Obsessive Jonas Disorder
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Nueva novela noticiaas

quee tall?? comoo estaaan??

buuhhh yo a fuuull con estaa universidad!! me exprimen demasiadoo jejeje

peroooo quieroo empezar con una nueva novelaa!!!


mmm de quien la quiereen en la encuesta me dejaron en las mismas porque quedaron parejas las votaciones....


de protagonista a quien prefieren

Kevin

Joe

Nick



co protagonista:

Miley

Demi

Taylor

tu?


prefieren un niño o una niña?




que nombre?? me dan sus opciones??


quisieran tener un personaje en esta nueva novela??


prontoo subire la sinopsis ya tengo mas clara la idea de como sera jeje ok!!! dejenme un comentario con sus opiniones si no les gusta me dejan igual un comentario que deje de escribir y busque otra cosa que hacer jejeje

mmm buenooo les pido otro favor='?'

tienen face le dan like a esta pagina?


Who owns my heart? Jonas Brothers



byeee

Adri!



sabeeen me encanta esta foto!!

por que??? pues mi cuñadito tiene su sonrisa colgate jejeje tiene un graaan sonrisaa!!!!! como le hicieron para que sonria asii??? ahah no see pero amo la foto!!!

y me despido diciendo que somos las mejores fans!

xq??

hoy se han hecho muuuchos TT en todo el dia ah estado

I Am What I am!

Y MUUCHOS MAS pero este se ah mantenido todo el dia! en el primer y segundo puesto! es grandioso!!

muchos lo mencionaron sin saber porque pero nosotr@s conocemos el significado!

me despido ahora si!

dejen su comentario no se olvideen!

 

 

 

CAPÍTULO 23



CAPÍTULO 23 parte 1


Kevin acompañó a Dani a una casa modesta en una calle de un barrio obrero bastante alejado del zoológico. Había una escultura de escayola de la Virgen María en el diminuto patio delantero, al lado de unos girasoles que rodeaban un parterre de petunias rosadas. Dani había alquilado una habitación en la parte trasera con vistas a la vía del tren.

 

Mientras ella recogía sus escasas pertenencias, él fue a pagar a la casera sólo para descubrir que Dani ya había pagado el alquiler por adelantado.

 

Gracias a la charlatana mujer se enteró de que Dani trabajaba como recepcionista en un salón de belleza durante el día y de camarera en una cafetería del barrio por la noche. No era de extrañar que pareciera tan cansada. No tenía coche y tenía que ir andando o en autobús a todas partes; ahorraba todo lo que ganaba para cuando naciera el bebé. El hecho de que su esposa hubiera vivido en la miseria mientras él tenía dos automóviles de lujo y una casa llena de obras de arte de incalculable valor sólo contribuyó a hacerlo sentir más culpable.

 

 

Antes de ponerse en camino, Kevin consideró por un momento llevarla a su casa en Connecticut, pero al instante rechazó la idea. Ella necesitaba más que una curación física, necesitaba una curación emocional y tal vez los anímales que amaba la ayudarían a conseguirla.



Aquello le resultaba tan familiar que Dani sintió una momentánea felicidad cuando la camioneta se detuvo. Kevin y ella estaban en la carretera, camino de la siguiente ubicación del circo. Estaba enamorada y embarazada y... Se despertó de golpe cuando la realidad se abatió sobre ella.

 

Kevin sacó la llave del contacto y abrió la puerta.

 

-Tengo que dormir un poco o acabaremos empotrándonos contra un árbol. Pasaremos aquí la noche. -Bajó de la camioneta y cerró la puerta.

 

Dani se reclinó en el asiento y cerró los ojos ante el brillante crepúsculo; también cerró el corazón a la dulzura que escuchaba en la voz de Kevin. Él se sentía culpable, cualquiera podía verlo, pero no dejaría que eso la ablandara. Seguro que él se sentía mejor después de haberle dicho todas aquellas mentiras, pero si ella las creía acabaría atrapada. Tenía que proteger a su bebé; ya no podía permitirse el lujo de ser optimista.

 

 

Kevin le había dicho que Amelia y su padre habían sustituido las píldoras anticonceptivas y se había disculpado por no haber confiado en ella. Otra cosa que lo hacía sentirse culpable. Ella lo ignoró.

 

¿Por qué Kevin no podía dejarla sola? ¿Por qué la había obligado a regresar con él? Por primera vez en semanas, todas las emociones que mantenía bajo control irrumpieron en su interior. Apretó los nudillos contra los labios y luchó por contener todos aquellos sentimientos hasta que volvió a erigir el muro que la había mantenido en pie el último mes.

 

 

Ella siempre se había dejado llevar por las emociones, pero si quería sobrevivir no podía seguir así. El orgullo lo es todo, le había dicho Kevin, y era cierto. Fue el orgullo lo que la sostuvo. Lo que consiguió que contestara al teléfono en la peluquería un día tras otro y que pasara las noches cargando las pesadas bandejas con aquella comida grasienta que le producía náuseas. El orgullo fue lo que puso un techo sobre su cabeza y lo que le hizo ganar dinero para el futuro. El orgullo la mantuvo en pie cuando el amor la traicionó.

 

¿Y ahora qué? Por primera vez en semanas, experimentaba temor por algo que no tenía nada que ver con poder pagar el alquiler. Le daba miedo Kevin. ¿Qué quería de ella?

 

«La peor amenaza para los tigres jóvenes es un tigre adulto. Los tigres no mantienen fuertes vínculos familiares como los leones o los elefantes. No es inusual que un tigre mate a su cachorro.»

 

Forcejeó con el tirador de la puerta sólo para ver que su marido se dirigía hacia ella.

 

Kevin apartó la silla de la mesa donde el camarero del servicio de habitaciones había puesto la comida que había pedido.

 

 

-Siéntate y come, Dani.

 

Kevin no había escogido un motelucho de carretera, de eso nada; los había instalado en una suite de lujo en un reluciente y novísimo hotel Marriott a orillas del río Ohio, en la frontera entre Indiana y Kentucky. Dani recordó cómo acostumbraba a contar los peniques cuando iba a hacer la compra y el sermón que le soltaba a Kevin cuando adquiría una botella de vino de buena cosecha. Cómo debía de haberse reído de ella.

 

-Te he dicho que no tengo hambre.

 

-Entonces siéntate y acompáñame.

 

A Dani le costó menos sentarse en la silla que discutir con él. Kevin se ajustó el nudo del cinturón del albornoz blanco que se había puesto tras la ducha y se sentó frente a ella. Tenía el pelo húmedo y se le rizaba en las sienes. Necesitaba un buen corte.

 

 

Kevin bajó la vista a la ingente cantidad de comida que había pedido para Dani: una enorme ensalada, pechugas de pollo con salsa de champiñones, patatas al horno, pasta, lasaña, dos panecillos, un gran vaso de leche y una ración de tarta de queso.

 

-No puedo comerme todo esto.

 

-Estoy hambriento. Comeré parte de lo tuyo.

 

Aunque a él le gustaba comer, no comía tanto como para dar cuenta de todo aquello. Dani sintió el estómago revuelto. Había tenido problemas para retener la comida cuando abandonó a Kevin y durante todo el primer trimestre de embarazo.

 

-Prueba esto -Kevin tomó un poco de lasaña de su plato y la acercó a sus labios. Cuando ella abrió la boca para negarse, él se la metió dentro con rapidez, obligándola a tragársela.

 

-He dicho que no tengo hambre.

 

-Pruébala. Está buena, ¿verdad?

 

Para sorpresa de Dani, en cuanto pasó la impresión inicial, la lasaña sabía bien, aunque no pensaba decírselo. Tomó un sorbo de agua.

 

-De verdad, no quiero nada más.

 

-No me sorprende -Kevin señaló el pollo. -Tiene pinta de estar seco.

 

-Está flotando en salsa. No está seco.

 

-Créeme, Dani, este pollo está tan seco como la suela de un zapato.

 

-No sabes lo que dices.

 

-Déjame probar.

 

Ella pinchó el pollo con el tenedor y cuando comió un trozo, vio que era jugoso.

 

-Aquí tienes. -Dani le acercó el tenedor.

 

Él abrió obedientemente la boca, lo masticó e hizo una mueca.

 

-Seco.

 

Dani agarró el cuchillo con rapidez, cortó un pedazo para ella y se lo comió. Estaba tan delicioso como parecía.

 

-El pollo está riquísimo.

 

-Supongo que no me sabe a nada por culpa de la lasaña. Déjame probar la pasta.

 

Irritada, Dani lo observó girar el tenedor en la pasta y metérselo en la boca. Un momento después, él dio su veredicto.

 

-Lleva demasiado condimento.

 

-Ahora prefiero la comida muy especiada.

 

-Luego no me digas que no te lo dije.

 

Ella cogió un poco de pasta que goteó en el mantel cuando se la llevó a la boca. Estaba suave y sabrosa.

 

-No está demasiado condimentada.

 

Se dispuso a coger otro bocado pero detuvo el tenedor en el aire. Se dio cuenta de que la estaba engañando. Lo miró y dejó el tenedor en el plato.

 

-Otro juego de poder.

 

Los dedos largos y delgados de Kevin se cerraron en torno a su muñeca mientras la miraba con una preocupación que Dani no se creyó ni por un momento.

 

 

-Por favor, Dani, me asusta lo delgada que estás. Tienes que comer por el bien del bebé.

 

-¡No me digas lo que tengo que hacer! -La atravesó una sensación dolorosa. Contuvo las palabras que había estado a punto de decir y se escudó detrás de la gélida barrera que la mantenía a salvo. Las emociones eran sus enemigas, aunque debía hacer lo más conveniente para su hijo.

 

 

Sin decir nada más, se concentró en la comida y tragó hasta que no pudo más. Ignoró los intentos de Kevin por entablar conversación y que él no comiera casi nada. Dani se había escapado mentalmente a un bello prado donde su bebé y ella eran libres, donde les protegía un poderoso tigre llamado Sinjun, que los amaba y que no se pasaba el día encerrado en una jaula.

 

-Estás agotada -dijo Kevin cuando ella dejó el tenedor sobre el plato. -Los dos necesitamos dormir. Nos acostaremos temprano.

 

Dani se levantó de la mesa, cogió sus cosas y entró en el baño; se permitió el placer de darse una larga ducha. Cuando salió, la suite estaba a oscuras, alumbrada sólo por la tenue luz que se filtraba por la abertura en las cortinas. Kevin estaba acostado boca arriba en uno de los lados de la enorme cama.

 

Ella estaba tan cansada que casi no se mantenía en pie, pero el pecho desnudo de Kevin impidió que se acercara a la cama.

 

-Está bien -susurró él en la oscuridad. -No te tocaré, cariño.

 

Dani permaneció donde estaba hasta que se dio cuenta que le daba lo mismo si la tocaba o no. No le importaba lo que él hiciera porque no sentía nada.



Kevin metió las manos en los bolsillos del impermeable y se apoyó en la cerca contra huracanes que marcaba el borde del recinto donde pasarían los dos días siguientes. Estaban en Monroe County, Georgia; la fresca brisa de esa mañana del mes de octubre traía la esencia del invierno.

 

Brady se acercó a él.

 

-Tienes un aspecto horrible.

 

-Bueno, tú no pareces estar mucho mejor

.

-Mujeres -bufó Brady. -No se puede vivir con ellas, pero tampoco sin ellas.

 

Kevin ni siquiera logró esbozar una sonrisa. Puede que Brady tuviera problemas con Sheba, pero al menos su relación con Beatriz iba viento en popa. Pasaban mucho tiempo juntos, y era un entrenador más paciente que nunca. Algo que daba frutos, porque las actuaciones de Beatriz habían mejorado sustancialmente.

 


Dani y él habían regresado diez días antes y todos se habían dado cuenta de que a Dani le pasaba algo malo. Su esposa ya no se reía ni rondaba por el recinto con su coleta rebotando al viento. Era educada con todos -incluso ayudaba a Beatriz con los deberes, -pero todas las cualidades especiales que la hacían ser como era parecían haber desaparecido. Y todos esperaban que él tomara cartas en el asunto.

 

Brady cogió un palillo del bolsillo do su camisa y se lo puso en la boca.

 

-Dani no parece la misma.

 

-Son los primeros meses de embarazo, nada más.

 

Brady no pareció convencido.

 

-Echo de menos cómo era. Bueno, no echo de menos que meta la nariz en mis asuntos como solía hacerlo, eso te lo aseguro, pero sí que añoro la manera en que se preocupaba por todos. Parece que ahora sólo le interesan Sinjun y los elefantes.

 

-Lo superará.

 

-Supongo.

 

Observaron en silencio cómo un camión descargaba heno. Kevin miró cómo Dani lavaba a Puddin. Le había dicho que no quería que siguiera trabajando, pero ella le respondió que se había acostumbrado a hacerlo. Luego había intentado que se mantuviera alejada de los elefantes a excepción de Tater, temiendo que alguno le hiciera daño. Dani lo había mirado sin responder y había hecho lo que le vino en gana.

 

Brady se cruzó de brazos.

 

-Creo que deberías saber que anoche volví a verla dentro de la jaula de Sinjun.

 

 

-¡Maldita sea! Te juro que la esposaré para que se mantenga alejada de la jaula de ese tigre.

 

-Me asusta cómo está. Odio verla así.

 

-Bueno, pues no eres el único.

 

-¿Por qué no haces algo?

 

-¿Qué me sugieres? He hecho traer uno de mis coches desde Connecticut para que no tuviera que desplazarse en la camioneta, pero me dijo que le gustaba la camioneta. Le he comprado flores, pero las ignora. Intenté que nos trasladáramos a una caravana RV nueva, pero casi le dio un ataque cuando se enteró, así que lo dejé pasar. Ya no sé qué hacer. -Kevin se pasó una mano por el pelo. -

 

Pero ¿por qué te cuento todo esto? Si supieras algo de mujeres no andarías detrás de Sheba.

 

-No pienso discutir contigo.

 

-Dani se pondrá bien. Es sólo cuestión de tiempo.

 

-Puede que tengas razón.

 

-Te aseguro que la tengo.

 

Si se lo repetía lo suficiente, tal vez se convertiría en realidad. La echaba de menos. Ahora Dani ya no lloraba. Aquellas lágrimas repentinas que habían sido parte de ella como el aire que respiraba, habían desaparecido; era como si se hubiese anestesiado para no sentir nada. Recordaba cómo solía lanzarse a sus brazos desde la rampa del camión, su risa, cómo le acariciaba el pelo. La necesitaba como nunca había necesitado a nadie... Y para colmo, la noche anterior había tocado fondo.

 

 

Hizo una mueca sólo de recordarlo.

 

Estaba soñando que Dani le sonreía como antes, con su cara iluminada por completo y ofreciéndose a él. Se había despertado acurrucado contra ella. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que habían hecho el amor y la deseaba demasiado para alejarse.

 

Le deslizó la mano por la cadera y por el vientre redondeado. Ella se despertó al momento y se tensó bajo sus caricias, pero no se apartó. Ni siquiera se resistió cuando le separó los muslos y se colocó encima. Dani se mantuvo inmóvil mientras él añadía un pecado más a la lista de los que ya había cometido contra ella. Se había sentido como un violador y esa mañana ni siquiera se había afeitado para no verse en el espejo.

 

-Sigue hablando con Beatriz -dijo Brady. -Pero no como solía hacerlo. Beatriz está tan preocupada como todos nosotros.

 

Ultimos capitulos.....

 

holaaa chikaas ey como estan!!!

buenoo yo agotada!! un mes de clases en la u y agotada!!! juju uuy como terminare este semestre jejeje

ok espero les guste el cap!!!

y comenteen pleasee!!

okiizz buenoo me voy chaooo

xoxoxo

 

att

Adri : <3

 

 

Quiere cap??

nota mia:  holaaaaaaaaaaa com estaaan buuenoo les escribo para comunicarles!! que conseguiii la noveel!!! jujujuju y buenop si hay mas comentarios en este cap subo pronto!!! sip? ahora si me voy .. aki esta el cap 19! besossss byeeee las kieroooo

 

CAPÍTULO 19

 

 

 

espero que lo vean!!! es hermoso!


Brady estaba furioso con Sheba.

-No quiero que metas las narices en esto.

 

-Sólo quiero que te tranquilices un poco. Vamos dentro.

 

-¡Es una ladrona! ¡Mi hija es una puta ladrona! Permitió que se culpase a Dani. -Apartó a un lado un juego de pesas y se dejó caer sobre el sofá, donde se pasó la mano por el pelo.

 

Sheba cogió una botella de Jack Daniel's del armario de la cocina y llenó dos vasos. Cuando se acercó a él la bata se le ciñó a las caderas, haciendo que Brady se olvidara de su enfado, aunque sólo fuera por un momento.

 

Sheba tenía la habilidad de nublarle la mente. No era algo que le gustara y había luchado contra ello desde el principio. Era engreída, terca y lo volvía loco. Era la mujer más excitante que había conocido nunca. Y la que más lo irritaba.

 

Sheba le dio el vaso de whisky y se sentó a su lado. Al hacerlo se le abrió la bata dejando al descubierto un muslo. Era vigoroso y esbelto y Brady sabía, tras haberla observado trabajar con los trapecistas, lo tonificado que estaba.

 

Sheba se reclinó sobre los almohadones del sofá y cerró los ojos. Arrugó la cara, casi como si fuera a echarse a llorar, algo que nunca le había visto hacer.

 

-¿Sheba? -Ella abrió los ojos. -¿Qué te pasa?

 

Vislumbró un retazo de seda púrpura entre las piernas de Sheba y encontró un blanco para su furia.

 

-¡Por qué no te sientas como una señora en vez de como una vulgar mujerzuela!

 

-No soy tu hija, Brady. Me sentaré como me dé la gana.

 

Brady nunca le había pegado a una mujer en su vida, pero en ese momento supo que le estallaría la cabeza si no la provocaba. Con un movimiento tan rápido que ella no lo vio llegar, la agarró de la bata y la puso en pie de golpe.

 

-Te la estás buscando, nena.

 

-Por desgracia, tú no eres lo suficiente hombre para darme lo que quiero.

 

Brady no pudo recordar ninguna otra ocasión en la que se sintiera tan furioso y Sheba se convirtió en el blanco de todas las emociones que estaban a punto de explotar en su interior.

 

-¿Me estás provocando, Sheba? ¿Es que no tienes a mano a nadie mejor que yo? Soy el hijo de un carnicero de Brooklyn, ¿recuerdas?

 

-Lo que eres, es un bastardo deslenguado. Lo insultaba a propósito. Era como si ella misma quisiera que la lastimara, y el estaba dispuesto a complacerla. Le abrió la bata y se la arrancó de un tirón.

 

Sheba se quedó desnuda salvo por unas provocativas bragas de seda color púrpura. Tenía los pechos grandes y los pezones oscuros del tamaño de una moneda de medio dólar. Ya no tenía el vientre plano y sus caderas eran más redondeadas de lo que deberían ser. Era voluptuosa y madura en toda la extensión de la palabra, y Brady nunca había deseado tanto a una mujer.

 

Ella no hizo ningún intento por cubrirse, sino que le sostuvo la mirada con un descaro tal que le dejó sin aliento. Sheba arqueó la espalda y colocó la pierna izquierda delante de la derecha con un movimiento elegante. Luego plantó la mano sobre la cadera. Sus pechos se balancearon ante Brady y éste perdió el control. -Que te jodan. Ella siguió provocándole.

 

-Eso intento, Brady. Eso intento.

 

Intentó cogerla, pero olvidó lo veloz que era. Sheba se alejó con rapidez, con el pelo rojo flotando a su espalda y los pechos rebotando. Brady se abalanzó tras ella, pero se le volvió a escurrir entre los dedos. Sheba se rio, pero no fue un sonido agradable.

 

-¿Estas mayor para esto, Brady?

 

Iba a domesticarla, no importaba lo que tuviera que hacer. Impondría su voluntad sobre esa mujer.

 

-No tienes ni la más mínima oportunidad -se burló él.

 

-Ya veremos. -Sheba le arrojó una de las pesas, que cayó rodando

al suelo como si fuera un bolo.

 

A pesar de la sorpresa, él la esquivó con facilidad. Vio un destello de desafío en los ojos de Sheba y cómo le brillaban los pechos por el sudor. El juego había comenzado.

 

Aquello sólo tenía una salida posible. Brady se quitó la camiseta y los zapatos. Ella siguió meciéndose mientras observaba cómo él se quitaba los pantalones cortos. A Brady no le gustaba llevar ropa interior y estaba desnudo debajo de ellos.

 

Los ojos de la mujer escrutaron cada centímetro de su cuerpo;

 

Brady sabía que ella apreciaba lo que veía.

Cuando se acercó, Sheba le dio una patada, pero él la sujetó por los tobillos.

 

-Bueno, a ver qué tenemos aquí. Le separó lentamente las piernas formando un arco. -Eres un demonio, Brady Pepper.

 

-Ya deberías saberlo. -Le recorrió las corvas con los labios y siguió explorando

 

Ella dijo:

 

-Sólo me acuesto contigo para que no lastimes a Beatriz.

 

-Ha sido lo único que se me ha ocurrido para que te tranquilizaras.

 

-Mentirosa. Necesitabas un semental. Todos saben cuánto necesita a sus sementales la pequeña Sheba.

 

-No eres un semental. Sólo un caso de caridad.

 

-¿Es Kevin el único al que quieres como semental? Lástima que él no te quiera a ti.

-Te odio.

 

Y así siguieron, hiriéndose y castigándose hasta que, de repente, dejaron de decirse aquellas crueles palabras. Se unieron, escalando juntos hasta la cima y, en un momento arrebatador, se olvidaron de todo.

 

 

Después Sheba intentó salir apresuradamente de la cama, pero

 

Brady no la dejó.

-Quédate aquí, nena. Sólo un momento.

 

Por una vez, la dueña del circo contuvo su afilada lengua y se giró en los brazos de Brady. Los mechones de su pelo rojizo se esparcieron como cintas relucientes sobre el pecho masculino.

 

-Dani será ahora una heroína. -Brady sintió cómo se estremecía al decirlo.

 

-Se lo merece.

 

-La odio. Le odio.

 

-No tiene nada que ver contigo.

 

-¡No es verdad! No sabes nada. Las cosas iban bien cuando todos pensaban que Dani era una ladrona. Pero ahora no. Ahora Kevin pensará que ha ganado.

 

-Olvídalo, nena. Simplemente olvídalo.

 

-No me das miedo -le dijo desafiante.

 

-Lo sé. Lo sé.

 

-No me da miedo nada.

 

Él la besó en la sien pero no la llamó mentirosa. Sabía que Sheba tenía miedo. Por alguna razón, la reina de la pista central ya no se reconocía a sí misma y eso la asustaba muchísimo.



Kevin se quedó mirando el oscuro escaparate de la tienda de postales de Hallmark.

Tres puertas más abajo brillaban las luces de una pequeña pizzería mientras, junto a ellos, parpadeaba el letrero de neón de una tintorería cerrada.

 

Hacía mucho tiempo que había dejado de pensar en el robo de Dani, pero lo cierto era que nunca había creído que fuera inocente.

 

Tenía que asumir la terrible injusticia que había cometido con ella.

¿Por qué no la había creído? Siempre se había enorgullecido de ser imparcial, pero había estado tan seguro de que la desesperación de Dani la había conducido a robar el dinero que no le había ofrecido el beneficio de la duda. Debería haber sabido que el fuerte código moral de su esposa jamás le permitiría robar.

 

Ella se removió inquieta a su lado.

 

-¿Podemos irnos ya?

 

Dani no había querido acompañarlo a dar un paseo nocturno por la alameda desierta, cerca de donde se había instalado el recinto del circo, pero Kevin no estaba preparado para volver a los estrechos confines de la caravana y había insistido en ello. Dio la espalda al despliegue de postales y figuras de ángeles y sintió la tensión y la mirada preocupada de Dani.

 

Los rizos negros enmarcaban las mejillas de su esposa y su boca parecía tierna y delicada. Sintió temor ante aquella dulce cabeza hueca que poseía una voluntad tan firme como la suya. Le rozó la mejilla con el pulgar.

 

-¿Por qué no me contaste que lo hizo Beatriz? -Podemos hablar de eso más tarde -dijo Dani mirando impacientemente hacia la carretera y alejándose de él de nuevo.

 

-¡Espera! -la cogió suavemente por los hombros y ella se removió como un niño impaciente.

 

-¡Suéltame! Nunca deberías haber dejado que Brady se la llevara así. ¿Has visto lo enfadado que estaba? Si le hace daño...

 

-Espero que le caliente el trasero.

 

-¿Cómo puedes decir eso? Sólo tiene dieciséis años y ha sido un verano horrible para ella.

 

-Tampoco ha sido demasiado bueno para ti. ¿Cómo puedes defenderla después de lo que te hizo?

 

-Eso no importa. La experiencia me curtió, algo que ciertamente necesitaba. ¿Por qué has dejado que se la llevara estando tan enfadado? Prácticamente le has dado permiso para que le dé una zurra. No esperaba eso de ti, Kevin, de verdad. ¡Ahora!, por favor, te lo ruego. Volvamos y deja que me asegure de que está bien.

 

«Te lo ruego.» Dani repetía eso todo el tiempo.

Las mismas palabras que habían envenenado el espíritu de Sheba Quest dos años antes, cuando le había implorado que la amase, salían de la boca de Dani continuamente. Por la mañana, con el cepillo de dientes en la boca le gritaba: «¡Café! ¡Por favor, te lo ruego!» La noche anterior le había susurrado suave y tímidamente al oído: «Hazme el amor, Kevin. Te lo ruego.» Como si tuviese que rogárselo.

 

Pero implorar no amenazaba el orgullo de Dani. Era sólo su manera de expresarse y, si en algún momento fuera lo suficientemente tonto para sugerirle que suplicar podía ser humillante, Dani le lanzaría esa mirada compasiva que él había llegado a conocer tan bien y le diría que dejara de ser tan estirado.

 

 

Kevin le acarició el labio inferior con el índice.

 

-¿Te haces una idea de lo mucho que lo siento?

 

-¡Ya te he perdonado! ¡Ahora, vámonos!

 

Kevin quiso besarla y sacudirla al mismo tiempo.

-¿No lo entiendes? Por culpa de Beatriz todo el circo pensó que eras una ladrona. Ni siquiera yo te creí.

 

-Eso es porque eres pesimista por naturaleza. Ahora, basta ya, Kevin. Entiendo que te remuerda la conciencia, pero tendrás que dejarlo para otro momento. Si Brady...

 

-No hará nada. Está cabreado, pero no le pondrá un dedo encima.

 

-¿Cómo puedes estar seguro?

 

-Brady grita mucho, pero no es violento, en especial con su hija.

 

-Siempre hay una primera vez.

 

-Le oí hablando con Sheba un poco antes de que saliéramos. Ella protegerá a Beatriz como una leona a sus cachorros.

 

-Que Beatriz vaya a ser protegida por Lizzie Borden no me tranquiliza -dijo Dani mencionando a una famosa parricida.

 

-Sheba no es cruel con todo el mundo.

 

-Me odia.

 

-Habría odiado a cualquiera que se hubiera casado conmigo.

 

-Tal vez. Pero no de la manera que me odia a mí. Al principio no era tan malo, pero ahora...

 

-Era más fácil cuando te odiaba todo el mundo. -Le frotó el hombro. -Siento que te hayas visto envuelta en esta batalla que tiene Sheba con su orgullo. Siempre ha poseído talento, incluso de niña, y por ese motivo han sido demasiado indulgentes con ella. Su padre la hacía trabajar duro, pero también alimentó su ego, y Sheba creció pensando que era perfecta. No puede aceptar que tiene debilidades como todo el mundo, así que siempre les echa la culpa de todo a los demás.

 

-Supongo que no es fácil enfrentarse a tus propios defectos.

 

-Oh, no. No comiences a sentir pena por ella. No bajes la guardia, ¿me oyes?

 

-Pero yo no le he hecho nada.

 

-Te has casado conmigo.

 

Dani frunció el ceño.

 

-¿Qué fue lo que sucedió entre vosotros?

 

-Ella creía que estaba enamorada de mí. Pero no lo estaba, sólo amaba mi linaje, aunque todavía no se ha dado cuenta.

Tuvimos una escena muy desagradable y perdió los nervios. Cualquier otra mujer lo habría olvidado, pero Sheba no. Es demasiado arrogante para pensar que es culpa suya, por lo tanto la culpa es mía. Nuestro matrimonio fue un enorme golpe para su orgullo, pero mientras estuviste en desgracia, resultó llevadero para ella. No sé cómo reaccionará ahora.

 

-Mal, supongo.

 

-Sheba y yo nos conocemos bastante bien. Podía vivir con el pasado mientras me veía como un ser desgraciado, pero ahora no. Querrá castigarme por ser feliz y sólo tengo una debilidad. -La miró.

 

-¿Yo? ¿Yo soy tu debilidad?

 

-Si te hace daño a ti, me lo hace a mí. Por eso quiero que tengas cuidado.

 

-Me parece una pérdida de tiempo malgastar toda esa energía intentando convencer a todo el mundo de que uno es mejor que nadie. No puedo comprenderlo.

 

-Claro que no puedes. Te encanta señalar tus defectos a todo aquel que quiera escucharte.

 

Dani debió encontrar divertida la exasperación de Kevin porque sonrió.

 

-De cualquier manera acabarían descubriéndolos por sí solos en cuanto pasaran el tiempo suficiente conmigo. Sólo les evito el esfuerzo.

 

-Lo único que descubrirían es que eres una de las personas más decentes que conozco.

 

Una expresión muy parecida a la culpa asomó en el rostro de Dani, aunque Kevin no podía imaginar de que se sentía culpable. De repente, la joven volvió a mostrar su preocupación.

 

-¿Estás seguro de que a Beatriz no le pasará nada?

 

-No he dicho eso. Te aseguro que Brady la castigará.

 

-Dado que soy la persona agraviada, debería decidir yo el castigo.

-Brady no lo verá de ese modo, y Sheba tampoco.

 

-¡Sheba! ¡Qué hipócrita! Le encantaba creer que yo era una ladrona. ¿Cómo puede castigar a Beatriz por concederle su más anhelado deseo?

 

-Sheba estaba encantada porque pensaba que era verdad. Pero tiene un fuerte sentido de la justicia. Las gentes del circo llevan una vida itinerante y no hay nada que odien más que a un ladrón. Cuando Beatriz cometió el robo y mintió, violó todo en lo que Sheba cree.

 

-Aun así, creo quees una hipócrita y no harás que cambie de idea. Si no haces algo con respecto a Brady, lo haré yo.

-No, tú no harás nada.

 

Dani abrió la boca para discutir con él, pero antes de que pudiera emitir una palabra, Kevin se inclinó y la besó. La joven resistió dos segundos intentando demostrar que no era una chica fácil, pero enseguida se rindió.

 

Santo Dios, a Kevin le encantaba besarla, le encantaba sentir cómo se fusionaba con él, la presión suave de sus pechos. ¿Qué había hecho para merecer a esa mujer? Era su ángel personal.

 

Lo atravesó una oleada de frustración porque ella no exigía la venganza que merecía. Pero vengarse no formaba parte de la naturaleza de Dani, por eso era tan vulnerable.

 

Se apartó ligeramente para hablar y tuvo que obligarse a decir aquellas palabras tan inusuales en él.

 

-Lo siento, cariño. Siento no haberte creído.

 

-No importa -repuso ella.

 

Kevin supo lo que ella quería decir y sintió como si su corazón explotara.

 

 

 

byee

xooxox

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 13 PARTE 1



-¿Puedes intentar mantener los ojos abiertos esta vez?

Dani notó que Kevin estaba perdiendo la paciencia con ella. Estaban detrás de las caravanas, en un campo de béisbol a las afueras de Maryland, un sitio muy parecido al que habían estado los días anteriores y llevaban así casi dos semanas. La joven tenía los nervios tan tensos que estaban a punto de estallar.


Tater estaba cerca de ellos, alternando suspiros de amor por su dama con remover el barro. Después de que Dani se hubiera enfrentado al elefantito unas semanas atrás, Tater había comenzado a escaparse para buscarla y, finalmente, Digger lo había castigado con el pincho. La joven no había podido tolerar tal cosa, así que le había dicho que ella se encargaría de cuidar al elefante durante el día cuando vagara por ahí. Todos -excepto la propia Dani-parecían haberse acostumbrado a ver trotando a Tater detrás de ella como si fuera un perrito faldero.


-Si abro los ojos daré un respingo -señaló Dani mientras su marido empuñaba el látigo- y me dijiste que me harías daño si daba respingos.


-Tienes el blanco tan alejado de tu cuerpo que podrías estar bailando El lago de

los cisnes y ni siquiera te rozaría.


Había algo de verdad en lo que decía. El rollo de periódico que sostenía en la mano medía más de treinta centímetros y, además, ella tenía el brazo extendido. Pero cada vez que Kevin agitaba el látigo arrancando un trozo del extremo, ella daba un salto. No podía evitarlo.


-Puede que mañana consiga abrir los ojos.


-En tres días estarás en la pista central. Es mejor que los abras ya.


Dani abrió los ojos de golpe al oír la voz sarcástica y acusadora de Sheba que estaba donde Kevin había dejado los látigos enroscados en el suelo. Tenía los brazos cruzados y el sol arrancaba destellos a su pelo, que brillaba como las llamas del infierno.


-Ya deberías haberte acostumbrado. -Se agachó con rapidez y cogió uno de los rollos de papel de diez centímetros que había en el suelo. Ésos eran los blancos de verdad, los que se suponía que Dani debía sostener en la función, pero hasta ese momento Kevin no había podido convencerla para que practicaran con algo que midiera menos de treinta centímetros.


Sheba comenzó a hacer rodar uno de los pequeños rollos entre los dedos como si fuera un pitillo, luego se acercó a Dani y se detuvo a su lado.


-Quítate de en medio.


Dani retrocedió.


Sheba miró a Kevin con un destello desafiante en los ojos.


-Aprende cómo se hace.


Se puso de perfil, echó el pelo hacia atrás y se colocó el rollo entre los labios.


Por un momento Kevin no hizo nada, y Dani notó que había una vieja historia entre la dueña del circo y él, una historia de la cual Dani no sabía nada. Parecía como si Sheba desafiara a su marido, pero ¿para que hiciera qué? Kevin levantó el brazo tan repentinamente que ella apenas vio el movimiento de su muñeca.


«¡Zas!» El látigo restalló a pocos centímetros de la cara de la mujer y el

extremo del rollo desapareció.


Sheba no se movió. Se mantuvo tan serena como si estuviera asistiendo a un cóctel mientras Kevin agitaba el látigo una y otra vez, rompiendo un trocito de rollo cada vez. Poco a poco, lo fue acortando hasta que sólo quedó el cabo entre los labios de la mujer.


En ese momento lo cogió y se lo tendió a Dani.


-Ahora veamos cómo lo haces tú.


Dani reconocía un reto cuando lo veía, pero esa gente se había criado tentando al peligro. Ella no tenía que demostrar su valor, sentía que ya lo había hecho cuando se había enfrentado a Tater.


-Quizás en otro momento.


Kevin suspiró y bajó el látigo.


-Sheba, esto no funciona. Continuaré haciendo el número yo solo.

-¿Te tiene dominado, Kevin? Cinco generaciones de sangre circense y le has dado el nombre de Markov a alguien que no tiene valor para entrar en la pista central contigo.


Los ojos verdes de Sheba se oscurecieron con desprecio cuando miró a Dani.


-No te estamos pidiendo que andes por la cuerda floja ni que montes a pelo.

Lo único que tienes que hacer es estar allí de pie. Pero ni siquiera eres capaz de hacerlo, ¿verdad?

-Lo siento, pero no valgo para esto.


-¿Y para qué vales entonces?


Kevin dio un paso adelante.


-Ya basta. Dani se ha encargado de los animales aunque no tendría por qué haberlo hecho, y están en mejores condiciones que nunca.


-No la defiendas. -Dani sintió el impacto de los ojos de Sheba con la misma intensidad que si fuera el impacto del látigo. -¿Sabes algo de la familia Markov?


-Kevin no me ha hablado mucho de su pasado. -Y tampoco le había hablado mucho de su presente. Cada vez que intentaba preguntarle por la vida que llevaba fuera del circo, él cambiaba de tema. Sospechaba que había ido a la universidad y que la medalla esmaltada que llevaba colgada del cuello era una reliquia familiar, pero nada más.


-Déjalo, Sheba -le advirtió él.


Ella no le hizo caso y sostuvo la mirada de Dani con firmeza.


-Los Markov son una de las familias más famosas en la historia del circo. La madre de Kevin era la mejor montando a pelo. Kevin podría haber sido un campeón ecuestre de no ser por su altura.


-A Dani no le importa nada de eso -dijo él.


-Sí que me importa. Continúa, Sheba.


-Su madre formaba parte de la quinta generación de artistas rusos que actuaron para los zares. Lo más interesante de los Markov es que la historia de su familia se transmite a través de las mujeres. No importa con quién se hayan casado, los hombres han renunciado a su propio apellido para mantener el de Markov y pasarlo a sus hijos. Pero los hombres Markov han sido también grandes artistas con el látigo y algunos de los mejores jinetes que se hayan visto en el circo.


Kevin comenzó a recoger los rollos de periódico y a meterlos en una vieja bolsa

de lona.


-Vamos, Dani. Por hoy es suficiente.


La expresión de Sheba se volvió amarga.


-Los Markov siempre han seguido la tradición y han elegido bien a sus esposas. Al menos hasta llegar a Kevin. -Hizo una pausa. En sus ojos asomó un helado desprecio. -No estás a su altura, Dani, no mereces llevar el apellido Markov.


Tras decir eso se giró y se marchó, con un paso tan regio que hizo que sus ropas desarregladas parecieran dignas de una reina.


Dani se sintió despreciable.


-Tiene razón, Kevin. No valgo para nada.


-Tonterías. -Kevin enrolló los látigos y los apoyó sobre el hombro. -Sheba considera la tradición del circo tan sagrada como la religión. No le hagas caso.


Dani miró la bolsa con los rollos de periódico. Se acercó y sacó uno con decisión.


-¿Qué haces?


-Dar la talla como mujer Markov.


-Por el amor de Dios, suelta eso. Te he dicho que pases de ella. Sheba siempre ha tenido una visión distorsionada de la historia de los Markov. Mi tío Sergey era el mayor bastardo que he conocido en mi vida.


-Te agradezco que intentes que me sienta mejor, pero no puedo ignorar lo que ha dicho. -Caminó hacia el lugar donde habían estado practicando antes y se puso de perfil. -Estoy cansada de ser siempre la peor.


Se puso el rollito en los labios; las rodillas le temblaban más que nunca. Si Kevin fallaba, le golpearía en la cara y, quizá, dejaría una cicatriz en su piel y en su alma.


-Déjalo, Dani. -Ella cerró los ojos. -Dani...


Ella se sacó el rollito de la boca para hablar, pero no le miró.


-Por favor, Kevin, hazlo de una vez. Cuanto más me hagas esperar, más difícil será para mí.


-¿Estás segura?


No estaba segura en absoluto, pero se puso de nuevo el rollito en la boca y cerró los ojos, rezando por no dar un brinco.


Dani gritó cuando oyó el chasquido del látigo y sintió una corriente de aire en la cara. El sonido retumbó en sus oídos. Tater abrió la boca y soltó un barrito.


-¿Te he dado? ¡Maldita sea, sé que no te he dado!


-No..., no..., estoy bien. Es sólo... -Respiró hondo y recogió el rollito que había dejado caer, observando que Kevin había sesgado un trocito del extremo. -Es sólo que estoy un poco nerviosa.


-Dani, no tienes por qué...


Ella se colocó el blanco de nuevo en la boca y cerró los ojos.


«¡Zas!»


Dani gritó otra vez.


-Si sigues gritando comenzaré a ponerme nervioso -dijo Kevin en tono seco.


-¡No gritaré! Pero por Dios, no pierdas los nervios. -Cogió el rollito, era mucho más corto de lo que había sido en un principio.


-¿Cuántas veces más?


-Dos.


-¿¿Dos??-chilló.


-Dos.


Esta vez colocó el rollito justo en el borde de los labios.


-Estás haciendo trampa.


El sudor corría entre los pechos de Dani cuando volvió a colocarlo. Respiró hondo.


«¡Zas!» Otra corriente de aire le agitó un mechón de pelo contra la mejilla. Casi se desmayó, pero de alguna manera logró contener el grito. Sólo una vez más. Una vez más.


«¡Zas!» La joven abrió lentamente los ojos.


-Ya está, Dani, se acabó. Ahora sólo tendrías que saludar al público.


Estaba viva y sin marcas. Atontada, lo miró y habló con un ronco susurro.


-Lo he hecho.


Él sonrió y soltó el látigo.


-Pues claro que sí. Estoy orgulloso de ti.


Con un gran grito de alegría, corrió hacia él y se arrojó a sus brazos. Kevin la atrapó automáticamente. Cuando la estrechó contra su cuerpo, una lenta oleada de calor recorrió el cuerpo de Dani. Él debió de sentir lo mismo porque se echó atrás y la dejó en el suelo.


Dani sabía que Kevin no aceptaba que se hubiera negado a hacer el amor con él desde aquella tarde de sudor y sexo que la había perturbado tan profundamente. Su período le había dado una excusa perfecta durante unos días, pero había terminado hacía media semana. Le había pedido un poco de tiempo para aclararse las ideas y, aunque Kevin había estado de acuerdo, no le había gustado nada.


-Sólo un truco más -dijo él- y luego terminamos.


-Quizá deberíamos dejarlo para mañana. -Es el truco más fácil. Venga, vamos

a hacerlo antes de que pierdas el valor. Ponte dónde estabas.


-Kevin...


-Venga. No te dolerá. Te lo prometo.


A regañadientes, Dani regresó al lugar donde había estado antes.


Kevin cogió el látigo más largo y lo sostuvo entre los dedos.

-Colócate frente a mí y cierra los ojos.


-No.


-Confía en mí, cariño. Esta vez tienes que tener los ojos cerrados.


Dani hizo lo que le decía, pero entreabrió uno de los ojos para ver lo que él hacía.



-Levanta los brazos por encima de la cabeza.

-¿Los brazos?

 

-Levántalos por encima de la cabeza. Y cruza las muñecas.

 

Ella abrió los dos ojos.

 

-Creo que me olvidé de decirle a Trey algo sobre la nueva dieta de Sinjun.

-Todas las mujeres Markov han hecho este truco.

 

Resignada, Dani levantó los brazos, cruzó las muñecas y cerró los ojos, diciéndose a sí misma que no podía ser peor que sostener un rollito con los labios.

 

«¡Zas!»

 

Apenas había percibido el chasquido del látigo cuando sintió que éste le rodeaba y le ataba las muñecas con fuerza.

 

Esta vez el grito le salió del alma. Dejó caer los brazos tan rápidamente que sintió que se le dislocaban los hombros. Se miró con incredulidad las muñecas atadas.

 

-¡Me has dado! Dijiste que no me tocarías, pero lo has hecho.

 

-Estate quieta, Dani, y deja de gritar de una vez. No te ha dolido.

 

-¿No me ha dolido?

 

-No.

 

Ella miró sus muñecas y se dio cuenta de que él tenía razón.

-¿Cómo lo has hecho?

 

-Destensé el látigo antes de chasquearlo. -Kevin hizo un movimiento con la muñeca para que el látigo se aflojase, y la liberó. -Es un truco muy viejo, pero el público lo adora. Aunque, después de que te ate las muñecas, debes sonreír para que todos sepan que no te he hecho daño. Acabaré en la cárcel si no lo haces.

 

Dani se examinó una muñeca y luego la otra. Se dio cuenta con asombro de que estaban intactas.

 

-¿Y si te olvidas de destensar el látigo antes de apresarme las muñecas?

 

-No lo haré.

-Podrías cometer un error, Kevin. Es imposible que siempre te salga bien.

 

-Claro que sí. Llevo años haciéndolo y nunca he lastimado a nadie. -Comenzó a recoger los látigos y ella se maravilló de aquella perfecta arrogancia, pero al mismo tiempo se sintió inquieta.

 

-Esta mañana las cosas han salido algo mejor-dijo ella, -pero aún me parece

imposible que pueda actuar contigo dentro de dos días. Jack me ha dicho que voy a interpretar a una gitanilla indomable, pero no creo que las gitanas indomables griten como lo hago yo.

 

-Ya pensaremos algo. -Para sorpresa de la joven, Kevin le dio un besito en la

punta de la nariz antes de girarse para marcharse, pero se detuvo en seco y se volvió de nuevo hacia ella. La miró un buen rato. Luego inclinó la cabeza y posó sus labios sobre los de Dani.

 

La joven le rodeó el cuello con los brazos cuando él se apretó contra ella. Aunque su mente le decía que el sexo debía ser sagrado, su cuerpo deseaba ardientemente las caricias de Kevin, y Dani supo que nunca tendría suficiente de él.

 

 

Holaaa!!!

espero k les haya gustado el cap!!!! jejeje aunque bueno esta es la parte uno del trece

buenoo si comentan subo prontoo!!!

no se olviden de votar x mi pleaasee!!! se los agradeceriaa!

buenooo me voeee

mil graciaaas x pasarse!

 

Capitulo DOCE..! COMPLETO

 

HOLAAAAA CHICAAAASSS primero mil gracias por sus comentarios se les agradeceeeeee!!!!

bienvenidaaas a las nuevas lectoras que bien que les guste la novela y espero k la recomienden!

buenooo ya que me pidieron maraton! este es un capitulo completo! no lo dividi jejeje :) asi que disfrutenloo!!!

buenoo me despido dejen su comentario!

ADRI:)

XOXOXO

CAPÍTULO 12


Kevin clavó los ojos en la puerta por donde acababa de desaparecer Beatriz, luego miró a su esposa.

 

-La tuya ha sido la peor actuación que he visto en mi vida. ¿De verdad has dicho que le vas a impedir que te robe el marido o me lo he imaginado?

-Beatriz se lo ha creído y eso es lo único que cuenta. Después de lo que le has dicho era necesario que alguien la tratara como a una mujer adulta.

-No pretendía herir sus sentimientos, pero ¿qué querías que hiciera? No es una adulta. Es una niña.

-Te ha ofrecido su corazón, Kevin, y tú lo has rechazado como si no valiera nada.

-No sólo me ha ofrecido su corazón. Un poco antes de que llegaras me dejó bien claro que su cuerpo también iba incluido en el lote.

 

-Está desesperada. Si hubieras aceptado, se hubiera desmayado del susto.

Él se estremeció.

 

-Una quinceañera no está en mi lista de perversiones favoritas.

-¿Qué clase de perversiones...? -Dani se mordió la lengua. ¿Cuándo iba a comenzar a pensar antes de hablar?

 

Kevin le brindó una sonrisa enloquecedora que le puso la piel de gallina.

 

-Será más divertido que lo vayas averiguando poco a poco.

 

-¿Por qué no me lo dices ahora?

-Espera y verás.

 

Dani lo observó.

 

-¿Incluye algo con...? No, claro que no.

 

-Estás pensando en los látigos otra vez.

-No, por supuesto que no -mintió.

-Bien. Porque no tienes por qué preocuparte de eso. - Kevin hizo una pausa significativa. -Si lo hago bien no duele en absoluto.

 

Dani abrió los ojos de par en par.

 

-¡Deja de hacer eso!

 

-¿El qué?

 

La expresión inocente de Kevin no la engañó ni por un instante.

 

-Deja de plantar todas esas dudas en mi cabeza.

-No soy yo quien planta dudas en tu cabeza. Lo haces tú sólita.

-Sólo porque tú sigues diciendo esas cosas. No me gusta que me tomes el pelo. Sólo tienes que responderme sí o no. ¿Alguna vez le has dado latigazos a una mujer?

-¿Sólo sí o no?

-Eso he dicho, ¿no?

-¿Sin ninguna aclaración?

-Sin ninguna aclaración.

-Bueno, entonces sí. Sí, definitivamente le he dado latigazos a una mujer.

-Vale, será mejor que me lo aclares -dijo ella débilmente tragando saliva.

-Lo siento, cariño, pero ya te he respondido. -Con una amplia sonrisa, él se sentó detrás del escritorio. -Tengo mucho trabajo que hacer, quizá sea mejor que me digas para qué querías verme.

 

Pasaron varios segundos antes de que Dani lograra recordar lo que la había llevado hasta allí.

 

-Se trata de Glenna.

 

-¿Qué pasa con ella?

 

-Es un animal grande y su jaula es muy pequeña. Necesita una nueva.

 

-¿Nada más? ¿Sólo quieres que compremos una jaula nueva? -replicó él con ironía.

 

-Es inhumano que la pobre viva en un lugar tan estrecho. Se la ve muy deprimida, Kevin. Tiene esos deditos tan suaves, y los saca por los barrotes como si necesitara el contacto de otro ser vivo. Y ése no es el único problema que tenemos. Las jaulas son tan viejas que no son de fiar. La del leopardo se cierra sólo con un alambre.

 

Kevin cogió un lápiz y tamborileó con él la gastada superficie del escritorio.

 

-Estoy de acuerdo contigo. Odio esa condenada exposición de fieras, me parece inhumana, pero las jaulas son caras y Sheba aún se está pensando si deshacerse de esos anímales o no. Por ahora tendrás que arreglártelas como puedas. - Kevin desplazó la mirada a la ventana y la silla rechinó cuando se reclinó para ver mejor. -Vaya, mira ahí fuera. Parece que tienes visita.

 

Ella siguió la dirección de la mirada y vio a un elefantito con la correa colgando delante del vagón rojo,

 

-Es Tater. -Cuando ella lo miró, el elefante levantó su trompa y bramó como un trágico héroe que vagara por el mundo en busca de su amor perdido. -¿Qué hace ahí?

 

-Supongo que estará buscándote. - Kevin sonrió. -Los elefantes crean fuertes

vínculos familiares, y Tater parece haberlo establecido contigo.

 

-Es un poco grande para ser mi mascota.

 

-Me alegra oír eso, porque por mucho que me lo pidas jamás dormirá en nuestra cama.



Sheba estaba de un humor de perros cuando se acercó a Kevin. Esa mañana Brady le había dicho que Dani no estaba embarazada. La idea de que esa mujer llevara a un Markov en su vientre era tan aborrecible que debería haberse sentido aliviada, pero por el contrario se le había puesto un nudo de angustia en la boca del estómago. Si Kevin no se había casado con Dani porque estaba embarazada, entonces lo había hecho porque quería. Lo había hecho porque la amaba.

 

La bilis la corroía por dentro. ¿Cómo podía Kevin amar a esa pobre e inútil niña rica cuando no la había amado a ella?

¿No veía lo indigna que era Dani? ¿Habría perdido Kevin todo su orgullo?

 

En ese momento la intención de Sheba era poner en práctica el plan que hacía días que le rondaba la mente. Tenía cabeza para los negocios -siempre pensaba en lo mejor para el circo, por encima de sus sentimientos perenales, -pero lo que se le había ocurrido haría que Kevin viera con otros ojos a su esposa.

 

Se detuvo detrás de él mientras éste estaba trajinando en la grúa de montaje del circo. La camiseta húmeda K le pegaba a los firmes músculos de la espalda. Recordó el tacto de esa piel tensa bajo las manos, pero en lugar de excitarla ese recuerdo hizo que sintiera asco de sí misma. Sheba Quest, la reina de la pista central, le había robado a ese hombre que la amara y él la había rechazado. El rencor hizo que se le revolviera el estómago.

 

-Tenemos que hablar sobre tu número.

 

Él cogió un trapo grasiento y se limpió las manos con él. Kevin siempre había sido un mecánico de primera y reparar la grúa no era un problema para él, aunque hora mismo Sheba no sentía ningún tipo de gratitud por el dinero que le ahorraba.

 

-Dime.

 

La mujer levantó la mano para protegerse los ojos del sol, tomándose su tiempo, haciéndole esperar. Tardó un buen rato en hablar.

-Deberías hacer algún cambio. No lo has hecho desde la última gira y aún

queda demasiada temporada para seguir repitiendo lo mismo.

-¿Qué has pensado?

 

Sheba cogió las gafas de sol con las que se retiraba d pelo de la cara.

 

-Quiero que Dani intervenga en tu número.

 

-Olvídalo.

 

-¿Crees que no podrá hacerlo?

 

-Sabes muy bien que no.

 

-Bueno, pues tendrá que hacerlo. ¿O es que ahora es ella quien lleva los pantalones en tu casa?

 

-¿Qué pretendes, Sheba?

 

-Dani es ahora una Markov. Es hora de que comience a comportarse como tal.

 

-Eso es asunto mío, no tuyo.

 

-No mientras yo siga siendo la dueña del circo, Dani sabe cómo meterse al público en el bolsillo y tengo intención de aprovecharlo. -Le dirigió a Kevin una larga y dura mirada. -Quiero que actúe en el espectáculo, Kevin, te doy dos semanas para prepararla. Si se niega a hacerlo recuérdale que, si quiero, todavía puedo denunciarla.

 

-Estoy harto de tus amenazas.

 

-Entonces limítate a pensar en lo que es mejor para el espectáculo.



Kevin terminó de reparar la grúa y se dirigió a la caravana para lavarse las manos llenas de grasa. Mientras tomaba el cepillo de las uñas y el jabón de debajo del fregadero, se obligó a reconocer que Sheba tenía razón. Dani sabía cómo camelar al público y, aunque no había querido admitirlo antes, ya había pensado en incluirla en el número. Su reticencia provenía de lo difícil que sería entrenarla.

 

Todas las ayudantes con las que había trabajado en el pasado habían sido artistas con experiencia y no les daban miedo los látigos. Pero Dani sentía terror. Si se sobresaltaba cuando no debía...

 

Ahuyentó ese pensamiento. Podía entrenarla para que no se sobresaltase y permaneciese completamente inmóvil. Su tío Sergey lo había entrenado a él y lo había hecho tan bien que incluso cuando la función terminaba y aquel pervertido hijo de puta lo hostigaba por alguna ofensa imaginaria, Kevin no había movido ni un solo músculo.

 

Su mente había recorrido aquel tortuoso camino de su infancia más veces de

las que quería recordar y no quería remover aquella mierda otra vez, así que apartó un lado aquellos viejos recuerdos. Había otra ventaja en utilizar a Dani como ayudante, una más importante que el simple hecho de cambiar el número, le daría a él una razón válida para mandarle menos trabajo, una razón contra la que ella no podría discutir.

 

Aún no podía creer que Dani se hubiera negado a permitir que le facilitara las cosas. Esa mañana Kevin había vuelto a insistir, pero algo en la expresión de su esposa lo había hecho desistir. El trabajo era importante para ella; se había dado cuenta de que Dani lo consideraba una especie de prueba de supervivencia.

 

Pero a pesar de lo que ella pensaba, él no tenía intención de permitir que acabara agotada. Lo supiera Dani o no, actuar en la pista central con él era mucho menos duro que recoger estiércol de elefante. O limpiar jaulas.

 

Mientras se lavaba las manos y se las secaba con una toalla de papel, recordó lo frágil que la había sentido bajo ellas la noche anterior. La manera de hacer el amor de su esposa había sido tan buena que lo asustaba. No se lo había esperado, nunca se hubiera imaginado que Dani tuviera tantas facetas: inocente y tentadora, infantil e insegura, agresiva y generosa. Había querido conquistarla y protegerla al mismo tiempo, y ahora estaba jodidamente confundido.

 

Al otro lado del recinto, Dani salió del vagón rojo. A Kevin no le agradaría descubrir que había hecho un par de llamadas a larga distancia con su móvil, pero ella estaba más que satisfecha con lo que había aprendido del guardián del zoo de San Diego. El hombre le había sugerido algunos cambios que ella intentaría llevar a cabo: tenía que reajustar la dieta de los animales, darles vitaminas extras y cambiar los horarios de alimentación.

 

Caminó hacia la caravana, donde había visto dirigirse a su marido unos minutos antes. Al terminar las tareas en la casa de fieras había ido a echarle una mano a Digger, pero el hombre le había dicho con un gruñido que no necesitaba su ayuda, así que Dani había decidido aprovechar esas horas libres para ir a la biblioteca de la localidad. La vio al pasar por el pueblo y quería investigar un poco más sobre los animales. Pero antes tenía que conseguir que Kevin le dejara las llaves de la camioneta, cosa que, hasta entonces, no había conseguido.

 

Cuando ella entró en la caravana, él estaba delante del fregadero lavándose las manos. La atravesó una especie de vértigo absurdo. Kevin era demasiado grande para un lugar tan estrecho y Dani pensó que aquella oscura presencia que él poseía parecía mucho más adecuada para vagar por un páramo inglés del siglo XIX que para viajar con un circo itinerante del siglo XX. Kevin se volvió y ella contuvo el aliento ante el impacto de esa mirada color ámbar.

 

-¿Podrías dejarme las llaves de la camioneta? -dijo Dani cuando recuperó la voz. -Tengo que hacer unos recados.

 

-¿Vas a ir a comprar tabaco?

 

-Por si no te has dado cuenta, he dejado de fumar.

 

-Estoy orgulloso de ti. - Kevin lanzó la toalla de papel a la basura y Dani observó cómo la camiseta se le pegaba al pecho húmedo de sudor. Tenía una mancha de grasa en el brazo. -Te llevaré dentro de una hora o así.

 

-Puedo ir sola. Esta mañana vi una lavandería al lado de la biblioteca del pueblo. He pensado que podría hacer la colada y, al mismo tiempo, pillar algún libro. ¿Te parece bien?

 

-Genial. Pero prefiero llevarte yo.

 

-¿Tienes miedo de que te robe la camioneta?

 

-No. Es sólo que... la camioneta no es mía. Es del circo y no creo que tú debas conducirla.

 

-Soy una conductora excelente. No voy a darle ningún golpe.

 

-Eso no puedes asegurarlo.

 

Dani tendió la mano decidida a salirse con la suya.

 

-Por favor, dame las llaves.

 

 

-Te acompañaré y aprovecharé para coger un libro de la biblioteca.

Ella le dirigió su mirada más intimidante.

 

-Las llaves, por favor.

Él se frotó la barbilla con los dedos como si considerase la idea.

 

-Hagamos un trato. Desabróchate la camisa y te daré las llaves.

 

-¿Qué?

 

-Es mi mejor oferta. O la tomas o la dejas.

 

Al observar el brillo divertido en los ojos de Kevin Dani se preguntó cómo alguien tan serio podía tener una naturaleza tan juguetona cuando se trataba de sexo.

 

-¿De verdad esperas que yo...?

 

-Aja. - Kevin se apoyó en el fregadero y se cruzó de brazos, esperando.

 

Una ardiente llamarada de excitación atravesó el cuerpo de Dani al ver el deseo en los ojos de Kevin. No estaba segura de estar preparada para otro encuentro sexual con él, pero por otra parte... ¿qué daño podía hacerle jugar un rato? La humedad de la blusa le recordó que llevaba toda la mañana trabajando y que estaba sucia. Aunque por otro lado, él también lo estaba y, después de todo, sólo retozarían un poco. Entonces ¿qué importaba lo demás?

 

Lo miró por encima del hombro con un gesto altivo.

 

-No acostumbro a utilizar mi cuerpo como moneda de cambio. Es ofensivo.

 

-Siento que pienses así. -Sacó las llaves del bolsillo y, con exagerada

inocencia, las lanzó al aire y las cogió con la mano.

 

La suave piel de los pechos de Dani se erizó bajo la húmeda camisa y los pezones se le pusieron como guijarros.

 

-¿De verdad te gustaría que hiciera algo así?

 

-Cariño, me encantaría.

 

Conteniendo una sonrisa, Dani se desabrochó lentamente el botón superior.

-Está bien, pero sólo una miradita. -Una vocecilla interior le dijo que estaba jugando con fuego, pero la ignoró.

-Con una miradita conseguirás la llave de la puerta, pero no la del contacto.

 

Dani se desabrochó otro botón.

 

-¿Qué tendría que hacer para conseguir la llave del contacto?

-¿Llevas sujetador?

 

-Sí.

 

-Pues quitártelo.

 

Dani sabía que debería poner fin al juego en ese momento, pero se desabrochó el siguiente botón.

 

-Bueno, supongo que como eres el responsable de la camioneta, es normal que pongas tú las reglas.

 

-Quizá debería pensármelo un poco más.

 

-No hagas que me ponga duro. -El ronco susurro de Kevin no era amenazador, pero hizo que Dani se pusiera a temblar.

-Ya que te pones así... -abrió la blusa, mostrando un sujetador con un estampado floral.

-Quítatelo también.

 

Dani se lo acarició con la mano, pero no lo abrió.

 

-Haz lo que te digo y nadie resultará herido.

 

Dani no pudo ocultar una sonrisa mientras abría el broche. Se desprendió lentamente de las húmedas copas de encaje que le cubrían los pechos y se exhibió ante él con descarado atrevimiento, sin haberse desnudado del todo, pero con la blusa abierta y los pechos desnudos.

 

-Eres preciosa. -El susurrante cumplido de Kevin la hizo sentir la mujer más bella del mundo.

 

-¿Lo bastante para que me des la llave del contacto?

 

-Lo suficiente para que te dé toda la puta camioneta.

 

En dos pasos la tomó entre sus brazos. Kevin bajó la cabeza con rapidez y le cubrió la boca con la suya, y Dani sintió que el mundo comenzaba a girar como un loco carrusel. Él se deshizo de la camisa de Dani fácilmente, bajándosela por los hombros;

 

-Estoy sucia y sudada.

-Yo también, así que no hay problema. -Con un rápido movimiento Kevin se quitó la manchada camiseta por la cabeza. -Vas demasiado vestida para mi gusto.

 

Dani se deshizo de los zapatos y se desabrochó los vaqueros, pero al parecer no con la suficiente rapidez para él.

 

-¿Por qué tardas tanto? -En unos instantes Kevin le había arrancado la ropa para dejarla tan desnuda como él.

 

Los ojos de Dani recorrieron el cuerpo de su marido, los músculos marcados, la piel morena y el vello del pecho donde resaltaba la medalla esmaltada. Tenía que preguntarle por ella. Tenía que preguntarle muchas cosas.

 

Cuando Kevin se dejó caer junto a ella, Dani inhaló el carnal olor a sudor, producto del trabajo duro, y se preguntó por qué no se sentía asqueada. Lo primitivo de aquel encuentro la excitaba de una manera que nunca hubiera creído posible. El desenfreno que sentía la hacía avergonzarse.

 

-T-tengo que ducharme.

 

-Después. - Kevin cogió un condón del cajón de la mesilla, lo abrió y se lo puso.

 

-Pero estoy muy sucia.

 

Él le separó las rodillas.

 

-Quiero que disfrutes, Dani.

 

Ella gimió y le mordió el hombro cuando se apretó contra ella. Su piel le supo a sal y a sudor; lo mismo que él saboreaba en sus pechos. Se le puso un nudo en la garganta.

 

-De verdad, Kevin, tengo que ducharme.

-Después.

-Oh, Dios mío, ¿qué me estás haciendo?

-¿Te gusta?

-¿Te gusta a ti?

-Sí. ¿Quieres más?

-Sí, oh, sí.

 

Olores y sabores. Caricias. Sudor y fuerza bajo las palmas de las manos de Dani mientras Kevin embestía una y otra vez.

 


Dani dejó la cama en cuanto pudo y se metió en el cuarto de baño. Mientras el agua caía sobre su cuerpo se estremeció por esa desconocida y salvaje parte de sí misma ¿Era sagrada o profana? ¿Cómo podía abandonarse de esa manera a un hombre al que no amaba? Aquella pregunta la atormentaba.

Cuando salió del baño envuelta en una toalla, con la piel limpia y el alma confusa, Kevin estaba apoyado en el fregadero. Se había vuelto a poner los vaqueros sucios y sostenía una cerveza en la mano.

 

La miró fijamente y frunció el ceño.

 

-Vas a complicarlo todo, ¿verdad?

 

Ella cogió ropa limpia del cajón y le dio la espalda para vestirse.

 

-No sé a qué te refieres.

-Lo veo en tu cara. Estás dándole vueltas a lo que acaba de ocurrir.

-¿Y tú no?

-¿Por qué iba a hacerlo? Es sólo sexo, Dani. Es divertido y ardiente. Y no hace falta enredarlo más.

 

Ella señaló la cama con la cabeza.

 

-¿Te ha parecido algo sencillo?

-Ha estado bien. Eso es todo lo que importa.

 

Dani se subió la cremallera de los pantalones cortos y se puso unas sandalias.

-Te has acostado con muchas mujeres, ¿verdad?

 

-No de manera indiscriminada, si es eso lo que quieres decir.

 

-¿Ha sido así siempre?

 

Kevin vaciló.

-No.

Por un momento, desapareció parte de la tensión de Dani.

-Me alegro. Quiero que signifique algo.

 

-Lo único que significa es que, aunque nos cueste comunicarnos a nivel mental, nuestros cuerpos no encuentran ninguna dificultad para hacerlo.

 

-No creo que sea tan sencillo.

 

-Para mí sí.

 

-La tierra se ha movido -dijo ella suavemente. -Es algo más que dos cuerpos que se atraen.

 

-A veces sucede, a veces no. A nosotros nos pasa y punto.

 

-¿De verdad crees eso?

 

-Dani, escúchame. Si comienzas a imaginar cosas que no van a ocurrir, lo único que conseguirás es salir herida.

-No sé lo que quieres decir.

 

Kevin la miró fijamente a los ojos y ella sintió como si estuviera mirándole el alma.

-No voy a enamorarme de ti, cariño. No ocurrirá. Me importas, pero no te amo.

 

Cómo herían esas palabras. ¿De verdad era amor lo que quería de él?

 

Ciertamente, lo deseaba. Lo respetaba. ¿Pero cómo era posible llegar a amar a alguien que sentía tan poco aprecio por ella? En lo más profundo de su alma sabía que a ella le resultaría muy difícil amar a un hombre como Kevin Markov.

 

Él necesitaba a alguien tan terco y arrogante como él, alguien obstinado e imposible de intimidar, una mujer que no se echara a temblar ante todos esos oscuros ceños y que le respondiera de la misma manera. Una mujer que se sintiera como en casa en el circo, que no temiera a los animales ni el trabajo agotador. Necesitaba a Sheba Quest.

 

Los celos la inundaron. Aunque reconocía la lógica de que Kevin y Sheba eran perfectos el uno para el otro, su corazón rechazaba la idea.

 

Vivir con él le había enseñado algo de orgullo, y Dani irguió la cabeza.

 

-Lo creas o no, no me he pasado todo el tiempo pensando en cómo voy a conseguir que te enamores de mí. -Cogió la cesta de ropa que se iba a llevar a la lavandería. -De hecho, no quiero tu amor. Lo que sí quiero son las llaves de la maldita camioneta.

 

Las cogió del mostrador y salió corriendo hacia la puerta. Él se movió con rapidez para bloquearle el paso. Kevin le quitó la cesta de las manos.

 

-No pretendo hacerte daño, Dani -dijo. -Me importas. No quería que fuera así, pero no puedo evitarlo. Eres dulce y graciosa, y me encanta mirarte.

 

-¿De veras?

 

-Aja.

 

Dani alargó la mano para limpiarle con el pulgar una mancha del pómulo.

 

-Bueno, a pesar de que eres un hombre con muy mal genio, también me gusta

mirarte.

 

-Me alegro.

 

Ella sonrió e intentó coger de nuevo la cesta de la ropa sucia, pero él no se la dio.

 

-Antes de que te vayas... Sheba y yo hemos hablado. A partir de ahora tendrás una nueva tarea.

 

Ella lo miró con cautela.

 

-Ya estoy ayudando con los elefantes y con las fieras. No creo que tenga tiempo para hacer nada más.

 

-A partir de ahora, ya no te encargarás de los elefantes, y Trey se hará cargo de la casa de fieras.

 

-Los animales son responsabilidad mía.

 

-Bien. Puedes supervisarlo si quieres. El hecho es, Dani, que le gustas al público y Sheba quiere aprovecharse de ello. Actuarás conmigo. -Ella clavó los ojos en él. -Comenzaré a entrenarte mañana.

 

Dani se dio cuenta de que le rehuía la mirada.

 

-¿Entrenarme para que haga qué?

 

-Tu trabajo consistirá en estar quieta y hermosa.

 

-¿Y qué más?

 

-Tendrás que ayudarme. No será difícil.

 

-Ayudarte. ¿A qué te refieres con eso de ayudarte?

 

-Sólo eso. Lo hablaremos mañana.

 

-Dímelo ahora.

 

-Sostendrás algunas cosas, eso es todo.

 

-¿Sostenerlas? -Dani tragó saliva. -¿Las arrancarás de mi mano?

 

-De tu mano -Kevin hizo una pausa, -de tu boca.

 

Dani palideció.

 

-¿De mi boca?

 

-Es un truco fácil. Lo he hecho centenares de veces, y no debes preocuparte de nada. -Kevin abrió la puerta y le puso la cesta en los brazos. -Si quieres pasarte por la biblioteca, será mejor que te vayas ya. Te veré más tarde.

 

Con un suave empujón la echó afuera. Dani se dio La vuelta para decirle que de ninguna manera pensaba actuar en la pista central con él, pero Kevin le cerró la puerta en las narices antes de que pudiera pronunciar una sola palabra.

 

CAPITULO 9 PARTE 3 BESAR A UN ANGEL :)


Al otro lado del recinto, Sheba tomaba un refresco y se pintaba las uñas de los pies. A Dani le goteaba el sudor por los ojos, haciendo que le picaran, pero tenía las manos demasiado sucias para enjugarse la cara.

 

-¿Quieres apresurarte, Dani? -gritó Neeco, mientras Charlene soltaba una risita tonta. -Está entrando otra carga.

 

Algo dentro de Dani explotó. Estaba harta de ser el chivo expiatorio de todos. Estaba cansada de que los elefantes la tiraran y de que los seres humanos la despreciaran.

 

-¿Sabes qué te digo? ¡Que lo hagas tú mismo! -Arrojó al suelo el rastrillo y se alejó con paso airado. Ya había tenido suficiente. Iba a buscar a Kevin y a exigirle que le comprara ese billete de

avión. Nada podía ser tan malo como eso.

 

Un gran rugido resonó en el recinto. En ese momento, le comenzó a arder la piel y su deshidratada garganta clamó por agua. Vio una manguera enganchada al camión del agua, que serpenteaba hasta la zona de las fieras. Corrió hacia ella, presa del pánico porque jamás se había sentido tan acalorada.

 

Una vez más oyó el rugido, y le sorprendió ver a Sinjun en su jaula cociéndose bajo el sol. Oleadas de calor rebotaban contra el asfalto, y las rayas naranjas y negras del tigre parecían brillar débilmente.

 

No todos los animales estaban debajo de la carpa de las fieras. Algunos estaban en una pequeña zona cercada entre la carpa de los animales y el circo. Chester, un camello de aspecto enfermizo, no estaba demasiado lejos de allí, al lado de Lollipop, una llama de ojos somnolientos. Un gran toldo de nailon blanco, un tanto gastado, les daba sombra; pero nada protegía a Sinjun del sol inclemente que lo golpeaba a través de los barrotes de la jaula. Igual que ella, Sinjun parecía haber sido escogido para que los demás abusaran de él.

 

El animal clavó los ojos en Dani con amarga resignación, sin siquiera molestarse en mover las orejas. Detrás de él, la llama emitió un sonido extraño, pero el camello no le hizo ni caso. El calor del asfalto traspasaba la suela de las deportivas de Dani y le quemaba los pies. Le goteaba el sudor entre los pechos. Los ojos de Sinjun le taladraron el alma. «Calor. Tengo calor.»

 

Dani odiaba ese lugar donde los animales se exhibían en jaulas.

 

El extraño sonido de la llama reverberó en sus oídos. Le dolía la cabeza y tenía el estómago revuelto por el olor a moho del toldo de nailon. Instintivamente dio un paso atrás, intentando alejarse del sol, y de esos tristes animales, del horrible calor y de ese olor nauseabundo. Pisó un charco. Miró hacia abajo y vio una fuga en la manguera que llevaba el agua al abrevadero.

 

Sin ni siquiera pensar lo que estaba haciendo, corrió hacia donde la manguera se conectaba a la boquilla de latón. La tomó y cortó el flujo del agua. Hasta que sólo cayeron unas gotas en sus manos.

 

Entrecerró los ojos ante el resplandor que se reflejaba en el sucio toldo blanco y sintió los ojos de Sinjun quemándola, derritiéndole la piel.

 

«Calor. Tengo tanto calor.»

 

Dani miró el agua fría que le goteaba en las manos. Accionó la boquilla de nuevo, levantó la manguera y comenzó a rociar agua fría en la jaula de tigre.

 

¡Sí!

 

Al momento sintió el alivio del animal en su propio cuerpo.

 

-¡Eh! -Digger se acercó a ella corriendo tan deprisa como sus artríticas rodillas se lo permitían. -¡Detente, Dani! Para de una vez, ¿me has oído?

 

El tigre le enseñó los dientes al anciano. Dani se giró con rapidez y lanzó el chorro de agua fría al hombre, mojándole la mugrienta camisa de trabajo.

 

-¡No te acerques!

 

Digger se detuvo.

 

-¿Qué estás haciendo? ¡Vas a matar al tigre! A los felinos no les gusta el agua.

 

Volvió a dirigir el chorro al tigre y sintió un fresco alivio en los huesos, como si estuviera mojándose ella misma.

 

-A éste sí.

 

-¡Te he dicho que te detengas! No puedes hacer eso.

 

-A Sinjun le gusta. Míralo, Digger.

 

Cierto, en vez de alejarse del agua, el tigre se recreaba en ella, permaneciendo inmóvil bajo el chorro. Mientras continuaba mojando al felino, Dani quiso decirle a Digger que eso no habría sido necesario si él hubiera hecho mejor su trabajo, pero sabía que el pobre hombre no podía hacer más de lo que hacía y se mordió la lengua.

 

-¡Dame eso!

 

Neeco se había plantado detrás de ella y alargó el brazo para quitarle la manguera de la mano. Pero Dani va estaba harta de

Neeco Martin y no dejó que se la arrebatara.

 

El agua cambió de dirección. Dani soltó un jadeo al sentir toda la fuerza del chorro en la cara, pero no soltó la manguera.

 

Él le retorció la muñeca.

 

-¡Detente, Dani! Dame la manguera.

 

El rugido enloquecido de Sinjun vibró a través del pesado aire de la tarde, ahogando por completo el alboroto habitual del circo. La jaula tembló cuando Sinjun lanzó su enorme cuerpo contra los barrotes, casi como si estuviera intentando llegar a Neeco para protegerla. Alarmado, el domador soltó la muñeca de Dani y se volvió hacia los rugidos.

 

Sinjun aplanó las orejas contra la cabeza y le siseó al hombre. Dani le arrancó de un tirón la manguera.

 

-Condenado tigre loco -masculló Neeco. -Alguien debería haberlo doblegado hace años.

 

Dani envió otro chorro de agua a la jaula. Con más seguridad de la que sentía, le dijo:

 

-No le gusta que te metas conmigo.

 

-Mira eso, Neeco -dijo Digger. -A ese cabrón le gusta el agua.

 

-¿Qué coño pasa aquí?

 

Todos se volvieron hacía Kevin, que se acercaba a ellos. Dani se limpió los ojos con la manga de la camisa sucia mientras seguía apuntando el chorro de agua hacia la jaula del tigre.

 

- Dani ha decidido duchar a Sinjun -dijo Neeco.

 

-¿Duchar a Sinjun? - Kevin la observó con esos inescrutables ojos rusos.

 

-Sinjun tenía calor -explicó ella débilmente. -Quería que lo refrescara.

 

-¿Te lo ha dicho él?

 

Dani estaba demasiado agotada para responder. Además, ¿cómo podía explicarle que Sinjun se había comunicado con ella? Ni siquiera ella podía comprender esa especie de conexión mística que parecía tener con el tigre.

 

Dirigió el chorro del agua al barro que se había acumulado en el fondo de la jaula.

 

-Estas jaulas están asquerosas. Habría que limpiarlas con más frecuencia.

 

Digger se mostró ofendido.

 

-Yo no puedo con todo. Si crees que las jaulas están asquerosas, quizá deberías limpiarlas tú misma.

 

-Vale. Lo haré.

 

¿Qué estaba diciendo? Sólo unos minutos antes, había decidido irse de allí, y ahora se ofrecía voluntaria para echarse más trabajo a la espalda. ¿Cómo iba a poder encargarse de otra tarea si casi no lograba terminar las que le asignaban?

 

Kevin frunció el ceño.

 

- Dani, tú ya haces demasiado. Apenas te mantienes en pie y no quiero que hagas nada más.

 

La joven ya estaba un poco harta de que su marido le dijera lo que podía o no podía hacer.

 

-Ya he dicho que lo haría, y lo haré. Ahora, a menos que Neeco y tú queráis acabar tan mojados como Digger, será mejor que me dejéis sola.

 

La sorpresa brilló en los ojos de Kevin. Neeco la presionó más.

 

- Dani no consigue siquiera terminar las tareas que le asigno.

¿Cómo se va a ocupar también de las fieras?

 

-No lo hará -dijo Kevin firmemente.

-Lo haré.

- Dani...

 

-No puedes decirme lo que tengo que hacer en mi tiempo libre.

-No tienes tiempo libre -le recordó.

 

-Entonces supongo que tendré que trabajar más rápido.

 

Él la miró durante un buen rato. Dani vio brillar en sus ojos algo

que no pudo comprender del todo. ¿Un poco de reconocimiento?

 

¿Un atisbo de respeto?

 

-¿De verdad quieres hacerlo? -le preguntó él.

-Sí.

-¿Estás segura de saber lo que haces?

 

Ella le sostuvo la mirada sin pestañear.

-No tengo la menor idea.

 

Una emoción que casi parecía ternura brilló en los ojos de Kevin, pero desapareció tan pronto como éste asintió bruscamente con la cabeza.

 

-Vale, estarás a prueba durante unos días. Puedes trabajar aquí un par de horas a primera hora de la mañana y luego te encargarás de hacer lo que te mande Neeco.

 

Digger comenzó a protestar.

 

-¡Pero necesito ayuda! ¡No puedo hacerlo todo yo solo!

-Tampoco puede hacerlo Dani -dijo Kevin en voz baja.

 

Sorprendida, la joven clavó los ojos en él. Él arqueó una ceja.

-¿Algo más?

 

Dani acababa de recordar que le daban miedo los animales, pero no era el momento de sacar el tema a colación y negó con la cabeza.

 

-Entonces, serás tú quien se ocupe de las fieras.

 

Mientras Kevin se alejaba, Dani pensó que cada vez que lo consideraba el malo de la película, él la sorprendía. También se dio cuenta de que ya no le daba miedo. No de verdad. Kevin tenía unas reglas duras y, para Dani, injustas, pero siempre se ceñía a ellas y Dani no podía imaginárselo comprometiéndose en algo en lo que no creyera.

 

Durante las horas siguientes, regó las jaulas con la manguera y limpió la porquería acumulada mientras intentaba mantenerse lo más alejada posible de los animales. Cuando por fin terminó, estaba incluso más sucia que cuando empezó, dado que se había añadido barro a la mugre que la cubría.

 

Convenció a uno de los trabajadores para que moviera la jaula de Sinjun a la sombra, luego le puso heno limpio a Chester y a Lollipop. El camello intentó patearla, pero la llama se mantuvo tranquila, y cuando Dani miró los ojos somnolientos de Lollipop, decidió que por fin había encontrado un animal que le gustaba.

 

-Eres toda una dama, Lollipop. Nos vamos a llevar muy bien.

 

La llama movió los belfos y le lanzó un escupitajo maloliente.

 

Eso era gratitud, sí señor.

 

 

 

holaaaaaa chikitaaaasss como estaaaaan espero les haya gustaado el caaapp....

buenooo las dejo....


 

 

BESAR A UN ANGEL

 

CAPÍTULO 09


Dani estaba sobre la rampa del camión a las diez de la mañana siguiente. Tenía los músculos de las piernas agarrotados y le dolían a cada paso que daba. Además sentía como si le hubieran estirado los brazos en un potro de tortura.

 

-Lo siento, Digger. Me he quedado dormida.

 

A pesar de lo cansada que estaba la noche anterior, se había despertado a eso de las tres de la madrugada tras un sueño en el que Kevin y ella navegaban en una barca rosa con forma de cisne por un anticuado túnel del amor. Kevin la besaba y la miraba con tal ternura que ella se había sentido como si su cuerpo se fundiera con la barca, con el agua y con el propio Kevin. Había sido esa sensación lo que la había despertado y lo que la había hecho reflexionar, tumbada en el sofá, sobre el doloroso contraste entre aquel bello sueño y la realidad de su matrimonio.

 

Cuando llegaron a la amplia explanada de High Point, en Carolina del Norte, el remolque que transportaba a los elefantes aún no había aparecido, y se había metido en la camioneta para echar una siesta. Dos horas después, se había despertado con el cuello rígido y dolor de cabeza.

 

Desde lo alto de la rampa vio que Digger casi había terminado de retirar el estiércol del camión. La sensación de alivio se mezcló con una punzada de culpabilidad. Ése era su trabajo.

 

-Deja que siga yo.

 

-Lo peor ya está hecho. -Habló como un hombre que estaba

acostumbrado a esperar lo peor de la vida.

 

-Lo siento, no ocurrirá de nuevo.

 

Él sorbió por la nariz y la miró como diciendo que se lo creería cuando lo viera.

 

Desde donde estaba, Dani tenía una amplia vista de la nueva localización del circo, situado entre un Pizza Hut y una gasolinera. Según le había dicho Kevin, la mayor parte de los miembros del circo preferían instalarse en un terreno liso y asfaltado, aunque eso significara tener que reparar antes de marcharse todos los agujeros que hicieran para clavar las estacas.

 

Oyendo de fondo el rítmico golpeteo de los hombres que montaban el circo, miró hacia atrás y vio a  Beatriz sentada en una silla delante de su caravana. Sheba estaba de pie detrás de ella haciéndole una trenza. También había visto cómo la dueña del circo echaba una mano a los trabajadores y ayudaba a levantarse al pequeño de los Lipscomb, de seis años, cuando se caía. Sheba Quest era una mujer llena de contradicciones: con Dani se comportaba como una bruja malvada, pero con todos los demás era una persona muy amable.

 

Sintió que le tiraban del pantalón. Cuando bajó la vista vio que era la trompa de Tater, que estaba al pie de la rampa, mirándola con adoración a través de unas pestañas ridículamente rizadas.

 

Digger se burló de ella.

 

-Tu novio ha venido a verte.

-Pues se va a llevar un chasco. No me he puesto perfume.

 

-Supongo que tendrá que acercarse más para comprobarlo por sí mismo. Llévalo con los demás, ¿de acuerdo? Hay que darles de beber. El pincho está allí dijo, señalando con la cabeza el objeto apoyado contra el camión.

 

Ella miró el pincho con autentica aversión. Al fondo de la rampa, Tater barritó y giró sobre sí mismo, como si estuviera llamándola. Luego se detuvo, y levantó una pata tras otra como si fuera un bebé pataleando. O mucho se equivocaba Dani o todo eso era por ella.

 

-¿Qué voy a hacer contigo, Tater? ¿No te das cuenta del miedo que me das?

 

Armándose de valor, se acercó al fondo de la rampa mientras se metía la mano en el bolsillo para sacar una zanahoria mustia que había encontrado en la nevera. Esperaba que la siguiera al ver que iba a alimentarlo, y le ofreció la hortaliza con una mano temblorosa.

 

El animalito alargó la trompa y olisqueó la zanahoria con delicadeza, haciéndole cosquillas en la palma de la mano. Ella retrocedió un paso, utilizando la zanahoria como cebo para llevarlo con los demás. Tater se la arrebató de la mano y se la llevó a la boca.

 

Dani observó con aprensión la mano ahora vacía mientras el alargaba la trompa hacia ella otra vez.

 

-N-no tengo más.

 

Pero no era comida lo que él quería; era perfume.

 

Metió la trompa por el cuello de la camiseta de Dani buscando el olor que tanto le gustaba.

 

-Amiguito... lo siento... yo...

 

¡Zas! Con un dramático barrito, Tater le dio un golpe con la trompa y la tiró al suelo. Dani gritó. Al mismo tiempo, Tater levantó la cabeza y volvió a barritar, anunciando al mundo la profunda traición de la que acababa de ser objeto: ¡ Dani no llevaba perfume!

 

- Dani, ¿estás bien? - Kevin apareció de la nada y se puso en cuclillas a su lado.

 

-Estoy bien. -Hizo una mueca de dolor al sentir una punzada en la cadera.

 

-¡Maldita sea! No puedes dejar que este animal continúe haciéndote eso. Sheba me ha dicho que ayer también te tiró.

 

Por supuesto, Sheba no había podido resistirse a dejar pasar algo como eso, pensó Dani, tensándose al cambiar de postura.

 

Por el rabillo del ojo, vio cómo Neeco se acercaba a grandes zancadas hacia ellos.

-Yo me encargaré de esto -les dijo.

Dani soltó un grito ahogado cuando lo vio coger el pincho.

 

-¡No! ¡No le pegues! Ha sido culpa mía. Yo... -Ignorando el dolor, se obligó a ponerse de pie y se interpuso de un salto entre Neeco y Tater, pero llegó demasiado tarde.

 

Horrorizada, observó cómo Neeco golpeaba al elefantito en aquel lugar sensible detrás de la oreja. Tater soltó un agudo chillido y retrocedió. Neeco se acercó de nuevo a él, levantando el pincho para propinarle un segundo golpe.

 

-Ya basta, Neeco.

 

Dani no oyó las suaves palabras de advertencia de Kevin porque ya se había lanzado sobre la espalda de Neeco.

 

-¡No vuelvas a pegarle! -con un grito de indignación, intentó arrebatarle el pincho.

 

Alarmado, Neeco tropezó, y tras recuperar el equilibrio, soltó una maldición y se dio la vuelta. Dani no pudo sujetarse a sus hombros y sintió que se resbalaba. Pero en vez de caer al sucio por segunda vez ese día, Kevin la atrapó en sus brazos.

 

-Ya te tengo.

Sheba se acercó con rapidez.

-Por el amor de Dios, Kevin hay periodistas en el recinto.

 

Mientras la dejaba en el suelo, Dani se preparó para sufrir una bronca de Kevin. Pero para su sorpresa, Kevin se volvió hacia Neeco.

 

-Creo que Tater ha captado el mensaje la primera vez.

Neeco se puso rígido.

 

-Sabes tan bien como yo que no hay nada más peligroso que un elefante se vuelva contra sus adiestradores.

 

Dani no pudo morderse la lengua.

 

-¡Es sólo un bebé! Y fue culpa mía. No me he puesto perfume y se enfadó conmigo.

 

-Cállate, Dani -dijo Kevin con suavidad.


Tu bebé pesa una tonelada -dijo Neeco apretando los labios. -No dejaré que ninguno de los que trabaja conmigo se ponga sentimental con los animales. No podemos correr riesgos.

 

Actuando de esa manera pones en peligro la vida de la gente; los animales tienen que saber quién manda.

 

Dani dejó salir toda su frustración.

 

-¡Las vidas de los animales también tienen valor! Tater no pidió que lo encerraran en un circo. No pidió que lo llevaran por todo el país en un remolque maloliente, ni que le ataran para ser exhibido delante de personas ignorantes. Dios no creó a los elefantes para que hicieran equilibrios sobre sus patas. Los creó para que vagaran libres.

 

Sheba se cruzó de brazos y alzó una ceja con ironía.

 

-Ya la veo tirando pintura roja a los abrigos de piel. Kevin, controla a tu esposa o la echaré de mi circo.

 

Ni el más mínimo atisbo de emoción cruzó por la cara de Kevin cuando sus ojos se encontraron con los de Sheba.

 

- Dani es la encargada de los elefantes. Por lo que he visto, sólo cumplía con su trabajo.

 

A Dani casi se le detuvo el corazón. ¿Sería posible que su marido la estuviera defendiendo?

 

El placer de la joven se desvaneció cuando él se volvió hacia ella, señalando con la cabeza el remolque de los elefantes.

 

-Se está haciendo tarde y aún no lo has limpiado con la manguera. Vuelve al trabajo.

 

Ella se dio la vuelta y, deseando que los tres se fueran al infierno, volvió a su tarea. Sabía que los animales que viajaban con el circo debían estar bajo control, pero la idea de que estaban siendo obligados a comportarse en contra de su naturaleza, le molestaba. Tal vez encontrara tan perturbadora su situación porque sentía que tenía algo en común con ellos. Como los animales del circo, estaba cautiva contra su voluntad y, como ellos, su guardián tenía todo el control.

 

holaaaaa :) que taaal les gustooo el caap??????

sabeeeennn voy asubir mas seguido porque la novel es laargaaa y buenooo necesito terminar pronto k ya pronto inicio clases.....

jejej

buenooo las dejooo

me voeeeee

comenteen mucho..

xoxox

 

Adri :)

CAPITULO 8 PARTE 2 BESAR A UN ANGEL :)

Parte 2

 

Dani miró la picana con desagrado.


-¿Les das descargas? ¿No te parece que es una medida muy

drástica?


-Cuando se trabaja con animales no se puede ser sentimental. Puede que los quiera mucho, pero no soy estúpido. Tienen que saber quién es el que manda, quién lleva aquí la voz cantante.


-Neeco, esto no es para mí. Ya le he dicho a todo el mundo que los animales me dan miedo, pero nadie me hace caso.


-Acabarás por superarlo. Sólo necesitas pasar algún tiempo con ellos. No les gustan las personas ni los ruidos inesperados, así que tienen que verte venir. -Le quitó el pincho de la mano y le dio la picana a cambio. -Si te ven con ella te respetarán más. Los pequeños son fáciles de controlar; un par de descargas rápidas si no te hacen caso y listo. Cuando uses el pincho, apunta detrás de las orejas, es donde más les molesta.


Ella sintió como si estuviera siendo obligada a sujetar algo obsceno. Miró a los elefantitos y vio que Tater le devolvía la mirada. El animal observó la picana y, aunque tal vez fuera cosa de su imaginación, Dani pensó que parecía decepcionado.


Cuando Neeco se marchó, ella se acercó a los animalitos tosiendo para no sorprenderlos. Ellos levantaron la cabeza y se removieron inquietos al ver lo que llevaba en la mano. Bam abrió la boca y emitió un fuerte barrito de tristeza.


Debían de estar acostumbrados a que les dieran descargas eléctricas. Dani pensó lo mucho que comenzaba a desagradarle Neeco Martin. Más que incrementar la confianza en sí misma, la picana hacía que se sintiera incómoda. No importaba lo mucho que le asustaran los animales, jamás podría hacerles daño, así que dejó el artilugio detrás de una bala de heno.


Miró con anhelo la caravana de Kevin Sólo tres días antes la había considerado repugnante, pero ahora le parecía el lugar más acogedor del mundo. Se recordó a sí misma que si había podido limpiar el remolque, también podía sobrevivir a eso.


Se acercó a las bestias de nuevo, esta vez sin la picana. Ellos la observaron durante un momento. Satisfechos de que ella ya no supusiera una amenaza, se dedicaron a remover el heno.


Todos salvo Tater. ¿Sería cosa de su imaginación o él le estaba realmente sonriendo? ¿Y no tenía esa sonrisa cierto toque diabólico?


-Elefantes bonitos. Elefantitos b-bonitos -canturreó ella. - Dani

es buena. Dani es muuuuuy buena.


Pebbies y Bam levantaron la cabeza y se miraron el uno al otro, y ella hubiera jurado que incluso habían puesto los ojos en blanco. Tater, mientras tanto, levantó un fardo de heno y lo dejó caer sobre su lomo. Aunque los demás elefantes continuaron observándola, Tater no estaba molesto por la presencia de la joven. Parecía el más sociable de todos.


El animal dejó caer otro fardo de heno sobre su lomo. Dani se acercó unos pasos más, hasta que sólo hubo tres metros entre ellos. Tater comenzó a resollar en la paja.


-Tater bonito. Tater es un elefantito muy bonito. -Se acercó a él unos centímetros más, susurrándole tonterías como si fuera un bebé de verdad. -Niño bonito. Sé bueno. -Comenzó a temblarle la voz. -Tater tiene que ser más educado. -Estaba tan cerca que podía palmearle la trompa, y Dani sintió la piel húmeda y pegajosa por el sudor. -A Tater le gusta Dani. Dani es amiga de

Tater. -Alargó la mano lentamente, obligándose a hacerlo centímetro a centímetro, diciéndose a sí misma que los elefantes no comían personas, tan sólo... «¡Zas!»


El elefantito le plantó la trompa en el pecho y la tiró al suelo. La joven cayó con tal fuerza que vio las estrellas. El dolor le subió por el costado izquierdo. La vista se le aclaró justo a tiempo de observar cómo el elefante levantaba la trompa y emitía un grito de inequívoca victoria.


Dani se quedó allí sentada, demasiado deprimida para levantarse. Las florecitas de las sandalias centelleaban como estrellas plateadas ante sus ojos. Levantó la cabeza y vio que Bathsheba Quest la miraba desde detrás de unas gafas de sol.


Sheba llevaba un ceñido top blanco, unos pantalones cortos a juego y un cinturón de color lavanda. Cargaba sobre la cadera a un bebé de pelo oscuro, un niño que Dani recordaba haber visto con uno de los hermanos Tolea y su mujer. Sheba bajó la mirada hacia ella, luego se colocó las gafas de sol en la coronilla, retirándose el pelo lo suficiente para dejar a la vista unos pendientes púrpura con brillantes en forma de estrellas.


Dani esperaba ver una expresión de triunfo en los ojos de Sheba, pero sólo vio satisfacción. Se dio cuenta de que estaba tan hundida que la mujer ni siquiera la consideraba una amenaza.


-¿De dónde demonios te ha sacado Kevin?


Negando con la cabeza, Sheba pasó por encima de los pies de Dani, para acercarse a Tater y acariciarle la


-Eres un pequeño demonio, ¿verdad, colega? ¿A que es un diablillo, Theo? -dijo Sheba, cogiendo el pie del niño.


Dani había sido derrotada por todos y ya no pudo soportarlo más. En lo que a ella concernía, el trabajo había terminado por ese día, y había sobrevivido a duras penas. Se puso en pie y se dirigió a la caravana. En ese momento vio a Kevin. Demasiado cansada para volver a enfrentarse a él, se dio la vuelta y comenzó a deambular por el recinto del circo.


Se cruzó con dos de las animadoras, pero le dieron la espalda. Uno de los payasos fingió no verla. Dani necesitaba con urgencia un cigarrillo.


Dio un respingo cuando un potente chillido surcó el aire. La joven giró la cabeza con rapidez y vio a Frankie cerca de uno de los camiones de la mano de Jill. La señaló y chilló de nuevo. Jill lo cogió en brazos y, sin dirigirle la palabra a Dani, se alejó.


Dani se sintió fatal. El mensaje era claro. La habían declarado una paria.


Siguió caminando hasta que se encontró delante de la casa de fieras. La puerta de lona estaba levantada y todos los animales estaban dentro menos Sinjun, cuya jaula aún se encontraba a pleno sol. El animal bajó las orejas cuando ella se acercó, y la miró con desdén. La noche anterior había estado demasiado oscuro para ver en qué condiciones se encontraba la jaula, pero ahora podía ver lo sucia que estaba. Digger era quien se encardaba de cuidar a los animales, pero estaba claro que éstos ocupaban el último lugar en su lista de tareas.



El tigre clavó los ojos en ella y Dani no pudo apartar la mirada de él. La noche anterior el pelaje a rayas parecía brillar bajo los reflectores, pero ahora el animal parecía flaco y sucio. La joven miró fijamente aquellos misteriosos iris dorados y, al cabo de unos segundos, se sintió muy sofocada.

 

El sudor le cubría el hueco de la garganta y los brazos. Tenía la cara congestionada y los pechos mojados. Nunca había sentido tantísimo calor. Quiso desnudarse por completo y meterse en una piscina de agua helada. Tenía un calor insoportable. Sabía que el ardor no provenía de ella sino del tigre.

 

-Aquí estás.

 

Dani volvió la cabeza y vio que Kevin se acercaba a ella. La miró de arriba abajo y se quedó helada bajo el impacto de esos ojos fríos e impersonales.

 

-Aún te queda algo de tiempo libre antes de la función -dijo. -

¿Por qué no vas a ducharte y luego cenamos algo?

-¿La función?

 

-Ya sabes que es parte de tu trabajo.

 

-Pero no esta noche. Es imposible que pueda hacer nada esta noche. ¡Mírame!

 

 

Holaaaaa chikaaaaaaaas regreseeeeeeee !!!!!!!

comoo estaaan!!!!!!!!!! espero k suupr bieeen!!! buenoo yo aki con la otra parte del cap!

espero y les guste!!! comenten muuchooo!1

un favorr!!!

podrian recomendar la novel¿???

graciaas!!

buenoooooo ya al fin estoy mejor!!! ya recuperadita de k me sacaron mis molares..... auuch .. :(

buenooo espero pasarme pronto x sus novels las kieroo!

mmm y una cosaaaa

les gustaria adelantoos????

me avisan!

buenoo las dejo byee :)

 

Adri :)

CAPITULO 2 PARTE 1 BESAR A UN ANGEL :)


CAPÍTULO 02 PARTE UNO


Dani se pascaba por el rincón más apañado de la sección de fumadores de la puerta de embarque de USAir, dando unas caladas un profundas y rápidas al cigarrillo que empezó a marearse. El avión, según había descubierto, se dirigía a Charleston, Carolina del Sur, una de sus ciudades favoritas, algo que tomó como una buena señal en una larga cadena de acontecimientos que se iban volviendo cada vez más desastrosos.

 

Primero, el estirado y poderoso señor Markov se negó a aceptar el plan. Luego le había saboteado el equipaje. Cuando el chófer descargó una sola maleta del maletero en lugar del juego completo que ella había preparado, Dani pensó que era una equivocación, pero Kevin la sacó rápidamente de su error.

 

-Viajaremos con poco equipaje. Le ordené al ama de llaves que lo rehiciera por ti durante la ceremonia.

 

-¡No tenía derecho a hacer eso!

 

-Vamos a facturar. -Él cogió su propio y ligero equipaje, y Dani se quedó mirando con asombro cómo echaba a andar sin dejarle otra opción que seguirlo. Ella apenas podía cargar con la maleta; sus tobillos se tambaleaban sobre los altos tacones mientras se arrastraba tras él. Sintiéndose desgraciada y cohibida, se había dirigido a la entrada, donde todo aquel que pasaba notaba las medias agujereadas, el vestido quemado y la gardenia mustia.

 

Cuando Kevin desapareció en los aseos, ella se había apresurado a comprar una nueva cajetilla, pero descubrió que sólo tenía un billete de diez dólares en el bolso. Se dio cuenta con inquietud de que ése era todo el dinero que poseía. Sus cuentas corrientes estaban bloqueadas y las tarjetas de crédito canceladas. Por lo tanto, volvió a guardar el billete en la cartera y le pidió un pitillo a un atractivo ejecutivo.

 

En cuanto lo apagó, Kevin salió de los aseos y al ver cómo iba vestido sintió un vuelco en el estómago. El oscuro traje sastre había sido reemplazado por una camisa vaquera, desgastada por infinidad de lavados, y unos vaqueros tan descoloridos que parecían casi blancos. Los bajos deshilachados del pantalón caían sobre unas botas camperas de piel llenas de rozaduras. Llevaba la camisa remangada, mostrando unos fuertes y bronceados antebrazos ligeramente cubiertos de vello oscuro y un reloj.de oro con una correa de piel. Dani se mordisqueó el labio inferior.

 

Al pensar en todo lo que su padre podía haberle hecho, nunca se le había ocurrido que la casaría con el Hombre Marlboro.

 

Él se acercó a ella cargando la maleta con facilidad por el asa. Los ceñidos pantalones revelaban unas piernas musculosas y unas caderas estrechas. A Lani le hubiera encantado.

 

-Vamos. Acaban de hacer la última llamada.

 

-Señor Markov, por favor, no creo que quiera hacer esto. Si me prestara sólo la tercera parte del dinero que legítimamente me pertenece, podríamos poner fin a esta situación.

 

-Le hice una promesa a tu padre y nunca falto a mi palabra. Quizá sea un poco anticuado, pero es una cuestión de honor.

 

-¡Honor! ¡Se ha vendido! ¡Dejó que mi padre le comprara! ¿Qué clase de honor es ése?

 

-Max y yo hicimos un trato y no voy a romperlo. Por supuesto, si insistes en marcharte, no te detendré.

 

-¡Sabe que no puedo hacerlo! No tengo dinero.

 

-Entonces, vámonos. -Él sacó las tarjetas de embarque del bolsillo de la camisa y se puso en marcha.

 

Ella no tenía dinero ni tarjetas de crédito, y su padre le había ordenado que no se pusiera en contacto con él. Con el estómago revuelto, se percató de que no tenía otra alternativa que seguirlo, y cogió la maleta.

 

Delante de ella, Kevin había alcanzado la última hilera de sillas, donde un adolescente estaba sentado fumando. Cuando su nuevo marido pasó junto al chico, el cigarrillo de éste comenzó a arder.

 

 


 

Unas dos horas después Dani se encontraba bajo un sol resplandeciente en el aparcamiento del aeropuerto de Charleston, observando la camioneta negra de Kevin; tenía el capó cubierto por una gruesa capa de polvo y la matrícula de

Florida casi ilegible por el barro seco que la ocultaba.

-Déjala ahí detrás. - Kevin lanzó su propia maleta sobre la camioneta, pero no se ofreció a hacer lo mismo con la de ella, igual que no se había ofrecido a llevársela en el aeropuerto.

 

Dani rechinó los dientes. Si pensaba que iba a pedirle ayuda, podía esperar sentado. Le dolieron los brazos cuando intentó lanzar la voluminosa maleta a la parte trasera. Pudo sentir los ojos de Kevin sobre ella y, aunque sospechaba que al final agradecería todo lo que el ama de llaves había metido en ella, en ese momento habría dado cualquier cosa por que aquel diseño de Louis Vuitton fuera más pequeño.

 

Cogió el asa con una mano y sujetó la parte inferior de la maleta con la otra. Con gran esfuerzo, tiró de ella.

 

-¿Necesitas ayuda? -preguntó el con falsa inocencia.

 

-No..., gra... cias. -Las palabras parecían gruñidos más que otra cosa.

 

-¿Estás segura?

 

Dani, que por fin consiguió alzarla para empujarla con el hombro hacia dentro, no tenía suficiente aliento para contestar. Sólo unos centímetros más. Se tambaleó sobre los tacones. Un poco más...

 

Con un grito de consternación, la maleta y ella cayeron hacia atrás. Gritó al impactar contra el pavimento, luego chilló de pura rabia. Con la mirada clavada en el cielo se percató de que la maleta había amortiguado la caída y evitado que se lastimara.

 

También se dio cuenta de que había caído de manera desgarbada, con la corta falda ciñéndole los muslos, las rodillas pegadas y los pies extendidos.

 

Unas oscuras y gastadas botas camperas entraron en su ángulo de visión. Deslizó la mirada por los muslos que se perfilaban bajo los vaqueros y por el ancho pecho y, al llegar a aquellos ojos color ámbar que brillaban con diversión, Dani recuperó su dignidad. Juntando los tobillos, se apoyó en los codos.

 

-Esto es justo lo que pretendía.

 

La risa del hombre fue ronca y oxidada, como si no se hubiera reído en mucho tiempo.

 

-Si tú lo dices.

 

-Así es. -Con toda la dignidad que pudo reunir, se impulsó sobre los codos hasta quedar sentada. -A esto es a lo que nos ha llevado su comportamiento infantil. Espero que lo sienta.

 

Él soltó una carcajada.

-Tú lo que necesitas es un vigilante, cara de ángel, no un marido.

-¡Deje de llamarme así!

 

-Agradéceme que te llame así. -Cogió el asa de la maleta y la lanzó con facilidad sobre la parte trasera de la camioneta como si no pesara más que el orgullo de Dani. Luego tiró de ella hasta ponerla en pie. Abrió la puerta de la camioneta y la empujó al sofocante interior.

 

Dani esperó para hablar hasta que hubieron dejado el aeropuerto atrás. Viajaban por una carretera de doble sentido que se dirigía tierra adentro en lugar de a Milton Head, como ella había esperado.

 

Matorrales y maleza bordeaban ambos lados de la carretera y el aire caliente que entraba por las ventanillas abiertas de la camioneta le agitaba los cabellos contra las mejillas. Adoptando un tono suave, Dani rompió el silencio.

 

-¿Podría encender el aire acondicionado? Se me enreda el pelo.

-Lleva años sin funcionar.

 

Tal vez estuviera ya entumecida, porque aquella respuesta no la sorprendió. Los kilómetros pasaron volando y los signos de civilización escaseaban cada vez más. De nuevo le preguntó lo que se había negado a contestar cuando bajaron del avión.

 

-¿Podría decirme adonde nos dirigimos?

 

-Es mejor que lo veas por ti misma.

 

-Eso no suena muy esperanzados

 

-Por decirlo de una manera suave, donde vamos no hay salón de cóctel.

 

Vaqueros, botas, matrícula de Florida. ¡Tal vez fuera ranchero! Ella sabía que había multitud de ganaderos ricos en Florida. Quizás estuvieran dirigiéndose hacia el sur. «Por favor, Dios, que sea ranchero. Que sea igual que un episodio repetido de Dallas. Que haya una hermosa casa, ropas de diseño, y Sue Ellen y J. R. haraganeando alrededor de la piscina.»

 

-¿Es usted ranchero?

 

-¿Parezco ranchero?

 

-Lo que parece es un psiquiatra. Responde a una pregunta con otra.

 

-¿Los psiquiatras hacen eso? Nunca he ido a uno.

 

-Por supuesto que no. Es evidente lo bien que le funciona la cabeza

 

Ella había intentado que el comentario sonara sarcástico, pero el sarcasmo nunca se le había dado bien y pareció que lo estaba adulando.

 

Dani miró por la ventanilla el hipnótico paisaje de la carretera.

Totalmente ensimismada, vio una casa desvencijada con un árbol en el patio delantero lleno de comederos de pájaros hechos de calabaza. El aire caliente los movía.

 

Cerró los ojos y se imaginó fumando. O lo intentó. Hasta ese día, no se había dado cuenta de lo mucho que dependía de la nicotina. En cuanto se adaptara a la nueva situación, tendría que dejar de fumar. En cuanto llegara a su nueva vida, tendría que replantearse muchas cosas. Por ejemplo, nunca fumaría en la casa del rancho. Si le apetecía un cigarrillo, saldría a fumárselo a la terraza, en el balancín al lado de la piscina.

 

Mientras seguía soñando, se encontró rezando otra vez: «Por favor, Dios, que haya terraza. Que haya piscina...»

 

Un poco más tarde, la despertó el traqueteo de la camioneta. Se incorporó bruscamente, abrió los ojos y soltó un grito ahogado de asombro.

 

-¿Pasa algo?

-Dígame que eso no es lo que creo que es.

 

El dedo de la joven temblaba cuando señaló hacia el objeto que se movía al otro lado del polvoriento parabrisas.

 

-Es difícil confundir a un elefante con otra cosa.

 

Era un elefante. Un elefante de verdad, vivito y coleando. La bestia recogió un fardo de heno con la trompa y lo lanzó hacia atrás. Mirando la deslumbrante luz del atardecer, Dani rezó para estar todavía durmiendo y que aquello sólo fuera una pesadilla.

 

-Dígame que estamos aquí porque quiere llevarme al circo.

-No exactamente.

-¿Va a ir usted solo?

-No.

 

Dani tenía la boca tan seca que le resultaba difícil articular las palabras.

-Sé que no le gusto, señor Markov, pero, por favor, dígame que no trabaja aquí.

-Soy el gerente.

-Gerente de un circo -repitió ella débilmente.

-Exacto.

 

Atontada, Dani se dejó caer contra el asiento. A pesar de su optimismo, era incapaz de encontrar una luz al final del túnel.

 

En el recinto abrasado por el sol había una carpa de circo roja y azul junto con varias carpas más pequeñas y una gran cantidad de caravanas. La carpa más grande, salpicada por estrellas doradas, tenía un gran rótulo de color rojo intenso donde se podía leer: CIRCO DE LOS HERMANOS QUEST, PROPIETARIO: OWEN QUEST. Además de unos cuantos elefantes atados, Dani vio una llama, un camello, varias jaulas enormes con animales y toda clase de gente de mal vivir, entre la que incluyó a algunos hombres bastante sucios. A la mayoría de ellos parecían faltarle los dientes delanteros.

 

El padre de Dani siempre había sido un esnob. Le encantaba todo ese rollo de los linajes antiguos y los títulos de nobleza. Se jactaba de descender de las más grandes familias zaristas de Rusia. El hecho de que hubiera casado a su única hija con un hombre que trabajaba en un circo decía mucho de lo que sentía por ella.

 

-No es exactamente el de los Hermanos Ringling.

-Eso ya lo veo -repuso ella débilmente.

-Los Hermanos Quest es uno de los circos que se conocen como circos de barro.

-¿Por qué dice eso?

-Pronto lo averiguarás -la respuesta sonó ligeramente diabólica.

 

Su marido aparcó la camioneta al lado de las demás, apagó el motor y salió. Para cuando ella bajó, él ya había sacado las maletas de la parte trasera y había echado a andar cargando con ellas.

 

Los altos tacones de Dani se hundieron en el terreno arenoso y se tambaleó mientras seguía a Kevin. Todos dejaron lo que estaban haciendo y clavaron los ojos en ella. La rodilla le asomaba por el ancho agujero de las medias, la chamuscada chaqueta de raso se le caía de un hombro y los zapatos se hundían en algo demasiado blando. Afligida, Dani bajó la mirada para asegurarse de que había pisado justo lo que se temía.

-¡Señor Markov!

 

El chillido de la joven tenía un deje de histeria, pero él pareció

no oírla y siguió caminando hacia la hilera de caravanas. Ella restregó la suela del zapato por la arena, llenándoselo de polvo durante el proceso. Con una exclamación ahogada, Dani echó a andar de nuevo.

 

Kevin se acercó a dos vehículos que estaban aparcados uno al lado del otro. El más cercano era una moderna caravana plateada con una antena parabólica. Al lado había otra caravana abollada y oxidada que parecía haber sido verde en otra vida.

 

«Por favor, que sea la caravana de la parabólica en vez de la otra. Por favor...»

 

Él se paró ante la fea caravana verde, abrió la puerta y desapareció en el interior. Dani gimió, luego se dio cuenta de que estaba tan entumecida emocionalmente que ni siquiera era capaz de sorprenderse.

 

Kevin reapareció en la puerta un momento después y observó cómo se acercaba tambaleándose hacia él.

 

Cuando al fin llegó al combado peldaño de metal, él le ofreció una sonrisa cínica.

 

-Hogar, dulce hogar, cara de ángel. ¿Quieres que te coja en brazos para cruzar el umbral?

 

A pesar del sarcástico comentario, ella eligió ese momento en particular para recordar que nunca la habían cogido en brazos para cruzar un umbral y que a pesar de las circunstancias, éste era el día de su boda.

 

Quizá poner un toque sentimental los ayudaría a los dos a sacar algo positivo de esa terrible experiencia.

 

-Sí, gracias.

-¿Estás de coña?

-¿Quiere o no quiere hacerlo?

-No quiero.

 

Ella intentó disimular la decepción.

-Vale.

 

-Es una puta caravana.

-Ya lo veo.

 

-Ni siquiera creo que las caravanas tengan umbrales.

-Si hay una puerta, hay un umbral. Incluso un iglú tiene umbral.

 

Por el rabillo del ojo, ella vio que comenzaba a formarse una multitud a su alrededor. Kevin también se dio cuenta.

 

-Vamos, entra.

-Es usted quien se ha ofrecido.

-Estaba siendo sarcástico.

-Ya me he fijado que lo hace mucho. Y por si nadie se lo ha dicho nunca, es una costumbre molesta.

 

-Entra, Dani.

 

 

 

 

Holaaa chikitaass!! espero k les haya gustado el capp. si comentaan muucho les subo la parte dos.. :)))

bessooss

cuideenseenn

ya me paso x sus novels :)

CAPITULO UNO PARTE 2 BESAR A UN ANGEL :)

helloooooo si comentaan subo capp...! :) CorazónPulgar arriba

CAPITULO UNO PARTE 2


La mañana de finales de abril era húmeda y fría. No había papeles pegados en la limusina que los esperaba junto a la acera, ni latas, ni letreros de RECIÉN CASADOS, ninguna de esas cosas maravillosas reservadas a las personas que se aman. Dani se dijo a sí misma que tenía que dejar de ser tan sentimental. Lani se había metido con ella durante años por ser exasperadamente anticuada, pero todo lo que Dani había querido era una vida convencional. No era tan extraño, supuso, para alguien que había sido educada con tan poco convencionalismo.


Se subió a la limusina y vio que el cristal opaco que separaba al conductor de los pasajeros estaba cerrado. Al menos tendría la intimidad que necesitaba para contarle a Kevin Markov cuál era su plan antes de llegar al aeropuerto.

«Hiciste unos votos, Dani. Unos votos sagrados.» Ahuyentó a la inequívoca voz de su conciencia diciéndose que no tenía otra opción.


Kevin se sentó junto a ella y el espacioso interior pareció volverse pequeño repentinamente. Si él no fuera tan físicamente abrumador, ella no estaría tan nerviosa.


Aunque no era tan musculoso como un culturista, Kevin tenía el cuerpo fibroso y fornido de alguien en muy buenas condiciones físicas. Tenía los hombros anchos y las caderas estrechas. Las manos que descansaban sobre los pantalones eran firmes y bronceadas, con los dedos largos y delgados. Dani sintió un ligero

estremecimiento que la inquietó.


Apenas se habían apartado del bordillo cuando él comenzó a tirar de la corbata. Se la quitó bruscamente y la metió en el bolsillo del abrigo; después se desabrochó el botón del cuello de la camisa con un movimiento rápido de muñeca. Dani se puso rígida, esperando que no siguiera. En una de sus fantasías eróticas favoritas, ella y un hombre sin rostro hacían el amor apasionadamente en el asiento trasero de una limusina blanca que recorría Manhattan mientras Michael Bolton cantaba de fondo

Cuando un hombre ama a una mujer, pero había una gran diferencia entre la fantasía y la realidad.


La limusina se incorporó al tráfico. Ella respiró hondo, intentando tranquilizarse, y

olió el intenso perfume a gardenia en su pelo. Vio que Kevin había dejado de quitarse la ropa, pero cuando él estiró las piernas y comenzó a estudiarla, Dani se removió en el asiento con nerviosismo. No importaba lo mucho que lo intentara, nunca sería tan bella como su madre, y cuando la gente la miraba demasiado tiempo, se sentía como un patito feo. Los agujeros de las medias doradas, tras el encuentro con el pequinés, no contribuían a reforzar su confianza en sí misma.


Abrió el bolso para buscar el cigarrillo que tanto necesitaba. Era un vicio horrible, lo sabía de sobra y no estaba orgullosa de haber sucumbido a él. Aunque Lani siempre había fumado, Dani no solía fumar más que un cigarrillo de vez en cuando con una copa de vino. Pero en aquellos primeros meses después de la muerte de su madre se había dado cuenta de que los cigarrillos la relajaban y se había convertido en una verdadera adicta a ellos. Después de una larga calada, decidió que estaba lo suficientemente calmada como para exponerle el plan al señor Markov.


-Apágalo, cara de ángel.

Ella le dirigió una mirada de disculpa.

-Sé que es un vicio terrible y le prometo que no le echaré el humo, pero ahora mismo lo necesito.


Él alargó la mano detrás de ella para bajar la ventanilla. Sin previo aviso, el cigarrillo comenzó a arder.


Ella gritó y lo soltó. Las chispas volaron por todas partes. Él sacó un pañuelo del bolsillo del traje y de alguna manera logró apagar todas las ascuas.


Respirando agitadamente, ella se miró el regazo y vio la marca diminuta de una quemadura en el vestido de raso dorado.


-¿Qué ha pasado? -preguntó sin aliento.

-Creo que estaba defectuoso.

-¿Un cigarrillo defectuoso? Nunca he visto nada así.

-Será mejor que tires la cajetilla por si todos los demás están igual.

-Sí. Por supuesto.


Ella se la entregó con rapidez y él se metió el paquete en el bolsillo de los pantalones. Aunque Dani todavía se estremecía del susto, él parecía perfectamente relajado. Reclinándose en el asiento de la esquina, él cruzó los brazos sobre el pecho y cerró los ojos.


Tenían que hablar -tenía que exponerle el plan para poner fin a ese bochornoso matrimonio, -pero él no parecía estar de humor para conversar y ella temía meter la pata si no iba con cuidado. El último año había sido un desastre total y Dani se había acostumbrado a animarse con pequeñas cosas a fin de no dejarse llevar totalmente por la desesperación.


Se recordó a sí misma que aunque su educación podía haber sido poco ortodoxa, desde luego sí había sido completa. Y a pesar de lo que su padre pensaba, había heredado el cerebro de Max y no el de Lani. También poseía un gran sentido del humor y era optimista por naturaleza, cualidad que ni siquiera el último año había podido destruir por completo. Hablaba cuatro idiomas, era capaz de identificar al diseñador de casi cualquier modelo de alta costura y era toda una experta en calmar a mujeres histéricas. Por desgracia, no poseía ni el más mínimo sentido común.

¿Por qué no había hecho caso del abogado parisino de Lani, cuando le dejó claro que no le quedaría ni un centavo una vez que pagara las deudas que ésta había dejado? Ahora sospechaba que había sido el sentimiento de culpa lo que la había impulsado a asistir a todas aquellas fiestas durante los desastrosos meses que siguieron al funeral. Llevaba muchos años queriendo liberarse del chantaje emocional al que su madre la había sometido en su interminable búsqueda del placer. Pero no había querido que Lani muriera. Eso no.


Se le llenaron los ojos de lágrimas. Había querido muchísimo a su madre y, a pesar de su egoísmo, de sus interminables exigencias y de su constante necesidad de reafirmarse en la belleza, Dani sabía que Lani la había querido.

Se había sentido culpable ante la inesperada libertad que el dinero y la muerte de Lani le habían proporcionado. Se había gastado toda la fortuna, no sólo en sí misma sino en cualquiera de los viejos amigos de Lani que estuviera en apuros. Cuando las amenazas de los acreedores habían subido de tono, había extendido cheques para mantenerlos callados, sin saber ni importarle si tenía dinero para cubrirlos.

Max descubrió el derroche de Dani el mismo día que emitieron una orden de arresto contra ella. Fue entonces cuando se dio cuenta de la realidad y del alcance de lo que había hecho. Tuvo que rogarle a su padre que le prestara dinero para mantener alejados a los acreedores, prometiendo devolvérselo en cuanto pudiera.


Max había recurrido al chantaje. Era hora de que madurara, le había dicho, y si no quería ir a la cárcel debería poner fin a todas esas extravagancias y seguir sus órdenes sin rechistar.


En un tono brusco e inflexible, él había dictado sus términos. Se casaría con el hombre que él escogiera para ella tan pronto como pudiera arreglarlo. Y no sólo eso, tendría que permanecer casada durante seis meses, ejerciendo de esposa obediente durante ese tiempo. Sólo al final de esos seis meses podría divorciarse y beneficiarse de un fondo fiduciario que él establecería para ella, un fondo fiduciario que él controlaría. Si era frugal, podría vivir con relativa comodidad el resto de su vida.


-¡No puedes hablar en serio! -exclamó ella cuando finalmente había recobrado el habla. -Ya no existen los matrimonios de conveniencia.

-Nunca he hablado más en serio. Si no aceptas casarte, irás a la cárcel. Y si no permaneces casada durante seis meses, nunca volverás a ver un penique más de mi bolsillo.


Tres días más tarde, le había presentado al futuro novio sin mencionar qué estudios poseía ni a qué se dedicaba, y sólo le había hecho una advertencia:

-Él te enseñará algo sobre la vida. Por ahora, es todo lo que necesitas saber.

Cruzaron el Triborough Bridge y se dio cuenta de que muy pronto llegarían a La

Guardia, por lo cual no podía esperar más para sacar a colación el tema sobre el que tenían que hablar. Por costumbre, Dani sacó un espejo dorado del bolso para cerciorarse de que todo estaba como tenía que estar. Ya más segura, lo cerró con un golpe seco.


-Disculpe, señor Markov.

Él no respondió.

Ella se aclaró la garganta.

-¿Señor Markov? ¿Kevin? Creo que tenemos que hablar.

Él abrió los párpados que ocultaban aquellos ojos color ámbar líquido.

-¿De qué?


A pesar de los nervios, ella sonrió.

-Somos unos completos desconocidos que acaban de contraer matrimonio. Creo que eso nos da tema más que suficiente para hablar.

-Si quieres escoger los nombres de nuestros hijos, cara de ángel, creo que paso.

Así que tenía sentido del humor después de todo, aunque fuera algo cínico.

-Quiero decir que deberíamos hablar de cómo vamos a pasar los próximos seis meses antes de poder solicitar el divorcio.

-Creo que será mejor que vayamos paso a paso, día a día -hizo una pausa. -Noche a noche.


A Dani se le puso la piel de gallina y se dijo a sí misma que no fuera estúpida. Él había hecho un comentario perfectamente inocente y ella sólo había imaginado la connotación sexual en aquel tono bajo y ronco. Forzó una brillante sonrisa.


-Tengo un plan, un plan muy simple en realidad.

-¿Sí?

-Si me da la mitad de lo que le pagó mi padre por casarse conmigo, y creo que estará de acuerdo conmigo en que es lo más justo, podremos irnos cada cual por su lado y acabar con este lío.


Una expresión divertida asomó en esos rasgos de acero.

-¿De qué lío hablas?


Ella debería haber sabido, por la experiencia adquirida gracias a los amantes de su madre, que un hombre así de guapo no rebosaría materia gris.

-El lío de encontrarnos casados con un desconocido.

-Pues creo que llegaremos a conocernos bastante bien. -De nuevo esa voz ronca. -Y eso de ir cada uno por su lado no era lo que Max tenía en mente. Tal y como lo recuerdo, se supone que tenemos que vivir juntos como marido y mujer.

-Eso pretende mi padre. Es un poco tirano en lo que se refiere a las vidas de otras personas. Lo mejor de mi plan consiste en que él nunca sabrá que nos hemos separado. Mientras no vivamos en su casa de Manhattan, donde puede vernos, no tendrá ni idea de dónde estamos.

-Definitivamente no viviremos en su casa de Manhattan.


Él parecía no estar tan dispuesto a cooperar como ella había esperado, pero Dani era lo suficientemente optimista como para creer que sólo necesitaba un poco más de persuasión.


-Sé que mi plan funcionará.

-A ver si nos entendemos. ¿Quieres que te dé la mitad de lo que Max me dio por casarme contigo?


-Ya que lo menciona, ¿cuánto fue?

-No fue ni mucho menos suficiente -masculló él.


Ella nunca había tenido que discutir las condiciones y no le gustaba tener que hacerlo ahora, pero al parecer no tenía alternativa.

-Si lo piensa un poco, verá que es lo justo. Después de todo, si no fuera por mí, no tendría nada.

-¿Quieres decir que planeas darme la mitad del fondo fiduciario que tu padre ha prometido establecer para ti?

-Oh, no, no pienso hacer eso.


Él soltó una breve carcajada.

-Me lo imaginaba.

-No lo entiende. Le pagaré la deuda tan pronto como tenga acceso a mi dinero. Sólo le estoy pidiendo un préstamo.

-Y yo me niego.


Dani comprendió que le había vuelto a pasar lo de siempre. Tenía la mala costumbre de asumir lo que otras personas harían o lo que haría ella en su lugar.


Por ejemplo, si fuera Kevin Markov, se prestaría a darle la mitad del dinero simplemente por deshacerse de ella.


Necesitaba fumar. Aquello no pintaba bien.

-¿Puede devolverme los cigarrillos? Estoy segura de que no todos estaban defectuosos.


Él sacó el arrugado paquete del bolsillo de los pantalones y se lo entregó. Dani encendió uno con rapidez, cerró los ojos y se llenó los pulmones de humo.


Se escuchó un estallido y cuando abrió los ojos de golpe, el cigarrillo estaba en llamas. Con un grito ahogado, lo dejó caer. De nuevo, Kevin apagó la colilla y las ascuas con el pañuelo.


-Deberías denunciarlos -dijo él con suavidad. Dani se llevó la mano a la garganta, demasiado aturdida para hablar.


Él se acercó y le tocó un pecho. Ella sintió el roce de ese dedo en la parte interior del seno y se estremeció, lo mismo que la piel sensible debajo del raso. Alzó la mirada de golpe a esos insondables ojos dorados. -Un poco de ceniza -dijo él. Dani puso la mano donde él la había tocado y sintió el martilleo del corazón bajo los dedos. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que una mano que no fuera la suya la había tocado allí? Dos años, recordó, cuando se había hecho la última revisión médica.


Ella vio que habían llegado al aeropuerto y se armó de valor.

-Señor Markov, tiene que entender que no podemos vivir juntos como marido y mujer. Somos unos completos desconocidos. Toda esta idea es ridícula y tendré que insistir en que coopere más conmigo.

-¿Insistir? -dijo él suavemente. -No creo que tengas derecho a insistir sobre nada.


Ella tensó la espalda.

-No voy a permitir que me intimide, señor Markov.


Él suspiró y sacudió la cabeza, mirándola con una expresión de pesar que ella dudaba que fuera sincera.

-Esperaba no tener que hacer esto, cara de ángel, pero debería haber imaginado que no ibas a ser fácil. Será mejor que te explique las reglas básicas ahora mismo, así sabrás a qué atenerte. Para bien o para mal, vamos a permanecer casados durante seis meses a partir de hoy. Puedes irte cuando quieras, pero tendrás que hacerlo sola. Y por si todavía no te has dado cuenta, éste no va a ser uno de esos matrimonios modernos de los que se habla en las revistas. Éste va a ser un matrimonio tradicional. -Repentinamente, su voz se volvió más tierna y suave. -Lo que quiero decir, cara de ángel, es que yo mando y tú harás lo que diga. Si no lo haces, sufrirás algunas consecuencias bastante desagradables. La buena noticia es que, pasado el tiempo estipulado, podrás hacer lo que quieras. Sinceramente, me importará un bledo.


El pánico se apoderó de Dani, que luchó por no perder los nervios.

-No me gusta que me amenacen. Será mejor que hable claro y me diga cuáles son esas consecuencias que penden sobre mi cabeza.


Él se reclinó en el asiento y torció la boca en una mueca tan dura que Dani sintió un

escalofrío en la espalda.

-Verás, cara de ángel, no pienso decirte nada. Tú misma lo descubrirás todo esta noche.

 

 

hellloooo chikiiiiss un nevoo caaap!! espero les gustee!!!!! comennnteeeeen pleaseeee las dejoo bye

 

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2do Lugar! Graciaas chikass!!

2do Lugar! Graciaas chikass!!