con un hombre que trabajaba en un circo decía mucho de lo que sentía por ella.

 

-No es exactamente el de los Hermanos Ringling.

-Eso ya lo veo -repuso ella débilmente.

-Los Hermanos Quest es uno de los circos que se conocen como circos de barro.

-¿Por qué dice eso?

-Pronto lo averiguarás -la respuesta sonó ligeramente diabólica.

 

Su marido aparcó la camioneta al lado de las demás, apagó el motor y salió. Para cuando ella bajó, él ya había sacado las maletas de la parte trasera y había echado a andar cargando con ellas.

 

Los altos tacones de Dani se hundieron en el terreno arenoso y se tambaleó mientras seguía a Kevin. Todos dejaron lo que estaban haciendo y clavaron los ojos en ella. La rodilla le asomaba por el ancho agujero de las medias, la chamuscada chaqueta de raso se le caía de un hombro y los zapatos se hundían en algo demasiado blando. Afligida, Dani bajó la mirada para asegurarse de que había pisado justo lo que se temía.

-¡Señor Markov!

 

El chillido de la joven tenía un deje de histeria, pero él pareció

no oírla y siguió caminando hacia la hilera de caravanas. Ella restregó la suela del zapato por la arena, llenándoselo de polvo durante el proceso. Con una exclamación ahogada, Dani echó a andar de nuevo.

 

Kevin se acercó a dos vehículos que estaban aparcados uno al lado del otro. El más cercano era una moderna caravana plateada con una antena parabólica. Al lado había otra caravana abollada y oxidada que parecía haber sido verde en otra vida.

 

«Por favor, que sea la caravana de la parabólica en vez de la otra. Por favor...»

 

Él se paró ante la fea caravana verde, abrió la puerta y desapareció en el interior. Dani gimió, luego se dio cuenta de que estaba tan entumecida emocionalmente que ni siquiera era capaz de sorprenderse.

 

Kevin reapareció en la puerta un momento después y observó cómo se acercaba tambaleándose hacia él.

 

Cuando al fin llegó al combado peldaño de metal, él le ofreció una sonrisa cínica.

 

-Hogar, dulce hogar, cara de ángel. ¿Quieres que te coja en brazos para cruzar el umbral?

 

A pesar del sarcástico comentario, ella eligió ese momento en particular para recordar que nunca la habían cogido en brazos para cruzar un umbral y que a pesar de las circunstancias, éste era el día de su boda.

 

Quizá poner un toque sentimental los ayudaría a los dos a sacar algo positivo de esa terrible experiencia.

 

-Sí, gracias.

-¿Estás de coña?

-¿Quiere o no quiere hacerlo?

-No quiero.

 

Ella intentó disimular la decepción.

-Vale.

 

-Es una puta caravana.

-Ya lo veo.

 

-Ni siquiera creo que las caravanas tengan umbrales.

-Si hay una puerta, hay un umbral. Incluso un iglú tiene umbral.

 

Por el rabillo del ojo, ella vio que comenzaba a formarse una multitud a su alrededor. Kevin también se dio cuenta.

 

-Vamos, entra.

-Es usted quien se ha ofrecido.

-Estaba siendo sarcástico.

-Ya me he fijado que lo hace mucho. Y por si nadie se lo ha dicho nunca, es una costumbre molesta.

 

-Entra, Dani.

 

 

 

 

Holaaa chikitaass!! espero k les haya gustado el capp. si comentaan muucho les subo la parte dos.. :)))

bessooss

cuideenseenn

ya me paso x sus novels :)

BESAR A UN ANGEL - ARGUMENTO


ARGUMENTO:


La hermosa y caprichosa Danielle Devreaux puede ir a la cárcel o casarse con el misterioso hombre que le ha elegido su padre. Los matrimonios concertados no suceden en el mundo moderno, así que... ¿cómo se ha metido Dani en este lío?


Kevin Markov, tan serio como guapo, no tiene la menor intención de hacer el papel de prometido amante de una consentida cabeza de chorlito con cierta debilidad por el champán. Aparta a Dani de su vida llena de comodidades, la lleva de viaje con un ruinoso circo y se propone domarla.


Pero este hombre sin alma ha encontrado la horma de su zapato en una mujer que es todo corazón. No pasará demasiado tiempo hasta que la pasión le haga remontar el vuelo sin red de seguridad... arriesgándolo todo en busca de un amor que durará para siempre.

 

 

 

 

 

holaaa chikiitasss como estaan!! espero que suuper bien buenoo aqui les traigo una nueva novela  no es mia :( pero espero les gustee!!!! aki les traigo con Kevin Jonas.. que buenoo  no sera Jonas el apellido si no Markov :) espero les guste..!!!


comenten muucho! :)

besosss

xoxox



Adri :)

2do Lugar! Graciaas chikass!!

2do Lugar! Graciaas chikass!!