Obsessive Jonas Disorder
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LIVE CHAT CON JOEE

 

 


HOLAAAA COMOO ESTAAAAN!!!!! YO EMOCIONAADAAAA COMO NO ESTARLOOOOO CON MI MONITOO HERMOOSOO!!!!!!! JIJIJI VIERON EL LIVE CHAT??? AHAHHA LOS MEJORES 33 MINUTOOS DE MI VIDA!!! A K NO ADIVINAN CON KIEN LO VI?? CON MI MAMII!! EJJEJE OKKKK UNAS FOTITOOS DE EL Y AJHHHHHH AMEEE EL CHAUU!!!! AJAJJA UNICOOOOOO AHAHA MEGHAAN!! ESTUVO MUY COKETAA!!!!! WJSJBDSJKKJJEIODHN

BUENOOO ME VOYYY

Y UN FAVOOOR??? SE UNENN SIII?????? GRACIAAS!!

 

Jonas Brothers los dueños de mi corazón

 

 

 

El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.

 

 

 

 

 

chaaaaauuu

 

 

 

 

 

ULTIMOS CAPITULOS....! <3 + BODA!!!!!!!!!!

ahhhhhhh se  nos casooo GARBO!!!!

SIIII ahorit estoy bipolar!! feliz y triste a la ves!!!!! se caso y me alegra!!! y triste xk no alcance a llegar a interrumpira la boda!! ahahah jejeje

bieeen!! y de los 4 solo quedan dos!!!!!!!! no puede seer!!!! KEVIN con Danielle Y GARBO con Paris

!!! solo queda JOE Y NICK!!

ahaha buenoo Joe me espera a mi jejeje x eso no se casa aun!!!! jejej okkiizz buenoo unas fotitos del novio!!!



Garbo!!


Nick"" ahahha baba jejeje

ahaha joeeee jeje




kevin!!

la noviaa!!!


los noviooos!!! k vivaa!!!

 

felices x siempre! ;(Llora Enamorado

 

Capitulo 22 parte 1

 

Petroff lo fulminó con la mirada.


-¿Por qué pierdes el tiempo buscándola aquí? Ya te dije que me pondría en contacto contigo en cuanto supiera algo de ella.


Kevin miró por la ventana, escrutando Central Park como si pudiera encontrar la respuesta en el parque. No podía recordar cuándo había sido la última vez que había comido algo decente o dormido más de unas cuantas horas sin despertar sobresaltado. Tenía el estómago revuelto, había perdido peso y sabía que estaba hecho un desastre.


Hacía un mes que Dani había huido, pero no estaba más cerca de localizarla ahora que la noche que había desaparecido. Había seguido una pista tras otra, faltando a más funciones de las que podía enumerar, pero ni él, ni el detective que había contratado, habían conseguido averiguar nada.


Max le había dado una lista de las personas con las que podía haber contactado Dani, y Kevin había ido a visitarlas a todas, pero era como si su esposa hubiera desaparecido de la faz de la tierra. Él rezaba para que sus alas de ángel la mantuvieran a salvo.


Se volvió lentamente y se enfrentó a Max.


-He pensado que podías haber pasado algo por alto. Dani no tenía más de cien dólares cuando se fue.

Amelia intervino desde el sofá.


-Kevin, ¿de verdad piensas que Max te ocultaría algo después de todo el trabajo que se tomó para que estuvierais juntos?


La manera que tenía Amelia de arquear las cejas siempre le había hecho rechinar los dientes y, con los nervios a flor de piel, Kevin no pudo ocultar su desagrado.


-La cuestión es que mi esposa ha desaparecido y nadie sabe dónde está.


-Tranquilo, Kevin. Estamos tan preocupados por ella como tú.


-Te aconsejo -dijo Amelia- que le preguntes a ese empleado que la vio por última vez.


Kevin había interrogado a Al Poner hasta la saciedad, y ya se había convencido de que el anciano no tenía nada más que decirle. Mientras Kevin cometía la estupidez de ir a aquella tienda, Al había visto cómo Dani se subía a un camión de dieciocho ruedas. Llevaba puestos los vaqueros y, en la mano, la pequeña maleta de Kevin.


-No puedo creer que hiciera autoestop -dijo Max. -Podrían haberla asesinado.


Aquella angustiosa posibilidad había tenido a Kevin en vilo durante tres días, pero una tarde Jack salió precipitadamente del vagón rojo para decirle que acababa de hablar con Dani por teléfono. Al parecer había llamado para asegurarse de que los animales estaban bien.


Colgó sin mencionarlo a él en cuanto Jack intentó sonsacarle dónde se encontraba.


Kevin maldijo las circunstancias que habían evitado que fuera él quien contestara al teléfono, luego recordó la media docena de llamadas que no habían tenido más respuesta que un chasquido al otro lado de la línea. Dani había llamado hasta que fue otra persona la que respondió. No quería hablar con él.


Max se paseó de un lado a otro de la estancia.


-No puedo comprender por qué la policía no se lo toma más en serio.


-Porque desapareció voluntariamente.


-Pero podría haberle ocurrido cualquier cosa desde entonces. No es capaz de valerse por sí misma.


-Eso no es cierto. Dani es inteligente y no le asusta el trabajo duro.


Max ignoró sus palabras. A pesar del incidente que había presenciado con Sinjun, todavía veía a su hija como una persona inútil y frívola.


-Tengo amigos en el FBI, ya va siendo hora de que hable con alguno de ellos.


-Centenares de testigos vieron lo que sucedió esa noche en la pista. La policía cree que tenía razones de sobra para desaparecer.


-Eso fue un accidente y, a pesar de todos sus defectos, Dani no es vengativa. Nunca te guardaría rencor. No, Kevin. Tiene que haber alguien más implicado, no dejaré que me mantengas al margen más tiempo. Hoy mismo me pondré en contacto con el FBI.



Kevin no le había explicado a Max toda la verdad, y era eso lo que le había impulsado a ir allí ese día. Al no haberle puesto al corriente de todos los hechos, se estaba reservando una información que podría dar una pista a Max o a Amelia sobre el paradero de Dani. No le gustaba tener que decir nada desagradable de sí mismo, pero su orgullo no era tan importante como la seguridad y el bienestar de su mujer y su hijo.



Cuando miró a su suegro se dio cuenta de que había envejecido considerablemente durante el último mes. Había perdido parte de la flema diplomática que le caracterizaba. Sus movimientos eran más lentos y su voz menos firme. A su manera -rígida y prejuiciosa, por lo que Kevin había podido observar, -Max quería a Dani y sufría por ella.



 

Kevin miró por un momento el samovar de plata que había encontrado para Max en una galería de París. Había sido diseñado por Peter Cari Faberge para el zar Alejandro III y llevaba impresa el águila imperial rusa. El distribuidor le había dicho que databa de 1886, pero el detalle de la pieza hacía que Kevin pensara que se acercaba más a 1890.



Contemplar el talento de Faberge era menos duro que pensar en lo que tenía que contarle a Max. Se metió las manos en los bolsillos de los pantalones y luego las sacó. Carraspeó.


-Dani no sólo estaba molesta conmigo por lo que le hice con el látigo.


Max lo miró fijamente.

-¿Qué?


-Está embarazada.


-Te lo dije -dijo Amelia desde el sofá. Max y Amelia intercambiaron una mirada que puso a Kevin en guardia.


-Claro que me lo dijiste, cariño -dijo Max en tono cariñoso.


-Y supongo que la reacción de Kevin al oír las buenas nuevas no fue demasiado agradable.


Amelia era irritante pero no estúpida. Aquellas palabras fueron como meter el dedo en la llaga.


-Me comporté mal con ella -admitió él.


Amelia miró a su marido con aire satisfecho.


-También te dije que ocurriría eso.


Kevin trago saliva antes de obligarse a decir el resto

.

-Le ordené que abortara.


Max apretó los labios.

-¿Cómo te atreviste a decirle eso?


-Cualquier cosa que me digas ya me la he dicho yo mil veces.

-¿Sigues pensando igual?


-Por supuesto que no -dijo Amelia. -Sólo hay que mirarle a la cara para darse cuenta. La culpa le pesa sobre los hombros. -Se levantó del sofá. -Voy a llegar tarde al masajista. Ya resolveréis esto vosotros solos. Felicidades, Max.



Kevin percibió que había algo oculto en las últimas palabras de Amelia y en la sonrisita cómplice que intercambió con Max. Se la quedó mirando mientras abandonaba la estancia y supo que Max y ella le ocultaban algo.



-¿Tiene razón Amelia? -inquirió Max. -¿Ya no piensas lo mismo?



-Tampoco lo pensaba cuando se lo dije a ella. Pero me dio la noticia de sopetón y la adrenalina me nubló la razón -estudió a Max. -Amelia no se ha sorprendido al oír que Dani estaba embarazada a pesar de saber que tomaba la píldora. ¿Por qué?


Max se acercó a la vitrina de nogal y observó la colección de porcelana a través de las puertas de cristal.


-Lo esperábamos, eso es todo.


-¡Estás mintiendo! Dani me dijo que era Amelia quien compraba las pastillas. ¿Qué me estás ocultando?


-Nosotros... hicimos lo que creímos más conveniente.



Kevin se quedó paralizado. Pensó en el pequeño bote de las píldoras de Dani. Como si lo estuviera viendo en ese momento, recordó que no tenía precinto. En esta época de medicamentos precintados, aquellas píldoras no lo llevaban.


La presión que sentía desde que Dani desapareció le oprimió el pecho. Una vez más había dudado de su esposa y, de nuevo, se había equivocado.


-Lo planeaste tú, ¿no? Igual que planeaste todo lo demás. Reemplazaste sus píldoras.


-No sé de qué me hablas.


-No quiero jugar al gato y al ratón. Dime la verdad, Max. Dímela ya.


El hombre pareció derrumbarse. Se le doblaron las rodillas y se hundió en la silla que tenía más cerca.

-¿No lo entiendes? Era mi deber.


-¿Tu deber? Debí suponer que lo verías así. No puedo creer que haya sido tan estúpido. Siempre he sabido lo obsesionado que estás con la historia de mi familia, pero nunca se me ocurrió que pudieras hacer algo así. -La amargura le revolvió el estómago. Desde el principio, Dani y él no habían sido más que títeres de Max.


-¿Y qué? Por Dios, deberías agradecérmelo. -Max se levantó de un salto de la silla. Apuntó a Kevin con un dedo tembloroso. -Para ser historiador, no respetas tu linaje. ¡Eres bisnieto del zar!


-Soy un Markov. Eso es lo único que significa algo para mí.


-Una panda de vagabundos. Vagabundos, ¿me oyes? Eres un Romanov y tu deber era tener un hijo. Pero no querías ser padre, ¿verdad?


-¡Ésa era una decisión mía, no tuya!


-Esto es mucho más importante que un capricho egoísta.


-Cuando Dani me dijo que estaba embarazada pensé que lo había hecho a propósito. ¡La acusé de haberme mentido, bastardo!


Max hizo una mueca y la justa indignación de Kevin perdió fuelle.


-Kevin, míralo desde mi punto de vista. Sólo disponía de seis meses y tenía que aprovecharlos. No podía esperar que llegaras a enamorarte de ella, es imposible que un hombre con tu inteligencia se interese por alguien tan atolondrado como mi hija, salvo para acostarse con ella.



Kevin sintió ganas de vomitar. ¿Cómo era posible que su educada e inteligente esposa sintiera cariño por un padre que tenía tan poco respeto por ella?


-Dani es más lista que nosotros dos juntos.


-No es necesario que enmascares los hechos.


-No lo hago. No conoces a tu hija en absoluto.


-No podía aceptar que vuestro matrimonio finalizara sin intentar que hubiera un heredero Romanov.


-No era asunto tuyo.

-Eso no es cierto. A lo largo de la historia, los Petroff siempre se han dedicado a hacer lo mejor para los Romanov, incluso aunque los Romanov no estuvieran de acuerdo.


Mientras miraba a Max, Kevin se dio cuenta de que el padre de Dani estaba obsesionado con ese tema. Max podía ser un hombre coherente en todo lo demás, pero no en eso.


-Ibas a dejar que muriera tu estirpe -dijo Max, -y yo no podía consentirlo.


No había nada más que discutir con él. Para Max el niño que Dani llevaba en su vientre no era más que un peón, pero ese bebé significaba algo muy diferente para Kevin, y todos sus instintos paternos afloraron para protegerlo.


-¿Qué coño ha estado tomando Dani? ¿Qué le diste?


-Nada que pudiera dañar al bebé. Pastillas de fluoruro, eso es todo. -Max se derrumbó en la silla. -Tienes que encontrarla antes de que haga algo estúpido. ¿Y si se ha librado del bebé?



Kevin clavó los ojos en el anciano. Poco a poco la amargura se convirtió en piedad al pensar en todos los años que Max había desaprovechado, todos los años que había pasado sin conocer a su maravillosa hija.


-Nada conseguiría que Dani hiciera eso. Tiene agallas, Max. Hará lo que sea para mantener a salvo a ese bebé.

 

 

 

holaaaaa chikaaas!!! okk ya les subiii espero les gustee!!!!! jujujuju

biennn

una pregunta1!!!

donde estara Danii!???????

la encontrara Kevin????? o se queda con Sheba??

okasb ioshodhsihjjihwhebd noooo!!!! jejeje

espero sus comentarioos!!!!

aahhhh amoo sus novelaas!!!!!!!

graacias a todas x sus comentariooss !!! las keirooo!!! Nartha Jonas, Sara, Allforyour love, Annie, Laura!! (graciaas! x tu comentarioo!!),  Jessica Vega(nove_jonas)

graciaaas graciaas a todaas!!!

 

 

 

 

 

Sheba vendio a Glenna :(


CAPÍTULO 20 Parte 1

Buenooo espero les guste este videitoo me gusta jejejeje no se a ustedes en fin! disfruten el cap!


Sheba estaba bajo las sombras del toldo, ocultando su sufrimiento, mientras observaba reírse a Kevin y Dani frente a su caravana. Él quitó una paja del pelo a su esposa y luego le rozó la cara; un gesto tan íntimo que fue como si le hubiera acariciado el pecho.


La amargura se extendió por su cuerpo como una vid corrupta, despojándola de todo lo demás. Habían pasado cuatro días desde que Beatriz había confesado la verdad y Sheba no podía soportar lo feliz que parecía la pareja. Sentía como si fuera a su costa, y Kevin no merecía ser feliz.


-Olvídalo, Sheba.


Se giró y vio a Brady caminando hacia ella. Él llevaba pavoneándose como un gallito por el recinto del circo desde la noche que habían pasado juntos. Sheba casi esperaba que se pusiera las manos bajo las axilas y cacarease. Era típico de Brady Pepper creer que porque se hubiera metido en su cama una vez tenía derecho de entrometerse en su vida.


-Déjame en paz.

-No es eso lo que quieres que haga.

Sheba odió la mirada de lástima que él le lanzó.

-No sabes nada.

-Déjalo, Sheba. Kevin forma parte de tu pasado. Será mejor que lo olvides.

-Suponía que dirías algo así. Eres todo un experto en olvidar, ¿no es cierto?

-Si estás hablando de Beatriz...

-Ya sabes que sí.


Digirió la mirada hacia el camión de los elefantes donde Beatriz empujaba una carretilla cargada de estiércol. Ahora era ella quien se encargaba de esa tarea, la misma que había realizado Dani. Sheba lo consideraba un castigo apropiado, pero Brady no estaba satisfecho.

Lo había arreglado todo para enviar a Beatriz con su cuñada Terry en cuanto ésta regresara de visitar a su madre en Wichita.


-Beatriz es cosa mía. En lugar de preocuparte por ella, por qué no piensas en lo bien que lo pasamos juntos la otra noche.


-¿Bien? Pero ¡si casi nos matamos el uno al otro!

-Sí. ¿No estuvo genial?


Brady sonrió ampliamente ante el recuerdo y Sheba

sintió un escalofrío traidor en su interior. Había estado bien: la excitación, la emoción de alcanzar el clímax junto a alguien con tan mal genio y tan exigente como ella. Se moría por acostarse con él otra vez, así que se puso una mano en la cadera y adelantó el labio inferior.


-Preferiría que me abrieran en canal.


-Pues nena, yo siempre tengo el taladro listo para el trabajo.


Ella casi sonrió. Entonces vio que Kevin se inclinaba para besar a Dani en la punta de la nariz. Cómo lo odiaba. Cómo los odiaba a los dos. A ella nunca la había mirado así.


-Mantente alejado de mí, Brady. -Lo empujó al pasar por su lado y se alejó con paso airado.


Tres días después, Dani se dirigía a la casa de fieras

con una bolsa de golosinas que había comprado cuando había pasado con Kevin por la tienda de comestibles.Tater iba detrás y los dos se detuvieron para admirar la voltereta que Peter Tolea, de tres años, estaba haciendo frente a su madre, Elena. La rumana, esposa del acróbata, sólo hablaba un poco de inglés, así que Dani y ella se saludaron en italiano, un idioma que ambas

dominaban a la perfección.


Tras hablar con Elena unos minutos, Dani siguió caminando hacia la casa de fieras, donde pasó unos pocos minutos con Sinjun.


«Díselo.»


«Lo haré.»


«Díselo ya.»


«Pronto.»


Le dio la espalda escapando de la reprimenda que creía haber visto en los ojos de Sinjun. Durante los últimos días Kevin había sido tan feliz como un niño y ella no había sido capaz de aguarle la fiesta. Sabía que a él le costaría acostumbrarse a la idea de un bebé, así que era importante elegir el momento adecuado para darle la noticia.


Cogió las ciruelas que había comprado para Glenna y

entró en la carpa. Pero la jaula de la gorila había

desaparecido.


Salió con rapidez. Tater abandonó el heno y trotó felizmente tras ella mientras se acercaba al camión que transportaba a las fieras. Troy estaba echando una siesta dentro de la cabina y ella se inclinó sobre la ventanilla abierta para sacudirle el brazo.


-¿Dónde está Glenna?


Troy se despertó sobresaltado y su desgastado Stetson

chocó contra el espejo retrovisor cuando se enderezó.


-¿Eh?


Glenna! No está en su jaula.


Él bostezó.


-Vinieron esta mañana por ella.


-¿Quien?


-Un tío. Sheba estaba con él. Cargó la jaula de Glenna en una camioneta y se piró.


Aturdida, Dani soltó al muchacho y dio un paso atrás. ¿Qué había tramado Sheba?


Dani encontró a Kevin revisando la lona del circo por si había desgarrones.


-¡Kevin! ¡Se han llevado a Glenna!


-¿Qué?


Le explicó lo que había averiguado, y Kevin la miró con gravedad.


-Vamos a hablar con Sheba.


La dueña del circo estaba sentada tras el escritorio del vagón rojo ocupándose del papeleo. Tenía el pelo recogido y estaba vestida con un mono color caqui con el cuello adornado con un bordado de estilo mexicano. Dani se puso delante de Kevin para enfrentarse a ella.


-¿Qué has hecho con Glenna?


Sheba levantó la vista.


-¿Por qué quieres saberlo?


-Porque soy yo quien se encarga de la casa de fieras. Es uno de mis animales y está bajo mi cuidado.


-¿Perdón? ¿Uno de tus animales? Me temo que no.


-Ya basta, Sheba-la interrumpió Kevin. -¿Dónde está la gorila?


-La he vendido.


-¿La has vendido? -la increpó él.


-Por si no lo sabíais, el circo de los Hermanos Quest está de rebajas. Como todos os quejabais de la casa de fieras, he decidido venderla.


-¿No crees que deberías habérmelo dicho?


-Pues la verdad es que ni se me pasó por la cabeza. -Se

levantó del escritorio y llevó un fajo de documentos al archivador.


Dani dio un paso adelante cuando Sheba abrió uno de los cajones.


-¿A quién se la has vendido? ¿Dónde está?


-No sé por qué estás tan disgustada. ¿No era a ti a quien

le gustaba decir a todo el mundo lo inhumana que era

nuestra exhibición de fieras?


-Eso no quiere decir que quisiera que vendieras aGlenna. Quiero saber adónde se la han llevado.


-A un nuevo hogar. -Sheba cerró el cajón.


-¿Adónde?


-¿Estás interrogándome?


Kevin apoyó la mano en el hombro de Dani.


-¿Por qué no vuelves con los animales y dejas que yo me encargue de esto?


-Quiero saber dónde está. Kevin, tengo que decirle un montón de cosas sobre las costumbres de Glenna al nuevo propietario. Odia los ruidos fuertes y le dan miedo las personas que llevan sombreros grandes. -Se le puso un nudo en la garganta al pensar que no vería otra vez a la dulce gorila. Quería que Glenna tuviera un nuevo hogar, pero le habría gustado poder despedirse de ella. Recordó la manera en que a la gorila le gustaba asearla y se preguntó si alguno de sus nuevos cuidado res le dejaría hacerlo. Sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. -Le encantan las ciruelas. Tengo que decirles lo de las ciruelas.


Kevin le dio una palmadita en el brazo.


-Escribe una lista y me aseguraré de que la lean. Venga,


ahora tengo que hablar con Sheba.


Dani quiso protestar, pero se dio cuenta de que Kevin tendría más posibilidades de conseguir que Sheba colaborara si estaban solos. Se dirigió a la puerta, pero se detuvo en el umbral y volvió la mirada hacia la dueña

del circo.


-Ni se te ocurra hacerlo de nuevo, ¿me has oído? La próxima vez que vendas un animal, quiero saberlo antes. Y también quiero hablar con el nuevo propietario.


Sheba arqueó las cejas.


-No puedo creer que te atrevas a darme órdenes.


-Pues créetelo. Y será mejor que me hagas caso. -Se dio

la vuelta y los dejó solos.


Durante un rato, ni Sheba ni Kevin abrieron la boca. Kevin dudaba que el discurso de Dani hubiera intimidado a Sheba, pero se sintió orgulloso de que su esposa se hubiera defendido sola. Observó a su antigua amante y sólo sintió asco.


-¿Qué te pasa, Sheba? Siempre has sido una mujer dura,

pero nunca fuiste cruel.


-No sé de qué te quejas. A ti tampoco te gusta la exposición de fieras.


-No te hagas la tonta. Querías hacer daño a Dani y lo has conseguido. La utilizas a ella para hacerme daño a mí y no pienso consentirlo.


-No seas creído, no eres tan importante.


-Te conozco, Sheba. Sé cómo piensas. Todo iba bien

mientras la gente pensaba que Dani era una ladrona, pero ahora que saben la verdad, no puedes soportarlo.


-Hago lo que me da la gana, Kevin. Siempre lo he hecho y siempre lo haré.


-¿Dónde está la gorila?


-No es asunto tuyo. -Sheba salió de la caravana tras fulminarle con la mirada.


Kevin se negó a ir tras ella, no pensaba darle la satisfacción de tener que pedirle nada. Se acercó al teléfono.


Tardó un día en localizar al distribuidor al que Sheba había vendido la gorila. El distribuidor le pidió el doble de lo que le había pagado a Sheba por el animal, pero Kevin no regateó.


Buscó un hogar confortable para Glenna y, el miércoles de la semana siguiente, pudo decirle a Dani que su gorila se acababa de convertir en la nueva residente del zoo Brookfield de Chicago. Lo que no le dijo fue que había sido su dinero el que lo había hecho posible.


Dani rompió a llorar y le dijo que era el marido más maravilloso del mundo.


Brady y Beatriz se detuvieron en el mostrador de la TWA en el aeropuerto de Indianápolis. La chica embarcaría en un avión de esa compañía rumbo a Wichita. No se habían dirigido la palabra desde que habían salido del recinto esa mañana, y a Brady le corroía la culpa, algo que no le gustaba nada. Sheba lo había insultado de todas las maneras que sabía y, el día anterior, Dani lo había acorralado contra uno de los tenderetes para ponerlo de vuelta y media. Lo habían hecho sentir un canalla. Pero ninguna de ellas sabía lo que era tener una hija ni quererla tanto que haría cualquier cosa por ella. Miró enfadado a su hija.


-Haz caso a tu tía Terry, ¿me oyes? Te llamaré todas las semanas. Si necesitas dinero me lo dices, y no se te ocurra empezar a salir con chicos todavía.


Ella miró hacia delante, con la mochila agarrada firmemente entre las manos. Se la veía tan bonita, delgada y resentida, que a él le dolió el corazón. Quería proteger a su hija, protegerla y hacerla feliz. Daría su vida por ella.


-Te enviaré un billete de avión para que vengas a Florida a pasar las vacaciones de Navidad con nosotros -dijo bruscamente. -Quizá podríamos ir a Disneylandia.

¿Te gustaría?


Beatriz se volvió hacia él con la barbilla temblorosa.


-No quiero volver a verte en mi vida.


Brady sintió un dolor desgarrador en las entrañas.


-No lo dices en serio.


-Ojalá no fueras mi padre.


-Beatriz...


-No te quiero. Nunca te he querido. -Sin derramar ni una sola lágrima y con la cara inexpresiva, Beatriz lo miró directamente a los ojos. -Quería a mamá, pero a ti no.


-No digas eso, cariño.


-Deberías sentirte feliz. Ya no tienes que sentirte culpable por no quererme.


-¿Quién te ha dicho que no te quiero? Maldita sea, ¿te lo han dicho los chicos?


-Eres tú quien me lo ha dicho.


-Jamás he hecho tal cosa. ¿De qué diablos hablas?


-Me lo has demostrado de mil maneras. -Se puso la mochila al hombro. -Lamento

lo que sucedió con el dinero, pero ya te lo dije. Ahora me piro al avión. No te molestes en llamarme. Siempre estaré demasiado ocupada para ponerme al teléfono.


Se dio media vuelta y se alejó de él. Le enseñó el billete a la azafata y desapareció por la puerta de embarque.


Santo Dios, ¿qué había hecho? ¿Qué había querido decir su hija con que le había demostrado de mil maneras que no la quería? Jesús, María y José, lo había jodido todo. Él sólo quería lo mejor para ella. Aquel era un mundo duro y tenía que ser exigente con ella o acabaría convirtiéndose en una vaga. Pero todo había salido mal.


En ese momento se dio cuenta de que no podía dejar que se fuera. Sheba y Dani habían tenido razón desde el principio.


Empujó a la azafata al pasar por su lado y se coló por la puerta de embarque dando voces.


-¡Beatriz Pepper, vuelve aquí ahora mismo!


La alarmada azafata se interpuso en su camino.


-Señor, ¿puedo ayudarle en algo?


Los pasajeros que se interponían entre Beatriz y él se giraron para ver qué

pasaba, pero ella siguió caminando.


-¡Vuelve aquí inmediatamente! ¿Me has oído?


-Señor, voy a tener que llamar a seguridad. Si tiene algún problema...


-Venga, llámelos. Esa chica es mi hija y quiero que vuelva.


Beatriz casi había llegado a la puerta del avión cuando Brady la alcanzó.


-No pienso tolerar que ninguna hija mía me hable así. ¡Ni hablar! -La apartó a un

lado con intención de decirle lo que se merecía. -Si crees que adoptando esa actitud conseguirás volver con tu tía Terry, estás muy equivocada. Mueve el culo, nos volvemos al circo, jovencita, y espero que te guste limpiar porque es lo que vas a hacer de camino a Florida.


Ella se lo quedó mirando con los ojos tan abiertos que parecían caramelos azules de menta.

-¿Me quedo?


-Por supuesto que te quedas. Y no quiero volverte a oír hablar así. -Se le quebró la voz. -Soy tu padre, y si se te ocurre no quererme de la misma manera que yo te quiero, te arrepentirás.


A continuación, Brady la abrazó y ella le devolvió el abrazo mientras los pasajeros que intentaban subir al avión los empujaban con sus bolsas y carritos, pero a ninguno de los dos pareció importarle. Brady siguió abrazando con fuerza a esa hija que amaba con locura y de la que no pensaba separarse nunca.


La noche del lunes sólo hubo una función, así que Kevin invitó a Dani a cenar

fuera. La suave música flotaba en el comedor en penumbra de un lujoso restaurante en el centro de Indianápolis, donde la pareja tomó asiento en un

reservado de la esquina.


Ahora que ya no estaba preocupada por Glenna, Dani se sentía como si le

hubieran quitado un peso de encima. También había contribuido a su bienestar que Brady hubiera regresado del aeropuerto con Beatriz. El equilibrista no se había mostrado demasiado comunicativo al respecto, más bien se había comportado como un puerco espín cuando Dani le había preguntado qué había sucedido, pero fue evidente que mantuvo a su hija pegada a él durante casi todo el

día. Ésta no había estado tan feliz en todo el verano.


De todas maneras, Dani consideraba las últimas dos semanas las mejores de su vida. Kevin había sido tan tierno y cariñoso con ella que apenas parecía el mismo hombre. Estaba decidida a contarle lo del bebé esa noche, aunque aún no sabía cómo.


Kevin sonrió; estaba tan guapo que el corazón de Dani hizo una pirueta. A los hombres corpulentos no solía sentarles bien el traje, pero él era, definitivamente, una excepción.


-Estás preciosa esta noche.


-Pensé que ya no sabría cómo arreglarme. -Por una vez no se vio impulsada a

decirle que su madre habría estado guapísima, tal vez porque a Dani ya no le importaba su apariencia tanto como antes. Se había pasado tanto tiempo en vaqueros, coleta y con la cara lavada que esa noche se sentía muy sofisticada.


-Te aseguro que estás estupenda.


Ella sonrió. Para salir a cenar se había puesto la única ropa de vestir que tenía: un

jersey de seda color hueso y una minifalda a juego. Había utilizado como cinturón una larga bufanda dorada y se la había enrollado dos veces a la cintura dejando colgar los flecos de los extremos. Las únicas joyas que llevaba puestas eran la alianza y unos discretos pendientes de oro. Como no había querido malgastar el dinero en ir a la peluquería, tenía el pelo más largo que nunca y, tras tantas semanas de llevarlo recogido, sentía el sensual roce en el cuello y en los hombros.


El camarero dejó dos ensaladas ante ellos, cada una con corazones de alcachofa, vainas de guisante y pepino, regadas con salsa de frambuesa y sazonadas con queso rallado.


En cuanto los dejó solos, Dani susurró:




-Tal vez deberíamos haber pedido la ensalada de la casa, esto parece demasiado

caro.


Kevin pareció divertirse con su preocupación.


-Incluso los más humildes tenemos derecho a vivir la vida de vez en cuando.


-Lo sé, pero...


-No te preocupes por eso, cariño. Podemos permitírnoslo.


Dani decidió para sus adentros que las siguientes semanas haría comidas baratas para compensar el gasto. Aunque Kevin no hablaba jamás de dinero, ella no creía que un profesor universitario ganara demasiado.


-¿No quieres que te sirva vino?


-No, así está bien. -Al beber un sorbo de agua con gas, miró el vino que brillaba en la copa de Kevin. Había pedido una de las botellas más caras de la carta y a ella le habría encantado probarlo, pero no pensaba hacer nada peligroso para el bebé.


No deberían tirar el dinero en una cena tan cara con un bebé en camino. Tan pronto como terminara la gira, buscaría un trabajo y trabajaría hasta que llegara el momento del parto, así podría ayudar con los gastos extra. Cuatro meses antes no se le hubiera pasado por la cabeza tal cosa, pero ahora la idea de trabajar duro no le preocupaba. Pensó que le gustaba mucho la persona en la que se había convertido.


-Come. Me encanta verte meter el tenedor en la boca. -La voz de Kevin se había vuelto ronca y manifiestamente seductora. -Me recuerda a todas esas otras cosas que haces con ella.


Dani se ruborizó y volvió a concentrarse en la ensalada, pero sentía los ojos de Kevin clavados en ella con cada bocado que daba. Un montón de imágenes eróticas comenzó a desfilar por su mente.








Holaaaaa queee taaallll chikaas!!!! here again!!!!!!

espero les gustee el cap!!!!!!! comenteen muchoo y les subo prontoo jujujujuj

metengo k irr xaooo

besoss!!!

Capitulo 18 Parte 1


CAPÍTULO 18


el circo llegó a Indiana y Dani nunca había sido más feliz en su vida. Cada día era una aventura. Se sentía como si fuera una persona diferente.

 

-¿Has estudiado psicología? -le preguntó Beatriz una tarde a principios de agosto cuando estaban almorzando en el McDonald's de un pueblo donde estaban actuando, al este de Indiana.

 

-Durante unos meses. Tuve que abandonar el colegio antes de terminar el curso. -Dani cogió una patata frita, la mordisqueó y luego la dejó donde estaba. La comida frita no le sentaba bien últimamente. Se puso la mano sobre el vientre y se obligó a concentrarse en lo que Beatriz decía.

 

-Creo que estudiaré psicología. Lo digo porque, después de todo lo que he pasado, creo que podría ayudar a bastantes niños.

 

-Seguro que sí.

 

-¿Te ha dicho Kevin algo de...? ¿Se ha reído de lo tonta que fui y todo eso?

 

-No, Beatriz. Te aseguro que ni siquiera ha vuelto a pensar en ello.

 

-Cada vez que me acuerdo de lo que hice me muero de vergüenza.

 

-Kevin está acostumbrado a que las mujeres se le echen encima.

Si te digo la verdad, no creo que se acuerde siquiera.

 

-¿De veras? Creo que sólo lo dices para que me sienta mejor.

 

-Le caes genial, Beatriz. Y te aseguro que no cree que seas tonta.

 

-Parecías muy cabreada cuando nos encontraste juntos.

 

Dani contuvo una sonrisa.

 

-No es muy agradable para una mujer mayor ver como una chica va detrás de su hombre.

 

Beatriz asintió con aire de entendida.

 

-Sí. Pero, Dani, no creo que Kevin le echara un polvo a nadie que no fueras tú. Te lo juro. Les he oído comentar a Jill y a Madeline que ni siquiera las mira cuando toman el sol en biquini. Creo que les jode mucho.

 

-Beatriz...

 

-Lo siento, les fastidia mucho. -Desmigó distraídamente la corteza del pan. -¿Puedo preguntarte una cosa? Es sobre... bueno..., sobre cuando se mantienen relaciones sexuales y todo eso. Lo que quiero decir es, ¿no se siente vergüenza?

 

Dani se dio cuenta de que Beatriz se había estado mordiendo las uñas y supo que no era porque le preocupara el tema del sexo, sino porque sentía remordimientos de conciencia.

 

-Cuando es correcto, no da vergüenza.

 

-Pero ¿cómo sabes cuándo es correcto?

 

-Hay que dar tiempo al tiempo y conocer bien a la otra persona. Beatriz, deberías esperar hasta estar casada.

 

Beatriz puso los ojos en blanco.

 

-Ahora nadie espera hasta estar casado.

 

-Yo lo hice.

 

-Sí, pero tú estás algo...

 

-¿Algo zumbada?

 

-Sí, pero eres muy maja. -Beatriz abrió los ojos como platos y mostró el primer signo de animación en semanas. Dejó su refresco sobre la mesa. -¡Oh, Dios! ¡No mires!

 

-¿Mirar qué?

 

-La puerta. Acaba de entrar aquel chico que estuvo hablando conmigo ayer. Oh, Dios... qué bueno está...

 

-¿Quién es?

 

-El que está en la caja. ¡No mires! Lleva un chaleco negro y pantalones cortos. Vale, mira deprisa, pero que no te pille haciéndolo.

 

Dani observó el área de las cajas con el mayor disimulo que pudo. Vio a un adolescente estudiando el menú. Era de la edad de Beatriz, con un espeso cabello castaño y una expresión adorablemente bobalicona en la cara. Dani estaba contenta de que, por fin, Beatriz actuara como una adolescente normal y no como si cargara el peso del mundo sobre sus hombros.

 

-¡Ay, Dios! ¡Me va a ver! -gimió Beatriz. -¡Oh, joder! Mi pelo...

 

-No digas palabrotas. Y estás estupenda.

 

Beatriz hundió la cabeza y Dani supo que el chico se estaba acercando.

 

-Hola...

Beatriz ganó tiempo revolviendo el hielo de la Coca-Cola antes de levantar la vista.

 

-Hola...

 

Los dos se ruborizaron a la vez y Dani supo que ambos estaban pensando algo brillante que decir. Fue el chico quien habló primero.

 

-¿Qué hay de nuevo?

 

-Nada.

 

-¿Estarás hoy por aquí? Digo..., me refiero, en el circo.

 

-Sí.

 

-Vale, entonces iré a verte.

 

Otra larga pausa, esta vez rota por Beatriz.

 

-Ésta es Dani. Puede que la recuerdes de la función. Es mi mejor amiga. Dani, éste es Nick.

 

-Hola, Nick.

 

-Hola. Me..., esto..., me gustaste en la función.

 

-Gracias.

 

Habiendo agotado ese tema de conversación, Nick  se volvió hacia Beatriz.

 

-Jeff y yo, no lo conoces, pero es un buen tipo..., pensábamos pasarnos por allí.

 

-Vale.

 

-Quizá nos veamos.

 

-Sí. Estaría genial.

 

Silencio

 

-Vale, hasta luego.

 

-Hasta luego.

 

Cuando el chico se fue, una expresión soñadora apareció en la cara de Beatriz, seguida casi de inmediato por una de incertidumbre.

 

-¿Crees que le gusto?

 

-Es evidente.

 

-¿Qué hago si me invita a salir esta noche entre las funciones o algo por el estilo? Sabes que papá no me dejará ir.

 

-Tendrás que decirle la verdad a Nick. Que tu padre es muy estricto y no te va a dar permiso para salir con nadie hasta que cumplas los treinta.

 

-De nuevo, Beatriz puso los ojos en blanco, pero Dani no In dejó pasar.

 

-¿Y si le enseñas el circo? Eso le gustaría. Y luego puedes sentarte junto a las camionetas donde tu padre pueda verte sin que por ello pierdas tu intimidad.

 

-Eso no funcionará. -Beatriz arrugó la frente con preocupación. -¿Por qué no hablas con mi padre y le dices que no me humille delante de Nick?

 

-Hablaré con él.

 

-Que no diga ninguna estupidez delante de Nick, Por favor, Dani.

 

-Haré lo que pueda.

 

Beatriz ladeó la cabeza y pasó el dedo índice por el envase vacío. Hundió los hombros de nuevo, y Dani notó que volvía a caer la sombra de la culpabilidad sobre ella.

 

-¡Cuando pienso en lo que te hice me siento... una mierda! Quiero decir fatal. -Levantó la vista. -Sabes que siento muchísimo lo que hice, ¿verdad?

 

-Sí. -Dani no sabía cómo ayudarla. Beatriz había intentado compensarlo de todas las maneras posibles.

 

-Dani, jamás hubiera... Me refiero a lo que pasó con Kevin, fue algo muy inmaduro. Él había sido muy amable conmigo, pero nunca había intentado ligármelo ni nada parecido, si es eso lo que te preocupa...

 

-Gracias por decírmelo. -Dani se dedicó a recoger los restos de comida para que Beatriz no la viera sonreír.

 

La adolescente arrugó la nariz.

 

-Sin intención de ofender, Dani, puede que sea muy sexy, pero es viejo.

 

Dani casi se atragantó.

 

Beatriz miró a las cajas, donde Nick estaba recociendo su pedido.

 

-Está buenísimo.

 

-¿Kevin?

 

Beatriz pareció horrorizada.

 

-¡No, no! ¡Nick!

 

-Ah, bueno. Kevin no es Nick, eso seguro.

 

Beatriz asintió con gravedad.

 

-Eso seguro.

 

Esta vez Dani no pudo evitarlo. Se echó a reír y, para su deleite, Beatriz la imitó.

 

Cuando regresaron al recinto, Beatriz salió disparada para ensayar con Sheba. Dani desempaquetó las compras que había hecho y apartó la comida de los animales, agradeciendo para sus adentros que Kevin nunca protestara por los extras en la factura del supermercado.

 

Ahora que sabía que sólo era un pobre profesor universitario había intentado controlar los gastos, pero antes ahorraría en su propia comida que en la de los animales.

 

Siguiendo la rutina diaria, se acercó a los elefantes y saludó a Tater. Él la siguió hasta las jaulas de las fieras.

 

Sinjun solía ignorar al elefantito, pero esta vez alzó la cabeza con orgullo y miró a su rival con arrogante condescendencia.

 

A Dani le encantaba el tiempo que pasaba con los animales. Sinjun había mejorado bajo sus cuidados; su pelaje naranja oscuro tenía ahora un brillo saludable.

 

Mientras retozaban juntos en la hierba húmeda de rocío, Sinjun mantenía sus garras cuidadosamente enfundadas. Dani se mantenía ojo avizor por si aparecía algún otro madrugador. En ese momento, mientras acariciaba al animal, sintió que la envolvía una sensación de letargo.

 

Sinjun la miró profundamente a los ojos.

 

«Díselo.»

 

«Lo haré.»

 

«Díselo.»

 

«Pronto, muy pronto.»

 

¿Cuánto tiempo pasaría antes de que sintiera la nueva vida que crecía en su vientre? No podía estar embarazada de más de seis semanas, así que aún pasaría un tiempo.

 

No se había saltado ni una sola píldora, por lo que al principio había atribuido los síntomas al cansancio. Pero la semana anterior, tras vomitar en el cuarto de baño, se había comprado un test de embarazo y había descubierto la verdad.

 

Jugueteó con una de las orejas de Sinjun. Sabía que tenía que decírselo a Kevin, pero aún no estaba preparada. Sabía que su marido se enfadaría -Dani no se encañaba al respecto, -pero en cuanto se acostumbrara a la idea, ella misma se aseguraría de que aquello lo hiciera feliz. «Y le haría feliz», se dijo a sí misma firmemente. Kevin la amaba. Aunque todavía no lo hubiera admitido. Y amaría a su bebé.

 

Si bien él todavía no había dicho las palabras que ella necesitaba escuchar, Dani sabía que Kevin albergaba profundos sentimientos hacia ella. ¿Qué otra cosa si no provocaría la ternura que veía reflejada en sus ojos de vez en cuando o la satisfacción que parecía irradiar de él cuando estaban juntos? A veces le resultaba difícil recordar lo raro que solía ser que él se riera cuando lo había conocido.

 

Sabía que a Kevin le gustaba estar con ella. Al vivir en una pequeña caravana y gracias a los interminables kilómetros que hacían en la camioneta casi todas las mañanas, pasaban más tiempo juntos que la mayoría de los matrimonios y, a pesar de ello, todavía la buscaba durante el resto del día para compartir con ella cualquier cosa, para comentarle cualquier problema que hubiera surgido en la localidad en la que estaban o simplemente darle una rápida palmadita posesiva en el trasero.

 

Ya no podía imaginar la vida sin él.


A la mañana siguiente todo se fue al garete. Kevin se despertó un poco después de que ella hubiera salido de la cama y la descubrió en el descampado detrás de las caravanas jugando con Sinjun. Dos horas más tarde todavía seguía cabreado con ella.

 

Esa mañana le tocaba conducir a Dani. Habían comenzado a turnarse cuando Kevin se dio cuenta de que ella no iba a destrozar la camioneta y de que le encantaba conducir.

 

-Debería haber conducido yo esta mañana -dijo él. -Así habría tenido las manos ocupadas y no tendría que pensar en dónde meterlas para no estrangularte.

 

-Ya está bien, Kevin, relájate.

 

-¿¡Que me relaje!? ¿Estás de coña?

 

Dani lo fulminó con la mirada. Él la miró furioso.

 

-Prométeme que no volverás a soltar a Sinjun.

 

-No estábamos en un pueblo y no había ni un alma en los alrededores, así que deja de preocuparte.

 

-Eso no parece una promesa.

Dani contempló los campos de Indiana que se extendían a ambos lados de la carretera.

 

-¿De verdad crees que Sinjun me haría daño?

 

-No es un gato doméstico, por mucho que te empeñes en creer lo contrario. Los animales salvajes son imprevisibles. No vuelvas a dejarlo suelto, ¿me has entendido? De ninguna manera.

 

-Te he hecho una pregunta. ¿Crees que me haría daño?

 

-No a propósito. Es evidente que está loco por ti, pero la historia del circo está llena de animales dóciles que se volvieron contra sus domadores. Y Sinjun ni siquiera es dócil.

 

-Está conmigo y odia la jaula. De verdad. Ya te he dicho que nunca lo dejo salir si estamos cerca de una zona habitada. Y ya viste por ti mismo que no había nadie cerca esta mañana. Si hubiera habido alguien, no le hubiera abierto la puerta.

 

-Como no volverás a dejarlo libre, nada de esto tiene importancia.

 

-Kevin se terminó el café y colocó la taza en el suelo de la camioneta. -¿Qué ha sucedido con la mujer con la que me casé? ¿La que creía que la gente civilizada no se levantaba antes de las once?

 

-Se casó con un tipo del circo.

 

Dani oyó aquella profunda y entrecortada risa, y devolvió la atención a la carretera.


Beatriz cerró la puerta de la Airstream de su padre y salió al fresco de la noche. Llevaba puesto un camisón amarillo de algodón con un dibujo de Garfield, y los pies desnudos se le hundieron en la hierba húmeda.

 

El circo ya había sido desmontado, pero ella se sentía demasiado mal consigo misma como para prestar atención a la familiar visión.

 

Clavó la mirada en su padre, que estaba sentado junto a la puerta del Airstream en una silla azul y blanca mientras fumaba el único cigarrillo que se permitía a la semana.

 

Ojalá pudiera taparse las orejas y ahogar por completo la voz de su conciencia, pero cada día era más fuerte. La atormentaba de tal manera que ni siquiera podía dormir por la noche y no lograba retener la comida en el estómago. Guardar silencio se había convertido en un castigo peor que decir la verdad

.

-Er... ¿puedo hablar contigo un momento, papá? -hizo la pregunta como si tuviera una rana enorme en la garganta y croara en vez de hablar.

 

-Pensaba que estabas dormida.

-No puedo dormir.

 

-¿Otra vez? ¿Qué te pasa últimamente?

 

-Es que... -Beatriz se retorció las manos. Brady se iba a enfadar cuando se lo dijera, pero no podía seguir así, sabiendo que le había jodido la vida a Dani y sin hacer nada para remediarlo.

 

-¿Qué te pasa, Beatriz? ¿Todavía te preocupa que se te haya caído el aro esta noche?

 

-No.

 

-Bien, porque no deberías preocuparte por eso. Aunque deberías concentrarte más. Cuando Matt y Rob tenían tu edad...

 

-¡No soy ni Matt ni Rob! -Estalló. -¡Siempre Matt y Rob! ¡Matt y Rob! ¡Ellos son perfectos y a mí todo me sale mal!

 

-No he dicho eso.

 

-Es lo que piensas. Siempre me comparas con ellos. Si hubiera venido a vivir contigo después de morir mamá en vez de quedarme con tía Terry, ahora lo haría mejor.

 

-Beatriz, hice lo que era mejor para ti. Ésta no es una vida fácil.

-Me gusta vivir así. Me gusta el circo.

-No me entiendes.

 

-Papá tengo que contarte algo. -Se agarró las manos con fuerza. -Algo muy malo.

Él se puso rígido.

 

-No estarás embarazada, ¿no?

-¡No! -Beatriz se ruborizó. -¡Siempre piensas lo peor de mí!

Brady se hundió en la silla.

 

-Lo siento, cariño. Es que te haces mayor y eres muy guapa. Estoy preocupado por ti.

 

-Es que hice algo... y ya no puedo callarlo por más tiempo.

Él no dijo nada. Sólo la observó y esperó.

 

-Es... es como si algo horrible estuviera creciendo en mi interior y no se detuviera.

-Tal vez sea mejor que me lo cuentes.

 

-Yo... -Tragó saliva. -El dinero... el dinero que todos pensasteis que había robado Dani... -Las palabras salieron finalmente: -fui yo

quien lo robó.

 

Por un momento él no dijo nada, luego se levantó de un salto.

 

-¿¿¡¡Qué!!??

 

Beatriz levantó la mirada hacia su padre e incluso en la oscuridad de la noche pudo ver su expresión furiosa. Se le cayó el alma a los pies, pero se obligó a continuar.

 

-Fui yo... Yo cogí el dinero y luego me colé en su caravana y lo escondí en su maleta para que todos pensaran que lo había robado ella.

 

 

-¡No me lo puedo creer! -Brady comenzó a dar patadas a diestro y siniestro, golpeando la pata de la silla sobre la que estaba sentada ella y haciendo que se cayera. Antes de que tocase el suelo, él la agarró por el brazo y comenzó a sacudirla. -¿Por qué hiciste algo así? Maldita sea, ¿por qué mentiste?

 

 

Aterrada, Beatriz intentó zafarse de él, pero su padre no la soltó y la chica ya no pudo contener las lágrimas.

 

-Quería... quería que Dani tuviera problemas. Fue...

 

-Eres rastrera.

 

Volvió a sacudirla.

 

-¿Sabe Kevin algo de esto?

 

-No.

 

-Has consentido que todos piensen que Dani es una ladrona cuando fuiste tú. Me pones enfermo.

 

Rodearon la caravana de Sheba, y se dirigieron hacia la de Kevin y Dani, que estaba aparcada al lado. Con brusquedad, Brady levantó el puño y golpeó la puerta. Se encendieron las luces del interior y

Kevin abrió de inmediato.

 

-¿Qué pasa, Brady?

 

La cara de Dani apareció por encima del hombro de Kevin y, cuando vio a Beatriz, pareció preocupada.

 

-¿Qué ha pasado?

 

-Díselo -le exigió su padre.

 

Beatriz se explicó entre sollozos.

 

-Fui yo... fui yo quien...

 

-¡Míralos a la cara mientras hablas! -Le cogió la barbilla y le alzó la cabeza, sin lastimarla pero obligándola a mirar a Kevin a los ojos. Beatriz quiso morirse.

 

-¡Yo cogí el dinero! -sollozó. -No fue Dani. ¡Fui yo! Luego me colé en la caravana y lo escondí en su maleta.

 

Kevin se puso tenso y mostró una expresión tan parecida a la de su padre que Beatriz dio un paso atrás.

 

Dani soltó un grito ahogado. Aunque era una mujer pequeña logró apartar a Kevin a codazos y bajar un escalón. Intentó abrazar a

Beatriz pero su padre la apartó.

 

-No te compadezcas de ella. Beatriz ha sido una cobarde y será castigada por ello.

 

-¡Pero no quiero que la castigues! Hace meses que pasó. Ya no importa.

 

-Cuando pienso en todos los desaires que te hice...

 

-No importa. -Dani tenía la misma expresión testaruda que cuando sermoneaba a la chica por su lenguaje. -Esto es cosa mía, Brady. De Beatriz y mía.

 

-Estás equivocada. Beatriz es carne de mi carne, mi responsabilidad, y nunca pensé que llegaría el día en que me avergonzaría tanto de ella como ahora. -Miró a Kevin. -Sé que es un problema del circo, pero te pido que dejes que me encargue yo mismo de esto.

 

Beatriz se echó hacia atrás al ver la mirada escalofriante en los ojos de Kevin cuando éste asintió con la cabeza.

 

-¡No, Kevin! -Dani intentó acercarse de nuevo a Beatriz, pero Kevin la atrapó desde atrás.

 

Brady la arrastró entre las caravanas sin decir ni una palabra.

 

 

Él se detuvo en seco cuando Sheba surgió de las sombras de su gran caravana RV. Llevaba puesta una bata verde de seda con estampados de aves y flores por todos lados. Beatriz se alegró tanto de verla que a punto estuvo de lanzarse en sus brazos, pero la horrible mirada en los ojos de la dueña del circo le hizo darse cuenta de que Sheba lo había oído todo.

 

Beatriz sacudió la cabeza y comenzó a llorar de nuevo. Ahora Sheba también la odiaba. Debería haberlo esperado, Sheba odiaba el robo más que cualquier cosa.

 

Sheba habló con voz trémula:

-Quiero hablar contigo, Brady.

-Más tarde. Tengo que ocuparme de unos asuntos...

 

-Mejor ahora. -Luego se dirigió a la chica: -Vete a la cama, Beatriz. Tu padre y yo hablaremos contigo a primera hora de la mañana.

 

-¿Y a ti qué más te da? -quiso gritar Beatriz. -Tú odias a Dani.

Pero sabía que eso no importaba ahora. Sheba era tan dura como su padre a la hora de seguir las reglas del circo.

 

Su padre la soltó, y Beatriz huyó. Mientras corría a la seguridad de su cama, supo que había perdido la última oportunidad de conseguir que su padre la amara.

 

 

holaaa comoo estaann duuhh es un cap un poco tristee pobre beatrizz!!! :(

buenooo espero k komenten un pokito masss

xaoo

xoxox

 

Adri

 

Cpitulo 17..


-Dime cómo sería. ¿Cómo sería si me amases?

-¿Si te amase?

-Sí.

 

-Es una pérdida de tiempo hablar de algo que no puede ocurrir.

-¿Sabes qué pienso? Que no creo que fuera mejor que esto. Ahora es perfecto.

 

-Pero no durará. Dentro de seis meses nuestro matrimonio habrá terminado. No podría vivir conmigo mismo viendo cómo languideces por no darte lo que te mereces. No puedo darte amor. Ni hijos. Y eso es lo que necesitas, Dani. Eres ese tipo de mujer. Te marchitarás como una flor si no lo tienes.

 

Dani sintió una punzada de dolor al oír aquellas palabras, pero no podía reprocharle su sinceridad. Como sabía que él no admitiría nada más por el momento, cambió de tema.

 

-¿Sabes qué es lo que quiero de verdad?

 

-Supongo que unas semanas en un spa con manicura incluida.

 

-No. Quiero trabajar en una guardería.

 

-¿En serio?

 

-Es una tontería, ¿a que sí? Tendría que ir a la universidad y ya soy demasiado mayor. Para cuando me graduara, habría pasado de los treinta.

 

-¿Igual que si no vas a la universidad?

 

-¿Perdón?

 

-Los años pasarán igual, vayas o no a la universidad.

 

-¿Me estás diciendo en serio que debería hacerlo?

 

-No veo por qué no.

 

-Porque ya he metido la pata demasiadas veces en mi vida y no quiero hacerlo más. Sé que soy inteligente, pero he tenido una educación muy poco convencional y no soy capaz de seguir una rutina. No me imagino compartiendo clase con un puñado de jovencitos de dieciocho años de ojos brillantes recién salidos del instituto.

 

-Quizás es hora de que empieces a verte con otros ojos. No olvides que eres la dama que domestica tigres. -Le dirigió una misteriosa sonrisa que hizo que Dani se preguntase de qué tigre hablaba: de Sinjun o de sí mismo, pero Kevin era demasiado arrogante para pensar que ella lo había domesticado.

 

Miró hacia delante y divisó una serie de flechas indicando la dirección.

 

-Gira ahí delante.

 

Encontrar las flechas que señalaban la ubicación del circo era tan natural para Kevin como respirar. Dani sospechó que ya las había visto, pero él asintió con la cabeza. La lluvia arreció y él aumentó la velocidad de los limpiaparabrisas.

 

-Supongo que no seremos tan afortunados como para instalarnos sobre el asfalto esta vez -dijo ella.

 

-Me temo que no. Estaremos en un descampado.

 

-Supongo que ahora sabré de primera mano por qué a los circos como el de los Hermanos Quest se les llama circos de barro. Sólo espero que la lluvia no moleste a los animales.

 

-Estarán bien. Son los empleados los que sufrirán más.

 

-Y tú. Tú estarás allí con ellos. Siempre lo estás.

 

-Es mi trabajo.

 

-Extraño trabajo para alguien que debería ser zar. -Lo miró de reojo. Si él pensaba que se había olvida do de ese tema, se equivocaba.

 

-¿Ya estamos con eso otra vez?

 

-Si me dices la verdad no volveré a mencionarlo nunca más.

 

-¿Me lo prometes?

 

-Te lo prometo.

 

-Está bien, pues -respiró hondo.  -Es probable que sea verdad.

 

-¿¡Qué!? -Dani volvió la cabeza con tal rapidez que casi se partió el cuello.

 

-Las pruebas dicen que tengo ascendencia Romanov y, por lo que Max ha podido averiguar, existen muchas probabilidades de que sea el bisnieto de Nicolás II.

 

Ella se hundió en el asiento.

 

-No me lo creo.

 

-Bueno. Entonces no hay nada más de lo que hablar.

 

-¿Lo dices en serio?

 

-Max tiene pruebas bastante convincentes. Pero dado que no puedo hacer nada al respecto, será mejor que hablemos de otros temas.

 

-¿Eres el heredero del trono ruso?

 

-En Rusia no hay trono. Por si se te ha olvidado, allí no existe la monarquía.

 

-Pero si la hubiera...

 

-Si la hubiera, saldrían Romanov de cada carpintería de Rusia afirmando ser el heredero.

 

-Por lo que me dijo mi padre, hay pruebas más que suficientes en tu caso, ¿no?

 

-Probablemente, pero ¿qué más da? Los rusos odian más a los Romanov que a los comunistas, así que no creo que se restaure la monarquía.

 

-¿Y si lo hicieran?

 

-Me cambiaría de nombre y huiría a alguna isla desierta.

 

-Mi padre pondría el grito en el cielo.

 

-Tu padre está obsesionado.

 

-Sabes por qué concertó este matrimonio, ¿no? Yo pensaba que estaba tratando de castigarme buscándome el peor marido del mundo, pero no es así. Quería que los Petroff y los Romanov se unieran y me utilizó para ello. -Dani se estremeció. -Es como una novela victoriana. Todo esto me pone la piel de gallina. ¿Sabes qué me dijo ayer?

 

-Probablemente lo mismo que a mí. Te habrá enumerado todas

las razones por las que deberíamos seguir casados.

 

-Me dijo que si quería retenerte tendría que reprimir mi carácter. Y estar dispuesta a esperarte en la puerta con las zapatillas en la mano.

 

Kevin sonrió.

-A mí me dijo que ignorara tu carácter y me fijara en tu dulce cuerpo.

-¿De veras?

 

-No con esas palabras, pero ésa era la idea.

 

-No lo entiendo. ¿Por qué se molestó en tramar todo esto para un matrimonio de seis meses?

 

-¿No es evidente? Espera que cometamos un desliz y te quedes embarazada. -Dani lo miró fijamente. -Quiere garantizar el futuro de la monarquía. Quiere un bebé con sangre Petroff y Romanov que ocupe un lugar en la historia. Ése es su plan. Que des a luz a un bebé mítico; si luego seguimos casados o no, no importa. De hecho, probablemente preferiría que nos divorciáramos; en cuanto rompiéramos intentaría hacerse cargo del niño.

 

-Pero sabe que tomo anticonceptivos. Amelia me acompañó al ginecólogo. Incluso es ella quien se encarga de conseguir las recetas porque no se fía de mí.

 

-Es evidente que Amelia no está tan ansiosa como él por tener un pequeño Petroff-Romanov corriendo por la casa.

O simplemente aún no quiere ser abuela. Supongo que él no lo sabe, pero dudo que tu madrastra pueda ocultárselo durante mucho más tiempo.

 

Ella miró por la ventanilla los cuatro carriles de la autopista. Un letrero de neón de Taco Bell brillaba intermitentemente a un lado. Al rato le asaltó un pensamiento horrible.

 

-El príncipe Kevini tenía hemofilia y es hereditaria. Kevin, no tendrás esa enfermedad, ¿verdad?

 

-No. Sólo se transmite a través de las mujeres. Aunque Kevini la tenía, no podía pasarla a sus hijos. -Se pasó al carril izquierdo. -

 

Sigue mi consejo, Dani, y no piensa en esto. No vamos a seguir casados y no vas a quedarte embarazada, así que mis conexiones familiares no tienen importancia. Sólo te he contado esto para que dejes de darme la lata.

 

-Yo no te doy la lata.

Kevin le recorrió el cuerpo con una mirada lasciva.

-Eso es como decir que tú no...

 

-Calla. Como pronuncies esa palabra con «F», lo lamentarás.

 

-¿Qué palabra es ésa? Dímela al oído para que sepa de qué hablas.

-No te voy a decir nada.

 

-Deletréala.

 

-Tampoco la deletrearé.

 

Kevin siguió bromeando con ella hasta llegar al recinto, pero no consiguió que se la dijera.


Esa noche, los artistas habían comenzado a hablar con ella antes de la función. Brady se disculpó por la rudeza que había mostrado el día anterior y Jill la invitó a ir de compras esa misma semana. Los Tolea y los Lipscomb la felicitaron por su valentía y los payasos le dieron un ramillete de flores de papel.

 

A pesar del mal tiempo, la publicidad que había rodeado la fuga de Sinjun había atraído a mucha gente y lograron vender todas las entradas de la función matinal. Jack había narrado la historia heroica de Dani, pero ella lo había echado a perder al soltar un grito cuando Kevin le rodeó las muñecas con el látigo.


En La caravana la puerta se abrió y entró Kevin. El agua se le deslizaba por el impermeable amarillo y tenía el pelo pegado a la cabeza. Ella le pasó una toalla mientras él cerraba la puerta. El estallido distante de un trueno sacudió la caravana.

-Huele bien aquí dentro. -Él echó un vistazo a su alrededor, al interior cálidamente iluminado, y Dani observó en su expresión algo que parecía anhelo. ¿Había tenido alguna vez un hogar? Por supuesto no cuando era niño, pero, ¿y de adulto?

 

-Tengo la cena casi lista -dijo ella. -¿Por qué no te cambias?

Mientras Kevin se ponía ropa seca, ella llenó las copas de vino y revolvió la ensalada. En la radio sonaba Debussy. Cuando él regresó a la mesa con unos vaqueros y una sudadera gris, ella ya

había servido el pollo con arroz.

 

Kevin se sentó después de que Dani tomara asiento. Cogió su copa y la levantó hacia ella en un silencioso brindis.

 

-No sé cómo estará la comida. He utilizado los ingredientes que tenía a mano.

 

Kevin la probó.

-Está buenísima.

Durante un rato comieron en un agradable silencio, disfrutando de la comida, la música y la acogedora caravana bajo la lluvia.

 



Kevin le dijo que fregaría los platos si se quedaba a hacerle compañía, después se quejó, naturalmente, por el número de utensilios que ella había utilizado. Mientras él bromeaba con ella, a Dani se le ocurrió una idea.

 

Aunque Kevin le había hablado abiertamente de su linaje Romanov, no le había revelado nada sobre su vida actual, algo que para ella era mucho más importante. Hasta que él le dijera a qué se dedicaba cuando no viajaba con el circo no existiría entre ellos una verdadera comunicación. Pero no se le ocurría otra manera de averiguar la verdad más que engañándolo. Decidió que quizá no había nada malo en decir una pequeña mentirijilla cuando era la felicidad de su matrimonio lo que estaba en juego.

 

-Kevin, creo que tengo una infección de oído. -Él dejó lo que estaba haciendo y la miró con tal preocupación que a Dani le remordió la conciencia.

-¿Te duele el oído?

 

-Un poquito. No mucho. Sólo un poquito nada más.

 

-Iremos al médico en cuanto termine la función. -Para entonces todas las consultas estarán cerradas. -Te llevaré a urgencias.

 

-No quiero ir a urgencias. Te aseguro que no es nada serio.

 

-No voy a dejar que viajes con una infección de oído.

 

-Supongo que tienes razón. -Dani vaciló; sabía que ahora tocaba poner el cebo. -Tengo una idea -dijo lentamente. -¿Te importaría mirármelo tú?

 

Él se quedó quieto.

 

-¿Quieres que te examine yo el oído? -Dani se sintió culpable. Ladeó la cabeza y jugueteó con el borde de la arrugada servilleta de papel. Al mismo tiempo, recordó la manera en que él le había preguntado si estaba vacunada del tétanos o cómo había administrado los primeros auxilios a un empleado. Tenía derecho a saber la verdad.

 

-Supongo que, sea cual sea tu especialidad, estarás cualificado para tratar una infección de oído. A menos que seas veterinario.

 

-No soy veterinario.

 

-Vale. Entonces hazlo.

 

Él no dijo nada. Dani contuvo los nervios mientras recolocaba los tréboles y alineaba los botes de sal y la pimienta. Se obligó a recordar que aquello era por el bien de Kevin. No podría conseguir que su matrimonio funcionara si él insistía en mantener tantas cosas en secreto.

 

Lo oyó moverse.

 

-Vale, Dani. Te examinaré.

 

La joven alzó la cabeza con rapidez. ¡Lo había conseguido! ¡Por fin lo había pillado! Con astucia, había logrado que admitiera la verdad. Su marido era médico y ella había logrado que confesara.

 

-Siéntate en la cama -dijo. -Y acércate a la luz para que pueda ver.

Ella lo hizo.

Kevin se demoró secándose las manos delante del fregadero antes de dejar a un lado la toalla y acercarse a ella.

 

-¿No necesitas el instrumental?

 

-Está en el maletero de la camioneta y preferiría no tener que mojarme otra vez. Además, hay más de una manera de diagnosticar una infección de oído. ¿Cuál de ellos te duele?

 

Dani vaciló una fracción de segundo, luego señaló la oreja derecha. Kevin le retiró el pelo a un lado y luego se inclinó para examinarla.

 

-No veo bien con esta luz, acuéstate.

 

Dani se recostó en la almohada. El colchón se hundió cuando él se sentó a su lado y le puso la mano en la garganta.

 

-Traga.

 

Lo hizo.

 

Kevin apretó con la punta de los dedos.

 

-Otra vez.

 

Dani tragó por segunda vez.

 

-Mmm. Ahora abre la boca y di «ah».

 

-Ahhh...

 

Kevin inclinó la cabeza de Dani hacia la luz.

 

-¿Qué opinas? -preguntó ella finalmente. -Pues parece que sí tienes una infección, pero creo que sea en el oído.

 

«¿Tenía una infección?»

 

Kevin bajó la mano a su cintura y le presionó el abdomen.

-¿Te duele aquí?

 

-No.

 

-Bien. -Le cogió un tobillo y lo separó del otro. -Estate quieta mientras compruebo el pulso alterno.

 

Ella se mantuvo en silencio con la frente arrugada de preocupación. «¿Cómo era posible que tuviera una infección?» Se encontraba bien. Luego recordó que había tenido un leve dolor de cabeza hacía un par de días y que a veces se sentía un poco mareada cuando se levantaba demasiado rápido. Tal vez estaba enferma y no lo sabía.

 

Lo miró con preocupación.

 

-¿Tengo el pulso normal?

 

-Shh... -Le desplazó el otro tobillo para que mantuviera las piernas separadas y le apretó las rodillas sobre la tela del chándal.

 

-¿Te ha dolido algo últimamente?

 

«¿Le había dolido algo?»

 

-Creo que no.

 

Kevin le subió la parte superior del chándal y le tocó un pecho.

 

-¿Sientes algo aquí?

-No.

 

Le rozó el pezón con los dedos y, aunque su toque pareció impersonal, Dani entrecerró los ojos con suspicacia. Luego se relajó al notar la intensa concentración en la cara de Kevin. Estaba portándose como todo un profesional; no había indicio de lujuria en lo que estaba haciendo.

 

Le tocó el otro pecho.

 

-¿Y aquí? -preguntó.

 

-No.

 

Kevin bajó la parte superior del chándal, cubriéndola con modestia, y ella se sintió avergonzada por haber dudado de él.

 

Parecía preocupado.

 

-Me temo que...

 

-¿Qué?

 

Cubrió la mano de Dani con la suya y le dio una palmadita consoladora.

 

-Dani, yo no soy ginecólogo, y normalmente no haría esto, pero me gustaría examinarte. ¿Te importaría?

 

-¿Si me importaría...? -Dani vaciló. -Bueno, no, supongo que no. Es decir, estamos casados y ya me has visto... pero ¿qué tienes que hacer? ¿Crees que me pasa algo?

 

-Estoy prácticamente seguro de que no es nada, pero los problemas glandulares pueden complicarse y sólo quiero asegurarme de que no es así. -Kevin deslizó los pulgares hasta la cinturilla de los pantalones de Dani. Ella levantó las caderas y dejó que se los quitara junto con las bragas.

 

Cuando él tiró la ropa al suelo, las sospechas de Dani regresaron de nuevo, pero las ignoró cuando se dio cuenta de que él no estaba mirándola. Parecía distraído, como si estuviera ensimismado. ¿Y si en realidad tenía una enfermedad rara y él estaba pensando la mejor manera de decírselo?

 

-¿Prefieres que te cubra con la sábana? -preguntó él.

 

A la joven le ardieron las mejillas.

 

-Er..., esto... No es necesario. Es decir, dadas las circunstancias...

 

-Vale. Entonces... -Le apretó con suavidad sus rodillas. -Dime si te duele.

 

No le dolió. Ni un poquito. Mientras la examinaba, a Dani se le cerraron los ojos y comenzó a flotar. Kevin tenía un toque de lo más asombroso. Controlado. Exquisito. Un roce aquí. Otro allá. Era delicioso. Esos dedos dejaron un rastro suave y húmedo. Su boca... ¡Era su boca!

 

Dani levantó de golpe la cabeza de la almohada.

 

-¡Eres un pervertido! -chilló ella.

 

Él soltó una risotada y la inmovilizó, agarrándola con firmeza.

 

-¡No eres médico!

 

-¡Ya te lo había dicho! Eres muy ingenua. -Kevin se rio más fuerte. Ella intentó soltarse y él la sujetó con tina mano mientras se bajaba la cremallera con la otra. -Pequeña farsante, has intentado engañarme con una falsa infección de oídos.

Dani entornó los ojos cuando él se bajó los vaqueros.

 

-¿Qué estás haciendo?

-Sólo hay una cura para lo que te pasa, cariño. Y yo soy el único hombre que puede proporcionártela.

 

Los ojos de Kevin chispearon de risa y pareció tan satisfecho de sí mismo que la irritación de Dani se aplacó y le resultó difícil mantener el ceño fruncido.

 

-¡Me las pagarás!

 

-No hasta que me cobre la consulta. -Los vaqueros de Kevin cayeron al suelo en un suave susurro junto con los calzoncillos. Con una amplia y lobuna sonrisa, cubrió el cuerpo de Dani con el suyo y entró en ella con un suave envite.

 

-¡Degenerado! Eres un horrible..., ahh..., un horrible... Mmm...

 

Kevin esbozó una sonrisa de oreja a oreja.

 

-¿Decías?

 

Dani luchó contra la creciente excitación que la inundaba, decidida a no ceder a él con demasiada facilidad.

 

-¡Creí que me pasaba algo! Y... y durante todo ese tiempo estabas... ahhh... ¡estabas buscando un polvo!

-Ese lenguaje... Ella gimió y apresó las caderas de Kevin entre las manos.

 

-Y lo dice alguien que ha violado el juramento hipocrático...

 

Él soltó una carcajada que envió vibraciones de placer al interior de la joven. Cuando Dani le miró a los ojos, vio que el desconocido tenso y peligroso con quien se había casado había desaparecido. En su lugar había un hombre que no había visto nunca: joven, alegre y despreocupado. A Dani le dio un vuelco el corazón.

Se le empañaron los ojos. Kevin le mordisqueó el labio inferior.

-Oh, Kevin...

 

-Calla, amor. Cállate y deja que te ame. Dijo las palabras con el ritmo que marcaban sus embestidas. Ella le respondió y se unió a él con los ojos llenos de lágrimas. En un par de horas tendrían que enfrentarse en la pista, pero por ahora no había peligro, sólo el placer que atravesaba sus cuerpos, inundaba sus corazones y estallaba en un manto de estrellas.

Un rato después, cuando Dani estaba en el cuarto de baño aplicándose el maquillaje para la función, la sensación de bienestar se evaporó.

 

-¿Quieres tomar un café antes de que salgamos a mojarnos? -gritó él.

 

-Lo que quiero es que te sientes y me digas a qué te dedicas cuando no viajas con el circo.

 

-¿Ya estamos con eso otra vez?

 

-Más bien seguimos con ello. Ya basta, Kevin. Quiero saberlo. ¿qué tipo de doctor eres?

 

-Puede que sea dentista.

 

Kevin parecía tan esperanzado que Dani casi sonrió.

 

-No eres dentista. Ni siquiera utilizas la seda dental todos los días.

 

-Sí que lo hago.

 

-Mentiroso, como mucho cada dos días. Y, definitivamente, no eres psiquiatra, aunque estás neurótico perdido.

 

-Soy profesor universitario, Dani.

-¿Que eres qué?

 

Kevin la miró.

 

-Soy profesor de historia del arte en una pequeña universidad privada de Connecticut. Ahora mismo he cogido una excedencia.

Dani se había imaginado muchas cosas, pero no ésa. Aunque, si lo pensaba bien, tampoco debería asombrarse tanto. Él había dejado caer pistas sutiles.

Se acercó a él.

 

-¿Y por qué tanto misterio?

 

Kevin se encogió de hombros y tomó un sorbo de café.

 

-A ver si lo adivino. Es por el mismo motivo por el que usamos esta caravana, ¿no? ¿La misma razón por la que escogiste vivir en el circo en vez de otro sitio? Sabías que estaría más cómoda con un profesor universitario que con Kevini el Cosaco, y no querías que estuviese a gusto.

 

-Quería que te dieras cuenta de lo diferentes que somos. Trabajo en un circo, Dani. Kevini el Cosaco es una parte muy importante

de mi vida.

 

-Pero también eres profesor universitario.

-En una universidad pequeña.

Dani recordó la raída camiseta universitaria que a veces se ponía ella para dormir.

-¿Estudiaste en la Universidad de Carolina del Norte?

-Hice prácticas allí, pero me licencié y doctoré en la Universidad de Nueva York.

-Me cuesta imaginarlo.


 

 

Capitulo 15 Un romanov?¿?

 

CAPÍTULO 15


Kevin estaba dormido cuando Dani regresó a la caravana. La joven se desvistió tan silenciosamente como pudo y se puso una de las camisetas de su marido. Cuando se acercaba al sofá, oyó un ronco susurro:

 

-Esta noche no, Dani. Te necesito.

 

Se giró y lo vio a través de la oscuridad. Tenía los ojos entrecerrados por el deseo. Estaba despeinado y la medalla esmaltada que le colgaba del cuello resplandecía bajo la luz de la luna que entraba por la ventana. Dani aún podía oír en su mente el fuerte latido del corazón de Tater transmitiéndole un mensaje de amor incondicional. Sabía que no podía darle la espalda a Kevin en ese momento.

 

Esta vez no hubo sonrisas. Ni dulzura. La poseyó con ferocidad, casi con desesperación y, cuando todo terminó, Kevin se acurrucó detrás ella, sin soltarla. Se quedaron dormidos con la mano de él sosteniéndole un pecho.

 

Dani no regresó al sofá la noche siguiente. A partir de ese día, compartió la cama con su marido mientras sentía que su corazón se inundaba de una emoción a la que no quería dar nombre.

 

Una semana más tarde, llegaron al centro de New Jersey. Instalaron el circo en el patio de una escuela situada en un barrio de las afueras, con casas blancas de dos plantas, columpios en los patios traseros y monovolúmenes en los garajes. De camino a la casa de fieras, donde Tater estaba atado, Dani se pasó por el vagón rojo para hacer unos cambios en el pedido de pienso y, cuando entró, vio a Jack examinando algunas carpetas.

 

La saludó con una inclinación de cabeza. Ella le devolvió el saludo y se dirigió al escritorio para buscar los papeles que necesitaba. Sonó el móvil y lo cogió ella.

 

-Circo de los Hermanos Quest.

 

-Quería hablar con el doctor Markov -respondió un hombre con acento británico. -¿Podría avisarlo?

 

Dani se dejó caer en la silla.

 

-¿Con quién?

-Con el doctor Kevin Markov.

 

A Dani comenzó a darle vueltas la cabeza.

 

-N-no está aquí en este momento. ¿Quiere dejar algún recado?

 

La mano le tembló al apuntar el nombre y el número. Cuando colgó sintió que se tambaleaba. ¡Kevin era doctor! Sabía que era un hombre cultivado y que tenía una vida oculta, pero jamás se había imaginado algo así.

 

El misterio que rodeaba a su marido era cada vez más profundo, pero no sabía cómo sonsacarle la verdad. Kevin seguía esquivando cualquier pregunta que le hiciera, seguía actuando como si no tuviera una existencia más allá del circo.

 

miró a Jack.

 

-Era un hombre que quería hablar con Kevin. Lo llamó doctor Markov.

Jack metió varias carpetas en el cajón abierto del archivador sin mirarla.

 

-Déjale el mensaje en el escritorio. Lo verá cuando entre.

 

Jack no había mostrado reacción alguna, así que evidentemente sabía más de la vida de su marido que ella. Tal certeza le dolió.

 

-Debe de ser un descuido por su parte, pero Kevin no me ha dicho qué rama de la medicina practica.

 

Jack cogió otra carpeta.

 

-Tal vez porque no quiere que lo sepas.

 

Dani se sentía carcomida por la frustración.

 

-Cuéntame lo que sabes de él, Jack.

 

-En el circo aprendemos a no meter las narices en la vida de los demás. Si alguien quiere hablar sobre su pasado, lo hace. Si no, es asunto suyo.

 

Ella se dio cuenta de que lo único que había conseguido era avergonzarse a sí misma. Hizo tiempo hojeando algunos periódicos y se escapó de allí lo más rápidamente que pudo.

 

Encontró a Kevin acuclillado junto a Misha, examinando la herradura del caballo. Lo observó durante un buen rato.

 

-Eres veterinario.

 

-¿De qué hablas?

 

-Eres veterinario.

 

-¿Desde cuándo?

 

-¿No lo eres?

 

-No sé de dónde sacas esas ideas.

 

-Acabas de recibir una llamada. Alguien quería hablar con el doctor Markov.

 

-¿Y?

 

-Si no eres veterinario, ¿qué tipo de doctor eres?

 

Él se puso en pie y palmeó el cuello de Misha.

 

-¿No has pensado que podía ser un apodo?

 

-¿Un apodo?

 

-De mis días de prisión. Ya sabes que los convictos le ponen apodos a todo

el mundo.

 

-¡No has estado en prisión!

 

-Pero si lo dijiste tú misma. Por asesinar a aquella camarera.

 

Dani pateó el suelo con frustración.

 

-¡Kevin Markov, dime ahora mismo a qué te dedicas cuando no estás en el circo!

 

-¿Por qué quieres saberlo?

 

-¡Soy tu esposa! Merezco saber la verdad.

 

-Todo lo que necesitas saber es que tienes delante de ti a un antipático artista circense que posee un pésimo sentido del humor. No necesitas saber nada más.

 

-Eso es lo más indulgente y condescendiente...

 

-No es mi intención ser condescendiente, cariño. Pero no quiero que te hagas ilusiones. Esto es lo que hay. Una gira con el circo de los Hermanos Quest. Caravana y trabajo duro. -La expresión de Kevin se suavizó. -Hago lo que está en mi mano para no hacerte daño. Por favor, acéptalo y deja de hacerme preguntas.

 

Si hubiera sido hostil, lo habría desafiado, pero Dani no pudo luchar contra esa repentina dulzura en su voz. Dio un paso atrás y observó las profundidades de sus ojos. Eran tan dorados como los de Sinjun, e igual de misteriosos.

 

-Esto no me gusta, Kevin -dijo ella con suavidad, -no me gusta nada. -Y se dirigió hacia la casa de fieras.

 

Un rato más tarde, Beatriz entró en la carpa. En ese momento, Dani acababa de terminar de limpiar la jaula de Glenna con una manguera.

-¿Puedo hablar contigo?

-Sí. -Al cerrar la manguera, Dani vio que la chica estaba tensa y que tenía ojeras.

 

-¿Por qué no le has contado a Sheba lo del dinero?

 

Dani enrolló la larga manguera y la sostuvo entre las manos.

 

-He decidido no hacerlo.

 

-¿No vas a decírselo?

 

Dani negó con la cabeza.

 

Los ojos de Beatriz se llenaron de lágrimas.

 

-¿¡Por qué no vas a hacerlo después de todo lo que le he hecho!?

 

-Puedes devolverme el favor prometiéndome no fumar más.

-¡Vale! Haré lo que sea. Nunca olvidaré lo que has hecho por mí, Dani. Nunca. -Beatriz agarró la manguera que Dani acababa de enrollar. -

Déjame ayudarte. Dime qué quieres que haga. Haré cualquier cosa.

 

-Gracias por la oferta, pero no es necesario. -Comenzó a enrollar la manguera de nuevo, pero esta vez la llevó afuera y la apoyó contra la carpa.

 

Beatriz la siguió.

 

-Haré lo que quieras... Sé que sólo soy una niña y todo eso, pero como no tienes amigos aquí, quizá podríamos hacer cosas juntas. -Se detuvo a pensar qué podrían hacer para superar lo ocurrido, algo en lo que no importara la diferencia de edad. -Podríamos ir a tomar pizza o algo por el estilo. O podríamos peinarnos la una a la otra.

 

Dani no pudo evitar sonreír ante el tono esperanzado de la chica.

-Suena bien.

 

-Voy a recompensarte por esto, te lo prometo.

 

Algunas cosas no se podían arreglar, pero Dani no se lo dijo a Beatriz. Había tomado una decisión: no pensaba dejar que la culpa pendiera sobre la cabeza de la adolescente.

 

Brady Pepper se acercó a ellas, con una expresión que no presagiaba nada bueno.

 

-¿Qué haces aquí, Beatriz? Te he dicho que te alejes de ella.

 

Beatriz se sonrojó.

 

-Dani ha sido muy amable conmigo y quería ayudarla.

 

-Vete con Sheba. Quiere practicar contigo la posición del pino.

Beatriz parecía cada vez más infeliz.

 

-Papá, Dani es genial. No me gusta que pienses mal de ella. Es buenísima con los animales y me trata...

 

-Vete, Beatriz-dijo Dani agradeciéndole el esfuerzo con un gesto de cabeza. -Gracias por ofrecerte a ayudar.

 

Beatriz se fue a regañadientes.

 

Brady parecía tan enfadado como un Silvestre Stallone con ración doble de testosterona.

 

-Mantente alejada de ella, ¿me oyes? Puede que Kevin esté ciego contigo, pero los demás no olvidamos lo que has hecho.

 

-No me avergüenzo de nada de lo que he hecho, Brady.

 

-¿No te avergüenzas de lo que has hecho? ¿Si se hubiera tratado de dos mil dólares en vez de doscientos estarías avergonzada? Lo siento, nena, pero para mí un ladrón es siempre un ladrón.

 

-¿Acaso llevas una vida tan recta que nunca has hecho nada de lo que te arrepientas?

-Nunca he robado nada, de eso puedes estar segura.

 

-Le robas seguridad en sí misma a tu hija. ¿Eso no cuenta?

 

Brady apretó los labios.

 

-No me des lecciones sobre cómo criar a mi hija. No es asunto tuyo ni de Sheba. Ninguna de las dos tenéis hijos, así que ya podéis mantener cerradas vuestras malditas bocazas.

 

Y se fue, con los músculos brillando y las plumas de la cola despeinadas.

 

Dani suspiró con pesar. No daba una. Había discutido con Kevin y se había enfrentado a Jack y a Brady. ¿Qué más podía salir mal?

 

El agudo murmullo de voces excitadas captó su atención y observó que otro grupo de niños de la escuela vecina llegaba al circo. Durante toda la mañana habían llegado al recinto un grupo de escolares tras otro. Con tantos niños merodeando, Dani se había asegurado de que la jaula de Tater estuviera bien cerrada, algo que disgustaba al elefantito. Esta vez los niños eran muy pequeños. Debían de ser del jardín de infancia.

 

Miró con tristeza a la profesora de mediana edad que los acompañaba.

 

Puede que ese trabajo no le gustara a mucha gente, pero era el que

deseaba desempeñar ella.

 

No pudo resistirse a acercarse a los niños cuando se aproximaron a la jaula de Sinjun, que tenía una cinta alrededor para que los pequeños visitantes no se acercaran demasiado. Después de sonreír a la profesora, se dirigió a una niña con rostro de querubín que miraba al tigre con temor.

 

-Se llama Sinjun y es un tigre siberiano. Los siberianos son los tigres más grandes que existen.

-¿Come gente? -preguntó la pequeña.

 

 

-No come personas, pero es un carnívoro. Eso quiere decir que come carne.

 

La pequeña se mostró más animada.

 

-Mi jerbo come comida de jerbo.

 

Dani se rio. La maestra sonrió.

 

-Parece que sabe mucho sobre tigres. ¿Le importaría contarle a los niños algo sobre Sinjun?

 

Una oleada de excitación atravesó a Dani.

 

-¡Me encantaría! -Rápidamente rebuscó en su mente todo lo que había aprendido sobre los animales en sus recientes visitas a la biblioteca y escogió aquellos detalles que los niños pudieran comprender. -Hace cien años, los tigres vagaban libres por muchas partes del mundo, pero ahora ya no es así. La gente comenzó a vivir en las tierras que habitaban los tigres... -siguió hablándoles sobre aquellos felinos, sobre su lenta extinción, y se sintió gratificada al ver que los niños escuchaban atentamente sus palabras.

 

-¿Podemos darle mimitos? -preguntó uno de ellos.

 

-No. Ya es mayor y tiene malas pulgas. No entendería que no quieres hacerle daño. No es como los perros o los gatos.

 

Siguió contestando a un gran número de preguntas, incluyendo varias sobre las necesidades fisiológicas de Sinjun y que provocó un coro de risitas tontas, escuchó atentamente la historia de uno de los niños sobre un perro que había muerto y el anuncio de que otro que acababa de pasar la varicela. Eran tan ricos que Dani podría haberse pasado todo el día hablando con ellos.

 

Cuando la clase se dispuso a seguir adelante, la profesora le agradeció la explicación y la pequeña de mejillas sonrosadas le dio un abrazo. Dani se sintió como si flotara en una nube.

 

Siguió observándolos mientras se acercaba a la caravana para disfrutar de un almuerzo rápido. Se detuvo de golpe cuando una familiar figura, embutida en unos pantalones marrón oscuro y una pálida camisa amarilla, salió del vagón rojo. Dani era incapaz de creer lo que veía. En ese momento fue consciente de las ropas sucias y del despeinado cabello que lucía, resultado del último aseo de Glenna.

 

-Hola, Theodosia.

 

-¿Papá? ¿Qué haces aquí? -Su padre era una figura tan poderosa en la mente de Dani que la joven rara vez notaba que éste poseía una constitución bastante menuda, apenas un poco más alto que ella. Era la imagen de la opulencia y la elegancia, con aquel cabello canoso cortado por un experto peluquero -que se pasaba por la oficina de su padre una vez a la semana, -el reloj de oro y los mocasines italianos con un discreto adorno dorado en el empeine. Era difícil imaginárselo abandonando la dignidad el tiempo suficiente como para enamorarse de una modelo y concebir una hija ilegítima, pero Dani era la prueba viviente de que su padre había sido humano una vez.

 

-He venido a ver a Kevin.

 

-Ah. -Se esforzó por ocultar el dolor que le producía saber que no había ido a verla a ella. -También quería saber cómo te iba.

 

-¿Y?

 

-Quería asegurarme de que aún estabas con él, que no habías hecho ninguna tontería.

 

Por un momento Dani se preguntó si Kevin le habría hablado del dinero robado, pero al instante supo que no lo había hecho. Esa certeza la consoló.

 

-Como puedes ver, todavía estoy aquí. Si me acompañas a la caravana te serviré algo de beber. O te prepararé un sándwich si tienes hambre.

 

-Una taza de té estaría bien.

 

Lo condujo hasta la caravana. Max se detuvo al ver el deteriorado exterior.

 

-Dios mío. No me digas que vivís aquí.

 

Dani se sintió impulsada a defender su pequeño hogar.

 

-El interior está mucho mejor; lo he arreglado. Abrió la puerta y lo invitó a entrar, pero a pesar de los cambios que ella había hecho, Max no se sintió más impresionado con el interior que con el exterior.

 

-Creo que Kevin podría haber conseguido algo mejor.

 

Aunque resultara extraño, aquella crítica la hizo ponerse a la defensiva.

 

-Es perfecto para nosotros.

 

Max se quedó mirando la única cama de la caravana durante un buen rato. Dani creía que la imagen lo haría sentir incómodo, pero si fue así, ella no lo notó.

 

Mientras ponía el agua a hervir en la cocina, él sacudió el sofá antes de sentarse, como si temiera contraer alguna enfermedad. Dani se sentó frente a él mientras esperaba a que el agua hirviera.

 

El incómodo silencio que se extendió entre ellos fue roto finalmente por su padre.

 

-¿Cómo os lleváis Kevin y tú?

-Bien.

 

-Es un hombre estupendo. Casi nadie logra sobreponerse a una infancia como la suya. ¿Te ha contado cómo nos conocimos?

 

-Me ha dicho que le salvaste la vida.

-No sé si eso será cierto, pero cuando lo conocí su tío le estaba dando una

paliza detrás de unas camionetas. Lo sujetaba contra el suelo con un pie mientras lo azotaba con un látigo.

 

Dani se sorprendió. Kevin le había dicho que había sido maltratado, pero oírlo de labios de su padre lo hacía parecer aún más horrible.

 

-La camisa de Kevin estaba hecha jirones. Tenía verdugones rojos por toda la espalda; algunos de ellos sangraban. Su tío le maldecía por alguna tontería mientras lo azotaba con todas sus fuerzas. -Dani cerró con fuerza los ojos, deseando que su padre dejara de hablar, pero él continuó. -Lo que más me impactó es que Kevin se mantenía en absoluto silencio. No lloraba. No pedía ayuda. Sólo aguantaba. Fue lo más trágico que he visto en mi vida.

 

Dani se sintió enferma. No era de extrañar que Kevin no creyera en el

amor.

 

Su padre se reclinó en el sofá.

 

-Irónicamente yo no tenía ni idea de quién era el niño. Por aquel entonces Sergey Markov viajaba en el viejo Circo Curzon y decidí ir a verlo a donde se habían instalado en Fort Lee. Por supuesto, había oído rumores sobre la relación familiar. Incluso la había investigado para asegurarme de que era auténtica, pero siempre soy escéptico con

historias como ésas y, al principio, no me lo creí.

 

Aunque Dani conocía la pasión de su padre por la historia rusa, no sabía que ésta se extendiera hasta el circo. Cuando la tetera comenzó a silbar,

se dirigió ni fogón.

 

-Pero la relación es autentica. Los Markov son una de las familias más famosas de la historia del circo -dijo Dani.

 

Él la miró con extrañeza mientras ella comenzaba t preparar el té.

-¿Los Markov?

 

-Al parecer la mayoría de las generaciones conservó el apellido de las mujeres. ¿No te parece algo inusual?

 

-Más bien irrelevante. Los Markov eran campesinos, Theodosia. Gente del circo. -Apretó los labios con desdén. -Por lo único que me interesaba Sergey Markov era por los rumores que corrían sobre el matrimonio de su hermana, Katya, la madre de Kevin.

 

-¿A qué te refieres?

 

-Lo que me interesaba era la familia del padre de Kevin. El hombre con el que se casó Katya Markov. Por el amor de Dios, Theodosia, los Markov no son importantes. ¿Acaso no sabes nada de tu marido?

 

-Sé muy poco -admitió ella. Llevó las dos tazas al sofá y le tendió una. Sujetó su taza con ambas manos mientras tomaba asiento en el otro extremo del sofá.

 

-Pensé que te lo habría contado, pero es tan reservado que es normal que no te haya dicho nada.

 

-¿Decirme qué? -Dani llevaba tiempo esperando eso, pero ahora que llegaba el momento no estaba segura de querer saberlo.

 

Un leve temblor de excitación tiñó la voz de Max cuando se lo explicó.

 

-Kevin es un Romanov, Theodosia.

 

-¿Un Romanov?

 

-Por la línea paterna.

 

La primera reacción de Dani fue de diversión, pero ésta se desvaneció al darse cuenta de que su padre estaba tan obsesionado por la historia rusa que había estado investigando en todos los circos.

 

-Papá, eso no es cierto. Kevin no es un Romanov. Es un Markov de los pies a la cabeza. La historia de los Romanov es sólo parte de su número; algo que se inventó para hacerlo más apasionante.

 

-No insultes mi inteligencia, Theodosia. No me dejaría engañar por un cuento chino. -Cruzó las piernas. -No tienes ni idea de cuánto investigué antes de llegar a esta conclusión. Cuando supe que Kevin era un auténtico Romanov, lo aparté de Sergey Markov, que aún tardó diez años en morir. Me encargué de la educación de Kevin, que había sido abominable hasta ese momento. Lo metí en un internado, pero insistió en pagarse él mismo la universidad, por lo cual fue imposible mantenerlo alejado del mundo del circo. ¿Crees que hubiera hecho todo eso si no hubiera estado absolutamente seguro de quién era?

Un helado escalofrío recorrió la espalda de Dani,

 

-¿Y quién es exactamente?

 

 

holaaaaaaa k tal les gustoo el cap????

bieeenn jejej lo subi completooo espero les gustee!!!!

ahh me encaantan sus noveels!!! y me estoy poniendo al dia jejeje

buenoo me voy

comenteen pleasee

bye

xoxoxo

Adri...

Capitulo 14

Parte 2

 

Dani cruzó la estrecha carretera asfaltada que separaba el aparcamiento donde estaba instalado el circo de la playa vacía. A la izquierda las luces multicolores de la feria, en el paseo marítimo de Jersey Shore, destellaban en el caos de la noche: la noria, los coches de choque, los tiovivos y los puestos de chucherías.

El debut de Dani había tenido lugar en la primera representación del circo en ese pequeño pueblo costero y ahora estaba demasiado excitada para dormir. El público de la segunda función había reaccionado con más entusiasmo aún y una maravillosa sensación de realización le impedía sentirse cansada.


-¿Dani? -Se volvió y vio a Kevin en lo alto de las escaleras, una alta y delgada silueta recortada contra el tenue resplandor de la noche. La brisa le revolvía el pelo y le pegaba la camisa al cuerpo.

-¿Te importa si paseo contigo o prefieres estar sola?

-¿Vas armado?

-Ya he guardado los látigos por esta noche.

-Entonces ven. -Dani sonrió y le tendió la mano.


Las botas de Kevin resonaron en los escalones de madera cuando se acercó. Le cogió la mano y las callosidades de su palma le recordaron a Dani que era un hombre acostumbrado al trabajo duro. Aquella cálida y firme mano envolvió la suya.

 

La playa estaba desierta, pero aún quedaban restos que había dejado la gente que había acudido al lugar adelantándose a la temporada veraniega: latas vacías, plásticos, la tapa rota de un vaso térmico. Se dirigieron hacia el mar.

 

-Al público le ha gustado el número.

 

-Estaba tan asustada que me temblaban las rodillas. Si no hubiera sido por el giro que Jack le dio a la historia, mi actuación hubiera resultado un desastre. Cuando intenté agradecérselo me dijo que había sido idea tuya. -Lo miró y sonrió. -¿No crees que te has pasado un poco con lo de las monjas francesas?

 

-Conozco de primera mano tus creencias morales, cariño. A menos que me equivoque, estoy seguro de que las monjas formaron parte de esa extraña educación que recibiste.

 

Dani no lo negó.

 

Pasearon durante un rato en un cómodo silencio. Dani esperaba que él le soltara la mano en cualquier momento, pero seguía manteniéndola agarrada.

 

-Has hecho un buen trabajo esta noche, Dani. Trabajas duro.

 

-¿De veras? ¿De verdad crees que trabajo duro?

 

-Claro.

 

-Gracias. Nunca me habían dicho eso. -Soltó una risita irónica. -Y si lo hubiesen hecho, seguramente no me lo habría creído.

 

-Pero a mí me crees.

 

-No eres un hombre que diga las cosas a la ligera.

 

-¿Estoy oyendo un cumplido?

 

-No estoy segura.

-No es justo.

 

-¿Qué?

 

-Te he dicho algo agradable. Al menos podrías decir una cosa buena de mí.

 

-Por supuesto que puedo. Haces un chile de muerte. Para sorpresa de Dani, él frunció el ceño.

-Estupendo. Olvídalo.

 

Atónita, Dani se dio cuenta de que, sin querer, había herido los sentimientos de su marido. Pensaba que él estaba bromeando, pero tratándose de Kevin debería saber que eso no era posible. Aun así era toda una sorpresa que a él le importara su opinión.

 

-Sólo me estaba reservando lo mejor -dijo ella.

-No es importante. De verdad, déjalo.

 

Pero tenía importancia y a ella le encantaba.

 

-Mmm, déjame pensar...

 

-Olvídalo.

 

Dani le apretó la mano.

 

-Siempre haces lo que crees que es correcto, incluso si la gente lo desaprueba. Es algo por lo que te admiro. Admiro tu integridad, pero... -Dani le rodeó los dedos con los suyos. -¿Quieres que sea sincera?

 

-Eso he dicho, ¿no?

 

Ella ignoró el beligerante gesto de su mandíbula.

 

-Tienes una sonrisa maravillosa.

 

Kevin pareció algo aturdido y relajó la mano bajo la de ella.

 

-¿Te gusta mi sonrisa?

 

-Sí, muchísimo.

 

-Nadie me lo había dicho nunca.

 

-No muchas personas consiguen verla. -Dani contuvo una sonrisa

mientras observaba el gesto serio con el que Kevin consideraba lo que ella había dicho. -Y hay otra cosa más, pero no sé cómo vas a tomártelo.

 

-Suéltalo.

 

-Tienes un cuerpo de infarto.

 

-¿Un cuerpo de infarto? ¿Sí? ¿Ésa es la segunda cosa que más te gusta de mí?

 

-No he dicho que fuera la segunda. Te estoy diciendo cosas que

me gustan de ti y ésa en concreto me encanta.

 

-¿Mi cuerpo?

-Tienes un cuerpo estupendo, Kevin. En serio.

 

-Gracias.

-De nada.

 

El embate de las olas llenó el silencio que se extendió entre ellos.

-Tú también -dijo él.

 

-¿También qué?

-Tienes un cuerpo estupendo. Me gusta.

 

-¿De veras? Pero si no es gran cosa. Tengo los hombros demasiado estrechos en comparación con las caderas y los muslos demasiado gruesos. Y mi estómago...

 

Él negó con la cabeza.

 

-La próxima vez que oiga a una mujer decir que los hombres somos unos neuróticos, recordaré esto. Tú me dices que te gusta mi cuerpo, ¿y qué hago yo? Te doy las gracias. Luego te digo que me gusta el tuyo, ¿y qué escucho? Una larga lista de quejas.

 

-Es culpa de las Barbies. -La mueca de desagrado de Kevin la complació sobremanera. -Gracias por el cumplido, pero sé sincero. ¿No crees que tengo los pechos demasiado pequeños?

 

-Ésa es una pregunta con trampa, seguro.

-Solo quiero que me digas la verdad.

 

-¿Estás segura?

 

-Sí.

-Vale. Veamos. -La tomó por los hombros y la hizo girar de cara al océano, luego se puso detrás de ella. La rodeó con los brazos y le ahuecó los pechos. La piel de Dani se erizó de deseo cuando Kevin apretó y moldeó los montículos, recorriéndole las suaves pendientes y rozando las endurecidas cimas con los pulgares.

 

A Dani se le entrecortó la respiración. Kevin le acarició la oreja con los labios y le murmuró al oído:

 

-Creo que son perfectos, Dani. Exactamente del tamaño adecuado.


-¡Mira, Dwayne! Es la pareja del circo.

 

Dani y Kevin se separaron de golpe, como dos adolescentes pillados in fraganti por la policía.

 

La dueña de la estridente voz era una mujer de mediana edad, con un vestido de flores verde lima y un enorme bolso negro colgado del hombro. Su marido llevaba puesta una gorra azul que cubría lo que, casi con toda seguridad, sería una calva. El hombre tenía los pantalones enrollados en las pantorrillas y la camiseta de deporte se te ceñía a la prominente barriga.

 

La mujer les brindó una alegre sonrisa.

 

-Hemos asistido a la función. Éste es Dwayne. No se ha creído que estuvierais enamorados de verdad. Me aseguró que todo era falso, pero le dije que nadie podía fingir algo así. -Dio una palmadita en la barriga de su marido. -Dwayne y yo llevamos casados treinta y dos años, así que sé reconocer el amor verdadero cuando lo veo.

 

Al lado de Dani, Kevin estaba rígido y ponía cara de póquer, dejando que fuera ella quien sonriera al matrimonio.

 

-Seguro.

 

-Nada me gusta más que un matrimonio con los pies en el suelo.

 

Kevin saludó a la pareja con una brusca inclinación de cabeza y agarró el brazo de Dani para alejarla de allí. Dani se volvió y les gritó:

-¡Espero que disfruten de otros treinta y dos años ¡untos!

 

-Y vosotros también, tesoro.

 

Dejó que Kevin la arrastrara, sabiendo que no conseguiría nada protestando. El tema del amor lo ponía un nervioso que ella sintió el absurdo impulso de consolarlo. Cuando llegaron a los escalones que conducían l la carretera, se detuvo y se volvió hacia él.

 

-Kevin, no pasa nada. No voy a enamorarme de ti.

 

En cuanto las palabras salieron de su boca, Dani notó una pequeña punzada en el corazón. Eso la asustó, porque sabía que sería una catástrofe enamorarse de él. Eran demasiado diferentes. Él era duro, serio y cínico, mientras que ella era justo lo contrario.

 

Entonces, ¿por qué él provocaba algo tan elemental en su interior? ¿Y por qué ella parecía comprenderle tan bien cuando Kevin no le había contado nada de su pasado ni sobre su vida fuera del circo?

 

A pesar de todo, Dani sabía que Kevin la había ayudado a encontrarse a sí misma. Gracias a él era más independiente de lo que nunca lo había sido. Por primera vez en su vida, se sentía bien consigo misma.

 

Kevin subió los escalones.

 

-Eres una romántica, Dani. No es que me considere un ser irresistible, bien sabe Dios que no lo soy, pero llevo años observando que cuanto más indiferente se muestra un hombre, más interesada se vuelve la mujer.

 

-Bah.

 

Cuando llegaron arriba, él apoyó las caderas en la barandilla y la observó.

 

-Lo he visto muchas veces. Las mujeres anhelan lo que no pueden tener, incluso aunque no sea bueno para ellas.

 

-¿Es así como te consideras? Malo para las personas que te rodean.

 

-No quiero hacerte daño. Por eso me molestó el cambio que hiciste en la caravana. Ahora es más acogedora y será más fácil vivir en ella, pero no quiero jugar a las casitas. A pesar de que nuestro matrimonio sea un acuerdo legal, esto no es más que un simple rollo. Una cana al aire. Sólo eso.

 

-¿Un rollo?

 

-Un lío. Una aventura. Llámalo como quieras. Sólo es algo pasajero.

 

-Eres imbécil.

 

-¿Ves como tengo razón?

 

Ella intentó controlar la cólera.

 

-¿Por qué te casaste conmigo? Al principio pensé que mi padre te

había pagado, pero ahora sé que no fue así.

-¿Y qué es lo que te ha hecho cambiar de opinión?

 

-Ahora te conozco.

 

-¿Y crees que no me dejo comprar?

 

-Sé que es imposible que te dejes comprar.

-Todo el mundo tiene un precio.

 

-Pues dime, ¿cuál fue el tuyo?

 

-Le debía un favor a tu padre y tenía que pagárselo. Eso es todo.

 

-Debía de ser un favor muy grande.

 

La expresión de Kevin se volvió fría y Dani se sorprendió cuando,

después de un largo silencio, añadió:

 

 

-Mis padres murieron en un accidente ferroviario en Austria cuando yo tenía dos años. Se hizo cargo de mí el pariente más cercano, el hermano de mi madre, Sergey. Era un sádico hijo de puta al que le daba placer pegarme.

 

-Oh, Kevin...

 

-No quiero ganarme tu simpatía. Sólo quiero que comprendas cómo soy. -Él se sentó en un banco y parte de su rabia desapareció. Se inclinó hacia delante y se frotó el puente de la nariz con el pulgar y el índice. -Siéntate, Dani.

 

Ahora que ya no tenía remedio, Dani se preguntó si no debería haber dejado las cosas tal y como estaban, pero había llegado demasiado lejos como para retroceder ahora, y se sentó a su lado. Él se quedó mirando hacia delante; parecía cansado y vacío.

 

-Habrás leído historias sobre niños maltratados, niños a los que mantienen encerrados durante años. -Ella asintió con la cabeza. -

 

Los psicólogos dicen que incluso después de haber sido liberados de esa tortura, estos niños no se desarrollan de la misma manera que los demás. No tienen las mismas actitudes sociales. Y si no los rescatan a tiempo, ni siquiera aprenden a hablar. Supongo que eso es lo que me pasa con el amor. No llegué a experimentarlo en la infancia y ahora no puedo sentirlo.

 

-¿A qué te refieres?

 

-No soy uno de esos cínicos que cree que el amor no existe, porque lo he visto en otras personas. Pero yo no puedo sentirlo. Ni

por una mujer ni por nadie. Nunca he amado.

 

-Oh, Kevin.

-No es que no lo haya intentado. He conocido algunas mujeres

maravillosas a lo largo de mi vida pero, al final, sólo he conseguido herirlas. Por eso te he contado las píldoras. Por eso no quiero tener hijos.

-¿Crees que nunca podrás mantener una relación duradera? ¿Te refieres a eso?

 

-Sé que no puedo. Pero es más profundo que todo eso.

 

-No entiendo. ¿Qué es lo que te pasa?

 

-¿No has oído nada de lo que he dicho?

 

-Sí, pero...

-No puedo sentir las mismas emociones que los demás hombres.

Por nadie. Ni siquiera por un niño. Cualquier niño merece que su padre lo ame, pero yo no podría.

-No te creo.

 

-¡Créelo! Me conozco a mí mismo y sé que no podría hacerlo. Mucha gente se toma a la ligera tener hijos, pero yo no. Los niños necesitan amor y, si no lo tienen, algo se muere en su interior. No podría vivir conmigo mismo sabiendo que un niño sufre por mi culpa.

 

-Todo el mundo es capaz de amar, y más cuando se trata de su propio hijo. Te ves a ti mismo como una especie de... de monstruo.

 

-Más bien como una mutación. No tuve una educación normal y es por eso que soy distinto. No puedo tolerar la idea de tener un hijo y que crezca sabiendo que no le amo. No pienso hacerle a nadie lo que me hicieron a mí.

Era una noche calurosa, pero Dani se estremeció al darse cuenta

del terrible legado que aquel violento pasado le había dejado a Kevin. Ese legado también la afectaba a ella y se abrazó a sí misma. Nunca se había imaginado teniendo un hijo con Kevin, pero quizá la idea ya había germinado en su subconsciente porque sentía como si acabara de sufrir una profunda pérdida.

 

Dani observó el perfil de su marido recortado contra el tiovivo que giraba a lo lejos. La imagen la llenó de pena. Los caballos de madera, de brillantes colores, parecían representar la inocencia, mientras que Kevin, con aquellos ojos sombríos y el corazón vacío, era como un condenado a muerte. Durante todo el tiempo Dani había pensado que era ella la que más amor necesitaba, pero él tenía heridas mucho más profundas.

 

 

holaaa como estaaan mmmm veo k ya casi no comentan en la entrada anterior solo tuve un comentario :(

buenoo espero recibir mas coments buenooo las dejooo comenteen pleaseeeee

besoss

byE


Adri:)

CAPITULO 14 PARTE 1 "NIDITO DE AMOR"


CAPÍTULO 14

 

-¿Qué coño has hecho aquí? -Kevin se quedó paralizado bajo el umbral de la puerta.

 

-¿A que queda genial? -Dani contempló con satisfacción la transformación de la caravana en lo que ella consideraba un acogedor y encantador nidito de amor.

 

Unas fundas en tono crema salpicadas de pensamientos en colores púrpuras, azules y caramelo ocultaban el horroroso estampado a cuadros del sofá; los colines a juego hacían que los viejos muebles parecieran cálidos y confortables. Había instalado también unas [tequeñas barras de latón encima de las ventanas, sustituyendo aquellas horribles cortinas amarillentas por otras de muselina blanca adornadas con cintas azules y lavanda de diversas texturas y anchuras.

 

Un lazo de seda azul y violeta camuflaba la pantalla rota de la lámpara en la esquina, y varias cestas de mimbre contenían ahora las revistas y los periódicos que antes estaban esparcidos por todas partes. Un surtido de envases desaparejados, desde floreros y tazones de alfarería a jarras azules Wedgwood, llenaban el estante de encima de la cocina donde había clavado con chínchelas una cuerda de colores para que no se cayeran los utensilios cuando la caravana estuviera en movimiento. La mesa estaba dispuesta con mantelitos individuales en la misma gama de colores púrpura y violeta, así como la porcelana china, que aunque no hacía juego entre sí, poseía las mismas tonalidades. Había dos tazas blancas, dos copas de cristal, una de las cuales tenía una fisura, y unos platos de color añil. En el centro de la mesa, un recipiente de barro albergaba un ramillete de flores silvestres que Dani había cogido en el borde del recinto.

 

-No he podido hacer más con la alfombra -le explicó aún jadeante por haber tenido que prepararlo con prisa. -Pero he quitado las peores manchas y no ha quedado tan mal. Cuando tenga algo de dinero, me ocupare de la cama. Quizá le ponga una de esas colchas indias y más almohadones. No soy buena costurera, pero creo que puedo...

 

-¿De dónde has sacado el dinero para hacer esto?

 

-De mi sueldo.

 

-¿Te has gastado tu dinero en esto?

 

-He buscado en tiendas de segunda mano y en los mercadillos de los pueblos que hemos visitado. ¿Sabías que nunca había entrado en un WalMart hasta hace dos semanas? Es asombroso lo que puede dar de sí un dólar si te lo propones... -En ese momento Dani vio la expresión en la cara de Kevin y su sonrisa se desvaneció. -No te gusta.

 

-No he dicho eso.

 

-No hace falta que lo digas. Se te ve en la cara.

 

-No es que no me guste. Es que no tiene sentido que desperdicies tu dinero en este lugar.

 

-No creo que sea un desperdicio.

 

-Es una caravana, por el amor de Dios. No vamos vivir aquí tanto tiempo.

 

Ésa no era la verdadera razón de la reticencia de Kevin. Dani lo observó y llegó a la conclusión de que tenía dos opciones: podía marcharse enfadada o podía obligarle a ser sincero con ella.

 

-Dime exactamente qué es lo que no te gusta.

 

-Nada.

 

-Sí, algo no te gusta. Sheba me dijo que habías rechazado una caravana mejor que ésta. -Él se encogió de hombros. -¿Acaso sólo querías hacerme

las cosas más difíciles?

 

Kevin fue a la nevera y cogió una botella de vino que había comprado el día anterior; una botella que ella había considerado demasiado cara para su presupuesto.

 

Dani se negó a dejar pasar el tema.

 

-¿Querías seguir viviendo en este lugar tal y como estaba?

 

-Estaba bien -repuso él sacando un sacacorchos del cajón.

 

-No te creo. Te gustan las cosas bonitas. He observado cómo miras el paisaje cuando viajamos y siempre me señalas los escaparates cuando ves algo bonito. Ayer, cuando paramos en aquel quiosco al lado de la carretera, dijiste que la cesta con frutas te recordaba a un Cézanne.

 

-¿Quieres una copa de vino?

 

Ella negó con la cabeza y lo estudió. Finalmente se dio cuenta de lo que pasaba.

 

-He traspasado la línea otra vez, ¿verdad?

 

-No sé a qué te refieres.

 

-Me refiero a esa línea invisible que has trazado en tu mente entre un matrimonio de verdad y otro que no lo es. La he cruzado otra vez, ¿no?

 

-Lo que dices no tiene sentido.

 

-Claro que lo tiene. Has hecho una lista mental de reglas y preceptos para nuestro matrimonio. Se supone que debo acatar tus órdenes sin rechistar y que debo mantenerme apartada de ti, salvo para acostarnos juntos, claro. Pero lo más importante de todo es que no debemos crear vínculos emocionales. No me está permitido preocuparme por ti, ni por nuestro matrimonio, ni por nuestra vida en común. Ni siquiera puedo ocuparme de

que esta fea caravana resulte acogedora.

 

Por fin consiguió que Kevin reaccionara. Él posó con un gesto brusco la copa de vino sobre el mostrador.

 

-¡No quiero que hagas un «nidito de amor», eso es todo! No es una buena idea.

 

-Así que tengo razón -dijo ella en voz baja.

 

Kevin se pasó la mano por el pelo.

 

-Eres una maldita romántica. Algunas veces, cuando te veo observándome, tengo la sensación de que no me ves cómo soy en realidad, sino como tú quieres que sea. Eso es lo que haces con este acuerdo... este vínculo legal que hay entre nosotros. Vas a moldearlo hasta que se ajuste a tus ideas.

 

-Es un matrimonio, Kevin, no un simple vínculo legal. Hemos hecho unos votos sagrados.

 

-¡Durante seis meses! ¿No entiendes que estoy preocupado por ti? Intento protegerte para no hacerte daño.

 

-¿Protegerme? Ya entiendo. -Dani respiró hondo. -¿Por eso cuentas mis píldoras anticonceptivas?

 

La expresión de Kevin se volvió fría y distante.

 

-Eso no significa nada.

 

-Al principio no entendía por qué sobresalían del estante del botiquín cuando siempre las dejaba al fondo. Luego me di cuenta de que las contabas.

 

-Sólo me aseguraba de que no te olvidabas ninguna, eso es todo.

 

-En otras palabras, me has estado espiando.

 

-No pienso disculparme. Sabes lo importante que a para mí no tener hijos.

 

Ella lo miró con tristeza.

 

-No hay nada entre nosotros, ¿verdad? Ni respeto, ni afecto, ni confianza.

 

-Existe afecto, Dani. Por lo menos por mi parte. Vaciló. -Y también te has ganado mi respeto. Nunca pensé que te tomarías el trabajo tan en serio.

Eres muy valiente, Dani.

 

La joven se negó a sentirse agradecida por aquellas palabras.

 

-Pero no confías en mí.

 

-Creo que tienes buenas intenciones.

 

-Aun así crees que soy una ladrona. Eso no habla bien de mis buenas intenciones.

 

-Estabas desesperada cuando cogiste ese dinero. Estabas cansada y asustada o no lo habrías hecho. Ahora lo sé.

 

-Yo no cogí el dinero.

 

-No importa, Dani. No te culpo.

 

El hecho de que él aún no la creyera no debería dolerle tanto. La única manera de convencerlo sería implicar a Beatriz y, como ahora sabía, no podía hacerlo.

 

¿Qué ganaría con ello? No quería ser la responsable del destierro de Beatriz. Y aquella relación no funcionaría si tenía que demostrarle a Kevin su inocencia.

 

-Si confías en mí, ¿por qué contabas las píldoras?

 

-No puedo correr riesgos. No quiero tener hijos.

 

-Eso ya lo has dejado claro. -Quiso preguntarle si lo que encontraba tan repulsivo era tener un hijo o tenerlo con ella, pero le daba miedo la respuesta. -No quiero que vuelvas a contarlas. Te he dicho que las tomaría y lo haré. Pero tendrás que confiar en mí.

 

La joven percibió la lucha interna de su marido. A pesar de que su propia madre la había traicionado con Noel Black, Dani no había perdido la fe en la raza humana. Pero Kevin no confiaba en nadie salvo en sí mismo.

 

Para su sorpresa, sintió que la indignación que sentía se desvanecía y la compasión ocupaba su lugar. Qué terrible debía de ser esperar siempre lo peor de la gente.

 

Dani rozó la mano de Kevin con la punta de los dedos.

 

-Nunca te haría daño a propósito, Kevin. Me gustaría que al menos creyeras eso.

 

-No es fácil.

 

-Lo sé. Pero es necesario que lo hagas. Él la miró durante un buen rato antes de asentir brevemente con la cabeza.

 

-Vale. No las contaré más.

 

Dani sabía lo que esa pequeña concesión le había costado a su marido y se emocionó.

 

 


-¡Yyyyy ahora, entrará en la pista central del circo de los Hermanos Quest, Theodosia, la hermosa esposa de Kevini el Cosaco!

 

A Dani le temblaban tanto las rodillas que trastabilló, echando a perder su primera entrada. «¿Qué había sido de lo de la gitanilla salvaje?», se preguntó frenéticamente mientras escuchaba el discurso de Jack por primera vez. Esa mañana, durante el ensayo, había comenzado a contar una historia de una gitana, pero se había marchado lleno de frustración cuando ella soltó el primer grito. Dani se enteró de que el narrador contaría otra historia cuando Sheba le dio el vestido, pero la propietaria del circo se alejó sin dar más explicaciones.

 

La música de la balalaica resonaba en el circo, situado esta vez en el aparcamiento de un pueblo de verano en Seaside Height, New Jersey. Kevini entró en la pista central con el látigo en la mano. Bajo el resplandor carmesí de los focos, resaltaban las brillantes botas negras y las lentejuelas rojas del cinturón centelleaban ante cualquier movimiento.

 

-¿Parece nerviosa, damas y caballeros? -preguntó Jack, señalándola con la mano. -A mi sí que me lo parece. Pero esta joven ha tenido que armarse de mucho valor para entrar en la pista con su marido.

 

El vestido de Dani susurró mientras se adentraba lentamente en la arena. Era un vestido de noche recatado, con el cuello alto de encaje adornado con pedrería. Kevin le había colocado una rosa roja de papel de seda entre sus pechos antes de salir. Le había dicho que formaba parte del vestuario.

 

Dani sintió los ojos del público en ella. La voz de Jack se mezclaba con la música rusa y con el susurro de la brisa del océano que agitaba los laterales de la carpa.

 

-Hija de ricos aristócratas franceses, Theodosia estuvo apartada del mundo moderno por las monjas que la instruían.

 

«¿Monjas?» Pero ¿qué estaba diciendo Jack?

 

Mientras el director de pista continuaba su monólogo, Kevin comenzó el lento baile del látigo que siempre daba comienzo a su número, mientras ella se mantenía inmóvil bajo los focos frente a él. La luz se volvió más suave; el público escuchaba la historia de Jack hipnotizado por los gráciles movimientos de Kevin.

 

-Conoció al cosaco cuando el circo actuó en un pueblo cercano al convento donde vivía, y los dos se enamoraron profundamente. Pero los padres de la joven se opusieron a la idea de que su gentil hija se casara con un hombre al que consideraban un bárbaro y la encerraron bajo llave. Theodosia tuvo que escapar de su familia.

 

La música se hizo más dramática y el baile del látigo de Kevin pasó de enérgico a seductor.

 

-Ahora, damas y caballeros, entra en la pista con su marido, algo muy difícil para ella. El látigo aterroriza a esta dulce joven. Por eso os rogamos que estéis lo más quietos posible para que ella pueda enfrentarse a sus miedos. Os recuerdo que si está aquí es sólo por una cosa -el baile del látigo de Kevin alcanzó su clímax, -el amor que siente por su feroz marido cosaco.

 

La música siguió in crescendo y, sin previo aviso, Kevin agitó el látigo formando un arco sobre su cabeza. El aliento abandonó el cuerpo de Dani en un grito estrangulado y dejó caer el rollito que acababa de sacar del bolsillo especial que Sheba le había cosido al vestido sólo unas horas antes.

 

El público contuvo el aliento y ella se percató de que la increíble historia de Jack había funcionado. En lugar de reírse por la reacción de Dani, habían simpatizado con la desvalida joven.

 

Para su sorpresa, Kevin se acercó a ella, recogió el rollito del suelo y se lo ofreció como si fuera una rosa, luego inclinó la cabeza y le rozó los labios con los suyos.

 

El gesto fue tan romántico que Dani oyó suspirar a una mujer en la primera fila. Ella misma también habría suspirado si no hubiera sabido que él sólo jugaba con las emociones del público. A Dani le temblaron los dedos cuando sostuvo el rollito de papel tan alejado de su cuerpo como pudo.

 

Logró mantener la compostura cuando él se alejó, pero cuando llegó el momento de ponérselo en la boca, comenzaron a temblarle las rodillas de nuevo. Deslizó ligeramente el rollito entre los labios, cerró los ojos y se puso de perfil.

 

Sonó el chasquido del látigo y el extremo del rollito cayó al suelo. Dani cerró los puños a los costados. Si había pensado que tener audiencia haría que aquello resultara más fácil, estaba equivocada.

 

Kevin chasqueó el látigo dos veces más hasta que sólo quedó el cabo entre los labios de su esposa. Dani tenía la boca tan seca que no podía tragar.

 

La voz de Jack surgió entonces, susurrante y dramática.

 

-Damas y caballeros, necesitamos su colaboración mientras Kevini intenta hacer el último corte al pequeño rollo de papel que su mujer sujeta entre los labios. Necesita silencio absoluto. Les recuerdo que el látigo pasará tan cerca de la cara de la joven que la más mínima equivocación por parte de su marido podría marcarla de por vida.

 

Dani gimió. Se clavó las uñas en las palmas de las manos con tanta fuerza que temió haberse hecho sangre.

 

El chasquido resonó en sus oídos cuando el látigo cortó la última sección del rollito que sostenía en la boca.

 

El público estalló en vítores. Dani abrió los ojos, sintiéndose tan mareada que temió desmayarse. Kevin le hizo indicaciones con la mano, señalándole lo que iba a hacer a continuación. Lo único que ella pudo hacer fue alzar la barbilla.

 

Cuando levantó la cabeza, la punta del látigo voló hacia ella y la roja flor que llevaba entre los pechos explotó en un despliegue de frágiles pétalos de papel.

 

Ella dio un respingo y dejó escapar un siseo que el público acalló con sus aplausos. Kevin hizo otro gesto, indicándole que levantara las manos y cruzara las muñecas. Temblando, ella siguió sus indicaciones.

 

El látigo restalló de nuevo y la multitud soltó un grito ahogado cuando el látigo se enroscó alrededor de las muñecas de Dani. Él esperó un momento, luego la liberó. Un murmullo indescifrable surgió de las gradas. Kevin la miró con el ceño fruncido y ella recordó que debía sonreír. Consiguió curvar los labios y mostrar las muñecas para que vieran que estaba ilesa.

Mientras hacía eso, él volvió a chasquear el látigo.

 

Dani dio un respingo. Miró hacia abajo y vio que el látigo le rodeaba los tobillos. Kevin no había hecho eso antes y ella le dirigió una mirada preocupada. La liberó y arqueó una ceja indicándole que saludara. Ella le dirigió al público otra sonrisa falsa. A continuación Kevin le indicó que levantase los brazos. Con una sensación de fatalidad, Dani hizo lo que le ordenaba.

 

«¡Zas!»

 

A Dani se le escapó un gritito cuando el látigo se curvó en torno a su cintura. Ella esperaba que él aliviara la presión de la cuerda, pero Kevin se limitó a tirar con fuerza del látigo, obligándola a acercarse a él. Sólo cuando la falda del vestido rozó los muslos de Kevin, él sustituyó el látigo por sus brazos para darle un beso arrebatador que habría hecho justicia a la portada de un libro romántico.

 

La multitud soltó una ovación.

 

Dani se sentía mareada, y aunque estaba enfadada con Kevin, no pudo evitar sentirse feliz. Su marido silbó y Misha resolló con furia al volver a la arena. Kevin la soltó sólo un momento y montó a lomos del caballo de un salto mientras el equino trotaba por la pista. Un escalofrío de inquietud se deslizó por la espalda de Dani. Sin duda alguna él no iba a...

 

Dani sintió que sus pies dejaban de tocar el suelo cuando Kevin se inclinó sobre el lateral del caballo para subirla en sus brazos. Antes de saber qué sucedía, estaba sentada en su regazo.

 

Se apagaron las luces, dejando la pista sumida en la oscuridad. Los aplausos fueron ensordecedores. Kevin aflojó uno de los brazos mientras ella se agarraba frenéticamente a su cintura. Un momento después, sonó una explosión y el gran látigo de fuego danzó por encima de sus cabezas.

 

 

holaaaaa bueeenooo que taaal les gustoooo el caapp???

a mi siii jejejeje haayyy kev k le pasaaa jeje no le gusto los arreglos de la caravanaa?? jejeje

uuuyyy k pasara con las pildoras jejeje

les diree algooo

las pildoras tienen su secreto!

jejeje

buenoo las dejoo me voyy paso x sus novels!!

no se olviden de votar x favoor!!!! arriba esta el link!

las kierooo

byeee

xoxox

 

Adri!

 

 

 

 

 

CAPITULO 13 PARTE 2


Cuando se separaron, Kevin sostuvo la mirada de ella durante un largo y dulce instante.

 

-Sabes como un rayo de sol -susurró.

Ella sonrió.

 

-Te daré unos días más, cariño, porque sé que todo esto es nuevo para ti, pero nada más.

 

Dani no tuvo que preguntarle a qué se refería.

 

-A lo mejor necesito más tiempo. Tenemos que conocernos mejor. Respetarnos el uno al otro.

 

-Cariño, en lo que concierne al sexo, te aseguro que siento mucho respeto por ti.

 

-Por favor, no hagas como si no supieras de lo que hablo.

 

-Me gusta el sexo. A ti te gusta el sexo. Nos gusta practicarlo juntos. Eso es todo.

 

-¡Eso no es todo! El sexo debería ser sagr...

 

-No lo digas, Dani. Si dices esa palabra otra vez, te juro que flirtearé con cada camarera que encuentre de aquí a Cincinnati.

 

Ella entrecerró los ojos.

 

-Justo lo que intentaba demostrar. Y no creo que sagrado sea una palabrota. Vamos, Tater, tenemos mucho trabajo que hacer.

 

Dani se fue con el elefante trotando tras ella. Si se le hubiera ocurrido volver la mirada, habría visto algo que la habría asombrado. Habría visto a su duro y malhumorado marido sonriendo como un adolescente enamorado.

 

A pesar de las protestas de Kevin, ella había continuado cuidando a los animales, aunque Trey hacía ahora muchas de las rutinarias tareas diarias. Sinjun clavó la mirada en Tater cuando se acercaron. Los elefantes y los tigres eran enemigos confesos. Pero a Sinjun parecía molestarle la presencia de Tater por otra cosa. Kevin decía que estaba celoso, pero ella no era capaz de atribuirle tal emoción a aquel viejo tigre malhumorado.

 

Dani observó a Sinjun con satisfacción. Gracias al nuevo pienso y a las duchas diarias, el pelaje del animal tenía ahora mejor aspecto. Le hizo una

burlona reverencia.

 

-Buenos días, majestad.

 

Sinjun le enseñó los dientes, gesto que ella interpretó como una manera de decirle que no se pusiera demasiado cursi con él.

 

No había experimentado más momentos de comunicación mística con él, por lo que había comenzado a pensar que los que había tenido antes habían sido inducidos por la fatiga. Aun así, no podía negar que aún seguía sintiendo miedo cuando estaba cerca de él.

 

Había dejado una bolsa con chucherías que había comprado con su propio dinero en una tienda del pueblo cerca de un fardo de heno. La cogió y la llevó a la jaula de Glenna. La gorila ya la había divisado y apretaba su cara contra los barrotes, esperando pacientemente.

 

La muda aceptación de Glenna de su destino, junto con el anhelo que mostraba por disfrutar de contacto humano, rompía el corazón de Dani. Acarició la suave palma que el animal alargaba a través de los barrotes.

-Hola, cariño. Tengo algo para ti. -Sacó de la bolsa una madura ciruela

púrpura. La fruta tenía la misma textura que los dedos de Glenna. Áspera por fuera. Blanda por dentro.

 

Glenna tomó la ciruela y se retiró a la parte posterior de la jaula donde se la

comió con pequeños y delicados mordisquitos mientras miraba a Dani con

triste gratitud.

 

Dani le dio otra y continuó hablando con ella. Cuando la gorila terminó de comer, se acercó de nuevo a los barrotes, pero esta vez cogió el pelo de Dani.

 

La primera vez que había hecho eso Dani había sentido miedo, pero ahora sabía lo que quería hacer Glenna y se arrancó la goma elástica de la coleta.

 

Durante un buen rato permaneció con paciencia ante la jaula, dejando que la gorila la aseara como si fuera su hija mientras hurgaba en su cabello en busca de pulgas y mosquitos inexistentes.

 

Cuando por fin terminó, Dani notó que se le había puesto un nudo en la garganta por la emoción. No importaba lo que dijeran, no entendía cómo podían tener enjaulada a una criatura tan humana.

 

Dos horas más tarde, Dani regresaba a la caravana acompañada de su enorme mascota cuando vio a Beatriz practicando con los aros cerca del campo de juego. Ahora que ya no estaba tan cansada, Dani había podido recordar con claridad lo sucedido la noche en que había desaparecido el dinero y pensó que era el momento apropiado para hablar con la chica.

 

Beatriz dejó caer un aro cuando ella se acercó, y mientras se agachaba para recogerlo, miró a Dani con cautela.

 

-Quiero hablar contigo. Beatriz. Vamos a sentarnos en las gradas.

 

-No tengo nada que hablar contigo.

 

-Estupendo. Entonces hablaré yo. Muévete. Beatriz la miró con resentimiento pero respondió a su tono autoritario. Después de recoger los aros, siguió a Dani, arrastrando las sandalias.

 

Dani se sentó en la tercera fila y Beatriz lo hizo una fila más abajo. Tater localizó un lugar cerca de la segunda base y comenzó a revolcarse en el lodo, que es lo que hacen los elefantes para enfriarse.

 

-Supongo que vas a largarme un rollo por lo de Kevin.

 

-Kevin está casado, Beatriz, y el matrimonio es un vínculo sagrado entre un hombre y una mujer. Nadie tiene derecho a intentar romperlo.

 

-¡No es justo! No te lo mereces.

 

-No eres quién para juzgar eso.

 

-¿De verdad eres tan santurrona?

 

-¿Cómo voy a ser santurrona? -dijo Dani con voz queda. -Soy una ladrona, ¿recuerdas?

 

Beatriz se llevó los dedos a la boca y comenzó a morderse las uñas.

 

-Todos te odian por haber robado ese dinero.

 

-Ya lo sé. Pero eso no es justo, ¿verdad?

 

-Por supuesto que es justo.

 

-Pero las dos sabemos que yo no lo hice.

 

Beatriz se puso tensa y permaneció un largo segundo en silencio antes de contestar.

 

-Sí que lo hiciste.

 

-Tú estuviste en el vagón rojo esa noche después de que Sheba comprobara la recaudación; antes de que yo cerrara el cajón.

 

-¿Qué más da? ¡No robé el dinero y no puedes acusarme de nada!

 

-Hubo una llamada para Kevin. Cogí el teléfono y mientras estaba distraída, metiste la mano en el cajón de la recaudación y robaste los doscientos dólares.

 

-¡No lo hice! ¡No puedes demostrarlo!

 

-Luego te colaste en nuestra caravana y escondiste el dinero en mi maleta para que todos pensaran que había sido yo.

 

-¡Mientes!

 

-Debería haberme dado cuenta de inmediato, pero estaba tan cansada por intentar acostumbrarme a todo esto que se me olvidó que habías estado

allí.

 

-Mientes -repitió Beatriz, aunque esta vez con menos vehemencia. -Y como le vayas con el cuento a mi padre, lo lamentarás.

 

-No puedes amenazarme con nada peor que lo que ya me has hecho. No tengo amigos, Beatriz. Nadie quiere hablar conmigo porque piensan que soy una ladrona. Ni siquiera me cree mi marido.

 

La cara de Beatriz era la viva imagen de la culpa y Dani supo que tenía razón. Miró a la adolescente con tristeza.

 

-Lo que has hecho está muy mal.

 

Beatriz bajó la cabeza y su fino cabello cayó hacia delante, cubriéndole el rostro.

 

-No puedes probar nada -masculló.

 

-¿Es así como quieres vivir? ¿Actuando de manera deshonesta? ¿Siendo cruel con otras personas? Todos cometemos errores, Beatriz, y si quieres madurar tienes que aprender a asumirlos.

 

La adolescente hundió los hombros y Dani vio en qué momento exacto se dio por vencida.

 

-¿Vas a decírselo a mi padre?

 

-No lo sé. Pero tengo que decírselo a Kevin.

 

-Pero él se lo dirá a mi padre.

 

-Es probable. Kevin tiene un profundo sentido de la justicia.

 

Una lágrima cayó sobre el muslo de Beatriz, pero Dani endureció el corazón para no compadecerla.

 

-Mi padre me dijo que si me metía en algún lío me enviaría de vuelta con tía Terry.

 

-Pues tal vez deberías haber pensado en eso antes de tenderme una trampa.

 

Beatriz no dijo nada y Dani no la presionó. Finalmente, la joven se enjugó

las lágrimas con el dobladillo de la camiseta.

 

-¿Cuándo vas a decírselo?

 

-Aún no lo he pensado. Esta noche, quizás. O tal vez mañana.

 

Beatriz asintió bruscamente con la cabeza.

 

-Yo sólo... el dinero estaba allí y aunque no lo había planeado...

 

Dani intentó tragarse la lástima que sentía recordándose a sí misma que, por las acciones de esa chica, su marido pensaba que era una ladrona y su matrimonio había fracasado antes de haber tenido siquiera una oportunidad.

 

-Lo que hiciste no estuvo bien. Tienes que enfrentarte a las consecuencias.

-Sí, supongo. -Beatriz intentó secarse las lágrimas con los dedos. -Me alegro de que te hayas dado cuenta. Es difícil..., sé que no lo merezco, pero quizá podrías hablar con Sheba en vez de con Kevin. Prefiero que se lo diga ella a mi padre. Se pelean todo el rato, pero por lo menos se respetan y puede que no pierda el juicio si se lo dice ella.

 

Dani se enderezó.

 

-¿Tu padre es violento contigo?

 

-Bueno, supongo. Quiero decir que grita y todo eso.

 

-¿Te pega?

 

-¿Papá? No, nunca me ha pegado. Pero a veces se enfada tanto que casi preferiría que lo hiciera.

 

-Entiendo.

 

-Ya había asumido que volvería con mi tía tarde o temprano. Sé que necesita que le eche una mano con los niños y todo eso. He sido muy egoísta queriendo quedarme aquí, pero los niños son unos auténticos monstruos y, algunas veces, me sacan de quicio.

 

Dani estaba recibiendo más información de la que quería y se sintió culpable.

 

La adolescente se levantó del banco con los ojos llenos de lágrimas.

 

-Siento haber sido tan imbécil y haberte causado tantos problemas. -Una lágrima se coló entre sus pestañas. -Si no quería acabar con tía Terry y los niños, debería haberme portado mejor. No debería haberlo hecho, pero estaba celosa por Kevin. -Las palabras le salían entre pequeños hipidos. -Es demasiado mayor... y nunca se enamoraría de alguien como yo. Pero siempre ha sido agradable conmigo y supongo que... supongo que quería eso todo el rato, aunque... -respiró hondo, -aunque siempre supe que no resultaría. Lo siento, Dani.

 

Con un sollozo, se giró y huyó. Dani se acercó a Tater y el elefantito la rodeó con la trompa. Se apoyó contra él, sin saber muy bien qué hacer. Antes de enfrentarse a Beatriz, lo había tenido todo muy claro, pero ahora no estaba tan segura. Si no le decía a Kevin la verdad sobre Beatriz, él continuaría creyendo que era una ladrona. Pero si se lo decía, Beatriz recibiría un gran castigo y Dani no creía poder vivir saliéndose responsable de eso.

 

Desde la carretera vio cómo Kevin se subía a la camioneta para dirigirse al pueblo. Un rato antes le había dicho que tenía que resolver un problema con la compañía que suministraba los donnickers y que podía tardar varías horas en volver. Dani había pensado dedicar ese tiempo a desempaquetar las compras que llevaba semanas haciendo en secreto y que transformarían la fea caravana verde en algo parecido a un hogar. Pero su encuentro con Beatriz le había quitado el entusiasmo. Sin embargo era mejor ocuparse de eso que sentarse sin hacer nada.

 

Pero mientras se dirigía a la caravana, recuperó el ánimo. Por fin iba a dedicar su tiempo a algo para lo que sí valía. Estaba deseando ver la cara que pondría Kevin cuando volviera.

 

 

Holaaaaaaaaaaaaaaaa quee tall chikitaas como estaann!!

buenoo aki les subi el capp!!!

comenteeen please!!!!!

mm k opinan de lo de Beatriz????? uuuy k pasaraaa k kreen???

buenoo me voy1!

las kieroooo

xoxox

Adri!

CAPITULO 11 BESAR A UN ANGEL :)

Capitulo largo!


Kevin volvió a dirigirle la palabra cuando llegaron al nuevo recinto.

 

Cuando bajó de la camioneta y empezó a desenganchar la caravana, le dijo a Dani que no volvería a trabajar con los animales. Que debía dedicarse a cosas más ligeras, como ordenar el vestuario y, claro está, aparecer en el desfile todas las noches.

 

Ella lo miró con el ceño fruncido.

-Pensaba que te alegraría no tener que trabajar tan duro -dijo él. -¿Qué es lo que te parece mal ahora?

-¿Por qué has esperado hasta esta mañana para aligerar mis tareas?

-Por ninguna razón en particular.

-¿Seguro?

-Déjate de rodeos y dime qué estás pensando.

-Me siento como una prostituta a la que están pagando por los servicios prestados.

 

-Vaya ridiculez. Había tomado la decisión antes de que nos acostáramos juntos. Además, quién dice que tendría que pagarte.

Creo sin duda alguna que mi actuación fue buenísima.

Ella no picó el anzuelo.

 

-Dije que me ocuparía de las fieras y eso es lo que haré.

-Y yo te digo que no tienes por qué hacerlo.

-Y yo digo que quiero hacerlo. -Era cierto. Tras su experiencia con los elefantes, sabía que sería un trabajo duro, pero no podía ser peor de lo que ya había sido.

 

Había sobrevivido. Había recogido estiércol hasta que le salieron ampollas en las manos, había transportado pesadas carretillas y había sido golpeada por malhumorados elefantitos. Se había enfrentado al miedo y todavía seguía en pie -magullada, tal vez- pero con la cabeza bien alta.

 

El la miró con una mezcla de incredulidad y algo que casi parecía admiración, aunque Dani sabía que no podía ser eso.

 

-¿Por qué no me haces caso y dejas correr el tema?

 

Dani se mordisqueó el labio inferior y frunció el ceño.

 

-Mira, no sé qué me deparará el futuro, me limito a vivir el día a día.

Ahora mismo lo único que tengo claro es que tengo que hacerlo.

-Dani, es demasiado trabajo.

 

-Lo sé. -Sonrió. -Por eso tengo que hacerlo.

 

Kevin la observó un buen rato y luego, para sorpresa de Dani, inclinó la cabeza y la besó. Allí mismo, en mitad del recinto, con todos yendo de un lado para otro, con Brady y sus hijos ensayando sus saltos acrobáticos y Beatriz haciendo equilibrios a su lado. En medio de todo eso le dio un beso largo y profundo.

 

Cuando se separaron, ella se sentía débil y jadeante. É levantó la cabeza y miró a su alrededor. Dani esperaba que se sintiera avergonzado por aquella exhibición pública, pero no lo parecía. Quizás intentaba compensar el incidente de la fiesta sorpresa, o tal vez sus motivaciones fueran más complicadas pero, sin importar cuál fuera la razón, había dejado claro a todo el que quisiera mirar que ella significaba algo para él.

 

Dani tuvo poco tiempo para pensar en el tema cuando emprendió sus tareas en la casa de fieras. Poco después apareció un joven llamado Trey Skinner que dijo que Kevin le había enviado para ayudarla con el trabajo más pesado. Dani le mandó poner la jaula de Sinjun a la sombra y meter dentro un poco de heno, después le dijo que podía marcharse.

 

Por suerte, Lollipop no intentó escupirle de nuevo, pero aun así Dani se mantuvo alejada de la llama. Además de Lollipop, Sinjun y Chester, en la casa de fieras también había un leopardo llamado Fred, un buitre con las alas cortadas y una gorila. Había también una boa pero, para alivio de Dani, la serpiente se había convertido en la mascota de Jill y vivía en su caravana cuando no estaba en la exhibición.

 

Siguiendo las escuetas instrucciones de Digger, Dani alimentó a los animales y después comenzó a limpiar las jaulas, empezando por la de Sinjun. El tigre la miraba con aire condescendiente cuando comenzó a remojarlo con la manguera, como si le estuviera otorgando el privilegio de servirlo.

 

-No me gustas -murmuró ella empapándolo de agua.

«Mentirosa.»

Ella casi dejó caer la manguera.

-Deja de hacer eso -siseó. -Deja de meterte en mi mente.

 

El tigre bostezó y se estiró bajo el chorro de agua, haciéndola sentir increíblemente tonta.

 

Cuando terminó de duchar a Sinjun, volvió a la carpa y miró a la gorila que recibía el nombre de Glenna y ocupaba la jaula de la esquina. Sus ojos color chocolate parecían tristes y le sostuvieron la mirada cuando la observó a través de los barrotes oxidados de aquella vieja jaula que parecía demasiado pequeña para ella. Algo en la tranquila resignación del animal enterneció a Dani, que se acercó a la jaula.

Glenna se sentó, observándola en silencio, estudiando a uno más de

los cientos de humanos que pasaba cada día por su jaula. Dani se detuvo y esperó. De alguna manera sentía que tenía que obtener el permiso de Glenna para poder acercarse más, como si en este pequeño acto la gorila tuviera voz y voto.

 

Glenna se acercó a la parte delantera de la jaula y la observó. Lentamente el animal levantó el brazo y lo metió entre los barrotes. Dani la miró y se dio cuenta de que la gorila trataba de darle la mano.

 

Glenna esperó pacientemente, con la mano tendida hacia ella. A Dani se le aceleró el corazón. Si apenas se atrevía a acariciar a un gatito, ni hablar de tocar a un animal salvaje. Quiso darse la vuelta, pero el animal parecía tan humano que ignorar su gesto hubiera sido imperdonable, y se acercó vacilante hacía ella.

 

Glenna se mantuvo inmóvil con la palma hacia arriba. Con gran renuencia, Dani extendió la mano y tocó cautelosamente la punta del dedo de Glenna con su dedo índice. Era blanda y suave. Sintiéndose un poco más valiente, deslizó el dedo sobre el de la gorila. Glenna cerró los ojos y suspiró con suavidad.

 

 

Según transcurrió la mañana, se multiplicaron las dudas de Dani sobre el cuidado correcto de los animales. Varias veces acudió a Digger para pedir consejo sobre piensos y rutinas diarias y, cada vez que se acercaba, Tater le daba un golpe con la trompa como si fuera el matón del patio.

 

Digger respondió a las preguntas a regañadientes, por lo que Dani supuso que todavía estaba molesto por lo ocurrido el día anterior. La segunda vez que se acercó a preguntarle ese día, él escupió cerca de la deportiva de ella.

 

-No tengo tiempo para más preguntas, señorita. No quiero que nadie piense que no hago mi trabajo.

 

-Digger, no dije que no hicieras tu trabajo. Sólo estaba preocupada por las condiciones en las que se encontraban los animales de la casa de fieras. -Dani se preguntó para sus adentros si Digger conocería realmente la manera correcta de tratar a los animales de la exposición.

 

-Llevo cincuenta años cuidando animales. ¿Cuánto llevas tú?

-Sólo dos semanas. Por eso necesito tu consejo.

-No tengo tiempo para hablar. Tengo demasiado trabajo que hacer. -

 

El hombre miró por encima del hombro de Dani y esbozó una amplia sonrisa que dejó al descubierto sus dientes amarillentos y los huecos de los que le faltaban. La joven se dio cuenta demasiado tarde de cuál era la fuente de su diversión. Tater se había acercado a ella a hurtadillas.

 

«¡Zas!»

 

Dani sintió como si le hubieran golpeado en el pecho con una alfombra enrollada. Sin nada a lo que aferrarse, patinó por el suelo antes de tropezar con un fardo de heno. Cayó de lado sobre el estiércol golpeándose la cadera y el dolor le atravesó el cuerpo de arriba abajo. La risa cascada de Digger resonó en sus oídos. Dani levantó la cabeza justo a tiempo de ver en los ojos de Tater una expresión que se parecía muchísimo a una sonrisa de satisfacción.

 

Dani comenzó a ver rojo. ¡Ya había tenido suficiente!

 

Ignorando el dolor de la pierna y de la cadera, se puso bruscamente en pie y se plantó delante del elefantito meneando el puño ante sus narices.

 

-¡No vuelvas a hacerlo! ¡Jamás! ¿Me has oído?

 

El elefante retrocedió torpemente mientras ella avanzaba hacia él.

 

-Eres bruto, sucio y malo. ¡Y la próxima vez que me tires, lo lamentarás! ¡No dejaré que sigas abusando de mí! ¿Me has entendido?

 

Tater soltó un gemido lastimoso y agachó la cabeza, pero ya se había pasado demasiado con ella y Dani no se ablandó. Olvidando su aversión a tocar animales, le clavó el dedo índice en la trompa.

 

-¡Si quieres mi atención, compórtate como es debido! ¡Pero no vuelvas a golpearme!

 

Él encogió la trompa y plegó una de sus orejas. Dani se irguió en toda su estatura.

 

-¿Nos entendemos o no?

Tater levantó la cabeza y le dio una cabezadita en el hombro. Ella se

cruzó de brazos, rechazando aquella oferta de reconciliación.

-No puedo olvidar lo que has hecho.

 

-Lo siento, pero te va a llevar tu tiempo. Tienes que hacerme olvidar muchas cosas. Ahora si me perdonas, tengo que volver a la casa de fieras. -Se giró para marcharse.

Tater gimió. Desconsolado. Triste. Como un niño que hubiera perdido a su madre.

 

Dani aminoró el paso y se le rompió el corazón cuando vio al desolado elefantito con las orejas caídas y los oscuros ojos tristes. Arrastraba la pequeña trompa por el suelo manchándola de tierra.

 

-Tú te lo has buscado -señaló.

 

El animal soltó un gemido plañidero.

 

-Yo intenté ser simpática.

 

Otro gemido patético. Y luego, para asombro de Dani, vio que comenzaban a caerle lágrimas de los ojos. Digger le había dicho que los elefantes eran uno de los animales más sentimentales que existían y que además lloraban, pero no le había creído. Ahora, mientras observaba resbalar las lágrimas por la arrugada piel de Tater, se evaporó todo su resentimiento.

 


-Eso no vale. Eres tan llorón como yo.

 

Él levantó la cabeza y dio unos pasos vacilantes hacia ella. Cuando estuvo a su lado se paró como si quisiera pedir permiso antes de restregarle la cabeza contra el hombro.

 

Una vez más casi la arrojó al suelo, pero esta vez el gesto había sido cariñoso. Dani le acarició la frente.

 

-No pienses que te perdono porque soy una debilucha. Tienes que mejorar tus modales o todo habrá terminado entre nosotros.

 

Él se frotó contra ella con la misma suavidad que un patito.

-Nada de golpes. Nada de trucos.

 

-Eres un bebé tonto.

 

Mientras Dani perdía el corazón por el elefante, Kevin estaba en la puerta trasera del circo, observando lo sucedido. Vio cómo el elefante curvaba la trompa en torno al brazo de su esposa y sonrió. Lo supiera Dani o no, acababa de hacer un amigo para toda la vida. Se rio entre dientes y se encaminó hacia el vagón rojo.



Beatriz nunca se había sentido tan desdichada. Sentada en la mesa de cocina de la Airstream de su padre, clavó la mirada en los deberes de la escuela, pero lo escrito en la página no captaba su atención. Como los demás niños del circo, recibía lecciones por correspondencia a través de la Calvert School de Baltimore, un lugar especializado en enseñar a los niños que no podían ir a la escuela. Cada pocas semanas llegaba un grueso paquete con libros, cuadernos y exámenes.

 

Sheba se había acostumbrado a supervisar la tarea escolar de Beatriz, pero la educación de la mujer no había sido demasiado buena y no había mucho que pudiera hacer excepto comprobar los exámenes. Beatriz tenía dificultades con la geografía y había suspendido lengua inglesa.

 

En ese momento apartó el libro y miró el cuaderno de apuntes que había debajo, donde había garabateado algunos nombres. «Señora de Kevin Markov. Beatriz Markov. Beatriz Pepper Markov.»

 

«Mierda.» ¿Porque él lo había permitido? ¿Por qué Kevin había dejado que Dani lo besara de esa manera delante de todo el mundo? Beatriz había querido morirse al presenciar ese beso. Odiaba a Dani, y lo mejor que le había ocurrido esas dos semanas había sido verla sucia y cubierta de mierda. Era lo que se merecía, estar cubierta de mierda.

 

Más de una vez, Beatriz había intentado aliviar la culpa que sentía por lo que le había hecho a Dani diciéndose a sí misma que se lo merecía. Que allí no había sitio para ella. Que no encajaba en el circo.

 

Y que nunca debería haberse casado con Kevin Que Kevin era suyo.

 

Se había enamorado de él hacía seis semanas, la primera vez que lo vio. Al contrario que su padre, Kevin siempre tenía tiempo para hablar con ella. No le importaba pasar el rato con ella e incluso, antes de que llegara Dani, había dejado que lo acompañara a hacer algunos recados. Una vez, en Jacksonville, habían ido juntos a una sala de exposiciones y le había explicado cosas sobre los cuadros. También la había invitado a hablar sobre su madre y en dos ocasiones la había consolado por algo que le había dicho su terco padre.

 

Pero a pesar de lo mucho que lo amaba, Beatriz sabía que aún la veía como una niña. Últimamente había estado pensando en que tal vez, si él se hubiera dado cuenta de que era una mujer, la habría mirado de forma diferente y no se habría casado con Dani.

 

De nuevo sintió que le invadía la culpa. No había planeado coger ese dinero y esconderlo en la maleta de Dani, pero había entrado en el vagón rojo y Dani estaba ocupada con aquella llamada telefónica. El cajón de la recaudación estaba abierto y, simplemente, había ocurrido.

 

Estaba mal, pero no dejaba de decirse a sí misma que no era tan grave como parecía. Kevin no amaba a Dani, hasta Sheba lo decía. Dani cargaría con la culpa del delito y él se desharía de ella ahora en vez de más adelante.

 

Pero el beso que había presenciado esa mañana le decía que Dani no iba a dejarlo escapar con tanta facilidad. Beatriz todavía no podía creerse la manera en que se había abalanzado sobre él. ¡ Kevin no la necesitaba! No necesitaba a Dani cuando podía tenerla a ella.

 

¿Pero cómo iba a saber él lo que ella sentía si nunca se lo había dicho? Apartó los libros a un lado y se levantó de un salto. No podía soportarlo más. Tenía que hacerle entender que ya no era una niña. Tenía que hacerle entender que no necesitaba a Dani.

 

Sin darse tiempo a pensarlo dos veces, salió rápidamente de la caravana y se encaminó al vagón rojo.



Kevin levantó la vista del escritorio cuando entró Beatriz. La jovencita llevaba metidos los pulgares dentro de los bolsillos de unos pantalones cortos de cuadros, que quedaban casi cubiertos por completo por una enorme camiseta blanca. Se la veía pálida e infeliz, como un hada con las alas cortadas. Sintió pena por ella. La trataban de una manera muy dura, pero a pesar de eso seguía luchando y a él

le gustaba que lo hiciera.

-¿Qué te pasa, cariño?

 

Ella no le respondió. En vez de eso deambuló por la caravana, tocando el brazo del sofá o cogiendo un archivador. Kevin vio una imperceptible mancha naranja en la mejilla, donde había intentado tapar una espinilla, y sintió un atisbo de ternura. Algún día, muy pronto, Beatriz se convertiría en una auténtica belleza.

 

-¿Problemas?

 

Ella levantó la cabeza de golpe.

 

-No.

 

-Bien.

 

Beatriz tragó saliva y se aclaró la garganta.

 

-Es sólo que pensé que tal vez quisieras saber... -La jovencita inclinó la cabeza y comenzó a mordisquearse una uña ya comida.

 

-¿Saber qué?

 

-Vi lo que Dani te ha hecho hoy -dijo Beatriz con rapidez. -Sólo quiero que sepas que sé que no puedes evitarlo y todo eso.

 

-¿Y qué me hizo Dani?

-Ya sabes a qué me refiero.

 

-Pues me temo que no.

 

-Ya sabes -ella clavó la vista en un punto sobre la mesa. -Te ha besado donde todos podían verlo y todo eso. Te ha humillado.

 

Tal y como Kevin lo recordaba, había sido él quien la había besado a ella. No le gustaba la manera en la que todos miraban el vientre de su esposa y contaban los meses con los dedos. Tampoco le gustaba la manera en que la ridiculizaban a sus espaldas, en especial cuando sabía que él tenía la culpa.

 

-No sé qué tiene que ver eso contigo, Beatriz.

 

Ella se agarró las manos y habló atropelladamente.

 

-Todos saben lo que sientes por ella y todo eso. Que no te gusta. Y cuando mi padre me dijo que no estaba embarazada ni nada, no pude entender por qué le casaste con ella. Luego recordé que los tíos os volvéis locos si tenéis una chica cerca y no podéis... ya sabes... mantener relaciones con ella, pero a veces os dicen que no conseguiréis nada a menos que os caséis con ellas. Así que me imaginé que fue por esa razón por la que te casaste con ella. Pero lo que quiero decir es que... si quieres que se vaya y todo eso...

 

Por primera vez desde que comenzó su acalorada perorata, lo miró directamente a los ojos y él vio desesperación en ellos. Beatriz hizo una mueca y soltó a borbotones el resto de las palabras.

 

-Sé que piensas que soy una niña, pero no lo soy. Tengo dieciséis años. Puede que no sea tan bonita como Dani, pero ya soy una mujer y puedo hacer que... te dejaría mantener relaciones sexuales conmigo y todo eso, así no tendrías que hacerlo con ella.

 

Kevin se quedó pasmado y no supo qué decir. Beatriz se había puesto colorada como un tomate -probablemente igual que él- y no hacía otra cosa que mirar el suelo.

 

Él se puso en pie lentamente. Se había enfrentado a sucios borrachos y camioneros con navajas, pero nunca a nada semejante. Beatriz había confundido su amistad con otra cosa y tenía que aclararlo de inmediato.

 

-Beatriz... - Kevin se aclaró la garganta y rodeó el escritorio. Cuando se detuvo, Dani apareció en la puerta detrás de Beatriz, pero la adolescente estaba tan absorta en lo que había dicho que no se dio cuenta. Dani debió de notar que estaba ocurriendo algo importante porque se detuvo y esperó.

 

-Beatriz, cuando una jovencita se encapricha...

 

-¡No es un encaprichamiento! -Beatriz levantó la cabeza con los ojos suplicantes y llorosos. -Me enamoré de ti a primera vista, y creía que quizá tú también me querías, pero que, como era tan joven y todo eso, no te decidías a dar el primer paso. Por eso he venido a decírtelo.

 

Kevin deseó que Dani le echara una mano, pero ella seguía inmóvil y en silencio, asimilando lo que acababa de oír. Por el bien de Beatriz, él tenía que hacerle ver la realidad de la situación.

 

-No me amas, Beatriz.

 

-¡Sí te amo!

 

-Sólo crees que me amas. Pero eres una niña, es sólo un encaprichamiento absurdo. Lo superarás. Créeme, dentro de un par de meses los dos nos reiremos de esto.

 

Beatriz lo miró como si la hubiera abofeteado y Kevin se dio cuenta de que había metido la pata. La chica respiró hondo y se le llenaron los ojos de lágrimas. Pensó con consternación en cómo podría reparar el daño.

 

-Me gustas, Beatriz, en serio. Pero sólo tienes dieciséis años. Yo soy adulto y tú eres todavía una niña. -Se dio cuenta por su expresión de que sólo estaba empeorando las cosas. Nunca se había sentido tan indefenso y le lanzó a Dani una mirada suplicante.

 

Para irritación de Kevin, su esposa puso los ojos en blanco, como si él fuera la persona más estúpida de la tierra. Luego se plantó delante de Beatriz como un vaquero en un duelo.

 

-¡Sabía que te encontraría aquí, lagarta! ¡Piensas que porque eres joven y muy guapa puedes robarme al marido sin que yo te lo impida!

 

Beatriz la miró boquiabierta y dio un paso atrás. Kevin clavó los ojos en Dani con incredulidad. De todas las idioteces que la había visto hacer, y eran unas cuantas, ésta se llevaba la palma. Incluso un retrasado mental se habría dado cuenta de lo histriónico de sus palabras.

 

-¡No me importa lo joven y guapa que seas! -exclamó Dani. -¡No

dejaré que arruines mi matrimonio! -y con aire dramático alargó el brazo y señaló la puerta con un dedo. -Ahora te sugiero que te largues de aquí antes de que haga algo de lo que pueda arrepentirme.

 

Beatriz cerró la boca de golpe. Corrió a ciegas hacia la puerta y huyó de allí.

 

Pasaron varios segundos antes de que Kevin se hundiera bruscamente en el sofá y preguntara:

 

-¿La he cagado?

 

Dani lo miró con algo parecido a la piedad.

 

-Para ser un hombre listo no pareces tener demasiado sentido común.


 

hasta aquii chikitaass!!!

espero k les haya ggustado el caap1!!!!!

k opinaan!!!! jejejjee

buenoo espero sus comentarioss y subire prontoo!

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2do Lugar! Graciaas chikass!!

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