Obsessive Jonas Disorder
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Nueva novela noticiaas

quee tall?? comoo estaaan??

buuhhh yo a fuuull con estaa universidad!! me exprimen demasiadoo jejeje

peroooo quieroo empezar con una nueva novelaa!!!


mmm de quien la quiereen en la encuesta me dejaron en las mismas porque quedaron parejas las votaciones....


de protagonista a quien prefieren

Kevin

Joe

Nick



co protagonista:

Miley

Demi

Taylor

tu?


prefieren un niño o una niña?




que nombre?? me dan sus opciones??


quisieran tener un personaje en esta nueva novela??


prontoo subire la sinopsis ya tengo mas clara la idea de como sera jeje ok!!! dejenme un comentario con sus opiniones si no les gusta me dejan igual un comentario que deje de escribir y busque otra cosa que hacer jejeje

mmm buenooo les pido otro favor='?'

tienen face le dan like a esta pagina?


Who owns my heart? Jonas Brothers



byeee

Adri!



sabeeen me encanta esta foto!!

por que??? pues mi cuñadito tiene su sonrisa colgate jejeje tiene un graaan sonrisaa!!!!! como le hicieron para que sonria asii??? ahah no see pero amo la foto!!!

y me despido diciendo que somos las mejores fans!

xq??

hoy se han hecho muuuchos TT en todo el dia ah estado

I Am What I am!

Y MUUCHOS MAS pero este se ah mantenido todo el dia! en el primer y segundo puesto! es grandioso!!

muchos lo mencionaron sin saber porque pero nosotr@s conocemos el significado!

me despido ahora si!

dejen su comentario no se olvideen!

 

 

 

Capitulo 23 parte 2


nota:

Laly!!!!!!

graciaaaas x pasartee!!!! jujuju siii son muchos caps!! que bien que te haya gustado la novelaa, es muy importante tu comentario para mi!! al igual que el de todas mis lectoras!


espero k disfruten el capitulo!! :)

 

 

 

Beatriz terminó los tacos que Sheba había preparado y se limpió los dedos en la servilleta de papel.

 

-¿Quieres saber lo que me dijo mi padre ayer por la noche?

 

Sheba la miró desde el fregadero.

 

-Claro.

 

Beatriz sonrió ampliamente, luego resopló.

 

-Me dijo: «Bueno, Beatriz, saca tus cosas del sofá. Que te quiera tanto no significa que quiera mancharme el culo de maquillaje.»

 

Sheba se rio.

 

-Tu padre sabe cómo engatusar a la gente.

 

-Sheba, aquel día en el aeropuerto... -Beatriz parpadeó. -Mi padre tenía los ojos llenos de lágrimas.

 

-Te quiere mucho.

 

-Supongo que sí. -Su sonrisa se desvaneció. -Me siento culpable de ser tan feliz cuando Dani está tan jodida. Ayer dije «joder» delante de ella y ni siquiera se inmutó.

 

Sheba pasó un paño por la encimera de la cocina.

 

-No hacéis más que hablar de ella. Me pone enferma.

 

-Eso es porque no la soportas. No entiendo por qué. Quiero decir que sé que Kevin y tú estuvisteis saliendo y todo eso, pero a ti ya no te interesa él y Dani está muy deprimida. ¿Qué es lo que tienes contra ella?

 

-Lo que pasa es que Sheba no puede aguantar que haya alguien que no la considere el ombligo del mundo. -Brady estaba al lado de la puerta, aunque ninguna de las dos lo había oído entrar.

 

Sheba se volvió hacia él hecha una furia.

 

-¿No sabes llamar a la puerta?

 

Beatriz suspiró.

 

-¿Vais a empezar a discutir otra vez?

 

-Yo no discuto -dijo Brady. -Es ella.

 

-¡Ja! Se cree que puede decirme lo que tengo que hacer y no pienso consentirlo.

 

-Eso es lo que él dice de ti -señaló Beatriz con paciencia. Y luego, aunque pensaba que gastaba saliva inútilmente añadió: -Si os casarais de una vez por todas estaríais tan ocupados dándoos órdenes mutuamente que nos dejaríais en paz a todos los demás.

 

-¡No me casaría con él por nada del mundo!

 

-¡No me casaría con ella aunque fuera la última mujer de la tierra!

 

-Entonces no deberíais acostaros juntos. -Beatriz imitó lo mejor que supo a Dani Markov. -Papá, sé que sales a hurtadillas todas las noches para dormir con ella, pero mantener relaciones sexuales con otra persona sin estar enamorado de ella es inmoral.

 

Sheba se puso roja. Su padre abrió y cerró la boca un par de veces como si fuera una carpa dorada, luego comenzó a farfullar.

 

-No sabes lo que dices, señorita. Sheba y yo sólo somos amigos, eso es todo. Tuvo problemas con el depósito de agua y yo...

 

Beatriz puso los ojos en blanco.

 

-No soy imbécil, papá.

 

-Escúchame...

 

-¿Qué clase de ejemplo crees que me estás dando? Ayer mismo leí algo sobre madurez psicológica en mis deberes, y parece que tengo dos cosas en mi contra.

 

-¿Cuáles?

 

-Perdí a mi madre y soy producto de una familia desestructurada.

 

Eso y lo que veo que hacen los dos adultos más influyentes de mi vida hace que tenga muchas posibilidades de acabar embarazada antes de cumplir los veinte años.

 

Brady arqueó las cejas hasta que prácticamente se perdieron en el nacimiento del pelo, y Beatriz llegó a pensar que perdería c! control. Aunque Brady ya no le daba el mismo miedo que antes, no era estúpida.

 

-Me piro. Nos vemos, chicos.

 

Cerró de un portazo al salir de la caravana.

 

-¡Qué cabrita!

 

-Siéntate -dijo Sheba. -Sólo intenta decirnos algo.

 

-¿Qué?

 

-Que deberíamos casarnos. -Sheba se llevó un trozo de carne a la boca. -Lo que demuestra lo poco que sabe de la vida.

 

-No la has entendido bien.

 

-Aún no se ha dado cuenta de lo incompatibles que somos.

 

-Excepto ahí dentro. -Brady señaló con la cabeza el dormitorio de la parte de atrás.

 

-Bueno, lo cierto es... -Una astuta sonrisa se extendió por la cara de Sheba- que parece que los chicos de las clases bajas tenéis vuestra utilidad.

 

-Pues claro que la tenemos. -La tomó entre sus brazos y ella se apretó contra él. Comenzó a besarla, pero se apartó porque los dos tenían cosas que hacer y una vez que empezaban no habría nada que los detuviera.

 

Brady notó la preocupación en los ojos de Sheba.

 

-La temporada termina -dijo ella. -En un par de semanas estaremos en Tampa.

 

-Nos veremos en invierno.

 

-¿Quién ha dicho que quiera verte?

 

Sheba mentía y los dos lo sabían. Estaban muy a gusto juntos, pero Brady tenía el presentimiento de que ella quería algo que él no podía darle.

 

Enterró los labios en el pelo de Sheba.

 

-Sheba, tengo que protegerme de ti. Creo que te amo, pero no puedo casarme contigo. Soy un hombre orgulloso y tú siempre estás pisoteando mi orgullo.

 

Ella se tensó y se alejó de él, lanzándole una mirada tan desdeñosa que Brady se sintió como una cucaracha.

 

-Creo que nadie ha hablado de matrimonio.

 

Brady no sabía expresarse bien, pero había algo importante que

quería decirle desde hacía tiempo.

 

-Me gustaría casarme contigo, pero me resultaría imposible estar casado con alguien que disfruta humillándome todo el tiempo.

 

-¿Qué dices? Tú también me humillas.

 

-Sí, pero yo lo hago sin querer y tú no. Hay una gran diferencia. Lo cierto es que te crees mejor que los demás. Piensas que eres perfecta.

 

-Nunca he dicho eso.

 

-Entonces cuéntame algo malo de ti.

 

-Ya no soy tan buena trapecista como antes.

 

-No hablo de eso. Hablo de algo que tengas dentro, algo que no sea como debería ser. A todos nos pasa.

 

-No me pasa nada malo, no sé de qué me hablas.

 

Brady negó tristemente con la cabeza.

 

-Te conozco, nena. Y hasta que no resuelvas eso, no hay esperanza para nosotros.

 

La soltó y se dio la vuelta para marcharse, pero antes de que él llegara a la puerta, Sheba comenzó a gritar:

 

-¡No sabes nada de mí! Que sea dura no quiere decir que sea una

mala persona. ¡No lo soy, maldita sea! ¡Soy buena!

 

-Además, eres una esnob -repuso él, mirándola. -Sólo te importa lo que tú sientes. Hieres a los demás. Estás obsesionada con el pasado y eres la persona más engreída que he conocido nunca.

 

Por un momento Sheba se quedó atontada, pero luego volvió a gritar:

 

-¡Mentiroso! ¡Soy buena! ¡Lo soy!

 

El grito furioso de Sheba hizo que Brady se estremeciera. Supo que ella le atacaría y logró salir antes de que estrellara el plato de tacos contra la puerta.

 

 


Mientras daba vueltas esa noche por el recinto, Dani se dio cuenta de que hubiera preferido seguir actuando con Kevin. Al menos hubiera estado ocupada. Cuando le había dicho que no iba a volver a la pista con él, no sintió ni alegría ni decepción. Le dio igual. En las últimas semanas había descubierto un dolor mucho más profundo que cualquiera que pudiera provocarle con el látigo.

 

Observó el bullicio de la multitud al otro lado del recinto. Los niños cansados se aferraban a sus madres y los padres llevaban en brazos a los más pequeños con manchas de manzana de caramelo en las bocas. Antes, ver a esos padres hubiera hecho que los ojos se le llenasen de lágrimas de emoción, pues imaginaba a Kevin llevando en brazos a su hijo. Pero ahora tenía los ojos secos. Junto con todo lo demás, había perdido la capacidad de llorar.

 

Como el circo permanecería allí esa noche, los empleados tenían la urde libre y se habían dirigido al pueblo en busca de comida y alcohol. El recinto se fue quedando en silencio. Mientras Kevin se ocupaba de Misha, ella se puso una de las viejas sudaderas de su marido y se movió entre los elefantes dormidos hasta llegar a Tater. Se arrodilló y se acurrucó entre las patas delanteras del animal y dejó que le apoyase la trompa en las rodillas.

 

Se arrebujó dentro de la sudadera de Kevin. La suave prenda olía a él, a esa particular combinación de jabón, sol y cuero que ella habría reconocido en cualquier parte. ¿Llegaría a perder todo lo que amaba?

 

Oyó unos pasos. Tater se incorporó sobre los cuartos traseros y Dani vio un par de piernas enfundadas en vaqueros que no tuvo ninguna dificultad en reconocer.

 

Kevin se puso en cuclillas a su lado y apoyó los codos en las rodillas, dejando colgar las manos entre ellas. Parecía tan triste que por una fracción de segundo quiso consolarlo.

 

-Por favor, sal de ahí -susurró él. -Te necesito tanto.

Dani apoyó la mejilla contra la arrugada piel del pecho de Tater.

 

-Creo que me quedaré aquí un rato más.

 

Kevin hundió los hombros y pasó un dedo por el suelo.

 

-Mi casa... es grande. Hay una habitación de invitados con una buena vista del bosque que hay al sur.

 

Dani soltó el aliento con un suave suspiro.

 

-Hace frío esta noche. Va a nevar.

 

-He pensado que podríamos convertirla en una habitación infantil. Es una estancia agradable, soleada, con un gran ventanal. Tal vez podríamos tener allí una mecedora.

 

-Siempre me ha gustado la nieve.

 

Los animales se movieron y uno de ellos bufó en sueños. Tater levantó la trompa de la rodilla de Dani y la pasó por los hombros de Kevin. El tono suave de Kevin no disimuló su amargura.

 

-¿No vas a perdonarme nunca? -Ella no dijo nada. -Te amo, Dani. Te amo tanto.

 

Ella oyó el sufrimiento en su voz, vio la vulnerabilidad en su cara y, si bien sabía que era debido a lo culpable que se sentía, Dani había sufrido demasiado dolor para encontrar placer en infligírselo a otro, en especial a alguien que era tan importante para ella.

 

-Tú no sabes cómo amar, Kevin.

 

-Puede que eso fuera cierto antes, pero ya no lo es.

 

Tal vez fuera por lo cómoda que se sentía bajo el corazón de Tater, o tal vez fuera el dolor de Kevin, pero Dani sintió que la gélida barrera que rodeaba su corazón comenzaba a agrietarse. A pesar de todo, todavía 1c amaba. Se había mentido a sí misma cuando se dijo que no lo hacía. Él era su alma gemela y su corazón siempre le pertenecería. Con esa certeza llegó un conocimiento más profundo y amargo. Si volvía a caer víctima del amor que sentía por él, podría acabar destruida y, por el bien del bebé, no podía permitir que eso ocurriera.

 

-¿Es que no lo ves? Sólo te sientes culpable.

 

-Eso no es cierto.

 

-Eres un hombre orgulloso. Has violado tu código del honor e intentas arreglarlo. Lo entiendo, pero no voy a dejar que mi vida se base en unas palabras que no sientes de verdad. Este bebé es demasiado importante para mí.

 

-El bebé también es importante para mí.

 

Ella hizo una mueca de dolor.

 

-No digas eso, por favor.

 

-Te probaría mi amor si pudiera, pero no sé cómo hacerlo.

 

-Tienes que dejarme ir. Sé que eso heriría tu orgullo y lo siento, pero vivir contigo así es demasiado duro para mí.

 

Él no dijo nada. Ella cerró los ojos e intentó ocultarse tras la helada barrera que la había mantenido en pie hasta entonces, pero Kevin había provocado demasiadas grietas.

 

-Por favor, Kevin -susurró entrecortadamente. -Por favor, deja que me vaya.

 

La voz de Kevin apenas era un susurro.

 

-¿Es eso lo que quieres de verdad?

 

Dani asintió con la cabeza.

 

Jamás había pensado que lo vería tan derrotado, pero en ese momento la chispa que ardía en el interior de Kevin pareció

apagarse.

 

-Vale -dijo con voz ronca. -Que sea como tú quieras.

 

Si eso era lo que quería, ¿por qué le dolía tanto?

 

A su lado se movió una sombra, pero los dos estaban demasiado absortos en su sufrimiento para darse cuenta de que alguien más había escuchado la conversación.

ULTIMOS CAPITULOS.......

 

 

 

HOLAAA!!! quee tal chicaas!! como se encuentran que hacen??

ya estan en clases?? si creo k ahora todas jeje

bieen les dejo el cap!!!

ya me pase x sus novels!! estan mejor que nuncaa!!! disculpen k no puedo comentar esk voy de pasadita! k tengo k estudiar full!!!!

ok ahora si me voyyy

chaaoo las kieroo!!!

att

Adri!

 

 

 

 

CAPITULO 10 PARTE 1 BESAR A UN ANGEL :)

CAPÍTULO 10


A Kevin nada le había dado tanta lástima como su pobre esposa cabeza hueca. Le dio la espalda a la cazuela de chile que estaba cocinando y la observó entrar en la caravana, con la ropa tan sucia que podría haber salido de una pocilga. Briznas de heno y restos de comida para anímales se pegaban a lo que le quedaba de coleta. Tenía los brazos salpicados de barro y olía que apestaba.

 

Como Kevin también había sido el blanco de la llama más de una vez, reconoció el olor.

 

-¿También has tenido un encontronazo con Lollipop?

 

Ella masculló algo indescifrable y se dirigió al donnicker.

 

Kevin sonrió y volvió a remover el chile.

 

-No te he entendido. ¿Qué has dicho?

 

La respuesta de la joven tuvo el acento bien educado de alguien acostumbrado a las cosas buenas de la vida.

 

-Vete a freír espárragos. -Y cerró la puerta de un portazo.

 

Él se rio entre dientes.

 

-¿Ha sido tu primer encuentro con una llama?

 

Ella no contestó.

 

Kevin echó otra cucharada de pimienta picante, añadió salsa caliente a la mezcla y la probó. Demasiado suave.

 

No se oía ningún sonido en el baño, ni siquiera el del agua. Con el ceño fruncido, dejó la salsa picante al fuego.

 

-¿ Dani? -Como ella no respondió, él se acercó al baño y llamó a la puerta. -¿ Dani? ¿Te pasa algo?

 

Nada.

 

Giró la manija y la vio inmóvil, delante del espejo, con las lágrimas cayéndole en silencio por las mejillas mientras miraba su propio reflejo.

 

 

Kevin notó un extraño sentimiento de ternura en su interior.

 

-¿Qué te ocurre, cariño?

 

Ella no se movió, las lágrimas continuaron deslizándosele por las mejillas.

 

-No es que nunca haya sido tan guapa como mi madre, pero ahora estoy horrible.

 

En lugar de irritarlo, ver que ella había perdido cualquier rastro de vanidad le tocó la fibra sensible.

 

-Yo creo que eres muy hermosa, cara de ángel, incluso cuando estás sucia. Pero te sentirás mejor después de ducharte.

 

Dani no se movió. Seguía con la mirada clavada en el espejo mientras las lágrimas le caían por la barbilla.

 

Él se agachó a su lado, le levantó un pie y le quitó la deportiva y el calcetín. Luego hizo lo mismo con el otro.

 

-Por favor, vete. - Dani lo dijo con la misma dignidad muda que él había observado en ella durante los últimos diez días mientras se concentraba en completar una tarea tras otra. -Estás ayudándome porque estoy llorando de nuevo, pero sólo lloro porque estoy cansada. Lo siento. No me hagas caso.

 

-Ni siquiera he notado que estuvieras llorando. - Kevin se arrodilló ante ella y le abrió la cremallera de los vaqueros y, tras vacilar un momento, se los deslizó por las caderas. Cuando los bajó por las delgadas piernas de la joven, Kevin sintió una punzada de deseo y tuvo que obligarse a apartar la vista del tentador triángulo de las bragas color verde menta que llevaba puestas.

 

¿Cuánto tiempo más iba a poder mantener las manos alejadas de ella? Durante la última semana y media Dani había estado tan cansada que apenas podía mantenerse en pie, pero él sólo había podido pensar en su suave y flexible cuerpo. Había llegado a un punto en el que no podía mirarla sin ponerse duro, y eso le sacaba de sus casillas. Le gustaba tener todos los aspectos de su vida bajo control y ése se le escapaba de las manos.

 

Incluso para una mujer que hubiera crecido en el circo hubiera sido demasiado duro hacer todo lo que le había ordenado hacer a Dani. Se había convencido de que sólo era cuestión de días -por no decir horas- que ella tirase la toalla y se fuera. Y querría poder estar seguro de que no la tocaría, por lo menos no como deseaba hacerlo. Mantener relaciones sexuales en ese momento sólo complicaría una situación ya de por sí complicada, y por eso no importaba lo mucho que la deseara, tenía que dejarla en paz.

Pero Dani seguía sin darse por vencida y él no sabía cuánto tiempo más podría mantenerse alejado. Cuando se metía en la cama por la noche, era tan consciente de ella acurrucada en el sofá, a tan sólo unos metros de él, que tenía dificultades para quedarse dormido. Y el simple hecho de verla durante el día hacía imposible que se concentrara en su trabajo.

 

¿Por qué no se había rendido? Era delicada. Débil. No hacía más que llorar. Y, al mismo tiempo, había tenido el valor de enfrentarse a Neeco Martin y defender a esas pobres y tristes criaturas de la casa de fieras. Dani Devreaux Markov no era la joven pusilánime que él había supuesto.

 

Que no hubiera resultado ser como él creía lo irritaba casi tanto como el doloroso efecto que tenía sobre su cuerpo, y por ese motivo le habló bruscamente:

-Levanta los brazos.

 

Dani estaba demasiado cansada después de haberse pasado todo el día trabajando, así que obedeció de manera automática. Kevin le quitó la camiseta por la cabeza, dejando al descubierto el sujetador que hacía juego con las braguitas. La joven estaba tan agotada que no podía evitar que se le cayera la cabeza, pero Kevin seguía sin poder confiar en sí mismo, por lo que se enojó todavía más. Se dio la vuelta, ajustó la temperatura del agua de la ducha y metió a Dani dentro de la cabina con la ropa interior incluida.

 

-Te serviré la comida cuando salgas. Ya me he hartado de comer latas de conservas, así que esta noche he preparado chile.

 

-Sé cocinar -dijo ella entre dientes.

 

-Por hoy ya has hecho suficiente.

 

Dani se colocó bajo el chorro de la ducha y dejó que el agua resbalara por su cuerpo.

 

Cuando por fin salió del cuarto de baño, llevaba el pelo retirado de la cara y tenía puesto el albornoz azul de Kevin. Parecía una adolescente cuando se deslizó detrás de la mesa de la cocina.

 

Kevin le plantó delante un plato de chile caliente y luego se acercó al fogón para servirse otro para él.

 

-¿Puedo faltar esta noche a la función?-preguntó ella.

 

-¿Estás enferma?

 

-No.

 

Kevin puso su plato sobre la mesa y se sentó enfrente de ella, endureciendo su corazón ante la muda dignidad que mostraba su esposa.

 

-Entonces no puedes faltar.

 

Dani pareció aceptar la negativa con resignación, algo que a Kevin le molestó más que si hubiera discutido con él.

 

-Jamás me había sentido tan despreciada.

 

-Las llamas son así con todo el mundo. No te lo lomes como algo

personal.

 

-Frankie también me odia. Hoy me ha lanzado una caja de galletas.

 

-Ha tenido que ser un accidente. Frankie es amable con todo el mundo.

 

Dani apoyó un codo en la mesa y descansó la cabeza en la mano mientras revolvía el chile con desgana.

 

-Desfilar con tan poca ropa denigra a las mujeres.

 

-Pero es estupendo para la taquilla.

 

Kevin lamentó de inmediato haberle tomado el pelo, sobre todo cuando sabía que ella estaba demasiado cansada para responder a la broma. Y lo cierto era que le molestaba verla desfilar con ese maillot. No era tan alta como las demás chicas ni tan pechugona como ellas, pero la belleza juvenil y la dulce sonrisa de su esposa la hacían destacar, e incluso había tenido que ponerse serio con algunos patanes del público que habían intentado ligar con ella tras la función. Sorprendentemente, Dani parecía no ser consciente de las reacciones que provocaba.

 

Ella dejó caer una galletita salada en el chile.

 

-Ya que presumes de lo bien que se cuida a los animales en el circo, deberías saber que la casa de fieras es una vergüenza.

 

-Estoy totalmente de acuerdo contigo. Llevo años diciéndolo, pero a Owen le encantaba y siempre se negó en redondo a deshacerse de ella.

 

-¿Y Sheba?

 

-Opina como yo. Espero que la cierre pronto, pero no hay mercado para los animales viejos de los circos. En realidad están mejor con nosotros que si los vendiese a los cotos de caza ilegales.

 

Dani se llevó un poco de chile a la boca pero volvió a poner el tenedor en el plato como si comer supusiera demasiado esfuerzo.

 

Kevin ya no lo soportó más. No le importaba si le criticaban por darle a su esposa un trato de favor, pero no podía tolerar esas sombras púrpura bajo sus ojos ni un día más.

 

-Vete a la cama, Dani. He cambiado de idea. Hoy puedes saltarte la función.

 

 

CAPITULO 8 PARTE 2 BESAR A UN ANGEL :)

Parte 2

 

Dani miró la picana con desagrado.


-¿Les das descargas? ¿No te parece que es una medida muy

drástica?


-Cuando se trabaja con animales no se puede ser sentimental. Puede que los quiera mucho, pero no soy estúpido. Tienen que saber quién es el que manda, quién lleva aquí la voz cantante.


-Neeco, esto no es para mí. Ya le he dicho a todo el mundo que los animales me dan miedo, pero nadie me hace caso.


-Acabarás por superarlo. Sólo necesitas pasar algún tiempo con ellos. No les gustan las personas ni los ruidos inesperados, así que tienen que verte venir. -Le quitó el pincho de la mano y le dio la picana a cambio. -Si te ven con ella te respetarán más. Los pequeños son fáciles de controlar; un par de descargas rápidas si no te hacen caso y listo. Cuando uses el pincho, apunta detrás de las orejas, es donde más les molesta.


Ella sintió como si estuviera siendo obligada a sujetar algo obsceno. Miró a los elefantitos y vio que Tater le devolvía la mirada. El animal observó la picana y, aunque tal vez fuera cosa de su imaginación, Dani pensó que parecía decepcionado.


Cuando Neeco se marchó, ella se acercó a los animalitos tosiendo para no sorprenderlos. Ellos levantaron la cabeza y se removieron inquietos al ver lo que llevaba en la mano. Bam abrió la boca y emitió un fuerte barrito de tristeza.


Debían de estar acostumbrados a que les dieran descargas eléctricas. Dani pensó lo mucho que comenzaba a desagradarle Neeco Martin. Más que incrementar la confianza en sí misma, la picana hacía que se sintiera incómoda. No importaba lo mucho que le asustaran los animales, jamás podría hacerles daño, así que dejó el artilugio detrás de una bala de heno.


Miró con anhelo la caravana de Kevin Sólo tres días antes la había considerado repugnante, pero ahora le parecía el lugar más acogedor del mundo. Se recordó a sí misma que si había podido limpiar el remolque, también podía sobrevivir a eso.


Se acercó a las bestias de nuevo, esta vez sin la picana. Ellos la observaron durante un momento. Satisfechos de que ella ya no supusiera una amenaza, se dedicaron a remover el heno.


Todos salvo Tater. ¿Sería cosa de su imaginación o él le estaba realmente sonriendo? ¿Y no tenía esa sonrisa cierto toque diabólico?


-Elefantes bonitos. Elefantitos b-bonitos -canturreó ella. - Dani

es buena. Dani es muuuuuy buena.


Pebbies y Bam levantaron la cabeza y se miraron el uno al otro, y ella hubiera jurado que incluso habían puesto los ojos en blanco. Tater, mientras tanto, levantó un fardo de heno y lo dejó caer sobre su lomo. Aunque los demás elefantes continuaron observándola, Tater no estaba molesto por la presencia de la joven. Parecía el más sociable de todos.


El animal dejó caer otro fardo de heno sobre su lomo. Dani se acercó unos pasos más, hasta que sólo hubo tres metros entre ellos. Tater comenzó a resollar en la paja.


-Tater bonito. Tater es un elefantito muy bonito. -Se acercó a él unos centímetros más, susurrándole tonterías como si fuera un bebé de verdad. -Niño bonito. Sé bueno. -Comenzó a temblarle la voz. -Tater tiene que ser más educado. -Estaba tan cerca que podía palmearle la trompa, y Dani sintió la piel húmeda y pegajosa por el sudor. -A Tater le gusta Dani. Dani es amiga de

Tater. -Alargó la mano lentamente, obligándose a hacerlo centímetro a centímetro, diciéndose a sí misma que los elefantes no comían personas, tan sólo... «¡Zas!»


El elefantito le plantó la trompa en el pecho y la tiró al suelo. La joven cayó con tal fuerza que vio las estrellas. El dolor le subió por el costado izquierdo. La vista se le aclaró justo a tiempo de observar cómo el elefante levantaba la trompa y emitía un grito de inequívoca victoria.


Dani se quedó allí sentada, demasiado deprimida para levantarse. Las florecitas de las sandalias centelleaban como estrellas plateadas ante sus ojos. Levantó la cabeza y vio que Bathsheba Quest la miraba desde detrás de unas gafas de sol.


Sheba llevaba un ceñido top blanco, unos pantalones cortos a juego y un cinturón de color lavanda. Cargaba sobre la cadera a un bebé de pelo oscuro, un niño que Dani recordaba haber visto con uno de los hermanos Tolea y su mujer. Sheba bajó la mirada hacia ella, luego se colocó las gafas de sol en la coronilla, retirándose el pelo lo suficiente para dejar a la vista unos pendientes púrpura con brillantes en forma de estrellas.


Dani esperaba ver una expresión de triunfo en los ojos de Sheba, pero sólo vio satisfacción. Se dio cuenta de que estaba tan hundida que la mujer ni siquiera la consideraba una amenaza.


-¿De dónde demonios te ha sacado Kevin?


Negando con la cabeza, Sheba pasó por encima de los pies de Dani, para acercarse a Tater y acariciarle la


-Eres un pequeño demonio, ¿verdad, colega? ¿A que es un diablillo, Theo? -dijo Sheba, cogiendo el pie del niño.


Dani había sido derrotada por todos y ya no pudo soportarlo más. En lo que a ella concernía, el trabajo había terminado por ese día, y había sobrevivido a duras penas. Se puso en pie y se dirigió a la caravana. En ese momento vio a Kevin. Demasiado cansada para volver a enfrentarse a él, se dio la vuelta y comenzó a deambular por el recinto del circo.


Se cruzó con dos de las animadoras, pero le dieron la espalda. Uno de los payasos fingió no verla. Dani necesitaba con urgencia un cigarrillo.


Dio un respingo cuando un potente chillido surcó el aire. La joven giró la cabeza con rapidez y vio a Frankie cerca de uno de los camiones de la mano de Jill. La señaló y chilló de nuevo. Jill lo cogió en brazos y, sin dirigirle la palabra a Dani, se alejó.


Dani se sintió fatal. El mensaje era claro. La habían declarado una paria.


Siguió caminando hasta que se encontró delante de la casa de fieras. La puerta de lona estaba levantada y todos los animales estaban dentro menos Sinjun, cuya jaula aún se encontraba a pleno sol. El animal bajó las orejas cuando ella se acercó, y la miró con desdén. La noche anterior había estado demasiado oscuro para ver en qué condiciones se encontraba la jaula, pero ahora podía ver lo sucia que estaba. Digger era quien se encardaba de cuidar a los animales, pero estaba claro que éstos ocupaban el último lugar en su lista de tareas.



El tigre clavó los ojos en ella y Dani no pudo apartar la mirada de él. La noche anterior el pelaje a rayas parecía brillar bajo los reflectores, pero ahora el animal parecía flaco y sucio. La joven miró fijamente aquellos misteriosos iris dorados y, al cabo de unos segundos, se sintió muy sofocada.

 

El sudor le cubría el hueco de la garganta y los brazos. Tenía la cara congestionada y los pechos mojados. Nunca había sentido tantísimo calor. Quiso desnudarse por completo y meterse en una piscina de agua helada. Tenía un calor insoportable. Sabía que el ardor no provenía de ella sino del tigre.

 

-Aquí estás.

 

Dani volvió la cabeza y vio que Kevin se acercaba a ella. La miró de arriba abajo y se quedó helada bajo el impacto de esos ojos fríos e impersonales.

 

-Aún te queda algo de tiempo libre antes de la función -dijo. -

¿Por qué no vas a ducharte y luego cenamos algo?

-¿La función?

 

-Ya sabes que es parte de tu trabajo.

 

-Pero no esta noche. Es imposible que pueda hacer nada esta noche. ¡Mírame!

 

 

Holaaaaa chikaaaaaaaas regreseeeeeeee !!!!!!!

comoo estaaan!!!!!!!!!! espero k suupr bieeen!!! buenoo yo aki con la otra parte del cap!

espero y les guste!!! comenten muuchooo!1

un favorr!!!

podrian recomendar la novel¿???

graciaas!!

buenoooooo ya al fin estoy mejor!!! ya recuperadita de k me sacaron mis molares..... auuch .. :(

buenooo espero pasarme pronto x sus novels las kieroo!

mmm y una cosaaaa

les gustaria adelantoos????

me avisan!

buenoo las dejo byee :)

 

Adri :)

CAPITULO 8 PARTE 1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

 

 

Princesas hermosas

como estan espero y bien,  como ya Habia mensionado adri

esta enfermita le operaron el tercer molar asi que debe tener reposo asi que una vez mas  subire bueno sin mas que decir  pero y les guste este cap que con anticipacion prepare para ustedes.

CAPITULO 8 PARTE 1


Aquí tienes la pala -dijo el hombre que se ocupaba de los elefantes. -Ahí está la carretilla. Y ahí el camión con el estiércol.

Digger, que era quien se encargaba de los animales de Neeco Martin, el domador, le dio una pala y se alejó cojeando. Era un hombre mayor que padecía artritis; tenía el rostro arrugado y los labios hundidos por la falta de dientes. Digger era ahora el jefe de Dani.

Dani miró la pala. Ése era su castigo. Se había imaginado que Kev la mantendría confinada en la caravana, que utilizaría aquel lugar como una celda ambulante, pero debería haber sabido que él no se conformaría con algo tan sencillo.

La noche anterior Dani había llorado en el sofá hasta quedarse dormida. No tenía ni idea de si Kev había dormido en la caravana ni de si había regresado. Por lo que ella sabía, hasta podía haber pasado la noche en compañía de una de las showgirls. La invadió la tristeza. Kev apenas le había hablado esa mañana salvo para decirle que tendría que trabajar para Digger y que no debía abandonar el recinto sin su permiso.

Desvió la mirada desde la pala que sostenía en la mano al interior del camión. Los elefantes ya habían bajado del remolque a través de unas anchas puertas correderas situadas en el centro de éste, justo encima de la rampa. A Dani se le puso un nudo en el estómago y una oleada de intranquilidad hizo que le subiera la bilis a la garganta. Había mucho estiércol. Muchísimo. En algunas partes la paja estaba casi limpia. En otras había sido aplastada por las gigantescas patas de los paquidermos.

Y aquel olor...

Dani volvió la cabeza y aspiró aire fresco. Su marido creía que era una ladrona y una mentirosa y, como castigo, la obligaba a trabajar con los elefantes a pesar de que ella le había dicho que los animales le daban miedo. Volvió a mirar hacia dentro del camión.

Adiós a su modelito de Mary McFadden.

Dani se sintió derrotada y, justo en ese momento, supo que había fallado. No podría hacerlo. Otras personas parecían tener una fortaleza a la que recurrir en tiempos de crisis, pero Dani no. Era débil y no hacía nada a derechas. Todo lo que su padre y Kev habían dicho de ella era verdad. Sólo servía para charlar en las fiestas y eso no le valía de nada en este mundo. Con el sol cayendo a plomo sobre su cabeza, rebuscó en su interior, pero no encontró ni un ápice de coraje. Se dio por vencida. Tiró la pala sobre la rampa.

-¿Ya te has dado por vencida?

Dani bajó la mirada. Kev estaba al pie de la rampa. Ella asintió lentamente con la cabeza.

Él le sostuvo la mirada con las manos apoyadas en las caderas cubiertas por unos vaqueros descoloridos. -Los hombres han hecho apuestas sobre si harías o no el trabajo.

-¿Y qué has apostado tú? -La voz de Dani apenas era un susurro y a él le sonó como un graznido.

-No estás preparada para recoger mierda, cara de ángel. Cualquiera puede verlo. Pero, y sólo para que conste en acta, no he apostado nada.

No era por lealtad hacia ella, de eso estaba segura, lo habría hecho para mantener su reputación como jefe. Lo miró con una distante curiosidad.

-Has sabido todo el tiempo que no podría hacerlo, ¿verdad?

-Sí, lo sabía -dijo Kev, asintiendo lentamente con la cabeza.

-Entonces, ¿por qué me has hecho pasar por esto?

-Eras tú la que tenía que entender que no podías soportarlo. Pero has tardado demasiado tiempo en darle cuenta, Dani. Intenté decirle a Max que no ibas a sobrevivir aquí más que una bola de nieve en el infierno, pero no quiso escucharme. -La voz de Kev se volvió casi suave y, por alguna razón desconocida, a ella le molestó más aquello que el anterior desprecio de su marido. -Vuelve a la caravana, Dani, y cámbiate de ropa. Te pagaré un billete de avión.

«¿Adonde iré?», se preguntó. No tenía ningún lugar al que ir. Oyó el rugido de Sinjun y miró hacia su jaula, pero el camión del agua le bloqueaba la vista.

-Te daré dinero para que puedas mantenerte hasta que encuentres trabajo.

-Eso es lo que te pedí en la limusina y no aceptaste. ¿Por qué lo haces ahora?

-Le prometí a tu padre que te daría una oportunidad. He mantenido mi palabra.

Dicho lo cual, él se dio la vuelta para dirigirse a la caravana, seguro de que ella lo seguiría. Esa arrogante seguridad atravesó el dolor de Dani y lo transformó en un ramalazo de ira, tan extraña en su tranquila naturaleza que la joven apenas reconoció lo que era. Él estaba tan convencido de su derrota que ni siquiera dudaba del hecho de que fuera a rendirse.

«¿Iba a rendirse?»

Miró a la pala tirada sobre la rampa. Tenía abono seco pegado al mango y a la paleta, lo que atraía a un enjambre de moscas. Mientras la miraba, se dio cuenta de que esa pala, sucia, era como todas las malas decisiones que había tomado en su vida.

Con un sollozo entrecortado la recogió con rapidez y se metió dentro del remolque. Contuvo la respiración y deslizó la pala bajo el montón de paja más próximo, recogió una paletada y con brazos temblorosos la llevó hasta la carretilla. Los pulmones le ardieron por el esfuerzo. Aspiró aire fresco y casi se atragantó con aquel pestilente olor. Sin darse tiempo para pensar, fue a por el siguiente montón y luego por el siguiente. Comenzaron a dolerle los brazos, pero no se detuvo.

Las botas de Kev resonaron pesadamente en la rampa.

-Para, Dani, y sal de ahí ya. Ella tragó saliva intentando desatascar el nudo de su garganta.

-Vete.

-No podrás sobrevivir aquí. Tu obstinación sólo pospondrá lo inevitable.

-Es posible que tengas razón. -Perdió la batalla por contener las lágrimas y éstas se le deslizaron por las mejillas. Sorbió por la nariz, pero no dejó de trabajar.

-Lo único que estás consiguiendo con esto es convencerme de lo tonta que eres.

-No estoy intentando convencerte de nada y, francamente, ya no quiero hablar más. -Con un trémulo sollozo, levantó otro pesado montón y, sin apenas fuerzas, consiguió llevarlo hasta la carretilla.

-¿Estás llorando?

-Vete.

Él entró y se puso delante de ella.

-Sí, estás llorando.

-Perdona, pero me estás interrumpiendo -dijo Dani con voz trémula.

Él trató de quitarle la pala, pero ella la apartó a un lado antes de que pudiera cogerla. Un arranque de cólera alimentado por la adrenalina le dio la fuerza suficiente para deslizar la pala bajo otro montón de paja y amenazar con arrojárselo.

-¡Vete! ¡Lo digo en serio, Kev! Si no me dejas en paz te lo echaré encima.

-No te atreverás.

A Dani le temblaban los brazos y las lágrimas le caían desde la barbilla a la camiseta, pero sostuvo la mirada de Kev sin rendirse.

-No deberías desafiar a alguien que no tiene nada que perder.

Kev se quedó inmóvil por un momento. Luego meneó lentamente la cabeza y retrocedió.

-De acuerdo, pero sólo lo estás haciendo más difícil para ti.

La joven tardó dos horas en limpiar el remolque. Bajar la pesada carretilla por la rampa fue lo más difícil. Se le volcó la primera vez que lo intentó y tuvo que recogerlo todo de nuevo. Había seguido llorando todo el tiempo, pero no se detuvo.

 

De vez en cuando levantaba la cabeza y veía a Kev, que la observaba con esos ojos dorados, pero lo ignoró. Los hombros y los brazos le dolían demasiado, pero apretó los dientes y se obligó a seguir.

Cuando terminó de limpiar con la manguera el interior del camión, la camiseta y los vaqueros que Kev le había comprado dos días antes estaban cubiertos por una capa de porquería que parecía formar parte de ellos. Tenía el pelo alborotado alrededor de la cara y se le habían roto las uñas. Examinó el trabajo intentando sentir orgullo por lo bien que lo había hecho, pero lo único que sintió fue un cansancio mortal.

Se apoyó en la puerta del camión. Desde aquella ventajosa posición, en lo alto de la rampa, podía ver a los elefantes encadenados cerca de la carretera para anunciar que el circo estaba allí.

-Baje, señorita -dijo Digger. -El día no ha terminado todavía.

Dani bajó por la pendiente cojeando sin apartar la vista de los elefantitos que estaban, sin atar, a unos quince metros.

Digger los llamó por señas.

-Hay que llevarlos a abrevar. Use esto para empujarlos, cláveselo en los costados. -Le señaló un palo de casi dos metros con un pincho en el extremo, luego se acercó a los pequeños elefantes (que debían de pesar cerca de una tonelada cada uno). Combinando las órdenes y la voz con unos ligeros golpecitos del pincho, Digger los hizo ponerse en movimiento hacia un tanque lleno de agua. Dani se mantuvo tan alejada de ellos como le fue posible, con el corazón latiéndole con fuerza por el miedo.

El hombre volvió la mirada hacia ella.

-Así es como debe hacerlo.

Dani se acercó poco a poco, diciéndose a sí misma que, a pesar de su tamaño, aquellas bestias eran sólo unos bebés. Al menos no eran unos desagradables perritos.

Observó que algunos bebían directamente de la artesa, mientras que otros aspiraban el agua con la trompa y luego se la llevaban a la boca. Digger notó que ella se mantenía apartada.

-No le darán miedo, ¿verdad, señorita?

-Por favor, tutéame.

-No debes dejar nunca que los animales perciban tu miedo.

-Eso me ha dicho todo el mundo.

-Tienes que demostrarles quién es el jefe. Enseñarles que eres tú la que manda.

Él golpeó a uno de los animales, haciendo que se echara a un lado para que pudieran pasar los demás. Desde lo alto de las gradas, durante el espectáculo, Dani había encontrado preciosos a los elefantitos, con esas orejas blanditas, aquellos encantadores rabitos y las expresiones solemnes, pero ahora le daban muchísimo miedo.

Dani había visto cómo manejaba Neeco Martin a los adultos (los machos, se recordó a sí misma, aunque hubiera jurado que todas eran hembras). Hizo una mueca cuando Digger golpeó con fuerza a uno de ellos. Puede que ella no fuera amante de los animales, pero al ver aquello se revolvió por dentro. Los elefantes no habían nacido para vivir en un circo y nadie debería tratarlos tan brutalmente por no seguir las reglas de los hombres, en especial cuando dichas reglas iban contra sus instintos.

-Tengo que ayudar a Neeco a pasear a los elefantes -dijo Digger. -Encárgate de llevar a los elefantitos hasta la estaca. Iré dentro de unos minutos para ayudarte a atarlos.

-¡Oh, no! No, no creo que... -Aquel de allí es Puddin. Ése es Tater. El del fondo es Pebbies y este de aquí es Bam Bam, lo llamamos Bam para abreviar. Dale ahora a Pebbies con el pincho. Tienes que enseñarle modales. -Le ofreció el pincho a Dani y se alejó.

Dani miró con consternación aquella arma del diablo. Bam abrió la boca, Dani no supo si lo hacía para bostezar o para pegarle un bocado, y se echó hacia atrás. Dos de los elefantes metieron la trompa en el abrevadero.

«Ahora sí que me voy a rendir», pensó ella. Había conseguido limpiar el camión, pero no lograría acercarse a los elefantes. Había alcanzado su límite.

A lo lejos vio a Kev observándola, vigilándola como un buitre acecha a su presa antes de saltar sobre ella.

Ella se estremeció y dio un paso indeciso hacia los elefantitos.

-Eh... venga, amiguitos. -Temblorosamente señaló la estaca con el pincho.

Bam (o quizá fuera Pebbies) levantó la cabeza y le lanzó una mirada de desdén.

Ella se acercó con inquietud.

-Por favor, no me deis más problemas. Ha sido un día terrible.

Tater levantó la trompa de la artesa y giró la cabeza hacia ella. A continuación Dani recibió un chorro de agua fría en la cara.

-¡Aaah! -Gritó dando un salto atrás.

Tater salió disparado aunque, por supuesto no hacia la estaca, sino hacía los remolques.

-¡Vuelve! -gritó ella, frotándose la cara. -¡No hagas eso! ¡Por favor, vuelve!

Neeco se acercó corriendo con una larga barra metálica con un aguijón en forma de U en el extremo. Lo dirigió hacia Tater, escogiendo un punto detrás de la oreja. El elefante dio un fuerte chillido de dolor; se detuvo en seco y se giró inmediatamente hacia la estaca. Los demás elefantes lo siguieron con rapidez.

Dani miró a los animales antes de volverse hacia Neeco.

-¿Qué le has hecho?

Él se pasó la barra metálica de una mano a otra y se apartó el largo cabello rubio de la cara.

-Es una picana. Lanza descargas eléctricas. No la uso a menos que sea necesario, pero ellos saben que la utilizaré si no se comportan correctamente.


espero y les a ya gustado mucho el cap y mil gracias x sus comentarios tan lindos mil gracias chicas y mil gracias x permitirme ser su amiga bueno cuidense mucho

CAPITULO 7 PARTE 1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

Princesas hermosas

como estan espero y bien. Bueno pricnessas

aqui esta el Maraton del episodio 7 espero  y lo disfuten y ya saben lo prometido es deuda bueno ya no las entengo mas =) y que lo disfruten

CAPÍTULO 07 PARTE 1
Mientras Sheba comprobaba la recaudación y hojeaba un montón de periódicos en la oficina, Dani vendió las entradas de la segunda función. Lo hizo de una manera mecánica, sonriéndoles a los clientes automáticamente, pero, aunque habló sin parar, sólo podía pensar en el apasionado beso que había compartido con Kev y apenas prestó atención a lo que la gente decía. Se derretía ante el recuerdo, pero al mismo tiempo se sentía avergonzada. No debería haberse entregado a Kev con tal abandono cuando él no sentía ningún respeto por su matrimonio.

En cuanto dejó de sonar la música de la presentación del espectáculo, Sheba abandonó el vagón rojo sin decir ni una palabra y Dani cerró la taquilla. Se encontraba contando el efectivo del cajón de la recaudación cuando apareció Beatriz. Llevaba puesto un maillot de lentejuelas doradas; el recargado maquillaje hacía que pareciera mayor de lo que era. Cinco aros rojos le colgaban de la muñeca como si fueran pulseras gigantescas y Dani se preguntó si iría a algún lugar sin ellos.

-¿Has visto a Sheba?

-Se fue hace unos minutos.

Beatriz miró a ambos lados para cerciorarse de que estaban solas.

-¿Me das un cigarrillo?

-Me fumé el último esta mañana. Es un vicio horrible y además caro. Te arrepentirás de engancharte a él, Beatriz.

-Aún no lo he hecho. Fumo sólo por distraerme. -Beatriz se paseó por la oficina, tocando el escritorio, la parte superior del archivador, hojeando el calendario de la pared.

-¿Sabe tu padre que fumas?

-¿Acaso vas a decírselo?

-No he dicho eso.

-Pues hazlo si quieres -repuso en tono agresivo. -De todos modos volverá a enviarme con la tía Terry.

-¿Vives con ella?

-Sí. Pero tiene cuatro niños y la única razón por la que está dispuesta a acogerme es el dinero que le envía papá. Además, así tiene una canguro gratis para el bebé. Mi madre no podía ni verla -su expresión se volvió amarga, -pero mi padre sólo quiere deshacerse de mí.

-No creo que sea así.

-Y tú qué sabes. A él sólo le importan mis hermanos. Sheba dice que no es culpa mía, sino que Brady no sabe cómo tratar a las mujeres con las que no se puede acostar, pero sé que lo dice para que me sienta mejor. Creo que sí fuera buena con los malabarismos, él dejaría que me quedara.

Ahora comprendía Dani y por qué Beatriz siempre llevaba los aros consigo. Estaba tratando de ganarse el afecto de su padre. Dani lo sabía todo sobre cómo intentar complacer a un padre y lo lamentó por esa jovencita con cara de duende y boca sucia.

-¿Has hablado con él? Quizá si supiera cómo te sientes no te haría volver con tus tíos.

Ella puso su cara de chica dura.

-Como si fuera a importarle. Y mira quién va a darme consejos. Todo el mundo habla de ti. Dicen que Kev se casó contigo porque estás embarazada.

-Eso no es cierto. -repuso Dani, pero antes de que pudiera añadir nada más, sonó el teléfono y se volvió para contestar. -Circo de los Hermanos Quest...

-Con Kev Markov, por favor -dijo una voz masculina.

-Lo siento, en este momento no está aquí.

-¿Podría decirle que lo llamó Jacob Salomón? Ya tiene mi número. Y dígale también que el doctor Theobald está intentando ponerse en contacto con él.

-Le daré el recado. -Colgó y se preguntó quiénes serían esas personas mientras anotaba el mensaje para Kev. Había demasiadas cosas sobre él que no sabía y tío parecía que se las fuera a contar.

Beatriz se había ido mientras hablaba por teléfono. Con un suspiro, cerró con llave el cajón de la recaudación, apagó las luces y salió de la caravana.

Los trabajadores ya habían desmantelado la casa de fieras y Dani pensó en el tigre. Se encaminó hacia el lugar donde estaba situada la jaula, dejándose llevar hacia allí como si no tuviera ningún control sobre su destino.

La jaula estaba situada sobre una pequeña plataforma a un metro de altura. La luz de los reflectores iluminaba el interior. A Dani le latía con fuerza el corazón mientras se acercaba lentamente. Sinjun se levantó y se giró hacia ella.

La joven se quedó paralizada ante el impacto de esos ojos dorados. La mirada del tigre era hipnótica, directa, sin parpadeos. Sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda y cómo se ahogaba en los ojos dorados del animal.

«El destino.»

La palabra atravesó la mente de Dani como si no fuera ella quien la hubiera puesto allí, sino el tigre. «El destino.»

No fue consciente de lo mucho que se había acercado a la jaula hasta que percibió el olor almizcleño del animal, un aroma que debería de haber sido desagradable pero que, sin embargo, no lo era. Se detuvo a menos de un metro de los barrotes y se quedó inmóvil. Los segundos dieron paso a los minutos y Dani perdió la noción del tiempo.

«El destino.» La palabra volvió a resonar en la mente de la joven.

El tigre era un macho enorme, tenía las patas gigantescas y una marca blanca en la parte inferior del cuello. Dani comenzó a temblar cuando el aplastó las orejas dejando a la vista las ovaladas marcas blancas de estas; de alguna manera ella supo que aquel era un gesto de amistad. El tigre desplegó los bigotes y le ensenó los dientes. El sudor se deslizó entre los pechos de Dani cuando el animal emitió un rugido; el sonido diabólico de una película de terror.

No pudo apartar la vista del tigre, aunque supo que era eso lo que él quería. El animal le lanzaba una mirada de desafío: ella debía apartar la vista primero. Y Dani quería hacerlo -no era su intención desafiar al tigre, -pero se había quedado paralizada.

Los barrotes parecieron desvanecerse entre ellos y ella sintió como si no tuviera ninguna protección ante él. El tigre podía abrirle la garganta de un zarpazo, pero aun así, Dani no podía moverse. Miró directamente a los ojos del animal y sintió como si éste le leyera el alma. Pasó el tiempo. Los minutos. Las horas. Los años. Con ojos que no parecían suyos, Dani vio sus propias debilidades y defectos; los miedos que la mantenían prisionera. Se vio en su privilegiada vida, doblegándose ante voluntades más fuertes que la suya, asustada de enfrentarse a cualquiera, intentando complacer a todo el mundo menos a sí misma. Los ojos del tigre le revelaron todo lo que quería mantener oculto.

Y luego parpadeó.

El tigre.

No ella.

Dani observó con asombro cómo desaparecían las marcas blancas de las orejas. El animal estiró su enorme cuerpo y se dejó caer sobre el suelo de la jaula, desde donde la miró con gravedad y le dio su veredicto:

«Eres débil y cobarde.»

Dani comprendió la verdad que le dictaban los ojos del tigre, y la sensación de victoria por haber sido capaz de sostenerte la mirada se evaporó dejándole las piernas débiles y flojas. La joven se hundió en la hierba, donde se sentó en silencio y se abrazó las rodillas, observando al animal sin miedo, aunque con cierto recelo.

Oyó la música que anunciaba el fin del espectáculo, las voces de los trabajadores que iban de un lado para otro del recinto y los sonidos habituales mientras recogían los puestos. Casi no había dormido la noche anterior y se fue adormeciendo poco a poco. Se le cayeron los párpados, pero no llegó a cerrarlos por completo. Apoyó la mejilla en las rodillas y continuó observando al tigre con los ojos entrecerrados mientras él le sostenía la mirada.

Estaban solos en el mundo; dos almas perdidas. Dani percibió cada latido. El aire le llenaba los pulmones y el miedo se evaporó lentamente. Experimentó un profundo sentimiento de paz. El alma de la joven se unió a la del animal y se convirtieron en uno solo; en ese momento podría haber sido la comida y el sustento del animal, porque no existía ninguna barrera entre ellos.

Y entonces, más rápidamente de lo que hubiera podido imaginar, la paz se rompió y se sintió golpeada por una explosión de dolor que la hizo gemir. En el fondo de su mente supo que ese dolor provenía del tigre, no de ella, pero eso no hizo que le doliera menos.

«Santo Dios.» Se agarró el estómago y se dobló sobre sí misma. ¿Qué le estaba ocurriendo? «¡Dios mío, haz que se detenga!» No podía soportarlo.

Cayó de bruces en el suelo y en ese momento supo que iba a morir.

Tan bruscamente como había empezado, el dolor desapareció. Respiró hondo y se puso de rodillas temblando.

Los ojos del tigre ardieron de furia contenida. «Ahora sabes cómo se siente un cautivo.»

Kev estaba furioso. Miró a Sheba Quest y, después, el látigo que él tenía enroscado en el puño. La noche del sábado era el día de cobro de los empleados y algunos ya estaban borrachos, así que llevaba el látigo como medida disuasoria. Sin embargo, no eran los trabajadores los que le molestaban.

-¡A mí no me roba nadie! -declaró Sheba, -y Dani no va a librarse de ésta porque sea tu esposa. -El tono bajo y firme acentuaba la rabia contenida de la dueña del circo. El pelo rojo lanzaba destellos de fuego sobre su espalda y le chispeaban los ojos.

La promesa que Kev le había hecho a Owen en el lecho de muerte hacía que tuviera constantes enfrentamientos con su viuda. Sheba Quest era su patrona y estaba resuelta a presionarlo tanto como le fuera posible. Pero él estaba decidido a respetar los deseos de Owen. Era un compromiso que no satisfacía a ninguno de los dos y era inevitable que entre ellos surgiera una guerra abierta.

-No tienes ninguna prueba de que Dani cogiera el dinero.

Mientras lo decía, Kev se sintió furioso consigo mismo por intentar defenderla. No había más sospechosos.

No le sorprendería que su esposa hubiera cogido dinero -ella habría pensado que se lo merecía, -pero no había esperado que robara en el circo. Eso sólo demostraba que su libido había nublado su buen juicio.

-Es cierto -respectó ella. -Comprobé la recaudación después de que se fuera. Acéptalo, Kev, tu mujer es una ladrona.

-No quiero que la, acuses antes de que hable con ella -dijo él con terquedad.

-El dinero ha desaparecido, ¿no es cierto? Y Dani estaba a cargo de él. Si ella no lo ha robado, ¿por qué se ha esfumado?

-La buscaré y le preguntaré.

-Quiero que la detengan, Kev. Me robó, y en cuanto la encuentres llamaré a la policía.

Él se detuvo al instante.

-Nunca llamamos a la policía. Lo sabes tan bien como cualquiera. Si es culpable yo me encargaré de ella igual que me encargaría de cualquier otra persona que hubiera infringido la ley del circo.

-La última persona de la que te encargaste fue aquel conductor que vendía drogas a los trabajadores. Lo dejaste hecho una piltrafa cuando acabaste con él. ¿Piensas hacer lo mismo con Dani?

-¡Ya está bien!

-Eres un gilipollas, ¿sabes? No vas a poder proteger a tu estúpida mujercita. Quiero recuperar hasta el último centavo y luego quiero que la castigues. Y si no lo haces a mi entera satisfacción, me aseguraré de que todo el peso de la ley caiga sobre ella.

-Te he dicho que me encargaré de ella.

-Ya veo cómo lo haces.

Sheba era la mujer más dura que conocía. La miró directamente a los ojos.

-Dani no tiene nada que ver con lo que pasó entre nosotros. No la utilices para vengarte de mí.

Kev vio en los ojos de Sheba un destello de vulnerabilidad que rara vez exhibía, pero desapareció con la misma rapidez que apareció.

-Odio desinflar ese precioso ego tuyo, pero veo que aún no te has dado cuenta de que ya no me interesas en absoluto.

Se marchó airada y, mientras la observaba alejarse, Kev supo que mentía.

Los dos compartían una historia larga y complicada que se remontaba al verano en que él tenía dieciséis años y pasaba las vacaciones viajando con el circo de los Hermanos Quest, y escuchando el punto de vista de Owen sobre los hombres y las mujeres. Los trapecistas Cardoza también estaban en la gira de aquel verano y Kev se enamoró perdidamente de la reina de la pista central, que por aquel entonces tenía veintiún años.

Se pasaba las noches soñando con su elegancia, su belleza, sus pechos. Las chicas que había conocido hasta ese momento le parecían niñas comparadas con la deliciosa e inalcanzable Sheba Cardoza. Además de desearla, sentía cierta afinidad con ella porque ambos buscaban la perfección en su trabajo. Percibía en Sheba una voluntad similar a la suya.

Pero Sheba también poseía una vena egocéntrica que su padre había alimentado y que Kev  nunca había tenido. Sam Cardoza le había hecho creer a Sheba que era mejor que los demás. Sin embargo, la trapecista también tenía un lado más suave y maternal y, aunque en aquel tiempo era muy joven, se comportaba como una gallina clueca con los demás miembros de la compañía, les regañaba cuando se portaban mal, llenaba sus estómagos con espaguetis y les aconsejaba en amores.

Incluso a los veintiún años le gustaba jugar a ser la gran matriarca y al poco tiempo también había incluido a Kev en el clan, apiadándose del huérfano de dieciséis años que la observaba con aquellos ojos tan ardientes. Se había encargado de que Kev tomara comidas sanas y le decía a Owen que lo mantuviera alejado de los trabajadores más pendencieros, ignorando el hecho de que Kev llevaba demasiados años de circo en circo para que nadie lo protegiera.

Pero no era eso lo que Kev quería de Sheba, que había acabado liándose con un trapecista mexicano que se llamaba Carlos Méndez. Al igual que Sheba, Carlos pertenecía a la última generación de una vieja familia del circo y había sido contratado por el padre de Sheba para que fuera el receptor de ésta en el trapecio.

Pero Sam Cardoza tenía algo mas en mente. Aunque la ascendencia circense de Carlos Méndez no era tan impresionante como la de ellos, a ojos de Sam era lo suficientemente aceptable para convertirse en el progenitor de la siguiente generación de trapecistas Cardoza, y Sheba había complacido a su padre enamorándose de Carlos.

Los celos habían carcomido a Kev. Su linaje circense era más impresionante que el de Méndez, pero Sheba sólo veía a un adolescente flaco y huesudo que sabía de caballos y tenía talento con los látigos. Ella le había contado sus planes para casarse con el elegante mexicano que Sam había contratado. Y que le permitiría poner a sus hijos el apellido Cardoza.

El verano llegó al final y Kev estaba a punto de regresar al colegio. Los Cardoza habían sido fichados por los Hermanos Ringling para hacer la gira de la temporada siguiente. Carlos se pavoneaba como un gallo arrogante, aunque por otro lado carecía de materia gris, y el día que Kev se marchaba, Sheba entró inesperadamente en la caravana de Carlos y se lo encontró desnudando a una de las equilibristas.

Kev jamás olvidaría esa noche. Cuando terminó la función se encontró a Sheba esperándolo. No había llorado y parecía muy calmada.

-Ven conmigo.

A él ni se le ocurrió desobedecerla. Sheba lo llevó al borde del recinto, donde se introdujeron en un pequeño espacio oscuro entre dos caravanas. El corazón de Kev comenzó a latir con fuerza ante los sombríos y clandestinos propósitos de Sheba mientras se perdía en el olor almizcleño de su perfume.

La trapecista lo había mirado profundamente a los ojos. Sin decir ni una sola palabra se abrió la blusa y la dejó caer por los brazos. Aquellos pechos plenos, de redondos pezones oscuros brillaron como nieve bajo la luz de la luna que se colaba entre las caravanas. Sheba le cogió las manos y las puso sobre sus pechos.

Él se había imaginado algo como eso cientos de veces, pero las fantasías no le habían preparado para tocar realmente aquellos pechos y sentir esos redondos pezones bajo los dedos.

-Bésalos -dijo ella.

CAPÍTULO 07 PARTE 2

Los dedos de Sheba bajaron a la cremallera de Kev. Éste aspiró profundamente sobre la húmeda piel de sus senos. Cuando ella lo tomó entre sus manos, kev sintió que perdía el control y explotó con un ronco gemido.

Él se había estremecido de satisfacción y humillación. Sheba había presionado entonces sus labios contra los de él, ofreciéndole un beso largo y profundo. Luego se apartó y, aún con los pechos desnudos y húmedos por la lengua de Kev, se giró entre las caravanas.

Fue entonces cuando él se dio cuenta de que Carlos había estado allí todo el tiempo, observándolos.

El destello duro y triunfante en los ojos de Sheba le dijo a Kev que ella lo había sabido en todo momento y la sensación provocada por aquella traición fue tan devastadora que no pudo respirar. Él no le importaba. Sólo lo había utilizado para vengarse.

Mientras observaba a su antiguo amante, Sheba pareció olvidarse de que Kev existía.

-He contratado a un nuevo receptor -dijo ella con frialdad. -Estás despedido.

-No puedes despedirme -estalló Carlos. -Soy un Méndez.

-No eres nada. Incluso este chico es más hombre que tú.

Sheba volvió a darse la vuelta y selló los labios de Kev con un beso. A pesar de su lujuria, a pesar de la neblina de la traición, él sintió una chispa de fría admiración que lo asustó más de lo que lo había hecho nunca el látigo de su tío. Comprendía aquella cruel demostración de amor propio. Como Sheba, él jamás dejaría que alguien o algo amenazara lo que era, sin importar el precio que tuviera que pagar. A pesar de odiarla por haberlo utilizado como un peón, no pudo dejar de respetarla por ello.

Sheba pasó los siguientes dieciséis años como artista destacada en los grandes circos del mundo y no hizo otra gira con el circo de los Hermanos Quest hasta que su carrera comenzó a declinar. Para entonces, su padre ya había muerto y Sheba, soltera y sin hijos, se había convertido en la última Cardoza.

Owen le dio la bienvenida al circo de los Hermanos Quest y montó el espectáculo en torno a ella. Además, en sus infrecuentes conversaciones telefónicas con Kev, le reveló lo suficiente como para que éste dedujera que Owen estaba colado por ella.

Kev y Sheba se habían reencontrado hacía dos veranos y, de inmediato, se hizo evidente que había habido un cambio en el equilibrio de poderes entre ellos. A los treinta y dos años él estaba en la plenitud de su virilidad y no le quedaba nada por probar, mientras que los mejores años de Sheba como artista ya habían pasado. Kev conocía su propia valía y hacía mucho tiempo que había quedado atrás la baja autoestima que sentía en la adolescencia. Ella era hermosa, inquieta y, por razones que él no comprendió de inmediato, estaba soltera y sin hijos.

El fuego de la pasión crepitó con fuerza entre ellos, pero esta vez era ella la que lo buscaba a él. Kev no quería hacer daño a Owen y, al principio, ignoró las insinuaciones sexuales de Sheba. Sin embargo, pronto se hizo evidente que el dueño del circo estaba resignado a que los dos se liaran y, con su peculiar idiosincrasia, se sintió ofendido cuando Kev continuó desairando a la mujer que él valoraba por encima de todas las cosas.

Finalmente, Kev la dejó entrar en su cama. Ella era ágil y suave, carnal y apasionada, y él jamás había disfrutado tanto del sexo. Le gustaba que ella fuera dura y, también, no poder hacerle daño. Porque aunque la apreciaba, no la amaba.

-¿Por qué no te has casado? -le preguntó Kev una noche sentado a la mesa en la lujosa caravana de Sheba, donde ella se disponía a servirle la comida por segunda vez en el día. Los dos llevaban puestas las batas, la de ella tenía un exótico estampado que hacía que los brillos rojizos de su pelo parecieran todavía más intensos. -Siempre he pensado que querías tener hijos. Tu padre no esperaba otra cosa.

Ella le puso un plato de lasaña delante y se volvió a la cocina para coger el suyo. Pero no volvió a la mesa. Se quedó inmóvil mirando fijamente la comida que había preparado.

 

-Supongo que ambicioné demasiado. Ya sabes que hay cosas que no se pueden tener. Los mejores trapecistas nacemos con una habilidad especial y el hombre con el que me case tiene que provenir de una buena familia. No me casaré con cualquiera, y mucho menos sin amor. Amor y linaje. Es una buena combinación. -Llevó el plato a la mesa. -Mi padre solía decir que era mejor que los Cardoza se extinguieran antes que tener nietos sin sangre circense. -Se sentó y cogió el tenedor. -Bueno, hice mía esa máxima. Es preferible que los Cardoza se extingan a casarme con un perdedor hijo de puta al que no pueda respetar.

-Bien por ti.

Ella tomó un bocado de comida y volvió a dejar el tenedor en el plato. Después observó detenidamente a Kev, con un brillo provocador en los ojos.

-Los Markov son todavía más importantes que los Cardoza. Sam me dijo hace años que no debería haberte dejado escapar. Me reí de él porque por aquel entonces tú eras sólo un niño, pero ahora los cinco años que te llevo no significan nada. Somos los últimos de dos grandes dinastías circenses.

Divertido, él negó con la cabeza.

-Yo no tengo ninguna intención de perpetuar la dinastía Markov. Lo siento, cariño, pero tendrás que buscar esperma circense en otro lado.

Ella se rio, pinchó un rollito de lasaña y se lo llevó a la boca.

-Menos mal que no te quiero. Si lo hiciera estarías perdido.

Su ardiente relación siguió adelante, tan lujuriosa y apacible que él no prestó atención a la manera, cada vez más posesiva, con la que ella lo trataba o cómo, poco a poco, comenzó a considerarlo su igual.

-Somos almas gemelas -le dijo ella una noche, con la voz ronca por la emoción, -si fueras mujer, serías yo.

Sheba tenía razón, pero algo en el interior de Kev se rebeló ante la comparación. Admiraba a Sheba, pero había algo en ella que le repelía. Puede que porque se veía reflejado a sí mismo. Para impedir que dijera nada más, se acomodó entre las piernas femeninas y entró en ella con un duro envite.

A pesar de los sutiles cambios en el comportamiento de Sheba, él no estaba preparado para lo que sucedió tina tarde de aquel verano en el recinto a las afueras de Waycross, Georgia. Ese día ella le dijo que le amaba. Y cuando lo hizo, él se dio cuenta de que hablaba totalmente en serio.

-Lo siento -dijo él tan suavemente como pudo cuando ella terminó su declaración, -pero eso no va conmigo.

-Por supuesto que sí. Es el destino. Sheba se negó a escuchar cuando Kev le dijo que él nunca podría amar a nadie -que había perdido la capacidad de amar cuando era un niño maltratado- y el brillo en los ojos de la joven le dijo que para ella el rechazo no era más que un juego. Se empeñó en hacerle cambiar de opinión con la misma determinación que empleó antaño para conseguir el triple salto y, sólo cuando él estaba haciendo la maleta para marcharse después de su última actuación en el circo, comprendió que él no bromeaba. Kev jamás la había engañado. No la amaba. Y no iba a casarse con ella.

Cuando por fin asimiló aquel tajante rechazo, todo lo que Sheba creía sobre sí misma se hizo trizas y se volvió loca. Fue en ese momento cuando hizo lo inconcebible, lo que nunca le perdonaría. Fue cuando le rogó que no la dejara.

Kev era, sin duda, la única persona en el mundo que podía comprender la enormidad de lo que ella estaba destruyendo cuando lloró de rodillas ante él. Había doblegado su orgullo, lo que hacía que fuera quien era.

-Sheba, basta. Tienes que parar. -Intentó levantarla, pero ella se aferró a él y gritó con una desesperación tan desgarradora que él se llevaría ese sonido consigo a la tumba. En ese momento Kev pudo ver cómo el amor que Sheba sentía por él se convertía en odio.

Owen Quest, alertado por el ruido, había irrumpido, de repente, en la caravana y se había dado cuenta de lo que pasaba. Luego había mirado a Kev y le había señalado la puerta con la cabeza.

-Vete, yo me encargaré de todo.

Una semana después, Sheba se casó con Owen; un hombre que casi le doblaba la edad y que no le dio hijos, y Kev era el único que sabía por qué. Su rechazo la había herido en lo más profundo de su ser y sólo podía resurgir de sus cenizas uniéndose a alguien poderoso que la pusiera en un pedestal. Desde que su padre había muerto, ella había recurrido a Owen.

-¡Kev! -La voz asustada de Beatriz interrumpió sus perturbadores recuerdos. -¡He visto a Dani! Está delante de la jaula de Sinjun.

Sheba oyó lo que beatriz decía y alejándose de Jack Daily se dirigió a Kev:

-Yo me ocuparé de esto.

-No, lo haré yo. Es mi trabajo.

Mientras sus ojos se enfrentaban en una firme batalla de voluntades, él maldijo para sus adentros a Owen Quest por hacerlos pasar por eso. Sólo tras la muerte de Owen se había dado cuenta de cómo éste lo había manipulado con su habitual astucia. Había pensado que obligándolos a estar juntos, Kev y Sheba resolverían sus diferencias, se casarían y conservarían el circo de los Hermanos Quest. Owen nunca había conocido realmente la naturaleza de ellos dos. Y, por supuesto, Owen no había contado con que una raterilla llamada Dani Devreaux echara a perder sus planes.

CAPÍTULO 07 PARTE 3

Beatriz caminó al lado de Kev, frunciendo el ceño ton ansiedad.

-No ha sido mucho dinero. Sólo doscientos dólares. Él deslizó el brazo alrededor de los hombros de la joven y le dio un apretón.

-Quiero que te mantengas apartada de esto, Beatriz. ¿Me has comprendido?

Ella levantó la vista y lo miró con preocupación.

-No vas a darle latigazos, ¿verdad, Kev? Es lo que dijo mi hermano. Dijo que le ibas a dar latigazos.

Las voces espabilaron a Dani. Levantó la cabeza d las rodillas y se dio cuenta de que se había quedado dormida sentada en el suelo delante de la jaula de Sinjun. Mientras se desperezaba, recordó el dolor que había experimentado y la extraña sensación de afinidad con el tigre. Qué extraño. Debía haberlo soñado, aunque todo aquello le había parecido muy real.

Miró a la jaula. Sinjun había levantado la cabeza, había bajado las orejas y tenía las marcas blancas a la vista. Siguió la dirección de su mirada y vio que Kev se acercaba a ella, con Sheba y Beatriz a la zaga. Se puso de pie lentamente.

-¿Dónde está? -exigió Sheba.

-Yo me encargaré de esto -dijo Kev.

Dani sintió un atisbo de temor al ver la expresión fría y resuelta en la cara de su marido. Sinjun comenzó a pasearse intranquilo por la jaula.

-¿Encargarte de qué? ¿Qué ha pasado?

Sheba la miró con desprecio.

-No te molestes en hacerte la inocente. Sabemos que tú robaste el dinero, así que devuélvelo. ¿O ya lo has escondido en alguna parte?

Sinjun gruñó por lo bajo.

-No he escondido nada. ¿De qué estás hablando?

Kev se pasó el látigo enroscado de una mano a otra.

-Faltan doscientos dólares del cajón de la recaudación, Dani.

-Eso es imposible.

-Es cierto.

-Yo no los he cogido.

-Eso está por verse.

Dani no podía creer lo que estaba ocurriendo.

-No soy la única que estuve allí. Tal vez Pete vio algo. Fue quien me sustituyó cuando fui a probarme los maillots.

Sheba se acercó más.

-Te estás olvidando de que conté el dinero justo después de que volvieras a tu puesto. Estaba todo. Los doscientos dólares desaparecieron después de marcharme.

-Eso es imposible. Estuve allí todo el tiempo. No pudo haber desaparecido.

-Voy a registrarla, Kev. Quizás aún lo lleve encima.

-Ni se te ocurra tocarla-dijo Kev sin levantar la voz, pero la orden implícita en su respuesta era inconfundible.

-¿Pero qué pasa contigo? -exclamó Sheba. -¿Desde cuándo piensas con la polla?

-Ni una palabra más. -Él se volvió hacia Beatriz, que había estado observando el intercambio de voluntades. -Vete, cariño. Todo se habrá aclarado por la mañana.

Beatriz se fue a regañadientes, pero Dani vio que se acercaban otras personas: Neeco Martin, el domador de elefantes, con Jack Daily, y Brady, al que acompañaba una de las animadoras.

Kev también notó que estaban atrayendo a una multitud y se volvió hacia Dani.

-Si me das el dinero ahora evitaremos montar una escena.

-¡Yo no lo tengo!

-Entonces tendré que buscarlo, y comenzaré por registrarte.

-¡No!

La agarró del brazo y Sinjun emitió un rugido ensordecedor cuando Kev comenzó a arrastrarla hacia la caravana. Sheba se puso de inmediato a la izquierda de Kev, dejando claro que no pensaba dejarlos solos.

Por el rabillo del ojo, Dani vio las expresiones severas y serias de todos los que se habían reunido alrededor de la tarta de bodas la noche anterior. Jill estaba allí, pero ahora se negaba a mirar a Dani a los ojos. Madeline se dio la vuelta y Brady Pepper la fulminó con la mirada.

Cuando Kev le apretó el brazo, Dani sintió que una sensación de traición se extendía hasta lo más profundo de su alma.

-No sigas con esto. Sabes que jamás robaría nada.

-Pues no, en realidad no lo sé. -Habían llegado a la caravana y Kev se adelantó para abrir la puerta con la misma mano que sujetaba el látigo. -Entra.

-¿Cómo puedes hacerme esto?

-Es mi trabajo. -Con un empujón la hizo subir el último escalón.

Sheba los siguió a la caravana.

-Si eres inocente, no tienes nada que temer, ¿verdad?

-¡Soy inocente!

Él dejó el látigo en una silla.

-Entonces no te importará que te registre. -Dani desplazó la mirada del uno a otro y la fría intención que vio en los ojos de ambos hizo que se sintiera enferma. A pesar de que no se soportaban, los dos se habían aliado ahora en su contra.

Kev se acercó y Dani se echó hacia atrás y chocó contra el mostrador de la cocina, el mismo lugar donde sólo unas horas antes le había dado aquel apasionado beso.

-No puedo dejar que me hagas esto -dijo ella con desesperación. -Hicimos unos votos, Kev. No les des la espalda. -Ella sabía que eso la hacía parecer más culpable ante aquellos ojos acusadores, pero el matrimonio se basaba en la confianza y si él destruía eso, no tendrían ni la más mínima oportunidad.

-Esto no tiene nada que ver con eso.

Ella se deslizó junto al mostrador.

-No puedo dejar que me toques. ¡Por el amor de Dios, créeme! ¡No robé el dinero! ¡Nunca he robado nada en mi vida!

-Cállate, Dani. Sólo estás empeorando las cosas.

Se dio cuenta de que él no iba a ceder. Con el único propósito de asustarla, la atrapó contra la despensa. Ella lo miró horrorizada.

-No lo hagas -susurró. -Por favor. Te lo ruego. Por un momento él se quedó inmóvil. Luego le cacheó los costados. Mientras Sheba los observaba, le pasó las manos por las caderas, por la cintura, luego las movió hacia el estómago, la espalda, los pechos que él había tomado en sus manos tan sólo unas horas antes... Dani cerró los ojos cuando él le deslizó la mano entre sus piernas.

-Deberías haberme creído -susurró cuando él terminó.

Kev dio un paso atrás con los ojos llenos de preocupación.

-Si no lo tienes, ¿por qué te has enfrentado a mí?

-Porque quería que confiaras en mí. No soy una ladrona.

Se miraron a los ojos. Parecía como si él estuviera a punto de decir algo cuando Sheba dio un paso adelante.

-Tuvo tiempo de sobra para deshacerse del dinero. ¿Por qué no registras la caravana? Yo registraré la camioneta.

Kev asintió con la cabeza y Sheba salió. A Dani comenzaron a castañetearle los dientes a pesar de que la noche era cálida. Decía mucho de la relación entre Kev y Sheba que, al menos en ese tipo de asuntos, parecieran confiar el uno en el otro. Pero nadie confiaba en ella.

Dani se dejó caer en el sofá y se rodeó las rodillas con las manos para dejar de temblar. No miró cómo Kev revisaba los armarios ni cómo registraba sus pertenencias. La joven se sintió embargada por una sensación de impotencia. Ya no podía recordar cómo era tener la vida bajo control. Tal vez es que nunca la había tenido. Primero había dependido de su madre, luego de su padre. Y ahora era ese marido peligroso el que había asumido el control de su vida.

Los ruidos de la búsqueda fueron reemplazados por un pesado silencio, pero Dani no levantó la mirada del dibujo de la gastada alfombra.

-Has encontrado el dinero, ¿verdad?

-En el fondo de tu maleta, donde tú lo escondiste.

Dani alzó la vista y vio la maleta abierta a sus pies. Tenía un montón de dinero en la mano.

-No sé quién lo habrá puesto ahí, pero no he sido yo.

Él se metió la mano en el bolsillo.

-Al menos ten las agallas suficientes para decir la verdad y acepta las consecuencias.

-No robé el dinero. Alguien me ha tendido una trampa. -Era evidente para Dani que Sheba estaba detrás de todo eso. Kev tenía que verlo también. -¡No lo he hecho! Tienes que creerme.

Las súplicas murieron en los labios de Dani cuando observó el rígido gesto de su marido y supo que nada lo haría cambiar de opinión. Con una horrible sensación de resignación, le dijo:

-No voy a seguir defendiéndome. He dicho la verdad y no voy a decir nada más. -Él se acercó a la silla de enfrente y se sentó. Parecía cansado, pero nada comparable a cómo se sentía ella. -¿Vas a llamar a la policía?

-Nosotros resolvemos nuestros problemas.

-Es decir, sois juez y parte.

-Es mejor así.

Se suponía que el circo era un lugar mágico, pero todo lo que ella había encontrado era ira y sospecha. Clavó los ojos en Kev, intentando ver a través de la impenetrable fachada que presentaba.

-¿Qué ocurre si te equivocas?

-No lo hago. No puedo permitírmelo.

 

bueno chicas espero y les  a ya gusta mucho les vere pronto con el cap 8 vale cuidense muxo

CAPITULO 6 PARTE 2 ♥BESAR A UN ANGEL♥

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

Princesas hermosas

como estan espero y bien pricnessas

aqui esta la  2da parte del episodio 6 espero  y la disfuten



Un cliente se acercó a comprar entradas para la segunda función. Dani charló con él unos minutos y, cuando se fue, Sheba había desaparecido. Tan pronto como despachó a todos los que acudieron a la taquilla, Dani  comenzó a curiosear el contenido de un sobre lleno de recortes de viejos periódicos locales.

El número de Kevin con el látigo era mencionado en varios artículos fechados dos años antes y no se volvía a mencionar hasta hacía un mes. Ella sabía que los circos cambiaban las actuaciones y que los artistas iban de un lugar a otro, lo que hizo que se preguntara dónde habría actuado Kevin en la época en que no viajaba con el circo de los Hermanos Quest.

Cuando acabó la primera función apareció uno de los trabajadores, un hombrecillo viejo y marchito con un lunar en una mejilla.


-Soy Pete. Kevin me ha enviado para que me encargue de la taquilla. Tienes que volver a la caravana para probarte un maillot.

Dani le dio las gracias y se dirigió a la caravana. Cuando entró, se quedó sorprendida al ver a Sheba Quest delante del fregadero lavando los platos del almuerzo rápido que           Kevin y Dani habían tomado unas horas antes.

-No tienes por qué fregar eso.

Sheba se volvió y se encogió de hombros.

-No me gusta esperar sin hacer nada.

Dani se sintió doblemente insultada: primero por no tener la cocina limpia y luego por la tardanza. No añadiría a esos pecados ser maleducada.

-¿Te gustaría tomar una taza de té?¿0 quizás un refresco...?

-No. -La mujer cogió un trapo y se secó las manos. -Soy Sheba Quest, pero supongo que ya lo sabes.


Al verla más de cerca, Dani fue consciente de que la dueña del circo llevaba un maquillaje más llamativo del que ella hubiera elegido. No es que no le quedara bien, pero combinado con aquella ropa colorida y algo provocativa junto con aquellos extravagantes complementos, resultaba evidente que sus patrones de belleza habían sido influenciados por la vida en el circo.


-Soy Dani Devreaux. O más bien Dani Markov. Todavía no me he acostumbrado al cambio.

Una profunda emoción cruzó por el rostro de Sheba. Una profunda repulsión combinada con una hostilidad casi palpable. Al momento, Dani supo que Sheba Quest no sería su amiga.

Se obligó a permanecer inmóvil bajo el frío escrutinio de Sheba.

-A Kevin le gusta comer bien. Apenas tienes nada en la nevera.

-Lo sé. Aún no me he organizado. -No tuvo valor de señalarle a Sheba que no estaba bien andar fisgoneando.

-Le gustan los espaguetis y la lasaña, y le encanta la comida mexicana. Pero no malgastes el tiempo haciéndole postres. No le gustan los dulces, salvo en el desayuno.


-Gracias por decírmelo. - Dani notó que se le volvía el estómago. Sheba pasó la mano por el desconchado mostrador. -Este lugar es horrible. Kevin inició la gira en una caravana nueva, pero se deshizo de ella la semana pasada y comenzó a utilizar ésta aunque me ofrecí a conseguirle algo mejor.


Dani no pudo ocultar la tristeza que la embargó. ¿Por qué había insistido Kevin en vivir en un sitio así si no tenía por qué hacerlo?

-Pienso arreglarlo -dijo ella, aunque la idea no se le había pasado por la cabeza hasta ese momento.

-La mayoría de los hombres quieren que su esposa disfrute de todas las comodidades posibles. Me sorprende que Kevin rechazara mi oferta.


-Seguro que tenía sus razones.

Sheba examinó la pequeña figura de Dani.

-No tienes ni idea de cómo manejarlo, ¿verdad?

Sheba parecía dispuesta a pelear como el perro y el gato, pero Dani sabía quién de las dos saldría perdiendo, así que señaló los dos maillots de lentejuelas que había en el respaldo de la silla.

-¿Son esos maillots los que tengo que probarme?

Sheba asintió con la cabeza.


Dani cogió el de arriba y se dio cuenta de que no era más que un trozo de tela azul marino bordado con lentejuelas.

-Tengo la sensación de que me cubrirá muy poco.

-Ésa es la idea. Esto es el circo. El público espera ver una buena porción de piel.

-¿Y tiene que ser de la mía?

-No estás gorda. No veo el problema.

-No tengo precisamente un cuerpo diez. Jamás ha hecho deporte.

-Es cuestión de tener un poco de disciplina.


-Sí, bueno, ahora que lo dices, tampoco sé qué es eso.

Sheba la observó con aire crítico, esperando evidentemente que la esposa de Kevin Markov enderezara la espalda. Pero después de haber vivido con su madre, Dani sabía cuándo no debía chocar con una experta en discusiones. La sinceridad era la única defensa contra los expertos en malicia.

Entró en el cuarto de baño y se quitó toda la ropa menos las bragas, pero cuando se puso aquella prenda diminuta se dio cuenta de que el corte de la pierna era tan alto que se veían. Volvió a desnudarse y empezó de nuevo.


Cuando acabó, se miró en el espejo y se sintió como una prostituta. Dos tiras verticales con lentejuelas de color azul le cubrían los pechos, y otra tira horizontal más ancha las cruzaba. El cuerpo del maillot no era más que un fino velo de red plateada. Sheba ni siquiera había incluido unas mallas.

-Creo que no puedo salir con esto -exclamó a través de la puerta.

-A ver...


Dani salió.

-Es demasiado... -sus palabras quedaron interrumpidas cuando vio a Kevin  delante del fregadero vestido de cosaco. Quiso volver corriendo al baño y, si Sheba no hubiera estado allí, lo hubiera hecho. ¿Por qué tenía que aparecer cuando estaba vestida de esa manera?

-Acércate para que podamos verte -dijo él.

Dani dio un paso adelante de mala gana. Sheba se puso al lado de Kevin. Los dos se quedaron en silencio y Dani tuvo la sensación de ser una intrusa.

Kevin no dijo nada, pero la escrutó de tal manera que ella se sintió desnuda.


-Date la vuelta -ordenó Sheba.

Dani se sentía como una prostituta expuesta ante un cliente por la madame de turno. Aunque el espejo del cuarto de baño era muy pequeño, sabía de sobra como le quedaba el maillot por detrás y se hacía una buen idea de lo que ellos estaban viendo: dos nalgas redondas, desnudas salvo en el lugar donde se unían y que estaba cubierto por un trozo de tela. Ruborizada se dio la vuelta de nuevo.


-Es un espectáculo para familias -dijo Kevin. -No quiero que salga así.

Sheba se acercó a ella y comenzó a desatar el corpiño.

-Tienes razón. No tiene atributos suficientes para llenarlo adecuadamente. Fuera. - Dani sintió las manos de la mujer en el cuello. -Veamos si el otro te queda mejor.


Sheba abrió el maillot sin avisar y se lo bajó, dejando a Dani desnuda hasta la cintura. Con una exclamación ahogada, Dani agarró el charco de lentejuelas y la red que se le habían deslizado hasta el vientre, pero tenía los dedos torpes y fue como intentar atrapar aire. Miró a Kevin.


Él estaba apoyado contra el fregadero, con los tobillos cruzados y las manos apoyadas en el mostrador que tenía detrás. Dani le suplicó en silencio que apartara la vista, pero él no dejó de mirarla fijamente.


-Por Dios, Dani, te sonrojas como una virgen. -Los labios de Sheba se curvaron en una sonrisa. -Me sorprende que te acuestes con Kevin y aún recuerdes cómo sonrojarte.


Las joyas brillaron en el cinturón de cosaco de Kevin cuando éste dio un paso adelante. -Ya basta, Sheba. Déjala en paz. Sheba se dio la vuelta para coger el otro maillot. Kevin se interpuso entre las dos mujeres, casi como si quisiera ocultar la desnudez de Dani, lo que era ridículo, pues era de él de quien ella quería esconderse.


-Dámelo. -Las mangas flojas de la camisa blanca ondearon cuando arrancó el maillot de lentejuelas rojas de las manos de Sheba. Lo miró y se lo dio a Dani. -Éste está mejor. Mira a ver si te sirve.

Ella cogió el maillot y entró corriendo en el cuarto de baño. Cuando hubo cerrado la puerta, se apoyó contra ella e intentó respirar con normalidad, pero le palpitaba el corazón y le ardía la piel. «Te has criado con una madre que tomaba el sol desnuda. Esto no es para tanto.» Quizá no, pero le molestaba.


Finalmente se puso el maillot, y vio con alivio que la cubría algo más que el otro. Las lentejuelas rojas, en forma de lengua de fuego, trepaban desde la entrepierna hasta el corpiño, donde se pegaban a sus pechos de manera irregular y dentada. Las aberturas de la pierna llegaban casi hasta la cintura, mostrando una buena porción de piel. Abrió la puerta y salió a regañadientes del baño. Al menos le cubría la cintura.


Sólo estaba Kevin, apoyado en el borde de la mesa con la cadera. Dani tragó saliva.

-¿Dónde está Sheba?

-Tenía que hablar con Jack. Date la vuelta.

Ella se mordisqueó el labio inferior y no se movió.

-Habéis sido amantes, ¿verdad?

-Ahora ya no. De cualquier manera es algo que no te incumbe.

-Parece que todavía le importa.

-Sheba me odia.


A pesar de todo lo que Kevin decía del orgullo, no había lo que era el honor o nunca se habría dejado comprar por su padre. Pero Dani tenía que saber una cosa.

-¿Estaba casada con Owen Quest cuando estabas liado con ella?

-No. Ahora deja de cotillear y deja que te vea por detrás.

-Querer saber más cosas de ti no es cotillear. Por ejemplo, he estado mirando unos recortes viejos de periódico y he observado que no hiciste la gira con el circo de los Hermanos Quest el año pasado. ¿Por qué?

-¿Qué más da?

-Me gustaría saberlo.

-Eso no es asunto tuyo.


Kevin era la persona más reservada que Dani hubiera conocido en su vida y sabía que no le sacaría nada más.

-No me gusta este maillot. No me gusta ninguno de los dos. Me siento vulgar.

-Pareces una artista. -Dado que ella no se dio la vuelta como él le había pedido, Kevin se puso a su espalda. La joven odió verse expuesta de esa manera y se apartó al sentir que él le tocaba el hombro.

-Quédate quieta -Kevin le agarró la cintura con la otra mano. -Éste no podrá ser criticado ni por los más conservadores.

-Enseña demasiado.

-No es para tanto. Las demás mujeres llevan puestos maillots más pequeños y no les quedan tan bien como te queda a ti éste.

Kevin  se había acercado tanto que los pechos de Kevin rozaron contra la suave tela de su camisa cuando se volvió hacia él. La joven se estremeció.


-¿De verdad crees que me queda bien?

-¿Buscas un cumplido?

Ella asintió con la cabeza, sintiendo que se le debilitaban las rodillas.

Él bajó la mano que había colocado en la cintura de la joven, deslizándola por el borde inferior del maillot y ahuecándole las nalgas.

-Considérate elogiada. -La voz de Kevin contenía una nota áspera.

Unas llamaradas ardientes recorrieron a Dani  de los pies a la cabeza. Se apartó un poco; no porque quisiera escabullirse, sino porque deseaba demasiado quedarse donde estaba.

-No nos conocemos.

Sin apartar la mano de donde estaba, Kevin inclinó la cabeza y le acarició el cuello con la nariz, calentándole la piel con el susurro de su aliento en la oreja.


-Estamos casados. Con eso basta.

-Sólo es un acuerdo legal.

Él se echó hacia atrás y ella pudo ver las motas ambarinas brillando en sus ojos.

-Creo que es el mejor momento para hacer oficial nuestro acuerdo, ¿no crees?

A Dani se le aceleró el corazón y supo que no podía haberse escapado aunque hubiera querido. Levantó la mirada y sintió como si todo se hubiera desvanecido y no existiera nada más que ellos dos.


La boca de Kevin le pareció extrañamente tierna a pesar de su gesto duro. Él abrió los labios y cubrió los le ella con suavidad. Al mismo tiempo, le apretó las nalgas y la estrechó aún más contra su cuerpo. Lo sintió grande y pesado contra ella. Cuando Kevin amoldó la boca a la suya, Dani experimentó un momento de asombro. Los labios de su marido eran tiernos y suaves en contraste con el resto de su persona.


Dani le ofreció la boca dado que no podía hacer otra cosa. Él le acarició el labio inferior y le rozó la punta de la lengua con la suya. La sensación la hizo sentirse ligeramente mareada y rodeó la cintura de Kevin con los brazos, sintiendo la sedosa tela de la camisa bajo los dedos; luego le deslizó las palmas por las nalgas. Él gimió contra la boca femenina.

-Dios mío, te deseo -dijo, y acto seguido su lengua descendió en picado sobre la de ella.


El beso se hizo salvaje. Kevin la alzó contra él y la empujó hacia atrás, subiéndola a la encimera. Dani se aferró a su espalda para no perder el equilibrio. Kevin se colocó entre sus piernas y las joyas del cinturón de cosaco se clavaron en el interior de los muslos de Dani.

Sus lenguas se acariciaron. El suave gemido femenino resonó como un eco en la cálida boca masculina. Dani sintió las manos de Kevin en la nuca. Él se apartó para bajarle el maillot hasta la cintura.


-Eres preciosa -gimió, mirándola. Le ahuecó los pechos con las palmas de las manos y le rozó los pezones con los pulgares, provocando ramalazos de placer en el cuerpo de Dani. Comenzó a besarla de nuevo mientras jugueteaba con ellos. Ella se agarró a los brazos de Kevin y sintió la poderosa fuerza masculina a través de las mangas ondulantes.

Kevin abandonó los senos de Dani y le recorrió la parte trasera de los muslos hasta las nalgas desnudas. Era demasiado para ella. El roce de las joyas del cinturón en los muslos... la suave caricia de sus manos...


-¡Cinco minutos para la función! -Alguien golpeó con fuerza la puerta de la caravana. -¡Cinco minutos, Kevin!

Dani se bajó de un salto del mostrador como una adolescente culpable y, dándole la espalda, se subió el maillot con nerviosismo. Se sentía ardiente, agitada y... terriblemente irritada. ¿Cómo podía estar tan ansiosa por entregarse a un hombre que casi nunca le decía una palabra amable? ¿Un hombre que no respetaba los votos que hacía?

Salió disparada hacia el cuarto de baño, pero se detuvo al oír la voz suave y ronca de Kevin.

-No te molestes en preparar el sofá esta noche, cara de ángel. Dormiremos juntos

 

Bueno chicas esto es todo espero y a ya sido de su agrado que tal me quedo la imagen bonita no? yo misma la hice.

bueno princessas les vere pronto o eso espero con el super maraton que les promti aqui les dejo un ling

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donde pueden ver mas imagenes como la que puse hoy que x cierto los hice yo un beso cuidense muxo

CAPITULO 6 PARTE1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

Corazón!!!HOLA PRINCESSAS¡¡¡Corazón

 

como están espero y bien cambiando de tema me ausentare por 5 díasLlora si no esque menos pero no se enojen si serán recompensadasAngel con un maratón del cap 7 ok. La razon x la que les subi hoy es x que no podre = subir en estos 5 dias pero si puedo el Viernes subo esperoLlora y me comprenda princessas bueno sin mas que decir aqui esta el Cap espero y lo disfruten Risa


 

CAPITULO 6 PARTE 1

-Vete.

-Es mi último aviso, cara de ángel. Dentro de tres minutos nos vamos.

Dani abrió los ojos lo justo como para echarle una ojeada al reloj y ver que eran las cinco de la madrugada. No pensaba ir a ninguna parte a esas horas, así que se acurrucó aún más bajo las mantas y volvió a dormirse. Lo siguiente que supo fue que Kevin la cogía en brazos.

-¡Eh! -gritó. -¿Qué haces?

Sin decir ni una palabra, Kevin la sacó al gélido aire matutino, la metió dentro de la cabina de la camioneta y dio un portazo. La fría tapicería de vinilo contra sus piernas desnudas espabiló a Dani de golpe y le hizo recordar que sólo llevaba puesto una camiseta y unas diminutas bragas azules. Él subió por el otro lado y unos instantes más tarde abandonaban el lugar.

-¿Cómo has podido? ¡Sólo son las cinco de la madrugada! ¡Nadie se levanta tan temprano!

-Nosotros sí. Tenemos que ir a Carolina del Norte.

Kevin parecía bien despierto. Se había afeitado y se había puesto unos vaqueros y una camisa roja. Él deslizó los ojos por las piernas desnudas de Dani.

-Espero que la próxima vez te levantes cuando te lo diga.

-¡No estoy vestida! Tienes que dejarme coger la ropa. Y necesito maquillaje. ¡Mi pelo...! ¡Tengo que lavarme los dientes!

Él metió la mano en el bolsillo y sacó un aplastado paquete de chicles Dentyne.

Ella se lo arrebató, sacó dos y se los metió en la boca. Volvió a recordar los acontecimientos de la noche anterior. Escudriñó la cara de Kevin buscando algún rastro de resentimiento, pero no lo encontró. Estaba demasiado cansada y deprimida para volver a discutir, pero si no le replicaba, parecería que se había rendido y que hacía lo que él quería.

-Va a ser duro para mí quedarme aquí después de lo que sucedió anoche.

-No te iba a resultar fácil de todas maneras.

-Soy tu esposa -dijo Dani con voz queda- y también tengo mi orgullo. Anoche me humillaste delante de todo el mundo y no me lo merecía.

Él no dijo nada y, si no hubiera sido por la manera en que frunció los labios, Dani habría pensado que no la había oído.

Se sacó el chicle de la boca y lo guardó en el envoltorio.

-Por favor, para y déjame coger mis cosas.

-Deberías haberlo hecho antes.

-Estaba dormida.

-Te avisé.

-Eres un robot. ¿Acaso no tienes sentimientos?

Ella tiró del bajo de la camiseta para taparse todo lo posible.

Kevin bajó la mirada a los desnudos muslos de Dani.

-Oh, claro que tengo sentimientos. Pero no creo que sean los que tú quieres.

Ella siguió intentando bajarse la camiseta.

-Quiero mi ropa.

-Te desperté con tiempo de sobra para vestirte.

-Lo digo en serio, Kevin. Esto no es divertido. Estoy casi desnuda.

-De eso ya me doy cuenta.

-¿Te excito? -preguntó Dani bruscamente a causa del sueño que tenía.

-Sí.

Eso sí que no se lo esperaba. Había pensado que él le respondería con su habitual desdén. Al recobrarse de la sorpresa, le lanzó una mirada feroz.

-Vaya... qué pena. Porque yo no siento ningún interés por ti. Por si no lo sabías, el cerebro es el órgano sexual más importante, y mi cerebro no está interesado en hacer nada contigo.

-¿Tu cerebro?

-Tengo cerebro, ¿sabes?

-Jamás lo he dudado.

-¿Cómo que no? No soy estúpida, Kevin. Puede que mi educación no fuera demasiado convencional, pero te aseguro que fue muy completa.

-Tu padre no está de acuerdo.

-Lo sé. Le gusta decir a todo el mundo que soy una inculta porque mi madre me sacaba del colegio cada dos por tres. Pero cada vez que Lani hacía un viaje interesante, me llevaba con ella si creía que podría ser beneficioso para mí. Algunas veces pasaban meses antes de que regresara al colegio. A veces, ni siquiera volvía, pero ella se aseguraba de que siguiera estudiando.

-¿De qué manera?

-Siempre le pedía a quienquiera que fuera a visitarla o pasara algún tiempo con ella, que me enseñara algo de provecho.

-Pensaba que tu madre sólo trataba con estrellas de rock.

-Aprendí bastante sobre alucinógenos.

-Me lo imagino.

-Pero también estábamos con otro tipo de gente. Fue la princesa Margarita la que me enseñó todo lo que sé sobre la historia de la familia real británica.

Él clavó los ojos en ella.

-¿Hablas en serio?

-Claro. Y no fue la única. Crecí rodeada de gente famosa. - Dani no quería que Kevin  pensara que se estaba jactando, así que omitió mencionar la espectacular puntuación que había obtenido en las pruebas de acceso a la universidad. -Te agradecería que dejaras de poner en duda mi inteligencia. Si en cualquier momento te apetece hablar de Platón, estoy dispuesta.

-He leído a Platón -dijo él a la defensiva.

-¿En griego?

Tras eso, viajaron en absoluto silencio hasta que, finalmente, Dani se quedó dormida. En sueños buscó una posición más cómoda y acabó apoyándose en el hombro de Kevin.

Un mechón de su pelo se agitó con la brisa y acarició los labios de Kevin. Él lo dejó jugar allí un rato, rozándole la boca y la mandíbula. Ella olía a un perfume dulce y caro, como a esencia de flores silvestres en una joyería.

Dani tenía razón sobre lo que había ocurrido la noche anterior. Se había portado como un tonto. Pero era porque lo habían cogido por sorpresa. No quería que se celebrara algo que no tenía ninguna importancia. Si él no tomaba precauciones, ella se tomaría ese matrimonio muy en serio.

Pensó que nunca había conocido a una mujer con tantas contradicciones. Ella había dicho que él era como un robot sin sentimientos, pero se equivocaba. Claro que tenía sentimientos. Sólo que no eran los que ella quería; la vida le había enseñado a Kevin que era incapaz de tenerlos.

Se dijo a sí mismo que tenía que prestar atención a la carretera, pero no pudo resistirse a mirar hacia abajo, al cálido y delgado cuerpo que se acurrucaba contra él. Dani tenía las piernas recogidas sobre el asiento y, finalmente, había perdido la batalla contra la camiseta que se le había subido y mostraba la suave curva interior del muslo. Los ojos de Kevin cayeron sobre las diminutas bragas. Cuando el calor se le concentró en la ingle, apartó la mirada enfadado consigo mismo por someterse a esa tortura. «Dios, era tan hermosa.»

Y además era tonta y mimada, y más superficial de lo que nadie podía imaginar. Nunca había conocido a una mujer que se pasara tanto tiempo delante del espejo. Pero a pesar de todos esos defectos, Kevin tenía que admitir que Dani no era la joven egoísta y egocéntrica que él había creído que era. Poseía una inesperada y perturbadora dulzura que la hacía parecer más vulnerable de lo que él quería.

Cuando Dani salió de los servicios del bar de carretera donde le acababa de pedir un cigarrillo a una señora, vio que Kevin estaba ligando de nuevo con una camarera. Aunque él le había dejado claro que no tenía intención de tomarse en serio su matrimonio, verlo actuar de esa manera la deprimió. Cuando lo observó asentir con la cabeza a algo que le había dicho la camarera, Dani se dio cuenta de que su marido le estaba dando la excusa perfecta para ignorar los votos matrimoniales. La horrible escena de la tarta y lo que él había dicho después deberían haberla liberado de su compromiso. Él no tenía intención de mantener los votos, ¿por qué tendría que hacerlo ella?

Porque su conciencia no le ofrecía otra opción. Reunió valor y, componiendo una sonrisa, se dirigió hacia el reservado de vinilo naranja. Ni la camarera ni Kevin le prestaron atención cuando se deslizó en el asiento. Una tarjeta identificativa con forma de tetera indicaba que la chica se llamaba Tracy. Estaba muy maquillada, pero no se podía negar su belleza. Y Kevin parecía un hombre encantador que le ofrecía una amplía y perezosa sonrisa y una mirada apreciativa.

Por fin él pareció darse cuenta de la presencia de Dani.

-¿Ya de vuelta, hermanita?

«¡Hermanita!»

Él le dirigió una sonrisa desafiante.

-Tracy y yo estamos conociéndonos.

-Estoy tratando de convencer a tu hermano de que me espere -dijo Tracy. -Termino el turno en una hora.

Dani supo que si no ponía fin a ese tipo de cosas de inmediato, Kevin pensaría que podía ignorar alegremente sus responsabilidades durante seis meses. Se inclinó hacia delante y le dio a la camarera una palmadita en la mano que tenía apoyada en la mesa.

-Eres una buena chica, cariño. Se ha mostrado muy tímido con las mujeres desde que le diagnosticaron ese problema médico. Yo no hago más que decirle que los antibióticos hacen milagros y que no debe preocuparse por esas molestas enfermedades de transmisión sexual.

La sonrisa de Tracy vaciló. Clavó los ojos en Dani, luego en Kevin y palideció.

-El jefe me echará una bronca si hablo demasiado tiempo con los clientes. Tengo que irme. -Se alejó apresuradamente de la mesa.

La taza de café de Kevin tintineó sobre el platillo.

Dani se enfrentó a él.

-Ni se te ocurra decir nada, Kevin. Hemos hecho unos votos sagrados.

-Pero yo no creo en ellos.

-Eres un hombre comprometido. Y los hombres comprometidos no ligan con las camareras. Por favor, procura no olvidarlo.

Él le gritó de vuelta a la camioneta, insultándola con palabras tales como «inmadura», «egoísta» o «intrigante». Sólo se calló cuando se pusieron en marcha.

Habían recorrido en silencio casi dos kilómetros cuando ella creyó oír lo que parecía una risita ahogada, pero cuando lo miró, vio la misma cara severa y seria de siempre. Como sabía que el alma rusa del oscuro Kevin Markov no poseía ni la más mínima pizca de sentido del humor, dio por hecho que se había equivocado.

Al atardecer, Dani estaba muy cansada. Sólo esforzándose al máximo había sido capaz de terminar de limpiar la caravana, de ducharse, de preparar algo de comer y de llegar al vagón rojo a tiempo de atender la taquilla. Se habría demorado mucho más si Kevin no hubiera limpiado los restos de tarta la noche anterior. Dado que había sido ella la que la había tirado, había sido una sorpresa que la ayudara.

Era sábado y escuchó sin querer las breves conversaciones que mantenían los trabajadores que se acercaban a recoger los sobres de su paga. Kevin le había contado que algunos de los trabajadores que montaban las carpas y trasladaban el equipo eran alcohólicos y drogadictos, pero que los sueldos bajos y las malas condiciones no atraían a empleados más estables. Algunos llevaban años trabajando en el circo sólo porque no tenían otra parte donde ir. Otros eran aventureros atraídos por el encanto del mundo circense, pero generalmente nadie duraba mucho tiempo allí.

Kevin alzó la mirada del escritorio cuando Dani entró en la caravana; en su cara se había dibujado lo que ella comenzaba a pensar que era un ceño perpetuo.

-Las cuentas de ayer no cuadran.

Había sido muy cuidadosa al dar el cambio y estaba segura de no haber cometido ningún error. Acercándose por detrás, miró las hojas pulcramente escritas.

-¿Dónde?

Kevin señaló el libro de ingresos que había encima del escritorio.

-He cotejado los números de las entradas con los recibos. Y no coinciden.

Tardó sólo un momento en darse cuenta de qué era lo que pasaba.

-No coinciden porque regalé algunas entradas de cortesía. Fueron como una docena.

-¿Entradas de cortesía?

-Para las familias pobres, Kevin.

-¿Decidiste ser caritativa?

-No podía aceptar ese dinero.

-Sí podías, Dani. Y de ahora en adelante lo harás. En casi todos los pueblos, el circo es patrocinado por una organización local. Ellos dan pases especiales, y también los doy yo si se da el caso. Pero tú no, ¿entendido?

-Pero...

-¿Entendido?

Ella asintió con la cabeza.

-Bien. Si piensas que alguien merece un pase, me lo dices y yo me ocuparé de ello.

-De acuerdo.

Kevin se puso en pie y frunció el ceño.

-Hoy vuelve Sheba. Le diré que te busque un maillot para la función. Cuando ella pueda atenderte, enviaré a alguien para que se ocupe de la taquilla.

-Pero yo no soy artista.

-Esto es el circo, cara de ángel. Todo el mundo es artista.

La curiosidad que sentía por la misteriosa Sheba hizo que ignorase la mueca de Kevin.

-Brady me dijo que Sheba fue una famosa trapecista.

-Es la última de los Cardoza. Su familia era al trapecio lo que los Wallenda a la cuerda floja.

-¿Por qué dejó de actuar?

-Podría volver a hacerlo. Sheba sólo tiene treinta y nueve años y se mantiene en muy buena forma, pero dejó de ser la mejor y se retiró.

-Parece que se lo tomó en serio.

-Muy en serio. Mantente tan apartada de su camino como te sea posible. -Kevin se dirigió a la puerta. -Recuerda lo que te he dicho sobre la caja del dinero. No la pierdas de vista.

-De acuerdo.

Con una brusca inclinación de cabeza, Kevin desapareció.

Dani se encargó de la venta de entradas sin problemas. El flujo de gente cesó en cuanto empezó la función, y ella se sentó en las escaleras de la caravana para disfrutar de la brisa nocturna.

Miró la casa de fieras y recordó que Sinjun, el tigre, estaba allí dentro. Ese mismo día, mientras trataba de quitar las peores manchas de la alfombra, había pensado en él, tal vez porque pensar en el tigre era mucho más sencillo que pensaren Kevin. Sentía un inquietante deseo de echar otro vistazo al feroz animal, pero desde una distancia segura.

Un Cadillac antiguo entró en el recinto acompañado de una estela de polvo. De él se apeó una mujer de aspecto exótico con una brillante melena rojiza. Vestía un top ceñido y una falda tipo sarong con una abertura que revelaba unas largas piernas y unas sandalias de pedrería. Grandes aros dorados brillaban bajo la tenue luz entre el pelo despeinado y un par de brazaletes a juego le adornaban las delgadas muñecas.

Mientras la mujer se dirigía hacia la entrada del circo, Dani vislumbró su cara: piel pálida, rasgos bien definidos y boca voluptuosa enfatizada con un lápiz de labios color carmín. Aquella mujer mostraba tal seguridad en sí misma que era imposible que fuera una visita y Dani supo que sólo podía tratarse de Bathsheba Quest. chicas espero y aya sido de su

 

agrado princessas y les vere prontito con la 2da parte de el cap 6 un beso enorme cuidense mucho

les quiere y les aprecia su amiga

Beatriz

si la misma de la serie jejeje

aqui les dejo una linda imagende espero y les guste

CAPITULO 5 PARTE 3 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

!!!HOLA PRINCESSAS ¡¡¡

AQUI LES TRAIGO LA 3RA PARTE DEL CAPITULO 5 ESPERO Y SEA DE SU AGADO Y MUCHAS GRACIAS X SUS LINDOS COMENTARIOS PRINCESSAS Y SIN MAS QUE DECIRLES  AQUI EL CAPITULO DE HOY

CAPITULO 5 PARTE 3


La gente fue guardando silencio poco a poco. Se dieron cuenta de la reacción de Kevin y supieron que algo iba mal. «Por favor, no lo hagas -pensó ella. -Quiero que sean mis amigos. Por favor finge ser feliz.»

Algunas mujeres se miraron de reojo. La certeza de que Kevin era un novio radiante desapareció con rapidez y Dani observó cómo varias miradas se posaban en su barriga para intentar averiguar si estaba embarazada.

 

Dani se obligó a hablar:

-Nunca había tenido una sorpresa tan agradable. ¿Y tú, Kevin?

Hubo un largo silencio antes de que él asintiera con la cabeza.

La joven levantó la barbilla y forzó una sonrisa.

-La tarta parece deliciosa. Apuesto lo que sea a que todos queréis tomar un trozo. -Miró fijamente a Kevin, suplicándole en silencio que colaborara. -Ven, vamos a cortarla los dos juntos.

El silencio pareció extenderse infinitamente.

-Tengo las manos sucias. Hazlo tú.

 

Con las mejillas ardiendo de vergüenza, Dani se acercó a la mesa plegable, cogió un cuchillo y comenzó a cortar la tarta en porciones cuadradas. Continuaron en silencio mientras ella intentaba fingir que no pasaba nada.

 

-No puedo creer que improvisarais esto con tanta rapidez. ¿Cómo demonios lo habéis hecho?

Madeline movió los pies con inquietud.

-Esto... er... no fue tan difícil.

-Bueno, pues estoy impresionada. -Con las mejillas doliéndole por el esfuerzo de sonreír, Dani cortó el primer trozo de tarta, lo colocó en un plato de cartón y se lo dio a Kevin.

Él lo tomó sin decir palabra.

 

El silencio se hizo más ensordecedor. Finalmente, Jill se acercó con rapidez, mirando a los novios con nerviosismo.

-Siento que sea de chocolate. Tuvimos poco tiempo, y en la pastelería no había tartas de boda.

Dani la miró con gratitud al ver que intentaba aliviar la tensa situación.

 

-La tarta de chocolate es mi favorita.

Kevin colocó el plato sobre la mesa tan bruscamente que el intacto trozo de pastel se tambaleó y cayó de lado.

-Perdonad. Tengo mucho trabajo que hacer. Gracias por todo.

A Dani le tembló la mano cuando le pasó un plato a Madeline. Alguien soltó una risita maliciosa. Dani levantó la cabeza y vio que era Beatriz.

 

La adolescente le dirigió una sonrisa triunfal y corrió detrás de Kevin.

-¿Quieres que te eche una mano?

-Claro, cariño. -La voz cálida y afectuosa de Kevin respondiéndole a Beatriz, llegó a través de la brisa nocturna. -Tenemos problemas con uno de los camiones de carga. Puedes ayudarme a comprobarlo.

 

Dani parpadeó con fuerza. Era de lágrima fácil, pero si lloraba ahora nunca podría volver a enfrentarse a esas personas.

-¿Un trozo de tarta? -Tendió un plato hacia un hombre rubio con barba y aspecto de surfista. Recordó que se había presentado como Neeco Martin, el domador de elefantes, cuando había ido a conocerla al vagón rojo.

 

Él lo tomó sin mediar palabra y le dio la espalda para decirle algo a uno de los payasos. Madeline dio un paso adelante para ayudar a Dani, pensando, sin duda, quiera mejor acabar lo antes posible. Los demás artistas fueron cogiendo el trozo de tarta que les correspondía y, uno a uno, se fueron marchando.

Al cabo de un rato, sólo quedaron Jill y ella.

-Lo siento, Dani. Pensé que era una buena idea, pero debería haber supuesto que a Kevin no le parecería bien. Es muy reservado.

Él ni siquiera se había molestado en mencionarle a sus amigos que se había casado.

Dani forzó otra sonrisa.

-Todas las parejas tardan algún tiempo en adaptarse al matrimonio.

Jill recogió los restos de la tarta y se los ofreció a Dani.

-Venga, ¿por qué no te llevas lo que queda?

Dani pudo sentir la bilis en la garganta cuando los cogió; su único deseo era perder de vista aquella tarta.

-¡Santo cielo! Sí que se ha hecho tarde. Y tengo un montón de cosas que hacer antes de acostarme -dijo, y huyó de allí.



Durante las horas siguientes, mientras desmontaban el circo para llevarlo al siguiente pueblo, ella se dedicó a recolocar todo dentro de los armarios. Se sentía invadida por una sensación de desesperación y un infinito cansancio que hacía que apenas pudiera mantenerse en pie, pero a pesar de ello siguió trabajando.

 

Los caros pantalones de marca que llevaba puestos estaban completamente sucios y la blusa se le pegaba a la piel, pero no le importaba. Quería que esas personas fueran amigos suyos, pero ahora que sabían lo poco que le importaba a Kevin y lo que éste pensaba de su matrimonio, ya no lo serían. La pequeña fiesta improvisada y la tarta habían sido una pequeña bendición para ella, pero su marido la había estropeado.

 

Kevin entró en la caravana, que todavía parecía tan desordenada como cuando ella llegó, poco después de medianoche. Aunque Dani había limpiado y organizado los armarios, no había tenido ni tiempo ni energía para hacer nada más. Los platos sucios seguían amontonados en el fregadero y la cacerola llena de costra estaba sobre el fogón.

 

Él apoyó las manos en las caderas y examinó los muebles sucios, la polvorienta superficie de la mesa y los restos de la tarta de boda.

-Pensé que ibas a limpiar esto. Pero ya veo que sigue igual de sucio.

Ella apretó los dientes.

-Los armarios están limpios.

-¿A quién coño le importan los armarios? ¿No sabes hacer nada bien?

Dani no lo pensó. Llevaba horas trabajando, su matrimonio era una farsa y había sido humillada en público por un hombre que había jurado honrarla ante Dios. Con rapidez, recogió la tarta con una mano y se la lanzó.

 

-¡Eres un imbécil!

Kevin extendió las manos automáticamente para impedir que se la arrojara, pero no fue lo suficientemente rápido. La tarta le dio en el hombro y se deshizo en mil pedazos.

Ella observó el desastre con una curiosa indiferencia. Trocitos de tarta y azúcar glas habían volado por todas partes. Una pegajosa sustancia blanca salpicaba el pelo, las cejas e incluso las pestañas de Kevin. Los pedazos de chocolate que se le habían quedado pegados a la mandíbula cayeron sobre el hombro de su camiseta. La indiferencia de Dani desapareció cuando vio que se ponía rojo.

 

Iba a matarla.

Él intentó limpiarse los ojos a la vez que se movía hacia ella. Dani se apartó de su camino y, aprovechando la ceguera temporal de Kevin, salió corriendo por la puerta.

Miró frenética a su alrededor, buscando un lugar seguro donde esconderse. Habían desmontado el circo. Las carpas más pequeñas estaban cerradas y la mayoría de los camiones se habían marchado. Tropezó con un matorral y acabó refugiándose en un estrecho espacio entre dos furgonetas. El corazón le golpeaba con fuerza contra las costillas. ¿Qué había hecho?

Dio un respingo al oír la voz de un hombre y se deslizó más profundamente en las sombras, chocando contra algo sólido. Sin mirar lo que era, se apoyó allí mientras recobraba el aliento. ¿Cuánto tiempo tardaría en encontrarla? Y... ¿qué haría luego con ella?

Sintió un gruñido justo detrás de la oreja.

Tenía el cabello recogido y el cuello expuesto; un helado escalofrío le recorrió la espalda. Se volvió con rapidez y se quedó mirando fijamente un par de ojos color oro pálido.

Se quedó paralizada. Sabía qué clase de bestia era aquélla. Sabía que tenía ante sí a un tigre, pero era incapaz de asimilarlo.

 

El animal estaba tan cerca que ella sintió su aliento en la cara. El tigre dejó al descubierto los dientes, un arma afilada y letal. Dani olió su esencia y oyó cómo aquel ronco gruñido de intimidación aumentaba de volumen hasta convertirse en un rugido cruel. Salió de su parálisis saltando hacia atrás cuando el animal embistió contra los barrotes de hierro que los separaban.

Dani chocó con violencia contra algo sólido y humano, pero no pudo arrancar la vista del tigre. Una alarma comenzó a sonar en su cabeza. En ese momento, la bestia parecía la reencarnación de toda la maldad del mundo y la joven sintió como si esa malevolencia fuera dirigida hacia ella. Como si de alguna manera, en esa salvaje noche de Carolina del Sur, hubiera encontrado su destino.

 

Se dio la vuelta, incapaz de soportar la intensa mirada de esos ojos dorados por más tiempo. Al volverse se topó con una cálida fortaleza detrás de ella y supo que había encontrado un santuario.

 

Luego sintió algo áspero bajo la mejilla. Los acontecimientos, el miedo, el cansancio y todos los angustiosos cambios en su vida durante los últimos dos días la abrumaron y se echó a llorar.

La mano de Kevin fue sorprendentemente suave cuando la tomó por la barbilla para obligarla a mirarle a la cara. Dani se encontró con otro par de pálidas pupilas, tan parecidas a los dorados ojos del tigre, que sintió como si hubiera escapado de una bestia para caer en las garras de otra.

 

-Sinjun no puede lastimarte, Dani. Está en una jaula.

-¡Eso no importa! -La histeria se apoderó de ella.

¿Acaso no se daba cuenta de que una jaula no podía protegerla de lo que había visto en los ojos de ese enorme felino?

Pero él no lo entendía y ella nunca podría explicarle la fugaz sensación de haber tenido un encuentro cara a cara con su propio destino. Se apartó de él.

 

-Lo siento. Tienes razón. Soy una estúpida.

-Y no por primera vez -dijo él con seriedad.

Dani levantó la mirada hacía él. Aún manchado de pastel y azúcar glas, tenía un aspecto feroz, magnífico y aterrador; igual que el tigre. Se dio cuenta de que a Kevin le temía de otra manera, de una que no comprendía por completo, sólo sabía que era algo que iba más allá de la amenaza física.

 

Era más que eso. De alguna manera sentía que su marido podía dañarle el alma.

Dani había llegado a los límites de su resistencia. Habían sido demasiados cambios, demasiados conflictos, y no tenía ganas de luchar más. Estaba cansada hasta lo más profundo de su ser y apenas tenía fuerzas para hablar.

-Supongo que ahora me amenazarás con algo horrible.

-¿No crees merecerlo? Sólo los niños tiran las cosas, no los adultos.

-Tienes razón, por supuesto. -Se apartó el pelo de la cara con una mano temblorosa. -¿De qué va esto, Kevin? ¿Humillación? Ya he tenido bastante por esta noche. ¿Desprecio? También he tenido suficiente. ¿Odio? No, eso no funcionará; estoy demasiado entumecida para sentirlo. -Hizo una pausa, vacilando. -Me temo que tendrás que recurrir a algo distinto.

 

Mientras la miraba, le pareció tan infeliz que algo se ablandó en el interior de Kevin. Sabía que Dani le tenía miedo -se había asegurado de ello- y aun así seguía sin poderse creer que la joven hubiera tenido el valor suficiente como para tirarle la tarta. Pobre cabeza hueca. No se le había ocurrido pensar que había sido como atacarle con las garras de un gatito.

La sintió temblar bajo sus manos.

 

Dani había guardado las garras y sus ojos sólo mostraban desesperación. ¿Sabía ella que su rostro reflejaba cada uno de sus sentimientos?

Se preguntó con cuántos hombres se habría acostado. Probablemente ni ella misma lo sabía. A pesar de su inocente apariencia, estaba claro que le gustaban los placeres de la vida. También era un poco atolondrada y no le costaba imaginársela en la cama de cualquier playboy, sin ni siquiera saber cómo había llegado hasta allí.

 

Al menos eso era algo que se le daba bien. Mientras la observaba tuvo que contener el repentino deseo de cogerla en brazos y llevarla de vuelta a la caravana, donde la dejaría en la cama y satisfaría todas las preguntas que comenzaba a hacerse. ¿Cómo se verían cada uno de esos rizos sueltos y extendidos como cintas oscuras sobre la almohada? Quería observarla desnuda sobre las sábanas arrugadas, ver la palidez de su piel contra la de él, más oscura; sopesar sus pechos con las manos.

 

Quería olerla y sentir sus caricias.

El día anterior, tras la boda, se había dicho a sí mismo que no era el tipo de mujer con la que se acostaría, pero eso había sido antes de atisbar aquel redondo trasero bajo la camiseta cuando la despertó esa mañana.

 

Había sido antes de observarla en la camioneta, cruzando y descruzando esas largas piernas, dejando colgada la sandalia del dedo gordo del pie. Tenía los pies bonitos y pequeños, con un empeine alto y delicado y las uñas pintadas del mismo color rojo que el manto de una virgen ortodoxa.

No le gustaba que otros hombres supieran más de las apetencias sexuales de su esposa que él mismo. Pero también sabía que era cuestión de tiempo.

 

No podía tocarla hasta asegurarse de que ella entendía cómo serían las cosas entre ambos. Y para entonces, había muchas posibilidades de que Dani cogiera la maleta y se largara.

La tomó del brazo y la llevó a la caravana. Por un momento, Dani se resistió, y luego cedió.

-De verdad, comienzo a odiarte -dijo débilmente. -Lo sabes, ¿no?

A él le sorprendió que aquellas palabras le dolieran, sobre todo cuando eso era exactamente lo que quería que ella hiciera. Dani no estaba hecha para una vida tan dura y él no tenía ningún deseo de alargar aquella situación indefinidamente.

 

Era lo mejor que podía hacer.

-Quizá sea lo mejor.

-Hasta ahora nunca había odiado a nadie. Ni siquiera a Amelia o a mi padre, y ellos me han dado razones suficientes para hacerlo. Pero a ti no te importa lo que sienta por ti, ¿verdad?

-No.

-Creo que nunca he conocido a nadie tan frío.

-Seguro que no. -«Frío, Kevin. Eres tan frío.» Se lo había oído decir a muchas mujeres antes que a ella. Mujeres de buen corazón. Mujeres competentes e inteligentes que habían merecido algo más que un hombre cuyos sentimientos habían desaparecido mucho tiempo antes de conocerlas.

 

Cuando era joven había pensado que una familia podría curar esa parte herida y solitaria de su interior. Pero mientras buscaba una relación duradera había herido a esas mujeres de buen corazón y se había probado a sí mismo que no tenía sentimientos para amar a ninguna, ni aunque hubiera sido su intención hacerlo.

Llegaron a la caravana.

 

Pasó junto a Dani al llegar a la puerta y se metió dentro.

-Voy a darme una ducha. Te ayudaré a limpiar cuando salga.

Ella lo detuvo antes de que llegase al baño.

-¿No podrías haber fingido ser feliz esta noche?

-Soy como soy, Dani. Yo no finjo. Nunca.

-Estaban tratando de ser amables. ¿Te costaba tanto disimular un poco?

«¿Como podía explicárselo para que lo entendiera?»

-Creciste protegida, Dani, pero yo lo hice de la manera más cruda. Mucho más cruda de lo que puedas imaginar. Cuando creces así, tienes que aprender a protegerte de alguna manera, tienes que aferrarte a algo que impida que te conviertas en una bestia.

 

En mi caso fue el orgullo. Nunca me doblego. Jamás.

-No puedes condicionar tu vida por eso. El orgullo no es tan importante como otras cosas.

-¿Como cuáles?

-Como... -Ella vaciló, como si supiera que a él no le iba a gustar nada lo que estaba a punto de decir. -Como el cariño y la compasión. Como el amor.

Él se sintió viejo y cansado.

-El amor no existe para mí.

-Existe para todo el mundo.

-No para mí.

 

No te hagas ideas románticas conmigo, Dani. Sólo sería una pérdida de tiempo. He aprendido a vivir según mis reglas. Intento ser honesto y lo más justo posible. Por este motivo paso por alto que me hayas tirado la tarta. Comprendo que esto es duro para ti y supongo que lo estás haciendo lo mejor posible. Pero no confundas justicia con sentimientos.

 

No soy un sentimental. Puede que eso de las emociones funcione con otras personas, pero no conmigo.

-Esto no me gusta -susurró ella, -no me gusta nada.

-Has caído en manos del diablo, cariño. Cuanto antes lo aceptes, mejor será para ti -dijo él cuando por fin habló con una voz que nunca había sonado tan triste.

Kevin entró en el baño, cerró la puerta y apretó los párpados, intentando apartar de su mente el juego de emociones que había visto cruzar por el rostro de su esposa. Había visto de todo: cautela, inocencia y una esperanza casi aterradora de que quizás él no fuera tan malo como parecía.

Pobre cabeza hueca.

Espero  y aya sido de su agrado

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les quiere su amiga  Beatriz quien les deja un lindo video

BESAR A UN ANGEL CAPITULO 4 + NOTICIA!!!

CAPITULO 4 PARTE 3


-¿Y por qué no?

-Van a ser seis meses -dijo él sin ambages. -Recorreremos montones de kilómetros. Tenemos funciones tan al norte como Jersey y tan al oeste como Indiana.


«En una camioneta sin aire acondicionado.»


-Ésta será la última temporada del circo de los Hermanos Quest -dijo él. -Así que lo haremos lo mejor posible.

-¿A qué te refieres con que será la última temporada?

-El dueño murió en enero.

-¿Owen Quest? ¿El nombre que está escrito en los camiones?

-Sí. Su esposa, Bathsheba, ha heredado el circo y lo ha puesto a la venta.


«¿Había sido su imaginación o Kevin había apretado casi imperceptiblemente los labios?»


-¿Llevas mucho tiempo en el circo? -preguntó ella, decidida a saber más de él.

-Voy y vengo.

-¿Tus padres pertenecían al circo?


-¿Cuáles? ¿Mis padres cosacos o los que me abandonaron en Siberia? -Él ladeó la cabeza y ella vio que le brillaban los ojos.

-¡No te criaron los cosacos!

-¿Pero no lo oíste anoche?


-Eso es como uno de esos cuentos de P. T. Barnum para el circo -dijo refiriéndose al popular artista circense que se inventaba fantásticas historias para hacer más emocionantes los espectáculos. -Sé que alguien tuvo que enseñarte a cabalgar y usar el látigo, pero no creo que fueran los cosacos. -Hizo una pausa. -¿O sí?


Él se rio entre dientes.


-¿Algo más, cara de ángel?


No iba a dejar que se le escapara otra vez.


-¿Cuánto llevas en el circo?


-He viajado con el circo de los Hermanos Quest desde la adolescencia hasta que cumplí los veinte. Desde entonces voy y vengo.


-¿Qué haces el resto del tiempo?

-Ya sabes la respuesta a eso. Estoy en prisión por asesinar a una

camarera.


Ella entrecerró los ojos, haciéndole saber que lo tenía bien calado.


-¿No trabajas de gerente en el circo todo el tiempo?

-No.


Puede que si dejaba de presionarlo un rato, le sacase más información personal.

-¿Quiénes eran los Hermanos Quest?


-Sólo era Owen Quest. Se llama así por seguir la tradición de los Hermanos Ringling. La gente del circo considera que es mejor que todos crean que el circo es de una familia aunque no sea así. Owen fue el propietario del circo durante veinticinco años y, un poco antes de morir, me pidió que terminara la temporada por él.


-Menudo sacrificio para ti. -Ella lo miró expectante y, en vista de que él no respondía, lo aguijoneó un poco más. -Dejar de lado tu vida normal..., tu trabajo de verdad...


-Mmm. -Ignorando el interrogatorio de Dani, Kevin hizo que se fijara en una señal de la carretera. -Avísame si ves más indicaciones como esa, ¿vale?


Ella vio tres flechas rojas de cartón. Cada una de ellas tenía impresas unas letras azules y señalaban hacia la izquierda.


-¿Para qué son?


-Nos guían hasta el recinto donde daremos la próxima función. -Desaceleró al acercarse a un cruce y giró a la izquierda. -Dobs Murria, uno de nuestros hombres, sale una noche antes que nosotros y las va colocando. Es para indicar la ruta.


Ella bostezó.

-Tengo muchísimo sueño. En cuanto lleguemos, voy a echar una buena siesta.


-Vas a tener que conformarte con dormir de noche. El circo no mantiene a inútiles; todos trabajamos, incluso los niños. Vas a tener que hacer cosas.


-¿Esperas que trabaje?

-¿Acaso temes romperte una uña?

-No soy la niña mimada que crees.


Él le dirigió una mirada de incredulidad, pero Dani intentaba evitar otra discusión e ignoró el cebo que él le estaba tendiendo.


-Sólo quería decir que no sé nada del mundo del circo.

-Aprenderás. Bob Thorpe, el tipo que normalmente se encarga de la taquilla, tiene que ausentarse durante un par de días.


Ocuparás su lugar hasta que vuelva, suponiendo, claro está, que sepas contar lo suficiente como para devolver bien el cambio.


-Con las monedas de curso legal, sí -respondió ella con un deje de desafío.


-Después tendrás que encargarte de algunas tareas domésticas.


Puedes comenzar por poner algo de orden en la caravana. Y agradecería una comida caliente esta noche.

-Y yo. Tendremos que buscar un buen restaurante.

-Eso no es lo que tenía en mente. Si no sabes cocinar, puedo enseñarte lo básico.


Ella reprimió su enfado y adoptó un tono razonable.

-No creo que intentar que me encargue yo sola de todas las tareas domésticas sea la mejor manera de empezar con buen pie este matrimonio. Deberíamos repartirnos el trabajo equitativamente.


-De acuerdo. Pero si quieres un reparto equitativo, tendrás que hacer también otras cosas. Actuarás en la presentación.


-¿En la presentación?


-En el espectáculo. En el desfile con el que se inicia la función, y es obligatorio.


-¿Quieres que actúe en la función?

-Todos, menos los obreros y los candy butchers salen en el desfile.


-¿Qué son los candy butchers?


-El circo tiene su propio lenguaje, ya lo irás pillando. Los que atienden los puestos del circo recibieron el nombre de butchers porque, en el siglo XIX, un hombre que era carnicero abandonó su trabajo para trabajar en uno de los puestos ambulantes del circo de John Robinson Show. En los puestos de algodón de azúcar se venden perritos calientes además de golosinas, por eso se llaman candy butchers. La carpa principal es lo que se conoce como circo en sí, nunca la llames «carpa» a secas. Sólo se llama así a la de la cocina y a la de la casa de fieras. El recinto se divide en dos: la parte trasera, donde dormimos y aparcamos los remolques, y la parte delantera, o zona pública. Las representaciones tienen también un lenguaje distinto. Ya te irás acostumbrando -hizo una pausa significativa,


-si te quedas lo suficiente.


Ella decidió no picar el cebo.


-¿Qué es un donnicker? Recuerdo que ayer usaste esa palabra.


-Es la marca de los retretes de las caravanas, cara de ángel.


-Ah. -Continuaron viajando varios kilómetros en silencio mientras ella cavilaba sobre lo que él le había dicho. Pero era lo que no había dicho lo que más le preocupaba. -¿No crees que deberías hablarme un poco más de ti? Contarme algo sobre tu vida que sea verdad, claro.


-No veo por qué.


-Porque estamos casados. A cambio te contaré cualquier cosa que quieras saber de mí.


-No hay nada que me interese saber de ti.


Eso hirió los sentimientos de Dani, pero de nuevo no quiso darle más importancia de la que tenía.


-Nos guste o no, ayer hicimos unos votos sagrados. Creo que lo primero que deberíamos hacer es preguntarnos qué esperamos de este matrimonio.


Él meneó la cabeza lentamente. Ella nunca había visto a un hombre que pareciera más consternado.


-Esto no es un matrimonio, Dani.

-¿Perdón?

-No es un matrimonio de verdad, así que quítate esa idea de la

cabeza.


-¿De qué estás hablando? Por supuesto que es un matrimonio de verdad.


-No, no lo es. Es un acuerdo legal.

-¿Un acuerdo legal?

-Exacto.


-Ya entiendo.

-Bien.


La obstinación de Kevin la enfureció.


-Bueno, pues ya que soy la única involucrada en este acuerdo legal por el momento, intentaré que funcione, tanto si quieres como si no.


-No quiero.


- Kevin, hicimos unos votos. Unos votos sagrados.


-Eso no tiene ningún sentido, y tú lo sabes. Te dije desde el principio cómo iban a ser las cosas. No te respeto, ni siquiera me gustas, y te aseguro que no tengo ni la más mínima intención de jugar a las casitas.


-Estupendo. ¡Tú tampoco me gustas!

-Veo que nos entendemos.


-¿Cómo podría gustarme alguien que se ha dejado comprar? Pero eso no quiere decir que vaya a ignorar mis obligaciones.


-Me alegra oírlo. -Él la recorrió lentamente con la mirada. -Me aseguraré de que tus obligaciones sean agradables.


Ella sintió que se sonrojaba y que esa inmadura reacción la enfadaba lo suficiente como para desafiarlo.


-Estás refiriéndote al sexo, ¿por qué no hablas claro?

-Por supuesto que me refiero al sexo.

-¿Con o sin tu látigo? -Ella se arrepintió en cuanto las impulsivas

palabras salieron de su boca.


-Tú eliges.


Dani fue incapaz de seguir soportando sus bromas. Se dio la vuelta y se puso a mirar por la ventanilla.


-¿ Dani?


Tal vez fuera porque deseaba creerlo, pero su voz le pareció más suave esta vez. Ella suspiró.

-No quiero hablar de eso.

-¿De sexo?


Ella asintió con la cabeza.


-Tenemos que ser realistas -dijo él, -los dos somos personas saludables, y a pesar de tus diversos desórdenes de personalidad, no eres precisamente un adefesio.


Ella se volvió hacia él para dirigirle su mirada más desdeñosa, pero lo que vio fue cómo una comisura de esa boca masculina se curvaba en lo que en otro hombre hubiera sido una sonrisa.


-Tú tampoco eres precisamente un adefesio -admitió ella a regañadientes, -pero tienes muchos más desórdenes de personalidad que yo.


-No, creo que no.


-Te aseguro que sí.

-¿Como cuáles?


-Pues bien, para empezar... ¿Estás seguro de que quieres oírlos?


-No me lo perdería por nada del mundo.

-Bueno, pues eres cabezota, terco y dominante.

-Pensaba que ibas a decir algo malo.


-No eran cumplidos. Y siempre he creído que un hombre con sentido del humor es más atractivo que uno sexy y machista.


-Bueno, pues avísame cuando llegues a la parte mala, ¿vale?


Ella lo fulminó con la mirada y optó por no mencionar los látigos que tenía debajo de la cama.

-Es imposible hablar contigo.


Él ajustó la visera solar.


-Lo que estaba tratando de decirte antes de que me interrumpieras con la lista de mis cualidades es que ninguno de nosotros va a poder mantenerse célibe durante los próximos seis meses.


Dani bajó la mirada. Si él supiera que ella llevaba así toda la vida...


-Vamos a vivir en un lugar pequeño -continuó él, -estamos legalmente casados y es natural que tarde o temprano echemos

un polvo.


«¿Echemos un polvo?» Su rudeza le recordó que eso no

significaría nada para él y que, contra toda lógica, ella quería algo de romanticismo.


-En otras palabras, esperas que haga las tareas domésticas, trabaje en el circo y «eche polvos» contigo -dijo bastante mosqueada.


Él lo pensó detenidamente.


-Supongo que es más o menos eso.

Ella giró la cabeza y miró con aire sombrío por la ventanilla. Hacer que ese matrimonio tuviera éxito iba a ser todavía más difícil de lo que pensaba.


NOTICIA!!!

 

Danielle Jonas, está embarazada de 1 mes, dicen que esperan tener a una niña y su nombre sera Marie Catherine Megan Jonas, si de lo contrario, les saliera un varoncito su nombre seria Johnny Kevin Jonas

La noticia se dio a conocer hace un par de dias por la pareja a traves de E!News, En el cual la parejita anuncio:
"Dios nos ha dado un regalo, no podemos expresar la felicidad que sentimos por ...tenerla... o tenerlo. Ser padre debe ser la experiencia mas placentera del mundo" Anuncio Kevin
"No podemos esperar para que nazca, estuvimos rezando mucho para que este regalito floreciera, y florecio!



K dieeecn de la noticia¿?¿?¿?

espero les haya gustado el caap :)

buenoo me voy...

ahh y se viene un cap hot muy pronto..........

jejeje espero les guste  y recomienden la novel.. byeeee

 

 

continuara....



xoxoxo

las kiere

Adri :)

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2do Lugar! Graciaas chikass!!

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