Obsessive Jonas Disorder
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CAPÍTULO 23



CAPÍTULO 23 parte 1


Kevin acompañó a Dani a una casa modesta en una calle de un barrio obrero bastante alejado del zoológico. Había una escultura de escayola de la Virgen María en el diminuto patio delantero, al lado de unos girasoles que rodeaban un parterre de petunias rosadas. Dani había alquilado una habitación en la parte trasera con vistas a la vía del tren.

 

Mientras ella recogía sus escasas pertenencias, él fue a pagar a la casera sólo para descubrir que Dani ya había pagado el alquiler por adelantado.

 

Gracias a la charlatana mujer se enteró de que Dani trabajaba como recepcionista en un salón de belleza durante el día y de camarera en una cafetería del barrio por la noche. No era de extrañar que pareciera tan cansada. No tenía coche y tenía que ir andando o en autobús a todas partes; ahorraba todo lo que ganaba para cuando naciera el bebé. El hecho de que su esposa hubiera vivido en la miseria mientras él tenía dos automóviles de lujo y una casa llena de obras de arte de incalculable valor sólo contribuyó a hacerlo sentir más culpable.

 

 

Antes de ponerse en camino, Kevin consideró por un momento llevarla a su casa en Connecticut, pero al instante rechazó la idea. Ella necesitaba más que una curación física, necesitaba una curación emocional y tal vez los anímales que amaba la ayudarían a conseguirla.



Aquello le resultaba tan familiar que Dani sintió una momentánea felicidad cuando la camioneta se detuvo. Kevin y ella estaban en la carretera, camino de la siguiente ubicación del circo. Estaba enamorada y embarazada y... Se despertó de golpe cuando la realidad se abatió sobre ella.

 

Kevin sacó la llave del contacto y abrió la puerta.

 

-Tengo que dormir un poco o acabaremos empotrándonos contra un árbol. Pasaremos aquí la noche. -Bajó de la camioneta y cerró la puerta.

 

Dani se reclinó en el asiento y cerró los ojos ante el brillante crepúsculo; también cerró el corazón a la dulzura que escuchaba en la voz de Kevin. Él se sentía culpable, cualquiera podía verlo, pero no dejaría que eso la ablandara. Seguro que él se sentía mejor después de haberle dicho todas aquellas mentiras, pero si ella las creía acabaría atrapada. Tenía que proteger a su bebé; ya no podía permitirse el lujo de ser optimista.

 

 

Kevin le había dicho que Amelia y su padre habían sustituido las píldoras anticonceptivas y se había disculpado por no haber confiado en ella. Otra cosa que lo hacía sentirse culpable. Ella lo ignoró.

 

¿Por qué Kevin no podía dejarla sola? ¿Por qué la había obligado a regresar con él? Por primera vez en semanas, todas las emociones que mantenía bajo control irrumpieron en su interior. Apretó los nudillos contra los labios y luchó por contener todos aquellos sentimientos hasta que volvió a erigir el muro que la había mantenido en pie el último mes.

 

 

Ella siempre se había dejado llevar por las emociones, pero si quería sobrevivir no podía seguir así. El orgullo lo es todo, le había dicho Kevin, y era cierto. Fue el orgullo lo que la sostuvo. Lo que consiguió que contestara al teléfono en la peluquería un día tras otro y que pasara las noches cargando las pesadas bandejas con aquella comida grasienta que le producía náuseas. El orgullo fue lo que puso un techo sobre su cabeza y lo que le hizo ganar dinero para el futuro. El orgullo la mantuvo en pie cuando el amor la traicionó.

 

¿Y ahora qué? Por primera vez en semanas, experimentaba temor por algo que no tenía nada que ver con poder pagar el alquiler. Le daba miedo Kevin. ¿Qué quería de ella?

 

«La peor amenaza para los tigres jóvenes es un tigre adulto. Los tigres no mantienen fuertes vínculos familiares como los leones o los elefantes. No es inusual que un tigre mate a su cachorro.»

 

Forcejeó con el tirador de la puerta sólo para ver que su marido se dirigía hacia ella.

 

Kevin apartó la silla de la mesa donde el camarero del servicio de habitaciones había puesto la comida que había pedido.

 

 

-Siéntate y come, Dani.

 

Kevin no había escogido un motelucho de carretera, de eso nada; los había instalado en una suite de lujo en un reluciente y novísimo hotel Marriott a orillas del río Ohio, en la frontera entre Indiana y Kentucky. Dani recordó cómo acostumbraba a contar los peniques cuando iba a hacer la compra y el sermón que le soltaba a Kevin cuando adquiría una botella de vino de buena cosecha. Cómo debía de haberse reído de ella.

 

-Te he dicho que no tengo hambre.

 

-Entonces siéntate y acompáñame.

 

A Dani le costó menos sentarse en la silla que discutir con él. Kevin se ajustó el nudo del cinturón del albornoz blanco que se había puesto tras la ducha y se sentó frente a ella. Tenía el pelo húmedo y se le rizaba en las sienes. Necesitaba un buen corte.

 

 

Kevin bajó la vista a la ingente cantidad de comida que había pedido para Dani: una enorme ensalada, pechugas de pollo con salsa de champiñones, patatas al horno, pasta, lasaña, dos panecillos, un gran vaso de leche y una ración de tarta de queso.

 

-No puedo comerme todo esto.

 

-Estoy hambriento. Comeré parte de lo tuyo.

 

Aunque a él le gustaba comer, no comía tanto como para dar cuenta de todo aquello. Dani sintió el estómago revuelto. Había tenido problemas para retener la comida cuando abandonó a Kevin y durante todo el primer trimestre de embarazo.

 

-Prueba esto -Kevin tomó un poco de lasaña de su plato y la acercó a sus labios. Cuando ella abrió la boca para negarse, él se la metió dentro con rapidez, obligándola a tragársela.

 

-He dicho que no tengo hambre.

 

-Pruébala. Está buena, ¿verdad?

 

Para sorpresa de Dani, en cuanto pasó la impresión inicial, la lasaña sabía bien, aunque no pensaba decírselo. Tomó un sorbo de agua.

 

-De verdad, no quiero nada más.

 

-No me sorprende -Kevin señaló el pollo. -Tiene pinta de estar seco.

 

-Está flotando en salsa. No está seco.

 

-Créeme, Dani, este pollo está tan seco como la suela de un zapato.

 

-No sabes lo que dices.

 

-Déjame probar.

 

Ella pinchó el pollo con el tenedor y cuando comió un trozo, vio que era jugoso.

 

-Aquí tienes. -Dani le acercó el tenedor.

 

Él abrió obedientemente la boca, lo masticó e hizo una mueca.

 

-Seco.

 

Dani agarró el cuchillo con rapidez, cortó un pedazo para ella y se lo comió. Estaba tan delicioso como parecía.

 

-El pollo está riquísimo.

 

-Supongo que no me sabe a nada por culpa de la lasaña. Déjame probar la pasta.

 

Irritada, Dani lo observó girar el tenedor en la pasta y metérselo en la boca. Un momento después, él dio su veredicto.

 

-Lleva demasiado condimento.

 

-Ahora prefiero la comida muy especiada.

 

-Luego no me digas que no te lo dije.

 

Ella cogió un poco de pasta que goteó en el mantel cuando se la llevó a la boca. Estaba suave y sabrosa.

 

-No está demasiado condimentada.

 

Se dispuso a coger otro bocado pero detuvo el tenedor en el aire. Se dio cuenta de que la estaba engañando. Lo miró y dejó el tenedor en el plato.

 

-Otro juego de poder.

 

Los dedos largos y delgados de Kevin se cerraron en torno a su muñeca mientras la miraba con una preocupación que Dani no se creyó ni por un momento.

 

 

-Por favor, Dani, me asusta lo delgada que estás. Tienes que comer por el bien del bebé.

 

-¡No me digas lo que tengo que hacer! -La atravesó una sensación dolorosa. Contuvo las palabras que había estado a punto de decir y se escudó detrás de la gélida barrera que la mantenía a salvo. Las emociones eran sus enemigas, aunque debía hacer lo más conveniente para su hijo.

 

 

Sin decir nada más, se concentró en la comida y tragó hasta que no pudo más. Ignoró los intentos de Kevin por entablar conversación y que él no comiera casi nada. Dani se había escapado mentalmente a un bello prado donde su bebé y ella eran libres, donde les protegía un poderoso tigre llamado Sinjun, que los amaba y que no se pasaba el día encerrado en una jaula.

 

-Estás agotada -dijo Kevin cuando ella dejó el tenedor sobre el plato. -Los dos necesitamos dormir. Nos acostaremos temprano.

 

Dani se levantó de la mesa, cogió sus cosas y entró en el baño; se permitió el placer de darse una larga ducha. Cuando salió, la suite estaba a oscuras, alumbrada sólo por la tenue luz que se filtraba por la abertura en las cortinas. Kevin estaba acostado boca arriba en uno de los lados de la enorme cama.

 

Ella estaba tan cansada que casi no se mantenía en pie, pero el pecho desnudo de Kevin impidió que se acercara a la cama.

 

-Está bien -susurró él en la oscuridad. -No te tocaré, cariño.

 

Dani permaneció donde estaba hasta que se dio cuenta que le daba lo mismo si la tocaba o no. No le importaba lo que él hiciera porque no sentía nada.



Kevin metió las manos en los bolsillos del impermeable y se apoyó en la cerca contra huracanes que marcaba el borde del recinto donde pasarían los dos días siguientes. Estaban en Monroe County, Georgia; la fresca brisa de esa mañana del mes de octubre traía la esencia del invierno.

 

Brady se acercó a él.

 

-Tienes un aspecto horrible.

 

-Bueno, tú no pareces estar mucho mejor

.

-Mujeres -bufó Brady. -No se puede vivir con ellas, pero tampoco sin ellas.

 

Kevin ni siquiera logró esbozar una sonrisa. Puede que Brady tuviera problemas con Sheba, pero al menos su relación con Beatriz iba viento en popa. Pasaban mucho tiempo juntos, y era un entrenador más paciente que nunca. Algo que daba frutos, porque las actuaciones de Beatriz habían mejorado sustancialmente.

 


Dani y él habían regresado diez días antes y todos se habían dado cuenta de que a Dani le pasaba algo malo. Su esposa ya no se reía ni rondaba por el recinto con su coleta rebotando al viento. Era educada con todos -incluso ayudaba a Beatriz con los deberes, -pero todas las cualidades especiales que la hacían ser como era parecían haber desaparecido. Y todos esperaban que él tomara cartas en el asunto.

 

Brady cogió un palillo del bolsillo do su camisa y se lo puso en la boca.

 

-Dani no parece la misma.

 

-Son los primeros meses de embarazo, nada más.

 

Brady no pareció convencido.

 

-Echo de menos cómo era. Bueno, no echo de menos que meta la nariz en mis asuntos como solía hacerlo, eso te lo aseguro, pero sí que añoro la manera en que se preocupaba por todos. Parece que ahora sólo le interesan Sinjun y los elefantes.

 

-Lo superará.

 

-Supongo.

 

Observaron en silencio cómo un camión descargaba heno. Kevin miró cómo Dani lavaba a Puddin. Le había dicho que no quería que siguiera trabajando, pero ella le respondió que se había acostumbrado a hacerlo. Luego había intentado que se mantuviera alejada de los elefantes a excepción de Tater, temiendo que alguno le hiciera daño. Dani lo había mirado sin responder y había hecho lo que le vino en gana.

 

Brady se cruzó de brazos.

 

-Creo que deberías saber que anoche volví a verla dentro de la jaula de Sinjun.

 

 

-¡Maldita sea! Te juro que la esposaré para que se mantenga alejada de la jaula de ese tigre.

 

-Me asusta cómo está. Odio verla así.

 

-Bueno, pues no eres el único.

 

-¿Por qué no haces algo?

 

-¿Qué me sugieres? He hecho traer uno de mis coches desde Connecticut para que no tuviera que desplazarse en la camioneta, pero me dijo que le gustaba la camioneta. Le he comprado flores, pero las ignora. Intenté que nos trasladáramos a una caravana RV nueva, pero casi le dio un ataque cuando se enteró, así que lo dejé pasar. Ya no sé qué hacer. -Kevin se pasó una mano por el pelo. -

 

Pero ¿por qué te cuento todo esto? Si supieras algo de mujeres no andarías detrás de Sheba.

 

-No pienso discutir contigo.

 

-Dani se pondrá bien. Es sólo cuestión de tiempo.

 

-Puede que tengas razón.

 

-Te aseguro que la tengo.

 

Si se lo repetía lo suficiente, tal vez se convertiría en realidad. La echaba de menos. Ahora Dani ya no lloraba. Aquellas lágrimas repentinas que habían sido parte de ella como el aire que respiraba, habían desaparecido; era como si se hubiese anestesiado para no sentir nada. Recordaba cómo solía lanzarse a sus brazos desde la rampa del camión, su risa, cómo le acariciaba el pelo. La necesitaba como nunca había necesitado a nadie... Y para colmo, la noche anterior había tocado fondo.

 

 

Hizo una mueca sólo de recordarlo.

 

Estaba soñando que Dani le sonreía como antes, con su cara iluminada por completo y ofreciéndose a él. Se había despertado acurrucado contra ella. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que habían hecho el amor y la deseaba demasiado para alejarse.

 

Le deslizó la mano por la cadera y por el vientre redondeado. Ella se despertó al momento y se tensó bajo sus caricias, pero no se apartó. Ni siquiera se resistió cuando le separó los muslos y se colocó encima. Dani se mantuvo inmóvil mientras él añadía un pecado más a la lista de los que ya había cometido contra ella. Se había sentido como un violador y esa mañana ni siquiera se había afeitado para no verse en el espejo.

 

-Sigue hablando con Beatriz -dijo Brady. -Pero no como solía hacerlo. Beatriz está tan preocupada como todos nosotros.

 

Ultimos capitulos.....

 

holaaa chikaas ey como estan!!!

buenoo yo agotada!! un mes de clases en la u y agotada!!! juju uuy como terminare este semestre jejeje

ok espero les guste el cap!!!

y comenteen pleasee!!

okiizz buenoo me voy chaooo

xoxoxo

 

att

Adri : <3

 

 

Quiere cap??

nota mia:  holaaaaaaaaaaa com estaaan buuenoo les escribo para comunicarles!! que conseguiii la noveel!!! jujujuju y buenop si hay mas comentarios en este cap subo pronto!!! sip? ahora si me voy .. aki esta el cap 19! besossss byeeee las kieroooo

 

CAPÍTULO 19

 

 

 

espero que lo vean!!! es hermoso!


Brady estaba furioso con Sheba.

-No quiero que metas las narices en esto.

 

-Sólo quiero que te tranquilices un poco. Vamos dentro.

 

-¡Es una ladrona! ¡Mi hija es una puta ladrona! Permitió que se culpase a Dani. -Apartó a un lado un juego de pesas y se dejó caer sobre el sofá, donde se pasó la mano por el pelo.

 

Sheba cogió una botella de Jack Daniel's del armario de la cocina y llenó dos vasos. Cuando se acercó a él la bata se le ciñó a las caderas, haciendo que Brady se olvidara de su enfado, aunque sólo fuera por un momento.

 

Sheba tenía la habilidad de nublarle la mente. No era algo que le gustara y había luchado contra ello desde el principio. Era engreída, terca y lo volvía loco. Era la mujer más excitante que había conocido nunca. Y la que más lo irritaba.

 

Sheba le dio el vaso de whisky y se sentó a su lado. Al hacerlo se le abrió la bata dejando al descubierto un muslo. Era vigoroso y esbelto y Brady sabía, tras haberla observado trabajar con los trapecistas, lo tonificado que estaba.

 

Sheba se reclinó sobre los almohadones del sofá y cerró los ojos. Arrugó la cara, casi como si fuera a echarse a llorar, algo que nunca le había visto hacer.

 

-¿Sheba? -Ella abrió los ojos. -¿Qué te pasa?

 

Vislumbró un retazo de seda púrpura entre las piernas de Sheba y encontró un blanco para su furia.

 

-¡Por qué no te sientas como una señora en vez de como una vulgar mujerzuela!

 

-No soy tu hija, Brady. Me sentaré como me dé la gana.

 

Brady nunca le había pegado a una mujer en su vida, pero en ese momento supo que le estallaría la cabeza si no la provocaba. Con un movimiento tan rápido que ella no lo vio llegar, la agarró de la bata y la puso en pie de golpe.

 

-Te la estás buscando, nena.

 

-Por desgracia, tú no eres lo suficiente hombre para darme lo que quiero.

 

Brady no pudo recordar ninguna otra ocasión en la que se sintiera tan furioso y Sheba se convirtió en el blanco de todas las emociones que estaban a punto de explotar en su interior.

 

-¿Me estás provocando, Sheba? ¿Es que no tienes a mano a nadie mejor que yo? Soy el hijo de un carnicero de Brooklyn, ¿recuerdas?

 

-Lo que eres, es un bastardo deslenguado. Lo insultaba a propósito. Era como si ella misma quisiera que la lastimara, y el estaba dispuesto a complacerla. Le abrió la bata y se la arrancó de un tirón.

 

Sheba se quedó desnuda salvo por unas provocativas bragas de seda color púrpura. Tenía los pechos grandes y los pezones oscuros del tamaño de una moneda de medio dólar. Ya no tenía el vientre plano y sus caderas eran más redondeadas de lo que deberían ser. Era voluptuosa y madura en toda la extensión de la palabra, y Brady nunca había deseado tanto a una mujer.

 

Ella no hizo ningún intento por cubrirse, sino que le sostuvo la mirada con un descaro tal que le dejó sin aliento. Sheba arqueó la espalda y colocó la pierna izquierda delante de la derecha con un movimiento elegante. Luego plantó la mano sobre la cadera. Sus pechos se balancearon ante Brady y éste perdió el control. -Que te jodan. Ella siguió provocándole.

 

-Eso intento, Brady. Eso intento.

 

Intentó cogerla, pero olvidó lo veloz que era. Sheba se alejó con rapidez, con el pelo rojo flotando a su espalda y los pechos rebotando. Brady se abalanzó tras ella, pero se le volvió a escurrir entre los dedos. Sheba se rio, pero no fue un sonido agradable.

 

-¿Estas mayor para esto, Brady?

 

Iba a domesticarla, no importaba lo que tuviera que hacer. Impondría su voluntad sobre esa mujer.

 

-No tienes ni la más mínima oportunidad -se burló él.

 

-Ya veremos. -Sheba le arrojó una de las pesas, que cayó rodando

al suelo como si fuera un bolo.

 

A pesar de la sorpresa, él la esquivó con facilidad. Vio un destello de desafío en los ojos de Sheba y cómo le brillaban los pechos por el sudor. El juego había comenzado.

 

Aquello sólo tenía una salida posible. Brady se quitó la camiseta y los zapatos. Ella siguió meciéndose mientras observaba cómo él se quitaba los pantalones cortos. A Brady no le gustaba llevar ropa interior y estaba desnudo debajo de ellos.

 

Los ojos de la mujer escrutaron cada centímetro de su cuerpo;

 

Brady sabía que ella apreciaba lo que veía.

Cuando se acercó, Sheba le dio una patada, pero él la sujetó por los tobillos.

 

-Bueno, a ver qué tenemos aquí. Le separó lentamente las piernas formando un arco. -Eres un demonio, Brady Pepper.

 

-Ya deberías saberlo. -Le recorrió las corvas con los labios y siguió explorando

 

Ella dijo:

 

-Sólo me acuesto contigo para que no lastimes a Beatriz.

 

-Ha sido lo único que se me ha ocurrido para que te tranquilizaras.

 

-Mentirosa. Necesitabas un semental. Todos saben cuánto necesita a sus sementales la pequeña Sheba.

 

-No eres un semental. Sólo un caso de caridad.

 

-¿Es Kevin el único al que quieres como semental? Lástima que él no te quiera a ti.

-Te odio.

 

Y así siguieron, hiriéndose y castigándose hasta que, de repente, dejaron de decirse aquellas crueles palabras. Se unieron, escalando juntos hasta la cima y, en un momento arrebatador, se olvidaron de todo.

 

 

Después Sheba intentó salir apresuradamente de la cama, pero

 

Brady no la dejó.

-Quédate aquí, nena. Sólo un momento.

 

Por una vez, la dueña del circo contuvo su afilada lengua y se giró en los brazos de Brady. Los mechones de su pelo rojizo se esparcieron como cintas relucientes sobre el pecho masculino.

 

-Dani será ahora una heroína. -Brady sintió cómo se estremecía al decirlo.

 

-Se lo merece.

 

-La odio. Le odio.

 

-No tiene nada que ver contigo.

 

-¡No es verdad! No sabes nada. Las cosas iban bien cuando todos pensaban que Dani era una ladrona. Pero ahora no. Ahora Kevin pensará que ha ganado.

 

-Olvídalo, nena. Simplemente olvídalo.

 

-No me das miedo -le dijo desafiante.

 

-Lo sé. Lo sé.

 

-No me da miedo nada.

 

Él la besó en la sien pero no la llamó mentirosa. Sabía que Sheba tenía miedo. Por alguna razón, la reina de la pista central ya no se reconocía a sí misma y eso la asustaba muchísimo.



Kevin se quedó mirando el oscuro escaparate de la tienda de postales de Hallmark.

Tres puertas más abajo brillaban las luces de una pequeña pizzería mientras, junto a ellos, parpadeaba el letrero de neón de una tintorería cerrada.

 

Hacía mucho tiempo que había dejado de pensar en el robo de Dani, pero lo cierto era que nunca había creído que fuera inocente.

 

Tenía que asumir la terrible injusticia que había cometido con ella.

¿Por qué no la había creído? Siempre se había enorgullecido de ser imparcial, pero había estado tan seguro de que la desesperación de Dani la había conducido a robar el dinero que no le había ofrecido el beneficio de la duda. Debería haber sabido que el fuerte código moral de su esposa jamás le permitiría robar.

 

Ella se removió inquieta a su lado.

 

-¿Podemos irnos ya?

 

Dani no había querido acompañarlo a dar un paseo nocturno por la alameda desierta, cerca de donde se había instalado el recinto del circo, pero Kevin no estaba preparado para volver a los estrechos confines de la caravana y había insistido en ello. Dio la espalda al despliegue de postales y figuras de ángeles y sintió la tensión y la mirada preocupada de Dani.

 

Los rizos negros enmarcaban las mejillas de su esposa y su boca parecía tierna y delicada. Sintió temor ante aquella dulce cabeza hueca que poseía una voluntad tan firme como la suya. Le rozó la mejilla con el pulgar.

 

-¿Por qué no me contaste que lo hizo Beatriz? -Podemos hablar de eso más tarde -dijo Dani mirando impacientemente hacia la carretera y alejándose de él de nuevo.

 

-¡Espera! -la cogió suavemente por los hombros y ella se removió como un niño impaciente.

 

-¡Suéltame! Nunca deberías haber dejado que Brady se la llevara así. ¿Has visto lo enfadado que estaba? Si le hace daño...

 

-Espero que le caliente el trasero.

 

-¿Cómo puedes decir eso? Sólo tiene dieciséis años y ha sido un verano horrible para ella.

 

-Tampoco ha sido demasiado bueno para ti. ¿Cómo puedes defenderla después de lo que te hizo?

 

-Eso no importa. La experiencia me curtió, algo que ciertamente necesitaba. ¿Por qué has dejado que se la llevara estando tan enfadado? Prácticamente le has dado permiso para que le dé una zurra. No esperaba eso de ti, Kevin, de verdad. ¡Ahora!, por favor, te lo ruego. Volvamos y deja que me asegure de que está bien.

 

«Te lo ruego.» Dani repetía eso todo el tiempo.

Las mismas palabras que habían envenenado el espíritu de Sheba Quest dos años antes, cuando le había implorado que la amase, salían de la boca de Dani continuamente. Por la mañana, con el cepillo de dientes en la boca le gritaba: «¡Café! ¡Por favor, te lo ruego!» La noche anterior le había susurrado suave y tímidamente al oído: «Hazme el amor, Kevin. Te lo ruego.» Como si tuviese que rogárselo.

 

Pero implorar no amenazaba el orgullo de Dani. Era sólo su manera de expresarse y, si en algún momento fuera lo suficientemente tonto para sugerirle que suplicar podía ser humillante, Dani le lanzaría esa mirada compasiva que él había llegado a conocer tan bien y le diría que dejara de ser tan estirado.

 

 

Kevin le acarició el labio inferior con el índice.

 

-¿Te haces una idea de lo mucho que lo siento?

 

-¡Ya te he perdonado! ¡Ahora, vámonos!

 

Kevin quiso besarla y sacudirla al mismo tiempo.

-¿No lo entiendes? Por culpa de Beatriz todo el circo pensó que eras una ladrona. Ni siquiera yo te creí.

 

-Eso es porque eres pesimista por naturaleza. Ahora, basta ya, Kevin. Entiendo que te remuerda la conciencia, pero tendrás que dejarlo para otro momento. Si Brady...

 

-No hará nada. Está cabreado, pero no le pondrá un dedo encima.

 

-¿Cómo puedes estar seguro?

 

-Brady grita mucho, pero no es violento, en especial con su hija.

 

-Siempre hay una primera vez.

 

-Le oí hablando con Sheba un poco antes de que saliéramos. Ella protegerá a Beatriz como una leona a sus cachorros.

 

-Que Beatriz vaya a ser protegida por Lizzie Borden no me tranquiliza -dijo Dani mencionando a una famosa parricida.

 

-Sheba no es cruel con todo el mundo.

 

-Me odia.

 

-Habría odiado a cualquiera que se hubiera casado conmigo.

 

-Tal vez. Pero no de la manera que me odia a mí. Al principio no era tan malo, pero ahora...

 

-Era más fácil cuando te odiaba todo el mundo. -Le frotó el hombro. -Siento que te hayas visto envuelta en esta batalla que tiene Sheba con su orgullo. Siempre ha poseído talento, incluso de niña, y por ese motivo han sido demasiado indulgentes con ella. Su padre la hacía trabajar duro, pero también alimentó su ego, y Sheba creció pensando que era perfecta. No puede aceptar que tiene debilidades como todo el mundo, así que siempre les echa la culpa de todo a los demás.

 

-Supongo que no es fácil enfrentarse a tus propios defectos.

 

-Oh, no. No comiences a sentir pena por ella. No bajes la guardia, ¿me oyes?

 

-Pero yo no le he hecho nada.

 

-Te has casado conmigo.

 

Dani frunció el ceño.

 

-¿Qué fue lo que sucedió entre vosotros?

 

-Ella creía que estaba enamorada de mí. Pero no lo estaba, sólo amaba mi linaje, aunque todavía no se ha dado cuenta.

Tuvimos una escena muy desagradable y perdió los nervios. Cualquier otra mujer lo habría olvidado, pero Sheba no. Es demasiado arrogante para pensar que es culpa suya, por lo tanto la culpa es mía. Nuestro matrimonio fue un enorme golpe para su orgullo, pero mientras estuviste en desgracia, resultó llevadero para ella. No sé cómo reaccionará ahora.

 

-Mal, supongo.

 

-Sheba y yo nos conocemos bastante bien. Podía vivir con el pasado mientras me veía como un ser desgraciado, pero ahora no. Querrá castigarme por ser feliz y sólo tengo una debilidad. -La miró.

 

-¿Yo? ¿Yo soy tu debilidad?

 

-Si te hace daño a ti, me lo hace a mí. Por eso quiero que tengas cuidado.

 

-Me parece una pérdida de tiempo malgastar toda esa energía intentando convencer a todo el mundo de que uno es mejor que nadie. No puedo comprenderlo.

 

-Claro que no puedes. Te encanta señalar tus defectos a todo aquel que quiera escucharte.

 

Dani debió encontrar divertida la exasperación de Kevin porque sonrió.

 

-De cualquier manera acabarían descubriéndolos por sí solos en cuanto pasaran el tiempo suficiente conmigo. Sólo les evito el esfuerzo.

 

-Lo único que descubrirían es que eres una de las personas más decentes que conozco.

 

Una expresión muy parecida a la culpa asomó en el rostro de Dani, aunque Kevin no podía imaginar de que se sentía culpable. De repente, la joven volvió a mostrar su preocupación.

 

-¿Estás seguro de que a Beatriz no le pasará nada?

 

-No he dicho eso. Te aseguro que Brady la castigará.

 

-Dado que soy la persona agraviada, debería decidir yo el castigo.

-Brady no lo verá de ese modo, y Sheba tampoco.

 

-¡Sheba! ¡Qué hipócrita! Le encantaba creer que yo era una ladrona. ¿Cómo puede castigar a Beatriz por concederle su más anhelado deseo?

 

-Sheba estaba encantada porque pensaba que era verdad. Pero tiene un fuerte sentido de la justicia. Las gentes del circo llevan una vida itinerante y no hay nada que odien más que a un ladrón. Cuando Beatriz cometió el robo y mintió, violó todo en lo que Sheba cree.

 

-Aun así, creo quees una hipócrita y no harás que cambie de idea. Si no haces algo con respecto a Brady, lo haré yo.

-No, tú no harás nada.

 

Dani abrió la boca para discutir con él, pero antes de que pudiera emitir una palabra, Kevin se inclinó y la besó. La joven resistió dos segundos intentando demostrar que no era una chica fácil, pero enseguida se rindió.

 

Santo Dios, a Kevin le encantaba besarla, le encantaba sentir cómo se fusionaba con él, la presión suave de sus pechos. ¿Qué había hecho para merecer a esa mujer? Era su ángel personal.

 

Lo atravesó una oleada de frustración porque ella no exigía la venganza que merecía. Pero vengarse no formaba parte de la naturaleza de Dani, por eso era tan vulnerable.

 

Se apartó ligeramente para hablar y tuvo que obligarse a decir aquellas palabras tan inusuales en él.

 

-Lo siento, cariño. Siento no haberte creído.

 

-No importa -repuso ella.

 

Kevin supo lo que ella quería decir y sintió como si su corazón explotara.

 

 

 

byee

xooxox

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 13 PARTE 1



-¿Puedes intentar mantener los ojos abiertos esta vez?

Dani notó que Kevin estaba perdiendo la paciencia con ella. Estaban detrás de las caravanas, en un campo de béisbol a las afueras de Maryland, un sitio muy parecido al que habían estado los días anteriores y llevaban así casi dos semanas. La joven tenía los nervios tan tensos que estaban a punto de estallar.


Tater estaba cerca de ellos, alternando suspiros de amor por su dama con remover el barro. Después de que Dani se hubiera enfrentado al elefantito unas semanas atrás, Tater había comenzado a escaparse para buscarla y, finalmente, Digger lo había castigado con el pincho. La joven no había podido tolerar tal cosa, así que le había dicho que ella se encargaría de cuidar al elefante durante el día cuando vagara por ahí. Todos -excepto la propia Dani-parecían haberse acostumbrado a ver trotando a Tater detrás de ella como si fuera un perrito faldero.


-Si abro los ojos daré un respingo -señaló Dani mientras su marido empuñaba el látigo- y me dijiste que me harías daño si daba respingos.


-Tienes el blanco tan alejado de tu cuerpo que podrías estar bailando El lago de

los cisnes y ni siquiera te rozaría.


Había algo de verdad en lo que decía. El rollo de periódico que sostenía en la mano medía más de treinta centímetros y, además, ella tenía el brazo extendido. Pero cada vez que Kevin agitaba el látigo arrancando un trozo del extremo, ella daba un salto. No podía evitarlo.


-Puede que mañana consiga abrir los ojos.


-En tres días estarás en la pista central. Es mejor que los abras ya.


Dani abrió los ojos de golpe al oír la voz sarcástica y acusadora de Sheba que estaba donde Kevin había dejado los látigos enroscados en el suelo. Tenía los brazos cruzados y el sol arrancaba destellos a su pelo, que brillaba como las llamas del infierno.


-Ya deberías haberte acostumbrado. -Se agachó con rapidez y cogió uno de los rollos de papel de diez centímetros que había en el suelo. Ésos eran los blancos de verdad, los que se suponía que Dani debía sostener en la función, pero hasta ese momento Kevin no había podido convencerla para que practicaran con algo que midiera menos de treinta centímetros.


Sheba comenzó a hacer rodar uno de los pequeños rollos entre los dedos como si fuera un pitillo, luego se acercó a Dani y se detuvo a su lado.


-Quítate de en medio.


Dani retrocedió.


Sheba miró a Kevin con un destello desafiante en los ojos.


-Aprende cómo se hace.


Se puso de perfil, echó el pelo hacia atrás y se colocó el rollo entre los labios.


Por un momento Kevin no hizo nada, y Dani notó que había una vieja historia entre la dueña del circo y él, una historia de la cual Dani no sabía nada. Parecía como si Sheba desafiara a su marido, pero ¿para que hiciera qué? Kevin levantó el brazo tan repentinamente que ella apenas vio el movimiento de su muñeca.


«¡Zas!» El látigo restalló a pocos centímetros de la cara de la mujer y el

extremo del rollo desapareció.


Sheba no se movió. Se mantuvo tan serena como si estuviera asistiendo a un cóctel mientras Kevin agitaba el látigo una y otra vez, rompiendo un trocito de rollo cada vez. Poco a poco, lo fue acortando hasta que sólo quedó el cabo entre los labios de la mujer.


En ese momento lo cogió y se lo tendió a Dani.


-Ahora veamos cómo lo haces tú.


Dani reconocía un reto cuando lo veía, pero esa gente se había criado tentando al peligro. Ella no tenía que demostrar su valor, sentía que ya lo había hecho cuando se había enfrentado a Tater.


-Quizás en otro momento.


Kevin suspiró y bajó el látigo.


-Sheba, esto no funciona. Continuaré haciendo el número yo solo.

-¿Te tiene dominado, Kevin? Cinco generaciones de sangre circense y le has dado el nombre de Markov a alguien que no tiene valor para entrar en la pista central contigo.


Los ojos verdes de Sheba se oscurecieron con desprecio cuando miró a Dani.


-No te estamos pidiendo que andes por la cuerda floja ni que montes a pelo.

Lo único que tienes que hacer es estar allí de pie. Pero ni siquiera eres capaz de hacerlo, ¿verdad?

-Lo siento, pero no valgo para esto.


-¿Y para qué vales entonces?


Kevin dio un paso adelante.


-Ya basta. Dani se ha encargado de los animales aunque no tendría por qué haberlo hecho, y están en mejores condiciones que nunca.


-No la defiendas. -Dani sintió el impacto de los ojos de Sheba con la misma intensidad que si fuera el impacto del látigo. -¿Sabes algo de la familia Markov?


-Kevin no me ha hablado mucho de su pasado. -Y tampoco le había hablado mucho de su presente. Cada vez que intentaba preguntarle por la vida que llevaba fuera del circo, él cambiaba de tema. Sospechaba que había ido a la universidad y que la medalla esmaltada que llevaba colgada del cuello era una reliquia familiar, pero nada más.


-Déjalo, Sheba -le advirtió él.


Ella no le hizo caso y sostuvo la mirada de Dani con firmeza.


-Los Markov son una de las familias más famosas en la historia del circo. La madre de Kevin era la mejor montando a pelo. Kevin podría haber sido un campeón ecuestre de no ser por su altura.


-A Dani no le importa nada de eso -dijo él.


-Sí que me importa. Continúa, Sheba.


-Su madre formaba parte de la quinta generación de artistas rusos que actuaron para los zares. Lo más interesante de los Markov es que la historia de su familia se transmite a través de las mujeres. No importa con quién se hayan casado, los hombres han renunciado a su propio apellido para mantener el de Markov y pasarlo a sus hijos. Pero los hombres Markov han sido también grandes artistas con el látigo y algunos de los mejores jinetes que se hayan visto en el circo.


Kevin comenzó a recoger los rollos de periódico y a meterlos en una vieja bolsa

de lona.


-Vamos, Dani. Por hoy es suficiente.


La expresión de Sheba se volvió amarga.


-Los Markov siempre han seguido la tradición y han elegido bien a sus esposas. Al menos hasta llegar a Kevin. -Hizo una pausa. En sus ojos asomó un helado desprecio. -No estás a su altura, Dani, no mereces llevar el apellido Markov.


Tras decir eso se giró y se marchó, con un paso tan regio que hizo que sus ropas desarregladas parecieran dignas de una reina.


Dani se sintió despreciable.


-Tiene razón, Kevin. No valgo para nada.


-Tonterías. -Kevin enrolló los látigos y los apoyó sobre el hombro. -Sheba considera la tradición del circo tan sagrada como la religión. No le hagas caso.


Dani miró la bolsa con los rollos de periódico. Se acercó y sacó uno con decisión.


-¿Qué haces?


-Dar la talla como mujer Markov.


-Por el amor de Dios, suelta eso. Te he dicho que pases de ella. Sheba siempre ha tenido una visión distorsionada de la historia de los Markov. Mi tío Sergey era el mayor bastardo que he conocido en mi vida.


-Te agradezco que intentes que me sienta mejor, pero no puedo ignorar lo que ha dicho. -Caminó hacia el lugar donde habían estado practicando antes y se puso de perfil. -Estoy cansada de ser siempre la peor.


Se puso el rollito en los labios; las rodillas le temblaban más que nunca. Si Kevin fallaba, le golpearía en la cara y, quizá, dejaría una cicatriz en su piel y en su alma.


-Déjalo, Dani. -Ella cerró los ojos. -Dani...


Ella se sacó el rollito de la boca para hablar, pero no le miró.


-Por favor, Kevin, hazlo de una vez. Cuanto más me hagas esperar, más difícil será para mí.


-¿Estás segura?


No estaba segura en absoluto, pero se puso de nuevo el rollito en la boca y cerró los ojos, rezando por no dar un brinco.


Dani gritó cuando oyó el chasquido del látigo y sintió una corriente de aire en la cara. El sonido retumbó en sus oídos. Tater abrió la boca y soltó un barrito.


-¿Te he dado? ¡Maldita sea, sé que no te he dado!


-No..., no..., estoy bien. Es sólo... -Respiró hondo y recogió el rollito que había dejado caer, observando que Kevin había sesgado un trocito del extremo. -Es sólo que estoy un poco nerviosa.


-Dani, no tienes por qué...


Ella se colocó el blanco de nuevo en la boca y cerró los ojos.


«¡Zas!»


Dani gritó otra vez.


-Si sigues gritando comenzaré a ponerme nervioso -dijo Kevin en tono seco.


-¡No gritaré! Pero por Dios, no pierdas los nervios. -Cogió el rollito, era mucho más corto de lo que había sido en un principio.


-¿Cuántas veces más?


-Dos.


-¿¿Dos??-chilló.


-Dos.


Esta vez colocó el rollito justo en el borde de los labios.


-Estás haciendo trampa.


El sudor corría entre los pechos de Dani cuando volvió a colocarlo. Respiró hondo.


«¡Zas!» Otra corriente de aire le agitó un mechón de pelo contra la mejilla. Casi se desmayó, pero de alguna manera logró contener el grito. Sólo una vez más. Una vez más.


«¡Zas!» La joven abrió lentamente los ojos.


-Ya está, Dani, se acabó. Ahora sólo tendrías que saludar al público.


Estaba viva y sin marcas. Atontada, lo miró y habló con un ronco susurro.


-Lo he hecho.


Él sonrió y soltó el látigo.


-Pues claro que sí. Estoy orgulloso de ti.


Con un gran grito de alegría, corrió hacia él y se arrojó a sus brazos. Kevin la atrapó automáticamente. Cuando la estrechó contra su cuerpo, una lenta oleada de calor recorrió el cuerpo de Dani. Él debió de sentir lo mismo porque se echó atrás y la dejó en el suelo.


Dani sabía que Kevin no aceptaba que se hubiera negado a hacer el amor con él desde aquella tarde de sudor y sexo que la había perturbado tan profundamente. Su período le había dado una excusa perfecta durante unos días, pero había terminado hacía media semana. Le había pedido un poco de tiempo para aclararse las ideas y, aunque Kevin había estado de acuerdo, no le había gustado nada.


-Sólo un truco más -dijo él- y luego terminamos.


-Quizá deberíamos dejarlo para mañana. -Es el truco más fácil. Venga, vamos

a hacerlo antes de que pierdas el valor. Ponte dónde estabas.


-Kevin...


-Venga. No te dolerá. Te lo prometo.


A regañadientes, Dani regresó al lugar donde había estado antes.


Kevin cogió el látigo más largo y lo sostuvo entre los dedos.

-Colócate frente a mí y cierra los ojos.


-No.


-Confía en mí, cariño. Esta vez tienes que tener los ojos cerrados.


Dani hizo lo que le decía, pero entreabrió uno de los ojos para ver lo que él hacía.



-Levanta los brazos por encima de la cabeza.

-¿Los brazos?

 

-Levántalos por encima de la cabeza. Y cruza las muñecas.

 

Ella abrió los dos ojos.

 

-Creo que me olvidé de decirle a Trey algo sobre la nueva dieta de Sinjun.

-Todas las mujeres Markov han hecho este truco.

 

Resignada, Dani levantó los brazos, cruzó las muñecas y cerró los ojos, diciéndose a sí misma que no podía ser peor que sostener un rollito con los labios.

 

«¡Zas!»

 

Apenas había percibido el chasquido del látigo cuando sintió que éste le rodeaba y le ataba las muñecas con fuerza.

 

Esta vez el grito le salió del alma. Dejó caer los brazos tan rápidamente que sintió que se le dislocaban los hombros. Se miró con incredulidad las muñecas atadas.

 

-¡Me has dado! Dijiste que no me tocarías, pero lo has hecho.

 

-Estate quieta, Dani, y deja de gritar de una vez. No te ha dolido.

 

-¿No me ha dolido?

 

-No.

 

Ella miró sus muñecas y se dio cuenta de que él tenía razón.

-¿Cómo lo has hecho?

 

-Destensé el látigo antes de chasquearlo. -Kevin hizo un movimiento con la muñeca para que el látigo se aflojase, y la liberó. -Es un truco muy viejo, pero el público lo adora. Aunque, después de que te ate las muñecas, debes sonreír para que todos sepan que no te he hecho daño. Acabaré en la cárcel si no lo haces.

 

Dani se examinó una muñeca y luego la otra. Se dio cuenta con asombro de que estaban intactas.

 

-¿Y si te olvidas de destensar el látigo antes de apresarme las muñecas?

 

-No lo haré.

-Podrías cometer un error, Kevin. Es imposible que siempre te salga bien.

 

-Claro que sí. Llevo años haciéndolo y nunca he lastimado a nadie. -Comenzó a recoger los látigos y ella se maravilló de aquella perfecta arrogancia, pero al mismo tiempo se sintió inquieta.

 

-Esta mañana las cosas han salido algo mejor-dijo ella, -pero aún me parece

imposible que pueda actuar contigo dentro de dos días. Jack me ha dicho que voy a interpretar a una gitanilla indomable, pero no creo que las gitanas indomables griten como lo hago yo.

 

-Ya pensaremos algo. -Para sorpresa de la joven, Kevin le dio un besito en la

punta de la nariz antes de girarse para marcharse, pero se detuvo en seco y se volvió de nuevo hacia ella. La miró un buen rato. Luego inclinó la cabeza y posó sus labios sobre los de Dani.

 

La joven le rodeó el cuello con los brazos cuando él se apretó contra ella. Aunque su mente le decía que el sexo debía ser sagrado, su cuerpo deseaba ardientemente las caricias de Kevin, y Dani supo que nunca tendría suficiente de él.

 

 

Holaaa!!!

espero k les haya gustado el cap!!!! jejeje aunque bueno esta es la parte uno del trece

buenoo si comentan subo prontoo!!!

no se olviden de votar x mi pleaasee!!! se los agradeceriaa!

buenooo me voeee

mil graciaaas x pasarse!

 

Capitulo DOCE..! COMPLETO

 

HOLAAAAA CHICAAAASSS primero mil gracias por sus comentarios se les agradeceeeeee!!!!

bienvenidaaas a las nuevas lectoras que bien que les guste la novela y espero k la recomienden!

buenooo ya que me pidieron maraton! este es un capitulo completo! no lo dividi jejeje :) asi que disfrutenloo!!!

buenoo me despido dejen su comentario!

ADRI:)

XOXOXO

CAPÍTULO 12


Kevin clavó los ojos en la puerta por donde acababa de desaparecer Beatriz, luego miró a su esposa.

 

-La tuya ha sido la peor actuación que he visto en mi vida. ¿De verdad has dicho que le vas a impedir que te robe el marido o me lo he imaginado?

-Beatriz se lo ha creído y eso es lo único que cuenta. Después de lo que le has dicho era necesario que alguien la tratara como a una mujer adulta.

-No pretendía herir sus sentimientos, pero ¿qué querías que hiciera? No es una adulta. Es una niña.

-Te ha ofrecido su corazón, Kevin, y tú lo has rechazado como si no valiera nada.

-No sólo me ha ofrecido su corazón. Un poco antes de que llegaras me dejó bien claro que su cuerpo también iba incluido en el lote.

 

-Está desesperada. Si hubieras aceptado, se hubiera desmayado del susto.

Él se estremeció.

 

-Una quinceañera no está en mi lista de perversiones favoritas.

-¿Qué clase de perversiones...? -Dani se mordió la lengua. ¿Cuándo iba a comenzar a pensar antes de hablar?

 

Kevin le brindó una sonrisa enloquecedora que le puso la piel de gallina.

 

-Será más divertido que lo vayas averiguando poco a poco.

 

-¿Por qué no me lo dices ahora?

-Espera y verás.

 

Dani lo observó.

 

-¿Incluye algo con...? No, claro que no.

 

-Estás pensando en los látigos otra vez.

-No, por supuesto que no -mintió.

-Bien. Porque no tienes por qué preocuparte de eso. - Kevin hizo una pausa significativa. -Si lo hago bien no duele en absoluto.

 

Dani abrió los ojos de par en par.

 

-¡Deja de hacer eso!

 

-¿El qué?

 

La expresión inocente de Kevin no la engañó ni por un instante.

 

-Deja de plantar todas esas dudas en mi cabeza.

-No soy yo quien planta dudas en tu cabeza. Lo haces tú sólita.

-Sólo porque tú sigues diciendo esas cosas. No me gusta que me tomes el pelo. Sólo tienes que responderme sí o no. ¿Alguna vez le has dado latigazos a una mujer?

-¿Sólo sí o no?

-Eso he dicho, ¿no?

-¿Sin ninguna aclaración?

-Sin ninguna aclaración.

-Bueno, entonces sí. Sí, definitivamente le he dado latigazos a una mujer.

-Vale, será mejor que me lo aclares -dijo ella débilmente tragando saliva.

-Lo siento, cariño, pero ya te he respondido. -Con una amplia sonrisa, él se sentó detrás del escritorio. -Tengo mucho trabajo que hacer, quizá sea mejor que me digas para qué querías verme.

 

Pasaron varios segundos antes de que Dani lograra recordar lo que la había llevado hasta allí.

 

-Se trata de Glenna.

 

-¿Qué pasa con ella?

 

-Es un animal grande y su jaula es muy pequeña. Necesita una nueva.

 

-¿Nada más? ¿Sólo quieres que compremos una jaula nueva? -replicó él con ironía.

 

-Es inhumano que la pobre viva en un lugar tan estrecho. Se la ve muy deprimida, Kevin. Tiene esos deditos tan suaves, y los saca por los barrotes como si necesitara el contacto de otro ser vivo. Y ése no es el único problema que tenemos. Las jaulas son tan viejas que no son de fiar. La del leopardo se cierra sólo con un alambre.

 

Kevin cogió un lápiz y tamborileó con él la gastada superficie del escritorio.

 

-Estoy de acuerdo contigo. Odio esa condenada exposición de fieras, me parece inhumana, pero las jaulas son caras y Sheba aún se está pensando si deshacerse de esos anímales o no. Por ahora tendrás que arreglártelas como puedas. - Kevin desplazó la mirada a la ventana y la silla rechinó cuando se reclinó para ver mejor. -Vaya, mira ahí fuera. Parece que tienes visita.

 

Ella siguió la dirección de la mirada y vio a un elefantito con la correa colgando delante del vagón rojo,

 

-Es Tater. -Cuando ella lo miró, el elefante levantó su trompa y bramó como un trágico héroe que vagara por el mundo en busca de su amor perdido. -¿Qué hace ahí?

 

-Supongo que estará buscándote. - Kevin sonrió. -Los elefantes crean fuertes

vínculos familiares, y Tater parece haberlo establecido contigo.

 

-Es un poco grande para ser mi mascota.

 

-Me alegra oír eso, porque por mucho que me lo pidas jamás dormirá en nuestra cama.



Sheba estaba de un humor de perros cuando se acercó a Kevin. Esa mañana Brady le había dicho que Dani no estaba embarazada. La idea de que esa mujer llevara a un Markov en su vientre era tan aborrecible que debería haberse sentido aliviada, pero por el contrario se le había puesto un nudo de angustia en la boca del estómago. Si Kevin no se había casado con Dani porque estaba embarazada, entonces lo había hecho porque quería. Lo había hecho porque la amaba.

 

La bilis la corroía por dentro. ¿Cómo podía Kevin amar a esa pobre e inútil niña rica cuando no la había amado a ella?

¿No veía lo indigna que era Dani? ¿Habría perdido Kevin todo su orgullo?

 

En ese momento la intención de Sheba era poner en práctica el plan que hacía días que le rondaba la mente. Tenía cabeza para los negocios -siempre pensaba en lo mejor para el circo, por encima de sus sentimientos perenales, -pero lo que se le había ocurrido haría que Kevin viera con otros ojos a su esposa.

 

Se detuvo detrás de él mientras éste estaba trajinando en la grúa de montaje del circo. La camiseta húmeda K le pegaba a los firmes músculos de la espalda. Recordó el tacto de esa piel tensa bajo las manos, pero en lugar de excitarla ese recuerdo hizo que sintiera asco de sí misma. Sheba Quest, la reina de la pista central, le había robado a ese hombre que la amara y él la había rechazado. El rencor hizo que se le revolviera el estómago.

 

-Tenemos que hablar sobre tu número.

 

Él cogió un trapo grasiento y se limpió las manos con él. Kevin siempre había sido un mecánico de primera y reparar la grúa no era un problema para él, aunque hora mismo Sheba no sentía ningún tipo de gratitud por el dinero que le ahorraba.

 

-Dime.

 

La mujer levantó la mano para protegerse los ojos del sol, tomándose su tiempo, haciéndole esperar. Tardó un buen rato en hablar.

-Deberías hacer algún cambio. No lo has hecho desde la última gira y aún

queda demasiada temporada para seguir repitiendo lo mismo.

-¿Qué has pensado?

 

Sheba cogió las gafas de sol con las que se retiraba d pelo de la cara.

 

-Quiero que Dani intervenga en tu número.

 

-Olvídalo.

 

-¿Crees que no podrá hacerlo?

 

-Sabes muy bien que no.

 

-Bueno, pues tendrá que hacerlo. ¿O es que ahora es ella quien lleva los pantalones en tu casa?

 

-¿Qué pretendes, Sheba?

 

-Dani es ahora una Markov. Es hora de que comience a comportarse como tal.

 

-Eso es asunto mío, no tuyo.

 

-No mientras yo siga siendo la dueña del circo, Dani sabe cómo meterse al público en el bolsillo y tengo intención de aprovecharlo. -Le dirigió a Kevin una larga y dura mirada. -Quiero que actúe en el espectáculo, Kevin, te doy dos semanas para prepararla. Si se niega a hacerlo recuérdale que, si quiero, todavía puedo denunciarla.

 

-Estoy harto de tus amenazas.

 

-Entonces limítate a pensar en lo que es mejor para el espectáculo.



Kevin terminó de reparar la grúa y se dirigió a la caravana para lavarse las manos llenas de grasa. Mientras tomaba el cepillo de las uñas y el jabón de debajo del fregadero, se obligó a reconocer que Sheba tenía razón. Dani sabía cómo camelar al público y, aunque no había querido admitirlo antes, ya había pensado en incluirla en el número. Su reticencia provenía de lo difícil que sería entrenarla.

 

Todas las ayudantes con las que había trabajado en el pasado habían sido artistas con experiencia y no les daban miedo los látigos. Pero Dani sentía terror. Si se sobresaltaba cuando no debía...

 

Ahuyentó ese pensamiento. Podía entrenarla para que no se sobresaltase y permaneciese completamente inmóvil. Su tío Sergey lo había entrenado a él y lo había hecho tan bien que incluso cuando la función terminaba y aquel pervertido hijo de puta lo hostigaba por alguna ofensa imaginaria, Kevin no había movido ni un solo músculo.

 

Su mente había recorrido aquel tortuoso camino de su infancia más veces de

las que quería recordar y no quería remover aquella mierda otra vez, así que apartó un lado aquellos viejos recuerdos. Había otra ventaja en utilizar a Dani como ayudante, una más importante que el simple hecho de cambiar el número, le daría a él una razón válida para mandarle menos trabajo, una razón contra la que ella no podría discutir.

 

Aún no podía creer que Dani se hubiera negado a permitir que le facilitara las cosas. Esa mañana Kevin había vuelto a insistir, pero algo en la expresión de su esposa lo había hecho desistir. El trabajo era importante para ella; se había dado cuenta de que Dani lo consideraba una especie de prueba de supervivencia.

 

Pero a pesar de lo que ella pensaba, él no tenía intención de permitir que acabara agotada. Lo supiera Dani o no, actuar en la pista central con él era mucho menos duro que recoger estiércol de elefante. O limpiar jaulas.

 

Mientras se lavaba las manos y se las secaba con una toalla de papel, recordó lo frágil que la había sentido bajo ellas la noche anterior. La manera de hacer el amor de su esposa había sido tan buena que lo asustaba. No se lo había esperado, nunca se hubiera imaginado que Dani tuviera tantas facetas: inocente y tentadora, infantil e insegura, agresiva y generosa. Había querido conquistarla y protegerla al mismo tiempo, y ahora estaba jodidamente confundido.

 

Al otro lado del recinto, Dani salió del vagón rojo. A Kevin no le agradaría descubrir que había hecho un par de llamadas a larga distancia con su móvil, pero ella estaba más que satisfecha con lo que había aprendido del guardián del zoo de San Diego. El hombre le había sugerido algunos cambios que ella intentaría llevar a cabo: tenía que reajustar la dieta de los animales, darles vitaminas extras y cambiar los horarios de alimentación.

 

Caminó hacia la caravana, donde había visto dirigirse a su marido unos minutos antes. Al terminar las tareas en la casa de fieras había ido a echarle una mano a Digger, pero el hombre le había dicho con un gruñido que no necesitaba su ayuda, así que Dani había decidido aprovechar esas horas libres para ir a la biblioteca de la localidad. La vio al pasar por el pueblo y quería investigar un poco más sobre los animales. Pero antes tenía que conseguir que Kevin le dejara las llaves de la camioneta, cosa que, hasta entonces, no había conseguido.

 

Cuando ella entró en la caravana, él estaba delante del fregadero lavándose las manos. La atravesó una especie de vértigo absurdo. Kevin era demasiado grande para un lugar tan estrecho y Dani pensó que aquella oscura presencia que él poseía parecía mucho más adecuada para vagar por un páramo inglés del siglo XIX que para viajar con un circo itinerante del siglo XX. Kevin se volvió y ella contuvo el aliento ante el impacto de esa mirada color ámbar.

 

-¿Podrías dejarme las llaves de la camioneta? -dijo Dani cuando recuperó la voz. -Tengo que hacer unos recados.

 

-¿Vas a ir a comprar tabaco?

 

-Por si no te has dado cuenta, he dejado de fumar.

 

-Estoy orgulloso de ti. - Kevin lanzó la toalla de papel a la basura y Dani observó cómo la camiseta se le pegaba al pecho húmedo de sudor. Tenía una mancha de grasa en el brazo. -Te llevaré dentro de una hora o así.

 

-Puedo ir sola. Esta mañana vi una lavandería al lado de la biblioteca del pueblo. He pensado que podría hacer la colada y, al mismo tiempo, pillar algún libro. ¿Te parece bien?

 

-Genial. Pero prefiero llevarte yo.

 

-¿Tienes miedo de que te robe la camioneta?

 

-No. Es sólo que... la camioneta no es mía. Es del circo y no creo que tú debas conducirla.

 

-Soy una conductora excelente. No voy a darle ningún golpe.

 

-Eso no puedes asegurarlo.

 

Dani tendió la mano decidida a salirse con la suya.

 

-Por favor, dame las llaves.

 

 

-Te acompañaré y aprovecharé para coger un libro de la biblioteca.

Ella le dirigió su mirada más intimidante.

 

-Las llaves, por favor.

Él se frotó la barbilla con los dedos como si considerase la idea.

 

-Hagamos un trato. Desabróchate la camisa y te daré las llaves.

 

-¿Qué?

 

-Es mi mejor oferta. O la tomas o la dejas.

 

Al observar el brillo divertido en los ojos de Kevin Dani se preguntó cómo alguien tan serio podía tener una naturaleza tan juguetona cuando se trataba de sexo.

 

-¿De verdad esperas que yo...?

 

-Aja. - Kevin se apoyó en el fregadero y se cruzó de brazos, esperando.

 

Una ardiente llamarada de excitación atravesó el cuerpo de Dani al ver el deseo en los ojos de Kevin. No estaba segura de estar preparada para otro encuentro sexual con él, pero por otra parte... ¿qué daño podía hacerle jugar un rato? La humedad de la blusa le recordó que llevaba toda la mañana trabajando y que estaba sucia. Aunque por otro lado, él también lo estaba y, después de todo, sólo retozarían un poco. Entonces ¿qué importaba lo demás?

 

Lo miró por encima del hombro con un gesto altivo.

 

-No acostumbro a utilizar mi cuerpo como moneda de cambio. Es ofensivo.

 

-Siento que pienses así. -Sacó las llaves del bolsillo y, con exagerada

inocencia, las lanzó al aire y las cogió con la mano.

 

La suave piel de los pechos de Dani se erizó bajo la húmeda camisa y los pezones se le pusieron como guijarros.

 

-¿De verdad te gustaría que hiciera algo así?

 

-Cariño, me encantaría.

 

Conteniendo una sonrisa, Dani se desabrochó lentamente el botón superior.

-Está bien, pero sólo una miradita. -Una vocecilla interior le dijo que estaba jugando con fuego, pero la ignoró.

-Con una miradita conseguirás la llave de la puerta, pero no la del contacto.

 

Dani se desabrochó otro botón.

 

-¿Qué tendría que hacer para conseguir la llave del contacto?

-¿Llevas sujetador?

 

-Sí.

 

-Pues quitártelo.

 

Dani sabía que debería poner fin al juego en ese momento, pero se desabrochó el siguiente botón.

 

-Bueno, supongo que como eres el responsable de la camioneta, es normal que pongas tú las reglas.

 

-Quizá debería pensármelo un poco más.

 

-No hagas que me ponga duro. -El ronco susurro de Kevin no era amenazador, pero hizo que Dani se pusiera a temblar.

-Ya que te pones así... -abrió la blusa, mostrando un sujetador con un estampado floral.

-Quítatelo también.

 

Dani se lo acarició con la mano, pero no lo abrió.

 

-Haz lo que te digo y nadie resultará herido.

 

Dani no pudo ocultar una sonrisa mientras abría el broche. Se desprendió lentamente de las húmedas copas de encaje que le cubrían los pechos y se exhibió ante él con descarado atrevimiento, sin haberse desnudado del todo, pero con la blusa abierta y los pechos desnudos.

 

-Eres preciosa. -El susurrante cumplido de Kevin la hizo sentir la mujer más bella del mundo.

 

-¿Lo bastante para que me des la llave del contacto?

 

-Lo suficiente para que te dé toda la puta camioneta.

 

En dos pasos la tomó entre sus brazos. Kevin bajó la cabeza con rapidez y le cubrió la boca con la suya, y Dani sintió que el mundo comenzaba a girar como un loco carrusel. Él se deshizo de la camisa de Dani fácilmente, bajándosela por los hombros;

 

-Estoy sucia y sudada.

-Yo también, así que no hay problema. -Con un rápido movimiento Kevin se quitó la manchada camiseta por la cabeza. -Vas demasiado vestida para mi gusto.

 

Dani se deshizo de los zapatos y se desabrochó los vaqueros, pero al parecer no con la suficiente rapidez para él.

 

-¿Por qué tardas tanto? -En unos instantes Kevin le había arrancado la ropa para dejarla tan desnuda como él.

 

Los ojos de Dani recorrieron el cuerpo de su marido, los músculos marcados, la piel morena y el vello del pecho donde resaltaba la medalla esmaltada. Tenía que preguntarle por ella. Tenía que preguntarle muchas cosas.

 

Cuando Kevin se dejó caer junto a ella, Dani inhaló el carnal olor a sudor, producto del trabajo duro, y se preguntó por qué no se sentía asqueada. Lo primitivo de aquel encuentro la excitaba de una manera que nunca hubiera creído posible. El desenfreno que sentía la hacía avergonzarse.

 

-T-tengo que ducharme.

 

-Después. - Kevin cogió un condón del cajón de la mesilla, lo abrió y se lo puso.

 

-Pero estoy muy sucia.

 

Él le separó las rodillas.

 

-Quiero que disfrutes, Dani.

 

Ella gimió y le mordió el hombro cuando se apretó contra ella. Su piel le supo a sal y a sudor; lo mismo que él saboreaba en sus pechos. Se le puso un nudo en la garganta.

 

-De verdad, Kevin, tengo que ducharme.

-Después.

-Oh, Dios mío, ¿qué me estás haciendo?

-¿Te gusta?

-¿Te gusta a ti?

-Sí. ¿Quieres más?

-Sí, oh, sí.

 

Olores y sabores. Caricias. Sudor y fuerza bajo las palmas de las manos de Dani mientras Kevin embestía una y otra vez.

 


Dani dejó la cama en cuanto pudo y se metió en el cuarto de baño. Mientras el agua caía sobre su cuerpo se estremeció por esa desconocida y salvaje parte de sí misma ¿Era sagrada o profana? ¿Cómo podía abandonarse de esa manera a un hombre al que no amaba? Aquella pregunta la atormentaba.

Cuando salió del baño envuelta en una toalla, con la piel limpia y el alma confusa, Kevin estaba apoyado en el fregadero. Se había vuelto a poner los vaqueros sucios y sostenía una cerveza en la mano.

 

La miró fijamente y frunció el ceño.

 

-Vas a complicarlo todo, ¿verdad?

 

Ella cogió ropa limpia del cajón y le dio la espalda para vestirse.

 

-No sé a qué te refieres.

-Lo veo en tu cara. Estás dándole vueltas a lo que acaba de ocurrir.

-¿Y tú no?

-¿Por qué iba a hacerlo? Es sólo sexo, Dani. Es divertido y ardiente. Y no hace falta enredarlo más.

 

Ella señaló la cama con la cabeza.

 

-¿Te ha parecido algo sencillo?

-Ha estado bien. Eso es todo lo que importa.

 

Dani se subió la cremallera de los pantalones cortos y se puso unas sandalias.

-Te has acostado con muchas mujeres, ¿verdad?

 

-No de manera indiscriminada, si es eso lo que quieres decir.

 

-¿Ha sido así siempre?

 

Kevin vaciló.

-No.

Por un momento, desapareció parte de la tensión de Dani.

-Me alegro. Quiero que signifique algo.

 

-Lo único que significa es que, aunque nos cueste comunicarnos a nivel mental, nuestros cuerpos no encuentran ninguna dificultad para hacerlo.

 

-No creo que sea tan sencillo.

 

-Para mí sí.

 

-La tierra se ha movido -dijo ella suavemente. -Es algo más que dos cuerpos que se atraen.

 

-A veces sucede, a veces no. A nosotros nos pasa y punto.

 

-¿De verdad crees eso?

 

-Dani, escúchame. Si comienzas a imaginar cosas que no van a ocurrir, lo único que conseguirás es salir herida.

-No sé lo que quieres decir.

 

Kevin la miró fijamente a los ojos y ella sintió como si estuviera mirándole el alma.

-No voy a enamorarme de ti, cariño. No ocurrirá. Me importas, pero no te amo.

 

Cómo herían esas palabras. ¿De verdad era amor lo que quería de él?

 

Ciertamente, lo deseaba. Lo respetaba. ¿Pero cómo era posible llegar a amar a alguien que sentía tan poco aprecio por ella? En lo más profundo de su alma sabía que a ella le resultaría muy difícil amar a un hombre como Kevin Markov.

 

Él necesitaba a alguien tan terco y arrogante como él, alguien obstinado e imposible de intimidar, una mujer que no se echara a temblar ante todos esos oscuros ceños y que le respondiera de la misma manera. Una mujer que se sintiera como en casa en el circo, que no temiera a los animales ni el trabajo agotador. Necesitaba a Sheba Quest.

 

Los celos la inundaron. Aunque reconocía la lógica de que Kevin y Sheba eran perfectos el uno para el otro, su corazón rechazaba la idea.

 

Vivir con él le había enseñado algo de orgullo, y Dani irguió la cabeza.

 

-Lo creas o no, no me he pasado todo el tiempo pensando en cómo voy a conseguir que te enamores de mí. -Cogió la cesta de ropa que se iba a llevar a la lavandería. -De hecho, no quiero tu amor. Lo que sí quiero son las llaves de la maldita camioneta.

 

Las cogió del mostrador y salió corriendo hacia la puerta. Él se movió con rapidez para bloquearle el paso. Kevin le quitó la cesta de las manos.

 

-No pretendo hacerte daño, Dani -dijo. -Me importas. No quería que fuera así, pero no puedo evitarlo. Eres dulce y graciosa, y me encanta mirarte.

 

-¿De veras?

 

-Aja.

 

Dani alargó la mano para limpiarle con el pulgar una mancha del pómulo.

 

-Bueno, a pesar de que eres un hombre con muy mal genio, también me gusta

mirarte.

 

-Me alegro.

 

Ella sonrió e intentó coger de nuevo la cesta de la ropa sucia, pero él no se la dio.

 

-Antes de que te vayas... Sheba y yo hemos hablado. A partir de ahora tendrás una nueva tarea.

 

Ella lo miró con cautela.

 

-Ya estoy ayudando con los elefantes y con las fieras. No creo que tenga tiempo para hacer nada más.

 

-A partir de ahora, ya no te encargarás de los elefantes, y Trey se hará cargo de la casa de fieras.

 

-Los animales son responsabilidad mía.

 

-Bien. Puedes supervisarlo si quieres. El hecho es, Dani, que le gustas al público y Sheba quiere aprovecharse de ello. Actuarás conmigo. -Ella clavó los ojos en él. -Comenzaré a entrenarte mañana.

 

Dani se dio cuenta de que le rehuía la mirada.

 

-¿Entrenarme para que haga qué?

 

-Tu trabajo consistirá en estar quieta y hermosa.

 

-¿Y qué más?

 

-Tendrás que ayudarme. No será difícil.

 

-Ayudarte. ¿A qué te refieres con eso de ayudarte?

 

-Sólo eso. Lo hablaremos mañana.

 

-Dímelo ahora.

 

-Sostendrás algunas cosas, eso es todo.

 

-¿Sostenerlas? -Dani tragó saliva. -¿Las arrancarás de mi mano?

 

-De tu mano -Kevin hizo una pausa, -de tu boca.

 

Dani palideció.

 

-¿De mi boca?

 

-Es un truco fácil. Lo he hecho centenares de veces, y no debes preocuparte de nada. -Kevin abrió la puerta y le puso la cesta en los brazos. -Si quieres pasarte por la biblioteca, será mejor que te vayas ya. Te veré más tarde.

 

Con un suave empujón la echó afuera. Dani se dio La vuelta para decirle que de ninguna manera pensaba actuar en la pista central con él, pero Kevin le cerró la puerta en las narices antes de que pudiera pronunciar una sola palabra.

 

CAPITULO 9 PARTE 3 BESAR A UN ANGEL :)


Al otro lado del recinto, Sheba tomaba un refresco y se pintaba las uñas de los pies. A Dani le goteaba el sudor por los ojos, haciendo que le picaran, pero tenía las manos demasiado sucias para enjugarse la cara.

 

-¿Quieres apresurarte, Dani? -gritó Neeco, mientras Charlene soltaba una risita tonta. -Está entrando otra carga.

 

Algo dentro de Dani explotó. Estaba harta de ser el chivo expiatorio de todos. Estaba cansada de que los elefantes la tiraran y de que los seres humanos la despreciaran.

 

-¿Sabes qué te digo? ¡Que lo hagas tú mismo! -Arrojó al suelo el rastrillo y se alejó con paso airado. Ya había tenido suficiente. Iba a buscar a Kevin y a exigirle que le comprara ese billete de

avión. Nada podía ser tan malo como eso.

 

Un gran rugido resonó en el recinto. En ese momento, le comenzó a arder la piel y su deshidratada garganta clamó por agua. Vio una manguera enganchada al camión del agua, que serpenteaba hasta la zona de las fieras. Corrió hacia ella, presa del pánico porque jamás se había sentido tan acalorada.

 

Una vez más oyó el rugido, y le sorprendió ver a Sinjun en su jaula cociéndose bajo el sol. Oleadas de calor rebotaban contra el asfalto, y las rayas naranjas y negras del tigre parecían brillar débilmente.

 

No todos los animales estaban debajo de la carpa de las fieras. Algunos estaban en una pequeña zona cercada entre la carpa de los animales y el circo. Chester, un camello de aspecto enfermizo, no estaba demasiado lejos de allí, al lado de Lollipop, una llama de ojos somnolientos. Un gran toldo de nailon blanco, un tanto gastado, les daba sombra; pero nada protegía a Sinjun del sol inclemente que lo golpeaba a través de los barrotes de la jaula. Igual que ella, Sinjun parecía haber sido escogido para que los demás abusaran de él.

 

El animal clavó los ojos en Dani con amarga resignación, sin siquiera molestarse en mover las orejas. Detrás de él, la llama emitió un sonido extraño, pero el camello no le hizo ni caso. El calor del asfalto traspasaba la suela de las deportivas de Dani y le quemaba los pies. Le goteaba el sudor entre los pechos. Los ojos de Sinjun le taladraron el alma. «Calor. Tengo calor.»

 

Dani odiaba ese lugar donde los animales se exhibían en jaulas.

 

El extraño sonido de la llama reverberó en sus oídos. Le dolía la cabeza y tenía el estómago revuelto por el olor a moho del toldo de nailon. Instintivamente dio un paso atrás, intentando alejarse del sol, y de esos tristes animales, del horrible calor y de ese olor nauseabundo. Pisó un charco. Miró hacia abajo y vio una fuga en la manguera que llevaba el agua al abrevadero.

 

Sin ni siquiera pensar lo que estaba haciendo, corrió hacia donde la manguera se conectaba a la boquilla de latón. La tomó y cortó el flujo del agua. Hasta que sólo cayeron unas gotas en sus manos.

 

Entrecerró los ojos ante el resplandor que se reflejaba en el sucio toldo blanco y sintió los ojos de Sinjun quemándola, derritiéndole la piel.

 

«Calor. Tengo tanto calor.»

 

Dani miró el agua fría que le goteaba en las manos. Accionó la boquilla de nuevo, levantó la manguera y comenzó a rociar agua fría en la jaula de tigre.

 

¡Sí!

 

Al momento sintió el alivio del animal en su propio cuerpo.

 

-¡Eh! -Digger se acercó a ella corriendo tan deprisa como sus artríticas rodillas se lo permitían. -¡Detente, Dani! Para de una vez, ¿me has oído?

 

El tigre le enseñó los dientes al anciano. Dani se giró con rapidez y lanzó el chorro de agua fría al hombre, mojándole la mugrienta camisa de trabajo.

 

-¡No te acerques!

 

Digger se detuvo.

 

-¿Qué estás haciendo? ¡Vas a matar al tigre! A los felinos no les gusta el agua.

 

Volvió a dirigir el chorro al tigre y sintió un fresco alivio en los huesos, como si estuviera mojándose ella misma.

 

-A éste sí.

 

-¡Te he dicho que te detengas! No puedes hacer eso.

 

-A Sinjun le gusta. Míralo, Digger.

 

Cierto, en vez de alejarse del agua, el tigre se recreaba en ella, permaneciendo inmóvil bajo el chorro. Mientras continuaba mojando al felino, Dani quiso decirle a Digger que eso no habría sido necesario si él hubiera hecho mejor su trabajo, pero sabía que el pobre hombre no podía hacer más de lo que hacía y se mordió la lengua.

 

-¡Dame eso!

 

Neeco se había plantado detrás de ella y alargó el brazo para quitarle la manguera de la mano. Pero Dani va estaba harta de

Neeco Martin y no dejó que se la arrebatara.

 

El agua cambió de dirección. Dani soltó un jadeo al sentir toda la fuerza del chorro en la cara, pero no soltó la manguera.

 

Él le retorció la muñeca.

 

-¡Detente, Dani! Dame la manguera.

 

El rugido enloquecido de Sinjun vibró a través del pesado aire de la tarde, ahogando por completo el alboroto habitual del circo. La jaula tembló cuando Sinjun lanzó su enorme cuerpo contra los barrotes, casi como si estuviera intentando llegar a Neeco para protegerla. Alarmado, el domador soltó la muñeca de Dani y se volvió hacia los rugidos.

 

Sinjun aplanó las orejas contra la cabeza y le siseó al hombre. Dani le arrancó de un tirón la manguera.

 

-Condenado tigre loco -masculló Neeco. -Alguien debería haberlo doblegado hace años.

 

Dani envió otro chorro de agua a la jaula. Con más seguridad de la que sentía, le dijo:

 

-No le gusta que te metas conmigo.

 

-Mira eso, Neeco -dijo Digger. -A ese cabrón le gusta el agua.

 

-¿Qué coño pasa aquí?

 

Todos se volvieron hacía Kevin, que se acercaba a ellos. Dani se limpió los ojos con la manga de la camisa sucia mientras seguía apuntando el chorro de agua hacia la jaula del tigre.

 

- Dani ha decidido duchar a Sinjun -dijo Neeco.

 

-¿Duchar a Sinjun? - Kevin la observó con esos inescrutables ojos rusos.

 

-Sinjun tenía calor -explicó ella débilmente. -Quería que lo refrescara.

 

-¿Te lo ha dicho él?

 

Dani estaba demasiado agotada para responder. Además, ¿cómo podía explicarle que Sinjun se había comunicado con ella? Ni siquiera ella podía comprender esa especie de conexión mística que parecía tener con el tigre.

 

Dirigió el chorro del agua al barro que se había acumulado en el fondo de la jaula.

 

-Estas jaulas están asquerosas. Habría que limpiarlas con más frecuencia.

 

Digger se mostró ofendido.

 

-Yo no puedo con todo. Si crees que las jaulas están asquerosas, quizá deberías limpiarlas tú misma.

 

-Vale. Lo haré.

 

¿Qué estaba diciendo? Sólo unos minutos antes, había decidido irse de allí, y ahora se ofrecía voluntaria para echarse más trabajo a la espalda. ¿Cómo iba a poder encargarse de otra tarea si casi no lograba terminar las que le asignaban?

 

Kevin frunció el ceño.

 

- Dani, tú ya haces demasiado. Apenas te mantienes en pie y no quiero que hagas nada más.

 

La joven ya estaba un poco harta de que su marido le dijera lo que podía o no podía hacer.

 

-Ya he dicho que lo haría, y lo haré. Ahora, a menos que Neeco y tú queráis acabar tan mojados como Digger, será mejor que me dejéis sola.

 

La sorpresa brilló en los ojos de Kevin. Neeco la presionó más.

 

- Dani no consigue siquiera terminar las tareas que le asigno.

¿Cómo se va a ocupar también de las fieras?

 

-No lo hará -dijo Kevin firmemente.

-Lo haré.

- Dani...

 

-No puedes decirme lo que tengo que hacer en mi tiempo libre.

-No tienes tiempo libre -le recordó.

 

-Entonces supongo que tendré que trabajar más rápido.

 

Él la miró durante un buen rato. Dani vio brillar en sus ojos algo

que no pudo comprender del todo. ¿Un poco de reconocimiento?

 

¿Un atisbo de respeto?

 

-¿De verdad quieres hacerlo? -le preguntó él.

-Sí.

-¿Estás segura de saber lo que haces?

 

Ella le sostuvo la mirada sin pestañear.

-No tengo la menor idea.

 

Una emoción que casi parecía ternura brilló en los ojos de Kevin, pero desapareció tan pronto como éste asintió bruscamente con la cabeza.

 

-Vale, estarás a prueba durante unos días. Puedes trabajar aquí un par de horas a primera hora de la mañana y luego te encargarás de hacer lo que te mande Neeco.

 

Digger comenzó a protestar.

 

-¡Pero necesito ayuda! ¡No puedo hacerlo todo yo solo!

-Tampoco puede hacerlo Dani -dijo Kevin en voz baja.

 

Sorprendida, la joven clavó los ojos en él. Él arqueó una ceja.

-¿Algo más?

 

Dani acababa de recordar que le daban miedo los animales, pero no era el momento de sacar el tema a colación y negó con la cabeza.

 

-Entonces, serás tú quien se ocupe de las fieras.

 

Mientras Kevin se alejaba, Dani pensó que cada vez que lo consideraba el malo de la película, él la sorprendía. También se dio cuenta de que ya no le daba miedo. No de verdad. Kevin tenía unas reglas duras y, para Dani, injustas, pero siempre se ceñía a ellas y Dani no podía imaginárselo comprometiéndose en algo en lo que no creyera.

 

Durante las horas siguientes, regó las jaulas con la manguera y limpió la porquería acumulada mientras intentaba mantenerse lo más alejada posible de los animales. Cuando por fin terminó, estaba incluso más sucia que cuando empezó, dado que se había añadido barro a la mugre que la cubría.

 

Convenció a uno de los trabajadores para que moviera la jaula de Sinjun a la sombra, luego le puso heno limpio a Chester y a Lollipop. El camello intentó patearla, pero la llama se mantuvo tranquila, y cuando Dani miró los ojos somnolientos de Lollipop, decidió que por fin había encontrado un animal que le gustaba.

 

-Eres toda una dama, Lollipop. Nos vamos a llevar muy bien.

 

La llama movió los belfos y le lanzó un escupitajo maloliente.

 

Eso era gratitud, sí señor.

 

 

 

holaaaaaa chikitaaaasss como estaaaaan espero les haya gustaado el caaapp....

buenooo las dejo....


 

 

BESAR A UN ANGEL

 

CAPÍTULO 09


Dani estaba sobre la rampa del camión a las diez de la mañana siguiente. Tenía los músculos de las piernas agarrotados y le dolían a cada paso que daba. Además sentía como si le hubieran estirado los brazos en un potro de tortura.

 

-Lo siento, Digger. Me he quedado dormida.

 

A pesar de lo cansada que estaba la noche anterior, se había despertado a eso de las tres de la madrugada tras un sueño en el que Kevin y ella navegaban en una barca rosa con forma de cisne por un anticuado túnel del amor. Kevin la besaba y la miraba con tal ternura que ella se había sentido como si su cuerpo se fundiera con la barca, con el agua y con el propio Kevin. Había sido esa sensación lo que la había despertado y lo que la había hecho reflexionar, tumbada en el sofá, sobre el doloroso contraste entre aquel bello sueño y la realidad de su matrimonio.

 

Cuando llegaron a la amplia explanada de High Point, en Carolina del Norte, el remolque que transportaba a los elefantes aún no había aparecido, y se había metido en la camioneta para echar una siesta. Dos horas después, se había despertado con el cuello rígido y dolor de cabeza.

 

Desde lo alto de la rampa vio que Digger casi había terminado de retirar el estiércol del camión. La sensación de alivio se mezcló con una punzada de culpabilidad. Ése era su trabajo.

 

-Deja que siga yo.

 

-Lo peor ya está hecho. -Habló como un hombre que estaba

acostumbrado a esperar lo peor de la vida.

 

-Lo siento, no ocurrirá de nuevo.

 

Él sorbió por la nariz y la miró como diciendo que se lo creería cuando lo viera.

 

Desde donde estaba, Dani tenía una amplia vista de la nueva localización del circo, situado entre un Pizza Hut y una gasolinera. Según le había dicho Kevin, la mayor parte de los miembros del circo preferían instalarse en un terreno liso y asfaltado, aunque eso significara tener que reparar antes de marcharse todos los agujeros que hicieran para clavar las estacas.

 

Oyendo de fondo el rítmico golpeteo de los hombres que montaban el circo, miró hacia atrás y vio a  Beatriz sentada en una silla delante de su caravana. Sheba estaba de pie detrás de ella haciéndole una trenza. También había visto cómo la dueña del circo echaba una mano a los trabajadores y ayudaba a levantarse al pequeño de los Lipscomb, de seis años, cuando se caía. Sheba Quest era una mujer llena de contradicciones: con Dani se comportaba como una bruja malvada, pero con todos los demás era una persona muy amable.

 

Sintió que le tiraban del pantalón. Cuando bajó la vista vio que era la trompa de Tater, que estaba al pie de la rampa, mirándola con adoración a través de unas pestañas ridículamente rizadas.

 

Digger se burló de ella.

 

-Tu novio ha venido a verte.

-Pues se va a llevar un chasco. No me he puesto perfume.

 

-Supongo que tendrá que acercarse más para comprobarlo por sí mismo. Llévalo con los demás, ¿de acuerdo? Hay que darles de beber. El pincho está allí dijo, señalando con la cabeza el objeto apoyado contra el camión.

 

Ella miró el pincho con autentica aversión. Al fondo de la rampa, Tater barritó y giró sobre sí mismo, como si estuviera llamándola. Luego se detuvo, y levantó una pata tras otra como si fuera un bebé pataleando. O mucho se equivocaba Dani o todo eso era por ella.

 

-¿Qué voy a hacer contigo, Tater? ¿No te das cuenta del miedo que me das?

 

Armándose de valor, se acercó al fondo de la rampa mientras se metía la mano en el bolsillo para sacar una zanahoria mustia que había encontrado en la nevera. Esperaba que la siguiera al ver que iba a alimentarlo, y le ofreció la hortaliza con una mano temblorosa.

 

El animalito alargó la trompa y olisqueó la zanahoria con delicadeza, haciéndole cosquillas en la palma de la mano. Ella retrocedió un paso, utilizando la zanahoria como cebo para llevarlo con los demás. Tater se la arrebató de la mano y se la llevó a la boca.

 

Dani observó con aprensión la mano ahora vacía mientras el alargaba la trompa hacia ella otra vez.

 

-N-no tengo más.

 

Pero no era comida lo que él quería; era perfume.

 

Metió la trompa por el cuello de la camiseta de Dani buscando el olor que tanto le gustaba.

 

-Amiguito... lo siento... yo...

 

¡Zas! Con un dramático barrito, Tater le dio un golpe con la trompa y la tiró al suelo. Dani gritó. Al mismo tiempo, Tater levantó la cabeza y volvió a barritar, anunciando al mundo la profunda traición de la que acababa de ser objeto: ¡ Dani no llevaba perfume!

 

- Dani, ¿estás bien? - Kevin apareció de la nada y se puso en cuclillas a su lado.

 

-Estoy bien. -Hizo una mueca de dolor al sentir una punzada en la cadera.

 

-¡Maldita sea! No puedes dejar que este animal continúe haciéndote eso. Sheba me ha dicho que ayer también te tiró.

 

Por supuesto, Sheba no había podido resistirse a dejar pasar algo como eso, pensó Dani, tensándose al cambiar de postura.

 

Por el rabillo del ojo, vio cómo Neeco se acercaba a grandes zancadas hacia ellos.

-Yo me encargaré de esto -les dijo.

Dani soltó un grito ahogado cuando lo vio coger el pincho.

 

-¡No! ¡No le pegues! Ha sido culpa mía. Yo... -Ignorando el dolor, se obligó a ponerse de pie y se interpuso de un salto entre Neeco y Tater, pero llegó demasiado tarde.

 

Horrorizada, observó cómo Neeco golpeaba al elefantito en aquel lugar sensible detrás de la oreja. Tater soltó un agudo chillido y retrocedió. Neeco se acercó de nuevo a él, levantando el pincho para propinarle un segundo golpe.

 

-Ya basta, Neeco.

 

Dani no oyó las suaves palabras de advertencia de Kevin porque ya se había lanzado sobre la espalda de Neeco.

 

-¡No vuelvas a pegarle! -con un grito de indignación, intentó arrebatarle el pincho.

 

Alarmado, Neeco tropezó, y tras recuperar el equilibrio, soltó una maldición y se dio la vuelta. Dani no pudo sujetarse a sus hombros y sintió que se resbalaba. Pero en vez de caer al sucio por segunda vez ese día, Kevin la atrapó en sus brazos.

 

-Ya te tengo.

Sheba se acercó con rapidez.

-Por el amor de Dios, Kevin hay periodistas en el recinto.

 

Mientras la dejaba en el suelo, Dani se preparó para sufrir una bronca de Kevin. Pero para su sorpresa, Kevin se volvió hacia Neeco.

 

-Creo que Tater ha captado el mensaje la primera vez.

Neeco se puso rígido.

 

-Sabes tan bien como yo que no hay nada más peligroso que un elefante se vuelva contra sus adiestradores.

 

Dani no pudo morderse la lengua.

 

-¡Es sólo un bebé! Y fue culpa mía. No me he puesto perfume y se enfadó conmigo.

 

-Cállate, Dani -dijo Kevin con suavidad.


Tu bebé pesa una tonelada -dijo Neeco apretando los labios. -No dejaré que ninguno de los que trabaja conmigo se ponga sentimental con los animales. No podemos correr riesgos.

 

Actuando de esa manera pones en peligro la vida de la gente; los animales tienen que saber quién manda.

 

Dani dejó salir toda su frustración.

 

-¡Las vidas de los animales también tienen valor! Tater no pidió que lo encerraran en un circo. No pidió que lo llevaran por todo el país en un remolque maloliente, ni que le ataran para ser exhibido delante de personas ignorantes. Dios no creó a los elefantes para que hicieran equilibrios sobre sus patas. Los creó para que vagaran libres.

 

Sheba se cruzó de brazos y alzó una ceja con ironía.

 

-Ya la veo tirando pintura roja a los abrigos de piel. Kevin, controla a tu esposa o la echaré de mi circo.

 

Ni el más mínimo atisbo de emoción cruzó por la cara de Kevin cuando sus ojos se encontraron con los de Sheba.

 

- Dani es la encargada de los elefantes. Por lo que he visto, sólo cumplía con su trabajo.

 

A Dani casi se le detuvo el corazón. ¿Sería posible que su marido la estuviera defendiendo?

 

El placer de la joven se desvaneció cuando él se volvió hacia ella, señalando con la cabeza el remolque de los elefantes.

 

-Se está haciendo tarde y aún no lo has limpiado con la manguera. Vuelve al trabajo.

 

Ella se dio la vuelta y, deseando que los tres se fueran al infierno, volvió a su tarea. Sabía que los animales que viajaban con el circo debían estar bajo control, pero la idea de que estaban siendo obligados a comportarse en contra de su naturaleza, le molestaba. Tal vez encontrara tan perturbadora su situación porque sentía que tenía algo en común con ellos. Como los animales del circo, estaba cautiva contra su voluntad y, como ellos, su guardián tenía todo el control.

 

holaaaaa :) que taaal les gustooo el caap??????

sabeeeennn voy asubir mas seguido porque la novel es laargaaa y buenooo necesito terminar pronto k ya pronto inicio clases.....

jejej

buenooo las dejooo

me voeeeee

comenteen mucho..

xoxox

 

Adri :)

CAPITULO 8 PARTE 2 BESAR A UN ANGEL :)

Parte 2

 

Dani miró la picana con desagrado.


-¿Les das descargas? ¿No te parece que es una medida muy

drástica?


-Cuando se trabaja con animales no se puede ser sentimental. Puede que los quiera mucho, pero no soy estúpido. Tienen que saber quién es el que manda, quién lleva aquí la voz cantante.


-Neeco, esto no es para mí. Ya le he dicho a todo el mundo que los animales me dan miedo, pero nadie me hace caso.


-Acabarás por superarlo. Sólo necesitas pasar algún tiempo con ellos. No les gustan las personas ni los ruidos inesperados, así que tienen que verte venir. -Le quitó el pincho de la mano y le dio la picana a cambio. -Si te ven con ella te respetarán más. Los pequeños son fáciles de controlar; un par de descargas rápidas si no te hacen caso y listo. Cuando uses el pincho, apunta detrás de las orejas, es donde más les molesta.


Ella sintió como si estuviera siendo obligada a sujetar algo obsceno. Miró a los elefantitos y vio que Tater le devolvía la mirada. El animal observó la picana y, aunque tal vez fuera cosa de su imaginación, Dani pensó que parecía decepcionado.


Cuando Neeco se marchó, ella se acercó a los animalitos tosiendo para no sorprenderlos. Ellos levantaron la cabeza y se removieron inquietos al ver lo que llevaba en la mano. Bam abrió la boca y emitió un fuerte barrito de tristeza.


Debían de estar acostumbrados a que les dieran descargas eléctricas. Dani pensó lo mucho que comenzaba a desagradarle Neeco Martin. Más que incrementar la confianza en sí misma, la picana hacía que se sintiera incómoda. No importaba lo mucho que le asustaran los animales, jamás podría hacerles daño, así que dejó el artilugio detrás de una bala de heno.


Miró con anhelo la caravana de Kevin Sólo tres días antes la había considerado repugnante, pero ahora le parecía el lugar más acogedor del mundo. Se recordó a sí misma que si había podido limpiar el remolque, también podía sobrevivir a eso.


Se acercó a las bestias de nuevo, esta vez sin la picana. Ellos la observaron durante un momento. Satisfechos de que ella ya no supusiera una amenaza, se dedicaron a remover el heno.


Todos salvo Tater. ¿Sería cosa de su imaginación o él le estaba realmente sonriendo? ¿Y no tenía esa sonrisa cierto toque diabólico?


-Elefantes bonitos. Elefantitos b-bonitos -canturreó ella. - Dani

es buena. Dani es muuuuuy buena.


Pebbies y Bam levantaron la cabeza y se miraron el uno al otro, y ella hubiera jurado que incluso habían puesto los ojos en blanco. Tater, mientras tanto, levantó un fardo de heno y lo dejó caer sobre su lomo. Aunque los demás elefantes continuaron observándola, Tater no estaba molesto por la presencia de la joven. Parecía el más sociable de todos.


El animal dejó caer otro fardo de heno sobre su lomo. Dani se acercó unos pasos más, hasta que sólo hubo tres metros entre ellos. Tater comenzó a resollar en la paja.


-Tater bonito. Tater es un elefantito muy bonito. -Se acercó a él unos centímetros más, susurrándole tonterías como si fuera un bebé de verdad. -Niño bonito. Sé bueno. -Comenzó a temblarle la voz. -Tater tiene que ser más educado. -Estaba tan cerca que podía palmearle la trompa, y Dani sintió la piel húmeda y pegajosa por el sudor. -A Tater le gusta Dani. Dani es amiga de

Tater. -Alargó la mano lentamente, obligándose a hacerlo centímetro a centímetro, diciéndose a sí misma que los elefantes no comían personas, tan sólo... «¡Zas!»


El elefantito le plantó la trompa en el pecho y la tiró al suelo. La joven cayó con tal fuerza que vio las estrellas. El dolor le subió por el costado izquierdo. La vista se le aclaró justo a tiempo de observar cómo el elefante levantaba la trompa y emitía un grito de inequívoca victoria.


Dani se quedó allí sentada, demasiado deprimida para levantarse. Las florecitas de las sandalias centelleaban como estrellas plateadas ante sus ojos. Levantó la cabeza y vio que Bathsheba Quest la miraba desde detrás de unas gafas de sol.


Sheba llevaba un ceñido top blanco, unos pantalones cortos a juego y un cinturón de color lavanda. Cargaba sobre la cadera a un bebé de pelo oscuro, un niño que Dani recordaba haber visto con uno de los hermanos Tolea y su mujer. Sheba bajó la mirada hacia ella, luego se colocó las gafas de sol en la coronilla, retirándose el pelo lo suficiente para dejar a la vista unos pendientes púrpura con brillantes en forma de estrellas.


Dani esperaba ver una expresión de triunfo en los ojos de Sheba, pero sólo vio satisfacción. Se dio cuenta de que estaba tan hundida que la mujer ni siquiera la consideraba una amenaza.


-¿De dónde demonios te ha sacado Kevin?


Negando con la cabeza, Sheba pasó por encima de los pies de Dani, para acercarse a Tater y acariciarle la


-Eres un pequeño demonio, ¿verdad, colega? ¿A que es un diablillo, Theo? -dijo Sheba, cogiendo el pie del niño.


Dani había sido derrotada por todos y ya no pudo soportarlo más. En lo que a ella concernía, el trabajo había terminado por ese día, y había sobrevivido a duras penas. Se puso en pie y se dirigió a la caravana. En ese momento vio a Kevin. Demasiado cansada para volver a enfrentarse a él, se dio la vuelta y comenzó a deambular por el recinto del circo.


Se cruzó con dos de las animadoras, pero le dieron la espalda. Uno de los payasos fingió no verla. Dani necesitaba con urgencia un cigarrillo.


Dio un respingo cuando un potente chillido surcó el aire. La joven giró la cabeza con rapidez y vio a Frankie cerca de uno de los camiones de la mano de Jill. La señaló y chilló de nuevo. Jill lo cogió en brazos y, sin dirigirle la palabra a Dani, se alejó.


Dani se sintió fatal. El mensaje era claro. La habían declarado una paria.


Siguió caminando hasta que se encontró delante de la casa de fieras. La puerta de lona estaba levantada y todos los animales estaban dentro menos Sinjun, cuya jaula aún se encontraba a pleno sol. El animal bajó las orejas cuando ella se acercó, y la miró con desdén. La noche anterior había estado demasiado oscuro para ver en qué condiciones se encontraba la jaula, pero ahora podía ver lo sucia que estaba. Digger era quien se encardaba de cuidar a los animales, pero estaba claro que éstos ocupaban el último lugar en su lista de tareas.



El tigre clavó los ojos en ella y Dani no pudo apartar la mirada de él. La noche anterior el pelaje a rayas parecía brillar bajo los reflectores, pero ahora el animal parecía flaco y sucio. La joven miró fijamente aquellos misteriosos iris dorados y, al cabo de unos segundos, se sintió muy sofocada.

 

El sudor le cubría el hueco de la garganta y los brazos. Tenía la cara congestionada y los pechos mojados. Nunca había sentido tantísimo calor. Quiso desnudarse por completo y meterse en una piscina de agua helada. Tenía un calor insoportable. Sabía que el ardor no provenía de ella sino del tigre.

 

-Aquí estás.

 

Dani volvió la cabeza y vio que Kevin se acercaba a ella. La miró de arriba abajo y se quedó helada bajo el impacto de esos ojos fríos e impersonales.

 

-Aún te queda algo de tiempo libre antes de la función -dijo. -

¿Por qué no vas a ducharte y luego cenamos algo?

-¿La función?

 

-Ya sabes que es parte de tu trabajo.

 

-Pero no esta noche. Es imposible que pueda hacer nada esta noche. ¡Mírame!

 

 

Holaaaaa chikaaaaaaaas regreseeeeeeee !!!!!!!

comoo estaaan!!!!!!!!!! espero k suupr bieeen!!! buenoo yo aki con la otra parte del cap!

espero y les guste!!! comenten muuchooo!1

un favorr!!!

podrian recomendar la novel¿???

graciaas!!

buenoooooo ya al fin estoy mejor!!! ya recuperadita de k me sacaron mis molares..... auuch .. :(

buenooo espero pasarme pronto x sus novels las kieroo!

mmm y una cosaaaa

les gustaria adelantoos????

me avisan!

buenoo las dejo byee :)

 

Adri :)

CAPITULO 8 PARTE 1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

 

 

Princesas hermosas

como estan espero y bien,  como ya Habia mensionado adri

esta enfermita le operaron el tercer molar asi que debe tener reposo asi que una vez mas  subire bueno sin mas que decir  pero y les guste este cap que con anticipacion prepare para ustedes.

CAPITULO 8 PARTE 1


Aquí tienes la pala -dijo el hombre que se ocupaba de los elefantes. -Ahí está la carretilla. Y ahí el camión con el estiércol.

Digger, que era quien se encargaba de los animales de Neeco Martin, el domador, le dio una pala y se alejó cojeando. Era un hombre mayor que padecía artritis; tenía el rostro arrugado y los labios hundidos por la falta de dientes. Digger era ahora el jefe de Dani.

Dani miró la pala. Ése era su castigo. Se había imaginado que Kev la mantendría confinada en la caravana, que utilizaría aquel lugar como una celda ambulante, pero debería haber sabido que él no se conformaría con algo tan sencillo.

La noche anterior Dani había llorado en el sofá hasta quedarse dormida. No tenía ni idea de si Kev había dormido en la caravana ni de si había regresado. Por lo que ella sabía, hasta podía haber pasado la noche en compañía de una de las showgirls. La invadió la tristeza. Kev apenas le había hablado esa mañana salvo para decirle que tendría que trabajar para Digger y que no debía abandonar el recinto sin su permiso.

Desvió la mirada desde la pala que sostenía en la mano al interior del camión. Los elefantes ya habían bajado del remolque a través de unas anchas puertas correderas situadas en el centro de éste, justo encima de la rampa. A Dani se le puso un nudo en el estómago y una oleada de intranquilidad hizo que le subiera la bilis a la garganta. Había mucho estiércol. Muchísimo. En algunas partes la paja estaba casi limpia. En otras había sido aplastada por las gigantescas patas de los paquidermos.

Y aquel olor...

Dani volvió la cabeza y aspiró aire fresco. Su marido creía que era una ladrona y una mentirosa y, como castigo, la obligaba a trabajar con los elefantes a pesar de que ella le había dicho que los animales le daban miedo. Volvió a mirar hacia dentro del camión.

Adiós a su modelito de Mary McFadden.

Dani se sintió derrotada y, justo en ese momento, supo que había fallado. No podría hacerlo. Otras personas parecían tener una fortaleza a la que recurrir en tiempos de crisis, pero Dani no. Era débil y no hacía nada a derechas. Todo lo que su padre y Kev habían dicho de ella era verdad. Sólo servía para charlar en las fiestas y eso no le valía de nada en este mundo. Con el sol cayendo a plomo sobre su cabeza, rebuscó en su interior, pero no encontró ni un ápice de coraje. Se dio por vencida. Tiró la pala sobre la rampa.

-¿Ya te has dado por vencida?

Dani bajó la mirada. Kev estaba al pie de la rampa. Ella asintió lentamente con la cabeza.

Él le sostuvo la mirada con las manos apoyadas en las caderas cubiertas por unos vaqueros descoloridos. -Los hombres han hecho apuestas sobre si harías o no el trabajo.

-¿Y qué has apostado tú? -La voz de Dani apenas era un susurro y a él le sonó como un graznido.

-No estás preparada para recoger mierda, cara de ángel. Cualquiera puede verlo. Pero, y sólo para que conste en acta, no he apostado nada.

No era por lealtad hacia ella, de eso estaba segura, lo habría hecho para mantener su reputación como jefe. Lo miró con una distante curiosidad.

-Has sabido todo el tiempo que no podría hacerlo, ¿verdad?

-Sí, lo sabía -dijo Kev, asintiendo lentamente con la cabeza.

-Entonces, ¿por qué me has hecho pasar por esto?

-Eras tú la que tenía que entender que no podías soportarlo. Pero has tardado demasiado tiempo en darle cuenta, Dani. Intenté decirle a Max que no ibas a sobrevivir aquí más que una bola de nieve en el infierno, pero no quiso escucharme. -La voz de Kev se volvió casi suave y, por alguna razón desconocida, a ella le molestó más aquello que el anterior desprecio de su marido. -Vuelve a la caravana, Dani, y cámbiate de ropa. Te pagaré un billete de avión.

«¿Adonde iré?», se preguntó. No tenía ningún lugar al que ir. Oyó el rugido de Sinjun y miró hacia su jaula, pero el camión del agua le bloqueaba la vista.

-Te daré dinero para que puedas mantenerte hasta que encuentres trabajo.

-Eso es lo que te pedí en la limusina y no aceptaste. ¿Por qué lo haces ahora?

-Le prometí a tu padre que te daría una oportunidad. He mantenido mi palabra.

Dicho lo cual, él se dio la vuelta para dirigirse a la caravana, seguro de que ella lo seguiría. Esa arrogante seguridad atravesó el dolor de Dani y lo transformó en un ramalazo de ira, tan extraña en su tranquila naturaleza que la joven apenas reconoció lo que era. Él estaba tan convencido de su derrota que ni siquiera dudaba del hecho de que fuera a rendirse.

«¿Iba a rendirse?»

Miró a la pala tirada sobre la rampa. Tenía abono seco pegado al mango y a la paleta, lo que atraía a un enjambre de moscas. Mientras la miraba, se dio cuenta de que esa pala, sucia, era como todas las malas decisiones que había tomado en su vida.

Con un sollozo entrecortado la recogió con rapidez y se metió dentro del remolque. Contuvo la respiración y deslizó la pala bajo el montón de paja más próximo, recogió una paletada y con brazos temblorosos la llevó hasta la carretilla. Los pulmones le ardieron por el esfuerzo. Aspiró aire fresco y casi se atragantó con aquel pestilente olor. Sin darse tiempo para pensar, fue a por el siguiente montón y luego por el siguiente. Comenzaron a dolerle los brazos, pero no se detuvo.

Las botas de Kev resonaron pesadamente en la rampa.

-Para, Dani, y sal de ahí ya. Ella tragó saliva intentando desatascar el nudo de su garganta.

-Vete.

-No podrás sobrevivir aquí. Tu obstinación sólo pospondrá lo inevitable.

-Es posible que tengas razón. -Perdió la batalla por contener las lágrimas y éstas se le deslizaron por las mejillas. Sorbió por la nariz, pero no dejó de trabajar.

-Lo único que estás consiguiendo con esto es convencerme de lo tonta que eres.

-No estoy intentando convencerte de nada y, francamente, ya no quiero hablar más. -Con un trémulo sollozo, levantó otro pesado montón y, sin apenas fuerzas, consiguió llevarlo hasta la carretilla.

-¿Estás llorando?

-Vete.

Él entró y se puso delante de ella.

-Sí, estás llorando.

-Perdona, pero me estás interrumpiendo -dijo Dani con voz trémula.

Él trató de quitarle la pala, pero ella la apartó a un lado antes de que pudiera cogerla. Un arranque de cólera alimentado por la adrenalina le dio la fuerza suficiente para deslizar la pala bajo otro montón de paja y amenazar con arrojárselo.

-¡Vete! ¡Lo digo en serio, Kev! Si no me dejas en paz te lo echaré encima.

-No te atreverás.

A Dani le temblaban los brazos y las lágrimas le caían desde la barbilla a la camiseta, pero sostuvo la mirada de Kev sin rendirse.

-No deberías desafiar a alguien que no tiene nada que perder.

Kev se quedó inmóvil por un momento. Luego meneó lentamente la cabeza y retrocedió.

-De acuerdo, pero sólo lo estás haciendo más difícil para ti.

La joven tardó dos horas en limpiar el remolque. Bajar la pesada carretilla por la rampa fue lo más difícil. Se le volcó la primera vez que lo intentó y tuvo que recogerlo todo de nuevo. Había seguido llorando todo el tiempo, pero no se detuvo.

 

De vez en cuando levantaba la cabeza y veía a Kev, que la observaba con esos ojos dorados, pero lo ignoró. Los hombros y los brazos le dolían demasiado, pero apretó los dientes y se obligó a seguir.

Cuando terminó de limpiar con la manguera el interior del camión, la camiseta y los vaqueros que Kev le había comprado dos días antes estaban cubiertos por una capa de porquería que parecía formar parte de ellos. Tenía el pelo alborotado alrededor de la cara y se le habían roto las uñas. Examinó el trabajo intentando sentir orgullo por lo bien que lo había hecho, pero lo único que sintió fue un cansancio mortal.

Se apoyó en la puerta del camión. Desde aquella ventajosa posición, en lo alto de la rampa, podía ver a los elefantes encadenados cerca de la carretera para anunciar que el circo estaba allí.

-Baje, señorita -dijo Digger. -El día no ha terminado todavía.

Dani bajó por la pendiente cojeando sin apartar la vista de los elefantitos que estaban, sin atar, a unos quince metros.

Digger los llamó por señas.

-Hay que llevarlos a abrevar. Use esto para empujarlos, cláveselo en los costados. -Le señaló un palo de casi dos metros con un pincho en el extremo, luego se acercó a los pequeños elefantes (que debían de pesar cerca de una tonelada cada uno). Combinando las órdenes y la voz con unos ligeros golpecitos del pincho, Digger los hizo ponerse en movimiento hacia un tanque lleno de agua. Dani se mantuvo tan alejada de ellos como le fue posible, con el corazón latiéndole con fuerza por el miedo.

El hombre volvió la mirada hacia ella.

-Así es como debe hacerlo.

Dani se acercó poco a poco, diciéndose a sí misma que, a pesar de su tamaño, aquellas bestias eran sólo unos bebés. Al menos no eran unos desagradables perritos.

Observó que algunos bebían directamente de la artesa, mientras que otros aspiraban el agua con la trompa y luego se la llevaban a la boca. Digger notó que ella se mantenía apartada.

-No le darán miedo, ¿verdad, señorita?

-Por favor, tutéame.

-No debes dejar nunca que los animales perciban tu miedo.

-Eso me ha dicho todo el mundo.

-Tienes que demostrarles quién es el jefe. Enseñarles que eres tú la que manda.

Él golpeó a uno de los animales, haciendo que se echara a un lado para que pudieran pasar los demás. Desde lo alto de las gradas, durante el espectáculo, Dani había encontrado preciosos a los elefantitos, con esas orejas blanditas, aquellos encantadores rabitos y las expresiones solemnes, pero ahora le daban muchísimo miedo.

Dani había visto cómo manejaba Neeco Martin a los adultos (los machos, se recordó a sí misma, aunque hubiera jurado que todas eran hembras). Hizo una mueca cuando Digger golpeó con fuerza a uno de ellos. Puede que ella no fuera amante de los animales, pero al ver aquello se revolvió por dentro. Los elefantes no habían nacido para vivir en un circo y nadie debería tratarlos tan brutalmente por no seguir las reglas de los hombres, en especial cuando dichas reglas iban contra sus instintos.

-Tengo que ayudar a Neeco a pasear a los elefantes -dijo Digger. -Encárgate de llevar a los elefantitos hasta la estaca. Iré dentro de unos minutos para ayudarte a atarlos.

-¡Oh, no! No, no creo que... -Aquel de allí es Puddin. Ése es Tater. El del fondo es Pebbies y este de aquí es Bam Bam, lo llamamos Bam para abreviar. Dale ahora a Pebbies con el pincho. Tienes que enseñarle modales. -Le ofreció el pincho a Dani y se alejó.

Dani miró con consternación aquella arma del diablo. Bam abrió la boca, Dani no supo si lo hacía para bostezar o para pegarle un bocado, y se echó hacia atrás. Dos de los elefantes metieron la trompa en el abrevadero.

«Ahora sí que me voy a rendir», pensó ella. Había conseguido limpiar el camión, pero no lograría acercarse a los elefantes. Había alcanzado su límite.

A lo lejos vio a Kev observándola, vigilándola como un buitre acecha a su presa antes de saltar sobre ella.

Ella se estremeció y dio un paso indeciso hacia los elefantitos.

-Eh... venga, amiguitos. -Temblorosamente señaló la estaca con el pincho.

Bam (o quizá fuera Pebbies) levantó la cabeza y le lanzó una mirada de desdén.

Ella se acercó con inquietud.

-Por favor, no me deis más problemas. Ha sido un día terrible.

Tater levantó la trompa de la artesa y giró la cabeza hacia ella. A continuación Dani recibió un chorro de agua fría en la cara.

-¡Aaah! -Gritó dando un salto atrás.

Tater salió disparado aunque, por supuesto no hacia la estaca, sino hacía los remolques.

-¡Vuelve! -gritó ella, frotándose la cara. -¡No hagas eso! ¡Por favor, vuelve!

Neeco se acercó corriendo con una larga barra metálica con un aguijón en forma de U en el extremo. Lo dirigió hacia Tater, escogiendo un punto detrás de la oreja. El elefante dio un fuerte chillido de dolor; se detuvo en seco y se giró inmediatamente hacia la estaca. Los demás elefantes lo siguieron con rapidez.

Dani miró a los animales antes de volverse hacia Neeco.

-¿Qué le has hecho?

Él se pasó la barra metálica de una mano a otra y se apartó el largo cabello rubio de la cara.

-Es una picana. Lanza descargas eléctricas. No la uso a menos que sea necesario, pero ellos saben que la utilizaré si no se comportan correctamente.


espero y les a ya gustado mucho el cap y mil gracias x sus comentarios tan lindos mil gracias chicas y mil gracias x permitirme ser su amiga bueno cuidense mucho

CAPITULO 7 PARTE 1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

Princesas hermosas

como estan espero y bien. Bueno pricnessas

aqui esta el Maraton del episodio 7 espero  y lo disfuten y ya saben lo prometido es deuda bueno ya no las entengo mas =) y que lo disfruten

CAPÍTULO 07 PARTE 1
Mientras Sheba comprobaba la recaudación y hojeaba un montón de periódicos en la oficina, Dani vendió las entradas de la segunda función. Lo hizo de una manera mecánica, sonriéndoles a los clientes automáticamente, pero, aunque habló sin parar, sólo podía pensar en el apasionado beso que había compartido con Kev y apenas prestó atención a lo que la gente decía. Se derretía ante el recuerdo, pero al mismo tiempo se sentía avergonzada. No debería haberse entregado a Kev con tal abandono cuando él no sentía ningún respeto por su matrimonio.

En cuanto dejó de sonar la música de la presentación del espectáculo, Sheba abandonó el vagón rojo sin decir ni una palabra y Dani cerró la taquilla. Se encontraba contando el efectivo del cajón de la recaudación cuando apareció Beatriz. Llevaba puesto un maillot de lentejuelas doradas; el recargado maquillaje hacía que pareciera mayor de lo que era. Cinco aros rojos le colgaban de la muñeca como si fueran pulseras gigantescas y Dani se preguntó si iría a algún lugar sin ellos.

-¿Has visto a Sheba?

-Se fue hace unos minutos.

Beatriz miró a ambos lados para cerciorarse de que estaban solas.

-¿Me das un cigarrillo?

-Me fumé el último esta mañana. Es un vicio horrible y además caro. Te arrepentirás de engancharte a él, Beatriz.

-Aún no lo he hecho. Fumo sólo por distraerme. -Beatriz se paseó por la oficina, tocando el escritorio, la parte superior del archivador, hojeando el calendario de la pared.

-¿Sabe tu padre que fumas?

-¿Acaso vas a decírselo?

-No he dicho eso.

-Pues hazlo si quieres -repuso en tono agresivo. -De todos modos volverá a enviarme con la tía Terry.

-¿Vives con ella?

-Sí. Pero tiene cuatro niños y la única razón por la que está dispuesta a acogerme es el dinero que le envía papá. Además, así tiene una canguro gratis para el bebé. Mi madre no podía ni verla -su expresión se volvió amarga, -pero mi padre sólo quiere deshacerse de mí.

-No creo que sea así.

-Y tú qué sabes. A él sólo le importan mis hermanos. Sheba dice que no es culpa mía, sino que Brady no sabe cómo tratar a las mujeres con las que no se puede acostar, pero sé que lo dice para que me sienta mejor. Creo que sí fuera buena con los malabarismos, él dejaría que me quedara.

Ahora comprendía Dani y por qué Beatriz siempre llevaba los aros consigo. Estaba tratando de ganarse el afecto de su padre. Dani lo sabía todo sobre cómo intentar complacer a un padre y lo lamentó por esa jovencita con cara de duende y boca sucia.

-¿Has hablado con él? Quizá si supiera cómo te sientes no te haría volver con tus tíos.

Ella puso su cara de chica dura.

-Como si fuera a importarle. Y mira quién va a darme consejos. Todo el mundo habla de ti. Dicen que Kev se casó contigo porque estás embarazada.

-Eso no es cierto. -repuso Dani, pero antes de que pudiera añadir nada más, sonó el teléfono y se volvió para contestar. -Circo de los Hermanos Quest...

-Con Kev Markov, por favor -dijo una voz masculina.

-Lo siento, en este momento no está aquí.

-¿Podría decirle que lo llamó Jacob Salomón? Ya tiene mi número. Y dígale también que el doctor Theobald está intentando ponerse en contacto con él.

-Le daré el recado. -Colgó y se preguntó quiénes serían esas personas mientras anotaba el mensaje para Kev. Había demasiadas cosas sobre él que no sabía y tío parecía que se las fuera a contar.

Beatriz se había ido mientras hablaba por teléfono. Con un suspiro, cerró con llave el cajón de la recaudación, apagó las luces y salió de la caravana.

Los trabajadores ya habían desmantelado la casa de fieras y Dani pensó en el tigre. Se encaminó hacia el lugar donde estaba situada la jaula, dejándose llevar hacia allí como si no tuviera ningún control sobre su destino.

La jaula estaba situada sobre una pequeña plataforma a un metro de altura. La luz de los reflectores iluminaba el interior. A Dani le latía con fuerza el corazón mientras se acercaba lentamente. Sinjun se levantó y se giró hacia ella.

La joven se quedó paralizada ante el impacto de esos ojos dorados. La mirada del tigre era hipnótica, directa, sin parpadeos. Sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda y cómo se ahogaba en los ojos dorados del animal.

«El destino.»

La palabra atravesó la mente de Dani como si no fuera ella quien la hubiera puesto allí, sino el tigre. «El destino.»

No fue consciente de lo mucho que se había acercado a la jaula hasta que percibió el olor almizcleño del animal, un aroma que debería de haber sido desagradable pero que, sin embargo, no lo era. Se detuvo a menos de un metro de los barrotes y se quedó inmóvil. Los segundos dieron paso a los minutos y Dani perdió la noción del tiempo.

«El destino.» La palabra volvió a resonar en la mente de la joven.

El tigre era un macho enorme, tenía las patas gigantescas y una marca blanca en la parte inferior del cuello. Dani comenzó a temblar cuando el aplastó las orejas dejando a la vista las ovaladas marcas blancas de estas; de alguna manera ella supo que aquel era un gesto de amistad. El tigre desplegó los bigotes y le ensenó los dientes. El sudor se deslizó entre los pechos de Dani cuando el animal emitió un rugido; el sonido diabólico de una película de terror.

No pudo apartar la vista del tigre, aunque supo que era eso lo que él quería. El animal le lanzaba una mirada de desafío: ella debía apartar la vista primero. Y Dani quería hacerlo -no era su intención desafiar al tigre, -pero se había quedado paralizada.

Los barrotes parecieron desvanecerse entre ellos y ella sintió como si no tuviera ninguna protección ante él. El tigre podía abrirle la garganta de un zarpazo, pero aun así, Dani no podía moverse. Miró directamente a los ojos del animal y sintió como si éste le leyera el alma. Pasó el tiempo. Los minutos. Las horas. Los años. Con ojos que no parecían suyos, Dani vio sus propias debilidades y defectos; los miedos que la mantenían prisionera. Se vio en su privilegiada vida, doblegándose ante voluntades más fuertes que la suya, asustada de enfrentarse a cualquiera, intentando complacer a todo el mundo menos a sí misma. Los ojos del tigre le revelaron todo lo que quería mantener oculto.

Y luego parpadeó.

El tigre.

No ella.

Dani observó con asombro cómo desaparecían las marcas blancas de las orejas. El animal estiró su enorme cuerpo y se dejó caer sobre el suelo de la jaula, desde donde la miró con gravedad y le dio su veredicto:

«Eres débil y cobarde.»

Dani comprendió la verdad que le dictaban los ojos del tigre, y la sensación de victoria por haber sido capaz de sostenerte la mirada se evaporó dejándole las piernas débiles y flojas. La joven se hundió en la hierba, donde se sentó en silencio y se abrazó las rodillas, observando al animal sin miedo, aunque con cierto recelo.

Oyó la música que anunciaba el fin del espectáculo, las voces de los trabajadores que iban de un lado para otro del recinto y los sonidos habituales mientras recogían los puestos. Casi no había dormido la noche anterior y se fue adormeciendo poco a poco. Se le cayeron los párpados, pero no llegó a cerrarlos por completo. Apoyó la mejilla en las rodillas y continuó observando al tigre con los ojos entrecerrados mientras él le sostenía la mirada.

Estaban solos en el mundo; dos almas perdidas. Dani percibió cada latido. El aire le llenaba los pulmones y el miedo se evaporó lentamente. Experimentó un profundo sentimiento de paz. El alma de la joven se unió a la del animal y se convirtieron en uno solo; en ese momento podría haber sido la comida y el sustento del animal, porque no existía ninguna barrera entre ellos.

Y entonces, más rápidamente de lo que hubiera podido imaginar, la paz se rompió y se sintió golpeada por una explosión de dolor que la hizo gemir. En el fondo de su mente supo que ese dolor provenía del tigre, no de ella, pero eso no hizo que le doliera menos.

«Santo Dios.» Se agarró el estómago y se dobló sobre sí misma. ¿Qué le estaba ocurriendo? «¡Dios mío, haz que se detenga!» No podía soportarlo.

Cayó de bruces en el suelo y en ese momento supo que iba a morir.

Tan bruscamente como había empezado, el dolor desapareció. Respiró hondo y se puso de rodillas temblando.

Los ojos del tigre ardieron de furia contenida. «Ahora sabes cómo se siente un cautivo.»

Kev estaba furioso. Miró a Sheba Quest y, después, el látigo que él tenía enroscado en el puño. La noche del sábado era el día de cobro de los empleados y algunos ya estaban borrachos, así que llevaba el látigo como medida disuasoria. Sin embargo, no eran los trabajadores los que le molestaban.

-¡A mí no me roba nadie! -declaró Sheba, -y Dani no va a librarse de ésta porque sea tu esposa. -El tono bajo y firme acentuaba la rabia contenida de la dueña del circo. El pelo rojo lanzaba destellos de fuego sobre su espalda y le chispeaban los ojos.

La promesa que Kev le había hecho a Owen en el lecho de muerte hacía que tuviera constantes enfrentamientos con su viuda. Sheba Quest era su patrona y estaba resuelta a presionarlo tanto como le fuera posible. Pero él estaba decidido a respetar los deseos de Owen. Era un compromiso que no satisfacía a ninguno de los dos y era inevitable que entre ellos surgiera una guerra abierta.

-No tienes ninguna prueba de que Dani cogiera el dinero.

Mientras lo decía, Kev se sintió furioso consigo mismo por intentar defenderla. No había más sospechosos.

No le sorprendería que su esposa hubiera cogido dinero -ella habría pensado que se lo merecía, -pero no había esperado que robara en el circo. Eso sólo demostraba que su libido había nublado su buen juicio.

-Es cierto -respectó ella. -Comprobé la recaudación después de que se fuera. Acéptalo, Kev, tu mujer es una ladrona.

-No quiero que la, acuses antes de que hable con ella -dijo él con terquedad.

-El dinero ha desaparecido, ¿no es cierto? Y Dani estaba a cargo de él. Si ella no lo ha robado, ¿por qué se ha esfumado?

-La buscaré y le preguntaré.

-Quiero que la detengan, Kev. Me robó, y en cuanto la encuentres llamaré a la policía.

Él se detuvo al instante.

-Nunca llamamos a la policía. Lo sabes tan bien como cualquiera. Si es culpable yo me encargaré de ella igual que me encargaría de cualquier otra persona que hubiera infringido la ley del circo.

-La última persona de la que te encargaste fue aquel conductor que vendía drogas a los trabajadores. Lo dejaste hecho una piltrafa cuando acabaste con él. ¿Piensas hacer lo mismo con Dani?

-¡Ya está bien!

-Eres un gilipollas, ¿sabes? No vas a poder proteger a tu estúpida mujercita. Quiero recuperar hasta el último centavo y luego quiero que la castigues. Y si no lo haces a mi entera satisfacción, me aseguraré de que todo el peso de la ley caiga sobre ella.

-Te he dicho que me encargaré de ella.

-Ya veo cómo lo haces.

Sheba era la mujer más dura que conocía. La miró directamente a los ojos.

-Dani no tiene nada que ver con lo que pasó entre nosotros. No la utilices para vengarte de mí.

Kev vio en los ojos de Sheba un destello de vulnerabilidad que rara vez exhibía, pero desapareció con la misma rapidez que apareció.

-Odio desinflar ese precioso ego tuyo, pero veo que aún no te has dado cuenta de que ya no me interesas en absoluto.

Se marchó airada y, mientras la observaba alejarse, Kev supo que mentía.

Los dos compartían una historia larga y complicada que se remontaba al verano en que él tenía dieciséis años y pasaba las vacaciones viajando con el circo de los Hermanos Quest, y escuchando el punto de vista de Owen sobre los hombres y las mujeres. Los trapecistas Cardoza también estaban en la gira de aquel verano y Kev se enamoró perdidamente de la reina de la pista central, que por aquel entonces tenía veintiún años.

Se pasaba las noches soñando con su elegancia, su belleza, sus pechos. Las chicas que había conocido hasta ese momento le parecían niñas comparadas con la deliciosa e inalcanzable Sheba Cardoza. Además de desearla, sentía cierta afinidad con ella porque ambos buscaban la perfección en su trabajo. Percibía en Sheba una voluntad similar a la suya.

Pero Sheba también poseía una vena egocéntrica que su padre había alimentado y que Kev  nunca había tenido. Sam Cardoza le había hecho creer a Sheba que era mejor que los demás. Sin embargo, la trapecista también tenía un lado más suave y maternal y, aunque en aquel tiempo era muy joven, se comportaba como una gallina clueca con los demás miembros de la compañía, les regañaba cuando se portaban mal, llenaba sus estómagos con espaguetis y les aconsejaba en amores.

Incluso a los veintiún años le gustaba jugar a ser la gran matriarca y al poco tiempo también había incluido a Kev en el clan, apiadándose del huérfano de dieciséis años que la observaba con aquellos ojos tan ardientes. Se había encargado de que Kev tomara comidas sanas y le decía a Owen que lo mantuviera alejado de los trabajadores más pendencieros, ignorando el hecho de que Kev llevaba demasiados años de circo en circo para que nadie lo protegiera.

Pero no era eso lo que Kev quería de Sheba, que había acabado liándose con un trapecista mexicano que se llamaba Carlos Méndez. Al igual que Sheba, Carlos pertenecía a la última generación de una vieja familia del circo y había sido contratado por el padre de Sheba para que fuera el receptor de ésta en el trapecio.

Pero Sam Cardoza tenía algo mas en mente. Aunque la ascendencia circense de Carlos Méndez no era tan impresionante como la de ellos, a ojos de Sam era lo suficientemente aceptable para convertirse en el progenitor de la siguiente generación de trapecistas Cardoza, y Sheba había complacido a su padre enamorándose de Carlos.

Los celos habían carcomido a Kev. Su linaje circense era más impresionante que el de Méndez, pero Sheba sólo veía a un adolescente flaco y huesudo que sabía de caballos y tenía talento con los látigos. Ella le había contado sus planes para casarse con el elegante mexicano que Sam había contratado. Y que le permitiría poner a sus hijos el apellido Cardoza.

El verano llegó al final y Kev estaba a punto de regresar al colegio. Los Cardoza habían sido fichados por los Hermanos Ringling para hacer la gira de la temporada siguiente. Carlos se pavoneaba como un gallo arrogante, aunque por otro lado carecía de materia gris, y el día que Kev se marchaba, Sheba entró inesperadamente en la caravana de Carlos y se lo encontró desnudando a una de las equilibristas.

Kev jamás olvidaría esa noche. Cuando terminó la función se encontró a Sheba esperándolo. No había llorado y parecía muy calmada.

-Ven conmigo.

A él ni se le ocurrió desobedecerla. Sheba lo llevó al borde del recinto, donde se introdujeron en un pequeño espacio oscuro entre dos caravanas. El corazón de Kev comenzó a latir con fuerza ante los sombríos y clandestinos propósitos de Sheba mientras se perdía en el olor almizcleño de su perfume.

La trapecista lo había mirado profundamente a los ojos. Sin decir ni una sola palabra se abrió la blusa y la dejó caer por los brazos. Aquellos pechos plenos, de redondos pezones oscuros brillaron como nieve bajo la luz de la luna que se colaba entre las caravanas. Sheba le cogió las manos y las puso sobre sus pechos.

Él se había imaginado algo como eso cientos de veces, pero las fantasías no le habían preparado para tocar realmente aquellos pechos y sentir esos redondos pezones bajo los dedos.

-Bésalos -dijo ella.

CAPÍTULO 07 PARTE 2

Los dedos de Sheba bajaron a la cremallera de Kev. Éste aspiró profundamente sobre la húmeda piel de sus senos. Cuando ella lo tomó entre sus manos, kev sintió que perdía el control y explotó con un ronco gemido.

Él se había estremecido de satisfacción y humillación. Sheba había presionado entonces sus labios contra los de él, ofreciéndole un beso largo y profundo. Luego se apartó y, aún con los pechos desnudos y húmedos por la lengua de Kev, se giró entre las caravanas.

Fue entonces cuando él se dio cuenta de que Carlos había estado allí todo el tiempo, observándolos.

El destello duro y triunfante en los ojos de Sheba le dijo a Kev que ella lo había sabido en todo momento y la sensación provocada por aquella traición fue tan devastadora que no pudo respirar. Él no le importaba. Sólo lo había utilizado para vengarse.

Mientras observaba a su antiguo amante, Sheba pareció olvidarse de que Kev existía.

-He contratado a un nuevo receptor -dijo ella con frialdad. -Estás despedido.

-No puedes despedirme -estalló Carlos. -Soy un Méndez.

-No eres nada. Incluso este chico es más hombre que tú.

Sheba volvió a darse la vuelta y selló los labios de Kev con un beso. A pesar de su lujuria, a pesar de la neblina de la traición, él sintió una chispa de fría admiración que lo asustó más de lo que lo había hecho nunca el látigo de su tío. Comprendía aquella cruel demostración de amor propio. Como Sheba, él jamás dejaría que alguien o algo amenazara lo que era, sin importar el precio que tuviera que pagar. A pesar de odiarla por haberlo utilizado como un peón, no pudo dejar de respetarla por ello.

Sheba pasó los siguientes dieciséis años como artista destacada en los grandes circos del mundo y no hizo otra gira con el circo de los Hermanos Quest hasta que su carrera comenzó a declinar. Para entonces, su padre ya había muerto y Sheba, soltera y sin hijos, se había convertido en la última Cardoza.

Owen le dio la bienvenida al circo de los Hermanos Quest y montó el espectáculo en torno a ella. Además, en sus infrecuentes conversaciones telefónicas con Kev, le reveló lo suficiente como para que éste dedujera que Owen estaba colado por ella.

Kev y Sheba se habían reencontrado hacía dos veranos y, de inmediato, se hizo evidente que había habido un cambio en el equilibrio de poderes entre ellos. A los treinta y dos años él estaba en la plenitud de su virilidad y no le quedaba nada por probar, mientras que los mejores años de Sheba como artista ya habían pasado. Kev conocía su propia valía y hacía mucho tiempo que había quedado atrás la baja autoestima que sentía en la adolescencia. Ella era hermosa, inquieta y, por razones que él no comprendió de inmediato, estaba soltera y sin hijos.

El fuego de la pasión crepitó con fuerza entre ellos, pero esta vez era ella la que lo buscaba a él. Kev no quería hacer daño a Owen y, al principio, ignoró las insinuaciones sexuales de Sheba. Sin embargo, pronto se hizo evidente que el dueño del circo estaba resignado a que los dos se liaran y, con su peculiar idiosincrasia, se sintió ofendido cuando Kev continuó desairando a la mujer que él valoraba por encima de todas las cosas.

Finalmente, Kev la dejó entrar en su cama. Ella era ágil y suave, carnal y apasionada, y él jamás había disfrutado tanto del sexo. Le gustaba que ella fuera dura y, también, no poder hacerle daño. Porque aunque la apreciaba, no la amaba.

-¿Por qué no te has casado? -le preguntó Kev una noche sentado a la mesa en la lujosa caravana de Sheba, donde ella se disponía a servirle la comida por segunda vez en el día. Los dos llevaban puestas las batas, la de ella tenía un exótico estampado que hacía que los brillos rojizos de su pelo parecieran todavía más intensos. -Siempre he pensado que querías tener hijos. Tu padre no esperaba otra cosa.

Ella le puso un plato de lasaña delante y se volvió a la cocina para coger el suyo. Pero no volvió a la mesa. Se quedó inmóvil mirando fijamente la comida que había preparado.

 

-Supongo que ambicioné demasiado. Ya sabes que hay cosas que no se pueden tener. Los mejores trapecistas nacemos con una habilidad especial y el hombre con el que me case tiene que provenir de una buena familia. No me casaré con cualquiera, y mucho menos sin amor. Amor y linaje. Es una buena combinación. -Llevó el plato a la mesa. -Mi padre solía decir que era mejor que los Cardoza se extinguieran antes que tener nietos sin sangre circense. -Se sentó y cogió el tenedor. -Bueno, hice mía esa máxima. Es preferible que los Cardoza se extingan a casarme con un perdedor hijo de puta al que no pueda respetar.

-Bien por ti.

Ella tomó un bocado de comida y volvió a dejar el tenedor en el plato. Después observó detenidamente a Kev, con un brillo provocador en los ojos.

-Los Markov son todavía más importantes que los Cardoza. Sam me dijo hace años que no debería haberte dejado escapar. Me reí de él porque por aquel entonces tú eras sólo un niño, pero ahora los cinco años que te llevo no significan nada. Somos los últimos de dos grandes dinastías circenses.

Divertido, él negó con la cabeza.

-Yo no tengo ninguna intención de perpetuar la dinastía Markov. Lo siento, cariño, pero tendrás que buscar esperma circense en otro lado.

Ella se rio, pinchó un rollito de lasaña y se lo llevó a la boca.

-Menos mal que no te quiero. Si lo hiciera estarías perdido.

Su ardiente relación siguió adelante, tan lujuriosa y apacible que él no prestó atención a la manera, cada vez más posesiva, con la que ella lo trataba o cómo, poco a poco, comenzó a considerarlo su igual.

-Somos almas gemelas -le dijo ella una noche, con la voz ronca por la emoción, -si fueras mujer, serías yo.

Sheba tenía razón, pero algo en el interior de Kev se rebeló ante la comparación. Admiraba a Sheba, pero había algo en ella que le repelía. Puede que porque se veía reflejado a sí mismo. Para impedir que dijera nada más, se acomodó entre las piernas femeninas y entró en ella con un duro envite.

A pesar de los sutiles cambios en el comportamiento de Sheba, él no estaba preparado para lo que sucedió tina tarde de aquel verano en el recinto a las afueras de Waycross, Georgia. Ese día ella le dijo que le amaba. Y cuando lo hizo, él se dio cuenta de que hablaba totalmente en serio.

-Lo siento -dijo él tan suavemente como pudo cuando ella terminó su declaración, -pero eso no va conmigo.

-Por supuesto que sí. Es el destino. Sheba se negó a escuchar cuando Kev le dijo que él nunca podría amar a nadie -que había perdido la capacidad de amar cuando era un niño maltratado- y el brillo en los ojos de la joven le dijo que para ella el rechazo no era más que un juego. Se empeñó en hacerle cambiar de opinión con la misma determinación que empleó antaño para conseguir el triple salto y, sólo cuando él estaba haciendo la maleta para marcharse después de su última actuación en el circo, comprendió que él no bromeaba. Kev jamás la había engañado. No la amaba. Y no iba a casarse con ella.

Cuando por fin asimiló aquel tajante rechazo, todo lo que Sheba creía sobre sí misma se hizo trizas y se volvió loca. Fue en ese momento cuando hizo lo inconcebible, lo que nunca le perdonaría. Fue cuando le rogó que no la dejara.

Kev era, sin duda, la única persona en el mundo que podía comprender la enormidad de lo que ella estaba destruyendo cuando lloró de rodillas ante él. Había doblegado su orgullo, lo que hacía que fuera quien era.

-Sheba, basta. Tienes que parar. -Intentó levantarla, pero ella se aferró a él y gritó con una desesperación tan desgarradora que él se llevaría ese sonido consigo a la tumba. En ese momento Kev pudo ver cómo el amor que Sheba sentía por él se convertía en odio.

Owen Quest, alertado por el ruido, había irrumpido, de repente, en la caravana y se había dado cuenta de lo que pasaba. Luego había mirado a Kev y le había señalado la puerta con la cabeza.

-Vete, yo me encargaré de todo.

Una semana después, Sheba se casó con Owen; un hombre que casi le doblaba la edad y que no le dio hijos, y Kev era el único que sabía por qué. Su rechazo la había herido en lo más profundo de su ser y sólo podía resurgir de sus cenizas uniéndose a alguien poderoso que la pusiera en un pedestal. Desde que su padre había muerto, ella había recurrido a Owen.

-¡Kev! -La voz asustada de Beatriz interrumpió sus perturbadores recuerdos. -¡He visto a Dani! Está delante de la jaula de Sinjun.

Sheba oyó lo que beatriz decía y alejándose de Jack Daily se dirigió a Kev:

-Yo me ocuparé de esto.

-No, lo haré yo. Es mi trabajo.

Mientras sus ojos se enfrentaban en una firme batalla de voluntades, él maldijo para sus adentros a Owen Quest por hacerlos pasar por eso. Sólo tras la muerte de Owen se había dado cuenta de cómo éste lo había manipulado con su habitual astucia. Había pensado que obligándolos a estar juntos, Kev y Sheba resolverían sus diferencias, se casarían y conservarían el circo de los Hermanos Quest. Owen nunca había conocido realmente la naturaleza de ellos dos. Y, por supuesto, Owen no había contado con que una raterilla llamada Dani Devreaux echara a perder sus planes.

CAPÍTULO 07 PARTE 3

Beatriz caminó al lado de Kev, frunciendo el ceño ton ansiedad.

-No ha sido mucho dinero. Sólo doscientos dólares. Él deslizó el brazo alrededor de los hombros de la joven y le dio un apretón.

-Quiero que te mantengas apartada de esto, Beatriz. ¿Me has comprendido?

Ella levantó la vista y lo miró con preocupación.

-No vas a darle latigazos, ¿verdad, Kev? Es lo que dijo mi hermano. Dijo que le ibas a dar latigazos.

Las voces espabilaron a Dani. Levantó la cabeza d las rodillas y se dio cuenta de que se había quedado dormida sentada en el suelo delante de la jaula de Sinjun. Mientras se desperezaba, recordó el dolor que había experimentado y la extraña sensación de afinidad con el tigre. Qué extraño. Debía haberlo soñado, aunque todo aquello le había parecido muy real.

Miró a la jaula. Sinjun había levantado la cabeza, había bajado las orejas y tenía las marcas blancas a la vista. Siguió la dirección de su mirada y vio que Kev se acercaba a ella, con Sheba y Beatriz a la zaga. Se puso de pie lentamente.

-¿Dónde está? -exigió Sheba.

-Yo me encargaré de esto -dijo Kev.

Dani sintió un atisbo de temor al ver la expresión fría y resuelta en la cara de su marido. Sinjun comenzó a pasearse intranquilo por la jaula.

-¿Encargarte de qué? ¿Qué ha pasado?

Sheba la miró con desprecio.

-No te molestes en hacerte la inocente. Sabemos que tú robaste el dinero, así que devuélvelo. ¿O ya lo has escondido en alguna parte?

Sinjun gruñó por lo bajo.

-No he escondido nada. ¿De qué estás hablando?

Kev se pasó el látigo enroscado de una mano a otra.

-Faltan doscientos dólares del cajón de la recaudación, Dani.

-Eso es imposible.

-Es cierto.

-Yo no los he cogido.

-Eso está por verse.

Dani no podía creer lo que estaba ocurriendo.

-No soy la única que estuve allí. Tal vez Pete vio algo. Fue quien me sustituyó cuando fui a probarme los maillots.

Sheba se acercó más.

-Te estás olvidando de que conté el dinero justo después de que volvieras a tu puesto. Estaba todo. Los doscientos dólares desaparecieron después de marcharme.

-Eso es imposible. Estuve allí todo el tiempo. No pudo haber desaparecido.

-Voy a registrarla, Kev. Quizás aún lo lleve encima.

-Ni se te ocurra tocarla-dijo Kev sin levantar la voz, pero la orden implícita en su respuesta era inconfundible.

-¿Pero qué pasa contigo? -exclamó Sheba. -¿Desde cuándo piensas con la polla?

-Ni una palabra más. -Él se volvió hacia Beatriz, que había estado observando el intercambio de voluntades. -Vete, cariño. Todo se habrá aclarado por la mañana.

Beatriz se fue a regañadientes, pero Dani vio que se acercaban otras personas: Neeco Martin, el domador de elefantes, con Jack Daily, y Brady, al que acompañaba una de las animadoras.

Kev también notó que estaban atrayendo a una multitud y se volvió hacia Dani.

-Si me das el dinero ahora evitaremos montar una escena.

-¡Yo no lo tengo!

-Entonces tendré que buscarlo, y comenzaré por registrarte.

-¡No!

La agarró del brazo y Sinjun emitió un rugido ensordecedor cuando Kev comenzó a arrastrarla hacia la caravana. Sheba se puso de inmediato a la izquierda de Kev, dejando claro que no pensaba dejarlos solos.

Por el rabillo del ojo, Dani vio las expresiones severas y serias de todos los que se habían reunido alrededor de la tarta de bodas la noche anterior. Jill estaba allí, pero ahora se negaba a mirar a Dani a los ojos. Madeline se dio la vuelta y Brady Pepper la fulminó con la mirada.

Cuando Kev le apretó el brazo, Dani sintió que una sensación de traición se extendía hasta lo más profundo de su alma.

-No sigas con esto. Sabes que jamás robaría nada.

-Pues no, en realidad no lo sé. -Habían llegado a la caravana y Kev se adelantó para abrir la puerta con la misma mano que sujetaba el látigo. -Entra.

-¿Cómo puedes hacerme esto?

-Es mi trabajo. -Con un empujón la hizo subir el último escalón.

Sheba los siguió a la caravana.

-Si eres inocente, no tienes nada que temer, ¿verdad?

-¡Soy inocente!

Él dejó el látigo en una silla.

-Entonces no te importará que te registre. -Dani desplazó la mirada del uno a otro y la fría intención que vio en los ojos de ambos hizo que se sintiera enferma. A pesar de que no se soportaban, los dos se habían aliado ahora en su contra.

Kev se acercó y Dani se echó hacia atrás y chocó contra el mostrador de la cocina, el mismo lugar donde sólo unas horas antes le había dado aquel apasionado beso.

-No puedo dejar que me hagas esto -dijo ella con desesperación. -Hicimos unos votos, Kev. No les des la espalda. -Ella sabía que eso la hacía parecer más culpable ante aquellos ojos acusadores, pero el matrimonio se basaba en la confianza y si él destruía eso, no tendrían ni la más mínima oportunidad.

-Esto no tiene nada que ver con eso.

Ella se deslizó junto al mostrador.

-No puedo dejar que me toques. ¡Por el amor de Dios, créeme! ¡No robé el dinero! ¡Nunca he robado nada en mi vida!

-Cállate, Dani. Sólo estás empeorando las cosas.

Se dio cuenta de que él no iba a ceder. Con el único propósito de asustarla, la atrapó contra la despensa. Ella lo miró horrorizada.

-No lo hagas -susurró. -Por favor. Te lo ruego. Por un momento él se quedó inmóvil. Luego le cacheó los costados. Mientras Sheba los observaba, le pasó las manos por las caderas, por la cintura, luego las movió hacia el estómago, la espalda, los pechos que él había tomado en sus manos tan sólo unas horas antes... Dani cerró los ojos cuando él le deslizó la mano entre sus piernas.

-Deberías haberme creído -susurró cuando él terminó.

Kev dio un paso atrás con los ojos llenos de preocupación.

-Si no lo tienes, ¿por qué te has enfrentado a mí?

-Porque quería que confiaras en mí. No soy una ladrona.

Se miraron a los ojos. Parecía como si él estuviera a punto de decir algo cuando Sheba dio un paso adelante.

-Tuvo tiempo de sobra para deshacerse del dinero. ¿Por qué no registras la caravana? Yo registraré la camioneta.

Kev asintió con la cabeza y Sheba salió. A Dani comenzaron a castañetearle los dientes a pesar de que la noche era cálida. Decía mucho de la relación entre Kev y Sheba que, al menos en ese tipo de asuntos, parecieran confiar el uno en el otro. Pero nadie confiaba en ella.

Dani se dejó caer en el sofá y se rodeó las rodillas con las manos para dejar de temblar. No miró cómo Kev revisaba los armarios ni cómo registraba sus pertenencias. La joven se sintió embargada por una sensación de impotencia. Ya no podía recordar cómo era tener la vida bajo control. Tal vez es que nunca la había tenido. Primero había dependido de su madre, luego de su padre. Y ahora era ese marido peligroso el que había asumido el control de su vida.

Los ruidos de la búsqueda fueron reemplazados por un pesado silencio, pero Dani no levantó la mirada del dibujo de la gastada alfombra.

-Has encontrado el dinero, ¿verdad?

-En el fondo de tu maleta, donde tú lo escondiste.

Dani alzó la vista y vio la maleta abierta a sus pies. Tenía un montón de dinero en la mano.

-No sé quién lo habrá puesto ahí, pero no he sido yo.

Él se metió la mano en el bolsillo.

-Al menos ten las agallas suficientes para decir la verdad y acepta las consecuencias.

-No robé el dinero. Alguien me ha tendido una trampa. -Era evidente para Dani que Sheba estaba detrás de todo eso. Kev tenía que verlo también. -¡No lo he hecho! Tienes que creerme.

Las súplicas murieron en los labios de Dani cuando observó el rígido gesto de su marido y supo que nada lo haría cambiar de opinión. Con una horrible sensación de resignación, le dijo:

-No voy a seguir defendiéndome. He dicho la verdad y no voy a decir nada más. -Él se acercó a la silla de enfrente y se sentó. Parecía cansado, pero nada comparable a cómo se sentía ella. -¿Vas a llamar a la policía?

-Nosotros resolvemos nuestros problemas.

-Es decir, sois juez y parte.

-Es mejor así.

Se suponía que el circo era un lugar mágico, pero todo lo que ella había encontrado era ira y sospecha. Clavó los ojos en Kev, intentando ver a través de la impenetrable fachada que presentaba.

-¿Qué ocurre si te equivocas?

-No lo hago. No puedo permitírmelo.

 

bueno chicas espero y les  a ya gusta mucho les vere pronto con el cap 8 vale cuidense muxo

CAPITULO 6 PARTE 2 ♥BESAR A UN ANGEL♥

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

Princesas hermosas

como estan espero y bien pricnessas

aqui esta la  2da parte del episodio 6 espero  y la disfuten



Un cliente se acercó a comprar entradas para la segunda función. Dani charló con él unos minutos y, cuando se fue, Sheba había desaparecido. Tan pronto como despachó a todos los que acudieron a la taquilla, Dani  comenzó a curiosear el contenido de un sobre lleno de recortes de viejos periódicos locales.

El número de Kevin con el látigo era mencionado en varios artículos fechados dos años antes y no se volvía a mencionar hasta hacía un mes. Ella sabía que los circos cambiaban las actuaciones y que los artistas iban de un lugar a otro, lo que hizo que se preguntara dónde habría actuado Kevin en la época en que no viajaba con el circo de los Hermanos Quest.

Cuando acabó la primera función apareció uno de los trabajadores, un hombrecillo viejo y marchito con un lunar en una mejilla.


-Soy Pete. Kevin me ha enviado para que me encargue de la taquilla. Tienes que volver a la caravana para probarte un maillot.

Dani le dio las gracias y se dirigió a la caravana. Cuando entró, se quedó sorprendida al ver a Sheba Quest delante del fregadero lavando los platos del almuerzo rápido que           Kevin y Dani habían tomado unas horas antes.

-No tienes por qué fregar eso.

Sheba se volvió y se encogió de hombros.

-No me gusta esperar sin hacer nada.

Dani se sintió doblemente insultada: primero por no tener la cocina limpia y luego por la tardanza. No añadiría a esos pecados ser maleducada.

-¿Te gustaría tomar una taza de té?¿0 quizás un refresco...?

-No. -La mujer cogió un trapo y se secó las manos. -Soy Sheba Quest, pero supongo que ya lo sabes.


Al verla más de cerca, Dani fue consciente de que la dueña del circo llevaba un maquillaje más llamativo del que ella hubiera elegido. No es que no le quedara bien, pero combinado con aquella ropa colorida y algo provocativa junto con aquellos extravagantes complementos, resultaba evidente que sus patrones de belleza habían sido influenciados por la vida en el circo.


-Soy Dani Devreaux. O más bien Dani Markov. Todavía no me he acostumbrado al cambio.

Una profunda emoción cruzó por el rostro de Sheba. Una profunda repulsión combinada con una hostilidad casi palpable. Al momento, Dani supo que Sheba Quest no sería su amiga.

Se obligó a permanecer inmóvil bajo el frío escrutinio de Sheba.

-A Kevin le gusta comer bien. Apenas tienes nada en la nevera.

-Lo sé. Aún no me he organizado. -No tuvo valor de señalarle a Sheba que no estaba bien andar fisgoneando.

-Le gustan los espaguetis y la lasaña, y le encanta la comida mexicana. Pero no malgastes el tiempo haciéndole postres. No le gustan los dulces, salvo en el desayuno.


-Gracias por decírmelo. - Dani notó que se le volvía el estómago. Sheba pasó la mano por el desconchado mostrador. -Este lugar es horrible. Kevin inició la gira en una caravana nueva, pero se deshizo de ella la semana pasada y comenzó a utilizar ésta aunque me ofrecí a conseguirle algo mejor.


Dani no pudo ocultar la tristeza que la embargó. ¿Por qué había insistido Kevin en vivir en un sitio así si no tenía por qué hacerlo?

-Pienso arreglarlo -dijo ella, aunque la idea no se le había pasado por la cabeza hasta ese momento.

-La mayoría de los hombres quieren que su esposa disfrute de todas las comodidades posibles. Me sorprende que Kevin rechazara mi oferta.


-Seguro que tenía sus razones.

Sheba examinó la pequeña figura de Dani.

-No tienes ni idea de cómo manejarlo, ¿verdad?

Sheba parecía dispuesta a pelear como el perro y el gato, pero Dani sabía quién de las dos saldría perdiendo, así que señaló los dos maillots de lentejuelas que había en el respaldo de la silla.

-¿Son esos maillots los que tengo que probarme?

Sheba asintió con la cabeza.


Dani cogió el de arriba y se dio cuenta de que no era más que un trozo de tela azul marino bordado con lentejuelas.

-Tengo la sensación de que me cubrirá muy poco.

-Ésa es la idea. Esto es el circo. El público espera ver una buena porción de piel.

-¿Y tiene que ser de la mía?

-No estás gorda. No veo el problema.

-No tengo precisamente un cuerpo diez. Jamás ha hecho deporte.

-Es cuestión de tener un poco de disciplina.


-Sí, bueno, ahora que lo dices, tampoco sé qué es eso.

Sheba la observó con aire crítico, esperando evidentemente que la esposa de Kevin Markov enderezara la espalda. Pero después de haber vivido con su madre, Dani sabía cuándo no debía chocar con una experta en discusiones. La sinceridad era la única defensa contra los expertos en malicia.

Entró en el cuarto de baño y se quitó toda la ropa menos las bragas, pero cuando se puso aquella prenda diminuta se dio cuenta de que el corte de la pierna era tan alto que se veían. Volvió a desnudarse y empezó de nuevo.


Cuando acabó, se miró en el espejo y se sintió como una prostituta. Dos tiras verticales con lentejuelas de color azul le cubrían los pechos, y otra tira horizontal más ancha las cruzaba. El cuerpo del maillot no era más que un fino velo de red plateada. Sheba ni siquiera había incluido unas mallas.

-Creo que no puedo salir con esto -exclamó a través de la puerta.

-A ver...


Dani salió.

-Es demasiado... -sus palabras quedaron interrumpidas cuando vio a Kevin  delante del fregadero vestido de cosaco. Quiso volver corriendo al baño y, si Sheba no hubiera estado allí, lo hubiera hecho. ¿Por qué tenía que aparecer cuando estaba vestida de esa manera?

-Acércate para que podamos verte -dijo él.

Dani dio un paso adelante de mala gana. Sheba se puso al lado de Kevin. Los dos se quedaron en silencio y Dani tuvo la sensación de ser una intrusa.

Kevin no dijo nada, pero la escrutó de tal manera que ella se sintió desnuda.


-Date la vuelta -ordenó Sheba.

Dani se sentía como una prostituta expuesta ante un cliente por la madame de turno. Aunque el espejo del cuarto de baño era muy pequeño, sabía de sobra como le quedaba el maillot por detrás y se hacía una buen idea de lo que ellos estaban viendo: dos nalgas redondas, desnudas salvo en el lugar donde se unían y que estaba cubierto por un trozo de tela. Ruborizada se dio la vuelta de nuevo.


-Es un espectáculo para familias -dijo Kevin. -No quiero que salga así.

Sheba se acercó a ella y comenzó a desatar el corpiño.

-Tienes razón. No tiene atributos suficientes para llenarlo adecuadamente. Fuera. - Dani sintió las manos de la mujer en el cuello. -Veamos si el otro te queda mejor.


Sheba abrió el maillot sin avisar y se lo bajó, dejando a Dani desnuda hasta la cintura. Con una exclamación ahogada, Dani agarró el charco de lentejuelas y la red que se le habían deslizado hasta el vientre, pero tenía los dedos torpes y fue como intentar atrapar aire. Miró a Kevin.


Él estaba apoyado contra el fregadero, con los tobillos cruzados y las manos apoyadas en el mostrador que tenía detrás. Dani le suplicó en silencio que apartara la vista, pero él no dejó de mirarla fijamente.


-Por Dios, Dani, te sonrojas como una virgen. -Los labios de Sheba se curvaron en una sonrisa. -Me sorprende que te acuestes con Kevin y aún recuerdes cómo sonrojarte.


Las joyas brillaron en el cinturón de cosaco de Kevin cuando éste dio un paso adelante. -Ya basta, Sheba. Déjala en paz. Sheba se dio la vuelta para coger el otro maillot. Kevin se interpuso entre las dos mujeres, casi como si quisiera ocultar la desnudez de Dani, lo que era ridículo, pues era de él de quien ella quería esconderse.


-Dámelo. -Las mangas flojas de la camisa blanca ondearon cuando arrancó el maillot de lentejuelas rojas de las manos de Sheba. Lo miró y se lo dio a Dani. -Éste está mejor. Mira a ver si te sirve.

Ella cogió el maillot y entró corriendo en el cuarto de baño. Cuando hubo cerrado la puerta, se apoyó contra ella e intentó respirar con normalidad, pero le palpitaba el corazón y le ardía la piel. «Te has criado con una madre que tomaba el sol desnuda. Esto no es para tanto.» Quizá no, pero le molestaba.


Finalmente se puso el maillot, y vio con alivio que la cubría algo más que el otro. Las lentejuelas rojas, en forma de lengua de fuego, trepaban desde la entrepierna hasta el corpiño, donde se pegaban a sus pechos de manera irregular y dentada. Las aberturas de la pierna llegaban casi hasta la cintura, mostrando una buena porción de piel. Abrió la puerta y salió a regañadientes del baño. Al menos le cubría la cintura.


Sólo estaba Kevin, apoyado en el borde de la mesa con la cadera. Dani tragó saliva.

-¿Dónde está Sheba?

-Tenía que hablar con Jack. Date la vuelta.

Ella se mordisqueó el labio inferior y no se movió.

-Habéis sido amantes, ¿verdad?

-Ahora ya no. De cualquier manera es algo que no te incumbe.

-Parece que todavía le importa.

-Sheba me odia.


A pesar de todo lo que Kevin decía del orgullo, no había lo que era el honor o nunca se habría dejado comprar por su padre. Pero Dani tenía que saber una cosa.

-¿Estaba casada con Owen Quest cuando estabas liado con ella?

-No. Ahora deja de cotillear y deja que te vea por detrás.

-Querer saber más cosas de ti no es cotillear. Por ejemplo, he estado mirando unos recortes viejos de periódico y he observado que no hiciste la gira con el circo de los Hermanos Quest el año pasado. ¿Por qué?

-¿Qué más da?

-Me gustaría saberlo.

-Eso no es asunto tuyo.


Kevin era la persona más reservada que Dani hubiera conocido en su vida y sabía que no le sacaría nada más.

-No me gusta este maillot. No me gusta ninguno de los dos. Me siento vulgar.

-Pareces una artista. -Dado que ella no se dio la vuelta como él le había pedido, Kevin se puso a su espalda. La joven odió verse expuesta de esa manera y se apartó al sentir que él le tocaba el hombro.

-Quédate quieta -Kevin le agarró la cintura con la otra mano. -Éste no podrá ser criticado ni por los más conservadores.

-Enseña demasiado.

-No es para tanto. Las demás mujeres llevan puestos maillots más pequeños y no les quedan tan bien como te queda a ti éste.

Kevin  se había acercado tanto que los pechos de Kevin rozaron contra la suave tela de su camisa cuando se volvió hacia él. La joven se estremeció.


-¿De verdad crees que me queda bien?

-¿Buscas un cumplido?

Ella asintió con la cabeza, sintiendo que se le debilitaban las rodillas.

Él bajó la mano que había colocado en la cintura de la joven, deslizándola por el borde inferior del maillot y ahuecándole las nalgas.

-Considérate elogiada. -La voz de Kevin contenía una nota áspera.

Unas llamaradas ardientes recorrieron a Dani  de los pies a la cabeza. Se apartó un poco; no porque quisiera escabullirse, sino porque deseaba demasiado quedarse donde estaba.

-No nos conocemos.

Sin apartar la mano de donde estaba, Kevin inclinó la cabeza y le acarició el cuello con la nariz, calentándole la piel con el susurro de su aliento en la oreja.


-Estamos casados. Con eso basta.

-Sólo es un acuerdo legal.

Él se echó hacia atrás y ella pudo ver las motas ambarinas brillando en sus ojos.

-Creo que es el mejor momento para hacer oficial nuestro acuerdo, ¿no crees?

A Dani se le aceleró el corazón y supo que no podía haberse escapado aunque hubiera querido. Levantó la mirada y sintió como si todo se hubiera desvanecido y no existiera nada más que ellos dos.


La boca de Kevin le pareció extrañamente tierna a pesar de su gesto duro. Él abrió los labios y cubrió los le ella con suavidad. Al mismo tiempo, le apretó las nalgas y la estrechó aún más contra su cuerpo. Lo sintió grande y pesado contra ella. Cuando Kevin amoldó la boca a la suya, Dani experimentó un momento de asombro. Los labios de su marido eran tiernos y suaves en contraste con el resto de su persona.


Dani le ofreció la boca dado que no podía hacer otra cosa. Él le acarició el labio inferior y le rozó la punta de la lengua con la suya. La sensación la hizo sentirse ligeramente mareada y rodeó la cintura de Kevin con los brazos, sintiendo la sedosa tela de la camisa bajo los dedos; luego le deslizó las palmas por las nalgas. Él gimió contra la boca femenina.

-Dios mío, te deseo -dijo, y acto seguido su lengua descendió en picado sobre la de ella.


El beso se hizo salvaje. Kevin la alzó contra él y la empujó hacia atrás, subiéndola a la encimera. Dani se aferró a su espalda para no perder el equilibrio. Kevin se colocó entre sus piernas y las joyas del cinturón de cosaco se clavaron en el interior de los muslos de Dani.

Sus lenguas se acariciaron. El suave gemido femenino resonó como un eco en la cálida boca masculina. Dani sintió las manos de Kevin en la nuca. Él se apartó para bajarle el maillot hasta la cintura.


-Eres preciosa -gimió, mirándola. Le ahuecó los pechos con las palmas de las manos y le rozó los pezones con los pulgares, provocando ramalazos de placer en el cuerpo de Dani. Comenzó a besarla de nuevo mientras jugueteaba con ellos. Ella se agarró a los brazos de Kevin y sintió la poderosa fuerza masculina a través de las mangas ondulantes.

Kevin abandonó los senos de Dani y le recorrió la parte trasera de los muslos hasta las nalgas desnudas. Era demasiado para ella. El roce de las joyas del cinturón en los muslos... la suave caricia de sus manos...


-¡Cinco minutos para la función! -Alguien golpeó con fuerza la puerta de la caravana. -¡Cinco minutos, Kevin!

Dani se bajó de un salto del mostrador como una adolescente culpable y, dándole la espalda, se subió el maillot con nerviosismo. Se sentía ardiente, agitada y... terriblemente irritada. ¿Cómo podía estar tan ansiosa por entregarse a un hombre que casi nunca le decía una palabra amable? ¿Un hombre que no respetaba los votos que hacía?

Salió disparada hacia el cuarto de baño, pero se detuvo al oír la voz suave y ronca de Kevin.

-No te molestes en preparar el sofá esta noche, cara de ángel. Dormiremos juntos

 

Bueno chicas esto es todo espero y a ya sido de su agrado que tal me quedo la imagen bonita no? yo misma la hice.

bueno princessas les vere pronto o eso espero con el super maraton que les promti aqui les dejo un ling

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donde pueden ver mas imagenes como la que puse hoy que x cierto los hice yo un beso cuidense muxo

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2do Lugar! Graciaas chikass!!

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