Obsessive Jonas Disorder
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CAPITULO 10 PARTE 3 BESAR A UN ANGEL :)

***** ~~AVISOOO ~~*****

CAP HOT...Diablillo

ASI QUE NO ME HAGO RESPONSABLE DE LOS DAÑOS QUE PUEDA CAUSAR EL SIGUIENTE CAP..! JEJE BUENOO K LO DISFRUTEN!

 


 

—Creo que eres endemoniadamente sexy. —Le rozó el labio inferior con el pulgar y lo encontró húmedo bajo su caricia.

 

¿Utilizas algún anticonceptivo o quieres que me encargue yo?

Los ojos de Dani llamearon.

—Tomo la píldora, pero...

—Bien.

 

 

Kevin inclinó aún más la cabeza y cubrió los labios de ella con los suyos. Los dos se estremecieron. ¡Santo Dios, qué dulces eran!

 

Dani debía de haberse comido una de las ciruelas maduras que había en una bolsa sobre el mostrador, porque él podía saborear la fruta en su boca.

 

 

Fuera del pequeño mundo de la caravana, comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia, que golpearon el techo metálico con un ligero y agradable repiqueteo. El sonido era hipnótico y tranquilizador. El ruido de la lluvia los aislaba, los apañaba del resto del universo y los llevaba a un lugar íntimo y acogedor.

 

Dani suspiró contra los gentiles y pacientes labios de su marido.

 

La medalla esmaltada que colgaba del cuello de Kevin se rozaba contra ella y, cuando él le pasó la punta de la lengua por la sensible superficie interior del labio inferior, una oleada de calor le atravesó las venas. En ese momento todos sus principios morales se evaporaron, y cualquier idea que hubiera tenido de rechazarlo se esfumó. Ella había deseado eso desde el principio y ya no podía reprimir la fuerza que la impulsaba hacia él.

Se rindió y separó los labios, dejándole entrar.

 

Kevin se tomó su tiempo y, cuando le invadió la boca, el beso fue completamente arrebatador. Dani respondió con fervor y él le permitió indagar todo lo que quiso.

 

Rodeó los hombros de su marido con los brazos y se puso de puntillas para mordisquearle la oreja. Le dejó la marca de los dientes en la curva de la mandíbula antes de regresar de nuevo a su boca.


Dani se sentía cada vez más excitada, una excitación alimentada por la respiración entrecortada de Kevin y por la sensación que le provocaban sus manos, estrechándola con fuerza: una en la cintura, otra magreándole las nalgas. ¿Cómo podía haber tenido miedo de él? La imagen de los látigos guardados bajo la cama apareció en su mente, pero ella la ignoró. Kevin no le haría daño. No podría.

 

Dani lamió el dulce camino entre el cuello y el pecho de su marido y hurgó con la punta de la lengua en el vello oscuro que le cubría el torso hasta llegar a la piel de debajo. La respiración de Kevin era ahora más rápida y, cuando habló, su voz sonó ronca.

 

-Si es así como besas, ángel, no quiero ni pensar en cómo... -gimió cuando ella encontró la tetilla.

 

Dani le subió los brazos al cuello y uno de los dedos se le quedó atrapado en la cadena de oro que sostenía la medalla esmaltada. Esos besos ardientes y esas caricias tentadoras eran tan deliciosos que no tenía suficiente. El cuerpo de Kevin era ahora suyo para explorarlo a placer, y ella ansiaba conocer cada centímetro de él.

 

-Quiero quitarte la toalla -susurró.


Kevin le hundió los dedos en el pelo. Ella alargó el brazo hacia el nudo, pero él le atrapó la mano.

 

-No tan rápido, cariño. Primero enséñame tú algo.

 

-¿Qué quieres ver?

 

-Lo que tú quieras.

 

-Con este maillot no dejo nada a la imaginación

 

-Aun así quiero verte más de cerca.

 

Dani sabía que el sexo podía ser excitante, pero no había esperado el sensual tono provocador en la voz di Kevin. De repente pensó que quizá debería decirle que era virgen, pero entonces él creería que era un bicho raro. Y lo cierto es que Kevin nunca lo sabría si ella no se lo decía. Al contrario de lo que decían los libros románticos, los frágiles hímenes no sobrevivían a veintiséis años de exámenes médicos y ejercicio físico.

 

Echando la cabeza hacia atrás, Dani observó cómo Kevin se la comía con los ojos y, mientras permanecía delante de él, sólo cubierta por el maillot, encontró que la idea de jugar a ser una experimentada mujer fatal era demasiado excitante para ignorarla. Había leído montones de libros al respecto, pero ¿sería capaz de conseguirlo? ¿Qué podía hacer para provocarlo aún más?

 

Le dio la espalda, intentando ganar tiempo para pensar, y entonces vio que las cortinas azules que colgaban en la ventana de la cocina no estaban cerradas del todo. Dudaba que alguien se paseara por ahí fuera con ese tiempo, pero por si acaso se apresuró a cerrarlas. Apoyando una mano en el mostrador, se estiró por encima para alcanzar la cortina.

Oyó un sonido ahogado, casi como un gemido.

 

-Una buena elección, cariño.

 

No supo de qué estaba hablando Kevin hasta que lo sintió detrás, acariciándole las nalgas. Él le amasó la carne por encima de las mallas de red en forma de diamante.

 

Dani  Comenzó a sentirse nerviosa. No importaba lo que había querido que pensara él, ni siquiera sabía hacer el amor de la manera básica, así que mucho menos podía probar a hacerlo de forma exótica.

 

Kevin le deslizó un dedo bajo la tira de lentejuelas y le dibujó la hendidura entre las nalgas. Dani se mordió los labios para no gritar de placer. El dedo se deslizó más abajo.

Incapaz de resistirlo más, Dani se enderezó y se giró hacia los brazos de Kevin.

-Quiero volver a besarte.

 

Él gimió.

 

-Tus besos son más de lo que puedo manejar ahora mismo. - Kevin se ajustó el nudo de la toalla y Dani se dio cuenta de que la tenía abultada. De hecho estaba muy abultada.

 

Ella se quedó mirándolo fijamente y sintió que se le secaba la boca.

 

-S-sigo queriendo besarte.

 

-Hagamos un trato. Ábrete el corchete del maillot y nos besaremos todo lo que quieras.

 

Dani levantó la vista a regañadientes y llevó los brazos a la espalda para hacer lo que le pedía. Cuando terminó, el corpiño comenzó a caer, pero ella lo sostuvo contra sus pechos.

 

Kevin inclinó la cabeza y la besó al tiempo que le agarraba las muñecas y se las apañaba del pecho. Mientras el indagaba con la lengua en su boca, el maillot se le bajó hasta la cintura. Kevin la empujó contra la pared, al lado de la mesa, le levantó las muñecas y se las sujetó a ambos lados de la cabeza.

 

-No es justo -susurró ella contra sus labios mientras la apretaba contra la pared. -Eres más fuerte que yo.

 

-Ahora es mi turno -respondió él con un susurro.

 

Y lo fue.

 

Manteniéndole las muñecas inmovilizadas, Kevin usó la boca para excitarla. Le mordisqueó la oreja y el cuello. Le recorrió con rapidez la clavícula y la base de la garganta. Y luego se echó hacia atrás para poder mirarla de arriba abajo.

 

Aquella posición hacía que los pechos de Dani quedaran elevados. Él jugueteó con uno y luego con el otro, haciendo que le ardiesen con tal ferocidad que ella apenas podía soportarlo.

 

-Para -le dijo la joven sin aliento. -Suéltame.

 

Él le soltó de inmediato las muñecas.

 

-¿Te hago daño?

 

-No, pero vas muy rápido.

 

-¿Muy rápido? -la miró con una sonrisa torcida. -¿Estás criticando mi técnica?

 

-Oh, no. Tu técnica es maravillosa -repuso ella con rapidez, en tono serio y ansioso, y él sonrió. Avergonzada, Dani evitó mirarlo a los ojos y clavó la vista en su boca. Luego se dio cuenta de que si iba a hacer el amor con ese hombre feroz y orgulloso, tenía que ser tan fuerte como él.

 

Levantó la cabeza y le sostuvo la mirada.

 

-No quiero que seas tú quien lleve la voz cantante. No ahora. Quizá después, pero aún no.

 

 

-¿Me estás diciendo que quieres mandar un rato?

 

Ella asintió con la cabeza. Puede que estuviera nerviosa, pero nada iba a impedir que explorara los maravillosos misterios ocultos bajo la toalla.

 

-Sólo te pongo una condición, ángel. - Kevin enganchó un dedo en el maillot que se enredaba en la cintura de la joven. -Quítatelo todo excepto las medias.

 

Dani tragó saliva. No llevaba bragas debajo de las medias. Éstas consistían en una red que la cubría desde la cintura a los dedos de los pies, y que no tapaban absolutamente nada.

 

Él arqueó una ceja después de retarla, luego la soltó y se sentó a los pies de la cama.

 

-Y quiero ver cómo te desnudas.

 

Eso era demasiado. Dani se aclaró la garganta y le habló con toda la despreocupación que pudo fingir.

 

-¿Quieres decir aquí mismo? ¿Con luz y todo?

 

-Así es. Desnúdate y hazlo despacio.

 

La joven se armó de valor decidida a mantenerse a su altura.

 

-¿Luego te quitarás la toalla?

-Cada cosa a su tiempo.

 

Dani se deslizó lentamente el maillot por las caderas, inclinándose hacia delante mientras lo bajaba para cubrir su desnudez ante él. El maillot se le deslizó a los tobillos. Ella lo apartó con el pie, examinó la desgastada alfombra y escuchó el ligero repiqueteo de la lluvia sobre el techo de la caravana.

 

-Oh, no, así no. -Él se rio entre dientes. -Yérguete. Y olvídate del maillot.

 

La ronca voz de Kevin hizo que se estremeciera. Le temblaron las manos cuando acató su orden.

 

-Eres muy hermosa -susurró Kevin cuando se exhibió ante él, desnuda salvo por las negras medias de red que realzaban, más que ocultaban, la parte inferior de su cuerpo.

 

Dani decidió que ya le había dado tiempo más que suficiente para mirarla.

 

-Tiéndete en la cama -le dijo ella en voz baja.

 

Él vaciló sólo un momento antes de acostarse como le decía, apoyándose en los codos.

 

-¿Así?

 

-Ah, no. De eso nada; túmbate por completo.

 

Para deleite de Dani, él hizo lo que le pedía. Kevin recostó la cabeza en dos almohadas apiladas para no perderse nada.

 

Ella se mordisqueó los labios. No estaba completamente segura de poder conseguirlo, pero sí decidida a intentarlo.

 

-Ahora levanta las manos hasta tocar la pared. Y no se te ocurra moverlas.

 

Él le dirigió una perezosa sonrisa que hizo que se le derritieran los huesos.

 

-¿Estás segura?

 

-Muy segura.

 

Kevin colocó los brazos como ella quería, haciéndola sentir muy orgullosa de sí misma. Se acercó a la cama. Él le recorrió los pechos y el vientre con una mirada ardiente, haciéndola ser consciente de que estaba casi desnuda. Cuando se acercó a él, cada célula del cuerpo de Dani bullía de excitación y anticipación. Por un momento la imagen de los látigos guardados bajo la cama irrumpió en su mente, pero la ahuyentó.

 

Miró los brazos extendidos de Kevin en aquella falsa pose de esclavitud. Era su cautivo. Si se quedaba de esa manera, cada parte de aquel cuerpo sería suya, para explorarlo a voluntad, incluyendo el imponente montículo que abultaba la toalla. Apartó los ojos de allí y se arrodilló en el borde de la cama.

 

-Recuérdalo -susurró ella. -No apartes las manos en la pared. No las muevas.

 

-Si separas un poquito las piernas, cariño, seré tan colaborador como quieras.

 

Dani decidió que era un trato justo, y separó los muslos. Kevin se recreó en lo que quedaba ahora a la vista. Tensó el brazo derecho, como si fuera a moverlo, pero luego se relajó.

 

Dani inclinó la cabeza y comenzó a saborearle de nuevo, mordisqueando cada centímetro del torso masculino, y siguió bajando. La piel, firme y tensa, delineaba cada músculo. Le deslizó las manos por el pecho, disfrutando de la textura del vello y de la piel húmeda. No pudo resistirse a las tetillas color café y las capturó con los labios, haciendo que Kevin se contorsionara debajo de ella. Extendiendo una mano, Dani le agarró el bíceps y se lo apretó. Después deslizó los dedos hacia abajo, buscando el suave vello de su axila. Cuando se demoró allí, a Kevin se le puso la piel de gallina y soltó un profundo gemido entrecortado. Ella levantó la cabeza lentamente y lo miró a los ojos.

 

-Voy a quitarte la toalla.

 

-¿Ahora?

 

El crudo deseo en la mirada de Kevin le recordó que estaba jugando con fuego. Pero no pensaba retroceder; bajó las manos a la toalla. Deshizo el nudo con un movimiento fluido y la abrió.

 

-Oh... -Era magnífico. Alargó la mano y lo tocó tímidamente con la punta del dedo. Kevin dio un brinco y ella apartó la mano.

 

La mirada de Dani voló hacia la cara de Kevin; la mueca que esbozaba parecía reflejar dolor.

 

-¿Te he hecho daño?

 

-Tienes sesenta segundos -graznó él, -después moveré los brazos.

 

Un estremecimiento de placer atravesó como un relámpago el cuerpo de Dani al darse cuenta de lo que pasaba.

 

-No lo harás hasta que te dé permiso -le dijo con severidad.

 

-Cincuenta segundos -repuso él.

 

Dani se apresuró a acariciarlo otra vez, dejando que las indagadoras puntas de sus dedos vagaran por todas partes, acariciándolo aquí y allá. Deslizó la mano por los muslos separados de Kevin y buscó más sitios donde tocarlo.

 

-Veinte segundos -gimió él.

 

-No cuentes tan rápido.

 

Él se rio entre dientes al tiempo que gemía, haciéndola sonreír. Pero la sonrisa de Dani se desvaneció con rapidez. Después de tantos años de abstinencia, ¿cómo lograría su pequeño cuerpo alojar algo de ese tamaño? Cuando cerró su mano en torno a él, se le ocurrió que quizá sus partes privadas se habían atrofiado por falta de uso. Dani lo acarició.

 

-¡Se acabó el tiempo!

 

-Es hora de que recibas un poco de tu propia medicina. Ponte en la misma postura que yo.

-¿Cómo dices?

 

-Las manos contra la pared.

 

Dani tragó saliva y pensó en los látigos. Quizás eso de jugar a mujer fatal se le había dado demasiado bien. Él la estaba creyendo mucho más experimentada de lo que era en realidad.

 

-¿ Kevin?

-No quiero que hables, sino que obedezcas mis órdenes.

 

Lentamente Dani levantó los brazos por encima de la almohada.

 

-Te he dicho que apoyes las manos contra la pared.

 

Hizo lo que le ordenaba y se sintió indefensa y excitada. Cuando sus nudillos rozaron el cabecero de la cama, Dani estaba confundida por la inquietante mezcla de desasosiego y profundo deseo sexual. Quería rogarle que fuera suave con ella pero, a la vez, quería que la poseyera con todas sus fuerzas.

 

Permaneció cautiva bajo la mirada de Kevin. El hecho de que no la hubiera atado de verdad no hacía que su cautiverio fuera menos real. Él era más fuerte que ella, más poderoso, podía hacerle lo que quisiera, estuviera Dani de acuerdo o no. El deseo de la joven se incrementó todavía más cuando él le pasó la yema del dedo por el estómago, de un lado a otro de la cinturilla de las medias de red, hasta que Dani quiso gritar.

 

Kevin siguió bajando hasta rozar los rizos oscuros.

 

-Separa las piernas, cariño. Ella lo hizo, pero al parecer Kevin no quedó satisfecho con su acción porque le agarró los muslos y se los separó todavía más.

 

Las medias no suponían ninguna barrera para él, y Dani se sintió demasiado expuesta, demasiado vulnerable. Apartó las manos de la pared.

 

-Ni se te ocurra -susurró Kevin, deslizándole los dedos sobre la parte de su cuerpo que ella había revelado.

 

Dani gimió y permaneció inmóvil mientras él separaba sus húmedos pliegues con los pulgares por debajo de la trama en forma de diamante. Entonces Kevin inclinó la cabeza. La joven gritó y apretó los puños contra la pared cuando él la acarició con la boca, lamiéndola a través de la red. Un ronco murmullo de placer escapó de la garganta de Dani. Sintió cómo él tensaba la red sobre ella, apretando profundamente las hebras contra su suavidad femenina.

 

Kevin le separó más las rodillas con los hombros y le ahuecó los pechos con las palmas de las manos mientras la acariciaba con los labios. La lluvia tamborileaba en el vientre de metal que los cobijaba y el propio vientre de Dani se estremeció en respuesta a lo que le estaba ocurriendo. Estaba perdida en un torbellino de sensaciones cuando sintió en las manos la vibración de un trueno a través de la pared que retumbó en cada nervio de su cuerpo.

 

Dani arqueó la espalda y se entregó a un clímax destructivo.

 

Él la sostuvo mientras se estremecía. Sólo cuando se recuperó sintió Dani que Kevin le tiraba con fuerza de las piernas. Dani no comprendió lo que su marido estaba haciendo hasta que se acomodó sobre ella y experimentó esa penetración tan largamente esperada en la entrada de su cuerpo.

 

-Me has roto las medias -murmuró Dani, deslizándole los brazos alrededor de los hombros y recreándose en la sensación de ese cuerpo masculino apretándola contra el colchón.

 

Kevin le rozó la sien con los labios.

 

-Te compraré un nuevo par. Te lo juro. -Y embistió con suavidad.

 

Y no consiguió nada.

 

Ella se puso rígida. Sus peores temores se estaban haciendo realidad. Su cuerpo se había atrofiado por tantos años sin usar.

 

Kevin se retiró un poco y le sonrió, pero ella podía sentir la tensión de su cuerpo y notaba lo cercano que estaba de perder el control.

 

-Pensé que estabas lista, pero imagino que no es suficiente. -

 

Cambió de posición sobre ella y comenzó a acariciarla.

 

La voz de Kevin pareció llegar de muy lejos.

 

-Eres muy estrecha, cariño. Ha pasado mucho tiempo para ti, ¿no?

 

Ella le hundió las uñas en los hombros.

 

-Sí... puede ser... -la joven soltó un jadeo cuando las nuevas sensaciones crecieron vertiginosamente en ni interior -que esté un poco cerrada.

 

Él gimió y se volvió a colocar sobre ella.

 

-Volvamos a intentarlo. -Dicho eso intentó penetrarla otra vez.

 

Dani gritó y se arqueó sin saber si quería apartarse o acercarse más a él. Su cuerpo se abrió suavemente con un ardiente dolor. Él la sujetó por las nalgas y la penetró profundamente al tiempo que le cubría la boca con la suya, devorándola. Su posesión era rápida e intensa, pero la tensión que ella sentía en él le decía que Kevin seguía controlándose. No supo por qué hasta que escuchó su murmullo.

-Deja de contenerte, cariño. Deja de contenerte.

 

Dani supo en ese momento que él la estaba esperando y esas palabras suaves la hicieron llegar otra vez al clímax.

 

Cuando volvió en sí, la piel de Kevin estaba húmeda y su cuerpo tenso de deseo bajo las manos de Dani. Pero era un amante fuerte y generoso.

 

-Otra vez, cariño. Otra vez.

 

-No, yo...

 

-¡Sí! -Con firmeza, la condujo de nuevo al éxtasis.

 

Fuera de la caravana retumbó un trueno y, dentro, ella hizo lo que le pedía. Y, esta vez, él la siguió.

 

El tiempo transcurrió mientras yacían inmóviles, con los cuerpos entrelazados, con el todavía enterrado en su interior.

 

Dani no lo olvidaría jamás. A pesar de todas las cosas horribles que la habían conducido a ese momento, no podía haber tenido una iniciación más maravillosa, y siempre le estaría agradecida a Kevin por ello.

 

Apretó los labios contra el pecho de su marido mientras le acariciaba con las palmas de las manos. Después de tanto tiempo, por fin había pasado.

 

-Ya no soy virgen.

 

Dani sintió que Kevin se ponía rígido debajo de sus manos. Sólo entonces se percató de que había dicho su secreto en voz alta.

 

BUENOOOO que taaaal les gustooo!!!!! jejejeje

es la primer vez k publiko un cap hot! no lo habia hecho antess jejeje

buenoooo espero k lo hayan disfrutadoo!!!!!

las kieroooo

comenteen muuchooo

besosss

las kiere...

Adri:)

BESAR A UN ANGEL

 

CAPÍTULO 09


Dani estaba sobre la rampa del camión a las diez de la mañana siguiente. Tenía los músculos de las piernas agarrotados y le dolían a cada paso que daba. Además sentía como si le hubieran estirado los brazos en un potro de tortura.

 

-Lo siento, Digger. Me he quedado dormida.

 

A pesar de lo cansada que estaba la noche anterior, se había despertado a eso de las tres de la madrugada tras un sueño en el que Kevin y ella navegaban en una barca rosa con forma de cisne por un anticuado túnel del amor. Kevin la besaba y la miraba con tal ternura que ella se había sentido como si su cuerpo se fundiera con la barca, con el agua y con el propio Kevin. Había sido esa sensación lo que la había despertado y lo que la había hecho reflexionar, tumbada en el sofá, sobre el doloroso contraste entre aquel bello sueño y la realidad de su matrimonio.

 

Cuando llegaron a la amplia explanada de High Point, en Carolina del Norte, el remolque que transportaba a los elefantes aún no había aparecido, y se había metido en la camioneta para echar una siesta. Dos horas después, se había despertado con el cuello rígido y dolor de cabeza.

 

Desde lo alto de la rampa vio que Digger casi había terminado de retirar el estiércol del camión. La sensación de alivio se mezcló con una punzada de culpabilidad. Ése era su trabajo.

 

-Deja que siga yo.

 

-Lo peor ya está hecho. -Habló como un hombre que estaba

acostumbrado a esperar lo peor de la vida.

 

-Lo siento, no ocurrirá de nuevo.

 

Él sorbió por la nariz y la miró como diciendo que se lo creería cuando lo viera.

 

Desde donde estaba, Dani tenía una amplia vista de la nueva localización del circo, situado entre un Pizza Hut y una gasolinera. Según le había dicho Kevin, la mayor parte de los miembros del circo preferían instalarse en un terreno liso y asfaltado, aunque eso significara tener que reparar antes de marcharse todos los agujeros que hicieran para clavar las estacas.

 

Oyendo de fondo el rítmico golpeteo de los hombres que montaban el circo, miró hacia atrás y vio a  Beatriz sentada en una silla delante de su caravana. Sheba estaba de pie detrás de ella haciéndole una trenza. También había visto cómo la dueña del circo echaba una mano a los trabajadores y ayudaba a levantarse al pequeño de los Lipscomb, de seis años, cuando se caía. Sheba Quest era una mujer llena de contradicciones: con Dani se comportaba como una bruja malvada, pero con todos los demás era una persona muy amable.

 

Sintió que le tiraban del pantalón. Cuando bajó la vista vio que era la trompa de Tater, que estaba al pie de la rampa, mirándola con adoración a través de unas pestañas ridículamente rizadas.

 

Digger se burló de ella.

 

-Tu novio ha venido a verte.

-Pues se va a llevar un chasco. No me he puesto perfume.

 

-Supongo que tendrá que acercarse más para comprobarlo por sí mismo. Llévalo con los demás, ¿de acuerdo? Hay que darles de beber. El pincho está allí dijo, señalando con la cabeza el objeto apoyado contra el camión.

 

Ella miró el pincho con autentica aversión. Al fondo de la rampa, Tater barritó y giró sobre sí mismo, como si estuviera llamándola. Luego se detuvo, y levantó una pata tras otra como si fuera un bebé pataleando. O mucho se equivocaba Dani o todo eso era por ella.

 

-¿Qué voy a hacer contigo, Tater? ¿No te das cuenta del miedo que me das?

 

Armándose de valor, se acercó al fondo de la rampa mientras se metía la mano en el bolsillo para sacar una zanahoria mustia que había encontrado en la nevera. Esperaba que la siguiera al ver que iba a alimentarlo, y le ofreció la hortaliza con una mano temblorosa.

 

El animalito alargó la trompa y olisqueó la zanahoria con delicadeza, haciéndole cosquillas en la palma de la mano. Ella retrocedió un paso, utilizando la zanahoria como cebo para llevarlo con los demás. Tater se la arrebató de la mano y se la llevó a la boca.

 

Dani observó con aprensión la mano ahora vacía mientras el alargaba la trompa hacia ella otra vez.

 

-N-no tengo más.

 

Pero no era comida lo que él quería; era perfume.

 

Metió la trompa por el cuello de la camiseta de Dani buscando el olor que tanto le gustaba.

 

-Amiguito... lo siento... yo...

 

¡Zas! Con un dramático barrito, Tater le dio un golpe con la trompa y la tiró al suelo. Dani gritó. Al mismo tiempo, Tater levantó la cabeza y volvió a barritar, anunciando al mundo la profunda traición de la que acababa de ser objeto: ¡ Dani no llevaba perfume!

 

- Dani, ¿estás bien? - Kevin apareció de la nada y se puso en cuclillas a su lado.

 

-Estoy bien. -Hizo una mueca de dolor al sentir una punzada en la cadera.

 

-¡Maldita sea! No puedes dejar que este animal continúe haciéndote eso. Sheba me ha dicho que ayer también te tiró.

 

Por supuesto, Sheba no había podido resistirse a dejar pasar algo como eso, pensó Dani, tensándose al cambiar de postura.

 

Por el rabillo del ojo, vio cómo Neeco se acercaba a grandes zancadas hacia ellos.

-Yo me encargaré de esto -les dijo.

Dani soltó un grito ahogado cuando lo vio coger el pincho.

 

-¡No! ¡No le pegues! Ha sido culpa mía. Yo... -Ignorando el dolor, se obligó a ponerse de pie y se interpuso de un salto entre Neeco y Tater, pero llegó demasiado tarde.

 

Horrorizada, observó cómo Neeco golpeaba al elefantito en aquel lugar sensible detrás de la oreja. Tater soltó un agudo chillido y retrocedió. Neeco se acercó de nuevo a él, levantando el pincho para propinarle un segundo golpe.

 

-Ya basta, Neeco.

 

Dani no oyó las suaves palabras de advertencia de Kevin porque ya se había lanzado sobre la espalda de Neeco.

 

-¡No vuelvas a pegarle! -con un grito de indignación, intentó arrebatarle el pincho.

 

Alarmado, Neeco tropezó, y tras recuperar el equilibrio, soltó una maldición y se dio la vuelta. Dani no pudo sujetarse a sus hombros y sintió que se resbalaba. Pero en vez de caer al sucio por segunda vez ese día, Kevin la atrapó en sus brazos.

 

-Ya te tengo.

Sheba se acercó con rapidez.

-Por el amor de Dios, Kevin hay periodistas en el recinto.

 

Mientras la dejaba en el suelo, Dani se preparó para sufrir una bronca de Kevin. Pero para su sorpresa, Kevin se volvió hacia Neeco.

 

-Creo que Tater ha captado el mensaje la primera vez.

Neeco se puso rígido.

 

-Sabes tan bien como yo que no hay nada más peligroso que un elefante se vuelva contra sus adiestradores.

 

Dani no pudo morderse la lengua.

 

-¡Es sólo un bebé! Y fue culpa mía. No me he puesto perfume y se enfadó conmigo.

 

-Cállate, Dani -dijo Kevin con suavidad.


Tu bebé pesa una tonelada -dijo Neeco apretando los labios. -No dejaré que ninguno de los que trabaja conmigo se ponga sentimental con los animales. No podemos correr riesgos.

 

Actuando de esa manera pones en peligro la vida de la gente; los animales tienen que saber quién manda.

 

Dani dejó salir toda su frustración.

 

-¡Las vidas de los animales también tienen valor! Tater no pidió que lo encerraran en un circo. No pidió que lo llevaran por todo el país en un remolque maloliente, ni que le ataran para ser exhibido delante de personas ignorantes. Dios no creó a los elefantes para que hicieran equilibrios sobre sus patas. Los creó para que vagaran libres.

 

Sheba se cruzó de brazos y alzó una ceja con ironía.

 

-Ya la veo tirando pintura roja a los abrigos de piel. Kevin, controla a tu esposa o la echaré de mi circo.

 

Ni el más mínimo atisbo de emoción cruzó por la cara de Kevin cuando sus ojos se encontraron con los de Sheba.

 

- Dani es la encargada de los elefantes. Por lo que he visto, sólo cumplía con su trabajo.

 

A Dani casi se le detuvo el corazón. ¿Sería posible que su marido la estuviera defendiendo?

 

El placer de la joven se desvaneció cuando él se volvió hacia ella, señalando con la cabeza el remolque de los elefantes.

 

-Se está haciendo tarde y aún no lo has limpiado con la manguera. Vuelve al trabajo.

 

Ella se dio la vuelta y, deseando que los tres se fueran al infierno, volvió a su tarea. Sabía que los animales que viajaban con el circo debían estar bajo control, pero la idea de que estaban siendo obligados a comportarse en contra de su naturaleza, le molestaba. Tal vez encontrara tan perturbadora su situación porque sentía que tenía algo en común con ellos. Como los animales del circo, estaba cautiva contra su voluntad y, como ellos, su guardián tenía todo el control.

 

holaaaaa :) que taaal les gustooo el caap??????

sabeeeennn voy asubir mas seguido porque la novel es laargaaa y buenooo necesito terminar pronto k ya pronto inicio clases.....

jejej

buenooo las dejooo

me voeeeee

comenteen mucho..

xoxox

 

Adri :)

CAPITULO 8 PARTE 2 BESAR A UN ANGEL :)

Parte 2

 

Dani miró la picana con desagrado.


-¿Les das descargas? ¿No te parece que es una medida muy

drástica?


-Cuando se trabaja con animales no se puede ser sentimental. Puede que los quiera mucho, pero no soy estúpido. Tienen que saber quién es el que manda, quién lleva aquí la voz cantante.


-Neeco, esto no es para mí. Ya le he dicho a todo el mundo que los animales me dan miedo, pero nadie me hace caso.


-Acabarás por superarlo. Sólo necesitas pasar algún tiempo con ellos. No les gustan las personas ni los ruidos inesperados, así que tienen que verte venir. -Le quitó el pincho de la mano y le dio la picana a cambio. -Si te ven con ella te respetarán más. Los pequeños son fáciles de controlar; un par de descargas rápidas si no te hacen caso y listo. Cuando uses el pincho, apunta detrás de las orejas, es donde más les molesta.


Ella sintió como si estuviera siendo obligada a sujetar algo obsceno. Miró a los elefantitos y vio que Tater le devolvía la mirada. El animal observó la picana y, aunque tal vez fuera cosa de su imaginación, Dani pensó que parecía decepcionado.


Cuando Neeco se marchó, ella se acercó a los animalitos tosiendo para no sorprenderlos. Ellos levantaron la cabeza y se removieron inquietos al ver lo que llevaba en la mano. Bam abrió la boca y emitió un fuerte barrito de tristeza.


Debían de estar acostumbrados a que les dieran descargas eléctricas. Dani pensó lo mucho que comenzaba a desagradarle Neeco Martin. Más que incrementar la confianza en sí misma, la picana hacía que se sintiera incómoda. No importaba lo mucho que le asustaran los animales, jamás podría hacerles daño, así que dejó el artilugio detrás de una bala de heno.


Miró con anhelo la caravana de Kevin Sólo tres días antes la había considerado repugnante, pero ahora le parecía el lugar más acogedor del mundo. Se recordó a sí misma que si había podido limpiar el remolque, también podía sobrevivir a eso.


Se acercó a las bestias de nuevo, esta vez sin la picana. Ellos la observaron durante un momento. Satisfechos de que ella ya no supusiera una amenaza, se dedicaron a remover el heno.


Todos salvo Tater. ¿Sería cosa de su imaginación o él le estaba realmente sonriendo? ¿Y no tenía esa sonrisa cierto toque diabólico?


-Elefantes bonitos. Elefantitos b-bonitos -canturreó ella. - Dani

es buena. Dani es muuuuuy buena.


Pebbies y Bam levantaron la cabeza y se miraron el uno al otro, y ella hubiera jurado que incluso habían puesto los ojos en blanco. Tater, mientras tanto, levantó un fardo de heno y lo dejó caer sobre su lomo. Aunque los demás elefantes continuaron observándola, Tater no estaba molesto por la presencia de la joven. Parecía el más sociable de todos.


El animal dejó caer otro fardo de heno sobre su lomo. Dani se acercó unos pasos más, hasta que sólo hubo tres metros entre ellos. Tater comenzó a resollar en la paja.


-Tater bonito. Tater es un elefantito muy bonito. -Se acercó a él unos centímetros más, susurrándole tonterías como si fuera un bebé de verdad. -Niño bonito. Sé bueno. -Comenzó a temblarle la voz. -Tater tiene que ser más educado. -Estaba tan cerca que podía palmearle la trompa, y Dani sintió la piel húmeda y pegajosa por el sudor. -A Tater le gusta Dani. Dani es amiga de

Tater. -Alargó la mano lentamente, obligándose a hacerlo centímetro a centímetro, diciéndose a sí misma que los elefantes no comían personas, tan sólo... «¡Zas!»


El elefantito le plantó la trompa en el pecho y la tiró al suelo. La joven cayó con tal fuerza que vio las estrellas. El dolor le subió por el costado izquierdo. La vista se le aclaró justo a tiempo de observar cómo el elefante levantaba la trompa y emitía un grito de inequívoca victoria.


Dani se quedó allí sentada, demasiado deprimida para levantarse. Las florecitas de las sandalias centelleaban como estrellas plateadas ante sus ojos. Levantó la cabeza y vio que Bathsheba Quest la miraba desde detrás de unas gafas de sol.


Sheba llevaba un ceñido top blanco, unos pantalones cortos a juego y un cinturón de color lavanda. Cargaba sobre la cadera a un bebé de pelo oscuro, un niño que Dani recordaba haber visto con uno de los hermanos Tolea y su mujer. Sheba bajó la mirada hacia ella, luego se colocó las gafas de sol en la coronilla, retirándose el pelo lo suficiente para dejar a la vista unos pendientes púrpura con brillantes en forma de estrellas.


Dani esperaba ver una expresión de triunfo en los ojos de Sheba, pero sólo vio satisfacción. Se dio cuenta de que estaba tan hundida que la mujer ni siquiera la consideraba una amenaza.


-¿De dónde demonios te ha sacado Kevin?


Negando con la cabeza, Sheba pasó por encima de los pies de Dani, para acercarse a Tater y acariciarle la


-Eres un pequeño demonio, ¿verdad, colega? ¿A que es un diablillo, Theo? -dijo Sheba, cogiendo el pie del niño.


Dani había sido derrotada por todos y ya no pudo soportarlo más. En lo que a ella concernía, el trabajo había terminado por ese día, y había sobrevivido a duras penas. Se puso en pie y se dirigió a la caravana. En ese momento vio a Kevin. Demasiado cansada para volver a enfrentarse a él, se dio la vuelta y comenzó a deambular por el recinto del circo.


Se cruzó con dos de las animadoras, pero le dieron la espalda. Uno de los payasos fingió no verla. Dani necesitaba con urgencia un cigarrillo.


Dio un respingo cuando un potente chillido surcó el aire. La joven giró la cabeza con rapidez y vio a Frankie cerca de uno de los camiones de la mano de Jill. La señaló y chilló de nuevo. Jill lo cogió en brazos y, sin dirigirle la palabra a Dani, se alejó.


Dani se sintió fatal. El mensaje era claro. La habían declarado una paria.


Siguió caminando hasta que se encontró delante de la casa de fieras. La puerta de lona estaba levantada y todos los animales estaban dentro menos Sinjun, cuya jaula aún se encontraba a pleno sol. El animal bajó las orejas cuando ella se acercó, y la miró con desdén. La noche anterior había estado demasiado oscuro para ver en qué condiciones se encontraba la jaula, pero ahora podía ver lo sucia que estaba. Digger era quien se encardaba de cuidar a los animales, pero estaba claro que éstos ocupaban el último lugar en su lista de tareas.



El tigre clavó los ojos en ella y Dani no pudo apartar la mirada de él. La noche anterior el pelaje a rayas parecía brillar bajo los reflectores, pero ahora el animal parecía flaco y sucio. La joven miró fijamente aquellos misteriosos iris dorados y, al cabo de unos segundos, se sintió muy sofocada.

 

El sudor le cubría el hueco de la garganta y los brazos. Tenía la cara congestionada y los pechos mojados. Nunca había sentido tantísimo calor. Quiso desnudarse por completo y meterse en una piscina de agua helada. Tenía un calor insoportable. Sabía que el ardor no provenía de ella sino del tigre.

 

-Aquí estás.

 

Dani volvió la cabeza y vio que Kevin se acercaba a ella. La miró de arriba abajo y se quedó helada bajo el impacto de esos ojos fríos e impersonales.

 

-Aún te queda algo de tiempo libre antes de la función -dijo. -

¿Por qué no vas a ducharte y luego cenamos algo?

-¿La función?

 

-Ya sabes que es parte de tu trabajo.

 

-Pero no esta noche. Es imposible que pueda hacer nada esta noche. ¡Mírame!

 

 

Holaaaaa chikaaaaaaaas regreseeeeeeee !!!!!!!

comoo estaaan!!!!!!!!!! espero k suupr bieeen!!! buenoo yo aki con la otra parte del cap!

espero y les guste!!! comenten muuchooo!1

un favorr!!!

podrian recomendar la novel¿???

graciaas!!

buenoooooo ya al fin estoy mejor!!! ya recuperadita de k me sacaron mis molares..... auuch .. :(

buenooo espero pasarme pronto x sus novels las kieroo!

mmm y una cosaaaa

les gustaria adelantoos????

me avisan!

buenoo las dejo byee :)

 

Adri :)

CAPITULO 8 PARTE 1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

 

 

Princesas hermosas

como estan espero y bien,  como ya Habia mensionado adri

esta enfermita le operaron el tercer molar asi que debe tener reposo asi que una vez mas  subire bueno sin mas que decir  pero y les guste este cap que con anticipacion prepare para ustedes.

CAPITULO 8 PARTE 1


Aquí tienes la pala -dijo el hombre que se ocupaba de los elefantes. -Ahí está la carretilla. Y ahí el camión con el estiércol.

Digger, que era quien se encargaba de los animales de Neeco Martin, el domador, le dio una pala y se alejó cojeando. Era un hombre mayor que padecía artritis; tenía el rostro arrugado y los labios hundidos por la falta de dientes. Digger era ahora el jefe de Dani.

Dani miró la pala. Ése era su castigo. Se había imaginado que Kev la mantendría confinada en la caravana, que utilizaría aquel lugar como una celda ambulante, pero debería haber sabido que él no se conformaría con algo tan sencillo.

La noche anterior Dani había llorado en el sofá hasta quedarse dormida. No tenía ni idea de si Kev había dormido en la caravana ni de si había regresado. Por lo que ella sabía, hasta podía haber pasado la noche en compañía de una de las showgirls. La invadió la tristeza. Kev apenas le había hablado esa mañana salvo para decirle que tendría que trabajar para Digger y que no debía abandonar el recinto sin su permiso.

Desvió la mirada desde la pala que sostenía en la mano al interior del camión. Los elefantes ya habían bajado del remolque a través de unas anchas puertas correderas situadas en el centro de éste, justo encima de la rampa. A Dani se le puso un nudo en el estómago y una oleada de intranquilidad hizo que le subiera la bilis a la garganta. Había mucho estiércol. Muchísimo. En algunas partes la paja estaba casi limpia. En otras había sido aplastada por las gigantescas patas de los paquidermos.

Y aquel olor...

Dani volvió la cabeza y aspiró aire fresco. Su marido creía que era una ladrona y una mentirosa y, como castigo, la obligaba a trabajar con los elefantes a pesar de que ella le había dicho que los animales le daban miedo. Volvió a mirar hacia dentro del camión.

Adiós a su modelito de Mary McFadden.

Dani se sintió derrotada y, justo en ese momento, supo que había fallado. No podría hacerlo. Otras personas parecían tener una fortaleza a la que recurrir en tiempos de crisis, pero Dani no. Era débil y no hacía nada a derechas. Todo lo que su padre y Kev habían dicho de ella era verdad. Sólo servía para charlar en las fiestas y eso no le valía de nada en este mundo. Con el sol cayendo a plomo sobre su cabeza, rebuscó en su interior, pero no encontró ni un ápice de coraje. Se dio por vencida. Tiró la pala sobre la rampa.

-¿Ya te has dado por vencida?

Dani bajó la mirada. Kev estaba al pie de la rampa. Ella asintió lentamente con la cabeza.

Él le sostuvo la mirada con las manos apoyadas en las caderas cubiertas por unos vaqueros descoloridos. -Los hombres han hecho apuestas sobre si harías o no el trabajo.

-¿Y qué has apostado tú? -La voz de Dani apenas era un susurro y a él le sonó como un graznido.

-No estás preparada para recoger mierda, cara de ángel. Cualquiera puede verlo. Pero, y sólo para que conste en acta, no he apostado nada.

No era por lealtad hacia ella, de eso estaba segura, lo habría hecho para mantener su reputación como jefe. Lo miró con una distante curiosidad.

-Has sabido todo el tiempo que no podría hacerlo, ¿verdad?

-Sí, lo sabía -dijo Kev, asintiendo lentamente con la cabeza.

-Entonces, ¿por qué me has hecho pasar por esto?

-Eras tú la que tenía que entender que no podías soportarlo. Pero has tardado demasiado tiempo en darle cuenta, Dani. Intenté decirle a Max que no ibas a sobrevivir aquí más que una bola de nieve en el infierno, pero no quiso escucharme. -La voz de Kev se volvió casi suave y, por alguna razón desconocida, a ella le molestó más aquello que el anterior desprecio de su marido. -Vuelve a la caravana, Dani, y cámbiate de ropa. Te pagaré un billete de avión.

«¿Adonde iré?», se preguntó. No tenía ningún lugar al que ir. Oyó el rugido de Sinjun y miró hacia su jaula, pero el camión del agua le bloqueaba la vista.

-Te daré dinero para que puedas mantenerte hasta que encuentres trabajo.

-Eso es lo que te pedí en la limusina y no aceptaste. ¿Por qué lo haces ahora?

-Le prometí a tu padre que te daría una oportunidad. He mantenido mi palabra.

Dicho lo cual, él se dio la vuelta para dirigirse a la caravana, seguro de que ella lo seguiría. Esa arrogante seguridad atravesó el dolor de Dani y lo transformó en un ramalazo de ira, tan extraña en su tranquila naturaleza que la joven apenas reconoció lo que era. Él estaba tan convencido de su derrota que ni siquiera dudaba del hecho de que fuera a rendirse.

«¿Iba a rendirse?»

Miró a la pala tirada sobre la rampa. Tenía abono seco pegado al mango y a la paleta, lo que atraía a un enjambre de moscas. Mientras la miraba, se dio cuenta de que esa pala, sucia, era como todas las malas decisiones que había tomado en su vida.

Con un sollozo entrecortado la recogió con rapidez y se metió dentro del remolque. Contuvo la respiración y deslizó la pala bajo el montón de paja más próximo, recogió una paletada y con brazos temblorosos la llevó hasta la carretilla. Los pulmones le ardieron por el esfuerzo. Aspiró aire fresco y casi se atragantó con aquel pestilente olor. Sin darse tiempo para pensar, fue a por el siguiente montón y luego por el siguiente. Comenzaron a dolerle los brazos, pero no se detuvo.

Las botas de Kev resonaron pesadamente en la rampa.

-Para, Dani, y sal de ahí ya. Ella tragó saliva intentando desatascar el nudo de su garganta.

-Vete.

-No podrás sobrevivir aquí. Tu obstinación sólo pospondrá lo inevitable.

-Es posible que tengas razón. -Perdió la batalla por contener las lágrimas y éstas se le deslizaron por las mejillas. Sorbió por la nariz, pero no dejó de trabajar.

-Lo único que estás consiguiendo con esto es convencerme de lo tonta que eres.

-No estoy intentando convencerte de nada y, francamente, ya no quiero hablar más. -Con un trémulo sollozo, levantó otro pesado montón y, sin apenas fuerzas, consiguió llevarlo hasta la carretilla.

-¿Estás llorando?

-Vete.

Él entró y se puso delante de ella.

-Sí, estás llorando.

-Perdona, pero me estás interrumpiendo -dijo Dani con voz trémula.

Él trató de quitarle la pala, pero ella la apartó a un lado antes de que pudiera cogerla. Un arranque de cólera alimentado por la adrenalina le dio la fuerza suficiente para deslizar la pala bajo otro montón de paja y amenazar con arrojárselo.

-¡Vete! ¡Lo digo en serio, Kev! Si no me dejas en paz te lo echaré encima.

-No te atreverás.

A Dani le temblaban los brazos y las lágrimas le caían desde la barbilla a la camiseta, pero sostuvo la mirada de Kev sin rendirse.

-No deberías desafiar a alguien que no tiene nada que perder.

Kev se quedó inmóvil por un momento. Luego meneó lentamente la cabeza y retrocedió.

-De acuerdo, pero sólo lo estás haciendo más difícil para ti.

La joven tardó dos horas en limpiar el remolque. Bajar la pesada carretilla por la rampa fue lo más difícil. Se le volcó la primera vez que lo intentó y tuvo que recogerlo todo de nuevo. Había seguido llorando todo el tiempo, pero no se detuvo.

 

De vez en cuando levantaba la cabeza y veía a Kev, que la observaba con esos ojos dorados, pero lo ignoró. Los hombros y los brazos le dolían demasiado, pero apretó los dientes y se obligó a seguir.

Cuando terminó de limpiar con la manguera el interior del camión, la camiseta y los vaqueros que Kev le había comprado dos días antes estaban cubiertos por una capa de porquería que parecía formar parte de ellos. Tenía el pelo alborotado alrededor de la cara y se le habían roto las uñas. Examinó el trabajo intentando sentir orgullo por lo bien que lo había hecho, pero lo único que sintió fue un cansancio mortal.

Se apoyó en la puerta del camión. Desde aquella ventajosa posición, en lo alto de la rampa, podía ver a los elefantes encadenados cerca de la carretera para anunciar que el circo estaba allí.

-Baje, señorita -dijo Digger. -El día no ha terminado todavía.

Dani bajó por la pendiente cojeando sin apartar la vista de los elefantitos que estaban, sin atar, a unos quince metros.

Digger los llamó por señas.

-Hay que llevarlos a abrevar. Use esto para empujarlos, cláveselo en los costados. -Le señaló un palo de casi dos metros con un pincho en el extremo, luego se acercó a los pequeños elefantes (que debían de pesar cerca de una tonelada cada uno). Combinando las órdenes y la voz con unos ligeros golpecitos del pincho, Digger los hizo ponerse en movimiento hacia un tanque lleno de agua. Dani se mantuvo tan alejada de ellos como le fue posible, con el corazón latiéndole con fuerza por el miedo.

El hombre volvió la mirada hacia ella.

-Así es como debe hacerlo.

Dani se acercó poco a poco, diciéndose a sí misma que, a pesar de su tamaño, aquellas bestias eran sólo unos bebés. Al menos no eran unos desagradables perritos.

Observó que algunos bebían directamente de la artesa, mientras que otros aspiraban el agua con la trompa y luego se la llevaban a la boca. Digger notó que ella se mantenía apartada.

-No le darán miedo, ¿verdad, señorita?

-Por favor, tutéame.

-No debes dejar nunca que los animales perciban tu miedo.

-Eso me ha dicho todo el mundo.

-Tienes que demostrarles quién es el jefe. Enseñarles que eres tú la que manda.

Él golpeó a uno de los animales, haciendo que se echara a un lado para que pudieran pasar los demás. Desde lo alto de las gradas, durante el espectáculo, Dani había encontrado preciosos a los elefantitos, con esas orejas blanditas, aquellos encantadores rabitos y las expresiones solemnes, pero ahora le daban muchísimo miedo.

Dani había visto cómo manejaba Neeco Martin a los adultos (los machos, se recordó a sí misma, aunque hubiera jurado que todas eran hembras). Hizo una mueca cuando Digger golpeó con fuerza a uno de ellos. Puede que ella no fuera amante de los animales, pero al ver aquello se revolvió por dentro. Los elefantes no habían nacido para vivir en un circo y nadie debería tratarlos tan brutalmente por no seguir las reglas de los hombres, en especial cuando dichas reglas iban contra sus instintos.

-Tengo que ayudar a Neeco a pasear a los elefantes -dijo Digger. -Encárgate de llevar a los elefantitos hasta la estaca. Iré dentro de unos minutos para ayudarte a atarlos.

-¡Oh, no! No, no creo que... -Aquel de allí es Puddin. Ése es Tater. El del fondo es Pebbies y este de aquí es Bam Bam, lo llamamos Bam para abreviar. Dale ahora a Pebbies con el pincho. Tienes que enseñarle modales. -Le ofreció el pincho a Dani y se alejó.

Dani miró con consternación aquella arma del diablo. Bam abrió la boca, Dani no supo si lo hacía para bostezar o para pegarle un bocado, y se echó hacia atrás. Dos de los elefantes metieron la trompa en el abrevadero.

«Ahora sí que me voy a rendir», pensó ella. Había conseguido limpiar el camión, pero no lograría acercarse a los elefantes. Había alcanzado su límite.

A lo lejos vio a Kev observándola, vigilándola como un buitre acecha a su presa antes de saltar sobre ella.

Ella se estremeció y dio un paso indeciso hacia los elefantitos.

-Eh... venga, amiguitos. -Temblorosamente señaló la estaca con el pincho.

Bam (o quizá fuera Pebbies) levantó la cabeza y le lanzó una mirada de desdén.

Ella se acercó con inquietud.

-Por favor, no me deis más problemas. Ha sido un día terrible.

Tater levantó la trompa de la artesa y giró la cabeza hacia ella. A continuación Dani recibió un chorro de agua fría en la cara.

-¡Aaah! -Gritó dando un salto atrás.

Tater salió disparado aunque, por supuesto no hacia la estaca, sino hacía los remolques.

-¡Vuelve! -gritó ella, frotándose la cara. -¡No hagas eso! ¡Por favor, vuelve!

Neeco se acercó corriendo con una larga barra metálica con un aguijón en forma de U en el extremo. Lo dirigió hacia Tater, escogiendo un punto detrás de la oreja. El elefante dio un fuerte chillido de dolor; se detuvo en seco y se giró inmediatamente hacia la estaca. Los demás elefantes lo siguieron con rapidez.

Dani miró a los animales antes de volverse hacia Neeco.

-¿Qué le has hecho?

Él se pasó la barra metálica de una mano a otra y se apartó el largo cabello rubio de la cara.

-Es una picana. Lanza descargas eléctricas. No la uso a menos que sea necesario, pero ellos saben que la utilizaré si no se comportan correctamente.


espero y les a ya gustado mucho el cap y mil gracias x sus comentarios tan lindos mil gracias chicas y mil gracias x permitirme ser su amiga bueno cuidense mucho

CAPITULO 7 PARTE 1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

Princesas hermosas

como estan espero y bien. Bueno pricnessas

aqui esta el Maraton del episodio 7 espero  y lo disfuten y ya saben lo prometido es deuda bueno ya no las entengo mas =) y que lo disfruten

CAPÍTULO 07 PARTE 1
Mientras Sheba comprobaba la recaudación y hojeaba un montón de periódicos en la oficina, Dani vendió las entradas de la segunda función. Lo hizo de una manera mecánica, sonriéndoles a los clientes automáticamente, pero, aunque habló sin parar, sólo podía pensar en el apasionado beso que había compartido con Kev y apenas prestó atención a lo que la gente decía. Se derretía ante el recuerdo, pero al mismo tiempo se sentía avergonzada. No debería haberse entregado a Kev con tal abandono cuando él no sentía ningún respeto por su matrimonio.

En cuanto dejó de sonar la música de la presentación del espectáculo, Sheba abandonó el vagón rojo sin decir ni una palabra y Dani cerró la taquilla. Se encontraba contando el efectivo del cajón de la recaudación cuando apareció Beatriz. Llevaba puesto un maillot de lentejuelas doradas; el recargado maquillaje hacía que pareciera mayor de lo que era. Cinco aros rojos le colgaban de la muñeca como si fueran pulseras gigantescas y Dani se preguntó si iría a algún lugar sin ellos.

-¿Has visto a Sheba?

-Se fue hace unos minutos.

Beatriz miró a ambos lados para cerciorarse de que estaban solas.

-¿Me das un cigarrillo?

-Me fumé el último esta mañana. Es un vicio horrible y además caro. Te arrepentirás de engancharte a él, Beatriz.

-Aún no lo he hecho. Fumo sólo por distraerme. -Beatriz se paseó por la oficina, tocando el escritorio, la parte superior del archivador, hojeando el calendario de la pared.

-¿Sabe tu padre que fumas?

-¿Acaso vas a decírselo?

-No he dicho eso.

-Pues hazlo si quieres -repuso en tono agresivo. -De todos modos volverá a enviarme con la tía Terry.

-¿Vives con ella?

-Sí. Pero tiene cuatro niños y la única razón por la que está dispuesta a acogerme es el dinero que le envía papá. Además, así tiene una canguro gratis para el bebé. Mi madre no podía ni verla -su expresión se volvió amarga, -pero mi padre sólo quiere deshacerse de mí.

-No creo que sea así.

-Y tú qué sabes. A él sólo le importan mis hermanos. Sheba dice que no es culpa mía, sino que Brady no sabe cómo tratar a las mujeres con las que no se puede acostar, pero sé que lo dice para que me sienta mejor. Creo que sí fuera buena con los malabarismos, él dejaría que me quedara.

Ahora comprendía Dani y por qué Beatriz siempre llevaba los aros consigo. Estaba tratando de ganarse el afecto de su padre. Dani lo sabía todo sobre cómo intentar complacer a un padre y lo lamentó por esa jovencita con cara de duende y boca sucia.

-¿Has hablado con él? Quizá si supiera cómo te sientes no te haría volver con tus tíos.

Ella puso su cara de chica dura.

-Como si fuera a importarle. Y mira quién va a darme consejos. Todo el mundo habla de ti. Dicen que Kev se casó contigo porque estás embarazada.

-Eso no es cierto. -repuso Dani, pero antes de que pudiera añadir nada más, sonó el teléfono y se volvió para contestar. -Circo de los Hermanos Quest...

-Con Kev Markov, por favor -dijo una voz masculina.

-Lo siento, en este momento no está aquí.

-¿Podría decirle que lo llamó Jacob Salomón? Ya tiene mi número. Y dígale también que el doctor Theobald está intentando ponerse en contacto con él.

-Le daré el recado. -Colgó y se preguntó quiénes serían esas personas mientras anotaba el mensaje para Kev. Había demasiadas cosas sobre él que no sabía y tío parecía que se las fuera a contar.

Beatriz se había ido mientras hablaba por teléfono. Con un suspiro, cerró con llave el cajón de la recaudación, apagó las luces y salió de la caravana.

Los trabajadores ya habían desmantelado la casa de fieras y Dani pensó en el tigre. Se encaminó hacia el lugar donde estaba situada la jaula, dejándose llevar hacia allí como si no tuviera ningún control sobre su destino.

La jaula estaba situada sobre una pequeña plataforma a un metro de altura. La luz de los reflectores iluminaba el interior. A Dani le latía con fuerza el corazón mientras se acercaba lentamente. Sinjun se levantó y se giró hacia ella.

La joven se quedó paralizada ante el impacto de esos ojos dorados. La mirada del tigre era hipnótica, directa, sin parpadeos. Sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda y cómo se ahogaba en los ojos dorados del animal.

«El destino.»

La palabra atravesó la mente de Dani como si no fuera ella quien la hubiera puesto allí, sino el tigre. «El destino.»

No fue consciente de lo mucho que se había acercado a la jaula hasta que percibió el olor almizcleño del animal, un aroma que debería de haber sido desagradable pero que, sin embargo, no lo era. Se detuvo a menos de un metro de los barrotes y se quedó inmóvil. Los segundos dieron paso a los minutos y Dani perdió la noción del tiempo.

«El destino.» La palabra volvió a resonar en la mente de la joven.

El tigre era un macho enorme, tenía las patas gigantescas y una marca blanca en la parte inferior del cuello. Dani comenzó a temblar cuando el aplastó las orejas dejando a la vista las ovaladas marcas blancas de estas; de alguna manera ella supo que aquel era un gesto de amistad. El tigre desplegó los bigotes y le ensenó los dientes. El sudor se deslizó entre los pechos de Dani cuando el animal emitió un rugido; el sonido diabólico de una película de terror.

No pudo apartar la vista del tigre, aunque supo que era eso lo que él quería. El animal le lanzaba una mirada de desafío: ella debía apartar la vista primero. Y Dani quería hacerlo -no era su intención desafiar al tigre, -pero se había quedado paralizada.

Los barrotes parecieron desvanecerse entre ellos y ella sintió como si no tuviera ninguna protección ante él. El tigre podía abrirle la garganta de un zarpazo, pero aun así, Dani no podía moverse. Miró directamente a los ojos del animal y sintió como si éste le leyera el alma. Pasó el tiempo. Los minutos. Las horas. Los años. Con ojos que no parecían suyos, Dani vio sus propias debilidades y defectos; los miedos que la mantenían prisionera. Se vio en su privilegiada vida, doblegándose ante voluntades más fuertes que la suya, asustada de enfrentarse a cualquiera, intentando complacer a todo el mundo menos a sí misma. Los ojos del tigre le revelaron todo lo que quería mantener oculto.

Y luego parpadeó.

El tigre.

No ella.

Dani observó con asombro cómo desaparecían las marcas blancas de las orejas. El animal estiró su enorme cuerpo y se dejó caer sobre el suelo de la jaula, desde donde la miró con gravedad y le dio su veredicto:

«Eres débil y cobarde.»

Dani comprendió la verdad que le dictaban los ojos del tigre, y la sensación de victoria por haber sido capaz de sostenerte la mirada se evaporó dejándole las piernas débiles y flojas. La joven se hundió en la hierba, donde se sentó en silencio y se abrazó las rodillas, observando al animal sin miedo, aunque con cierto recelo.

Oyó la música que anunciaba el fin del espectáculo, las voces de los trabajadores que iban de un lado para otro del recinto y los sonidos habituales mientras recogían los puestos. Casi no había dormido la noche anterior y se fue adormeciendo poco a poco. Se le cayeron los párpados, pero no llegó a cerrarlos por completo. Apoyó la mejilla en las rodillas y continuó observando al tigre con los ojos entrecerrados mientras él le sostenía la mirada.

Estaban solos en el mundo; dos almas perdidas. Dani percibió cada latido. El aire le llenaba los pulmones y el miedo se evaporó lentamente. Experimentó un profundo sentimiento de paz. El alma de la joven se unió a la del animal y se convirtieron en uno solo; en ese momento podría haber sido la comida y el sustento del animal, porque no existía ninguna barrera entre ellos.

Y entonces, más rápidamente de lo que hubiera podido imaginar, la paz se rompió y se sintió golpeada por una explosión de dolor que la hizo gemir. En el fondo de su mente supo que ese dolor provenía del tigre, no de ella, pero eso no hizo que le doliera menos.

«Santo Dios.» Se agarró el estómago y se dobló sobre sí misma. ¿Qué le estaba ocurriendo? «¡Dios mío, haz que se detenga!» No podía soportarlo.

Cayó de bruces en el suelo y en ese momento supo que iba a morir.

Tan bruscamente como había empezado, el dolor desapareció. Respiró hondo y se puso de rodillas temblando.

Los ojos del tigre ardieron de furia contenida. «Ahora sabes cómo se siente un cautivo.»

Kev estaba furioso. Miró a Sheba Quest y, después, el látigo que él tenía enroscado en el puño. La noche del sábado era el día de cobro de los empleados y algunos ya estaban borrachos, así que llevaba el látigo como medida disuasoria. Sin embargo, no eran los trabajadores los que le molestaban.

-¡A mí no me roba nadie! -declaró Sheba, -y Dani no va a librarse de ésta porque sea tu esposa. -El tono bajo y firme acentuaba la rabia contenida de la dueña del circo. El pelo rojo lanzaba destellos de fuego sobre su espalda y le chispeaban los ojos.

La promesa que Kev le había hecho a Owen en el lecho de muerte hacía que tuviera constantes enfrentamientos con su viuda. Sheba Quest era su patrona y estaba resuelta a presionarlo tanto como le fuera posible. Pero él estaba decidido a respetar los deseos de Owen. Era un compromiso que no satisfacía a ninguno de los dos y era inevitable que entre ellos surgiera una guerra abierta.

-No tienes ninguna prueba de que Dani cogiera el dinero.

Mientras lo decía, Kev se sintió furioso consigo mismo por intentar defenderla. No había más sospechosos.

No le sorprendería que su esposa hubiera cogido dinero -ella habría pensado que se lo merecía, -pero no había esperado que robara en el circo. Eso sólo demostraba que su libido había nublado su buen juicio.

-Es cierto -respectó ella. -Comprobé la recaudación después de que se fuera. Acéptalo, Kev, tu mujer es una ladrona.

-No quiero que la, acuses antes de que hable con ella -dijo él con terquedad.

-El dinero ha desaparecido, ¿no es cierto? Y Dani estaba a cargo de él. Si ella no lo ha robado, ¿por qué se ha esfumado?

-La buscaré y le preguntaré.

-Quiero que la detengan, Kev. Me robó, y en cuanto la encuentres llamaré a la policía.

Él se detuvo al instante.

-Nunca llamamos a la policía. Lo sabes tan bien como cualquiera. Si es culpable yo me encargaré de ella igual que me encargaría de cualquier otra persona que hubiera infringido la ley del circo.

-La última persona de la que te encargaste fue aquel conductor que vendía drogas a los trabajadores. Lo dejaste hecho una piltrafa cuando acabaste con él. ¿Piensas hacer lo mismo con Dani?

-¡Ya está bien!

-Eres un gilipollas, ¿sabes? No vas a poder proteger a tu estúpida mujercita. Quiero recuperar hasta el último centavo y luego quiero que la castigues. Y si no lo haces a mi entera satisfacción, me aseguraré de que todo el peso de la ley caiga sobre ella.

-Te he dicho que me encargaré de ella.

-Ya veo cómo lo haces.

Sheba era la mujer más dura que conocía. La miró directamente a los ojos.

-Dani no tiene nada que ver con lo que pasó entre nosotros. No la utilices para vengarte de mí.

Kev vio en los ojos de Sheba un destello de vulnerabilidad que rara vez exhibía, pero desapareció con la misma rapidez que apareció.

-Odio desinflar ese precioso ego tuyo, pero veo que aún no te has dado cuenta de que ya no me interesas en absoluto.

Se marchó airada y, mientras la observaba alejarse, Kev supo que mentía.

Los dos compartían una historia larga y complicada que se remontaba al verano en que él tenía dieciséis años y pasaba las vacaciones viajando con el circo de los Hermanos Quest, y escuchando el punto de vista de Owen sobre los hombres y las mujeres. Los trapecistas Cardoza también estaban en la gira de aquel verano y Kev se enamoró perdidamente de la reina de la pista central, que por aquel entonces tenía veintiún años.

Se pasaba las noches soñando con su elegancia, su belleza, sus pechos. Las chicas que había conocido hasta ese momento le parecían niñas comparadas con la deliciosa e inalcanzable Sheba Cardoza. Además de desearla, sentía cierta afinidad con ella porque ambos buscaban la perfección en su trabajo. Percibía en Sheba una voluntad similar a la suya.

Pero Sheba también poseía una vena egocéntrica que su padre había alimentado y que Kev  nunca había tenido. Sam Cardoza le había hecho creer a Sheba que era mejor que los demás. Sin embargo, la trapecista también tenía un lado más suave y maternal y, aunque en aquel tiempo era muy joven, se comportaba como una gallina clueca con los demás miembros de la compañía, les regañaba cuando se portaban mal, llenaba sus estómagos con espaguetis y les aconsejaba en amores.

Incluso a los veintiún años le gustaba jugar a ser la gran matriarca y al poco tiempo también había incluido a Kev en el clan, apiadándose del huérfano de dieciséis años que la observaba con aquellos ojos tan ardientes. Se había encargado de que Kev tomara comidas sanas y le decía a Owen que lo mantuviera alejado de los trabajadores más pendencieros, ignorando el hecho de que Kev llevaba demasiados años de circo en circo para que nadie lo protegiera.

Pero no era eso lo que Kev quería de Sheba, que había acabado liándose con un trapecista mexicano que se llamaba Carlos Méndez. Al igual que Sheba, Carlos pertenecía a la última generación de una vieja familia del circo y había sido contratado por el padre de Sheba para que fuera el receptor de ésta en el trapecio.

Pero Sam Cardoza tenía algo mas en mente. Aunque la ascendencia circense de Carlos Méndez no era tan impresionante como la de ellos, a ojos de Sam era lo suficientemente aceptable para convertirse en el progenitor de la siguiente generación de trapecistas Cardoza, y Sheba había complacido a su padre enamorándose de Carlos.

Los celos habían carcomido a Kev. Su linaje circense era más impresionante que el de Méndez, pero Sheba sólo veía a un adolescente flaco y huesudo que sabía de caballos y tenía talento con los látigos. Ella le había contado sus planes para casarse con el elegante mexicano que Sam había contratado. Y que le permitiría poner a sus hijos el apellido Cardoza.

El verano llegó al final y Kev estaba a punto de regresar al colegio. Los Cardoza habían sido fichados por los Hermanos Ringling para hacer la gira de la temporada siguiente. Carlos se pavoneaba como un gallo arrogante, aunque por otro lado carecía de materia gris, y el día que Kev se marchaba, Sheba entró inesperadamente en la caravana de Carlos y se lo encontró desnudando a una de las equilibristas.

Kev jamás olvidaría esa noche. Cuando terminó la función se encontró a Sheba esperándolo. No había llorado y parecía muy calmada.

-Ven conmigo.

A él ni se le ocurrió desobedecerla. Sheba lo llevó al borde del recinto, donde se introdujeron en un pequeño espacio oscuro entre dos caravanas. El corazón de Kev comenzó a latir con fuerza ante los sombríos y clandestinos propósitos de Sheba mientras se perdía en el olor almizcleño de su perfume.

La trapecista lo había mirado profundamente a los ojos. Sin decir ni una sola palabra se abrió la blusa y la dejó caer por los brazos. Aquellos pechos plenos, de redondos pezones oscuros brillaron como nieve bajo la luz de la luna que se colaba entre las caravanas. Sheba le cogió las manos y las puso sobre sus pechos.

Él se había imaginado algo como eso cientos de veces, pero las fantasías no le habían preparado para tocar realmente aquellos pechos y sentir esos redondos pezones bajo los dedos.

-Bésalos -dijo ella.

CAPÍTULO 07 PARTE 2

Los dedos de Sheba bajaron a la cremallera de Kev. Éste aspiró profundamente sobre la húmeda piel de sus senos. Cuando ella lo tomó entre sus manos, kev sintió que perdía el control y explotó con un ronco gemido.

Él se había estremecido de satisfacción y humillación. Sheba había presionado entonces sus labios contra los de él, ofreciéndole un beso largo y profundo. Luego se apartó y, aún con los pechos desnudos y húmedos por la lengua de Kev, se giró entre las caravanas.

Fue entonces cuando él se dio cuenta de que Carlos había estado allí todo el tiempo, observándolos.

El destello duro y triunfante en los ojos de Sheba le dijo a Kev que ella lo había sabido en todo momento y la sensación provocada por aquella traición fue tan devastadora que no pudo respirar. Él no le importaba. Sólo lo había utilizado para vengarse.

Mientras observaba a su antiguo amante, Sheba pareció olvidarse de que Kev existía.

-He contratado a un nuevo receptor -dijo ella con frialdad. -Estás despedido.

-No puedes despedirme -estalló Carlos. -Soy un Méndez.

-No eres nada. Incluso este chico es más hombre que tú.

Sheba volvió a darse la vuelta y selló los labios de Kev con un beso. A pesar de su lujuria, a pesar de la neblina de la traición, él sintió una chispa de fría admiración que lo asustó más de lo que lo había hecho nunca el látigo de su tío. Comprendía aquella cruel demostración de amor propio. Como Sheba, él jamás dejaría que alguien o algo amenazara lo que era, sin importar el precio que tuviera que pagar. A pesar de odiarla por haberlo utilizado como un peón, no pudo dejar de respetarla por ello.

Sheba pasó los siguientes dieciséis años como artista destacada en los grandes circos del mundo y no hizo otra gira con el circo de los Hermanos Quest hasta que su carrera comenzó a declinar. Para entonces, su padre ya había muerto y Sheba, soltera y sin hijos, se había convertido en la última Cardoza.

Owen le dio la bienvenida al circo de los Hermanos Quest y montó el espectáculo en torno a ella. Además, en sus infrecuentes conversaciones telefónicas con Kev, le reveló lo suficiente como para que éste dedujera que Owen estaba colado por ella.

Kev y Sheba se habían reencontrado hacía dos veranos y, de inmediato, se hizo evidente que había habido un cambio en el equilibrio de poderes entre ellos. A los treinta y dos años él estaba en la plenitud de su virilidad y no le quedaba nada por probar, mientras que los mejores años de Sheba como artista ya habían pasado. Kev conocía su propia valía y hacía mucho tiempo que había quedado atrás la baja autoestima que sentía en la adolescencia. Ella era hermosa, inquieta y, por razones que él no comprendió de inmediato, estaba soltera y sin hijos.

El fuego de la pasión crepitó con fuerza entre ellos, pero esta vez era ella la que lo buscaba a él. Kev no quería hacer daño a Owen y, al principio, ignoró las insinuaciones sexuales de Sheba. Sin embargo, pronto se hizo evidente que el dueño del circo estaba resignado a que los dos se liaran y, con su peculiar idiosincrasia, se sintió ofendido cuando Kev continuó desairando a la mujer que él valoraba por encima de todas las cosas.

Finalmente, Kev la dejó entrar en su cama. Ella era ágil y suave, carnal y apasionada, y él jamás había disfrutado tanto del sexo. Le gustaba que ella fuera dura y, también, no poder hacerle daño. Porque aunque la apreciaba, no la amaba.

-¿Por qué no te has casado? -le preguntó Kev una noche sentado a la mesa en la lujosa caravana de Sheba, donde ella se disponía a servirle la comida por segunda vez en el día. Los dos llevaban puestas las batas, la de ella tenía un exótico estampado que hacía que los brillos rojizos de su pelo parecieran todavía más intensos. -Siempre he pensado que querías tener hijos. Tu padre no esperaba otra cosa.

Ella le puso un plato de lasaña delante y se volvió a la cocina para coger el suyo. Pero no volvió a la mesa. Se quedó inmóvil mirando fijamente la comida que había preparado.

 

-Supongo que ambicioné demasiado. Ya sabes que hay cosas que no se pueden tener. Los mejores trapecistas nacemos con una habilidad especial y el hombre con el que me case tiene que provenir de una buena familia. No me casaré con cualquiera, y mucho menos sin amor. Amor y linaje. Es una buena combinación. -Llevó el plato a la mesa. -Mi padre solía decir que era mejor que los Cardoza se extinguieran antes que tener nietos sin sangre circense. -Se sentó y cogió el tenedor. -Bueno, hice mía esa máxima. Es preferible que los Cardoza se extingan a casarme con un perdedor hijo de puta al que no pueda respetar.

-Bien por ti.

Ella tomó un bocado de comida y volvió a dejar el tenedor en el plato. Después observó detenidamente a Kev, con un brillo provocador en los ojos.

-Los Markov son todavía más importantes que los Cardoza. Sam me dijo hace años que no debería haberte dejado escapar. Me reí de él porque por aquel entonces tú eras sólo un niño, pero ahora los cinco años que te llevo no significan nada. Somos los últimos de dos grandes dinastías circenses.

Divertido, él negó con la cabeza.

-Yo no tengo ninguna intención de perpetuar la dinastía Markov. Lo siento, cariño, pero tendrás que buscar esperma circense en otro lado.

Ella se rio, pinchó un rollito de lasaña y se lo llevó a la boca.

-Menos mal que no te quiero. Si lo hiciera estarías perdido.

Su ardiente relación siguió adelante, tan lujuriosa y apacible que él no prestó atención a la manera, cada vez más posesiva, con la que ella lo trataba o cómo, poco a poco, comenzó a considerarlo su igual.

-Somos almas gemelas -le dijo ella una noche, con la voz ronca por la emoción, -si fueras mujer, serías yo.

Sheba tenía razón, pero algo en el interior de Kev se rebeló ante la comparación. Admiraba a Sheba, pero había algo en ella que le repelía. Puede que porque se veía reflejado a sí mismo. Para impedir que dijera nada más, se acomodó entre las piernas femeninas y entró en ella con un duro envite.

A pesar de los sutiles cambios en el comportamiento de Sheba, él no estaba preparado para lo que sucedió tina tarde de aquel verano en el recinto a las afueras de Waycross, Georgia. Ese día ella le dijo que le amaba. Y cuando lo hizo, él se dio cuenta de que hablaba totalmente en serio.

-Lo siento -dijo él tan suavemente como pudo cuando ella terminó su declaración, -pero eso no va conmigo.

-Por supuesto que sí. Es el destino. Sheba se negó a escuchar cuando Kev le dijo que él nunca podría amar a nadie -que había perdido la capacidad de amar cuando era un niño maltratado- y el brillo en los ojos de la joven le dijo que para ella el rechazo no era más que un juego. Se empeñó en hacerle cambiar de opinión con la misma determinación que empleó antaño para conseguir el triple salto y, sólo cuando él estaba haciendo la maleta para marcharse después de su última actuación en el circo, comprendió que él no bromeaba. Kev jamás la había engañado. No la amaba. Y no iba a casarse con ella.

Cuando por fin asimiló aquel tajante rechazo, todo lo que Sheba creía sobre sí misma se hizo trizas y se volvió loca. Fue en ese momento cuando hizo lo inconcebible, lo que nunca le perdonaría. Fue cuando le rogó que no la dejara.

Kev era, sin duda, la única persona en el mundo que podía comprender la enormidad de lo que ella estaba destruyendo cuando lloró de rodillas ante él. Había doblegado su orgullo, lo que hacía que fuera quien era.

-Sheba, basta. Tienes que parar. -Intentó levantarla, pero ella se aferró a él y gritó con una desesperación tan desgarradora que él se llevaría ese sonido consigo a la tumba. En ese momento Kev pudo ver cómo el amor que Sheba sentía por él se convertía en odio.

Owen Quest, alertado por el ruido, había irrumpido, de repente, en la caravana y se había dado cuenta de lo que pasaba. Luego había mirado a Kev y le había señalado la puerta con la cabeza.

-Vete, yo me encargaré de todo.

Una semana después, Sheba se casó con Owen; un hombre que casi le doblaba la edad y que no le dio hijos, y Kev era el único que sabía por qué. Su rechazo la había herido en lo más profundo de su ser y sólo podía resurgir de sus cenizas uniéndose a alguien poderoso que la pusiera en un pedestal. Desde que su padre había muerto, ella había recurrido a Owen.

-¡Kev! -La voz asustada de Beatriz interrumpió sus perturbadores recuerdos. -¡He visto a Dani! Está delante de la jaula de Sinjun.

Sheba oyó lo que beatriz decía y alejándose de Jack Daily se dirigió a Kev:

-Yo me ocuparé de esto.

-No, lo haré yo. Es mi trabajo.

Mientras sus ojos se enfrentaban en una firme batalla de voluntades, él maldijo para sus adentros a Owen Quest por hacerlos pasar por eso. Sólo tras la muerte de Owen se había dado cuenta de cómo éste lo había manipulado con su habitual astucia. Había pensado que obligándolos a estar juntos, Kev y Sheba resolverían sus diferencias, se casarían y conservarían el circo de los Hermanos Quest. Owen nunca había conocido realmente la naturaleza de ellos dos. Y, por supuesto, Owen no había contado con que una raterilla llamada Dani Devreaux echara a perder sus planes.

CAPÍTULO 07 PARTE 3

Beatriz caminó al lado de Kev, frunciendo el ceño ton ansiedad.

-No ha sido mucho dinero. Sólo doscientos dólares. Él deslizó el brazo alrededor de los hombros de la joven y le dio un apretón.

-Quiero que te mantengas apartada de esto, Beatriz. ¿Me has comprendido?

Ella levantó la vista y lo miró con preocupación.

-No vas a darle latigazos, ¿verdad, Kev? Es lo que dijo mi hermano. Dijo que le ibas a dar latigazos.

Las voces espabilaron a Dani. Levantó la cabeza d las rodillas y se dio cuenta de que se había quedado dormida sentada en el suelo delante de la jaula de Sinjun. Mientras se desperezaba, recordó el dolor que había experimentado y la extraña sensación de afinidad con el tigre. Qué extraño. Debía haberlo soñado, aunque todo aquello le había parecido muy real.

Miró a la jaula. Sinjun había levantado la cabeza, había bajado las orejas y tenía las marcas blancas a la vista. Siguió la dirección de su mirada y vio que Kev se acercaba a ella, con Sheba y Beatriz a la zaga. Se puso de pie lentamente.

-¿Dónde está? -exigió Sheba.

-Yo me encargaré de esto -dijo Kev.

Dani sintió un atisbo de temor al ver la expresión fría y resuelta en la cara de su marido. Sinjun comenzó a pasearse intranquilo por la jaula.

-¿Encargarte de qué? ¿Qué ha pasado?

Sheba la miró con desprecio.

-No te molestes en hacerte la inocente. Sabemos que tú robaste el dinero, así que devuélvelo. ¿O ya lo has escondido en alguna parte?

Sinjun gruñó por lo bajo.

-No he escondido nada. ¿De qué estás hablando?

Kev se pasó el látigo enroscado de una mano a otra.

-Faltan doscientos dólares del cajón de la recaudación, Dani.

-Eso es imposible.

-Es cierto.

-Yo no los he cogido.

-Eso está por verse.

Dani no podía creer lo que estaba ocurriendo.

-No soy la única que estuve allí. Tal vez Pete vio algo. Fue quien me sustituyó cuando fui a probarme los maillots.

Sheba se acercó más.

-Te estás olvidando de que conté el dinero justo después de que volvieras a tu puesto. Estaba todo. Los doscientos dólares desaparecieron después de marcharme.

-Eso es imposible. Estuve allí todo el tiempo. No pudo haber desaparecido.

-Voy a registrarla, Kev. Quizás aún lo lleve encima.

-Ni se te ocurra tocarla-dijo Kev sin levantar la voz, pero la orden implícita en su respuesta era inconfundible.

-¿Pero qué pasa contigo? -exclamó Sheba. -¿Desde cuándo piensas con la polla?

-Ni una palabra más. -Él se volvió hacia Beatriz, que había estado observando el intercambio de voluntades. -Vete, cariño. Todo se habrá aclarado por la mañana.

Beatriz se fue a regañadientes, pero Dani vio que se acercaban otras personas: Neeco Martin, el domador de elefantes, con Jack Daily, y Brady, al que acompañaba una de las animadoras.

Kev también notó que estaban atrayendo a una multitud y se volvió hacia Dani.

-Si me das el dinero ahora evitaremos montar una escena.

-¡Yo no lo tengo!

-Entonces tendré que buscarlo, y comenzaré por registrarte.

-¡No!

La agarró del brazo y Sinjun emitió un rugido ensordecedor cuando Kev comenzó a arrastrarla hacia la caravana. Sheba se puso de inmediato a la izquierda de Kev, dejando claro que no pensaba dejarlos solos.

Por el rabillo del ojo, Dani vio las expresiones severas y serias de todos los que se habían reunido alrededor de la tarta de bodas la noche anterior. Jill estaba allí, pero ahora se negaba a mirar a Dani a los ojos. Madeline se dio la vuelta y Brady Pepper la fulminó con la mirada.

Cuando Kev le apretó el brazo, Dani sintió que una sensación de traición se extendía hasta lo más profundo de su alma.

-No sigas con esto. Sabes que jamás robaría nada.

-Pues no, en realidad no lo sé. -Habían llegado a la caravana y Kev se adelantó para abrir la puerta con la misma mano que sujetaba el látigo. -Entra.

-¿Cómo puedes hacerme esto?

-Es mi trabajo. -Con un empujón la hizo subir el último escalón.

Sheba los siguió a la caravana.

-Si eres inocente, no tienes nada que temer, ¿verdad?

-¡Soy inocente!

Él dejó el látigo en una silla.

-Entonces no te importará que te registre. -Dani desplazó la mirada del uno a otro y la fría intención que vio en los ojos de ambos hizo que se sintiera enferma. A pesar de que no se soportaban, los dos se habían aliado ahora en su contra.

Kev se acercó y Dani se echó hacia atrás y chocó contra el mostrador de la cocina, el mismo lugar donde sólo unas horas antes le había dado aquel apasionado beso.

-No puedo dejar que me hagas esto -dijo ella con desesperación. -Hicimos unos votos, Kev. No les des la espalda. -Ella sabía que eso la hacía parecer más culpable ante aquellos ojos acusadores, pero el matrimonio se basaba en la confianza y si él destruía eso, no tendrían ni la más mínima oportunidad.

-Esto no tiene nada que ver con eso.

Ella se deslizó junto al mostrador.

-No puedo dejar que me toques. ¡Por el amor de Dios, créeme! ¡No robé el dinero! ¡Nunca he robado nada en mi vida!

-Cállate, Dani. Sólo estás empeorando las cosas.

Se dio cuenta de que él no iba a ceder. Con el único propósito de asustarla, la atrapó contra la despensa. Ella lo miró horrorizada.

-No lo hagas -susurró. -Por favor. Te lo ruego. Por un momento él se quedó inmóvil. Luego le cacheó los costados. Mientras Sheba los observaba, le pasó las manos por las caderas, por la cintura, luego las movió hacia el estómago, la espalda, los pechos que él había tomado en sus manos tan sólo unas horas antes... Dani cerró los ojos cuando él le deslizó la mano entre sus piernas.

-Deberías haberme creído -susurró cuando él terminó.

Kev dio un paso atrás con los ojos llenos de preocupación.

-Si no lo tienes, ¿por qué te has enfrentado a mí?

-Porque quería que confiaras en mí. No soy una ladrona.

Se miraron a los ojos. Parecía como si él estuviera a punto de decir algo cuando Sheba dio un paso adelante.

-Tuvo tiempo de sobra para deshacerse del dinero. ¿Por qué no registras la caravana? Yo registraré la camioneta.

Kev asintió con la cabeza y Sheba salió. A Dani comenzaron a castañetearle los dientes a pesar de que la noche era cálida. Decía mucho de la relación entre Kev y Sheba que, al menos en ese tipo de asuntos, parecieran confiar el uno en el otro. Pero nadie confiaba en ella.

Dani se dejó caer en el sofá y se rodeó las rodillas con las manos para dejar de temblar. No miró cómo Kev revisaba los armarios ni cómo registraba sus pertenencias. La joven se sintió embargada por una sensación de impotencia. Ya no podía recordar cómo era tener la vida bajo control. Tal vez es que nunca la había tenido. Primero había dependido de su madre, luego de su padre. Y ahora era ese marido peligroso el que había asumido el control de su vida.

Los ruidos de la búsqueda fueron reemplazados por un pesado silencio, pero Dani no levantó la mirada del dibujo de la gastada alfombra.

-Has encontrado el dinero, ¿verdad?

-En el fondo de tu maleta, donde tú lo escondiste.

Dani alzó la vista y vio la maleta abierta a sus pies. Tenía un montón de dinero en la mano.

-No sé quién lo habrá puesto ahí, pero no he sido yo.

Él se metió la mano en el bolsillo.

-Al menos ten las agallas suficientes para decir la verdad y acepta las consecuencias.

-No robé el dinero. Alguien me ha tendido una trampa. -Era evidente para Dani que Sheba estaba detrás de todo eso. Kev tenía que verlo también. -¡No lo he hecho! Tienes que creerme.

Las súplicas murieron en los labios de Dani cuando observó el rígido gesto de su marido y supo que nada lo haría cambiar de opinión. Con una horrible sensación de resignación, le dijo:

-No voy a seguir defendiéndome. He dicho la verdad y no voy a decir nada más. -Él se acercó a la silla de enfrente y se sentó. Parecía cansado, pero nada comparable a cómo se sentía ella. -¿Vas a llamar a la policía?

-Nosotros resolvemos nuestros problemas.

-Es decir, sois juez y parte.

-Es mejor así.

Se suponía que el circo era un lugar mágico, pero todo lo que ella había encontrado era ira y sospecha. Clavó los ojos en Kev, intentando ver a través de la impenetrable fachada que presentaba.

-¿Qué ocurre si te equivocas?

-No lo hago. No puedo permitírmelo.

 

bueno chicas espero y les  a ya gusta mucho les vere pronto con el cap 8 vale cuidense muxo

CAPITULO 6 PARTE 2 ♥BESAR A UN ANGEL♥

♥Hola¡¡¡¡¡¡¡¡♥

Princesas hermosas

como estan espero y bien pricnessas

aqui esta la  2da parte del episodio 6 espero  y la disfuten



Un cliente se acercó a comprar entradas para la segunda función. Dani charló con él unos minutos y, cuando se fue, Sheba había desaparecido. Tan pronto como despachó a todos los que acudieron a la taquilla, Dani  comenzó a curiosear el contenido de un sobre lleno de recortes de viejos periódicos locales.

El número de Kevin con el látigo era mencionado en varios artículos fechados dos años antes y no se volvía a mencionar hasta hacía un mes. Ella sabía que los circos cambiaban las actuaciones y que los artistas iban de un lugar a otro, lo que hizo que se preguntara dónde habría actuado Kevin en la época en que no viajaba con el circo de los Hermanos Quest.

Cuando acabó la primera función apareció uno de los trabajadores, un hombrecillo viejo y marchito con un lunar en una mejilla.


-Soy Pete. Kevin me ha enviado para que me encargue de la taquilla. Tienes que volver a la caravana para probarte un maillot.

Dani le dio las gracias y se dirigió a la caravana. Cuando entró, se quedó sorprendida al ver a Sheba Quest delante del fregadero lavando los platos del almuerzo rápido que           Kevin y Dani habían tomado unas horas antes.

-No tienes por qué fregar eso.

Sheba se volvió y se encogió de hombros.

-No me gusta esperar sin hacer nada.

Dani se sintió doblemente insultada: primero por no tener la cocina limpia y luego por la tardanza. No añadiría a esos pecados ser maleducada.

-¿Te gustaría tomar una taza de té?¿0 quizás un refresco...?

-No. -La mujer cogió un trapo y se secó las manos. -Soy Sheba Quest, pero supongo que ya lo sabes.


Al verla más de cerca, Dani fue consciente de que la dueña del circo llevaba un maquillaje más llamativo del que ella hubiera elegido. No es que no le quedara bien, pero combinado con aquella ropa colorida y algo provocativa junto con aquellos extravagantes complementos, resultaba evidente que sus patrones de belleza habían sido influenciados por la vida en el circo.


-Soy Dani Devreaux. O más bien Dani Markov. Todavía no me he acostumbrado al cambio.

Una profunda emoción cruzó por el rostro de Sheba. Una profunda repulsión combinada con una hostilidad casi palpable. Al momento, Dani supo que Sheba Quest no sería su amiga.

Se obligó a permanecer inmóvil bajo el frío escrutinio de Sheba.

-A Kevin le gusta comer bien. Apenas tienes nada en la nevera.

-Lo sé. Aún no me he organizado. -No tuvo valor de señalarle a Sheba que no estaba bien andar fisgoneando.

-Le gustan los espaguetis y la lasaña, y le encanta la comida mexicana. Pero no malgastes el tiempo haciéndole postres. No le gustan los dulces, salvo en el desayuno.


-Gracias por decírmelo. - Dani notó que se le volvía el estómago. Sheba pasó la mano por el desconchado mostrador. -Este lugar es horrible. Kevin inició la gira en una caravana nueva, pero se deshizo de ella la semana pasada y comenzó a utilizar ésta aunque me ofrecí a conseguirle algo mejor.


Dani no pudo ocultar la tristeza que la embargó. ¿Por qué había insistido Kevin en vivir en un sitio así si no tenía por qué hacerlo?

-Pienso arreglarlo -dijo ella, aunque la idea no se le había pasado por la cabeza hasta ese momento.

-La mayoría de los hombres quieren que su esposa disfrute de todas las comodidades posibles. Me sorprende que Kevin rechazara mi oferta.


-Seguro que tenía sus razones.

Sheba examinó la pequeña figura de Dani.

-No tienes ni idea de cómo manejarlo, ¿verdad?

Sheba parecía dispuesta a pelear como el perro y el gato, pero Dani sabía quién de las dos saldría perdiendo, así que señaló los dos maillots de lentejuelas que había en el respaldo de la silla.

-¿Son esos maillots los que tengo que probarme?

Sheba asintió con la cabeza.


Dani cogió el de arriba y se dio cuenta de que no era más que un trozo de tela azul marino bordado con lentejuelas.

-Tengo la sensación de que me cubrirá muy poco.

-Ésa es la idea. Esto es el circo. El público espera ver una buena porción de piel.

-¿Y tiene que ser de la mía?

-No estás gorda. No veo el problema.

-No tengo precisamente un cuerpo diez. Jamás ha hecho deporte.

-Es cuestión de tener un poco de disciplina.


-Sí, bueno, ahora que lo dices, tampoco sé qué es eso.

Sheba la observó con aire crítico, esperando evidentemente que la esposa de Kevin Markov enderezara la espalda. Pero después de haber vivido con su madre, Dani sabía cuándo no debía chocar con una experta en discusiones. La sinceridad era la única defensa contra los expertos en malicia.

Entró en el cuarto de baño y se quitó toda la ropa menos las bragas, pero cuando se puso aquella prenda diminuta se dio cuenta de que el corte de la pierna era tan alto que se veían. Volvió a desnudarse y empezó de nuevo.


Cuando acabó, se miró en el espejo y se sintió como una prostituta. Dos tiras verticales con lentejuelas de color azul le cubrían los pechos, y otra tira horizontal más ancha las cruzaba. El cuerpo del maillot no era más que un fino velo de red plateada. Sheba ni siquiera había incluido unas mallas.

-Creo que no puedo salir con esto -exclamó a través de la puerta.

-A ver...


Dani salió.

-Es demasiado... -sus palabras quedaron interrumpidas cuando vio a Kevin  delante del fregadero vestido de cosaco. Quiso volver corriendo al baño y, si Sheba no hubiera estado allí, lo hubiera hecho. ¿Por qué tenía que aparecer cuando estaba vestida de esa manera?

-Acércate para que podamos verte -dijo él.

Dani dio un paso adelante de mala gana. Sheba se puso al lado de Kevin. Los dos se quedaron en silencio y Dani tuvo la sensación de ser una intrusa.

Kevin no dijo nada, pero la escrutó de tal manera que ella se sintió desnuda.


-Date la vuelta -ordenó Sheba.

Dani se sentía como una prostituta expuesta ante un cliente por la madame de turno. Aunque el espejo del cuarto de baño era muy pequeño, sabía de sobra como le quedaba el maillot por detrás y se hacía una buen idea de lo que ellos estaban viendo: dos nalgas redondas, desnudas salvo en el lugar donde se unían y que estaba cubierto por un trozo de tela. Ruborizada se dio la vuelta de nuevo.


-Es un espectáculo para familias -dijo Kevin. -No quiero que salga así.

Sheba se acercó a ella y comenzó a desatar el corpiño.

-Tienes razón. No tiene atributos suficientes para llenarlo adecuadamente. Fuera. - Dani sintió las manos de la mujer en el cuello. -Veamos si el otro te queda mejor.


Sheba abrió el maillot sin avisar y se lo bajó, dejando a Dani desnuda hasta la cintura. Con una exclamación ahogada, Dani agarró el charco de lentejuelas y la red que se le habían deslizado hasta el vientre, pero tenía los dedos torpes y fue como intentar atrapar aire. Miró a Kevin.


Él estaba apoyado contra el fregadero, con los tobillos cruzados y las manos apoyadas en el mostrador que tenía detrás. Dani le suplicó en silencio que apartara la vista, pero él no dejó de mirarla fijamente.


-Por Dios, Dani, te sonrojas como una virgen. -Los labios de Sheba se curvaron en una sonrisa. -Me sorprende que te acuestes con Kevin y aún recuerdes cómo sonrojarte.


Las joyas brillaron en el cinturón de cosaco de Kevin cuando éste dio un paso adelante. -Ya basta, Sheba. Déjala en paz. Sheba se dio la vuelta para coger el otro maillot. Kevin se interpuso entre las dos mujeres, casi como si quisiera ocultar la desnudez de Dani, lo que era ridículo, pues era de él de quien ella quería esconderse.


-Dámelo. -Las mangas flojas de la camisa blanca ondearon cuando arrancó el maillot de lentejuelas rojas de las manos de Sheba. Lo miró y se lo dio a Dani. -Éste está mejor. Mira a ver si te sirve.

Ella cogió el maillot y entró corriendo en el cuarto de baño. Cuando hubo cerrado la puerta, se apoyó contra ella e intentó respirar con normalidad, pero le palpitaba el corazón y le ardía la piel. «Te has criado con una madre que tomaba el sol desnuda. Esto no es para tanto.» Quizá no, pero le molestaba.


Finalmente se puso el maillot, y vio con alivio que la cubría algo más que el otro. Las lentejuelas rojas, en forma de lengua de fuego, trepaban desde la entrepierna hasta el corpiño, donde se pegaban a sus pechos de manera irregular y dentada. Las aberturas de la pierna llegaban casi hasta la cintura, mostrando una buena porción de piel. Abrió la puerta y salió a regañadientes del baño. Al menos le cubría la cintura.


Sólo estaba Kevin, apoyado en el borde de la mesa con la cadera. Dani tragó saliva.

-¿Dónde está Sheba?

-Tenía que hablar con Jack. Date la vuelta.

Ella se mordisqueó el labio inferior y no se movió.

-Habéis sido amantes, ¿verdad?

-Ahora ya no. De cualquier manera es algo que no te incumbe.

-Parece que todavía le importa.

-Sheba me odia.


A pesar de todo lo que Kevin decía del orgullo, no había lo que era el honor o nunca se habría dejado comprar por su padre. Pero Dani tenía que saber una cosa.

-¿Estaba casada con Owen Quest cuando estabas liado con ella?

-No. Ahora deja de cotillear y deja que te vea por detrás.

-Querer saber más cosas de ti no es cotillear. Por ejemplo, he estado mirando unos recortes viejos de periódico y he observado que no hiciste la gira con el circo de los Hermanos Quest el año pasado. ¿Por qué?

-¿Qué más da?

-Me gustaría saberlo.

-Eso no es asunto tuyo.


Kevin era la persona más reservada que Dani hubiera conocido en su vida y sabía que no le sacaría nada más.

-No me gusta este maillot. No me gusta ninguno de los dos. Me siento vulgar.

-Pareces una artista. -Dado que ella no se dio la vuelta como él le había pedido, Kevin se puso a su espalda. La joven odió verse expuesta de esa manera y se apartó al sentir que él le tocaba el hombro.

-Quédate quieta -Kevin le agarró la cintura con la otra mano. -Éste no podrá ser criticado ni por los más conservadores.

-Enseña demasiado.

-No es para tanto. Las demás mujeres llevan puestos maillots más pequeños y no les quedan tan bien como te queda a ti éste.

Kevin  se había acercado tanto que los pechos de Kevin rozaron contra la suave tela de su camisa cuando se volvió hacia él. La joven se estremeció.


-¿De verdad crees que me queda bien?

-¿Buscas un cumplido?

Ella asintió con la cabeza, sintiendo que se le debilitaban las rodillas.

Él bajó la mano que había colocado en la cintura de la joven, deslizándola por el borde inferior del maillot y ahuecándole las nalgas.

-Considérate elogiada. -La voz de Kevin contenía una nota áspera.

Unas llamaradas ardientes recorrieron a Dani  de los pies a la cabeza. Se apartó un poco; no porque quisiera escabullirse, sino porque deseaba demasiado quedarse donde estaba.

-No nos conocemos.

Sin apartar la mano de donde estaba, Kevin inclinó la cabeza y le acarició el cuello con la nariz, calentándole la piel con el susurro de su aliento en la oreja.


-Estamos casados. Con eso basta.

-Sólo es un acuerdo legal.

Él se echó hacia atrás y ella pudo ver las motas ambarinas brillando en sus ojos.

-Creo que es el mejor momento para hacer oficial nuestro acuerdo, ¿no crees?

A Dani se le aceleró el corazón y supo que no podía haberse escapado aunque hubiera querido. Levantó la mirada y sintió como si todo se hubiera desvanecido y no existiera nada más que ellos dos.


La boca de Kevin le pareció extrañamente tierna a pesar de su gesto duro. Él abrió los labios y cubrió los le ella con suavidad. Al mismo tiempo, le apretó las nalgas y la estrechó aún más contra su cuerpo. Lo sintió grande y pesado contra ella. Cuando Kevin amoldó la boca a la suya, Dani experimentó un momento de asombro. Los labios de su marido eran tiernos y suaves en contraste con el resto de su persona.


Dani le ofreció la boca dado que no podía hacer otra cosa. Él le acarició el labio inferior y le rozó la punta de la lengua con la suya. La sensación la hizo sentirse ligeramente mareada y rodeó la cintura de Kevin con los brazos, sintiendo la sedosa tela de la camisa bajo los dedos; luego le deslizó las palmas por las nalgas. Él gimió contra la boca femenina.

-Dios mío, te deseo -dijo, y acto seguido su lengua descendió en picado sobre la de ella.


El beso se hizo salvaje. Kevin la alzó contra él y la empujó hacia atrás, subiéndola a la encimera. Dani se aferró a su espalda para no perder el equilibrio. Kevin se colocó entre sus piernas y las joyas del cinturón de cosaco se clavaron en el interior de los muslos de Dani.

Sus lenguas se acariciaron. El suave gemido femenino resonó como un eco en la cálida boca masculina. Dani sintió las manos de Kevin en la nuca. Él se apartó para bajarle el maillot hasta la cintura.


-Eres preciosa -gimió, mirándola. Le ahuecó los pechos con las palmas de las manos y le rozó los pezones con los pulgares, provocando ramalazos de placer en el cuerpo de Dani. Comenzó a besarla de nuevo mientras jugueteaba con ellos. Ella se agarró a los brazos de Kevin y sintió la poderosa fuerza masculina a través de las mangas ondulantes.

Kevin abandonó los senos de Dani y le recorrió la parte trasera de los muslos hasta las nalgas desnudas. Era demasiado para ella. El roce de las joyas del cinturón en los muslos... la suave caricia de sus manos...


-¡Cinco minutos para la función! -Alguien golpeó con fuerza la puerta de la caravana. -¡Cinco minutos, Kevin!

Dani se bajó de un salto del mostrador como una adolescente culpable y, dándole la espalda, se subió el maillot con nerviosismo. Se sentía ardiente, agitada y... terriblemente irritada. ¿Cómo podía estar tan ansiosa por entregarse a un hombre que casi nunca le decía una palabra amable? ¿Un hombre que no respetaba los votos que hacía?

Salió disparada hacia el cuarto de baño, pero se detuvo al oír la voz suave y ronca de Kevin.

-No te molestes en preparar el sofá esta noche, cara de ángel. Dormiremos juntos

 

Bueno chicas esto es todo espero y a ya sido de su agrado que tal me quedo la imagen bonita no? yo misma la hice.

bueno princessas les vere pronto o eso espero con el super maraton que les promti aqui les dejo un ling

http://kimme-princiss.polyvore.com/

donde pueden ver mas imagenes como la que puse hoy que x cierto los hice yo un beso cuidense muxo

CAPITULO 6 PARTE1 ♥BESAR A UN ANGEL♥

Corazón!!!HOLA PRINCESSAS¡¡¡Corazón

 

como están espero y bien cambiando de tema me ausentare por 5 díasLlora si no esque menos pero no se enojen si serán recompensadasAngel con un maratón del cap 7 ok. La razon x la que les subi hoy es x que no podre = subir en estos 5 dias pero si puedo el Viernes subo esperoLlora y me comprenda princessas bueno sin mas que decir aqui esta el Cap espero y lo disfruten Risa


 

CAPITULO 6 PARTE 1

-Vete.

-Es mi último aviso, cara de ángel. Dentro de tres minutos nos vamos.

Dani abrió los ojos lo justo como para echarle una ojeada al reloj y ver que eran las cinco de la madrugada. No pensaba ir a ninguna parte a esas horas, así que se acurrucó aún más bajo las mantas y volvió a dormirse. Lo siguiente que supo fue que Kevin la cogía en brazos.

-¡Eh! -gritó. -¿Qué haces?

Sin decir ni una palabra, Kevin la sacó al gélido aire matutino, la metió dentro de la cabina de la camioneta y dio un portazo. La fría tapicería de vinilo contra sus piernas desnudas espabiló a Dani de golpe y le hizo recordar que sólo llevaba puesto una camiseta y unas diminutas bragas azules. Él subió por el otro lado y unos instantes más tarde abandonaban el lugar.

-¿Cómo has podido? ¡Sólo son las cinco de la madrugada! ¡Nadie se levanta tan temprano!

-Nosotros sí. Tenemos que ir a Carolina del Norte.

Kevin parecía bien despierto. Se había afeitado y se había puesto unos vaqueros y una camisa roja. Él deslizó los ojos por las piernas desnudas de Dani.

-Espero que la próxima vez te levantes cuando te lo diga.

-¡No estoy vestida! Tienes que dejarme coger la ropa. Y necesito maquillaje. ¡Mi pelo...! ¡Tengo que lavarme los dientes!

Él metió la mano en el bolsillo y sacó un aplastado paquete de chicles Dentyne.

Ella se lo arrebató, sacó dos y se los metió en la boca. Volvió a recordar los acontecimientos de la noche anterior. Escudriñó la cara de Kevin buscando algún rastro de resentimiento, pero no lo encontró. Estaba demasiado cansada y deprimida para volver a discutir, pero si no le replicaba, parecería que se había rendido y que hacía lo que él quería.

-Va a ser duro para mí quedarme aquí después de lo que sucedió anoche.

-No te iba a resultar fácil de todas maneras.

-Soy tu esposa -dijo Dani con voz queda- y también tengo mi orgullo. Anoche me humillaste delante de todo el mundo y no me lo merecía.

Él no dijo nada y, si no hubiera sido por la manera en que frunció los labios, Dani habría pensado que no la había oído.

Se sacó el chicle de la boca y lo guardó en el envoltorio.

-Por favor, para y déjame coger mis cosas.

-Deberías haberlo hecho antes.

-Estaba dormida.

-Te avisé.

-Eres un robot. ¿Acaso no tienes sentimientos?

Ella tiró del bajo de la camiseta para taparse todo lo posible.

Kevin bajó la mirada a los desnudos muslos de Dani.

-Oh, claro que tengo sentimientos. Pero no creo que sean los que tú quieres.

Ella siguió intentando bajarse la camiseta.

-Quiero mi ropa.

-Te desperté con tiempo de sobra para vestirte.

-Lo digo en serio, Kevin. Esto no es divertido. Estoy casi desnuda.

-De eso ya me doy cuenta.

-¿Te excito? -preguntó Dani bruscamente a causa del sueño que tenía.

-Sí.

Eso sí que no se lo esperaba. Había pensado que él le respondería con su habitual desdén. Al recobrarse de la sorpresa, le lanzó una mirada feroz.

-Vaya... qué pena. Porque yo no siento ningún interés por ti. Por si no lo sabías, el cerebro es el órgano sexual más importante, y mi cerebro no está interesado en hacer nada contigo.

-¿Tu cerebro?

-Tengo cerebro, ¿sabes?

-Jamás lo he dudado.

-¿Cómo que no? No soy estúpida, Kevin. Puede que mi educación no fuera demasiado convencional, pero te aseguro que fue muy completa.

-Tu padre no está de acuerdo.

-Lo sé. Le gusta decir a todo el mundo que soy una inculta porque mi madre me sacaba del colegio cada dos por tres. Pero cada vez que Lani hacía un viaje interesante, me llevaba con ella si creía que podría ser beneficioso para mí. Algunas veces pasaban meses antes de que regresara al colegio. A veces, ni siquiera volvía, pero ella se aseguraba de que siguiera estudiando.

-¿De qué manera?

-Siempre le pedía a quienquiera que fuera a visitarla o pasara algún tiempo con ella, que me enseñara algo de provecho.

-Pensaba que tu madre sólo trataba con estrellas de rock.

-Aprendí bastante sobre alucinógenos.

-Me lo imagino.

-Pero también estábamos con otro tipo de gente. Fue la princesa Margarita la que me enseñó todo lo que sé sobre la historia de la familia real británica.

Él clavó los ojos en ella.

-¿Hablas en serio?

-Claro. Y no fue la única. Crecí rodeada de gente famosa. - Dani no quería que Kevin  pensara que se estaba jactando, así que omitió mencionar la espectacular puntuación que había obtenido en las pruebas de acceso a la universidad. -Te agradecería que dejaras de poner en duda mi inteligencia. Si en cualquier momento te apetece hablar de Platón, estoy dispuesta.

-He leído a Platón -dijo él a la defensiva.

-¿En griego?

Tras eso, viajaron en absoluto silencio hasta que, finalmente, Dani se quedó dormida. En sueños buscó una posición más cómoda y acabó apoyándose en el hombro de Kevin.

Un mechón de su pelo se agitó con la brisa y acarició los labios de Kevin. Él lo dejó jugar allí un rato, rozándole la boca y la mandíbula. Ella olía a un perfume dulce y caro, como a esencia de flores silvestres en una joyería.

Dani tenía razón sobre lo que había ocurrido la noche anterior. Se había portado como un tonto. Pero era porque lo habían cogido por sorpresa. No quería que se celebrara algo que no tenía ninguna importancia. Si él no tomaba precauciones, ella se tomaría ese matrimonio muy en serio.

Pensó que nunca había conocido a una mujer con tantas contradicciones. Ella había dicho que él era como un robot sin sentimientos, pero se equivocaba. Claro que tenía sentimientos. Sólo que no eran los que ella quería; la vida le había enseñado a Kevin que era incapaz de tenerlos.

Se dijo a sí mismo que tenía que prestar atención a la carretera, pero no pudo resistirse a mirar hacia abajo, al cálido y delgado cuerpo que se acurrucaba contra él. Dani tenía las piernas recogidas sobre el asiento y, finalmente, había perdido la batalla contra la camiseta que se le había subido y mostraba la suave curva interior del muslo. Los ojos de Kevin cayeron sobre las diminutas bragas. Cuando el calor se le concentró en la ingle, apartó la mirada enfadado consigo mismo por someterse a esa tortura. «Dios, era tan hermosa.»

Y además era tonta y mimada, y más superficial de lo que nadie podía imaginar. Nunca había conocido a una mujer que se pasara tanto tiempo delante del espejo. Pero a pesar de todos esos defectos, Kevin tenía que admitir que Dani no era la joven egoísta y egocéntrica que él había creído que era. Poseía una inesperada y perturbadora dulzura que la hacía parecer más vulnerable de lo que él quería.

Cuando Dani salió de los servicios del bar de carretera donde le acababa de pedir un cigarrillo a una señora, vio que Kevin estaba ligando de nuevo con una camarera. Aunque él le había dejado claro que no tenía intención de tomarse en serio su matrimonio, verlo actuar de esa manera la deprimió. Cuando lo observó asentir con la cabeza a algo que le había dicho la camarera, Dani se dio cuenta de que su marido le estaba dando la excusa perfecta para ignorar los votos matrimoniales. La horrible escena de la tarta y lo que él había dicho después deberían haberla liberado de su compromiso. Él no tenía intención de mantener los votos, ¿por qué tendría que hacerlo ella?

Porque su conciencia no le ofrecía otra opción. Reunió valor y, componiendo una sonrisa, se dirigió hacia el reservado de vinilo naranja. Ni la camarera ni Kevin le prestaron atención cuando se deslizó en el asiento. Una tarjeta identificativa con forma de tetera indicaba que la chica se llamaba Tracy. Estaba muy maquillada, pero no se podía negar su belleza. Y Kevin parecía un hombre encantador que le ofrecía una amplía y perezosa sonrisa y una mirada apreciativa.

Por fin él pareció darse cuenta de la presencia de Dani.

-¿Ya de vuelta, hermanita?

«¡Hermanita!»

Él le dirigió una sonrisa desafiante.

-Tracy y yo estamos conociéndonos.

-Estoy tratando de convencer a tu hermano de que me espere -dijo Tracy. -Termino el turno en una hora.

Dani supo que si no ponía fin a ese tipo de cosas de inmediato, Kevin pensaría que podía ignorar alegremente sus responsabilidades durante seis meses. Se inclinó hacia delante y le dio a la camarera una palmadita en la mano que tenía apoyada en la mesa.

-Eres una buena chica, cariño. Se ha mostrado muy tímido con las mujeres desde que le diagnosticaron ese problema médico. Yo no hago más que decirle que los antibióticos hacen milagros y que no debe preocuparse por esas molestas enfermedades de transmisión sexual.

La sonrisa de Tracy vaciló. Clavó los ojos en Dani, luego en Kevin y palideció.

-El jefe me echará una bronca si hablo demasiado tiempo con los clientes. Tengo que irme. -Se alejó apresuradamente de la mesa.

La taza de café de Kevin tintineó sobre el platillo.

Dani se enfrentó a él.

-Ni se te ocurra decir nada, Kevin. Hemos hecho unos votos sagrados.

-Pero yo no creo en ellos.

-Eres un hombre comprometido. Y los hombres comprometidos no ligan con las camareras. Por favor, procura no olvidarlo.

Él le gritó de vuelta a la camioneta, insultándola con palabras tales como «inmadura», «egoísta» o «intrigante». Sólo se calló cuando se pusieron en marcha.

Habían recorrido en silencio casi dos kilómetros cuando ella creyó oír lo que parecía una risita ahogada, pero cuando lo miró, vio la misma cara severa y seria de siempre. Como sabía que el alma rusa del oscuro Kevin Markov no poseía ni la más mínima pizca de sentido del humor, dio por hecho que se había equivocado.

Al atardecer, Dani estaba muy cansada. Sólo esforzándose al máximo había sido capaz de terminar de limpiar la caravana, de ducharse, de preparar algo de comer y de llegar al vagón rojo a tiempo de atender la taquilla. Se habría demorado mucho más si Kevin no hubiera limpiado los restos de tarta la noche anterior. Dado que había sido ella la que la había tirado, había sido una sorpresa que la ayudara.

Era sábado y escuchó sin querer las breves conversaciones que mantenían los trabajadores que se acercaban a recoger los sobres de su paga. Kevin le había contado que algunos de los trabajadores que montaban las carpas y trasladaban el equipo eran alcohólicos y drogadictos, pero que los sueldos bajos y las malas condiciones no atraían a empleados más estables. Algunos llevaban años trabajando en el circo sólo porque no tenían otra parte donde ir. Otros eran aventureros atraídos por el encanto del mundo circense, pero generalmente nadie duraba mucho tiempo allí.

Kevin alzó la mirada del escritorio cuando Dani entró en la caravana; en su cara se había dibujado lo que ella comenzaba a pensar que era un ceño perpetuo.

-Las cuentas de ayer no cuadran.

Había sido muy cuidadosa al dar el cambio y estaba segura de no haber cometido ningún error. Acercándose por detrás, miró las hojas pulcramente escritas.

-¿Dónde?

Kevin señaló el libro de ingresos que había encima del escritorio.

-He cotejado los números de las entradas con los recibos. Y no coinciden.

Tardó sólo un momento en darse cuenta de qué era lo que pasaba.

-No coinciden porque regalé algunas entradas de cortesía. Fueron como una docena.

-¿Entradas de cortesía?

-Para las familias pobres, Kevin.

-¿Decidiste ser caritativa?

-No podía aceptar ese dinero.

-Sí podías, Dani. Y de ahora en adelante lo harás. En casi todos los pueblos, el circo es patrocinado por una organización local. Ellos dan pases especiales, y también los doy yo si se da el caso. Pero tú no, ¿entendido?

-Pero...

-¿Entendido?

Ella asintió con la cabeza.

-Bien. Si piensas que alguien merece un pase, me lo dices y yo me ocuparé de ello.

-De acuerdo.

Kevin se puso en pie y frunció el ceño.

-Hoy vuelve Sheba. Le diré que te busque un maillot para la función. Cuando ella pueda atenderte, enviaré a alguien para que se ocupe de la taquilla.

-Pero yo no soy artista.

-Esto es el circo, cara de ángel. Todo el mundo es artista.

La curiosidad que sentía por la misteriosa Sheba hizo que ignorase la mueca de Kevin.

-Brady me dijo que Sheba fue una famosa trapecista.

-Es la última de los Cardoza. Su familia era al trapecio lo que los Wallenda a la cuerda floja.

-¿Por qué dejó de actuar?

-Podría volver a hacerlo. Sheba sólo tiene treinta y nueve años y se mantiene en muy buena forma, pero dejó de ser la mejor y se retiró.

-Parece que se lo tomó en serio.

-Muy en serio. Mantente tan apartada de su camino como te sea posible. -Kevin se dirigió a la puerta. -Recuerda lo que te he dicho sobre la caja del dinero. No la pierdas de vista.

-De acuerdo.

Con una brusca inclinación de cabeza, Kevin desapareció.

Dani se encargó de la venta de entradas sin problemas. El flujo de gente cesó en cuanto empezó la función, y ella se sentó en las escaleras de la caravana para disfrutar de la brisa nocturna.

Miró la casa de fieras y recordó que Sinjun, el tigre, estaba allí dentro. Ese mismo día, mientras trataba de quitar las peores manchas de la alfombra, había pensado en él, tal vez porque pensar en el tigre era mucho más sencillo que pensaren Kevin. Sentía un inquietante deseo de echar otro vistazo al feroz animal, pero desde una distancia segura.

Un Cadillac antiguo entró en el recinto acompañado de una estela de polvo. De él se apeó una mujer de aspecto exótico con una brillante melena rojiza. Vestía un top ceñido y una falda tipo sarong con una abertura que revelaba unas largas piernas y unas sandalias de pedrería. Grandes aros dorados brillaban bajo la tenue luz entre el pelo despeinado y un par de brazaletes a juego le adornaban las delgadas muñecas.

Mientras la mujer se dirigía hacia la entrada del circo, Dani vislumbró su cara: piel pálida, rasgos bien definidos y boca voluptuosa enfatizada con un lápiz de labios color carmín. Aquella mujer mostraba tal seguridad en sí misma que era imposible que fuera una visita y Dani supo que sólo podía tratarse de Bathsheba Quest. chicas espero y aya sido de su

 

agrado princessas y les vere prontito con la 2da parte de el cap 6 un beso enorme cuidense mucho

les quiere y les aprecia su amiga

Beatriz

si la misma de la serie jejeje

aqui les dejo una linda imagende espero y les guste

CAPITULO 5 PARTE 3 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

!!!HOLA PRINCESSAS ¡¡¡

AQUI LES TRAIGO LA 3RA PARTE DEL CAPITULO 5 ESPERO Y SEA DE SU AGADO Y MUCHAS GRACIAS X SUS LINDOS COMENTARIOS PRINCESSAS Y SIN MAS QUE DECIRLES  AQUI EL CAPITULO DE HOY

CAPITULO 5 PARTE 3


La gente fue guardando silencio poco a poco. Se dieron cuenta de la reacción de Kevin y supieron que algo iba mal. «Por favor, no lo hagas -pensó ella. -Quiero que sean mis amigos. Por favor finge ser feliz.»

Algunas mujeres se miraron de reojo. La certeza de que Kevin era un novio radiante desapareció con rapidez y Dani observó cómo varias miradas se posaban en su barriga para intentar averiguar si estaba embarazada.

 

Dani se obligó a hablar:

-Nunca había tenido una sorpresa tan agradable. ¿Y tú, Kevin?

Hubo un largo silencio antes de que él asintiera con la cabeza.

La joven levantó la barbilla y forzó una sonrisa.

-La tarta parece deliciosa. Apuesto lo que sea a que todos queréis tomar un trozo. -Miró fijamente a Kevin, suplicándole en silencio que colaborara. -Ven, vamos a cortarla los dos juntos.

El silencio pareció extenderse infinitamente.

-Tengo las manos sucias. Hazlo tú.

 

Con las mejillas ardiendo de vergüenza, Dani se acercó a la mesa plegable, cogió un cuchillo y comenzó a cortar la tarta en porciones cuadradas. Continuaron en silencio mientras ella intentaba fingir que no pasaba nada.

 

-No puedo creer que improvisarais esto con tanta rapidez. ¿Cómo demonios lo habéis hecho?

Madeline movió los pies con inquietud.

-Esto... er... no fue tan difícil.

-Bueno, pues estoy impresionada. -Con las mejillas doliéndole por el esfuerzo de sonreír, Dani cortó el primer trozo de tarta, lo colocó en un plato de cartón y se lo dio a Kevin.

Él lo tomó sin decir palabra.

 

El silencio se hizo más ensordecedor. Finalmente, Jill se acercó con rapidez, mirando a los novios con nerviosismo.

-Siento que sea de chocolate. Tuvimos poco tiempo, y en la pastelería no había tartas de boda.

Dani la miró con gratitud al ver que intentaba aliviar la tensa situación.

 

-La tarta de chocolate es mi favorita.

Kevin colocó el plato sobre la mesa tan bruscamente que el intacto trozo de pastel se tambaleó y cayó de lado.

-Perdonad. Tengo mucho trabajo que hacer. Gracias por todo.

A Dani le tembló la mano cuando le pasó un plato a Madeline. Alguien soltó una risita maliciosa. Dani levantó la cabeza y vio que era Beatriz.

 

La adolescente le dirigió una sonrisa triunfal y corrió detrás de Kevin.

-¿Quieres que te eche una mano?

-Claro, cariño. -La voz cálida y afectuosa de Kevin respondiéndole a Beatriz, llegó a través de la brisa nocturna. -Tenemos problemas con uno de los camiones de carga. Puedes ayudarme a comprobarlo.

 

Dani parpadeó con fuerza. Era de lágrima fácil, pero si lloraba ahora nunca podría volver a enfrentarse a esas personas.

-¿Un trozo de tarta? -Tendió un plato hacia un hombre rubio con barba y aspecto de surfista. Recordó que se había presentado como Neeco Martin, el domador de elefantes, cuando había ido a conocerla al vagón rojo.

 

Él lo tomó sin mediar palabra y le dio la espalda para decirle algo a uno de los payasos. Madeline dio un paso adelante para ayudar a Dani, pensando, sin duda, quiera mejor acabar lo antes posible. Los demás artistas fueron cogiendo el trozo de tarta que les correspondía y, uno a uno, se fueron marchando.

Al cabo de un rato, sólo quedaron Jill y ella.

-Lo siento, Dani. Pensé que era una buena idea, pero debería haber supuesto que a Kevin no le parecería bien. Es muy reservado.

Él ni siquiera se había molestado en mencionarle a sus amigos que se había casado.

Dani forzó otra sonrisa.

-Todas las parejas tardan algún tiempo en adaptarse al matrimonio.

Jill recogió los restos de la tarta y se los ofreció a Dani.

-Venga, ¿por qué no te llevas lo que queda?

Dani pudo sentir la bilis en la garganta cuando los cogió; su único deseo era perder de vista aquella tarta.

-¡Santo cielo! Sí que se ha hecho tarde. Y tengo un montón de cosas que hacer antes de acostarme -dijo, y huyó de allí.



Durante las horas siguientes, mientras desmontaban el circo para llevarlo al siguiente pueblo, ella se dedicó a recolocar todo dentro de los armarios. Se sentía invadida por una sensación de desesperación y un infinito cansancio que hacía que apenas pudiera mantenerse en pie, pero a pesar de ello siguió trabajando.

 

Los caros pantalones de marca que llevaba puestos estaban completamente sucios y la blusa se le pegaba a la piel, pero no le importaba. Quería que esas personas fueran amigos suyos, pero ahora que sabían lo poco que le importaba a Kevin y lo que éste pensaba de su matrimonio, ya no lo serían. La pequeña fiesta improvisada y la tarta habían sido una pequeña bendición para ella, pero su marido la había estropeado.

 

Kevin entró en la caravana, que todavía parecía tan desordenada como cuando ella llegó, poco después de medianoche. Aunque Dani había limpiado y organizado los armarios, no había tenido ni tiempo ni energía para hacer nada más. Los platos sucios seguían amontonados en el fregadero y la cacerola llena de costra estaba sobre el fogón.

 

Él apoyó las manos en las caderas y examinó los muebles sucios, la polvorienta superficie de la mesa y los restos de la tarta de boda.

-Pensé que ibas a limpiar esto. Pero ya veo que sigue igual de sucio.

Ella apretó los dientes.

-Los armarios están limpios.

-¿A quién coño le importan los armarios? ¿No sabes hacer nada bien?

Dani no lo pensó. Llevaba horas trabajando, su matrimonio era una farsa y había sido humillada en público por un hombre que había jurado honrarla ante Dios. Con rapidez, recogió la tarta con una mano y se la lanzó.

 

-¡Eres un imbécil!

Kevin extendió las manos automáticamente para impedir que se la arrojara, pero no fue lo suficientemente rápido. La tarta le dio en el hombro y se deshizo en mil pedazos.

Ella observó el desastre con una curiosa indiferencia. Trocitos de tarta y azúcar glas habían volado por todas partes. Una pegajosa sustancia blanca salpicaba el pelo, las cejas e incluso las pestañas de Kevin. Los pedazos de chocolate que se le habían quedado pegados a la mandíbula cayeron sobre el hombro de su camiseta. La indiferencia de Dani desapareció cuando vio que se ponía rojo.

 

Iba a matarla.

Él intentó limpiarse los ojos a la vez que se movía hacia ella. Dani se apartó de su camino y, aprovechando la ceguera temporal de Kevin, salió corriendo por la puerta.

Miró frenética a su alrededor, buscando un lugar seguro donde esconderse. Habían desmontado el circo. Las carpas más pequeñas estaban cerradas y la mayoría de los camiones se habían marchado. Tropezó con un matorral y acabó refugiándose en un estrecho espacio entre dos furgonetas. El corazón le golpeaba con fuerza contra las costillas. ¿Qué había hecho?

Dio un respingo al oír la voz de un hombre y se deslizó más profundamente en las sombras, chocando contra algo sólido. Sin mirar lo que era, se apoyó allí mientras recobraba el aliento. ¿Cuánto tiempo tardaría en encontrarla? Y... ¿qué haría luego con ella?

Sintió un gruñido justo detrás de la oreja.

Tenía el cabello recogido y el cuello expuesto; un helado escalofrío le recorrió la espalda. Se volvió con rapidez y se quedó mirando fijamente un par de ojos color oro pálido.

Se quedó paralizada. Sabía qué clase de bestia era aquélla. Sabía que tenía ante sí a un tigre, pero era incapaz de asimilarlo.

 

El animal estaba tan cerca que ella sintió su aliento en la cara. El tigre dejó al descubierto los dientes, un arma afilada y letal. Dani olió su esencia y oyó cómo aquel ronco gruñido de intimidación aumentaba de volumen hasta convertirse en un rugido cruel. Salió de su parálisis saltando hacia atrás cuando el animal embistió contra los barrotes de hierro que los separaban.

Dani chocó con violencia contra algo sólido y humano, pero no pudo arrancar la vista del tigre. Una alarma comenzó a sonar en su cabeza. En ese momento, la bestia parecía la reencarnación de toda la maldad del mundo y la joven sintió como si esa malevolencia fuera dirigida hacia ella. Como si de alguna manera, en esa salvaje noche de Carolina del Sur, hubiera encontrado su destino.

 

Se dio la vuelta, incapaz de soportar la intensa mirada de esos ojos dorados por más tiempo. Al volverse se topó con una cálida fortaleza detrás de ella y supo que había encontrado un santuario.

 

Luego sintió algo áspero bajo la mejilla. Los acontecimientos, el miedo, el cansancio y todos los angustiosos cambios en su vida durante los últimos dos días la abrumaron y se echó a llorar.

La mano de Kevin fue sorprendentemente suave cuando la tomó por la barbilla para obligarla a mirarle a la cara. Dani se encontró con otro par de pálidas pupilas, tan parecidas a los dorados ojos del tigre, que sintió como si hubiera escapado de una bestia para caer en las garras de otra.

 

-Sinjun no puede lastimarte, Dani. Está en una jaula.

-¡Eso no importa! -La histeria se apoderó de ella.

¿Acaso no se daba cuenta de que una jaula no podía protegerla de lo que había visto en los ojos de ese enorme felino?

Pero él no lo entendía y ella nunca podría explicarle la fugaz sensación de haber tenido un encuentro cara a cara con su propio destino. Se apartó de él.

 

-Lo siento. Tienes razón. Soy una estúpida.

-Y no por primera vez -dijo él con seriedad.

Dani levantó la mirada hacía él. Aún manchado de pastel y azúcar glas, tenía un aspecto feroz, magnífico y aterrador; igual que el tigre. Se dio cuenta de que a Kevin le temía de otra manera, de una que no comprendía por completo, sólo sabía que era algo que iba más allá de la amenaza física.

 

Era más que eso. De alguna manera sentía que su marido podía dañarle el alma.

Dani había llegado a los límites de su resistencia. Habían sido demasiados cambios, demasiados conflictos, y no tenía ganas de luchar más. Estaba cansada hasta lo más profundo de su ser y apenas tenía fuerzas para hablar.

-Supongo que ahora me amenazarás con algo horrible.

-¿No crees merecerlo? Sólo los niños tiran las cosas, no los adultos.

-Tienes razón, por supuesto. -Se apartó el pelo de la cara con una mano temblorosa. -¿De qué va esto, Kevin? ¿Humillación? Ya he tenido bastante por esta noche. ¿Desprecio? También he tenido suficiente. ¿Odio? No, eso no funcionará; estoy demasiado entumecida para sentirlo. -Hizo una pausa, vacilando. -Me temo que tendrás que recurrir a algo distinto.

 

Mientras la miraba, le pareció tan infeliz que algo se ablandó en el interior de Kevin. Sabía que Dani le tenía miedo -se había asegurado de ello- y aun así seguía sin poderse creer que la joven hubiera tenido el valor suficiente como para tirarle la tarta. Pobre cabeza hueca. No se le había ocurrido pensar que había sido como atacarle con las garras de un gatito.

La sintió temblar bajo sus manos.

 

Dani había guardado las garras y sus ojos sólo mostraban desesperación. ¿Sabía ella que su rostro reflejaba cada uno de sus sentimientos?

Se preguntó con cuántos hombres se habría acostado. Probablemente ni ella misma lo sabía. A pesar de su inocente apariencia, estaba claro que le gustaban los placeres de la vida. También era un poco atolondrada y no le costaba imaginársela en la cama de cualquier playboy, sin ni siquiera saber cómo había llegado hasta allí.

 

Al menos eso era algo que se le daba bien. Mientras la observaba tuvo que contener el repentino deseo de cogerla en brazos y llevarla de vuelta a la caravana, donde la dejaría en la cama y satisfaría todas las preguntas que comenzaba a hacerse. ¿Cómo se verían cada uno de esos rizos sueltos y extendidos como cintas oscuras sobre la almohada? Quería observarla desnuda sobre las sábanas arrugadas, ver la palidez de su piel contra la de él, más oscura; sopesar sus pechos con las manos.

 

Quería olerla y sentir sus caricias.

El día anterior, tras la boda, se había dicho a sí mismo que no era el tipo de mujer con la que se acostaría, pero eso había sido antes de atisbar aquel redondo trasero bajo la camiseta cuando la despertó esa mañana.

 

Había sido antes de observarla en la camioneta, cruzando y descruzando esas largas piernas, dejando colgada la sandalia del dedo gordo del pie. Tenía los pies bonitos y pequeños, con un empeine alto y delicado y las uñas pintadas del mismo color rojo que el manto de una virgen ortodoxa.

No le gustaba que otros hombres supieran más de las apetencias sexuales de su esposa que él mismo. Pero también sabía que era cuestión de tiempo.

 

No podía tocarla hasta asegurarse de que ella entendía cómo serían las cosas entre ambos. Y para entonces, había muchas posibilidades de que Dani cogiera la maleta y se largara.

La tomó del brazo y la llevó a la caravana. Por un momento, Dani se resistió, y luego cedió.

-De verdad, comienzo a odiarte -dijo débilmente. -Lo sabes, ¿no?

A él le sorprendió que aquellas palabras le dolieran, sobre todo cuando eso era exactamente lo que quería que ella hiciera. Dani no estaba hecha para una vida tan dura y él no tenía ningún deseo de alargar aquella situación indefinidamente.

 

Era lo mejor que podía hacer.

-Quizá sea lo mejor.

-Hasta ahora nunca había odiado a nadie. Ni siquiera a Amelia o a mi padre, y ellos me han dado razones suficientes para hacerlo. Pero a ti no te importa lo que sienta por ti, ¿verdad?

-No.

-Creo que nunca he conocido a nadie tan frío.

-Seguro que no. -«Frío, Kevin. Eres tan frío.» Se lo había oído decir a muchas mujeres antes que a ella. Mujeres de buen corazón. Mujeres competentes e inteligentes que habían merecido algo más que un hombre cuyos sentimientos habían desaparecido mucho tiempo antes de conocerlas.

 

Cuando era joven había pensado que una familia podría curar esa parte herida y solitaria de su interior. Pero mientras buscaba una relación duradera había herido a esas mujeres de buen corazón y se había probado a sí mismo que no tenía sentimientos para amar a ninguna, ni aunque hubiera sido su intención hacerlo.

Llegaron a la caravana.

 

Pasó junto a Dani al llegar a la puerta y se metió dentro.

-Voy a darme una ducha. Te ayudaré a limpiar cuando salga.

Ella lo detuvo antes de que llegase al baño.

-¿No podrías haber fingido ser feliz esta noche?

-Soy como soy, Dani. Yo no finjo. Nunca.

-Estaban tratando de ser amables. ¿Te costaba tanto disimular un poco?

«¿Como podía explicárselo para que lo entendiera?»

-Creciste protegida, Dani, pero yo lo hice de la manera más cruda. Mucho más cruda de lo que puedas imaginar. Cuando creces así, tienes que aprender a protegerte de alguna manera, tienes que aferrarte a algo que impida que te conviertas en una bestia.

 

En mi caso fue el orgullo. Nunca me doblego. Jamás.

-No puedes condicionar tu vida por eso. El orgullo no es tan importante como otras cosas.

-¿Como cuáles?

-Como... -Ella vaciló, como si supiera que a él no le iba a gustar nada lo que estaba a punto de decir. -Como el cariño y la compasión. Como el amor.

Él se sintió viejo y cansado.

-El amor no existe para mí.

-Existe para todo el mundo.

-No para mí.

 

No te hagas ideas románticas conmigo, Dani. Sólo sería una pérdida de tiempo. He aprendido a vivir según mis reglas. Intento ser honesto y lo más justo posible. Por este motivo paso por alto que me hayas tirado la tarta. Comprendo que esto es duro para ti y supongo que lo estás haciendo lo mejor posible. Pero no confundas justicia con sentimientos.

 

No soy un sentimental. Puede que eso de las emociones funcione con otras personas, pero no conmigo.

-Esto no me gusta -susurró ella, -no me gusta nada.

-Has caído en manos del diablo, cariño. Cuanto antes lo aceptes, mejor será para ti -dijo él cuando por fin habló con una voz que nunca había sonado tan triste.

Kevin entró en el baño, cerró la puerta y apretó los párpados, intentando apartar de su mente el juego de emociones que había visto cruzar por el rostro de su esposa. Había visto de todo: cautela, inocencia y una esperanza casi aterradora de que quizás él no fuera tan malo como parecía.

Pobre cabeza hueca.

Espero  y aya sido de su agrado

aqui les dejo el ling de mi pag para que voten x el mejor video de las parejas de Disney

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les quiere su amiga  Beatriz quien les deja un lindo video

CAPITULO 5 PARTE 2 ♥BESAR A UN ANGEL♥

 

Hola¡¡¡¡¡¡¡¡

Princesas hermosas

soy Beatriz amiga de Adri. como ya saben Adri salio y pues no podra subir asi que a hora subire hasta que ella pueda bueno ya no las hago esperar mas  y aqui esta 2da parte espero  y la disfuten

 

 

CAPITULO 5 PARTE 2

-No sabes nada sobre la vida real, ¿verdad, Dani? Esto es un trabajo, no es como tener cita en la peluquería. De ahora en adelante, te quitaré cinco dólares del sueldo por cada minuto de retraso.

A Dani se le iluminó la cara.

-¿Vas a pagarme?

Él suspiró.

-Por supuesto que voy a pagarte. Es decir, si realmente llegas a hacer algo. Pero no creas que vas a poder comprarte diamantes. Los sueldos en el circo son muy bajos.

A ella no le importó. La idea de recibir un sueldo era emocionante.


-Enséname qué tengo que hacer. Te prometo que no volveré a retrasarme.

Kevin la llevó a la ventanilla que había en el lateral de la caravana y le explicó el procedimiento con voz suave. Era muy sencillo y Dani lo aprendió de inmediato.

-Comprobaré hasta el último penique -dijo él, -así que no cojas nada, ni siquiera para tabaco.


-Yo no haría eso.

Él no pareció convencido.

-Y asegúrate de no perder de vista el cajón de la recaudación ni un minuto. El circo está al borde de la ruina, no podemos permitirnos el lujo de perder dinero.

-Por supuesto que no lo haré. No soy estúpida.

Ella contuvo el aliento presintiendo que él lo negaría, pero Kevin se concentró en destrabar la bisagra de la ventanilla.

La acompañó mientras despachaba a los primeros clientes para asegurarse de que lo hacía bien, y cuando vio que no tenía ningún tipo de problema le dijo que se iba.

-¿Vas a la caravana? -preguntó ella.

-Iré cuando tenga que vestirme. ¿Por qué?

-Lo he dejado algo revuelto. -Tenía que volver a la caravana antes de que él viera el desorden que había. Al comenzar con la limpieza, debería haber dejado los armarios para el final, pero había querido fregar a fondo, Así que había vaciado los estantes para limpiarlos primero. Ahora los armarios estaban limpios, pero no le había dado tiempo de volver a colocar las cosas y no había ni una sola superficie en la caravana que no estuviera cubierta por algo: ropa, herramientas o un alarmante montón de látigos.

-Te juro que lo recogeré todo en cuanto acabe aquí -le dijo atropelladamente, -así que no te preocupes si ves las cosas fuera de su sitio.

Él asintió con la cabeza y la dejó sola. Las siguientes horas pasaron sin incidentes. A Dani le gustaba conversar con las personas que iban a comprar las entradas, y en varias ocasiones, cuando las familias le parecían pobres, se inventó un sinnúmero de asombrosas razones para decirles que habían ganado entradas gratis.

Ya se había propagado el rumor de que era la mujer de Kevin, y muchos de los empleados del circo se inventaron excusas para pasar por allí y satisfacer su curiosidad sobre ella. Tanta cordialidad extrañó a Dani. Reconoció a algunos de los hombres que se ocupaban de los tenderetes, a algunos payasos y a varios miembros de la familia Lipscomb, que realizaba un número ecuestre. Se dio cuenta de que algunas de las chicas tenían que disimular para ocultar los celos que sentían porque ella hubiera logrado pescar a Kevin Markov; Dani apreció el gesto. Por primera vez, sintió un atisbo de esperanza. Tal vez las cosas resultaran bien después de todo.


Quizá la persona más interesante que se presentó ante ella fue Brady Pepper, el padre de Beatriz. Apareció con sus ropas de trabajo: un mono blanco ceñido a la cintura por un ancho cinturón de color oro con unas cintas doradas que adornaban el escote y los tobillos.


Una chica llamada Charlene ya le había dicho que Brady y Kevin eran los hombres más atractivos del circo, y tuvo que darle la razón. Brady Pepper le recordaba a una versión más baja de Sylvester Stallone, lleno de músculos, actitud arrogante y acento neoyorquino. Tenía un atrayente aspecto de tío rudo, aunque por la manera que tuvo de examinarla de arriba abajo Dani supo que era un redomado mujeriego. Se recostó en la esquina del escritorio con las piernas extendidas; la perfecta imagen de un hombre que se sentía a gusto con su cuerpo.


-Así que procedes del circo, ¿no?

Él le hizo la pregunta con el tono agresivo y casi acusatorio que muchos neoyorquinos empleaban para preguntar cualquier cosa y Dani tardó un momento en darse cuenta de a qué se refería.

-¿Yo? Oh, no. Mi familia no forma parte del circo.

-Eso lo hará todo más difícil para ti. En el circo de los Hermanos Quest no eres nadie si no puedes justificar tu ascendencia circense en un mínimo de tres generaciones. Simplemente pregúntale a Sheba.

-¿A Sheba?

-Es la dueña del circo. Bathsheba Cardoza Quest. Es una de las voladoras más famosas del mundo. Trapecista -dijo él cuando vio su expresión confusa. -Ahora entrena a los hermanos Tolea, que actúan con nosotros. Son rumanos. También hace la coreografía de otros números, supervisa el vestuario y otras cosas por el estilo.


-Si el circo es suyo, ¿por qué no lo dirige ella en vez de Kevin?

-Ése es un trabajo de hombres. El gerente tiene que tratar con borrachos, peleas con cuchillo, discusiones. A Sheba no le gustan esas cosas.

-Aún no la conozco.

-Es que se ha ido unos días. Lo hace en ocasiones, cuando las cosas se ponen feas por aquí.

Debió de resultar evidente que ella no comprendía lo que él había querido decir, así que se lo explicó.


-A Sheba le gustan los hombres. Sin embargo, no está demasiado tiempo con ninguno. Es un poco esnob. No se enrolla con nadie que no proceda de una antigua familia del circo.


La imagen que se había formado de la dueña del circo, una viuda entrada en años, se desvaneció de la mente de Dani. El gesto tirante en la boca de Brady hizo que se preguntara si Sheba Quest no significaría algo para él.


-En mi caso, mi viejo era carnicero en Brooklyn. Me marché con un circo ambulante el día que me gradué en el instituto y nunca miré atrás. -La miró con algo de rabia, como si esperara que discutiera con él. -Sin embargo mis hijos sí tienen sangre circense en las venas gracias a su madre.

-No creo haberla conocido.


-Cassie murió hace dos años, pero nos divorciamos hace doce, por lo que no estoy exactamente de luto. Ella odiaba el circo, aunque había crecido en él, y por esa razón se mudó a Wichita y se licenció en la universidad, pero a mí me gusta este mundo y me quedé aquí.


Así que Beatriz también había perdido a su madre. Dani quiso saber aún más.

-Entonces tus hijos viven contigo, ¿no?

-Beatriz vivía en Wichita con su madre, pero Cassie tenía problemas para manejar a los chicos, así que se vinieron a vivir conmigo cuando eran muy jóvenes. Desde ese día, hice una función con ellos. Matt y Rob tienen ahora veinte y veintiún años. Son unos demonios, ¿pero qué puedes esperar siendo yo su padre?

Dani no estaba interesada en los diabólicos hijos de Brady e ignoró la inconfundible nota de orgullo en su voz.

-Entonces, ¿Beatriz acaba de venirse a vivir contigo?

-Llegó el mes pasado, pero suele pasar conmigo un par de semanas en verano. Aunque claro, no es como vivir aquí todo el año.

Cuando lo vio fruncir el ceño, se dio cuenta de que la situación no estaba resultando como él había planeado, pero Dani ya tenía suficientes dificultades con su propio padre como para sentir otra punzada de compasión hacia Beatriz. No era de extrañar que fumara y se enamorara de hombres mayores que ella. Aunque Brady Pepper era innegablemente atractivo, no parecía ser el más paciente de los padres.


-Ya he conocido a Beatriz. Parece una chica muy sensible.

-Demasiado sensible diría yo. Ésta es una vida dura y Beatriz es demasiado blanda. -Brady se levantó bruscamente. -Me voy antes de que comience a llegar la gente. Encantado de conocerte, Dani.

-Igualmente.

Cuando llegó a la puerta le dirigió otra de esas miradas de rompecorazones.

-Kevin es un hombre afortunado.

Ella sonrió educadamente y deseó que también Kevin pensase de esa manera.


Sólo después de que comenzara la segunda función pudo Dani abandonar la taquilla y observar la actuación de Kevin. Esperaba que volver a ver el espectáculo diluyera la impactante sensación que había experimentado la noche anterior, pero la habilidad de su marido le pareció todavía más impresionante. ¿Dónde había aprendido a hacer esas cosas?

Hasta que no terminó la función no recordó que debía acabar de ordenar la caravana. Regresó rápidamente y estaba abriendo la puerta cuando Jill, con Frankie encaramado de nuevo a sus hombros, la llamó. Al ver a Dani, el mono comenzó a chillar inmediatamente y a taparse los ojos.

-Cállate, bicho malo. Ven, Dani, quiero enseñarte una cosa.

Dani cerró la puerta de la caravana con rapidez, antes de que Jill pudiese ver el desorden del interior y se diera cuenta de la terrible ama de casa que era. La joven la tomó del brazo y la condujo por la hilera de caravanas. A la izquierda pudo ver a JackDaily.cl maestro de ceremonias, hablando con Kevin mientras los trabajadores comenzaban a apilar las gradas.

-¡Ay! - Dani dio un chillido cuando sintió un fuerte tirón del pelo.

Frankie chilló.

-Niño malo -canturreó Jill, mientras Dani se colocaba lejos del alcance del chimpancé. -Ignóralo. En cuanto comprenda que no le haces caso te dejará en paz.


Dani decidió no decirle lo mucho que dudaba que eso sucediera.

Rodearon la última caravana y Dani soltó un jadeo sorprendida al ver a muchos de los artistas, todavía con ropa de actuación, alrededor de una mesa plegable sobre la que había una tarta rectangular con unos novios de plástico en el centro. Madeline, la chica que había conocido antes, estaba cerca del pastel, junto con Brady Pepper y sus hijos, el más joven de los Lipscomb, varios payasos y otros muchos empleados que había conocido antes. Sólo Beatriz parecía haberse quedado al margen.


Sonriendo ampliamente, Jack Daily empujó a Kevin hacia delante mientras Madeline levantaba las manos como un director de orquesta.


-Atención todos. ¡Felicidades! ¡Felicidades!

Mientras el grupo cantaba, a Dani se le empañaron los ojos.

Esas personas apenas la conocían, pero le tendían una mano amistosa. Después de la fría ceremonia que había sido su boda, la joven se recreó en la intimidad de ese momento. En esa improvisada reunión de los amigos de Kevin, se sintió como si estuviera asistiendo a una verdadera celebración, a una aceptación de que había ocurrido algo realmente personal, como si aquello no fuera un castigo de su padre sino una ocasión feliz.

-Gracias -susurró ella cuando terminaron de cantar. -Gracias de todo corazón.


Miró a Kevin, y la felicidad de la joven se evaporó al ver su expresión rígida y gélida.

La gente fue guardando silencio poco a poco. Se dieron cuenta de la reacción de Kevin y supieron que algo iba mal. «Por favor, no lo hagas -pensó ella. -Quiero que sean mis amigos. Por favor finge ser feliz.»

 

BUENO CHICAS ESPERO Y LES AYA GUSTADO MUCHO UN BESO ENORME CUIDENSE MUCHO.

LES VERE PRONTO  CON LA 3RA PARTE DE CAP

CAPITULO 5 PARTE 1 BESAR A UN ANGEL :)

Corazón

CAPITULO 5

 


CAPITULO 5 PARTE 1

Cuando Dani salió de la caravana por la tarde, se tropezó con una oven, espigada y rubia, que llevaba un chimpancé sobre los hombros. La reconoció como Jill, de «Jill y Amigos», un número en el que participaban un perro y el chimpancé. Tenía la cara redonda, la piel perfecta y el pelo con las puntas abiertas, algo en lo que Dani podría ayudarla si le daba la oportunidad.

 

-Bienvenida al circo de los Hermanos Quest -dijo la mujer. -Soy Jill.

 

Dani le devolvió la cordial sonrisa.

-Yo soy Dani.

-Lo sé. Beatriz  me lo ha dicho. Éste es Frankie.

-Hola, Frankie. - Dani levantó la cabeza hacia el chimpancé encaramado en los hombros de Jill, luego dio un salto atrás cuando él le enseñó los dientes y chilló. Ya estaba bastante nerviosa tras un día sin nicotina y la reacción del chimpancé sólo consiguió exacerbarla aún más.

-Cállate, Frankie. -Jill le palmeó la pierna peluda. -No sé qué le pasa. Le gustan todas las mujeres.

-Los animales no suelen ser demasiado cariñosos conmigo.

-Eso es porque te dan miedo. Ellos siempre lo notan.

-Supongo que será eso. Me mordió un pastor alemán cuando era pequeña y desde entonces les tengo miedo a todos los animales. -El pastor alemán no había sido el único. Recordó una excursión del colegio a un zoo de Londres cuando tenía seis años. Se había puesto histérica cuando una cabra había comenzado a mordisquearle el uniforme.

Una mujer con unos pantalones bombachos negros y una camiseta enorme se acercó y se presentó como Madeline. Dani sabía que era una de las chicas que había entrado a la pista a lomos de uno de los elefantes. Su ropa informal hizo que Dani se sintiera demasiado arreglada. Había querido tener buen aspecto en su primer día en la taquilla; para ello se había puesto una blusa de seda color marfil con unos pantalones gris perla de Donna Karan en lugar de los vaqueros y la camiseta del outlet que Kevin había insistido en comprarle antes de llegar.

 

- Dani es la novia de Kevin -dijo Jill.

 

-Ya lo he oído -contestó Madeline. -Qué suerte la tuya. Kevin está como un tren.

Dani abrió la boca para decirles a esas chicas que era la esposa de Kevin, no su novia, pero se echó hacia atrás cuando Frankie comenzó a gritarle.

-Calla, Frankie. -Jill le dio al chimpancé una manzana, luego miró a Dani con el evidente placer de quien ama un buen cotilleo. - Kevin y tú debéis ir en serio. Jamás había visto que trajera a una chica a vivir con él.

-A Sheba le va a dar un ataque cuando regrese. -Parecía que a Madeline le complacía tal posibilidad.

Frankie miró a Dani fijamente, poniéndola tan nerviosa que le costó prestar atención a las dos jóvenes. Observó alarmada que Jill bajaba al chimpancé al suelo, donde se le agarró firmemente a la pierna.

Dani dio otro paso atrás.

-No tendrás una correa por ahí, ¿verdad?

Jill y Madeline se rieron.

-Está amaestrado -dijo Jill, -no necesita correa.

-¿Seguro?

-Sí. ¿Cómo os conocisteis Kevin y tú? Jack Daily, el maestro de ceremonias, nos ha dicho que Kevin no le ha contado nada de su amiguita.

-Soy algo más que su amiguita. ¿Estás segura sobre la correa?

-No te preocupes. Frankie no le haría daño ni a una mosca.

El chimpancé pareció perder interés en ella, y Dani se relajó.

-No soy la amiguita de Kevin.

-¿No estáis viviendo juntos? -preguntó Madeline.

-Claro que sí. Soy su mujer.

-¡Su mujer! -Jill soltó un chillido de placer que estremeció a Dani hasta la punta de los pies. -¡ Kevin y tú estáis casados! Es genial.

Madeline miró a Dani con resentimiento.

-Voy a fingir que me parece bien, aunque llevo más de un mes intentando ligármelo.

-Tú y medio circo -rio Jill.

-¡Daaaniiii!

Vio que Beatriz la llamaba a voces desde el lado del patio.

-¡Dani! -gritó la adolescente. - Kevin dice que te estás retrasando. Está bastante mosqueado contigo.

Dani se sintió avergonzada. No quería que aquellas chicas supieran que Kevin y ella no se habían casado por amor.

-Es un impaciente. Supongo que será mejor que me vaya. Encantada de haberos conocido. -Se dio la vuelta con una sonrisa, pero sólo había dado unos pasos, cuando sintió un golpe en la espalda.

-¡Ay! -Se volvió con rapidez y vio una manzana mordida en el suelo al lado de ella. Más allá, Frankie gritaba con deleite mientras Jill le dirigía una mirada avergonzada.

-Lo siento -gritó. -No sé por qué actúa de esta manera. Deberías estar avergonzado, Frankie, Dani es nuestra amiga.

Las palabras de Jill mermaron el deseo de Dani de estrangular a la pequeña bestia, así que se despidió de las dos mujeres con la mano y se dirigió hacia la caravana de la taquilla. Se corrigió mentalmente al recordar que se suponía que tenía que llamarlo

El vagón rojo. Poco antes, Kevin le había contado que las taquillas del circo se llamaban siempre así, fueran del color que fuesen.

Kevin se puso a su lado y ajustó su paso al de ella.

-Quería pedirte perdón por haber sido grosera contigo ayer. Estaba de mal humor.

Dani sintió que por fin veía a la persona que se ocultaba tras aquella fachada de hostilidad.

-No pasa nada.

-Kevin está muy cabreado. - se sorprendió al oír un atisbo de simpatía en la voz de Beatriz. -Sheba dice que es el tipo de hombre que nunca está demasiado tiempo con una mujer, así que estate preparada para... ya sabes.

-¿Qué?

-Ya sabes. Para que pase de ti. -Soltó un suspiro de pesar. -Debe de ser una pena ser su novia tan poco tiempo.

Dani sonrió.

-Yo no soy su novia. Soy su mujer.

Beatriz se paró en seco y se puso pálida.

-¡No es cierto!

Dani también se detuvo y, cuando vio la reacción de la chica, le tocó el brazo con preocupación.

-Kevin y yo nos casamos ayer por la mañana, Beatriz

Betariz  se zafó de ella.

-No te creo. ¡Mientes! Sólo lo dices porque yo no te gusto.

-No estoy mintiendo.

-Kevin no se ha casado contigo. ¡No lo ha hecho! ¡Sheba me dijo que él jamás se casaría!

-Pues Sheba se ha equivocado. Para asombro de Dani, a Beatriz se le llenaron los ojos de lágrimas.

-¡Puta! ¡Te odio! ¿Por qué no me lo dijiste? ¡Odio que te hayas burlado de mí! -Dio varios pasos hacia atrás antes de volverse y correr hacia las caravanas. Beatriz la siguió con la mirada, intentando comprender la razón de la hostilidad de la chica hacia ella. Sólo se le ocurrió una explicación. Beatriz debía de estar enamorada de Kevin. Dani experimentó una inesperada punzada de compasión. Recordaba demasiado bien lo que se sentía al ser una adolescente sin ningún control sobre las acciones de los adultos que la rodeaban. Con un suspiro, se encaminó al vagón rojo.

A pesar del nombre que recibía, la taquilla era blanca; estaba salpicada por un puñado de estrellas de colores y un letrero donde se leía: HERMANOS QUEST. En contraste con el alegre exterior, el interior era aburrido y desordenado. Un maltrecho escritorio de acero se asentaba frente a un pequeño sofá repleto de montones de periódicos. Había sillas que no hacían juego, un viejo archivador y un flexo verde con la pantalla abollada. Kevin estaba sentado detrás del escritorio, con un móvil en una mano y un portapapeles en la otra. Una sola mirada a su cara tempestuosa le dijo a Dani que Beatriz había tenido razón en una cosa: Kevin estaba realmente enfadado.

Su marido acabó la conversación bruscamente y se levantó, hablándole con esa calmada y espeluznante voz que ella estaba empezando a temer cada vez más.

-Cuando digo que estés en un sitio a una hora, quiero que estés allí a esa hora.

-Pero sí apenas llego media hora tarde.

Su voz se hizo todavía más áspera.

-No sabes nada sobre la vida real, ¿verdad, Dani? Esto es un trabajo, no es como tener cita en la peluquería. De ahora en adelante, te quitaré cinco dólares del sueldo por cada minuto de retraso.

 

 

Holaaa chikas!! les tengo dos noticias una mala y otra buena!

 

la mala es que tengo k salir de viaje por dos o tres semanas y buenoo no voy a poder subir... talvez de ves en cuando pueda conectarme pero no podre subir:(

 

la buena es que una buena amiga tiene los caps y ella los va a subir por mi ( myscene-fashonista.metroblog.com) bueno ella subira prontooo si hay comentarios suyos sobre la novel :)

 

buenooo las dejoooo  espero volver prontooo las kieroooo

xoxoxLloraCorazón

 

Adri Llora

 

 

 

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2do Lugar! Graciaas chikass!!

2do Lugar! Graciaas chikass!!